Editorial

Editorial No. 57

Entorno

Universidad Tecnológica de El Salvador, El Salvador

ISSN: 2071-8748

ISSN-e: 2218-3345

Periodicidad: Semestral

núm. 57, 2014

vicerrectoriadeinvestigacion@utec.edu.sv



La institucionalidad democrática se entiende como un conjunto de reglas que sirven para el ejercicio del poder público, que constituyen mecanismos de garantía y protección de los derechos de los ciudadanos.

La institucionalidad es el puente que comunica a la sociedad, al Estado y a los ciudadanos; determina las reglas del juego que garantizan certidumbre a las actividades privadas, sociales y públicas.

No existe un solo concepto que defina la institucionalidad democrática, más bien se construye a partir de los elementos que la conforman. Así, se conceptualiza como: el conjunto de normas jurídicas, entidades del poder público y funcionarios que intervienen, para la satisfacción y cumplimiento de los derechos y garantías del ser humano en sus relaciones con el Estado y los particulares.

A menudo se confunde la noción Estado de derecho con la de institucionalidad democrática. El primero es un elemento consustancial a la institucionalidad. Entre ambas nociones existe una relación de género a especie, siendo el primero la especie, la cual se define como un sistema de leyes ordenado en torno a una Constitución, que es el fundamento jurídico de la actuación de las autoridades y funcionarios, para que se sometan a las normas de esta.

También es común confundir gobernabilidad democrática con institucionalidad. La gobernabilidad es un proceso permanente de concertación entre el gobierno y la sociedad civil para lograr acuerdos político-sociales en el marco de respeto de normas e instituciones reguladoras de las relaciones entre los individuos.

Es imposible imaginar un país que tenga gobernabilidad democrática sin tener una institucionalidad sólida y eficaz; entre ambas categorías existe una relación indisoluble, a tal punto que una determina la existencia de la otra.

De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, la gobernabilidad es un factor del desarrollo humano, y a la vez una herramienta para crear un entorno adecuado para mejorar las condiciones de vida de las personas.

El PNUD considera que la reducción de la pobreza es, en gran medida, función de la calidad de las instituciones de los países y sus políticas; y que la democracia y el desarrollo sostenible requieren de instituciones transparentes, con rendición de cuentas, funcionarios profesionales competentes y marcos reglamentarios de la vida económica y política abiertos y equitativos.

La institucionalidad democrática trascendió, de ser una premisa recogida por la doctrina de las ciencias políticas, a ser un concepto de derecho positivo, ya que la Carta Democrática Interamericana, aprobada el 11 de septiembre de 2001, en sesión especial de la Asamblea de la Organización de Estados Americanos, OEA, expresa que este instrumento internacional “proclama como objetivo principal el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática, al establecer que la ruptura del orden democrático o su alteración, que afecte gravemente el orden democrático en un Estado miembro, constituye un obstáculo insuperable para la participación de su gobierno en las diversas instancias de la OEA”.

La institucionalidad está integrada al menos por tres elementos básicos:

Analicemos cada uno de ellos:

De acuerdo con el Banco Mundial, El Salvador es uno de los países que debe trabajar más en la eficiencia del sistema legal, independencia del Poder Judicial y calidad de la policía. En estos aspectos su nivel de aprobación no supera el 20 %. En cambio, en cuanto a libertad de prensa, ronda el 82 % de aprobación.

Institucionalidad existe en todos los regímenes, incluyendo los dictatoriales; pero el calificativo democrático supone un límite al ejercicio del poder público. Por tal razón siempre que hablemos de institucionalidad habremos de referirnos a un orden democrático.

Para que la institucionalidad democrática responda a los intereses de la colectividad es preciso que el poder se administre con transparencia y rendición de cuentas a la población. Entre más acceso tengan los ciudadanos para conocer las interioridades del gasto público más eficiente será el aparato del Estado y generará más confianza a estos.

La despolitización partidaria en el aparato gubernamental es una de las tareas pendientes de nuestra naciente institucionalidad democrática. Es preciso que los partidos políticos hagan un esfuerzo por nombrar funcionarios comprometidos con la supremacía del interés público y la probidad.

Para fortalecer la institucionalidad democrática en nuestro país es preciso que los procesos de formación de ley se respeten. Las dispensas de trámite y la falta de discusión de los proyectos de ley afectan su credibilidad y eficacia. Es por esa razón que decidimos dedicar un número de la revista a la temática de institucionalidad democrática y gobernabilidad. Estamos convencidos de que podemos construir un mejor país para todos, si los servidores públicos y los ciudadanos logramos cumplir nuestros deberes, ejercer nuestros derechos y respetar los límites de nuestra actuación.

En este número 57 de revista entorno encontrará contenidos sobre institucionalidad y gobernabilidad; liderazgo político y el funcionario público; gobernabilidad para el desarrollo humano sostenible en El Salvador; institucionalismo y nuevos enfoques políticos; un artículo especial sobre microcréditos y créditos tradicional e informal como fuente de financiamiento, entre otros. Gracias a los colaboradores por hacer posible una publicación más de esta revista académica.

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