Aportes para la reflexión

Revisión conceptual sobre el bienestar social en Geografía para Argentina en el siglo XXI

Conceptual review of social well-being in Geography for Argentina in the 21st century

Leandro Agustín Parracone
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina
Federico García Fernández
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

Estudios Socioterritoriales

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina

ISSN-e: 1853-4392

Periodicidad: Semestral

vol. 36, núm. 2, 2025

revistaest@fch.unicen.edu.ar

Recepción: 20 mayo 2025

Aprobación: 03 septiembre 2025



DOI: https://doi.org/10.37838/unicen/est.36-2-201

Resumen: Mediante una revisión exhaustiva de investigaciones científicas, este artículo busca contribuir a la construcción de un estado del arte sobre el bienestar social como categoría en la Geografía, explorando sus diversas definiciones, dimensiones e indicadores. Se procura responder a tres preguntas: ¿qué se entiende por bienestar social?, ¿dónde se pueden identificar las principales líneas de investigación en Argentina? y ¿cómo se ha investigado cuantitativamente? El relevamiento se realizó mediante búsquedas en sitios especializados y rastreo con el método de bola de nieve, alcanzando un corpus de 78 artículos, capítulos de libros y libros. Estos fueron organizados y analizados en una matriz de forma comparativa a escala temática y metodológica.

Palabras clave: Estado del arte, Bienestar social, Geografía, Territorio.

Abstract: Through a comprehensive review of scientific research, this article aims to contribute to the construction of a state of the art on social well-being as a category within Geography, exploring its various definitions, dimensions, and indicators. It seeks to answer three main questions: What is meant by social well-being? Where can the main lines of research be in Argentina? And how has it been quantitatively? The survey was conducted through searches on specialized platforms and snowball sampling, resulting in a corpus of 78 journal articles, book chapters, and books. These were organized and analyzed using a comparative matrix at both thematic and methodological levels.

Keywords: State of the art, Social well-being, Geography, Territory.

Introducción

Los estudios sobre el bienestar social adquieren protagonismo desde principios del siglo XX ante la necesidad de comprender cómo se desarrolla la vida de las poblaciones y en qué nivel las políticas públicas estatales impactan en los territorios y las personas. Los primeros autores en incorporar el bienestar a la Geografía desde mediados de siglo, tuvieron por objetivo avanzar sobre cómo las desigualdades se ven materializadas en el territorio, de qué forma habitan las personas y sus diferencias, y la medida en que ello influye en su cotidiano, sus formas de desarrollarse y sus ambiciones (Lucero et al., 2008; Tonon, 2008). El concepto, originado en una visión parcialmente materialista de acceso a bienes y servicios, rápidamente comienza a adoptar una perspectiva holística e integradora de las diferentes nociones objetivas y subjetivas que hacen a la vida de las poblaciones (Nussbaum, 2012).

El estudio del bienestar social se ha consolidado como una línea de investigación en diferentes latitudes. Se ha buscado, en este trabajo, contribuir a la construcción de un estado del arte para el siglo XXI, con énfasis en su tratamiento desde la Geografía. Para ello, se analizan los principales enfoques conceptuales, la distribución geográfica de los estudios existentes y las metodologías cuantitativas aplicadas al caso argentino.

Para la constitución de este estado del arte surgieron preguntas guías: ¿qué se define como bienestar social y que cambios ha tenido el concepto? ¿Cómo se ha aplicado territorialmente en diferentes investigaciones, a qué escalas y con qué resultados? ¿Cuáles han sido las dimensiones e indicadores que se han utilizado en Argentina, desde qué fuentes y qué diferencias han permitido visibilizar? Para, finalmente reflexionar sobre ¿cómo se concibe el bienestar social en la actualidad? ¿Cuáles son sus alcances y limitaciones con respecto a la información disponible?

Para dar respuesta, se desarrolló una metodología de revisión bibliográfica (Jiménez-Becerra, 2004), en la cual se buscó por Google Académico palabras clave que permitieron acceder a escritos, que luego decantaron en otros, mediante la técnica de bola de nieve (Scribano, 2008), aplicada previamente por Gordziejczuk y Mikkelsen (2020). Estos, fueron agrupados y procesados en una matriz recuperando título, autores, año, procedencia, escala de trabajo, definiciones, dimensiones e indicadores propuestos, referencias de interés y autores citados. En total se compilaron 78 aportes y se finalizó el relevamiento al momento de reconocer una saturación de la muestra.

En esta investigación, las búsquedas se hicieron a partir de palabras clave: bienestar; bienestar objetivo y subjetivo; calidad de vida objetiva; bienestar y Geografía; Geografía del bienestar; bienestar en Latinoamérica; bienestar Argentina; bienestar y territorio. Se focalizó en artículos académicos tales como tesis, libros, capítulos de libros, presentaciones en congresos y ensayos; priorizando los trabajos en español, que aborden el tema de forma territorial para el presente siglo en Argentina en el periodo 2000-2024. Es reconocible que, si bien el enfoque general está colocado sobre el bienestar social, también se han incorporado trabajos que abordan la calidad de vida objetiva por su similitud metodológica.

El escrito se compone de tres núcleos de trabajo. Inicialmente se desarrolla(n) la(s) definición(es) de bienestar social y sus cambios a lo largo del tiempo. A continuación, se realiza un análisis escalar de trabajos desarrollados en Argentina para, posteriormente, poner en debate las diferentes dimensiones e indicadores construidos para el análisis del bienestar objetivo en Argentina. Unas reflexiones finales recuperan los principales logros y pendientes.

¿Qué se entiende por bienestar social en la teoría contemporánea?

Es parte de la condición misma de la sociedad, desde los primeros lineamientos filosóficos hasta la actualidad, su inquietud por comprender cómo se constituye la calidad de vida de las distintas poblaciones (Lucero et al., 2008). Con el inicio del siglo XX surge, en distintos países y ámbitos académicos, la necesidad de avanzar sobre cómo se desarrolla el bienestar de las poblaciones y entender cómo las políticas públicas impactan en el desarrollo social (Tonon, 2008). El bienestar social surge como una categoría mensurable de la calidad de vida, que se considera un concepto mucho más complejo y subjetivo en su constitución y aplicabilidad (Mikkelsen, 2010).

El concepto de bienestar social, desde la perspectiva de Smith (1980), refiere a una noción de naturaleza compleja y dinámica, relacionada al devenir de la sociedad. Se debe a tres cuestiones: a) la relevancia que ha cobrado como construcción desde diversas disciplinas, como también en la ejecución de políticas públicas en gran parte de Occidente durante el siglo XX; b) el avance de las décadas que ha generado cambios en las formas de concebirlo con relación al avance en las estadísticas y la construcción de información; y c) por la complejidad del abordaje a diferentes escalas de forma objetiva sin dejar de lado las nociones subjetivas de cada persona.

Si bien no existe una definición única de bienestar social, es posible reconocer ejes comunes. En Geografía, los estudios iniciales se abocaron hacia un enfoque de carácter economicista que ofrecía una visión crítica del territorio. En este sentido, cabe resaltar que “la expresión de bienestar social se refiere no sólo al qué, sino también a quién consigue este qué y dónde lo consigue” (Smith, 1980, p. 32). Desde una perspectiva más abarcativa, resulta necesario incorporar la dimensión subjetiva del ser, así como las expectativas individuales y colectivas.

La conexión entre bienestar social y los distintos espacios configura un nexo para la Geografía humana, que permite permear en las realidades sociales. El concepto puede trasladarse a la elaboración de un índice que permita realizar mediciones en territorio, bajo dos salvedades: que no logrará reconocer las realidades de cada sujeto, pero que sí alcanzará para tener una noción general. Por otro lado, no será representativo a lo largo del tiempo, ya que se encuentra supeditado a las medidas políticas que se desarrollen en los territorios, como también a las necesidades y deseos de cada habitante (Smith, 1980).

Para comprender las desigualdades espacializadas de las oportunidades de vida de la población, se aplica un enfoque constructivo que no busque solo evidenciar las carencias, sino que abone a identificar las expectativas y posibilidades de mejora de las poblaciones en el territorio. El pensar en bienestar social, en última instancia, se relaciona con proporcionar conocimientos positivos y propositivos que puedan ser valorados dentro del ámbito estatal para la toma de decisiones, siendo una importante contribución para repensar las realidades de muchas comunidades. Así, “es en este nivel donde hoy florecen dos tipos de geografía que podrían calificarse de ‘relevancia social’; en lo negativo, la geografía de las desigualdades, de la infelicidad; en el lado positivo, la geografía del bienestar” (Bailly, 1982, como se citó en Racine, 1984, p. 72, traducción propia).

El bienestar “siempre implica una contradicción entre las aspiraciones individuales, las de los grupos sociales y las de la sociedad” (Racine, 1984, p. 16). Es el resultado de las relaciones entre la sociedad y el espacio que habita, tanto como entre el individuo y el grupo (Racine, 1984). Se busca así, establecer puentes entre lo cuantitativo y cualitativo, como también entre lo objetivo y subjetivo, desde una perspectiva crítica.

Con el devenir histórico, sin embargo, esta teoría también ha presentado inquietudes con respecto a su enfoque economicista (Pena-Trapero, 2009), su generalización sin focalizar en particularidades (Jaramillo, 2016) y, por sobre todo, la pérdida de información individual al momento de reducir la escala de estudio, invisibilizando realidades (Iñiguez-Rojas, 2011).

En esa línea, Sen (2000), comenzó a repensar el concepto desde la lógica de la libertad de las personas de construirse a sí mismas, proponiendo dos ejes vertebradores. Las capacidades o también conocidas como capabilities, le ha dado nombre a su corriente de pensamiento, en la cual refiere a la libertad de oportunidades que tiene cada persona de alcanzar su propio bienestar personal, ¿qué es capaz una persona de hacer o ser? En segunda instancia, los funcionamientos o functionings, son el conjunto de logros, tanto materiales como espirituales que permiten alcanzar las capacidades (andar en bicicleta, alcanzar una buena nutrición, poseer una vivienda con servicios).

Marta Nussbaum (2012) retoma el análisis en la búsqueda de poder establecer conexiones entre el desarrollo académico y las políticas públicas. La teoría de Sen no logra construir indicadores generalizables a nivel social, por lo tanto, la autora, en base al estudio, desarrolla líneas sobre las cuales dimensionar las capacidades conforme diez ejes -vida; salud física; integridad corporal; sentidos, imaginación y pensamiento; emociones; razón práctica; afiliación; otras especies (relación con el mundo natural); jugar; y control sobre el propio entorno (político y material)-, con el objetivo de estandarizarlas y normativizarlas. Estos son los ejes claves sobre los que todas las personas deberían tener garantizado el acceso.

Este cambio de enfoque hacia las capacidades, ha permeado al interior de los organismos nacionales e internacionales. Un ejemplo de esta influencia se observa en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2022) aplicado al estudio del bienestar en América Latina, así como en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en Argentina, y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de Chile, por citar algunos ejemplos. Si bien la complejidad del análisis, desde un enfoque subjetivo e individual a la escala que propone Sen, no es realizable por organismos públicos por la complejidad que implica abarcar extensas dimensiones territoriales, ha generado reflexiones importantes sobre los indicadores propuestos, las metodologías de construcción de información, presentación y análisis de los datos.

¿Dónde se estudia el bienestar social en Argentina?

El análisis de la evolución conceptual ha permitido comprender cómo ha transicionado la noción de bienestar social desde su génesis hasta la actualidad. Si bien es complejo reconocer acuerdos al respecto, se ha buscado evidenciar su complejidad y abarcabilidad. En este apartado, se profundiza en cómo se desarrollan los estudios de bienestar actualmente, de qué forma se abordan los procesos territoriales a distintas escalas, y qué diferencias se pueden reconocer dentro de Argentina.

Mediante el relevamiento desarrollado, se han podido identificar tres escalas de trabajo para el análisis del bienestar. En primer lugar, la escala nacional, ya sea desde los estudios urbanos en Argentina o para el total de partidos/departamentos. Un segundo grupo, representa estudios regionales o a escala provincial. Finalmente, y con mayor relevancia, se agrupan los trabajos desarrollados a escala de localidad o partido/departamento.

Los estudios del bienestar a escala nacional, se han vuelto una tradición por parte de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), la cual ha desarrollado variedad de análisis en las últimas décadas (Velázquez et al., 2015; Velázquez, 2016, 2019; entre otros), con el objetivo de reconocer y analizar el bienestar de la población mediante indicadores objetivos y, luego, incorporando indicadores subjetivos que permitan una integralidad del ambiente que rodea a los sujetos, contemplando la satisfacción y el disfrute, desarrollando una metodología mixta entre datos de los censos de población, hogares y viviendas, con indicadores provenientes de otras fuentes de datos, como por ejemplo: la Defensoría del Pueblo, la Dirección Nacional de Política Criminal, Geosistemas, el Instituto de Racionalización Argentino de Materiales (IRAM), e información municipal, entre otras. Los análisis realizados por Guillermo Velázquez y otros investigadores de la UNCPBA, permiten reconocer la realidad compleja y desigual que configura a los territorios de Argentina. Desde análisis censales y comparativos, se ha avanzado en reconocer logros, continuidades y retrocesos sociales.

Otro grupo que ha abordado la cuestión a escala nacional, se reconoce desde la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) (Mikkelsen et al., 2013, Mikkelsen, Ares, Gordziejczuk, Picone y Bruno, 2020a; Lucero et al., 2015; entre otros), donde se han desarrollado estudios que permiten observar la calidad de vida objetiva de la población urbana y el bienestar, mediante el abordaje de las localidades relevadas por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y el total de radios censales comprendidos por el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (CNPHyV). Las mismas, han permitido reconocer procesos coyunturales intermedios y su impacto en el nivel de vida de la población.

A escala regional y provincial, se pueden reconocer estudios en lo que respecta a análisis regionales, supraprovinciales y en la Región Pampeana (Velázquez et al., 2014; Velázquez, 2016). En estos, los autores han focalizado en comprender las diversas formas de configuración del bienestar de la población y su calidad de vida, con respecto a una coherencia territorial relacionada con las formas de producción y un habitar medianamente estructurado en un ambiente similar.

En lo que respecta a estudios provinciales, el cúmulo mayoritario de investigaciones analizadas se focaliza en la provincia de Buenos Aires, abordando distintas escalas de análisis. Seguidas por otras realizadas en provincias como Tucumán, Santa Fe, Entre Ríos, Formosa, Chaco, Catamarca, Jujuy y Río Negro (Ortiz de D´Arterio y Madariaga, 2008; Lucca y Taborda, 2010; Abaleron, 2015, entre otros). En su conjunto, permiten un acercamiento a diversidad de realidades al interior del caso argentino y ponen en evidencia que los juegos escalares entre el país, la provincia y la localidad, resultan valiosos para identificar disparidades espaciales.

Como se mencionó, el conjunto mayoritario de trabajos se aboca al territorio bonaerense. Este, ha sido estudiado bajo dos formas: en primer lugar, como un conjunto compuesto por los municipios bonaerenses del Área Metropolitana de Buenos Aires (24 partidos de la provincia de Buenos Aires más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) donde se reconoce una presencia importante de investigaciones (Carello et al., 2005; Baxendale et al., 2012; Discoli et al., 2013; Manzano y Velázquez, 2016). Mientras que, por otro lado, se han desarrollado estudios de la provincia de Buenos Aires en su conjunto, excluyendo los partidos del Gran Buenos Aires, focalizando en el área reconocida como el interior (Ares et al., 2023; Ares, 2023), con énfasis en el espacio rural (Mikkelsen, Ares, Gordziejczuk y Picone, 2020b) o en distritos específicos (Mikkelsen, 2010).

A escala local, se han podido relevar diversidad de trabajos dispersos por el territorio argentino. Por nombrar algunos ejemplos, Abaleron (2015) analiza las desigualdades socioespaciales en el bienestar de la población barilochense. Para el Gran Santa Fe, Gómez y Velázquez (2014) toman variables socioeconómicas y ambientales de diversas fuentes de información para evaluar la incidencia de las mismas en la calidad de vida de la población, a la vez que buscan establecer vínculos con el comportamiento demográfico. En la ciudad de Bahía Blanca, Prieto (2008) estudia el bienestar de las comunidades para comprender la fragmentación socioespacial, las desigualdades en los servicios públicos y las condiciones de habitabilidad. En el mismo recorte, Spagnolo (2012) desarrolla un relevamiento para comprender la calidad de vida ambiental de la población. Sobre la ciudad de Mar del Plata y General Pueyrredon se han identificado una serie de contribuciones (Celemín, 2007; Zulaica y Celemín, 2008; Lucero et al., 2016; Mikkelsen, 2010; Lucero y Sabuda, 2022) enfocadas en el estudio urbano, urbano-rural o combinado.

Se encuentran estudios regionales hacia el interior bonaerense (Mikkelsen et al., 2020a) y el sudeste bonaerense, en un volumen considerable de estudios que van desde el análisis del conjunto regional, en particular sobre los espacios rurales (Ares et al., 2023), parte de los municipios que lo integran (Ares et al., 2021), de manera individual (Lucero et al., 2016), así como una selección de algunas de sus localidades (Parracone y Ares, 2022).

Como se ha podido desarrollar en este apartado, hay diversidad extendida de trabajos que abordan el bienestar en Argentina. Dentro de estos, las distintas escalas y unidades de análisis se relacionan, en su gran mayoría, con la información que se encuentra disponible. Sin embargo, cada autor y autora ha construido sus propias dimensiones conforme a la selección de indicadores. En el siguiente apartado se profundizará con respecto a estos temas.

¿Cómo se analiza empíricamente el bienestar argentino?

Hasta aquí se ha hecho evidente que el bienestar social es un concepto que genera debates en cuanto a su definición. Sin embargo, en parte de la bibliografía se identifica cierto consenso en cuanto a su medición a partir de índices sintéticos que permiten capturar la multiplicidad de dimensiones que constituyen al bienestar desde una visión unificada (Actis Di Pasquale, 2008).

El interés por la medición del bienestar ha cobrado relevancia en Argentina en las últimas décadas. Los avances tecnocientíficos, permitieron el acceso y procesamiento de grandes volúmenes de datos que mejoraron, exponencialmente, la visualización de los condicionantes del bienestar, siendo esto un insumo fundamental para los investigadores interesados en esta línea temática. Diferentes autores destacan que la propuesta metodológica de Velázquez (2008), fue fuente de inspiración para el análisis territorial y multidimensional.

La medición del bienestar no está exenta de debates. Uno de los temas recurrentes de discusión gira en torno a la selección y uso diferencial de dimensiones, indicadores y escalas de trabajo (Actis Di Pasquale, 2008, 2015; Penna-Trapero, 2009; Jaramillo, 2016), los datos, la comparabilidad y la especificidad de los mismos. Con respecto a esto último, el organismo estatal encargado del relevamiento de datos en Argentina, y el más consultado por los trabajos revisados, es el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), mediante el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (CNPHyV) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

El bienestar desde la Encuesta Permanente de Hogares

La selección de dimensiones y variables en los estudios realizados en Argentina muestra variaciones según los territorios bajo investigación. Por ejemplo, los datos provenientes de la EPH permiten la construcción de índices aplicables solo a los principales aglomerados urbanos del país, que no pueden trasladarse a otras áreas, ya que allí no se desarrolla el relevamiento. En este sentido, investigaciones como las de Mikkelsen et al. (2013), Actis Di Pasquale (2015), Lucero et al. (2015) y Mikkelsen, Zulaica y Ares (2020c), han desarrollado índices en diferentes momentos temporales a partir de enfoques diferenciados para su medición, incorporando dimensiones y variables (Tabla 1).

Tabla 1
Dimensiones y variables utilizadas -fuente de datos EPH-
Dimensiones y variables utilizadas -fuente de datos EPH-
Fuente: elaboración personal sobre la base de Mikkelsen et al. (2013; 2020c); Actis Di Pasquale (2015); Lucero et al. (2015)

Las contribuciones analizadas, comparten el enfoque en la medición del bienestar a través de múltiples dimensiones, teniendo como ejes los siguientes tópicos: educación, trabajo, salud y vivienda. Sin embargo, se reconocen diferencias en torno a las variables específicas utilizadas para evaluar dichas dimensiones. En los trabajos realizados por Mikkelsen et al. (2013) y Lucero et al. (2015), que analizan los períodos 2003 y 2012, comparten dimensiones y, en parte, variables a analizar. En cuanto a indicadores diferenciados, se identifica que en educación, Mikkelsen et al. (2013) focalizan en el porcentaje de población con nivel educativo primario completo, mientras que Lucero et al. (2015), lo hacen con respecto al nivel educativo secundario completo.

Continuando con los textos que abordan este arco temporal y particularizando en la dimensión trabajo, Lucero et al. (2015) incorporan la dimensión de calificación ocupacional profesional o técnica, que indica una evaluación más detallada sobre la calidad del empleo de los 32 aglomerados. En lo que respecta a las dimensiones de salud y vivienda, coinciden en la selección de indicadores.

Actis Di Pasquale (2015) propone una metodología novedosa para 29 aglomerados urbanos, que implica la incorporación de fuentes de datos adicionales provenientes de otras fuentes que se suman a los datos proporcionados por la EPH. Esta integración y la incorporación parcial de enfoques de análisis del bienestar como Sen (2000) o Nussbaum (2012), da lugar a nuevas dimensiones que incluyen indicadores como el índice de homicidios dolosos, el índice de homicidios culposos en accidentes de tránsito y, por último, el índice de años potenciales de vida perdidos.

El tratamiento de datos de la EPH se enfoca en la construcción de índices sobre dimensiones relacionadas con educación, trabajo, vivienda e ingresos, siendo esta última una dimensión incorporada por Actis Di Pasquale (2015), no antes contemplada en el resto de los estudios analizados. Por su parte, Mikkelsen et al. (2020c), quienes analizan tres momentos (2003, 2008 y 2014) e incorporan el enfoque de las Capabilities (Sen, 2000) y los aportes recuperados por Actis Di Pasquale (2008), dando lugar a nuevas nomenclaturas y sumando, a las existentes, nuevos indicadores a considerar como la tasa de supervivencia al primer año de vida y el índice de calidad de la vivienda.

En conclusión, los estudios revisados que emplearon la EPH como fuente de datos, reconocen la capacidad de detectar disparidades y tendencias en el bienestar de la población en los aglomerados urbanos. Se presenta como herramienta útil para aproximarse a las realidades de esos territorios.

El bienestar desde el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas

El volumen mayoritario de bibliografía recuperada, utiliza los datos de los CNPHyV, correspondientes a los años 2001 y 2010. Debido a que se trata de 38 artículos, se ha optado por destacar las dimensiones e indicadores más utilizados, incluyendo aquellas que han surgido con el tiempo y las que han sido desestimadas. Esto arrojó una mayor presencia de dimensiones como: educación, vivienda, salud, tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y Ambiente. A continuación, se profundiza sobre ellas.

La dimensión educación es una de las más recurrentes y se considera en todos los antecedentes revisados. Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la educación es esencial para las sociedades modernas, ya que a partir de ella es posible la construcción de una sociedad más justa y es por ello que forma parte del artículo Nº 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos del año 1948 (Naciones Unidas, 1948). Parte de los autores que toman esta dimensión, reconocen que la educación tiene un papel crucial en la vida de las personas y sociedades de las cuales forman parte.

Tonon y Castro-Solano (2012, p. 160) reflexionan sobre esto y agregan que: “no está solamente asociada a la ampliación de las posibilidades futuras de inserción en el mercado laboral, sino que se conforma como una de las vías de realización de la vida personal y en comunidad”. Además, Sabuda (2008) considera que la educación adquiere vital importancia en cuanto al control de las condiciones sanitarias del hogar y al dominio de las tecnologías de la información y la comunicación. Por último, en cuanto a esta dimensión, Ortiz de D`Arterio y Madariaga (2008) resaltan su relevancia en relación con el legado cultural de los pueblos, el desarrollo y progreso de los mismos.

En cuanto a su medición, se utilizan indicadores de carencia o beneficio. Algunos estudios sobre espacios rurales (Mikkelsen, 2010; Ortiz de D`Arterio y Madariaga, 2008) consideran como indicadores el porcentaje de población sin instrucción y la tasa de analfabetismo. En las áreas periurbanas y urbanas se incorporan indicadores similares. Estos van desde la evaluación del porcentaje de jefes de hogares sin instrucción y con primaria completa (Celemin, 2007) hasta la consideración del porcentaje de población de 15 o más años, con nivel de instrucción inferior al primario (Zulaica y Celemin, 2008; Prieto, 2008; Velázquez, 2016).

En los últimos años, la evaluación de esta dimensión se realiza a través de la variable de educación superior en estado de completitud, sea universitario o no universitario. Este hecho, de cambio en la utilización de indicadores, da cuenta de la constante búsqueda de aquellos más representativos, acorde a la realidad nacional. En este sentido, Velázquez (2016, p. 108) sostiene que esta situación significa un “incremento de oportunidades; muy especialmente, para la inserción en el mercado laboral y en ciertas redes sociales, vectores decisivos en la génesis de la estructura social y, por ende, en las condiciones de reproducción (y de bienestar) de la población”. Por su parte Mikkelsen et al. (2020b, p. 641) agregan que “a medida que aumenta el nivel de instrucción en la educación formal, aumenta la productividad del trabajo y el valor agregado”. La desestimación de niveles inferiores suele corresponderse a que, en Argentina, el acceso a la educación primaria y secundaria se ha extendido en amplias franjas de la sociedad, y que profundizar en los niveles superiores permite identificar otras diferencias.

También, se ha abordado de manera conjunta la relación entre la educación y el empleo. Ares et al. (2023, p. 7) consideran que: “en líneas generales, el acceso a un mayor y mejor nivel de instrucción facilita ciertas condiciones positivas del trabajo”. Estos estudios han incorporado indicadores como la tasa de empleo en ámbitos rurales (Mikkelsen et al., 2020b) y la tasa de población ocupada con aportes previsionales (Ares, 2023; Ares et al., 2023). Siguiendo con esta propuesta, Ares (2023, p. 10) considera que “la focalización sobre las actividades registradas permite poner atención a un aspecto del bienestar que contempla el potencial de calidad de vida en el presente y en el futuro de los trabajadores”.

Al igual que la educación, la dimensión vivienda es de las más recurrentes. En este sentido, Discoli et al. (2013) consideran a la vivienda como ámbito doméstico que: “brinda protección del mundo concreto y conforma un lugar y pequeños lugares que favorecen la vida familiar y contienen las vidas privadas (...) también relacionado con la intimidad, la protección física y de los valores” (pp. 38-39). Complementariamente, Ares et al. (2023) destacan la necesidad de abordar esta dimensión, subrayando que, indagar sobre sus características, permite determinar si los materiales, tamaño y saneamiento influyen de manera significativa en el bienestar.

Uno de los indicadores recurrentes para analizar esta dimensión es el hacinamiento, situación donde se encuentren más de dos personas por habitación (Velázquez, 2008). Esto puede favorecer la presencia de problemas en la convivencia entre los miembros afectando el desarrollo individual, ya que conlleva una disminución de la privacidad y fomenta los conflictos interpersonales, generando consecuencias en la salud mental de sus miembros (Urria-Yáñez, 2019).

Otra preocupación de los investigadores es la calidad de los materiales utilizados para la construcción de las viviendas, aunque este aspecto no sea abordado en algunas obras (Celemín, 2007; Ortiz de D`Arterio y Madariaga, 2008; Velázquez, 2016), se reconoce que su importancia radica en la preservación de las condiciones térmicas, la protección contra fenómenos meteorológicos adversos y la prevención del contagio de enfermedades. Medido mediante indicadores como CALMAT 1 (2001) e INMAT 1 (2010) construidos por el INDEC, aspirando a viviendas que presentan materiales resistentes y sólidos, tanto en el piso como en el techo con cielorraso.

El saneamiento también forma parte de las características de las viviendas. La posesión de inodoro dentro de la vivienda ha sido abordado en análisis regionales (Velázquez et al., 2014; Velázquez, 2016) y en espacios rurales (Mikkelsen et al., 2020a); Ortiz de D’Arterio y Madariaga, 2008). Con respecto a ello, Velázquez (2016, p. 109) considera que la ausencia de inodoro “pone en evidencia el déficit de equipamiento de las viviendas. Este elemento depende de la situación individual del hogar y, a diferencia de otros (como provisión de agua o alcantarillado), es independiente de su localización respecto de una red establecida”. En las investigaciones más actuales, predomina la consideración sobre la capacidad de eliminación de aguas residuales hacia una red pública (Celemín, 2007; Prieto, 2008) o la combinación de esta, con el desagüe a cámara séptica y pozo ciego (Ares et al., 2021; Parracone y Ares, 2022).

Con respecto a otras variables, vinculadas a servicios, Gómez y Velázquez (2014, p. 3) consideran que “el acceso a servicios de confort básicos se constituirán preponderantemente como dimensiones ‘públicas’ de la calidad de vida”. En este sentido, se reconoce la aparición de indicadores relacionados con el acceso al agua en el interior de la vivienda por red pública o bomba automática (Mikkelsen et al., 2020b), como se continuará en el apartado relacionado a salud, al gas natural (Parracone y Ares, 2022) y otros servicios (Ortiz de D`Arterio y Madariaga, 2008).

Por su parte, el régimen de tenencia de la vivienda no ha sido tenido en cuenta en los estudios sobre el bienestar de la población en Argentina durante las últimas décadas (Gordziejczuk y Mikkelsen, 2020). En cuanto a esta variable, Ares (2008) considera que “el acceso a la vivienda propia se subraya como un hecho relevante para la historia de los individuos” (p. 331) y como “punto de partida para el progreso o punto de llegada y símbolo de progreso para el hogar” (p. 343). Recientemente, se incluyen indicadores relacionados con el porcentaje de población en hogares propietarios de la vivienda y el terreno (Ares et al., 2021; Parracone y Ares, 2022).

La dimensión salud, es una de las que presenta mayores dificultades en cuanto a la disponibilidad de datos. Como mencionan Gordziejczuk y Mikkelsen (2020), “las bases de datos que generalmente se utilizan (...) no realizan mediciones explícitas sobre el estado de salud de la población y que, en consecuencia, se suele recurrir a indicadores indirectos” (p. 12). Por ejemplo, el porcentaje de población con cobertura médica proveniente de obra social, prepaga u otro sistema privado.

Dentro de la literatura que aborda la salud como dimensión específica, así como en variables relacionadas con sanidad o saneamiento -considerándose a esta como una forma indirecta de relevar salud en diversas investigaciones-, se reconoce el interés por la cobertura social en salud de la población. En este sentido, Velázquez (2016) considera que su inclusión refleja, indirectamente:

la proporción de población contenida en el sistema de salud y en la estructura económica, ya que abarca trabajadores en relación de dependencia (...) y aquellos que, siendo cuentapropistas, disponen de ingresos suficientes para poder costearse un plan de salud en el mercado. (p. 109)

Alrededor de la accesibilidad y calidad del agua orbitan una serie de indicadores. Tal y como afirman Cáceres y Rodríguez-Bilella: “el agua es un elemento clave para la satisfacción de las necesidades básicas de la sociedad, un factor decisivo para el desarrollo humano y un aspecto fundamental para garantizar una vida digna” (Cáceres y Rodríguez-Bilella, 2014, como se citó en Mikkelsen et al., 2020b, p. 645). Las investigaciones examinadas se focalizan en la disponibilidad del recurso, la fuente de procedencia y su utilización para la cocción de alimentos. Sobre el origen del agua, hay una diferenciación con respecto a los entornos rurales (Mikkelsen et al., 2020a) que considera la provisión de agua con bomba a motor, ya que en estos contextos implica la mejor condición de obtención.

Cabe destacar que las últimas producciones revisadas abordan los indicadores mencionados en este apartado, como saneamiento o infraestructura, conjuntamente con vivienda (Ortiz de D´Arterio y Madariaga, 2008; Ares et al., 2021; Parracone y Ares, 2022; Ares, 2023).

La dimensión tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han emergido como un factor relevante en los estudios del bienestar en los últimos años. A partir de 2001, en Argentina se comenzó a reconocer la importancia de las TIC por su incorporación en el cuestionario censal, sin embargo, su integración en los estudios de bienestar no fue inmediata ni generalizada. Isabel Riviere (2008) destaca en sus aportes, vinculado a los equipamientos de los hogares, el papel fundamental de las TIC en la era de la globalización, reconociendo su impacto en todos los ámbitos.

Uno de los aspectos más relevantes es el acceso a la tecnología, medido a través de indicadores como la posesión de computadoras, teléfono fijo o celulares. Mikkelsen et al. (2020b) incorporan esta dimensión en los espacios rurales de Argentina y señalan que el acceso a las TIC sigue siendo una de las mayores dificultades. En el último lustro se incorporó esta dimensión, reconociendo su importancia para determinar el bienestar de la población a distintas escalas (Ares et al., 2021; Parracone y Ares, 2022; Ares, 2023). Este interés fue influenciado, potencialmente, por el contexto producido por la pandemia de SARS-CoV-2 que evidenció la importancia de la conectividad, fundamental para la comunicación, el trabajo, la educación, las gestiones cotidianas y la recreación.

La dimensión ambiental, ha estado presente desde inicios del siglo XXI (Velázquez, 2001). En este sentido Celemín (2007) considera que, el ambiente puede ocupar un rol positivo o negativo con respecto a la población, ya que se expresa como una posibilidad de mejora del bienestar psicofísico de los individuos y de contacto con la naturaleza, pero también posee su contraparte con los fenómenos naturales, la contaminación entre otras manifestaciones.

Al igual que ocurre con la dimensión salud, los registros censales no abordan aspectos relacionados con el ambiente. Por lo tanto, en la mayoría de los estudios revisados, se observa una variabilidad en los indicadores utilizados, así como en las fuentes de datos empleadas para su medición. Entre ellos, los aportes de Chiozza et al. (1987) y Auge et al. (2013), y los datos brindados por distintos organismos gubernamentales y no gubernamentales como la Defensoría del Pueblo de la Nación Argentina, el Ministerio de Seguridad de la Nación o el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo, entre otros.

Las contribuciones de Velázquez (2014) abarcan una amplia variedad de indicadores que resultan pertinentes para enriquecer el análisis del bienestar poblacional. En una primera instancia, se centran en problemas ambientales a nivel de partidos/distritos, explorando aspectos que han sido abordados posteriormente por otros investigadores. Entre estos se encuentran: el uso de plaguicidas en la agricultura (Mikkelsen et al., 2020a; Ares et al., 2023), la influencia de la actividad industrial y minera en el Producto Bruto Geográfico (Zulaica y Celemín, 2008), así como la contaminación, el ruido y la congestión urbana (Discoli et al., 2013). Se consideran aspectos relacionados con la seguridad ciudadana, como la incidencia delictiva (Ares et al., 2023), y riesgos naturales como la sismicidad, el vulcanismo y la proporción de población expuesta a zonas inundables (Celemín, 2007; Ortiz de D’Arterio y Madariaga, 2008; Discoli et al., 2013; Ares et al., 2023). Se analizan variables socioeconómicas críticas, como la proporción de población en asentamientos informales, la proximidad a vertederos, la gestión de residuos (Prieto, 2008; Zulaica y Celemín, 2008; Discoli et al., 2013), así como el malestar climático (Abaleron, 2015) o la evaluación del riesgo de contaminación por arsénico en el agua (Ares et al., 2023).

La presencia de espacios verdes se destaca como un aspecto relevante para el bienestar de la población (Celemín, 2007; Prieto, 2008; Ortíz de D´Arterio y Madariaga, 2008), dado que estos espacios juegan un papel fundamental en la calidad del oxígeno atmosférico, lo que subraya su importancia, como también los recursos recreativos y su accesibilidad (Velázquez, 2016). Finalmente, en parte de los estudios revisados, se observa la inclusión de dimensiones, variables e indicadores de uso poco frecuente, así como la aplicación de asociaciones estadísticas con base en los resultados obtenidos de los índices construidos y otros fenómenos.

En cuanto a los espacios y localidades rurales, se identifica que Mikkelsen (2007) y Ortiz de D`Arterio y Madariaga (2008) incorporan la dimensión familiar en sus abordajes, para comprender las características del hogar y su feminización en el contexto rural. Uno de los trabajos plantea que:

la convivencia en hogares nucleares completos contribuye a mejorar la calidad de vida de los mismos, por cuanto se incrementan las posibilidades de obtener mayores ingresos económicos, disminuye la deserción escolar y los niños que viven con ambos progenitores son menos propensos al fracaso escolar. (Ortiz de D`Arterio y Madariaga, 2008, p. 7)

Además, agregan que “diferentes estudios han comprobado en América Latina que la jefatura femenina del hogar se relaciona directamente con la ausencia del padre y que comparativamente, en tales hogares se incrementa la pobreza, empeoran las condiciones habitacionales y disminuyen los ingresos” (Ortiz de D`Arterio y Madariaga, 2008, p. 8).

Parte de las investigaciones revisadas han integrado el comportamiento demográfico de las áreas de estudio bajo análisis. Sin embargo, se reconoce que su aplicación varía. Ortiz D`Arterio y Madariaga (2008) lo incorporan como dimensión autónoma, al considerar que las tasas de crecimiento medio anual intercensal pueden proporcionar indicios sobre la situación socioeconómica de las localidades rurales, lo cual motiva la atracción poblacional relacionada con la calidad de vida, aspectos que Velázquez (2008) demuestra con baja asociación estadística. Asimismo, el análisis de la estructura por edades de la población, permite la identificación de procesos de envejecimiento que, según los autores, tienden a afectar de manera más desfavorable a los espacios rurales ya que, comparativamente, están más desprotegidos que en los espacios urbanos.

Entre otros autores, Velázquez (2016) y Parracone y Ares (2022) profundizan sobre la asociación entre los índices de bienestar construidos y el comportamiento demográfico. Este análisis incluye la aplicación del coeficiente de correlación de Pearson y los resultados revelan la presencia e intensidad de la relación entre el bienestar de la población y el crecimiento demográfico. Esta técnica estadística también se utilizó al momento de indagar sobre la vinculación entre el bienestar de los partidos de la provincia de Buenos Aires y el Producto Bruto Geográfico (PBG) (Ares et al., 2023) y la accesibilidad desde pueblos pequeños o grandes, a ciudades de más de 50.000 habitantes (Ares, 2023).

Como se ha podido avanzar, las investigaciones han construido un universo de dimensiones valiosas para reflexionar sobre el bienestar de la población. Se reconoce que las diversas variables y categorías se han agrupado a modo práctico, pero en cada investigación irán fluyendo entre las dimensiones, en relación con el acceso a datos, su disponibilidad, objetivos de investigación y decisiones metodológicas.

En simultáneo, retomando el apartado teórico de definición del bienestar, se pueden reconocer dimensiones que se han ido ponderando de forma diferencial a lo largo del tiempo, evidenciando los cambios en la estructura del bienestar de las poblaciones, como ocurre con las TIC o el ambiente. En este sentido, queda en claro la importancia del estudio del bienestar como un concepto multidimensional y en constante transformación.

Reflexiones finales

En este escrito, se tuvo por objetivo desarrollar un estado del arte que aclare las nociones del bienestar social dentro de la disciplina geográfica y sus formas de abordaje. Se exploraron diversas definiciones que han construido su trayectoria hasta el momento actual, mediante el relevamiento de estudios e investigaciones que cubren gran parte del territorio nacional. Sobre estos, se han relevado dimensiones, indicadores y fuentes de datos a diferentes escalas, que se han trabajado y se trabajan actualmente en Argentina, para avanzar en comprender cómo se concibe el bienestar social en la actualidad, y cuáles son sus alcances y limitaciones con respecto a la información disponible.

El desarrollo de un estado del arte, ha permitido avanzar sobre estos interrogantes propuestos, a la vez que investigar la investigación. Se han podido clarificar metodológica y conceptualmente diferentes definiciones, dimensiones y tradiciones conceptuales sobre el bienestar social en Argentina hasta 2024. Se espera que estos hallazgos puedan ser de utilidad para el entorno académico para el abordaje del bienestar de manera integral y promueva estudios que permitan a los ámbitos políticos tomar decisiones concretas sobre los territorios.

Como categoría, se reconoce su permeabilidad al interior de la disciplina geográfica y en el ámbito general de las ciencias sociales, transformándose en un concepto interdisciplinario y holístico en sus acepciones y aplicaciones al territorio y las comunidades. Dentro de esto, a escala argentina, se ha podido visualizar especial relevancia en su uso desde una postura crítica que permita evidenciar y materializar las desigualdades que configuran a las sociedades en su cotidiano.

Su importancia se manifiesta en el interés observado por diversos organismos nacionales y supranacionales por intentar aplicar, de forma asertiva, diversos indicadores que colaboren en comprender el bienestar de las comunidades. Se han propuesto estrategias creativas e innovadoras para avanzar en nuevas formas de comprender el bienestar social. Sin embargo, en el contexto argentino, se enfrentan a importantes limitaciones reconocidas por los propios organismos de estadísticas, por la dificultad de obtención de datos con cobertura geográfica y temporal.

También se ha evidenciado que el concepto aspira a ser abarcativo, aunque presenta limitaciones en relación con su capacidad de representar las subjetividades individuales. De modo recurrente, se aplica para reconocer situaciones generales de la población y de esa forma poder realizar comparativas entre espacios. Es importante, en la medida de las posibilidades, profundizar en el relevamiento y en la aplicación de instrumentos de recolección de datos primarios para comprender con mayor precisión las problemáticas específicas de cada territorio.

En esta línea, hay que reconocer lo valioso del bienestar como medida de logro que permite reconocer y recuperar las conquistas y desafíos de las poblaciones para desarrollarse de forma plena según sus propios intereses y valores. En esta cuestión, el aporte geográfico de espacializar esas realidades, aspira a colaborar en comprender a los territorios en contexto, para transformarse en un puente para la formulación y ejecución de políticas públicas efectivas.

El bienestar fue pensado en Geografía el pasado siglo, como una medida que pudiera unir las nociones ambientales, sociales, económicas, culturales y de localización, para comprender cómo las poblaciones habitan y organizan el espacio. Desde su génesis hasta la actualidad, los indicadores y variables se han modificado y actualizado en la búsqueda académica constante de mejorar y representar de forma más asertiva la realidad de las comunidades. Se puede concluir que es una metodología de estudio que permite comprender a las comunidades en contexto y, que analizando su devenir, tiene potencialidad en el presente y a futuro para avanzar desde la disciplina de forma crítica y horizontal.

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