

Artículos científicos
Las muchas vidas de Miguel Marzo. Entre la institucionalización de la Geografía, la persecución política y el eterno retorno a la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina)1
The many lives of Miguel Marzo: From the institutionalization of Geography and political persecution to the perpetual return to the University of Cuyo in Argentina
Estudios Socioterritoriales
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina
ISSN-e: 1853-4392
Periodicidad: Semestral
vol. 36, núm. 2, 2025
Recepción: 21 agosto 2025
Aprobación: 30 octubre 2025
Resumen: Este artículo persigue, por un lado, reconstruir una trayectoria clave y olvidada en la institucionalización de la Geografía en la Argentina, la de Miguel Marzo, que mantuvo una larga vinculación con la Universidad Nacional de Cuyo desde la década de 1940 a la de 1980. Por otro, busca reflexionar sobre la compleja relación entre trayectorias individuales, historia política e historia de las disciplinas científicas durante la Guerra Fría, años de gran convulsión en la historia moderna argentina. La trayectoria de Marzo reúne, a lo largo de los años, una compleja trama de vínculos entre nacionalismo, peronismo, discusiones sobre el para qué y el cómo de la Geografía, alineación u oposición a diferentes escuelas geográficas europeas, persecución política, capital social e historia de la universidad. El proyecto representado por Marzo, además, ha recibido escaso tratamiento en la propia universidad y en la historia de la disciplina en el país.
Palabras clave: Historia de la universidad argentina, Historia de la Geografía, Epistemología de la Geografía.
Abstract: This article aims, on one hand, to reconstruct a key and forgotten trajectory in the institutionalization of Geography in Argentina, specifically that of Miguel Marzo, who maintained a long relationship with the National University of Cuyo from the 1940s to the 1980s. On the other hand, it seeks to reflect on the complex connections among individual trajectories, political history, and the history of scientific disciplines during the Cold War, a period of significant upheaval in modern Argentine history. Marzo’s trajectory weaves together, over the years, complex connections involving nationalism, Peronism, debates about the why and how of Geography, alignment with or opposition to different European geographical traditions, political persecution, social capital, and the history of the university. The project represented by Marzo has received little attention within the university itself and in the historical narrative of the discipline in the country.
Keywords: History of Argentinian University, History of Geography, Epistemology of Geography.
Introducción
Autonomía académica y politización de los actores académicos han sido vistas como rasgos conflictivos en la constitución de un campo académico efectivamente autónomo. La autonomía se expresaría, ante todo, como resistencia a las coacciones externas, como las estatales, y por lo tanto la politización del espacio académico representaría un obstáculo de primer orden (Bourdieu, 2012b). Sin embargo, en América Latina la relación entre politización y autonomía académica ha resultado menos unívoca. Incluso, la primera ha sido un factor que ha potenciado a la segunda en las décadas de 1960 y 1970, cuando se terminaron de constituir espacios académicos ciertamente autónomos, y politizados, en países como Argentina y Chile (Beigel, 2013, 2010; Navarro y Quesada 2010).
En este artículo, nos adentraremos en esta problemática a partir de una trayectoria académica individual, a partir de la cual pretendemos, a la vez, ilustrar la compleja relación entre el campo académico y la convulsionada historia política argentina del siglo XX, así como rescatar una trayectoria relevante pero en gran medida olvidada. El escenario será Mendoza, importante provincia del oeste argentino, y la Universidad Nacional de Cuyo2 (UNCuyo), sexta universidad en antigüedad del país. A lo largo de la década de 1950, la Geografía como disciplina se autonomizó de la Historia, a la que estuvo vinculada desde sus orígenes.
Guillermo Cicalese ha mostrado que, después de la Segunda Guerra Mundial, la carrera de Geografía de la UNCuyo ocupó un lugar nodal en los intercambios académicos con Francia, en el marco de una nueva política exterior francesa que se apoyó en la «diplomacia de ideas» para, a través de la internacionalización de carreras como la Geografía cuyana, consolidar su influencia en la región (Cicalese, 2014).
Los proyectos previos a 1955, sin embargo, aún no han sido explorados sistemáticamente. En esa dirección, la trayectoria que analizamos es la del geógrafo Miguel Marzo, quien ocupó, entre las décadas de 1940 y 1980, muy diversos roles. Lideró un proyecto con otra matriz ideológica e inspirado en otras tradiciones geográficas. Fue una importante figura de la UNCuyo en los años del primer peronismo (1946-1955); trabajó en la institucionalización de la Geografía como carrera autónoma, aunque luego sería relegado del relato histórico sobre el proceso; cultivó aceitados lazos con figuras nacionalistas, conservadoras y militares; ocupó altos cargos políticos en más de una provincia de Cuyo; fue responsable de una muy importante obra de divulgación geográfica; fue expulsado por razones políticas y reincorporado dos veces a la UNCuyo; y circuló por una diversidad de ocupaciones, instituciones y preocupaciones académicas y políticas. Se trata de una trayectoria que juzgamos, en sí misma, valiosa y que permite dar una mirada, por el momento exploratoria, a las complejas relaciones entre política y Geografía en un contexto como el mencionado.
A la vez, buscamos rescatar de una suerte de ostracismo a una figura relevante de la institucionalización de la Geografía en Cuyo, cuyas contribuciones fueron olvidadas luego del triunfo de otro proyecto institucional y académico. En los últimos años, hemos indagado en su figura en distintos trabajos, la mayoría inéditos (Rojas et al., 2014; Bombal et al., 2021; Gallardo et al., 2024). Si bien, recientemente, ha comenzado a ser incluido en las reconstrucciones históricas realizadas desde la historia social de la disciplina (Lus Bietti y Bombal, 2024; Zusman y Lus Bietti, 2025), nuestra contribución se centra en la figura de Marzo y, secundariamente, en el proyecto geográfico que lideró.
Otros antecedentes que habían mencionado a Marzo, son dos trabajos conmemorativos sobre el origen y desarrollo de la geografía en Mendoza y San Juan. Mientras que, en el primer caso, su figura es igualada a la de una serie de otros tantos geógrafos y geógrafas más o menos vinculados con la comunidad local (Zamorano, 2001); en el segundo, es recuperado centralmente como un investigador y actor clave en la institucionalización de la Geografía en el marco de la creación de la Universidad Nacional de San Juan (Pickenhayn, 2001). Por otro lado, en la investigación de Gonzalo Lus Bietti, su figura adquiere mayor relevancia, pero concentrada en el interregno peronista de la década de 1970. En ese momento, Marzo tuvo un rol protagónico junto con Rosier Barrera en el proceso de reforma académica iniciado -y vuelto atrás- con el retorno del peronismo al poder. Tanto Marzo como Barrera fueron expulsados pocos meses antes del golpe de 1976, quedando el segundo en una suerte de exilio interno hasta su salida del país en 1979 (Lus Bietti, 2024).
Algunos discípulos de Marzo también escribieron reseñas biográficas, como Daniel Cobos y Rodolfo Richard Jorba, ambos profesores de Geografía en la UNCuyo. Del primero, solo disponemos de algunas noticias de un trabajo que no habría sido publicado. En el caso del segundo, disponemos de dos versiones de un texto (Richard Jorba, 1985; 2022) que aborda las fuentes y la evolución del pensamiento geográfico de Marzo a través del análisis epistemológico de su obra desde 1950 hasta 1980.
Fue posible recuperar, también, dos instancias de reparación de la memoria de Marzo en actos conmemorativos. En el primer caso, hubo un breve acto de mención en vida por parte del Departamento e Instituto de Geografía de la UNCuyo, en ocasión de celebrarse las Jornadas Cuyanas de Geografía del año 1995 (fallecería poco después). En el segundo, se descubrió una pequeña placa en honor a Marzo (ver más abajo) en 2004 por iniciativa del mencionado Cobos y otros profesores del departamento.
En el caso de este artículo, pondremos especial énfasis en la fuerte imbricación entre historia política, historia de la disciplina y de la universidad, y la trayectoria individual seleccionada. Esto responde, no solo a la perspectiva teórica adoptada (la historia social de la Geografía) sino también a que, en Argentina, como en otros países, la historia de las disciplinas científicas está muy ligada a la historia del Estado, dado el papel central de este en la institucionalización de aquellas. Históricamente, y a diferencia de los países del Norte Global, en este tipo de países, el Estado ha sido protagonista casi único en la inversión en investigación científica, sin contar con actores privados equivalentes (en Argentina, tampoco las provincias).
El primer objetivo que persigue el trabajo es la reconstrucción de la trayectoria de Miguel Marzo, quien ocupó un papel importante en los primeros años de la Geografía en la UNCuyo y en la conducción de la propia universidad. Tras ser expulsado con la caída del peronismo en 1955, en la década siguiente retornó a la institución, de la que sería nuevamente expulsado en 1976. Las preguntas que intentamos responder son, entonces, ¿qué continuidad tuvo el proyecto originalmente impulsado por Marzo que vinculaba la Geografía estrechamente con la política y el desarrollo del país?, ¿qué circulación tuvo entre instituciones mientras no estuvo vinculado a la universidad?, ¿qué recorrido ideológico hizo a lo largo de esas décadas? Una hipótesis de esta investigación es que, en el caso de la Geografía en la UNCuyo, la escuela regional francesa se impuso a otras perspectivas geográficas, más cercanas a la geografía alemana, que antes de 1955 habían difundido una serie de profesores liderados por Marzo.
En segundo lugar, buscamos clarificar cómo se relacionaron las disputas políticas con las académicas. En el caso de Marzo, parece claro que su exclusión de la universidad, en particular la segunda en 1976, tuvo que ver con una disputa hacia el interior de la institución y de la carrera de Geografía, pero que tomó la forma de una expulsión por razones políticas. Esta última implicaba, en el lenguaje atroz de la dictadura de 1976, que el exonerado podía ser un así llamado subversivo, es decir, un enemigo de la nación, lo que a su vez lo hacía víctima potencial del peor de los destinos.
Sin embargo, Marzo estaba muy lejos de esta situación. No sólo porque había cultivado vínculos con los militares en Mendoza, llegando, incluso, a ocupar importantes puestos políticos durante la dictadura anterior; si no, y esto resulta muy disonante para la época, porque Marzo apela a autoridades militares para defenderse de las acusaciones que, ejecutadas por otras autoridades militares, lo habían expulsado de la universidad. Así, en plena dictadura, inicia planteos administrativos y judiciales que lo conducirán a regresar una vez más a la UNCuyo, ya en democracia, aunque no dentro de la carrera de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras. En este caso, las preguntas que planteamos son; ¿cómo se articula el relato sobre la propia trayectoria al conocer esta tantos vaivenes, expulsiones y retornos a una institución?, ¿cómo se explica la expulsión de Marzo durante la última dictadura, teniendo él mismo aceitados contactos castrenses?, ¿qué lugar jugó la disputa puramente académica respecto del rol de la Geografía en una trayectoria tan jalonada por la toma de posición política?
Para intentar responder a estas preguntas, detallaremos, en primer lugar, la estrategia metodológica y el detalle de las fuentes utilizadas. A continuación, presentaremos el marco de historia política y de historia de la universidad argentina en el que se desenvuelve la trayectoria durante el período analizado (décadas de 1940 a 1980).
Luego, expondremos la síntesis de la trayectoria de Miguel Marzo, hilando el relato con los contextos previamente desarrollados. Tocaremos con detalle algunos pasajes que, consideramos, permiten entender la complejidad de las relaciones mencionadas y caracterizar la circulación múltiple de los proyectos geográficos en aquellas décadas.
El último apartado, presenta las disputas políticas y académicas que la biografía de Marzo permite sintetizar. Por un lado, la disputa peronismo versus antiperonismo, en la que Marzo queda enfrascado, pero de la que intentará despegarse en los años siguientes. Por otro, la existencia de proyectos antagónicos respecto de cómo debe llevarse adelante la Geografía en tanto disciplina, cuyo telón de fondo será el control o la influencia sobre la carrera en la UNCuyo. Por último, veremos cómo estas internas disciplinares se entremezclan con la disputa política y acabarán provocando la salida de Marzo de la universidad durante la última dictadura militar, a contramano de las habituales cesantías y expulsiones por razones ideológicas, usualmente contra personajes caracterizados dentro de la izquierda.
Fuentes utilizadas
Para la búsqueda de los objetivos propuestos combinamos tres tipos de fuentes. Por un lado, analizamos publicaciones de las décadas de 1940 a 1970 que permiten esbozar los distintos proyectos geográficos en pugna en la Universidad Nacional de Cuyo. Estos proyectos en pugna refieren a propuestas respecto del significado de la Geografía como disciplina científica, su vinculación con proyectos políticos más amplios y su materialización como espacio académico institucionalizado y autónomo.
En segundo término, analizamos un corpus documental que fue recuperado por el Centro de Documentación Histórica de la universidad (UNCuyo-CDH), y que consiste en los expedientes de personal que fue cesanteado durante la década de 1970 y que luego apeló, en distintas instancias administrativas, para recuperar sus cargos o los salarios adeudados. En el caso del expediente que corresponde a Marzo, se trata de las actuaciones administrativas que él mismo inició en 1976 y que tuvieron un largo recorrido hasta 1983. El expediente fue, a lo largo de esos años, alimentado por numerosas contribuciones de Marzo, además de las respuestas de la universidad y del Ministerio de Educación que fue recibiendo. Esta fuente es referenciada como UNCuyo-CDH-Exp. 1047/1976.
En tercer lugar, recuperamos una entrevista que realizamos a Aída “Peti” Martinelli Valsechi de Marzo, la esposa de Marzo, el 14 diciembre de 2016, en su vivienda particular ubicada en la capital mendocina. También entrevistamos, en distintos momentos, a informantes clave3 que conocieron a Marzo y que también se dedicaron a la investigación y a la docencia en Geografía.
Un complejo marco histórico
La trayectoria que aquí analizamos debe ponerse en el contexto, en primer lugar, del primer peronismo, es decir, a las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955). El triunfo electoral de Perón se dio apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial. En la Argentina, diferentes tipos de nacionalismos pululaban desde hacía dos décadas y no fueron pocos los intelectuales nacionalistas que se plegaron al nuevo proyecto. El peronismo, sin embargo, no siguió una línea política predeterminada sino que, progresivamente, se constituyó como un movimiento sui generis, que integró tradiciones y dirigentes vinculados a distintas ramas nacionalistas, a la Doctrina Social de la Iglesia y al sindicalismo, que no estaba alineado con los partidos Socialista o Comunista. Objeto de interminables debates, lo que nos interesa resaltar aquí son algunos puntos que hacen al objeto de nuestra investigación en relación con el peronismo.
En primer lugar, el peronismo amplió la participación política hacia las mujeres en 1949, medida que fue capitalizada políticamente por la esposa del presidente, Eva Duarte de Perón. Producto de una política de democratización del bienestar y de reivindicación de los trabajadores y trabajadoras, el peronismo resultó imbatible en términos electorales, aun cuando hubo restricciones a la oposición política, a la prensa y a los intelectuales no alineados. Las elecciones, no obstante, fueron transparentes a lo largo del período y la única forma de derrotar a Perón fue a través de un golpe de Estado en 1955, en el que confluyeron actores de todo el abanico ideológico y social.
Se abrió entonces un período de proscripción de Perón y del peronismo que no terminó hasta 1973, con el retorno al país del líder, que fue nuevamente electo presidente. En este período se alternaron golpes de Estado, dictaduras y débiles gobiernos democráticos de cuestionable legitimidad (en tanto la expresión política mayoritaria estaba prohibida) y fuertemente custodiados por las fuerzas armadas.
Durante la primera dictadura extensa (1966-1973) se dio la confluencia de, al menos, dos procesos. Por un lado, la dictadura militar incrementó la represión política y en general, tomando como norte tanto a la dictadura de Franco como a la Doctrina de Seguridad Nacional, en el marco de la Guerra Fría. Por otro, la influencia de la Revolución Cubana en 1959 y un creciente clima de inconformismo (que llevaría a un primer gran levantamiento popular en 1969) tensaron cada vez más la posibilidad del gobierno militar de imponer su agenda y controlar la situación social, política y sindical (Gordillo, 2007). Así, los militares terminaron por aceptar el retorno de Perón, con la esperanza -compartida por un amplio abanico de actores- de que pudiera contener a las fuerzas desatadas que, algunos suponían, podía conducir a una revolución de tipo socialista (Novaro, 2010).
La tercera experiencia peronista (1973-1976) continúa siendo objeto de muy fuertes debates. Aquí, podemos mencionar que durante el gobierno de Perón y el de Estela Martínez de Perón (esposa y vicepresidenta que asumiría el poder entre 1974 y 1976), se desató una fuerte represión a sectores de la izquierda (tanto peronistas como no peronistas) y se comenzó a articular una retórica que la última dictadura llevaría al paroxismo. También, desde 1974 comenzó la violencia paraestatal y, en 1975, las fuerzas armadas llevaron adelante un ensayo -en la provincia de Tucumán- del plan represivo que aplicarían a escala nacional desde el año siguiente, a través de las desapariciones, torturas y muertes de quienes eran considerados como enemigos de la patria o subversivos.
En esa década, actuaron organizaciones guerrilleras que, progresivamente, fueron quitando peso a la estrategia política y exacerbando el de las acciones armadas, sin dudar en recurrir, casi indiscriminadamente, al asesinato político (Vezzetti, 2009). Un incipiente apoyo popular a las organizaciones revolucionarias (en lo álgido de la dictadura anterior) decantó en los años siguientes en el rechazo, en particular cuando las acciones armadas se retomaron durante el gobierno democrático y en medio de muy fuertes internas del peronismo gobernante. La dictadura de 1976-1983 se volvió tristemente célebre por el nivel inusitado de violencia estatal que desató contra la población en general, siendo considerada por distintas voces como un verdadero genocidio (Feierstein, 2007).
Evidentemente, la historia de la ciencia y de la universidad en el país ha conocido vaivenes acordes a tan agitada historia política. De manera sintética, el primer peronismo (1946-1955) significó el primer momento de expansión de la matrícula universitaria (que se hizo gratuita) y que se crearon las bases de un sistema científico que comenzaría a expandirse en la década siguiente. Como en otros ámbitos del espacio público, el gobierno impulsó una fuerte peronización de las universidades, llegando a exigir la afiliación obligatoria de todos los empleados públicos al partido gobernante.
Tras la caída de Perón, la dictadura que lo reemplazó en el poder desató una importante persecución de quienes habían ocupado cargos públicos o habían apoyado decididamente al peronismo, incluido gran parte del plantel docente de las casas de estudio. La desperonización pretendió abarcar a todo el conjunto de la sociedad, revelándose ya a corto plazo como una tarea fútil y que incluso produjo el objetivo contrario. En cualquier caso, la ciencia y la universidad vivieron una fuerte expansión de sus capacidades en los años siguientes, volviéndose espacios cada vez más significativos. La dictadura de 1966 se inauguró eliminando la autonomía universitaria y reprimiendo duramente en la mayoría de las universidades a estudiantes, profesores, autoridades e investigadores extranjeros por igual, en escenas infames que han pasado a la historia como «la noche de los bastones largos» (Novaro, 2010).
Sin embargo, las universidades continuaron funcionando como espacios vitales de la sociabilidad política, por lo que se volvieron cada vez más objeto de represión de los militares y sus aliados civiles. Si una parte significativa del estudiantado universitario había marchado en las calles contra Perón en la antesala de su caída en 1955, una década más tarde, la juventud universitaria comenzaría a constituirse como un actor desafiante para la dictadura, adquiriendo múltiples identidades políticas, desde los peronismos a las izquierdas.
Tanto fue así que, en la rebelión de 1969 (conocida como el Cordobazo), el movimiento estudiantil fue un actor destacadísimo. Con el retorno de la democracia en 1973, las universidades bulleron de autonomía y de movilización política. En ese contexto, se intentaron audaces reformas curriculares. La UNCuyo no fue ajena a este proceso de cambios (Aveiro, 2014). Cuando a finales de 1974 el gobierno se inclinó definitivamente a favor de los sectores más conservadores, la universidad sufrió un fuerte embate. Comenzó la expulsión de estudiantes y, sobre todo, de profesores, así como una marcha atrás con las reformas progresistas ensayadas desde el año anterior.
Para la dictadura iniciada en 1976, la universidad fue objeto particular de represión, al igual que en la anterior, pero llevada ahora hasta límites desconocidos. Se elaboraron listas negras de estudiantes y del personal que sería despedido. También se cerraron carreras e hicieron recortes presupuestarios a la investigación. Finalmente, la universidad, en sus distintos claustros, no estuvo exenta de secuestros, asesinatos y desapariciones (Lus Bietti, 2022; Cicalese, 2014; Vélez, 1999).
El retorno a la democracia en 1983 vino acompañado de un proceso de normalización por el que se intentó, con éxito diverso, recomponer el daño de los años previos. La reincorporación de profesores cesanteados fue dispar, incluso hacia el interior de una misma universidad. No fueron pocos los casos de profesores que, por la vía judicial, lograron reinsertarse y recibieron indemnizaciones.
Síntesis biográfica de Miguel Marzo
Una trayectoria tan cargada de cambios de posiciones -a veces muy dramáticos- resulta compleja de sintetizar. Por ello, hemos resaltado los principales hitos que analizaremos a partir de este momento (Tabla 1). Analíticamente, hemos distinguido tres dimensiones. La primera es lo que llamamos trayectoria general, que alude al recorrido vital y las posiciones que hacen específicamente a las otras dos dimensiones. Una de ellas es la trayectoria específica dentro del campo de producción geográfico que está jalonada por las publicaciones y por las posiciones institucionales de docencia e investigación en ese espacio. La otra es la que denominamos trayectoria política, que refiere a las posiciones de poder en sentido amplio, es decir, tanto dentro del campo académico como fuera de él.

Miguel Marzo Pascual nace en la ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa, en 1922. Sus padres eran de origen español. Estudió en la escuela normal de su ciudad natal, de donde egresó como Maestro Normal en 1939. Posiblemente, de manera inmediata se trasladó a la provincia de Buenos Aires. En 1944 -aproximadamente a los 22 años- se graduó como Profesor de Historia y Geografía en la Universidad Nacional de La Plata. Ese mismo año tomó uno de los denominados Cursos de Cultura Superior en Defensa Nacional. Sin embargo, en 1940 trabajó también como maestro de nivel primario en La Pampa y en 1942 y 1945, en Neuquén.
En 1948 ya comienza su vinculación estable con la UNCuyo. Ese año fue profesor interino por concurso en la Escuela de Comercio y en la Escuela Industrial de la universidad, en la sede de San Juan. También se desempeñó en la Escuela Normal de Maestros Rurales de San Juan, de jurisdicción provincial. Estas actividades parecen cesar entre 1950 y 1951, cuando ingresa como profesor titular por concurso en el Colegio Universitario Central de la misma universidad, pero en su sede de Mendoza. Ejerció en este cargo hasta que fue dado de baja luego del golpe de Estado de 1955.
En 1956 ingresa como profesor de Geografía en cinco cursos del Instituto Pedagógico del Oeste (posiblemente de gestión privada), donde también se desempeñó como secretario. En 1962, dejó ese puesto y pasó al Liceo Nacional de Señoritas por dos años. Mientras tanto, en 1958, había ingresado como profesor al Liceo Militar Gral. Espejo, en el que se desempeñaría hasta 1975, cuando se jubila. No parece casual este ingreso en 1958, pues es el momento en el que se relaja, sin desaparecer del todo, la proscripción del peronismo. Por otro lado, los liceos militares son instituciones gestionadas por las fuerzas armadas que ofrecen tanto formación académica (en el nivel secundario o medio) como militar.
En el nivel superior, inicia como profesor de Historia Americana y Argentina en el Instituto del Profesorado en Letras, de San Juan, en 1948 (es decir, aproximadamente a los 26 años de edad). Allí permanece solo dos años. En 1961 ingresó como profesor interino en la Escuela Superior de Periodismo, de Mendoza, en la que se desempeñó hasta 1968. Aproximadamente en el mismo período fue profesor interino en cuatro materias de geografía en el Instituto Nacional del Profesorado de San Juan (1962-1969 y 1971-1972).
En cuanto a la universidad, su primera vinculación es con la sección Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, donde ingresa como profesor adscripto en 1948. Esto sucede al mismo momento que ingresaba en la universidad, pero como docente en el nivel secundario. En 1950, aparentemente ya radicado de forma estable en Mendoza, ingresa por concurso como profesor Adjunto Asistente en la cátedra de Geografía Económica y Política Argentina. En el mismo año, es contratado para impartir la materia Historia Americana III. Un año más tarde, asciende por concurso al cargo de titular en la cátedra de Geografía Física. De este cargo será dado de baja en noviembre de 1955, dos meses después del golpe de Estado.
El retorno a las aulas universitarias se produce en 1961 tras la resolución favorable del juicio por la cesantía de 1955. Pero no regresó a la facultad de Filosofía y Letras, sino a la de Ciencias Políticas (aunque en ese momento no estaba organizada como tal sino como Escuela Superior). Allí, se desempeña en la cátedra Geografía Humana General, al principio designado por resolución y, desde 1966, por concurso. Dos años después, pasa a desempeñarse en este cargo como profesor titular de tiempo parcial.
El retorno a la carrera de Geografía y a la Facultad de Filosofía y Letras se produce en otra materia, distinta a la que ocupaba en 1951. Así, en 1966 -y aparentemente hasta 1969- es profesor adjunto interino por concurso de Didáctica de la Geografía. El retorno a la cátedra de Geografía Física no se produjo hasta 1973, ya en el período democrático. Fue reincorporado a esta cátedra -que había obtenido por concurso en 1951- por resolución del Rectorado. También se desempeñó desde ese momento en la cátedra de Geografía Política, que él mismo había contribuido a crear en el marco de la reforma del plan de la carrera en 1973.
En 1974 pareciera restablecerse su vinculación académica con San Juan, aunque ahora en el marco de la recién creada Universidad Nacional de San Juan, producto del desmembramiento de la UNCuyo. Se desempeñó como jefe del departamento de Geografía en la carrera homónima, dentro de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. Renunció al cargo en junio de 1976, aduciendo razones familiares, aunque meses antes había planteado diferencias con el decano sobre la conducción del departamento.
En septiembre del mismo año fue declarado «prescindible» en el cargo que poseía en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo. Como motivo del cese de todos los otros cargos universitarios en ese mismo momento, declara la renuncia, pero parece factible suponer que fue una decisión -o incluso una mera forma administrativa- vinculada o disparada por su expulsión. Marzo solicitó una reconsideración de esta decisión, que fue rechazada en 1979. Pero, ya en 1983, utilizó estos antecedentes para recurrir la decisión ante el Ministerio de Educación de la Nación. Tras esta acción, le fueron reconocidos los haberes adeudados desde su expulsión y, ya en 1984, fue reincorporado al cargo de la Facultad de Ciencias Políticas, pero no así al de Filosofía y Letras.
Al igual que durante la primera expulsión, Marzo trabajó durante la última dictadura militar en el ámbito privado. Fue brevemente gerente zonal de una firma dedicada a la comercialización de granos en el este mendocino. Fue profesor entre 1977 y 1983 en la Universidad del Aconcagua, casa de estudios de gestión privada de reciente creación en ese momento. En ella se desempeñó como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas (1983-1984 y 1985-1987).
Marzo tuvo una prolífica vida política. Por un lado, están las funciones políticas vinculadas a la actividad académica. El primer cargo que aparece en su trayectoria es el de representante de la provincia de San Juan en las Jornadas Pedagógicas Sarmientinas de 1949. Entre 1965 y 1970 fue miembro titular de la Junta de Disciplina de la enseñanza secundaria en Mendoza. En 1968 fue delegado del Comando de Institutos Militares para la reforma de la enseñanza de la Geografía en estas instituciones. Entre 1967 y 1969 fue jefe del Departamento de Geografía en el Liceo Militar mendocino.
En la UNCuyo su participación política fue muy destacada, aunque con los mismos hiatos que su carrera docente. En la década de 1950 sus funciones fueron sumamente variadas, desde coordinador del Congreso del Libertador Gral. San Martín a encargado de reformar el reglamento de la orquesta sinfónica. Fue delegado o representante en numerosas reuniones y eventos científicos en el país, América Latina y Europa, muchas veces vinculados con la disciplina geográfica. En 1954, por ejemplo, fue integrante de la comisión de rectores que visitó varios países europeos.
Pero su principal función fue la de secretario general de la universidad, cargo que desempeñó entre 1950 y 1955 (el primer año, como prosecretario). Estuvo a cargo, en distintos momentos, del rectorado, de manera provisoria. Fue también decano interventor de la Facultad de Ingeniería, Ciencias Exactas, Físicas y Naturales -ubicada en San Juan- en distintos momentos desde 1952. Tuvo, asimismo, un rol destacado en la creación y en la dirección del Departamento de Investigaciones Científicas, activo hasta el golpe de 1955.
Esta primera etapa de Marzo en la UNCuyo coincidió con el rectorado de Fernando Ireneo Cruz, quien había ingresado a la universidad en sus inicios, había luego sido decano de la Facultad de Filosofía y Letras y, finalmente, fue rector desde 1947 hasta su fallecimiento en 1954. Bajo su conducción, la UNCuyo fue una de las universidades que más orgánicamente se orientó con el proyecto peronista, si bien convivieron diferentes sectores durante los primeros años. La ruptura se profundizó a partir de 1952, cuando el gobierno convirtió a la doctrina peronista en «doctrina nacional» y volvió obligatoria la afiliación al partido de gobierno de todos los empleados públicos. Se hizo evidente entonces que “un grupo no menor de referentes de las derechas locales -vinculadas al pensamiento conservador, tradicionalista católica y nacionalista- siempre mostró recelo ante el peronismo, sindicado de demagógico y totalitario, y se enfiló en las columnas del antiperonismo” (Fares, 2024, p. 76).
Pero Marzo no estuvo vinculado únicamente a Mendoza, como mencionamos. En sus distintas estadías en San Juan -y muy posiblemente durante su desempeño como decano de la mencionada Facultad de Ciencias Naturales- es factible que haya trabado amistad con José Augusto López, quien sería uno de los impulsores de la astronomía en la provincia y el país (fue director del Observatorio Astronómico Félix Aguilar durante dos décadas). En cualquier caso, López -de filiación peronista- fue gobernador de facto de la provincia entre 1969-1971 durante la dictadura autodenominada Revolución Argentina. En ese mismo período, Marzo se desempeñó como ministro de Asuntos Sociales en esa provincia. En 1970 fue también ministro de Economía y en varios momentos de estos años fue también ministro de Gobierno. Por último, estuvo a cargo momentáneamente de la gobernación durante 1970.
En 1972 también tuvo actuación política de primera línea en Mendoza. Luego del Mendozazo4 en abril de 1972, el gobierno de facto de la provincia recayó en Félix Gibbs del Partido Demócrata (conservador). Marzo se desempeñó como ministro de Cultura y Educación entre mayo de 1972 y marzo del año siguiente, en vísperas de la recuperación democrática en mayo de 1973.
En los años de la dictadura instaurada por Onganía (1966-1973) también ocupó cargos universitarios. Fue, por ejemplo, decano de la Facultad de Ciencias de la UNCuyo, con sede en la provincia de San Luis, en algún momento de 1969. En 1971 sería también decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, con sede en Mendoza, y vicerrector de la universidad. No está claro si estos cargos se superpusieron en su ejercicio o no, con los cargos de gobierno.
Una muestra de las intersecciones que se producían entre estos distintos mundos lo expone la participación de Marzo en los convenios entre el gobierno de Mendoza, la UNCuyo y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) para crear el Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas (IADIZA), proceso que se concretó entre 1970-1973. El IADIZA fue organizado por Virgilio Roig, uno de los pioneros de la biología en Mendoza y de las zonas áridas. Roig fue ministro de Economía de Mendoza entre 1972 y 1973, momento en que ya era investigador de CONICET y, aprovechando también estas intersecciones y contactos en el gobierno nacional, fue impulsor de la creación de la sede local del organismo. Roig también fue expulsado de la universidad por la dictadura iniciada en 1976. Por otro lado, Marzo tuvo algún tipo de participación desde el gobierno provincial en la creación de otros dos institutos del CONICET; es el caso del IANIGLA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales) y el CEIFAR (Centro de Estudios Interdisciplinarios de Fronteras Argentinas, hoy inexistente).
Marzo se jubiló de su cargo docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en 1987. Hasta ese año, también, fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas de la Universidad del Aconcagua y vicedecano ad honorem de la Facultad Tecnológica de Enología y de Industria Frutihortícola Don Bosco, ambas instituciones privadas de educación superior mendocinas.
Proyectos políticos y geográficos en pugna
Como mencionamos, la Geografía en la UNCuyo nació ligada a la carrera de Historia, que fue creada junto con la universidad en 1939. Al respecto, Guillermo Cicalese explica que:
[…] los primeros estudios tímidos de Geografía nacieron bajo la concepción de “disciplina auxiliar” de la Historia, por esa razón cuando se creó la Sección de Estudios Geográficos en 1947 bajo la dirección de Martín Pérez, se lo hizo como una pequeña división incluida en el Instituto de Historia y Disciplinas Auxiliares. Con la aprobación del plan que habilitaba la creación de la carrera de Geografía y la emisión de un título independiente, esta repartición ganaría en jerarquía convirtiéndose en Instituto de Geografía en el año 1954, y posteriormente quedaría bajo la prolongada dirección de Mariano Zamorano hasta 1971. (Cicalese, 2014, p. 4)
Mariano Zamorano es un personaje relevante en la historia de la disciplina, en tanto dirigió o incidió decisivamente en los destinos de la Geografía en la UNCuyo durante varias décadas a partir de 1955. Portador de un capital académico poco común para la época -pues había cursado su doctorado en Francia- y de no pocas habilidades políticas, orientó la naciente carrera hacia la geografía regional propiciando, al mismo tiempo, su internacionalización a través de prolongados contactos con la academia francesa, en particular con la Universidad de Bourdeos. Por otro lado, Zamorano lejos estuvo de limitarse a la investigación y la docencia. Fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras en 1959-1961 y rector de la UNCuyo en 1962-1963. Con posterioridad mantuvo una muy importante influencia sobre Geografía y en la facultad en general (Cicalese, 2014).
Sin embargo, es menos conocido el proyecto geográfico en la UNCuyo del peronismo, es decir, el que propició su autonomización y que fue tempranamente interrumpido por el golpe de Estado de 1955 y las políticas de desperonización que le siguieron. Las historias de la disciplina en la UNCuyo escritas desde ese año -varias de ellas a cargo de Zamorano- han reforzado la idea de que el período 1947-1954 habría sido el de una disciplina auxiliar, subordinada a la historia, y simplemente preparatorio de la jerarquización que sufriría posteriormente (Bombal, 2022). Sin embargo, poco o nada se dice, en esas historias, de aquella primera etapa en la que profesores como Marzo tuvieron un rol destacado.
¿En qué consistió ese otro proyecto para la Geografía en Mendoza y en la UNCuyo? Aquí sólo podemos esbozarlo en función de las disputas académicas y políticas que analizamos a través de la biografía de Marzo, aunque pretendemos que sea objeto de indagaciones posteriores. Un trabajo presentado en una jornada académica de la UNCuyo en 1985 -y que permaneció inédito hasta 2022- rescataba ya tempranamente la figura de Marzo. Y allí, su autor explicaba que Marzo fue discípulo de tres reconocidos geólogos: Pablo Groeber y Walter Schiller (alemanes) y Augusto Tapia (argentino) (Richard Jorba, 1985), a quienes conoció en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) mientras era estudiante. Precisamente fue Tapia quien, ya siendo un afamado hidrogeólogo, le ofreció a Marzo y a otros colegas de la UNLP trasladarse a San Juan después del terremoto de 1944 para trabajar en la reconstrucción de la ciudad, con lo que comenzaría su vinculación con la región (Pickenhayn, comunicación personal, 2021)5.
Por lo tanto, Marzo, sin dudas está cerca de las escuelas geográficas alemanas de la primera mitad del siglo XX, de tradiciones con fuerte vinculación con la disciplina histórica y de la reflexión geopolítica (Richard Jorba, 1985). También, es claro que su pensamiento geográfico da una importancia cardinal a la geografía física y a la geología. Esta concepción, patente en sus primeros trabajos, se irá matizando y combinando en años posteriores con una perspectiva histórica y un enfoque geopolítico situado en lo que llamó el interés superior de la nación. Además, en este registro, el conocimiento geográfico debía tener importantes lazos con la discusión pública en general y específicamente con las políticas públicas.
Una buena muestra de estas vinculaciones está dada por el programa de la asignatura Geografía Política, que Marzo pondrá en marcha y dictará por pocos años, una vez retornado el peronismo al poder (nacional y universitario). Al respecto, Gonzalo Lus Bietti destaca que:
la materia Geografía Política, dictada por Marzo que, estudiando el espacio (y particularmente el territorio) como fundamento del Estado, puntualizaba en temas como las desigualdades regionales y las consecuencias político-geográficas en los espacios periféricos, el imperialismo, la descolonización y el neocolonialismo, la “conquista” de territorios productivos en espacios áridos y semiáridos o la integración socioeconómica y política regional. […] había un explícito interés en la geopolítica que se ligaba a estudiar ciertos temas de interés para el Estado nacional como las áreas de fronteras, los límites, las zonas de seguridad nacional, las relaciones con los países limítrofes o las disponibilidades de recursos naturales, entre otros. (Lus Bietti, 2022, p. 34)
Eso no significa que las tradiciones que predominaron a posteriori no incluyeran estas dimensiones en sus análisis, pero lo harán desde una posición mucho más academicista que implicaba una diferenciación mucho más tajante entre el campo científico y la dimensión política. Para Miguel Marzo esa diferenciación entre ciencia y política era una suerte de obstáculo. En cambio, “a esta geografía, como concluye Marzo, no se la estudia ni en libros ni en universidades. Hay que vivirla en los rincones olvidados que, no por ocultos, dejan de pertenecer a ese país rico llamado Argentina” (Marzo, 1985, como se citó en Pickenhayn, 2001, p. 120).
En la misma dirección, Richard Jorba sintetiza la postura de Marzo sin ambigüedades:
Marzo elabora una geografía dinámica, que no se limita a estudiar combinaciones geográficas sobre una porción del espacio, en un punto fijo del tiempo, e incursiona en propuestas de políticas a seguir para valorizar los territorios con criterio geográfico; vale decir que elabora pautas geopolíticas. Marzo mantiene profundas diferencias con las concepciones sostenidas por otros geógrafos de la zona y, como él, catedráticos de la [UNCuyo]. Son los seguidores de la escuela regional francesa [que] consideran que la ciencia no debe comprometerse en posiciones políticas, por aquel viejo, erróneo y tal vez intencionado apotegma de que la ciencia no tiene fronteras. (Richard Jorba, 1985, p. 7)
Una placa colocada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo en 2008 refleja también este compromiso que profesores de la carrera de Geografía que, como estudiantes, habían visto en Marzo y que decidieron plasmar (Figura 1). Aunque modesta, la placa puede ser vista como una tardía reivindicación de una Geografía menos aséptica que la dominante por muchos años en la institución, al destacar a Marzo como un “modelador del ser nacional a través de la geografía”.

La entrevista a Aída Martinelli de Marzo6 también ofrece pistas en la misma dirección. Ella destaca que su esposo admiraba profundamente a Federico Daus, no así a Mariano Zamorano y Ricardo Capitanelli7 con quienes mantenía diferencias. También señala que, dentro de Argentina, Marzo tenía fuertes vínculos con la tradición geográfica de la Universidad Nacional de Tucumán, a la que visitó varias veces y en la que la influencia alemana está reconocida (Rainer, 2023; Zusman, 1997).
En el exterior, Marzo fue enviado, en 1954, por Ireneo Cruz -rector de la UNCuyo durante parte de los primeros gobiernos peronistas- a Europa para tantear oportunidades de cooperación internacional. Recorrió varios países y, respecto de la práctica de la geografía, “Alemania [fue] lo que más le gustó, Francia para nada” (Martinelli de Marzo, comunicación personal, 2016). Del paso por España, Marzo conservó una condecoración que su esposa exhibía con orgullo en 2016. Se trata de la Orden de Alfonso X El Sabio, en grado de encomienda (Figura 2), que le fue otorgada a Marzo durante el viaje (quizás en conjunto con el resto de la delegación argentina).

Se trata de una marca de afinidad ideológica al franquismo, que resulta muy pertinente para los objetivos de esta investigación. La identidad política de Marzo fue el “nacionalismo de derecha”, era un “nacionalista hasta la médula” (Martinelli de Marzo, comunicación personal, 2016). En el mismo testimonio, su esposa recalca que el acercamiento al peronismo tuvo que ver con los primeros momentos de este, cuando captó a numerosos y diversos sectores nacionalistas, muchos de los cuales no permanecieron dentro del proyecto político peronista (Buchrucker, 1987).
El acercamiento de Marzo al peronismo habría sido -o habría sido resignificado como- de carácter táctico. En cualquier caso, parece claro que no mantuvo una identidad política peronista perdurable o al menos visible. Luego de 1955, no encontramos manifestaciones suyas de adhesión a ninguna vertiente de las identidades peronistas que transitaron en las décadas siguientes. Se trata entonces de un «nacionalista de derecha» que, hasta principios de la década de 1970, pudo moverse con relativa facilidad entre distintos espacios políticos, si se excluye al amplio campo de las izquierdas -en ascenso por aquellos años-, ideas con las que Marzo no tuvo ningún tipo de simpatía (Martinelli de Marzo, comunicación personal, 2016).
Si bien Marzo tuvo una destacada actuación política en la UNCuyo durante la primera mitad de la década de 1950, lo más relevante de su participación política se dio durante la dictadura de la Revolución Argentina (1966-1973), cuando fue ministro de dos gobiernos provinciales y hasta ocupó provisoriamente la gobernación de San Juan. El gobernador López, de San Juan, tenía un origen peronista, pero no así Gibbs, de Mendoza, que provenía del Partido Demócrata (conservador). De todas maneras, explicar de manera detallada cómo llegó Marzo a desempeñar alguna relevancia en el mundo político cuyano, excede los límites de este trabajo.
Marzo es, entonces, un geógrafo preocupado por cuestiones mucho más allá de la Geografía academicista que se impondrá desde la década de 1960, y un nacionalista convencido y sin simpatías por las ideas de izquierda. Fue también un funcionario relativamente importante de la universidad peronista, purgado por la reacción antiperonista de 1955, y que abandonó esa identidad política, aparentemente, sin volver la vista atrás. En la década siguiente logró reingresar a la UNCuyo -pero no a su espacio original en Geografía- e hizo una breve pero nada despreciable carrera política durante una dictadura que generalizó la represión en el marco de la Guerra Fría, y que tuvo en la España franquista una fuente de inspiración.
Ahora bien, con la apertura democrática y el retorno del peronismo a la conducción del país y de la universidad, Marzo sí volvió a ocupar un lugar más relevante en la carrera de Geografía de la UNCuyo. Muy significativamente, no parece haber sido afectado por las purgas de 1975 -de gran impacto en la UNCuyo (Vélez, 1999)- y que representaron la exclusión y persecución de los sectores de izquierda del peronismo. Su segunda expulsión se produjo luego de varios meses de iniciada la nueva dictadura militar en marzo de 1976.
Para intentar comprender estos itinerarios, conviene mirar ahora la cercanía ideológica y material de Marzo con las fuerzas armadas. La tarea de preservación documental de la UNCuyo8 nos permitió reconstruir las acciones que llevó a cabo Marzo luego de su expulsión de 1976. En efecto, Marzo no se quedó de brazos cruzados e inició actuaciones administrativas tendientes a recuperar su cargo en la universidad. Una de ellas, ante el propio rector interventor que lo había dejado cesante, comodoro Héctor Ruiz9.
Ante la falta de respuesta, elevó recursos hacia el ministerio de Cultura y Educación nacional que, al cabo de siete años, no dieron lugar a su pedido de reincorporación, pero sí a la indemnización. Esta le correspondía a Marzo en virtud de la Ley Nacional 21.274/1976, que la dictadura decretó solo cinco días después del golpe de Estado y que habilitaba a dar de baja a los empleados de la órbita del Estado nacional. Esta ley establecía una distinción fundamental entre quienes debían ser indemnizados (comprendidos por el artículo 4 de la norma) y quiénes no. Estos últimos eran los comprendidos por el artículo 6, que en su apartado sexto fijaba que no recibirían compensación quienes “constituyan un factor real o potencial de perturbación del normal funcionamiento del organismo al cual pertenecen” (Ley Nacional 21.274/1976, art. 6). Es evidente la arbitrariedad de la norma, en el marco de un proceso -la dictadura cívico-militar- definido también por la arbitrariedad. En cualquier caso, se mantuvo la expulsión de Marzo pero se le reconoció el derecho a ser indemnizado.
Lo que nos interesa destacar es el despliegue retórico de Marzo en las numerosas actuaciones que presentó durante la dictadura para que se revisara su cesantía, y que en gran medida aparecen condensadas en la alusión a los referidos artículos de la ley 21.274. La resolución que lo expulsaba de la UNCuyo en septiembre de 1976 aludía precisamente al apartado sexto del artículo 6, sin dar mayores explicaciones. Conviene citar un argumento central de su alegato que, por otro lado, transparenta su cercanía y comunión con las Fuerzas Armadas:
Señor Rector Interventor, después de haber sido el suscripto el primer Ministro de Cultura y Educación de la Provincia de Mendoza de y por las Fuerzas Armadas; Vicerrector de la Universidad Nacional de Cuyo de y por las Fuerzas Armadas; Interventor de la Facultad de Ciencias de San Luis (…) de y por las Fuerzas Armadas; Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo de y por las Fuerzas Armadas; (…) 17 años Profesor Titular por concurso del Liceo Militar “General Espejo”, de, por y para las Fuerzas Armadas, etc. etc., ahora, de improviso y como por arte de magia, Ud. Señor Interventor, sin motivación jurídica válida y absolutamente falto de fundamentación (…), descubre QUE PARA SERVIR EFECTIVAMENTE A LOS FINES DE LA NACIÓN, Y POR ENDE DE LAS FUERZAS ARMADAS; Y PARA CONSOLIDAR LOS VALORES Y ASPIRACIONES CULTURALES DEL SER ARGENTINO -esto dice en su Resolución (…)- el Profesor Miguel Marzo debe ser catalogado y denigrado públicamente por cuanto “constituye un factor real o potencial de perturbación” en los claustros universitarios. (Miguel Marzo, Recurso de Revocatoria presentado al Interventor de la UNCuyo, 3 de septiembre de 1976. UNCuyo-CDH-Exp. 1047/1976, foja 246, destacado en el original)
A la distancia, nos llama la atención que se apele a «motivaciones jurídicas válidas» en medio de una dictadura que ha interrumpido la vigencia constitucional y ha desatado una represión feroz. Pero es claro que Marzo apela a todos los argumentos que puede recopilar para expresar su perplejidad por ser considerado por las Fuerzas Armadas como una potencial amenaza para la universidad, cuando él, personalmente, ha estado vinculado en sus funciones políticas y académicas a esas mismas Fuerzas Armadas de manera perdurable. Incluso, lo estaría después, ya que como él mismo se encargó de destacar en el expediente en el que tramitó el pedido de revocatoria de su expulsión, en 1977 fue invitado por el subsecretario de Instrucción Pública de San Juan (capitán de fragata Juan Manuel Escobar) a dictar un curso de una semana para directores de escuelas de zona de frontera sobre Conceptos geopolíticos de zona de frontera.
En los meses siguientes a su expulsión, Marzo parece haber recorrido distintos claustros militares en busca de apoyo para su reincorporación, invocando un capital social largamente cultivado. Así, obtiene, en septiembre de 1976, una carta oficial del subdirector del Liceo Militar respecto de su desempeño sobresaliente como docente en la institución durante 17 años de servicio.
También se dirige formal e informalmente al Gral. Jorge Maradona, uno de los principales responsables de la represión ilegal en Mendoza durante los primeros años de la dictadura, a fin de solicitarle que interceda para lograr su revocatoria o, al menos, para obtener una explicación fundamentada. Explica que:
Ante la situación expuesta, imagino las motivaciones, y ellas pueden ser las mismas [que las de su salida de la UNSJ]. Si así ocurriera se estaría ante el hecho cierto de una confabulación persecutoria hacia mi persona, o un interés no manifiesto de confundir a las Fuerzas Armadas en el proceso en que actúan, restándole apoyos reales dentro de la comunidad civil. Es esto último lo que me preocupa. (Miguel Marzo, carta elevada al comandante de la VIII Brigada de Infantería de Montaña, 8 de septiembre de 1976. UNCuyo-CDH-Exp. 1047/1976, foja 345)
También menciona en el expediente que, a fines de 1976, en una reunión con el ministro de Educación y el rector de la UNCuyo, el primero le habría manifestado al segundo que debía procederse a la reincorporación. Este rector era Pedro Santos Martínez, historiador al que Marzo muy probablemente conocía de la facultad de Filosofía y Letras. Si esto ocurrió así, Santos Martínez igualmente no procedió con la reincorporación.
Asimismo, menciona la paradoja de que, excluido el propio Marzo de la vida académica de la UNCuyo, el gobierno escolar de la provincia recomendara sus obras dentro de los planes de estudio de la educación obligatoria. De particular impacto en aquellos años fueron su Geografía de Mendoza (Marzo e Inchauspe 1967) y la Geografía de Europa y Oceanía, que vio la luz en 1976 (Inchauspe y Marzo 1976).
Ninguna de estas gestiones dio el resultado esperado. En cuanto a los recursos administrativos, se extendieron hasta 1983 y, como mencionamos, le reconocieron el derecho a la indemnización (es decir, se quitó la carga ominosa del artículo 6) pero no se procedió a su reincorporación durante la dictadura. Podemos ver, sin embargo, que Marzo se movió con seguridad durante aquellos años cuestionando una decisión de la propia dictadura, entrevistándose con el ministro de Educación e incluso con Maradona, personaje nefasto de la historia mendocina.
También puede mencionarse el estilo argumentativo de Marzo que quedó plasmado en sucesivas presentaciones dentro del expediente donde se tramitó su pedido de reincorporación a la universidad. Hay extensas apelaciones a la jurisprudencia y a los derechos garantizados por la constitución nacional, como si se pusiera en suspenso el carácter manifiestamente arbitrario de la decisión de expulsarlo, en un marco de arbitrariedad todavía mayor. Por momentos, Marzo parece estar buscando las razones explícitas de su expulsión antes que la reincorporación:
Por ello no tengo otra alternativa que imaginar las causas que a juicio del Señor Rector Interventor motivan mi cesantía; ellas serían: corrupción, subversión o falta de idoneidad (…). Marginando las dos primeras; porque mi formación y convicción -NACIONAL Y CRISTIANA- me impiden formular un juicio crítico a su respecto puesto que ignoro la mecánica y los sistemas y todo cuanto a ellas concierne, he de ceñirme a decir dos palabras sobre la tercera posible causa (…). [La palabra de personas que no fueran estudiantes o colegas] no pueden servir de fundamento serio cuando lo que está de por medio es la vida, el honor, la carrera pública sin manchas, y una inquebrantable línea de conducta de un moral servidor de los intereses de la Nación. (Miguel Marzo, Recurso de Revocatoria presentado al Interventor de la UNCuyo, 3 de septiembre de 1976. UNCuyo-CDH-Exp. 1047/1976, foja 247, destacado en el original)
La persecución a Marzo, por lo tanto, debe encuadrarse en las internas de la derecha mendocina y, más específicamente, en el capítulo de la UNCuyo. No se trata de los casos más habituales, que consistieron en la persecución de sectores peronistas de izquierda o del peronismo de izquierda. Mucho menos, de una persecución que pusiera en riesgo su vida. Sin quitar peso al dramatismo que la situación tuvo en Marzo y su familia, es claro que pudo incorporarse en aquellos años a otras universidades, por lo que no parece tampoco haber sido incorporado a una lista negra de amplio alcance.
A falta de documentos o testimonios que nos permitan afirmarlo, parece plausible hipotetizar que se trató de una interna entre los sectores de la UNCuyo más manifiestamente adheridos a las Fuerzas Armadas en general y a la última dictadura en particular. Es notorio también que, cuando Marzo se reincorpora a la institución luego del fin de la dictadura, lo hace en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, pero no en la de Filosofía y Letras, donde todavía está la carrera de Geografía. En esta última, a diferencia de la primera, no se produjo un retorno cuantitativamente significativo de docentes que hubieran sido expulsados desde 1975 y no cambió en los años siguientes algo sustancial en el bloque de poder ni en la carrera de Geografía, ni en ninguna otra.
Conclusiones
Las disputas académicas no se resuelven en la arena de las ideas, ni por la calidad de las argumentaciones y las pruebas reunidas. O no exclusivamente. Como señala Bourdieu, los académicos están condicionados por su posición social, su posición específica en el campo académico y por las tomas de posición (académicas y no académicas) derivadas de sus condiciones de ingreso al campo y las posteriores disputas en él. Cada uno de estos condicionamientos es más sutil que el anterior en sus efectos (Bourdieu, 1999; 2012a). Sin embargo, en un contexto como el que hemos descrito y en una trayectoria tan jalonada por los cambios abruptos, las disputas adquieren tonos poco sutiles y se confunden con la disputa política lisa y llana.
Es claro que la historia de la universidad argentina es indisoluble de la historia política en general, mucho más en el contexto de la Guerra Fría y su materialización dramática en el país, en particular desde 1976. La trayectoria que hemos analizado confirma este axioma. Miguel Marzo tuvo un recorrido -político, geográfico, académico- que ofrece una estimulante ventana para observar el entrecruzamiento de estas dimensiones en un contexto de por sí dramático.
Pareciendo incuestionable que Marzo adhirió a las Fuerzas Armadas aún durante la última dictadura militar, no deja de llamar la atención la ironía que representa que haya sido excluido de la universidad al poco de echar a andar aquella. Los rectores que dirigieron la UNCuyo durante la mayor parte de la dictadura provenían de las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Políticas y Sociales, donde Marzo trabajó durante décadas. Aunque en el plano hipotético, parece claro que actuaron fuerzas en contrario para echarlo, primero, y mantenerlo fuera de la universidad, después.
¿Respondió esta disputa a viejos rencores personales o enfrentamientos académicos originados en el seno de la carrera de Geografía? No tenemos elementos para afirmarlo, pero sí podemos concluir que -en distintos momentos y con distintas excusas- Marzo fue excluido del principal espacio institucionalizado del discurso geográfico. Y ciertamente también se vio marginado su proyecto geográfico, aún cuando resta por profundizar en el contenido de este y posibles líneas de continuidad que pudo haber tenido.
A Marzo las fronteras académicas estrictas parecieron no importarle en demasía, ya que publicó en todo tipo de formatos y medios, dictó conferencias, desplegó una incansable actividad docente y circuló tanto por la academia como fuera de ella. Su obra más conocida, la Geografía de Mendoza, de hecho, se publicó completamente por fuera del circuito académico, aunque tuvo gran repercusión en el mismo. Del otro lado, quienes sí se mantuvieron dentro de las fronteras académicas más estrictas, se encargaron de reforzar la existencia de estas, tildando el período anterior a ellos casi como de amateurismo (Cicalese, 2014), cuando no denostando de manera poco disimulada el trabajo de difusión de Marzo (Capitanelli, 1968).
En un plano más general, el problema de investigación que hemos abordado nos permite ilustrar que la propensión a invertir en el campo académico -aquello que Bourdieu (1999) denomina illusio- puede actuar con fuerza incluso cuando la representación de sí reniega del academicismo. El proyecto geográfico que Marzo encarnó rechazaba la limitación a los claustros académicos, pero ello no impidió que se multiplicaran los intentos, durante tres décadas, de retornar a esos claustros. Lejos de ver aquí una contradicción, lo entendemos como una expresión poderosa de un habitus académico resiliente a la persecución y a la marginación material y de las obras.
Finalmente, cabe reflexionar sobre la cercanía de Marzo con las Fuerzas Armadas a lo largo de su dilatada trayectoria. Este hallazgo fue posible gracias a los documentos recuperados por la política de preservación histórica de la universidad. Irónicamente, los documentos de Marzo fueron objeto de atención porque se trataba de alguien expulsado por la dictadura, al igual que muchos otros casos. Pero, a contramano del sentido común imperante en estos casos, no se trataba de alguien encasillado como enemigo por esa dictadura (aun cuando Marzo evidentemente lo vivió de esa manera), ni mucho menos de alguien que haya estado en riesgo de vida.
Tampoco, en la génesis de esta investigación estaba presente una hipótesis en esa dirección. Hay, por lo tanto, una línea de investigación por abrir que debe interrogar sobre el entrecruzamiento entre las disputas académicas y políticas. Y, también, sobre las internas de los sectores de derecha y sobre cómo estas se valieron, llegado el caso, de las herramientas persecutorias que en general se aplicaron al resto del espectro político (peronista o de izquierda).
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Notas

