

Artículos científicos
La territorialidad de los sentidos sobre el trabajo de jóvenes de sectores populares: el caso del barrio Nueva York de Berisso, provincia de Buenos Aires, Argentina
The territoriality of the senses in the work of young people from working-class sectors: the case of the Nueva York neighborhood in Berisso, Buenos Aires, Argentina
Estudios Socioterritoriales
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina
ISSN-e: 1853-4392
Periodicidad: Semestral
vol. 36, núm. 2, 2025
Recepción: 22 septiembre 2025
Aprobación: 30 octubre 2025
Resumen: Este artículo analiza las condiciones de producción de los sentidos sobre el trabajo de jóvenes de sectores populares desde un estudio de caso: un grupo de jóvenes del barrio Nueva York de Berisso (provincia de Buenos Aires, Argentina). Desde una metodología cualitativa, se busca desafiar el discurso hegemónico que estigmatiza a jóvenes de sectores populares. Para ello, se aborda la polisemia del barrio desde las narrativas juveniles que lo construyen como una «casa», una «promesa», y un «estigma». Esas formas discursivas se traducen en elementos a partir de los cuales elaboran sus sentidos sobre el trabajo: el sentido de comunidad, las experiencias-puente que dialogan con el mundo del trabajo, el reposicionamiento respecto de mandatos laborales, el despojo territorial, y la desilusión y desconfianza frente a los discursos desde el sector empleador y político. Las promesas incumplidas se inscriben en una historia de desilusiones en la región, causales de la desconfianza de lxs jóvenes, exponiendo cómo el territorio es un escenario de disputas que impacta directamente en sus subjetividades y en la forma en significan el trabajo y elaboran sus futuros.
Palabras clave: Jóvenes, Sentidos, Territorio, Trabajo.
Abstract: This article analyzes the conditions that shape perceptions of work among young people from low-income neighborhoods, based on a case study of a group of young people from the Nueva York neighborhood in Berisso (Buenos Aires, Argentina). Using a qualitative methodology, it seeks to challenge the hegemonic discourse that stigmatizes young people from low-income neighborhoods. To this end, it addresses the polysemy of the neighborhood from the youth narratives that construct it as a «home» a «promise»,” and a «stigma».” These discursive forms translate into elements from which they construct their meanings about work: the sense of community, the bridging experiences that dialogue with the world of work, the repositioning with respect to labor mandates, territorial dispossession, disillusionment, and distrust of the discourses of the employer and political sectors. Broken promises are part of a history of disappointment in the region, causing mistrust among young people and exposing how the territory is a scene of disputes that directly impact their subjectivities and the way they understand work and shape their futures.
Keywords: Young people, Senses, Territory, Work.
Introducción
Desde el sentido común y desde gran parte del discurso mediático hegemónico, las juventudes han sido construidas como sujetxs1 peligrosxs (Chaves, 2005; Daroqui et al., 2012; Bayón y Saraví, 2019) expresión de amenaza o pensadxs como descarte (Alvarado et al., 2021). El sector empleador se sumó a esa construcción discursiva y, en las últimas décadas, se ha consolidado un discurso sobre lxs jóvenes -principalmente de sectores populares- que discurre entre sujetxs sin cultura del trabajo, la generación perdida o lxs «ni-ni» (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2011; Miranda, 2015), constituyéndolxs como uno de los enemigos sociales (Daroqui et al., 2012; Dagnino Contini y Di Bella, 2015). Esta caracterización lxs ha relegado a la figura de sujetxs vacíxs, incompletxs, sin capacidad de agencia y sin proyectos de futuro (Chaves, 2005) estableciendo una correlación directa con los territorios que habitan, señalados como espacios vacíos, sin historia o culturas propias (Bauman, 2003).
En estos territorios y en los recorridos que trazan lxs jóvenes allí, es en donde esa construcción discursiva se consuma. Al tiempo que son habitados por lxs jóvenes, los territorios lxs habitan a ellxs por su condición moralizante: se inscriben sobre sus trayectorias biográficas, sobre los lugares a habitar o evitar (Chaves y Segura, 2015). En esas inscripciones, hay cargas de sentido respecto del mundo en general y, en función de lo que en este artículo nos interesa, respecto de los mundos del trabajo en particular.
En este artículo2 indagaremos sobre la apropiación territorial de lxs jóvenes de sectores populares desde sus sentidos sobre el trabajo. El abordaje será desde una experiencia concreta: la de un grupo de jóvenes del barrio Nueva York de Berisso. La construcción de datos fue realizada desde una metodología cualitativa (Guber, 2011) a partir de analizar narrativas de jóvenes y sus contextos de producción. En concreto, se realizó una sistematización de experiencias (Jara, 2012) a partir de talleres e instancias participativas con jóvenes; entrevistas semiestructuradas en profundidad (Valles, 1999) individuales y grupales a 26 jóvenes del barrio Nueva York que incluyeron como ejes orientativos: 1) territorio y trabajo; 2) experiencias laborales; 3) experiencias laborales de sus círculos de socialización; 4) sentidos sobre el trabajo en relación con memorias colectivas vinculadas al pasado laboral del barrio; y 5) sentidos sobre el trabajo en relación con el presente. Como parte del análisis, se incorporaron relatos ficcionales (producto de los talleres participativos) en su potencia como figuras discursivas generadoras de conocimiento sobre el mundo, elaborando una hermenéutica fenomenológica, un camino de lectura creativa y recreativa de las producciones de sentido humano (Rosales y Castillo, 2010).
El artículo parte de una breve caracterización del barrio Nueva York, ligada a diversos modos de significar el trabajo. Organizamos el resto del artículo según las formas que adopta el barrio en las narrativas juveniles: una casa, un estigma, una promesa. Finalmente, recuperamos algunas reflexiones finales para pensar los territorios como escenarios de configuración de sentidos sobre el trabajo.
“Y ahí empieza la historia”3
Las periferias de los grandes conglomerados urbanos del país desde la década de 1930 comienzan a crecer a través de la migración interna. En las dos primeras décadas del siglo XX, en Berisso predominaba la población de origen extranjero, pero esto no puede ocultar que la localidad también atrajo población nativa. Con el aumento de la población y la formación de instituciones, Berisso se fue constituyendo como un escenario multifacético alrededor de los frigoríficos4. Allí se concentraron las viviendas, individuales o conventillos de chapa y madera coloridas, que fueron las bases materiales de todo un proceso de significación en el que la comunidad forjó una fuerte identidad obrera.
Sin embargo, hacia fines de la década de 1950, sufrieron el impacto negativo de la baja en la exportación de la carne y a fines de la década de 1960, una serie de maniobras empresariales de la sociedad Deltec Internacional Limited (de la que formaba parte Swift) provocaron el cierre de Armour y el posterior vaciamiento de los frigoríficos Swift en Argentina y su cierre definitivo en 1983 (Lobato, 2004). Culminando la década de 1960, el capitalismo global entró en crisis, sobre todo, a partir de la importante recesión a comienzos de 1973.
Años después, la reestructuración social, política y económica durante el neoliberalismo, dio como resultado la precarización del trabajo y, entre otras cosas, una creciente flexibilidad del capital fijo. En Berisso, hacia la década de 1990 se privatizaron el puerto y Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), con lo cual los despidos de trabajadorxs fueron masivos y la desocupación, un problema central de esa época (Iucci, 2003), aunque se extendería unos cuantos años más. El advenimiento de la crisis provocó la ruptura de lazos sociales consolidados en torno a la identidad berissense como lugar “evocador del trabajo (la puerta de las contrataciones) o la actividad en los bares” (James, 2004, p. 22).
Miles de familias berissenses estuvieron ligadas al trabajo de la carne y sus experiencias -laborales, personales, políticas, gremiales- han sido reapropiadas por lxs habitantes actuales en la articulación identitaria de un pasado común (James, 2004; Lobato, 2004). En particular, lxs jóvenes de allí se han apropiado de la calle y la han nombrado «barrio», creando límites más o menos móviles para definir el lugar en el que viven. Límites vinculados a los números que reemplazaron las denominaciones de las calles, pero también a zonas específicas, a usos diferenciados, a expresiones y marcas que otrxs han dejado y que hoy son algunas de las huellas que interpretan para delimitar el lugar. Límites relacionados, también, a coordenadas marcadas por instituciones del barrio e, incluso, por lugares frecuentados y apropiados por determinados grupos que aparecen en el mapa reconstruido por lxs sujetxs como puntos de referencia.
El barrio Nueva York es posible de ser pensado como lugar, no en tanto fracción aislada, sino como una totalidad en movimiento. Estos dos procesos, totalidad y movimiento, se consideran fundamentales a la hora de operativizar la categoría de lugar porque, si bien es un espacio singular y único, no se puede dejar de extraer su significado del mundo. En particular se configura como un caso representativo “de los modos de articulación de lo laboral en la cultura argentina y de las disputas sociales que se han dado históricamente en relación con esta temática” (Venturuzzo, 2021, p. 112).
Cuando una persona realiza una apropiación de un lugar, lo territorializa. El territorio se configura como una mediación entre el lugar y el mundo exterior en la tentativa de reproducción social y económica de lxs sujetxs (Schneider y Peyré Tartaruga, 2006), y la pertenencia a un barrio refuerza el proceso de identificación de un grupo determinado (Mayol, 1999). En lugares como el barrio Nueva York, es común el incesante movimiento material: las casas se refaccionan, se levantan grandes edificios, se abren calles, se construyen empresas, se destruyen viejos complejos. En esas movilidades, el barrio aporta modos de pensar, de entender y de ejercer -entre otras cuestiones- el trabajo.
Frente a los desniveles sociales propios del territorio, lxs jóvenes crean lugares de repliegue, itinerarios para su uso o su placer. El barrio puede señalarse como una prolongación del habitáculo y como la posibilidad de cada habitante de inscribir en la ciudad una multitud de trayectorias y sentidos, cuyo núcleo aparece en la esfera de lo privado (Mayol, 1999). En el barrio hay divisiones materiales y simbólicas. Para hablar de estas últimas, recuperaremos la narrativa polisémica que se entrelaza en las piezas discursivas de lxs jóvenes protagonistas de la investigación sobre la que se asienta este artículo.
“Una gran familia”. Un barrio, una casa
En contextos de pobreza, las viviendas adoptan múltiples funciones, rompiendo la división tradicional entre la casa (espacio íntimo) y la calle (espacio impersonal) (Chaves y Segura, 2015). La vida cotidiana, puertas adentro, transcurre en un “intenso estar juntos” (Hernández y Chaves, 2012, p. 13) donde los espacios internos ya no son fronteras, sino que se redefinen por el uso colectivo:
A mí me sale como la palabra “emblemático”, pero no sé si es emblemático. Para mí, que crecí acá, yo creo que los que vivimos acá no nos queremos mover de acá. Somos pocos, nos conocemos todos, tenemos nuestras cosas acá. Como nuestra casa. Como que está todo acá, es difícil salir de acá, o decirte algo malo. (Rocío, comunicación personal, 2020)
Es un barrio que… yo salgo y me siento protegida, por acá ando sin miedo, sé que están todos en la esquina, mis primos, todos... O sea, es como una familia, vos pasás, saludás “hola, buen día, qué tal” (...) Sería como una gran familia el barrio, nos conocemos entre todos. (Nazarena, comunicación personal, 2019)
Y describirlo... para mí es algo hermoso, es donde tuve mi infancia, donde aprendí que hay que hacer las cosas bien y a veces hay que hacerlas mal. El barrio para mí fue una cuna. (Jonatan, comunicación personal, 2019)
Las voces de Rocío, Nazarena y Jonathan ilustran la fuerte conexión identitaria con su barrio, al que describen como un lugar “emblemático”, una “gran familia” e incluso una “cuna”. Destacan la sensación de protección, el entramado afectivo que lxs une y el aprendizaje de valores para la vida. Si bien la precariedad de las viviendas es parte de la explicación de la dimensión de “casa”, otro motivo es el que se relaciona con el encuentro con otrxs, el “sentido de comunidad que el ‘estar en la calle’ habilita” (Benassi, 2018, p. 113). Las dinámicas de una casa suponen el aprendizaje de normas y reglas para la convivencia social, parte de la socialización primaria y secundaria que no se da en todxs de igual forma. En Joni, aparece la dimensión moralizante del barrio: vigila, enseña, contagia.
Como toda casa, esta tiene sus partes más cómodas, sus partes más y menos habitadas e, incluso, las menos cuidadas. Aquí, recuperaremos las que son más nombradas por lxs jóvenes en función de sus circuitos y las que más aparecen como lugares desde los cuales significan el trabajo. Estos circuitos suponen desplazamientos que no responden a una homogeneidad ni a una linealidad en los modos de transitarlos, sino más bien a múltiples prácticas y sentidos.
La escuela
En el barrio, la Escuela Primaria N° 9 y la Secundaria N° 6 -que coexisten en un mismo edificio-, representan el principal vínculo de lxs jóvenes con el Estado y una experiencia-puente hacia el mundo laboral, aunque también un lugar en tensión: lxs introduce al mundo del trabajo, al tiempo que incurre en el desencuentro entre ellxs y ese mundo.
Es lugar de introducción al mundo laboral porque, en la búsqueda por establecer un diálogo con lxs jóvenes que la habitan, el trabajo aparece como elemento central en la cultura barrial y, además, porque la población que allí concurre lo hace de manera intermitente y combinada con el trabajo. Incluso, han aparecido materias en los diseños curriculares como “Trabajo y ciudadanía” u orientaciones que incorporan al trabajo como dimensión a abordar desde diversas áreas disciplinares (Dirección General de Cultura y Educación [DGCyE], 2011), dando cuenta de dicha vinculación como una necesidad a retomar en los contenidos programáticos.
Si bien, en las últimas décadas, el título de nivel medio se ha desplazado como único elemento que garantiza tener un buen empleo (Millenaar y Jacinto, 2013), la terminalidad educativa continúa presente en los discursos de algunxs jóvenes sobre acceso laboral, configurándose, al menos, como una ampliación del horizonte de lo posible (Bostal y González, 2020). Estudios recientes han constatado que, en Argentina, tener un título secundario y universitario continúa marcando una diferencia en relación con el nivel educativo y la inserción laboral (Dillon, 2025).
La escuela tiene entrada y salida propias, y características específicas no tan negociables: la función homogeneizante y sus reglas. A Morena, una de sus docentes le enseña a “hablar bien” y a que no sea una chica “de la calle”, piensa que requiere ciertos aprendizajes para poder interactuar con determinados actores sociales. Priscila, considera que lxs docentes enseñan lo que está en “el coso”, haciendo referencia al diseño curricular y afirmando que aquello no tiene ninguna relación con el mundo laboral que se imagina. En su dimensión instituida, tiene sus puertas abiertas, aunque, tal como lo menciona el exdirector Darío Coletto5, sus actores tienen en claro “dónde empieza y dónde termina” (comunicación personal, 2017). Esos límites expresan el desencuentro entre lo que sucede puertas para adentro y puertas para afuera de la escuela. Si bien es definida desde funcionalidades externas, la escuela tiene su función en la separación que ejerce con la externalidad. Allí, lxs jóvenes reflexionan e interpelan sus sentidos comunes, construyen escenarios de debate, crean estrategias discursivas para sostener y/o argumentar enunciados con los que acuerdan o discrepan. Pero también conocen el ocio, incluso aquellxs que no acceden a él.
El espacio escolar aparece, también, como punto de encuentro con otrxs jóvenes con lxs que se identifican o se diferencian, con quienes ponen en juego sus formas de ser. Sin embargo, la escuela del barrio, al tiempo que es habitada, es paisaje de ausencias repetidas, de una lucha constante de la comunidad que allí trabaja. De cualquier manera, el paso de lxs jóvenes por allí no es ingenuo:
Aparte de lo educativo, siempre los profesores, los directores, están con vos... o sea, un aguante impresionante (...) si vos necesitás algo, están (...) no como otra escuela que después ya está, ya no sos más alumno, manejate con tu vida. (Lucía, comunicación personal, 2020)
Esta presencia que expresa Lucía, está materializada en una escucha atenta, en el abordaje de los problemas desde la situacionalidad de trayectorias y contextos inmediatos, en el acompañamiento mediante la generación de redes con otros espacios e instituciones. En los barrios populares, en ocasiones, son las instituciones estatales las que transmiten los discursos moralizadores dirigidos a y/o sobre lxs jóvenes (Pérez Islas, 2006), los cuales, muchas veces, atribuyen cambios estructurales a problemas individuales. Sin embargo, en el barrio Nueva York, son también estas instituciones las que proponen transformarlos:
(...) Hace unos años recibimos la visita del colegio Nacional. Y empezaron a interactuar nuestros chicos con los del nacional, hicimos un desayuno, hablamos, caminaron por la calle, se cambiaron direcciones de Facebook y cuando se están por ir uno de los nuestros más charlatanes me dice: “profe, estos son como nosotros”, dice, “escuchan cumbia, hablan como yo”, no lo podían creer. Y por ahí eso tiene que ver ¿no? No se dan el tiempo de conocer lo de afuera, tienen miedo de salir a conocer los otros porque no saben que son como nosotros y mientras no se le pueda dar esa oportunidad no vamos a mejorar. (Darío, comunicación personal, 2017)
La escuela es límite, pero también una puerta a otras formas de entender el mundo y de ser jóvenes. Habilita un vínculo con el afuera del barrio, aunque ello dependa, en gran parte, del perfil docente. Sin embargo, en el caso del barrio Nueva York, la escuela llega hasta un punto en las trayectorias juveniles. Ese punto de llegada se convierte en punto de partida de otras experiencias educativas de distintos grados de formalización, conformando el mapa de espacios de agencia y de tránsito en los que lxs jóvenes van configurando sus sentidos sociales.
“Botellas al mar”: Mansión Obrera
Cualquier experiencia es susceptible de transformarse en agencia educativa y pasar por alto otras posibles prácticas educativas es una perspectiva desmovilizadora (Buenfil Burgos, 1992). En el barrio, junto a la escuela, está el Centro Cultural y Educativo Mansión Obrera. Esta es de las partes de la casa por la que todxs han pasado. Mansión Obrera funciona en el barrio Nueva York desde el año 2006, aunque tiene relación con las experiencias organizativas que la precedieron6. Las actividades iniciales tenían un horizonte educativo marcado por la necesidad de recuperar espacios de sociabilidad degradados luego de la última dictadura cívico-militar de Argentina y profundizados durante la década de 1990. A partir del 20027, toma visibilidad una nueva forma de reagrupamiento social en el barrio: vecinxs del barrio conforman el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) de Berisso, cuya experiencia inicial, asentada en el barrio Nueva York, apuntó a contrarrestar los sentidos sociales y las circunstancias concretas derivadas de la alta tasa de desocupación del país.
En un principio, las actividades convocantes de Mansión Obrera fueron las jornadas culturales a las cuales se acercaban personas de todas las edades. A partir del 2007, y con la adquisición de un espacio físico8, comenzaron talleres educativo-culturales con niñxs, jóvenes y adultxs. Hasta la actualidad, se sostienen como espacios de aglutinamiento social, de acompañamiento en trayectorias educativas vulneradas y de recreación lúdica. En las entrevistas, el pasaje de lxs jóvenes por Mansión se expresó como articulador de sus vidas. Algunxs afirmaron que representaba un lugar para “expresarte” pero también para “conocer”, donde “nos enseñan muchas cosas”, un lugar para aprender la organización colectiva con un fin común. Donde se aprende, en palabras de Joni, “a escuchar a otras personas, a escuchar lo que pasa”9, un espacio donde confluyen distintas miradas del mundo:
(...) acá hay una banda de talleres que en ningún barrio hay. O se juntan todos, así como ustedes y los nenes por ahí te piden viste, por ahí te preguntan: ¿cuándo hay esto o a dónde hay...? Y a los nenes eso les gusta, es como que sacan un poco bastante de todos los problemas que tienen en la casa. (Melody, comunicación personal, 2019)
(...) Los chicos venían a hacer talleres y ahí empezamos a hacer un taller de audiovisual y fuimos a un barrio y grabamos, hicimos un cortometraje muy cortito, contando la historia de nuestro barrio y de otro barrio que es de acá de Berisso que se llama San José Obrero. Y ahí vi la realidad y vi como la desigualdad ¿no?, por no tener estudios o por no tener un trabajo bueno, si no precario, vivir en esas condiciones. (Maira, comunicación personal, 2019)
Para lxs jóvenes, la participación en espacios como este, significa un doble movimiento: por un lado, el propio cuestionamiento de las condiciones de vida; por otro lado, la posibilidad de pensarse como agentes de cambio, de la propia vida pero también de las condiciones estructurales que la definen: “te da otra solución u otro motivo como para hacer las cosas bien” (Lucía, comunicación personal, 2020).
En Mansión Obrera el «trabajo» es una categoría sobre la cual se reflexiona y discute, aunque aparece, principalmente, como experiencia y praxis. En las formas de significar y de practicar el trabajo allí, se habilita la posibilidad de repensar y/o problematizar sentidos comunes en torno a dicha noción y en relación con la estructura social en la que se asienta.
Yo vivía, como se acostumbraba antes, en los conventillos. Yo primero no lo entendía, pero después lo entendí. Yo vivía, en ese momento, mi abuela materna, mi mamá, mi papá, mis hermanos, un tío con sus dos hijas y un primo. Éramos un montón. (...) Ese click lo hice a los 16 años, más o menos. Cuando yo empiezo… bueno, obvio, estaba entrando a la juventud y empiezo como a participar... justo se abre ahí Mansión Obrera, el centro cultural, y empiezan a venir estudiantes de periodismo y eso. Y es como que me empiezo a informar y a meterme un poco más en la política… Y ahí es cuando yo me doy cuenta de que nosotros vivíamos así porque éramos de la clase baja ¿viste? (Maira, comunicación personal, 2019)
Desde sus 16 años y durante varios más, Maira formó parte de Mansión Obrera. En sus palabras se recupera la importancia de vivir en un lugar histórico, al tiempo que se expresa la comprensión respecto de que, ese mismo paisaje, es el que devela la desigualdad de los lugares que han permanecido intactos, librados al deterioro propio del paso del tiempo y de la ausencia estatal. Varixs jóvenes, al igual que ella, luego de su tránsito por Mansión como destinatarixs de alguna de sus propuestas, mutaron su participación y -aún hoy- son trabajadorxs del espacio. Mansión, también es el lugar en donde lxs jóvenes han podido profundizar esas resignificaciones sobre el trabajo (que muchxs iniciaron en la escuela), pero -principalmente- es el lugar donde pudieron posicionarse, desde la praxis, en trabajos por fuera del circuito laboral vinculado al sector al que pertenecen (generalmente, orientado a trabajos manuales, de fuerza o de cuidados) y/o al que los trabajos que les son impuestos. Desde Mansión Obrera se ha propuesto un corrimiento de «lo esperable» de estxs jóvenes, a partir de construir espacios de trabajo vinculados a la coordinación de experiencias educativas, en las que su posición es la de educadorxs populares o talleristas, coordinadorxs de espacios de formación y/o integrantes de equipos de sistematización de experiencias (Becerro y Dagnino Contini, 2023).
Este corrimiento, cobra un particular significado en lugares como el barrio Nueva York. Estxs jóvenes, por habitar un territorio donde la cara más visible es la de patrimonio histórico10, están acostumbradxs a las visitas esporádicas (turísticas, escolares, oficiales). Además, muchas veces, el fenómeno de las visitas es ejercido por representantes del Estado o por empresas que elaboran promesas que permanecen incumplidas y generan “el efecto contrario: desilusión, desconfianza [según él son] las agrupaciones sociales, políticas que se quedan, las que son depositarias de la confianza de la gente y son las que verdaderamente ayudan a la transformación” (Darío, comunicación personal, 2017). Allí, Mansión Obrera aparece como lugar que permite compartir, reelaborar y resignificar esas experiencias de desilusión:
(...) decidimos plasmar el trabajo colectivo en un producto comunicacional. Es la manera que elegimos para que lxs chicxs resignifiquen el trabajo semanal que se realiza en el taller. Para que se concienticen de lo mucho o poco que laburan. De que los materiales son el fruto de procesos de organización, creatividad, responsabilidad. (...) Entendemos que esta forma de hacer es la que nos permite interpelar a los pibes y poner sobre el tapete un proceso educativo transformador. Son botellas que tiramos al mar, apuestas que hacemos junto a ellos. (Relatoría de taller, 18 de agosto de 2010)
Esas «botellas al mar» son parte del currículum oculto que también existe en este tipo de experiencias. Lo que se excluye tiene también efectos políticos en los procesos de enseñanza y aprendizaje, e implica todos los efectos de aprendizaje no intencionales que se dan como resultado de ciertos elementos presentes en ámbitos educativos en general.
Los “espacios verdes”
El patio de la casa es grande y sufrió múltiples transformaciones a lo largo de los últimos años. Gran parte de su materialidad sigue intacta en la memoria de sus más antiguos habitantes, quienes describen una especie de paraíso que ya no está a simple vista. Daniel James (2004, p. 28), recupera un paisaje difícil de imaginar hoy: una calle que “termina en el agua” y que apunta hacia la zona “un tanto mágica que los berissenses llaman ‘el monte’”. Lxs jóvenes recuerdan con nostalgia un pasado de infancias con olor a río y gusto a aventuras en uno de los pulmones verdes más importantes de la región. Conocida también como zona de humedales, la costa berissense es cuna de una vasta diversidad biológica y fuentes de agua y productividad primaria de las que innumerables especies vegetales y animales dependen para subsistir (Canevari et al., 1999). Junto a ese pasado memorable, se impuso un presente irreversible signado por un hecho singular: la modificación y el traslado de muchos de los espacios de recreación y de encuentro de lxs vecinxs del barrio a partir de la ampliación de Puerto La Plata (PLP) y la construcción de la Nueva Terminal de Contenedores (NTC):
(…) y todo lo que es el río donde la gente iba a pasar un día común, un domingo a pescar, también había una canchita que ya no existe, de lo que queda el recuerdo y varios espacios que por culpa de este puerto nos fueron sacando. (Lucas, comunicación personal, 2017)
El monte era el lugar que contrastaba con todo el armado fabril pero que, además, acercaba a lxs vecinxs al derecho a la recreación y el acceso a la naturaleza. La transformación más reciente del territorio se fue dando de manera paulatina y en paralelo a un proceso de desinformación generalizado en el barrio. Sumado a ello, los cambios más profundos tuvieron su asidero en la promesa discursiva de una reactivación laboral en la zona. Como parte de la configuración de sentidos, las transformaciones socioterritoriales son expresiones de disputas simbólicas, de cambios en las trayectorias de lxs sujetxs y en los vínculos constituidos o por constituir. En la dimensión material, el territorio sufrió desplazamientos y cambios físicos: en poco tiempo dejaron de existir varias de las plazas y canchas de fútbol en las que lxs niñxs y jóvenes se encontraban cotidianamente y, sumado a eso, se cercó -mediante la construcción de un terraplén costero- el acceso al río. Lo que no es tangible de estos movimientos, lo es en las narrativas juveniles. Una parte de la casa fue cercada y, detrás de ese cerco, quedaron modos de vincularse, un lugar para compartir, el lugar de lo común:
(…) al sacar esa parte, todo ese espacio verde, sacaron una parte... no sé si podría decirse, del barrio, pero... algo que todos tenían en común, por ahí. Qué sé yo, como yo podría ir... de que viva enfrente de esa cancha, podía ir y jugar allá. Fue todo demasiado rápido. 2008 a 2014... 9, 10, 11, 12, 13... seis años. Esos años se pasaron volando. (Ian, comunicación personal, 2019)
En palabras de Ian, el proceso de ampliación del puerto implicó la pérdida de un lugar que “todos tenían en común”. Muchxs recuerdan el ir al río o al monte como el momento en el que se encontraban por fuera de las actividades productivas o incluso como un lugar de olvido de aquellas injusticias que marcaban las trayectorias de vidas vulneradas. También, como el lugar de los afectos, comparable con la idea que retoma Linsalata sobre aquellos “entramados asociativos” y “de carácter comunitario” centrados en “la conservación y reproducción de la vida”, en resistencia a que el tiempo y cuerpo humanos sean “totalmente colonizados por el sentido capitalista” (Linsalata, 2015, p. 72).
En la actualidad, la acumulación por despojo (Harvey, 2007), se ve en múltiples dimensiones: en los territorios, en los cuerpos y hasta en las emociones y las relaciones, construyendo, el capitalismo, imágenes hegemónicas de cómo ser y sentir y de cómo y dónde vincularnos con otrxs. El despojo en el barrio Nueva York fue correlativo a un cúmulo de promesas que se asentaron en las expectativas juveniles. Sin embargo, no era la primera vez que un rumor circulaba y se asentaba en la región.
En el contexto de cierre del frigorífico Swift, los rumores sobre el cese y su negación por parte de la empresa fueron motivo de controversias entre lxs obrerxs. Cuando, finalmente, la empresa anunció su cierre, los dirigentes gremiales acusaron a las autoridades de haber expresado que el frigorífico funcionaba de manera adecuada y de haber negado la veracidad de los rumores sobre su cierre (Lobato, 2004). Las promesas alrededor del nuevo gran emprendimiento local empezaron a circular en paralelo al rumor de que el lugar en el que lxs jóvenes se habían criado, podría dejar de ser su hogar.
“Un proyecto que nunca se cumplió”. Un barrio, una promesa
El barrio fue creciendo bajo el anuncio de lo que sería la mayor obra portuaria de América Latina (Represa, 2014) y de los discursos mediáticos y de funcionarios políticos al respecto: un regreso inminente a la época dorada y el renacer del auge laboral de antaño, traducido en la posibilidad de la generación de empleo, horizonte que fue tomado principalmente por el sector juvenil.
El 9 de abril de 2001, mediante el Decreto Provincial 893, se aprobó la Licitación Pública Nacional e Internacional para la concesión integral a título oneroso de una Terminal Portuaria Polivalente, en el ámbito del Puerto La Plata, Berisso y Ensenada, concretando el Plan Director del PLP, elaborado bajo la presidencia de Carlos Menem. Un año después, llegarían las frustraciones por anuncios de inversión fallidos, de la mano de los proyectos Atlantic XXI, South Port Infrastructure Group LLC y Terminal La Plata SA, que derivarían en un intento de llamado a licitación para la instalación de una Terminal Portuaria, que no prosperó (Dagnino Contini, 2023).
En 2006 se elaboró el Plan Estratégico Territorial 1816-2016 Argentina del Bicentenario, el cual reafirmó el carácter prioritario de las obras portuarias (Ministerio de Planificación Federal, 2010). A partir del 2008 se amplió y se modernizó el PLP de la provincia de Buenos Aires. En ese marco, la empresa filipina International Container Terminal Services, Inc. (ICTSI), a través de TecPlata S.A., inició la instalación de la NTC11 con el objetivo y la promesa de reactivación de la industria naviera, reposicionamiento estratégico del puerto, impulso del comercio exterior, acceso a la refinería de YPF ubicada en el límite de Berisso y Ensenada (Ortega et al., 2013) e inserción laboral directa para lxs habitantes locales. El inicio de las obras marcó “el regreso del barrio como significante relacionado al trabajo, tanto en los discursos de sujetos que representaban instituciones estatales como también por parte de los sujetos vinculados al discurso empresarial” (Venturuzzo, 2021, p. 406). Al respecto, Lucas expresó:
A lo primero lo vi como algo importante, porque era un espacio de trabajo que iba a ayudar mucho a los vecinos. Los vecinos necesitaban un espacio de laburo bien. Pero después fui viendo que nos fueron sacando varios espacios importantes que nosotros teníamos. Más que nada, las plazas, todo lo que es las canchitas de fútbol que nosotros desde siempre lo usábamos (…) y como que eso fue un golpe durísimo para la gente (...). (Lucas, comunicación personal, 2017)
La conformación de un espacio de trabajo se haría bajo la fundamentación y los objetivos que la IIRSA12 difunde al realizar este tipo de obras: la integración latinoamericana y el desarrollo de sus países en términos productivos, sin explicitar los medios y consecuencias. El Río de La Plata se encuentra ubicado en el eje denominado “Hidrovía Paraguay-Paraná”, junto con los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay. Para cumplir con los requisitos de la IIRSA y dar paso a los buques de alto porte, se modificaron gran parte de las características naturales de los ríos, destruyendo humedales y poniendo en riesgo ecosistemas (Ortega et al., 2013; Represa, 2014). Lxs jóvenes recuerdan con nostalgia todos los lugares que ya no existen materialmente en el barrio, pero no hablan acerca de un conocimiento previo respecto de este trueque que se terminó imponiendo: monte por trabajo.
Años después de realizadas las entrevistas, en mis caminatas por el barrio, me seguí cruzando con algunxs de ellxs y, en los diálogos, el río se cuela siempre. Algunxs han tenido hijxs y, aunque el río ya no se ve, el recuerdo de los años en que la crisis podía ser distraída con un paseo por el monte, es uno de los rastros que luchan contra el olvido. Aunque la memoria no es algo que se pueda arrebatar, el capital avanza destruyendo lugares con la intención de producir olvido. El olvido hace más aceptable ese avance y la transformación socioterritorial, aunque “ningún espacio llega a desaparecer por completo, ninguno es abolido sin dejar rastro” (Lefevre, 2013, p. 212):
Me acuerdo que todo era un campo verde, una cancha de fútbol hermosa y que poco a poco vinieron las máquinas, levantaron toda la tierra, sacaron todo el pasto y esa cancha después se transformó en un terreno con una montaña gigante. Que igual yo iba y jugaba ahí. Después al poco tiempo, sacaron toda esa montaña de tierra y fueron poniendo cemento, lo fueron pavimentando. Y ya después, lo último que me acuerdo, fue que era todo calle, todo cemento sin el cordón que lo separa y dije ¿qué pasó con la cancha? (Ian, comunicación personal, 2019)
Cuando empezaron a construir era re choto porque no podíamos ir para el fondo. Antes, cuando no estaban haciendo todo eso, allá al fondo, cuando se te hacía de noche era todo re oscuro. Y nosotros siempre íbamos allá para asustarnos, ¿viste? Cagarnos de risa. Siempre íbamos y terminábamos corriendo todos. Y después cuando empezaron a hacer todo eso, íbamos al fondo y no se podía hacer nada, no podías cagarte de risa. (Camila, comunicación personal, 2018)
Ian reconfirma una sentencia que lxs habitantes del barrio ya han acatado: el barrio ya no es lo que era. Pero como quien huye de un laberinto, Ian -como lxs otrxs- no han dejado de ir «a jugar» a ese lugar que ahora es cemento. El capital avanza, pero la gente se queda. El proceso que inició con el desmonte, concluyó con la instalación de un terraplén costero junto a maquinarias de altísima tecnología al fondo de la calle Nueva York. Marcos Marini, habitante ribereño y activista, explica que las transformaciones se dieron sin audiencia pública ni consulta previa a la comunidad local, con llamados de atención previos por los impactos ambientales que podría ocasionar (Ortega et al., 2013).
Al inicio de las obras se alertó sobre el convenio para la concesión de uso de la cabecera Río Santiago Este. Aunque el gobierno provincial logró el aval del acuerdo, existe un pedido de informes13 con varios reclamos, donde se explicita que la concesión fue realizada sin conformidad de la Contaduría General, la Asesoría General y el Fiscal de Estado. Se suman a ello, los graves antecedentes de la empresa filipina con el Estado en relación con el Ente del Puerto de Rosario en 199814 y cuando ICTSI licitó, en el 2006, para administrar la ex Terminal 6 del puerto de Buenos Aires El trámite estuvo plagado de impugnaciones y dejó a gran parte del puerto inactiva (Ortega et al., 2013).
La espera en zona de promesas no fue un sentimiento particular de lxs jóvenes. En una entrevista15 realizada a dos delegados de lxs trabajadorxs despedidxs16 de TecPlata, ambos señalaron que la sensación de haber sido «defraudadxs» fue la etapa que le siguió a la fugaz época dorada que se forjó en el imaginario de la comunidad local. Uno de ellos, recordó:
(...) una persona que había iniciado un negocio familiar cuando estuvimos en el acampe se acercó y nos dijo: “miren muchachos, yo la verdad me siento defraudado, me siento igual que ustedes, porque invertí un capital que yo tenía creyendo que esto iba a funcionar y quebré”. Es importante lo que de la sociedad es el conflicto. (Ignacio17, comunicación personal, 2017)
Lxs trabajadorxs de TecPlata habían construido esta ilusión con altos niveles de detalle: la empresa se había encargado de proyectar cada escenario posible en situaciones futuras, pero imaginarias. El emprendimiento llevado a cabo por TecPlata se proyectó con base en una inminente crisis de capacidad en la Terminal de Dock Sud y agregaría una importante capacidad de depósito, del orden de 500.000 TEUs18 (Banco Mundial, 2010).
La idea de una inminente crisis en el Dock Sud y, en paralelo, de una creciente solución desde el corazón de Berisso que alguna vez había latido al compás de embutidoras y picadoras de carne, fueron elementos clave para ir configurando el discurso de un futuro prometedor para la comunidad nuevayorkina. El desencuentro entre la empresa y la comunidad berissense fue total y sostenido en el tiempo. Ante el fracaso del proyecto, lxs trabajadorxs de TecPlata, en pleno proceso de despidos, propiciaron encuentros con la comunidad local que se pronunció a su favor, entendiendo que el no funcionamiento de la terminal implicaba que, una vez más, la expectativa del trabajo se esfumara para todxs.
En el marco de un taller de Mansión Obrera, varixs de lxs jóvenes que fueron entrevistadxs para este trabajo, realizaron una producción audiovisual, “Hay historia en este barrio” (Mansión Obrera y La Charlatana, 2017), que retrató un recorrido histórico del barrio que llegaba hasta la actualidad, particularmente, el momento de la instalación de la NTC TecPlata. Según relatan sus realizadorxs, tuvo la intención de exponer y denunciar el avance de la megaobra y su impacto en la comunidad:
F: para que sepan todos que TecPlata nos sacó nuestros espacios verdes...
C: nosotros quisimos seguir... En realidad, eso, lo que nosotros hicimos en la película era lo que en realidad creíamos que pensábamos y lo que en ese momento estaba pasando (…) como que nos hizo resentidos, en el sentido como se dice ahora. Nada más hizo... nos quitó lugares de jugar. (Florencia y Celeste, comunicación personal, 2017)
Esa promesa que aún circulaba pero que, en hechos materiales, se iba desmoronando, fue sepultada por lxs jóvenes en esta producción. El final de esta, sintetizó el entramado de rumores que fueron parte, en algún momento, del relato «oficial» en tanto que lo que se sabía no provenía de una única fuente ni de alguien involucrado en la toma de decisiones en torno a las obras.
La NTC se estimó que implicaría la generación de 700 puestos de trabajo en la etapa constructiva, 500 en la etapa operativa, y otros 500 correspondientes a personal de organismos de control, además de la generación de alrededor de 2.000 empleos indirectos (Berisso Municipalidad, s.f.). Los augurios de progreso fueron acompañados y reforzados por los medios de comunicación hegemónicos y por los discursos de distintos funcionarios políticos:
El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, encabezó este martes la presentación de la primera recalada en la terminal de contenedores del Puerto de La Plata, la obra portuaria más importante de los últimos 50 años en la Argentina y una de las más importantes de América Latina (...) destacó a “estas grandes transformaciones” como “un gran salto cualitativo” dentro del “gran camino a la construcción de la gran Argentina soñada”. (Scioli ponderó el “salto cualitativo” […], 2014)
(...) cuando comenzó a construirse la Terminal, se proyectaba para 2012 un movimiento anual de 2.000.000 de contenedores, lo cual se pensaba iba a colapsar el Puerto de Buenos Aires y traería la necesidad de llegar con la mercadería hasta La Plata. (Salamone, 2016)
La NTC fue inaugurada en el año 2014, pero -hasta el momento- no ha logrado que los contenedores dejen de llegar a la terminal de Dock Sud para instalarse en Berisso. Durante el 2019, que iba a ser el año del inicio de actividades a partir de la firma de un contrato de operaciones por tres años con la naviera brasileña Log-in, la terminal continuó inactiva, descontando las tareas de mantenimiento. Según explica Facundo Pennacchioni, gerente de TecPlata19: “A partir de este contrato se reincorporaron a 20 trabajadores y la idea es que ese número vaya creciendo a medida que aumente el trabajo en la empresa” (comunicación personal, 2018).
A principios del 2020, la NTC firmó un contrato con Evergreen Marine Corp Taiwan Ltd. para el inicio de un nuevo servicio a Asia y el Lejano Oriente (Terminales de contenedores de la […], 2020). En septiembre del mismo año, se realizó por primera vez un servicio de importación y exportación desde el Puerto La Plata con destino a Asia. En relación con ese evento, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en una nota publicada en la página de Fundación Nuestro Mar, hizo énfasis en la necesidad de “poner a funcionar el puerto con toda su capacidad”, dejando entrever que aún no se ha llegado al objetivo principal. En la misma nota, el ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, Augusto Costa, expresó que se había comprometido a que “todos los puertos de la Provincia crezcan, se desarrollen y exploten su potencial, con la creación de puestos de trabajo que implica”, hecho que aún no se ha visto expresado (TecPlata recibió el primer buque […], 2020). En enero del 2023, TecPlata designó a Juan Pablo Trujillo como nuevo CEO, quien asumió el cargo con el compromiso de impulsar a la terminal a “un nuevo nivel de competitividad en beneficio del comercio exterior argentino” (TecPlata designó como nuevo CEO […], 2023). Llegando a la mitad del mismo año, las últimas novedades que se tienen respecto del funcionamiento y de la aclamada incorporación de trabajadorxs de la zona, no renuevan esperanzas. Este año será uno más en la historia de más de 10 años de expectativas, incertidumbres y politización del emprendimiento de ICTSI en la Argentina.
Ante la pregunta sobre qué le dejó TecPlata al barrio, Lautaro respondió:
Un estorbo en la mitad del camino. Yo llegué a jugar, pero bueno los pibes ahora te da pena, porque no tienen un espacio verde para entrenar (...) sabemos que atrás de nosotros vienen un montón y no queremos que agarren en el camino, otro camino. (Lautaro, comunicación personal, 2018)
A cambio del barrio prometido, TecPlata fue desplegando su accionar diversificado en máquinas, iluminación, cámaras, tecnología de punta, movimiento de tierra, la construcción de un terraplén costero y la instalación de una terminal de contenedores. El barrio Nueva York deja de ser pasaje y se vuelve paisaje, deja de ser zona de tránsito obrero y pasa a ser espacio de contemplación para otrxs. Los lugares transformados en zonas de admiración, no solo muestran fragmentos de historia, sino que también exponen pruebas de la desintegración del mundo (Bernabé, 2016).
El sustantivo que Lautaro elige para conceptualizar el paisaje actual de grúas sobre el horizonte de su barrio dista mucho de la composición de cualquier sitio de memoria e incluso de cualquier lugar con proyectos de progreso laboral: “un estorbo”. En general, los megaproyectos que se instalan próximos a comunidades, se erigen como interrupciones territoriales que impactan en dinámicas y sentidos de los lugares y habitantes. El artista Robert Smithson (2009) en su texto “Un recorrido por los monumentos de Passaic, Nueva Jersey” presenta los suburbios de Passaic20, a través de los elementos en ruinas que va encontrando “transmitiendo la decadencia del paisaje post industrial y el desasosiego producido por el abandono de algunas construcciones” (Lacruz Alvira y Ramirez Guedes, 2017, p. 86). Esa imagen de la «decadencia» de la calle Nueva York, contrarrestada siempre con la de «esplendor» es construida por lxs jóvenes en la producción audiovisual “Hay historia en el barrio” en la que el personaje principal es un antiguo habitante del barrio que, luego de morir en el frigorífico, se convierte en un fantasma que aparece en distintas escenas recordando el lugar.
Viejo italiano: -Cómo cambió todo… la gente ya no es la misma (habla en voz alta mientras camina). El barrio ya no es igual que antes, ya no hay más espacios verdes, ya no hay más comercios como antes, este barrio está casi sin vida… toda esa gente que antes habitaba la Nueva York permanece en mi cabeza. Parece ayer cuando la fábrica funcionaba y el barrio estaba lleno de inmigrantes, costumbres, culturas. Este barrio ya no es igual. (Mansión Obrera y La Charlatana, 2017)
La familiaridad, al igual que en Smithson, es lo que permite este ejercicio de reinterpretar el lugar y dotarlo de otros sentidos. El discurso principal en su obra se centra en la reflexión acerca de espacios postindustriales abandonados en la ciudad. No se trata solo de abordar una cuestión teórica, sino que trabaja con ellos, propone una perspectiva distinta a la hora de aceptar el no-lugar y la no-arquitectura mediante su participación activa en las dinámicas de la ciudad. Estas formas de deshacer/rehacer la ciudad en la periferia y con la mediación de empresas multinacionales, son también un obstáculo más en los caminos hacia el trabajo de lxs jóvenes que habitan barrios periféricos constituidos como territorios con economías de enclave (Falero, 2015).
“Cuando entrás, es distinto”. Un barrio, un estigma
En el encuentro con lxs jóvenes en distintas instancias de interacción por fuera de las entrevistas, fui recuperando, entre los aspectos de su sociabilidad, la relación de pertenencia construida con el barrio, configurada en un juego de tensión permanente entre el estigma y el emblema (Goffman, 2009; Benassi, 2018).
Múltiples investigaciones han señalado la estigmatización de la que son objeto lxs jóvenes de sectores populares en sus diversas intersecciones de clase, edad, género, etnia y territorio. Wacquant (2007) ha abordado, especialmente, la existencia de estigmas territoriales que sancionan de manera negativa a ciertos espacios y a sus habitantes. Estos estigmas influyen en las posibilidades laborales, en la calidad educativa y en el acceso a los servicios básicos, profundizando desigualdades, y se sostienen bajo un relato que remite a “la vivencia continua de un estigma en el barrio, del hostigamiento y el maltrato de la policía y de los patovicas en los lugares de diversión” (Kessler, 2009, p. 121). Se trata de una forma de estigmatización que incluye —y trasciende— la mera asociación con un territorio específico, puesto que tiende a homogeneizar territorios con ciertas características. El barrio Nueva York es parte del circuito de territorios estigmatizados y doblemente vulnerados: por los derechos a los que no tienen acceso sus habitantes y por la imagen que construyen sobre el mismo los medios de comunicación hegemónicos y el discurso político.
Lxs jóvenes que viven en barrios populares han sido depositarixs de un trato desigual y específicamente punitivo, que no se corresponde con su condición de persona sino con su lugar de pertenencia (Dagnino Contini y Di Bella, 2015). Desde investigaciones situadas, es posible problematizar el carácter homogéneo que suele adjudicarse a la periferia y que da pie a la construcción de imágenes sociales sobre “formas espaciales de la pobreza” (Chaves y Segura, 2015, p. 124), como la que señala Florencia al ficcionalizar una situación que, según ella, es cotidiana cuando se hace referencia a su barrio:
F: O ponele, va a visitar a un sobrino recién nacido, ponele fue al hospital, vive en la Nueva York la chabona que tuvo el hijo, eh, va y le dice “voy a visitar a mi sobrino en la Nueva York”. “No, no vayas a la Nueva York, porque está lleno de villeros”, así hablan ahora.
M: la tratan como que está mal entrar a la Nueva York.
C: claro, si vos agarrás y vas al centro, al centro de Berisso, todos te preguntan de dónde sos, decís “la Nueva York” y como que te toman de villero, eso es lo que a veces pasa. No sé por qué pensarán eso, seguro por la mala fama. (Florencia, Morena y Celeste, comunicación personal, 2017)
Yo conocí a mi marido, que es de otro barrio, nivel más alto. Cuando la familia se enteró de que el hijo salía con una piba de la Nueva York, se querían morir (...) catalogamos como si nosotros éramos chorros, vagos, ladrones o no sé… Y cuando nosotros salimos de la Nueva York en busca de un trabajo, nos ven a nosotros, muchos de los pibes padecen esto, como los cabecitas negras, los quilomberos, y esto como que nos cierran muchas oportunidades. (Maira, comunicación personal, 2019)
Esa «mala fama» que señala a Celeste, a Morena, a Maira y al resto de lxs jóvenes entrevistadxs para esta investigación como «villerxs», «quilomberxs», «cabecitas negras», responde a una omnipresencia de la estigmatización territorial (Kessler, 2009) que se expresa en la angustiante certeza de Maira respecto de las dificultades para conseguir un empleo al decir de qué barrio es. También se explicita en aquellxs que -incluso teniendo empleos y ejerciéndolos de manera responsable- saben que la estrategia para obtenerlos fue ocultar su domicilio. Ese estigma, implica nuevas carencias o el reforzamiento de otras previas, al tiempo que cercena legitimidades respecto al ejercicio de la palabra, aunque no sobre todos los grupos por igual. Maira, pese a estar orgullosa de pertenecer a la comunidad del barrio Nueva York, es consciente de que cuando su barrio es mencionado en algún medio de comunicación por algún hecho delictivo, un manto de sospecha se despliega sobre ella y sus pares.
En el marco de procesos de estigmatización, se pueden producir reacciones de contra-estigmatización y, quienes eran antes marginadxs, recurren a medidas de acción activas frente a la estigmatización de la que son objeto (Elías y Scotson, 2016). Lxs jóvenes retoman la narrativa histórica y expresan sus posiciones y saberes en las producciones culturales que luego circulan, como contra-narrativas frente a eso que lxs niega. Frente al vacío e incompetencia con las que a veces son caracterizadxs, lxs jóvenes oponen experiencias en las que traman sus vidas: se juntan, juegan al fútbol, se organizan y forman parte de proyectos, van a la plaza. Frente a la negativa social y mediática de vivir en un barrio popular, lxs jóvenes recuperan con orgullo lo que significa ser de, y estar en el barrio Nueva York. Sin embargo, la Nueva York permanece en medios locales como un lugar donde “no pasa nada”:
Testigo de una época de esplendor, la calle Nueva York (...) fue declarada lugar histórico nacional por un decreto presidencial (...). Lejos del bullicio diario de los 15 mil obreros que en los años 30 trabajaban en los frigoríficos Swift y Armour (...) Nueva York es hoy una silenciosa postal del abandono (Morosi, 2005)
En Berisso (...) hay una calle que hace diez años fue declarada lugar histórico. Se llama Nueva York: son seis cuadras adoquinadas con viviendas de chapas, conventillos y pasillos oscuros. Se parece a Caminito, pero sin colores ni turistas, en La Boca. Ésta es gris y el vaho cloacal inunda todo (Mac Mullen, 2015)
La Nueva York, del boom comercial de los años 20 a convertirse en un callejón sin salida. Pese a contar con declaraciones de protección patrimonial e intentos de reactivación de la comuna, la histórica arteria sigue signada por el abandono (Morosi, 2022)
Para lxs jóvenes, ocupar la calle, las esquinas, los espacios verdes, es parte de la dinámica del mostrarse, no permanecer ocultxs frente a lxs otrxs que lxs hablan, explicitar sus acciones cotidianas: desde sus logros hasta sus más profundas miserias. Producen territorios para cargarlos de sentido, para significarlos como territorios ocupados y para revertir el sentido asignado a las marcas de la vulneración de derechos, de la precarización de las vidas y de la desigualdad social. En relación con la intención de desmontar sentidos hegemónicos, en las narrativas de lxs jóvenes encontramos la elaboración de dos operaciones. Por un lado, la de recurrir a lxs habitantes más antiguos del barrio: aquellxs que preservan cómo era el barrio antes y, en algún punto, vuelven legítimas las acciones del presente mediante el peso de lo histórico, de un pasado común al lugar habitado que se vuelve coincidencia. Al decir de Celeste: “si vos le preguntás a un adulto… como que ellos se acuerdan de la historia que hay y eso está bueno” (Celeste, comunicación personal, 2017). Por otro lado, la de construir contra-relatos desde la ficción en los que el barrio aparece como escenario de expresión histórica y como terreno de disputas políticas donde el avance desmedido de un megaproyecto que impacta en subjetividades, imaginarios y materialidades del territorio. Esta operación se consuma mayormente en espacios construidos por las organizaciones sociales y otras instituciones en el territorio, cuya apuesta es desarmar y reversionar sentidos montados sobre los sujetxs y sus prácticas. Es un ejercicio a partir del que se propone una suerte de contra-mapeo desde las experiencias subjetivas de los lugares, en donde la traza va a contrapelo del mapa oficial:
De la Nueva York tienen vistas buenas y vistas malas. La vista buena es que como es una calle histórica, el modelaje que tiene este barrio, con el tema de las casas, es como La Boca en Berisso. Y otra gente dice, más que nada por la gente, algunas cosas negativas, tira muy abajo lo que es el barrio porque tal vez son chicos jóvenes que se juntan a tomar, a escuchar música y eso hace que la gente de afuera vea eso. Por lo que yo sé la Nueva York no es lo que opina otra gente. (Lucas, comunicación personal, 2017)
El contraste entre ambas expresiones sobre el barrio, se refuerza cuando su cara de patrimonio histórico es utilizada para publicaciones mediáticas, institucionales y/o para difundir un turismo desprovisto de todo tipo de compromiso respecto del lugar. Existen operaciones que forman parte de estrategias políticas y que redefinen el significado social de lugares históricos llamados lugares de “vestigios”, ya que guardan “las marcas del proceso de su construcción, de las transformaciones, adaptaciones, apropiaciones sufridas a lo largo del tiempo” y “de las relaciones que allí se sucedieron” (Motta, 2000, p. 260).
Las iniciativas de preservación actuales atienden a motivaciones específicas en relación con la población en general, descartando problemáticas locales desde hace mucho tiempo irresueltas. La apariencia de barrio pintoresco al estilo La Boca, con huellas materiales que denotan un pasado latente, no oculta las características que a un barrio lo hacen estar precarizado: la falta de servicios básicos, presencia de fuertes hedores consecuencia de la falta de desagües cloacales, personas con empleos flexibles, informales y sin garantías, viviendas en grave estado de deterioro. Frente a problemáticas estructurales concretas que sufren a diario lxs habitantes de la Nueva York, la narrativa patrimonial es amplificada, hecho que genera una especie de obsesión conmemorativa constante y, la sacralización de algunos lugares de memoria derive en una verdadera topolatría, que es cuando un lugar puede despertar un sentimiento reverencial y mítico (Traverso, 2007).
Del otro lado del lente de la cámara de aquellos pasajeros de la memoria, está lo subterráneo de la miseria, lo que no se ve y no llega a las oficinas estatales. En la Nueva York, se configura lo que Traverso (2007, p. 14) llama “turismo de la memoria” a través de la transformación de sitios históricos en museos y lugares de visitas organizadas, dotados de estructuras adecuadas de acogida y promovido ante el público con estrategias varias de difusión. El pasado, mediante un proceso de reificación, se transforma en un objeto de consumo que se embellece, se neutraliza y se hace rentable para el circuito turístico de la memoria e incluso del espectáculo.
¿Has visto a la Nueva York en los medios de comunicación?
D: Muchísimo. Nosotros mismos hemos estado. Pero es igual que los políticos: vienen un día, nos sacan una hermosa foto y hoy… los murales que salieron en Clarín, en Genios, en el manual de Santillana, se están arruinando porque por lo de las goteras no vino nadie. Vinieron todos en la época en que éramos algo pintoresco para mostrar. (Darío Coletto, comunicación personal, 2017)
B: hay gente que viene a sacar fotos y eso...a las persianas.
Ni: sacan fotos a las paredes.
Na: y porque esto es rentable. ¿Cuándo viste…? Donde era todo un trabajo, ahora está viviendo gente (...) los techos se te caen a pedazos por poco, pero bue... (Bruno, Nicolás y Nahuel, comunicación personal, 2017)
A veces las resistencias juveniles se elaboran desde la recuperación de ciertos rincones y lugares en donde permanece el encuentro y desde donde se traman estrategias de vida común frente a las lógicas opuestas del capital que avanza de formas desmedidas. En palabras de Joaquín, las esquinas, son epicentro de lxs que “están al re pedo todo el día”, sin embargo también las reconoce como el destino obligado de casi todxs lxs jóvenes del barrio. Melody me cuenta lo que ve: “rapean los amigos de ellos o juegan al fútbol acá enfrente”. Melani afirma que lxs jóvenes hacen “sus cosas” y que “siempre se juntan en la esquina” (Entrevistadxs, comunicaciones personales, años 2016-2019). Lugar de reunión donde aparece lo encriptado de la juventud; hay algo que nunca se termina de saber en relación con lo que allí sucede porque, si bien se ha puesto especial atención a ese lugar, en tanto punto de confluencia de las juventudes de sectores populares, para ellxs es un lugar donde pasar el rato, cruzarse con otrxs, parar el tiempo y buscar soluciones a momentos de crisis. Cuando le pregunto a Joaquín qué hacen en la esquina, me responde: “fuman, se quedan ahí, colgados. Desarman motores, venden cobre”. Me dice que es difícil la supervivencia para lxs jóvenes ahí y que, sin embargo, ese -siendo el lugar al que se resignan cuando, por ejemplo, no hay laburo- también es un refugio que se ha ido perdiendo “antes era todo esquina, todo esquina” (Joaquín, comunicación personal, año 2018):
(…) los jóvenes a veces se juntan ahí con los pibes, se juntan en la esquina, otros hacen otras cosas, jugar al fútbol, estudiar. A mí me la bajoneó un poco porque antes gracias a las canchitas, los espacios, nos juntábamos todos los chicos del barrio (…) perdimos eso y como que se perdió un poco esa amistad y cada uno se fue desparramando. (Lucas, comunicación personal, 2017)
(…) cuando nos empezaron a sacar eso, como que todo el día estábamos en la calle, jugando ahí en el campito. Y ahora últimamente no tenés, ni hacen eso... porque no tenemos, no hay lugar tampoco. Nos sacaron todos los lugares verdes también. (Pamela, comunicación personal, 2017)
Lxs jóvenes se apropian de la historia, de los elementos y de la cultura del barrio y, a través de producciones ficcionales que ofician de contrarrelatos, narran y reescriben el territorio que habitan, lo estetizan y se extrañan del mismo desde un discurso que pretende un efecto particular en lxs destinatarixs (Andino, 2020): torcer la mirada sobre lo que allí sucede.
La calle de “las dos miserias”. Reflexiones finales
Es algo frustrante, porque [de] los frigoríficos salió mucha gente muerta o despedida, o [con] huelgas; y acá en TecPlata... nunca lo terminaron y sacaron todo y los echaron a todos. Entonces fue como...las dos miserias. (Florencia, comunicación personal, 2017)
A lo largo de este artículo indagamos en el territorio que habitan lxs jóvenes, con una premisa que confirmamos: existe una experiencia territorial, entendida como ese entramado agencial que configura sentidos sociales y expresa las condiciones de producción de sus sentidos sobre el trabajo. En sus relatos, el barrio Nueva York es construido como un territorio polisémico, y es allí donde se asienta, se crea y discute la historia y la cultura. Esta polisemia discute con la caracterización homogeneizante impuesta a los barrios populares y a las juventudes que allí viven; y repone en los circuitos que agencian a lxs jóvenes: el barrio es casa, promesa y estigma.
El barrio como casa recupera los lugares que han sido parte de los círculos de socialización primaria y secundaria en las trayectorias de lxs jóvenes, y nos es útil para hacer foco en los momentos de interacción social, es decir, en los procesos de producción de sentidos en la vida cotidiana, ya que es a través de esos saberes como las personas dan sentido al mundo. Los lugares que recuperamos de sus narrativas son: la escuela, un espacio de organización sociocomunitaria y los espacios verdes. La escuela se presenta como un lugar contradictorio y en tensión, la hemos nombrado experiencia-puente: introduce al mundo del trabajo e incurre en el desencuentro entre lxs jóvenes y ese mundo.
Como parte del entramado de agencias educativas, recuperamos la experiencia de Mansión Obrera, donde aparece la posibilidad de cuestionar sentidos sedimentados en la cultura barrial y articular la reflexión sobre el trabajo con estructuras sociales. Allí, se ve un corrimiento de lo esperable a partir de la propuesta de espacios de trabajo vinculados a la coordinación de experiencias educativas, en las que su posición es la de educadorxs populares, coordinadorxs de espacios de formación y/o integrantes de equipos de sistematización de experiencias (Becerro y Dagnino Contini, 2023).
Diversificados en distintos puntos del barrio, los espacios verdes son los primeros lugares a los que recurren lxs jóvenes al reconstruir una memoria del territorio. Lugares donde han forjado su sociabilidad, de producción de lo común, de entramados afectivos, desde donde confabulan e interpretan el mundo. Interrumpidos por un megaproyecto extractivo que significó la elaboración de rumores de desalojo y la construcción de un imaginario sobre una reactivación laboral en la zona; la precariedad y el despojo territorial se configuran como elementos claves de las condiciones de producción de los sentidos de estxs jóvenes.
Al tiempo que enseña y configura la propia experiencia, el barrio vigila y corrige. La Nueva York promueve una tensión permanente entre estigma y emblema. El estigma se asienta en las trayectorias de lxs jóvenes mediante marcas por las cuales reciben tratos desiguales en su interacción con el mundo del trabajo. Esta estigmatización territorial promueve en lxs jóvenes un movimiento constante con el horizonte común de hacerse un lugar (Chaves y Segura, 2015). Esta dimensión es la contracara de un barrio también erigido como patrimonio histórico, cuya conservación, lejos de ser una acción neutra, guarda una orientación política en la dinámica cultural de los territorios y se origina en la necesidad de revitalizar un territorio significado, luego del cierre de los frigoríficos, como abandonado. La idea de patrimonializar el territorio tendió a promover acciones de conservación allí, desatentas a problemáticas locales desde hace mucho tiempo irresueltas. Sin embargo, en los relatos de lxs jóvenes, lo hemos interpretado como parte de las estrategias para sortear las marcas del estigma territorial.
El barrio como zona de promesas muestra que este proceso de transformación territorial impulsado por el avance del megaproyecto de TecPlata, tuvo impactos en la experiencia territorial de lxs jóvenes y en la elaboración de sus sentidos. El proyecto consolidado con un horizonte de reactivación laboral se materializó en un rompimiento del lugar y se configuró como un eslabón más en la cadena de promesas incumplidas a lxs jóvenes. El barrio como promesa incumplida se configura para ellxs como un lugar común arrasado y transformado, en el que se emplazó un futuro incierto y, años después, un presente de (nuevas) expectativas frustradas frente al mundo laboral.
Lxs jóvenes configuran sus sentidos sobre el trabajo bajo la impronta de la experiencia territorial que producen cotidianamente. En tanto productorxs de historia y cultura y con capacidad de agencia, se muestran como sujetxs capaces de enfrentar las realidades en los contextos que habitan cotidianamente: precarios, signados por el despojo y el avance del capital, cercados, expulsivos. Hemos recuperado la importancia que asignan estxs jóvenes a cada lugar que forma parte de su tránsito y que lxs impulsa a “rescatarse como sujeto desde lo cotidiano y desde los microespacios” (Zemelman, 1999, p. 222), acción que nos es útil también para pensar qué margen de acción e intervención tienen lxs sujetxs allí.
Referencias
Alvarado, S. V., Vommaro, P., Patilo, J. A. y Borelli, S. H. S. (2021). Estudios de juventudes: una revisión de investigaciones en Argentina, Brasil y Colombia, 2011-2019. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 19(2), 1-25. https://doi.org/10.11600/rlcsnj.19.2.4545
Álvarez, Á. (2021). Infraestructuras de transporte y disputas territoriales: La IIRSA en Santa Fe. CLACSO.
Andino, F. (2020). Poéticas del aula. Escrituras en la escuela secundaria. GEU.
Banco Mundial. (2010). Informe Anual. https://goo.su/cGPjkKC
Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Bayón, M. C. y Saraví, G. (2019). La experiencia escolar como experiencia de clase: fronteras morales, estigmas y resistencias. Desacatos, (59), 68-85. https://doi.org/10.29340/59.2050
Becerro, V. y Dagnino Contini, A. (2023). Sistematización de experiencias: trabajo, organización y educación popular desde y con les jóvenes. Revista Trenzar, (9), 5, 55-71.
Benassi, E. (2018). Plantate y boxeá. Jóvenes de sectores populares, circuitos y trabajo [Tesis de Doctorado en Trabajo Social, Universidad Nacional de Rosario]. Argentina. https://rephip.unr.edu.ar/server/api/core/bitstreams/5471c6eb-f937-4a5e-afbe-a7e9fc0fd86f/content
Berisso Municipalidad. (s.f.). Historia de Berisso. http://berisso.gob.ar/ciudad-beta.php
Bostal, M. C. y González, F. M. (2020). Después de la escuela. Proyectos y distancias sociales en jóvenes egresados del nivel secundario en La Plata, Argentina. Última década, 28(53), 103-124. https://ultimadecada.uchile.cl/index.php/UD/article/view/58449/62161
Buenfil Burgos, R. N. (1992). Introducción y Consideraciones finales. En R. N. Buenfil Burgos, El debate sobre el sujeto en el discurso marxista: Notas críticas sobre el reduccionismo de clase y educación. IPN.
Canevari, P., Blanco, D. y Bucher, E. (1999). Los beneficios de los humedales en la Argentina. Amenazas y propuestas de soluciones. Fondo para las Américas.
Chaves, M. (2005). Juventud negada y negativizada: Representaciones y formaciones discursivas vigentes en la Argentina contemporánea. Última década, 13(23), 09-32. https://ultimadecada.uchile.cl/index.php/UD/article/view/56586/59877
Chaves, M. y Segura, R. (2015). Hacerse un lugar. Circuitos y trayectorias juveniles en ámbitos urbanos. Editorial Biblos.
Cristian Ariel Peña (2013, 26 de marzo). La gente piola de la Nueva York [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=PL0RzH4BRb4&t=51s
Dagnino Contini, A. (2023). Entre fantasmas y promesas. Un análisis sobre sentidos del trabajo en las narrativas de jóvenes del barrio Nueva York de Berisso [Tesis de doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata]. Argentina. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.2682/te.2682.pdf
Dagnino Contini, A. y Di Bella, M. (2015). Desotradxs. Guía para extensionistas. Reflexiones desde la práctica con jóvenes en contextos de encierro [Tesis de grado, Universidad Nacional de La Plata]. Argentina. https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/145884/Documento_completo.pdf-PDFA.pdf?sequence=1&isAllowed=y.
Daroqui, A., López, A. L y García, R. F. C. (2012). Sujeto de castigos. Hacia una sociología de la penalidad juvenil. Homo Sapiens Ediciones.
Decreto 735 de 2005 (2005, 27 de junio). Declárase lugar histórico nacional a la calle Nueva York, en la ciudad de Berisso […]. Poder Ejecutivo Nacional. https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-735-2005-107374/texto
Decreto Provincial 893 de 2001 (2001, 9 de abril). Licitación Pública Nacional e Internacional para la concesión integral a título oneroso de una Terminal Portuaria Polivalente, en el ámbito del PLP. Boletín Oficial de la Provincia de Buenos Aires. https://normas.gba.gob.ar/documentos/BL46ySQB.html
Dillon, A. (2025, 14 de septiembre). Estudiar sirve: los argentinos con título universitario tienen salarios más altos y menor desempleo. Infobae. t.ly/nN_em
Dirección General de Cultura y Educación. (2011). Diseño Curricular para la Educación Secundaria 6o año: Trabajo y Ciudadanía. Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.
Elías, N. y Scotson, J. (2016). Establecidos y marginados. Una investigación sociológica sobre problemas comunitarios (trad. V. Altamirano). FCE.
Fabbri, L. (2013). Apuntes sobre feminismos y construcción de poder popular. Puño y Letra.
Fajardo, M. (2019). Estando juntos, algo se nos va a ocurrir para salir adelante: La construcción de la condición juvenil en el FPDS en la región La Plata-Berisso-Ensenada en el período 2004-2012 [Tesis de maestría, Universidad Nacional de La Plata]. Argentina. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1923/te.1923.pdf
Falero, A. (2015). La potencialidad heurística del concepto de economía de enclave para repensar el territorio. Revista Nera, 18(28), 223-240.
Galli, E. (2020, 5 de febrero). Evergreen comienza a operar en TecPlata. TradeNews. https://tecplata.com/noticias/evergreen-comienza-operar-en-tecplata
Goffman, E. (2009). Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu.
Guber, R. (2011). La etnografía. Método, campo y reflexividad. Siglo XXI.
Harvey, D. (2007). El neoliberalismo como destrucción creativa. [Traducido por Germán Leyens]. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, 27(45). .
Hernández, M. C. y Chaves, M. (2012). Construcción y disputa de alteridades etarias en contexto sociourbano de pobreza en La Plata (Argentina). VII Jornadas de Sociología de la UNLP. Dpto. de Sociología de la FAHCE. https://www.aacademica.org/000-097/258
James, D. (2004). Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política. Manantial.
Jara, O. (2012). Sistematización de experiencias, investigación y evaluación: Aproximaciones desde tres ángulos. Revista sobre investigación en educación global y para el desarrollo, 1, 56-70.
Kessler, G. (2009). El sentimiento de inseguridad. Siglo XXI.
Lacruz Alvira, M. y Ramírez Guedes, J. (2017). Anti-monumentos. Recordando el futuro a través de los lugares abandonados. Revista Rita, (7), 86-92. https://goo.su/n8UpJt
Lefebvre, H. (2013). El espacio social. En H. Lefebvre, La producción del espacio (pp. 125-216). Capitán Swing.
Linsalata, L. (2015). Tres ideas generales para pensar lo común. Bajo el Volcán, 15(22), 71-77. https://www.redalyc.org/pdf/286/28642148005.pdf
Lobato, M. Z. (2004). La vida en las fábricas. Trabajo, protesta y política en una comunidad obrera, Berisso (1904-1970). Prometeo.
Mac Mullen, A. (2015, 15 de septiembre). Calle Nueva York: sumergida en el olvido a pesar del prometido rescate. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/buenos-aires/calle-nueva-york-sumergida-en-el-olvido-a-pesar-del-prometido-rescate-nid1827982/
Mansión Obrera y la Charlatana (2017, 19 de septiembre). Hay historia en este barrio [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=0BDN6rAQmwo&t=677s
Mayol, P. (1999). Habitar. En M. de Certeau, L. Giard y P. Mayol, La invención de lo cotidiano 2. Habitar, cocinar. UI, A.C.
Millenaar, V. y Jacinto, C. (2013). Desigualdad social y género en las trayectorias laborales de jóvenes de sectores populares. El lugar de los dispositivos de inserción. XI Congreso Nacional de Estudios del Trabajo. https://aset.org.ar/congresos-anteriores/11/ponencias/p7_Millenaar.pdf
Ministerio de Planificación Federal. (2010). Plan Estrátegico Territorial Bicentenario. Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios.
Miranda, A. (2015). Sobre la escasa pertinencia de la categoría NI NI: una contribución al debate plural sobre la situación de la juventud en la Argentina contemporánea. Revista Latinoamericana de Políticas y Administración de la Educación, 2(3). 60-73. t.ly/KHk7U
Morosi, P. (2005, 29 de junio). Declaran lugar histórico la calle Nueva York. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/cultura/declaran-lugar-historico-la-calle-nueva-york-nid716949/
Morosi, P. (2022, 13 de marzo). La Nueva York, del boom comercial de los años 20, a convertirse en un callejón sin salida. 0221. t.ly/mOfB3
Motta, L. (2000). A apropriação do patrimônio urbano: do estético-estilístico nacional ao consumo global. En A. Antônio (Org.), O espaço da diferença. Papirus.
Organización Internacional del Trabajo. (2011). Global employment trends for youth: 2011 update. International Labour Office. https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/@ed_emp/@emp_elm/@trends/documents/publication/wcms_165455.pdf
Ortega, M., Melón, D. y Garzillo, J. (2013, 27 de julio). Desmonte, negocio y silencio. La Pulseada. http://www.lapulseada.com.ar/site/?p=6136
Pérez Islas, J. A. (2006). Trazos para un mapa de la investigación sobre juventud en América Latina. Papers. Revista de Sociología, (79), 145-170. https://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n79/02102862n79p145.pdf
Represa, N. S. (2014). Ampliación del puerto de La Plata. Lectura desde la perspectiva del conflicto ambiental. I Congreso Latinoamericano sobre Conflictos Ambientales. Universidad Nacional de General Sarmiento. Argentina. http://surl.li/nqdlv
Rosales, O. y Castillo, F. (2010). Construcción de narrativas juveniles. Des/encuentros transdisciplinarios. Disertaciones, 3(1), 261-275. https://www.redalyc.org/pdf/5115/511555569013.pdf
Salamone, A. (2016, 29 de marzo). La terminal de contenedores del Puerto La Plata, al borde del cierre definitivo. Diario El Día. https://goo.su/QtnV
Schneider, S. y Peyré Tartaruga, I. (2006). Territorio y enfoque territorial: de las referencias cognitivas a los aportes aplicados al análisis de los procesos sociales rurales. En M. Manzanal y G. Nieman (Comps.), Desarrollo rural: organizaciones, instituciones y territorios. Fundación Centro Integral CCS. http://surl.li/nqdnb
Scioli ponderó el “salto cualitativo” que implica la nueva terminal de contenedores del Puerto La Plata (2014, 23 de diciembre). AN Digital. https://goo.su/vSmAyf
Smithson, R. (2009). Un recorrido por los monumentos de Passaic, Nueva Jersey. En Selección de escritos. [Trad. Eva Quintana Crelis]. Editorial Alias.
TecPlata designó como nuevo CEO a Juan Pablo Trujillo (2023, 30 de enero). Webpicking. https://goo.su/ViZRy4
TecPlata recibió el primer buque de China: “Este puerto va a ser uno de los más importantes de la Provincia y el país”, dijo Kicillof (2020, 29 de septiembre). Fundación Nuestro Mar. http://surl.li/nqbnr
Terminales de contenedores de la Argentina y Paraguay sellan un acuerdo de colaboración. (2020, 13 de febrero). TradeNews. http://surl.li/nqcyp
Traverso, E. (2007). El pasado, instrucciones de uso. Historia, memoria, política. Marcial Pons.
Valles, M. (1999). Técnicas cualitativas de investigación social. Reflexión metodológica y práctica profesional. Editorial Síntesis.
Venturuzzo, D. (2021). Bajo los adoquines, la playa. Lecto-escritura de las significaciones del trabajo en la calle Nueva York de Berisso (1871-2019). [Tesis de doctorado en Comunicación social, Universidad Nacional de La Plata]. Argentina. https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/134826/Documento_completo.%20Lecto-escritura.pdf-PDFA.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Wacquant, L. (2007). Los condenados de la ciudad. Guetos, periferias y Estado. Siglo XXI.
Zemelman, H. (1999). La historia se hace desde la cotidianeidad. En H. Dietrich, E. Dussel, R. Franco, A. Peters, C. Stahmer y H. Zemelman, Fin del capitalismo global: el nuevo proyecto histórico. Ciencias Sociales.
Notas

