Artículos científicos

¿Cómo se ordena un río? Análisis crítico de la recuperación y puesta en valor del río Suquía en la ciudad de Córdoba, Argentina (2011-2023)

How to organize a river? Critical analysis of the recovery and enhancement of the Suquía River in the city of Córdoba, Argentina (2011-2023)

Pedro Vicente Girardi Callafa
Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Universidad de Córdoba, Argentina

Estudios Socioterritoriales

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina

ISSN-e: 1853-4392

Periodicidad: Semestral

vol. 36, núm. 1, 2025

revistaest@fch.unicen.edu.ar

Recepción: 11 septiembre 2024

Aprobación: 31 marzo 2025



DOI: https://doi.org/10.37838/unicen/est.36-1-103

Resumen: El río Suquía es un curso de agua permanente que atraviesa la ciudad de Córdoba, constituye un elemento significativo del paisaje y es importante desde el punto de vista estructural del ejido. Durante décadas, el corredor urbano del Suquía estuvo caracterizado por la presencia de terrenos baldíos, basurales clandestinos, aguas residuales y espacios públicos deteriorados, todo lo cual dotaba al río de una imagen poco satisfactoria y lo convertía en una espacialidad abyecta y parcialmente integrada a la ciudad. La inauguración, en 2011, de la Casa de Gobierno de Córdoba y el Puente Bicentenario, marcaron el inicio de un periodo de grandes obras y transformaciones en el área. Proceso que se aceleró a partir del año 2020 y que logró rediseñar numerosos tramos del corredor, induciendo cambios materiales y simbólicos significativos. El objetivo principal de este artículo es analizar críticamente los efectos del ordenamiento territorial en curso, poniendo en tensión el embellecimiento y la «puesta en valor» del río con relación al avance del mercado inmobiliario, la segurización y privatización del sector y la capitalización de la naturaleza. El escrito interpela la estetización del paisaje urbano en virtud de la mercantilización y turistificación de la ciudad, indaga las concepciones de naturaleza que operan en los imaginarios de los actores intervinientes y el modo en que el Suquía es promocionado a partir de estrategias de marketing público-privadas. El cuestionamiento sobre cómo se ordena un río urbano en una economía neoliberal, estructura y atraviesa la investigación en toda su extensión.

Palabras clave: Urbanismo, Paisaje, Turismo, Naturaleza.

Abstract: The Suquía River is a permanent watercourse that crosses the city of Córdoba and is a significant element of the landscape and important from the structural point of view of the city. For decades the urban corridor of the Suquía was characterized by the presence of vacant lots, clandestine garbage dumps, sewage and deteriorated public spaces, all of which gave the river an unsatisfactory image and turned it into an abject spatiality that was partially integrated into the city. The inauguration in 2011 of the Government House of Córdoba and the Bicentennial Bridge marked the beginning of a period of major works and transformations in the area. A process that accelerated as of 2020 and that succeeded in redesigning numerous sections of the corridor based on material and symbolic changes. The main objective of this article is to critically analyze the effects of the ongoing territorial planning, putting in tension the beautification and «valorization» of the river in relation to the advance of the real estate market, the securitization and privatization of the sector and the capitalization of nature. For this reason, the paper interrogates the aesthetization of the urban landscape by virtue of the commercialization and touristification of the city, investigates the conceptions of nature that operate in the imaginaries of the intervening actors and the way in which the Suquía is promoted through public-private marketing strategies. The questioning of how an urban river is organized in a neoliberal economy structures and crosses the research in its entirety.

Keywords: Urbanism, Landscape, Tourism, Nature.

Introducción

El presente trabajo1 exhibe un abordaje parcial y preliminar del proceso de recuperación del cauce y sus áreas aledañas, orientado por el cuestionamiento de cómo se ordena un río en una economía neoliberal. El propósito central es analizar críticamente los efectos del ordenamiento territorial en curso, poniendo en tensión el embellecimiento y la «puesta en valor» del río con relación al avance del mercado inmobiliario, la segurización y privatización del sector y la capitalización de la naturaleza. En aspectos metodológicos, esta presentación se desarrolla a partir de un estudio cualitativo que involucró reiteradas salidas de campo, desde el año 2018 a la actualidad, en continuidad con investigaciones previas; registros fotográficos de las obras más importantes realizadas en el sector; análisis de fuentes secundarias de datos como notas periodísticas, informes gubernamentales y artículos académicos, entre otras; y examen de publicidades a partir de imágenes y dispositivos audiovisuales, producidas por entes estatales y empresas privadas vinculadas al rubro inmobiliario.

Con el fin de organizar la exposición, en primer lugar se describen brevemente las características físicas y ambientales del río. A continuación, se contextualiza el devenir de la ciudad de Córdoba ante un urbanismo de corte neoliberal. Posteriormente, se reflexiona en torno a la estetización y turistificación de la ciudad, a fin de problematizar, desde allí, los efectos de la mercantilización del suelo. Con este marco general, se estudia el río Suquía en el área central de la urbe, para comprender cómo se constituye en un elemento relevante de las políticas actuales de ordenamiento territorial y capitalización especulativa de la naturaleza en la ciudad. Finalmente, se presentan reflexiones en torno a los resultados parciales de la investigación en curso.

El río Suquía y su cauce

El río Suquía es un lecho fluvial que discurre de oeste a noreste por la provincia de Córdoba, con una longitud total de 200 km, de los cuales 37 atraviesan el área urbana y periurbana de la capital. Su curso se forma a partir de un conjunto de ríos y arroyos en las serranías cordobesas, que confluyen en el lago artificial formado por el Dique San Roque. El murallón del dique está ubicado en la parte oeste de la quebrada de Bamba, punto donde nace el río Suquía. El volumen de su cauce suele ser escaso, pero varía considerablemente de acuerdo a la estación del año y los regímenes pluviales.

En la urbe cordobesa y las zonas aledañas, el clima se caracteriza por tener largos periodos de sequía durante los meses templados-fríos, en especial de mayo a septiembre, por lo cual los cauces de los ríos que lo alimentan se ven reducidos o interrumpidos y en consecuencia, el volumen de agua que discurre por la ciudad, disminuye. En la estación estival, al contrario, las lluvias suelen ser considerables. En Córdoba es común la ocurrencia de tormentas con caída de copiosas precipitaciones en cortos periodos de tiempo. Esta peculiaridad del clima, es causante de veloces crecidas, lo cual produce frecuentes inundaciones en las riberas del río durante el verano. Sobre estas y otras características distintivas del medio físico del río, se recomienda revisar la introducción del estudio de Períes et al. (2012).

Por décadas, las costas urbanas y periurbanas del río Suquía constituyeron, metafóricamente, la espalda de la ciudad de Córdoba. Fluctuando entre áreas arboladas, terrenos baldíos y predios industriales, a lo largo de sus riberas era común encontrar todo tipo de basurales y vertederos clandestinos. Realidad que, sumada a la contaminación del Lago San Roque —que le da origen— y las innumerables descargas de aguas servidas que se vuelcan al cauce del Suquía, tornaron al río en un vector móvil de contaminación que nadie deseaba ver, y mucho menos, visitar2.

Esta situación fue modificada, en parte, por la llamada «recuperación del río Suquía» y la «puesta en valor» de los sectores aledaños a su cauce. En efecto, principalmente en la última década, se evidencian mejoras en la calidad de algunos espacios públicos y una disminución en el número de basurales asentados en sus márgenes. Aun así, el panorama es delicado ya que parte del agua que discurre por el lecho fluvial corresponde a líquidos cloacales que se unen al torrente en diferentes puntos del trayecto, lo cual se torna notorio en los meses de sequía, cuando la escorrentía natural es menor. Como denuncia Kopta (2020) “con este aporte de efluentes, el caudal del Suquía se duplica en invierno y primavera, por ser la temporada más seca del año” (p. 81). En adición, durante las crecidas, el río arrastra todo tipo de residuos que quedan dispersos por la costanera a lo largo del corredor; cuando ello ocurre, el paisaje suele ser cuanto menos hostil, como se aprecia en la Figura 1.

El Suquía como vertedero
Figura 1
El Suquía como vertedero

Referencias: a) paisaje del río con residuos luego de una crecida; b) aguas servidas estancadas en los márgenes del Suquía

Fuente: registro propio, año 2023

Con relación al dique San Roque, este presenta estados críticos en torno a sus niveles de contaminación, existiendo diversas denuncias públicas en virtud de su situación ambiental actual3, cuestión por demás compleja si se considera que, desde dicho lago, se distribuye el agua potable para un gran porcentaje de la población de Córdoba y su área metropolitana. Escenario que, sin duda, se ve agravado por el desmonte y la urbanización acelerada en la cuenca de captación que da origen a los múltiples ríos que se vierten al lago.

Por último, en virtud de los aspectos que tocan a la geografía física, cabe destacar que el río Suquía, en el área central de la ciudad, se une con el arroyo La Cañada para luego culminar su recorrido en Mar Chiquita o Mar de Ansenuza. Este mar es una laguna endorreica de elevada salinidad, conocida por ser la mayor superficie lacustre de Argentina y la cuarta más grande de Sudamérica. En 2002 la laguna de Mar Chiquita fue declarada como onceavo sitio RAMSAR4, y desde 2022, forma parte del Parque Nacional Ansenuza, dato no menor si se quiere comprender la importancia del río en la región. Con respecto a lo anterior, cabe destacar que, durante un periodo de más de diez años, la planta de Bajo Grande, ubicada al este de Córdoba, encargada de depurar las aguas del río Suquía luego de su paso por la ciudad, estuvo fuera de operación o bien operando por periodos cortos y sin la capacidad suficiente para tratar el caudal completo. Por tal motivo, el río arrastraba con tratamiento parcial o nulo los contaminantes y residuos a través de su recorrido, hasta desembocar en el actual parque nacional. En 2016, se iniciaron las obras de ampliación y refacción de la planta que culminaron en 2022, por lo que recién desde abril de ese año, Bajo Grande se encuentra en funcionamiento5.

En consideración a la descripción realizada y al objetivo principal del trabajo, es necesario cuestionarse ¿de qué se trata recuperar el río Suquía? ¿Qué visiones urbanísticas operan en la mentada puesta en valor de su cauce? ¿Qué concepciones de naturaleza median las intervenciones y los imaginarios de los actores involucrados? Para aproximarnos a estos interrogantes, en primer lugar, realizaremos un recorrido por el paradigma urbanístico que atañe a Córdoba en un contexto neoliberal. A continuación, se brindan algunas notas en torno a la estetización del paisaje y la turistificación de la ciudad, para luego perfilar de qué modo y por qué, el río ingresa como un elemento privilegiado en el ordenamiento territorial vigente.

Córdoba ante el urbanismo neoliberal

En su texto Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana del año 2013, el geógrafo David Harvey señala que “las ciudades han brotado de la concentración geográfica y social de un excedente de la producción” (2013, p. 21). En efecto, la urbanización es un fenómeno sujeto a la división de clases, en el que se ejerce un control desigual sobre el espacio, ligado a la reproducción y acumulación del capital por parte de actores económicamente dominantes. En torno a tales consideraciones, Harvey explica los modos en que el desarrollo de las urbes contemporáneas se encuentra ligado a la reinversión de excedentes provenientes de diversas actividades productivas, constituyendo, la ciudad, el ambiente propicio para la absorción y reproducción del capital. Si bien esta lógica no es exclusiva de los tiempos que corren, es cierto que, como rasgo distintivo de nuestra época en un contexto neoliberal de alcance global, las políticas de los estados se presentan como facilitadoras, incluso patrocinadoras, de tales procesos (Harvey, 2008). En este sentido, desde la crisis de los Estados de Bienestar y el fin del compromiso keynesiano (Duménil y Lévy, 2009), a medida que el modelo neoliberal se extendía a todas las latitudes del mundo acompañado del incremento de la movilidad del capital, las ciudades se convirtieron en escenarios funcionales a una creciente mercantilización de la vida. Esto dio lugar a una primacía de la lógica de la acumulación, en torno a la cual han ido apareciendo actores y políticas que se orientan específicamente a la inflación del valor del suelo y la privatización del espacio.

Para Argentina, si bien las políticas neoliberales comenzaron a expresarse en la década de 1970 y se consolidaron en la década de 1990, fue en la posconvertibilidad, es decir desde el 2002, que la reinversión de excedentes, principalmente derivados de la actividad agropecuaria, generó un desarrollo extraordinario del mercado inmobiliario. Aunque este proceso tiene una historia extendida en el país, las condiciones del contexto propiciaron un salto cuantitativo.

Siguiendo a Buraschi (2022), puede sintetizarse que el empresario agropecuario se vio favorecido por el precio internacional de las commodities y la devaluación, al tiempo que la inversión inmobiliaria le otorgaba mayor seguridad que el ahorro en bancos. Por otra parte, invertir en construcción evitaba la incertidumbre sujeta a su propia actividad productiva y a su vez, permitía la obtención de una rentabilidad por las subas del valor del suelo. Si bien el boom de este fenómeno se vio sopesado por los conflictos del 2008 entre el campo y el Estado y la posterior caída de los márgenes de ganancia, la dinámica quedó instaurada.

El vínculo entre el Estado, como regulador-facilitador y las empresas privadas, como agentes hegemónicos en torno a la construcción y transformación del espacio urbano, configuró el patrón que aquí enunciamos como desarrollismo inmobiliario, con una particular injerencia en el devenir de la ciudad de Córdoba en las últimas décadas. Tal modelo significó para la ciudad y, específicamente para ciertos sectores, una proliferación del mercado inmobiliario en torno al desempeño de inversionistas, empresas constructoras, asesores profesionales y de marketing (Cisterna et al., 2012). Escenario que ha generado una especulación creciente con relación al valor del suelo y una progresiva orientación mercantil respecto de su uso, principalmente sujeto a las intervenciones de grupos —autodenominados— desarrollistas6.

Como síntoma del agenciamiento del capital en Córdoba, desde fines del siglo XX, la lógica de mercantilización del suelo supuso la erradicación de barrios populares informales en distintas zonas de la ciudad. A partir de procesos de segregación sujetos a políticas habitacionales, el Estado buscó «recuperar» y refuncionalizar espacios estratégicos de la urbe, llevando adelante transformaciones fuertemente clasistas. Las personas erradicadas que vivían en asentamientos próximos al centro de la ciudad, fueron relocalizadas en viviendas sociales por fuera del anillo de circunvalación de Córdoba, en los denominados barrios ciudad, proceso que ha sido documentado por Boito et al. (2013) y Boito y Oliva (2019). Estas políticas, resultaron fundamentales para el avance del mercado inmobiliario, en algunos casos incluso sobre la misma superficie liberada, como el complejo de departamentos y oficinas de lujo Pocito Social Life, que se encuentra en construcción sobre el predio de la ex Villa El Pocito en barrio Güemes. Asimismo, tal dinámica propició la resignificación de espacios «recuperados», permitió su reapropiación material y simbólica en vistas de capitalizar áreas relegadas, consolidar una centralidad urbana exenta de barrios informales y promocionar una nueva imagen de Córdoba. Cabe remarcar que, tales injusticias forman parte de una lógica de alcance global en tanto “la creación de nuevas geografías urbanas bajo el capitalismo supone inevitablemente desplazamiento y desposesión, como horrorosa imagen especular de la absorción del capital excedente mediante el desarrollo urbano” (Harvey, 2013, p. 39).

Para el área central de la ciudad de Córdoba —barrios Centro, Güemes, Providencia, General Paz, Alberdi y Nueva Córdoba—, el desarrollismo inmobiliario decantó en la proliferación de numerosas torres residenciales con un consiguiente aumento en la densidad demográfica y la simplificación de la vivienda (Aguirres y Luna, 2018). A esta metamorfosis del paisaje de Córdoba en su área central, se suma la emergencia de estructuras (edificios de alta gama, barrios cerrados, centros comerciales, hoteles de lujo, entre otras) en puntos dispersos, dado que el mercado intercepta el espacio en función de procesos que involucran, al mismo tiempo, concentración y expansión (Búffalo, 2008), orientándose a la capitalización de localizaciones susceptibles de generar grandes rentas económicas. Esto puede entenderse, por analogía, como una «acupuntura urbana» (Scarponetti y Schaigorodsky, 2016) destinada a incrementar el valor de ciertas áreas consideradas estratégicas.

A continuación, se exponen algunas consideraciones pertinentes para comprender la imbricación de estos procesos de capitalización del suelo urbano con estrategias de estetización del paisaje y turistificación de la ciudad, para, posteriormente, ponderar sus efectos en Córdoba y analizar cómo el río Suquía se transforma en una espacialidad significativa dentro de las políticas urbanas de la última década.

La gestión de la imagen y la mercantilización del espacio

Conviene señalar algunas características generales con relación al capitalismo y la turistificación del espacio para contextualizar las transformaciones que atañen a la ciudad de Córdoba en la actualidad y en particular al área de estudio. Coincidimos con Harvey (1998) en que muchas urbes, en su periodo postindustrial, experimentaron una crisis de identidad y función, en este plano las tendencias de la arquitectura posmoderna ofrecieron una respuesta a esa crisis mediante la consumación del turismo de escenarios urbanos. Ciertamente, en numerosas ciudades fue la industria del entretenimiento la que redibujó sus fachadas para presentarlas ante el mercado mundial como teatros del cosmopolitismo y transformarlas en polos del turismo global. Conforme se consolidaba el neoliberalismo, el mercado del diseño y el arte se democratizaba ocupando un lugar central en las relaciones económicas, lo que en términos de Jameson (1992) se podría enunciar como populismo estético. Con relación a estas premisas, Lipovetsky y Serroy (2015) aseveran que, actualmente, vivimos en la era del capitalismo artístico, dado que la artistización de la vida en todos sus flancos constituye un rasgo fundamental del neoliberalismo contemporáneo; por lo cual, se puede hablar de una sociedad transestética en la que se incentiva y acelera el consumo de experiencias lúdicas y emocionales, vinculadas al ocio y el placer.

En la carrera por incrementar la competitividad de las ciudades, las intervenciones públicas y privadas invierten capital y moldean los paisajes procurando el ingreso al mercado del turismo global. En este sentido, la urbanización deviene en función de matrices prefiguradas por tendencias de alcance internacional. Los centros se transforman en un continuo escenario diseñado para el consumo y el disfrute estético, se «disneyfica» la experiencia urbana (Lipovetsky y Serroy, 2015). Distintas intervenciones arquitectónicas que se imprimen en el paisaje de Córdoba son producto de este paradigma urbanístico, lo cual a veces conlleva la creación de obras prefiguradas que suponen originalidad e identidad, pero redundan en íconos ya conocidos y exportados. Por citar un ejemplo reciente, como se puede observar en la Figura 2, el puente peatonal que desde 2023 atraviesa el río a la altura del parque Elisa-Las Heras hasta el Paseo Suquía, es una cita directa del Puente de la Mujer ubicado en Puerto Madero, Buenos Aires, obra del reconocido arquitecto Santiago Calatrava.

Puente Enfermeras Heroínas de Malvinas
Figura 2
Puente Enfermeras Heroínas de Malvinas

Referencias: a) en construcción en julio de 2023; b) obra finalizada en noviembre del mismo año

Fuente: registro propio, año 2023

Aquí, interesa señalar que tal estetización es, a su vez, inseparable de procesos de producción discursivos acerca de las cualidades e identidades de las ciudades transformadas por la agencia del capital. En virtud de crear sinergias para la mercantilización del espacio, los actores involucrados en el desarrollo inmobiliario, en conjunto con las políticas estatales, buscan incrementar el capital simbólico de las urbes para mejorar su imagen pública, singularizar sus atractivos y convertir el nombre de la ciudad en una marca identificable mediante estrategias publicitarias, cuestiones que son clásicas en diferentes ciudades globales, dentro de las cuales Barcelona ha constituido un caso ejemplar, retratado por Delgado (2007) en La ciudad mentirosa: fraude y miseria del modelo Barcelona. Todo esto se expresa en los esfuerzos y estrategias de numerosos municipios por capitalizar los atractivos locales naturales, históricos o culturales, buscando desarrollar nuevos circuitos turísticos, o bien integrarse a otros de escala regional. En efecto, el día de la inauguración del puente, el entonces intendente Martín Llaryora pronunciaba: “[…] Este pituco puente que nos pone claramente a la vanguardia. No se va a poder venir a la ciudad de Córdoba sin sacarse una foto en este puente y recorrer este espacio” (Schiaretti y Llaryora inauguraron el […], 2023).

Córdoba y la estetización del paisaje

En razón de lo expuesto, si consideramos que, según el sitio web de la Agencia Córdoba Turismo, durante la temporada de verano 2023-2024 ingresaron a la provincia más de cinco millones de turistas, comprenderemos que dicha actividad económica es una de las principales de la región; y por lo tanto no son escasas las transformaciones del paisaje urbano orientadas a captar un afluente creciente de clientes-visitantes. En este plano, existe una doble operación sobre ciertos sectores de Córdoba. Por un lado, hay una puesta al día que conduce a la refuncionalización y revitalización, lo cual lleva a una suerte de competencia intraurbana en vistas de la consolidación de espacios de prestigio asociados a un consumo cultural diferenciado. Por el otro, el conjunto de intervenciones tiende a promover la totalidad de los barrios centrales de Córdoba como escenario turístico para un mercado nacional e internacional. Entiéndase aquí que la adjetivación «cultural» dirigida a un entorno determinado, es enunciada por la actuación del mercado privado y la propaganda estatal, enunciación orquestada por una serie de acciones específicas tendientes a consolidar el efecto y la significación de la palabra «cultura», noción que puede ser abordada desde los planteos de Delgado (2000).

Como se evidenció, dentro de las lógicas de estetización del paisaje propias del periodo postindustrial, una de las estrategias centrales del urbanismo neoliberal es el diseño y la construcción de nuevas imágenes identitarias a partir de arquitecturas-monumento y transformaciones paisajísticas de gran escala, capaces de movilizar las sensibilidades de lxs ciudadanxs y turistas. Es así que:

[…] con la desaparición de las regulaciones nacionales, las ciudades se encuentran inmersas en un sistema de competición a escala nacional e internacional y ante la exigencia de gestionar su “imagen de marca”, de participar en la carrera de los servicios de prestigio para aumentar su belleza, atraer a los turistas, a las empresas y a sus directivos. Un “marketing territorial” semejante estimula enormemente las arquitecturas de diseño, las formas gigantes que impresionan y asombran al público, los proyectos de alta tecnología, con su ostentación y afán mediático. (Lipovetsky y Serroy, 2015, p. 248, comillas en el original)

Para el caso de Córdoba, estas formas de marketing se intensificaron desde el 2011 a través de la emergencia de estructuras conmemorativas de los 200 años de la Revolución de Mayo, ancladas en nuevos íconos urbanos: Faro del Bicentenario, Centro Cívico del Bicentenario, Paseo del Bicentenario y Puente del Bicentenario. Boito et al. (2013) estudiaron estas imágenes a partir del concepto benjaminiano de embellecimiento estratégico, poniendo en evidencia el carácter clasista de la arquitectura celebrativa y reparando en las formas de alienación que genera una ciudad vuelta espectáculo. La customización de Córdoba, impulsó entonces la espectacularización del paisaje por medio de diferentes estrategias anunciadas desde el gobierno como «puestas en valor». La Figura 3 brinda algunos ejemplos.

Cartelería alusiva a obras en la costanera del Suquía
Figura 3
Cartelería alusiva a obras en la costanera del Suquía

Referencias: a) cartel con imagen y leyenda sobre la recuperación y puesta en valor del Parque Las Heras–Elisa; b) cartel que anticipa la recuperación de la Isla Zípoli; c) cartel móvil en el río Suquía con referencia a la revalorización de la costanera

Fuente: registro propio, años 2022 y 2023

Esta tendencia fue acompañada por otros gestos de diferentes escalas tendientes a la estetización de la ciudad: iluminación en edificios patrimoniales, inauguración de paseos, museos, plazas, adoquinados, faroles, canteros, murales, bulevares, entre otros. En efecto, se puede advertir que la ciudad está construyendo íconos a su interior, que buscan confirmarse en sí mismos, en vistas de constituir una nueva identidad citadina centrada en esas imágenes-monumento. Íconos que disputan el rol tradicional e históricamente constituido como atractivo turístico provincial: sus paisajes serranos. Entre ellos, los nuevos edificios gubernamentales construidos en proximidad del río Suquía, desde el 2011 a la fecha, brindan un claro ejemplo, como puede observarse en las arquitecturas que se muestran en la Figura 4.

La imagen del Estado
Figura 4
La imagen del Estado

Referencias: a) Casa de Gobierno de Córdoba, inaugurada en 2011; b) Legislatura de Córdoba, inaugurada en 2019; c) cartelería en la vía pública que prefigura la construcción del nuevo Concejo Deliberante de la ciudad, inaugurado en 2024.

Fuente: registro propio, años 2022 a 2023

El río Suquía y la puesta en valor

Hasta hace pocos años, caminar por la costanera céntrica del río Suquía era una experiencia difícil ya que para atravesar este corredor, el transeúnte debía sortear numerosos tramos cubiertos por desechos y estructuras en ruinas. Al respecto Períes et al. señalan:

El Suquía, como elemento protagónico del paisaje de la ciudad, ha sufrido durante muchos años un proceso de degradación, generando una situación de deterioro ambiental que ha afectado particularmente los entornos ribereños. La acumulación de basurales, la falta de accesibilidad, las aguas estancadas, provocaron que las edificaciones de sus márgenes se configuraran dando la espalda al río. Así, muros, tapiales, depósitos e industrias fueron los elementos característicos en el sector de la ribera. (2012, p. 12)

Esta situación ha ido cambiando en los últimos diez años; aun así, es posible encontrar terrenos intersticiales en sus proximidades en donde las ruinas y los residuos dan lugar a paisajes signados por la incertidumbre. Ahora bien, como se ha planteado en el apartado de Córdoba ante el urbanismo neoliberal, desde una lógica de incremento de las ganancias y la rentabilidad, para los grupos desarrollistas se vuelve necesario descubrir nichos de oportunidad para la inducción rápida de renta diferencial. Una de las modalidades es la transformación funcional y física de áreas relegadas, pero que resultan estratégicas desde el punto de vista de su accesibilidad y posibilidad de transformación urbanística y valorización (Capdeville, 2016). Desde este punto de vista, debemos aclarar que los baldíos y edificios abandonados muchas veces cumplen una función invisible. Algunas firmas compran a bajo costo grandes extensiones de suelo en áreas alejadas de la ciudad, o bien cercanas pero deterioradas, con el objeto de especular sobre su valor. En cuanto estos terrenos ven incrementada su centralidad o la disponibilidad de servicios, la construcción en ellos es inminente.

En los frentes costeros urbanos, esta dinámica es particularmente habitual, dado que, muchas veces, los márgenes de ríos, arroyos, lagunas o áreas marítimas fueron ocupados por instalaciones industriales que, por falta de inversión, terciarización de la actividad económica y cambios en las normativas urbanas, entre otras causas, quedaron obsoletas o subutilizadas. El río Suquía reúne estas particularidades, ya que, en el área central de la costanera, además de espacios vacantes, es posible encontrar talleres y depósitos en desuso, usinas o vestigios de industrias, como las instalaciones de la ex Cervecería Córdoba, el ex Molino Río de la Plata, la papelera del barrio General Paz y el Molino Centenario José Minetti.

A escala nacional, el caso de Puerto Madero constituye el antecedente con mayor reconocimiento y relevancia, dada la dimensión y las características de las transformaciones efectuadas, aunque tal dinámica también se ha desarrollado en otros puntos de Buenos Aires y del país. La literatura al respecto es extensa; algunos artículos y libros retratan estos procesos con claridad expositiva (Cuenya, 2011; Di Virgilio, 2018; Cuenya y Corral, 2011; Wertheimer, 2018).

Por las razones expresadas, es comprensible que el corredor céntrico del río Suquía se encuentre inmerso en un proceso de revalorización y mudanza continua. La «puesta en valor» está vinculada directamente al mercado inmobiliario y al desarrollismo público-privado; los agentes involucrados se emplazan a través de operaciones de cálculo de oportunidad. Tal es el caso, por ejemplo, del proyecto Pienza, impulsado por el grupo GNI, a desarrollarse en un predio descampado frente al río Suquía, en el barrio General Paz, que se integraría a un conjunto de edificaciones ya construidas en el sector. Roque Lenti, CEO de GNI, y Rafael Faucher, socio director de la empresa, presentaron la propuesta en medios digitales durante los años 2020 y 2021. La Figura 5 registra los primeros trabajos en el sector y muestra la proximidad de las torres Sonoma Ribera y Alto Paz Tower.

Inicios de Pienza
Figura 5
Inicios de Pienza
Fuente: registro propio, año 2022

Respecto de lo descripto, podemos inferir que la imagen del río está mutando de un vector móvil de contaminación hacia un recurso natural costoso. Esta metamorfosis de significado es dirigida por un conjunto de dispositivos discursivos y transformaciones materiales bien evidentes. Harvey (2014) enfatiza que “todos los proyectos ecológicos y medioambientales son proyectos socioeconómicos” (p. 243). En este plano, amparada por un conjunto de ordenanzas, la recuperación del río se presenta como un nuevo terreno de oportunidades para la captación de rentas. Tal es así que, en menos de una década, diferentes firmas privadas han construido en el corredor siete de los edificios más altos de Córdoba. El Suquía constituye un elemento único del paisaje de la ciudad, y tanto su naturaleza como las obras públicas que resignifican su imagen son crecientemente acaparadas por el avance del mercado inmobiliario, dando lugar a una renta de monopolio sobre el sector. En este sentido, como afirma Harvey: “el poder de los rentistas se incrementa porque muchos recursos se encuentran en localizaciones geográficas específicas, están sometidos a una competencia monopolística y, por lo tanto, abiertos a la extracción de rentas del mismo tipo” (2014, p. 246).

Si, a pesar de las condiciones ambientales críticas que experimenta el río Suquía, puede introducirse en un circuito capitalizable, estaremos ante un nuevo panorama. Habiéndose encontrado antes al margen de la ciudad planificada (Delgado, 1999), el Suquía se presenta como un espacio renovado sobre el cual operan discursos que realzan sus cualidades paisajísticas mediante estrategias publicitarias y adecuaciones estéticas. Después de años de ser un vertedero —y aunque lo siga siendo—, el río se construye hoy como «naturaleza» y, como tal, es ahora una espacialidad deseable que puede potenciar el despliegue del turismo y la espectacularización de Córdoba.

En este marco, desde 2011 hasta la fecha, entre los puentes Santa Fe y el monumento del Hombre Urbano se han emplazado obras de gran escala. Por un lado, encontramos estructuras relacionadas a oficinas público-privadas y complejos habitacionales: Casa de gobierno (2011), Casa Naranja (2016), Torres Capitalinas (2020), Nueva Legislatura de Córdoba (2021), nuevo Concejo Deliberante (2024), y barrios privados como: Torre ex Cervecería I, Torres Cardinales, Torres Sonoma Rivera, Torres del Río, Complejo Regam Pilay, Alto Paz Tower, entre otros.

Por otra parte, existen construcciones vinculadas a la circulación y la movilidad: Puente 25 de mayo (2019), Puente Ramón Bautista Mestre (2020), Ferro-urbano (2022), nuevo puente peatonal Parque Enfermeras Heroínas de Malvinas (2023) y la ciclovía en altura (2023). Algunas de estas obras pueden observarse en las fotografías de la Figura 6, las cuales dan cuenta de la magnitud de los cambios.

Estas transformaciones fueron acompañadas por la reorganización de la feria popular Las Heras7, la realización de kilómetros de murales ornamentales en edificios y paredones —en el marco del programa Arte de nuestra gente (desde 2020)—, la remodelación de espacios verdes y la construcción de nuevos paseos: Parque del Centro Cívico (2019), Parque Las Heras-Elisa (2023) y la explaza Austria, hoy Paseo Suquía (2023). Las obras públicas fueron ejecutadas por los gobiernos provincial y municipal, en asociación con empresas constructoras y equipos de arquitectos e ingenieros privados; mientras que los complejos residenciales pertenecen, principalmente, a las firmas GNI, Regam Pilay y 3D Desarrollistas. En este proceso de revalorización, el río Suquía constituye, por lo tanto, una espacialidad estratégica sobre la cual se está construyendo y acumulando un capital material y simbólico.

Lo anterior ocurrió en el lapso de una década. La recuperación del río Suquía fue una promesa habitual en diferentes gestiones municipales y provinciales y un slogan común a distintas banderas políticas desde la década de 1980 a la actualidad. Sin embargo, se efectivizó con mayor rigor durante los años de gestión del intendente Martín Llaryora (2019-2023). Reestructurar y «poner en valor» el río, constituyó una de las principales transformaciones llevadas a cabo por el municipio, lo cual involucró la creación de una entidad específicamente vinculada a esa tarea, la Unidad Ejecutora Costanera. El acompañamiento del gobierno provincial, entonces a cargo de Juan Schiaretti, facilitó el avance y la concreción de numerosas obras públicas en el corredor urbano del Suquía. Se evidencia, así, una fuerte apuesta del gobierno y el mercado privado por resignificar el río, para sumarlo al imaginario colectivo como un nuevo espacio de circulación y ocio, en donde la ciudad efectivamente es y se expresa.

Arquitecturas para la recuperación del Suquía
Figura 6
Arquitecturas para la recuperación del Suquía

Referencias: a) puente Gobernador Mestre; b) barrio privado Torres Cardinales; c) Alto Paz Tower, en construcción; d) vista de la Torre Capitalinas, Coral State Tower y Casa Naranja desde el parque Las Heras-Elisa; e) vista de bicisenda elevada sobre el río Suquía.

Fuente: registros propios entre los años 2020 y 2024

Discursivamente, el municipio apela, incluso, a una imagen de Córdoba en la que todxs somos parte del río, bajo el lema: «Todos somos río». Entonces, no se trata solo del avance del mercado sobre el sector, sino de la pulsión por construir una nueva serie de íconos urbano-arquitectónicos que tienen por leitmotiv ayudar al Suquía a reponerse de su estado calamitoso, mientras se impulsa la ciudad hacia un futuro prometedor8.

Actualmente, si el Suquía sigue contaminado, es un dato menor ante las visiones de progreso que se despliegan sobre él. Un sensacionalismo futurista se instaura en el deseo colectivo para presentar al río como una vía para el desarrollo. Lo anterior, acontece bajo el paradigma de la estetización y, por lo tanto, se plantea a niveles de superficie, con operaciones que buscan readecuar el entorno para configurar paisajes pintorescos y fotografiables. Táctica repetida que confunde, al suponer que esa «belleza construida y lista para ser observada» puede equipararse a cierta noción de justicia social o ambiental, es decir, se constituye como estrategia de pacificación y neutralización del espacio.

La naturaleza como salvación tecnificada

Para lograr la concreción de las obras que hoy se emplazan en el corredor, sumado a las que se construyen y proyectan, y que lxs ciudadanxs-turistas visitamos, el río ha sufrido todo tipo de transformaciones en su cauce y se ha visto invadido por maquinarias pesadas, escombros y plataformas de hormigón. La mejora se presenta como un espejismo fantástico del progreso. A fin de cuentas, todo lo que se hizo y hace, lejos de volver la mirada al río para situarnos en contexto y «pensarnos con él», nos hace girar la vista hacia las monumentales torres, los puentes iluminados, los murales, las espectaculares y futuristas oficinas públicas, la bicisenda elevada y el ferro-urbano con sus ostentaciones de smart city. En este sentido, acordamos con Harvey que:

El capital controla las prácticas mediante las cuales colectiva e individualmente nos relacionamos con la naturaleza y no considera nada que no sean valores estéticos funcionalistas. […] Allí donde la naturaleza se muestra fecunda, entregada a una creación continua de novedad, el capital llega para cortar en trozos esas creaciones y reensamblar las piezas para convertirlas en tecnología. […] La relación del capital con la naturaleza y con la naturaleza humana es extremadamente alienante. (2014, p. 255)

Esta relación alienante, intercepta nuestro entendimiento y nos lleva a considerar que existe una recuperación real y efectiva del río, cuando lo que ocurre, principalmente, es una incorporación al mercado urbano de los terrenos que están próximos a sus riberas. Esto es evidente y se confirma en el lenguaje utilizado para comunicar este ordenamiento territorial, no se nos habla de aspectos biológicos o en virtud de las funciones ecosistémicas del río, sino en términos de infraestructuras, espectáculo, eventos culturales y mercado. Como ya remarcaban Períes et al., (2012) al inicio de este proceso de transformación: “resulta necesario preguntarse qué significa realmente proteger y recuperar el paisaje del río Suquía; […] cuáles son verdaderamente sus posibilidades ambientales de usufructo y cuáles son los límites de uso y/o invasión de los espacios que el río pone en conexión” (p. 23).

De lo planteado, se desprende que estas transformaciones ocurren bajo un paradigma profundamente antropocéntrico, aun cuando una y otra vez, el gobierno y las empresas remarquen que las acciones que llevan a cabo potencian la salud del Suquía y su entorno. En efecto, en muchos tramos, las riberas del río se ven alteradas por obras que, con el objetivo de evitar la erosión de márgenes y al mismo tiempo consolidar espacialidades funcionales a la circulación, propenden a estructuras que empobrecen su fisonomía y anulan su dinámica natural, tal es el caso de la incorporación de hormigón en grandes cantidades, como se observa en la Figura 7.

Si las intervenciones están encaminadas hacia experiencias de disfrute humano para nuestro beneficio como ciudadanxs necesitadxs de espacios de recreación, la naturaleza se dibuja como un elemento de redención para un conjunto de problemáticas sociales. Pareciera, como ya Carman (2011) ha teorizado al hablar de ambiente y segregación, que un aumento de naturaleza fuera capaz de solucionar los conflictos y resolver las violencias de la lógica de urbanización bajo el régimen de la acumulación por desposesión y exclusión.

Vistas del río Suquía y sus riberas hormigonadas
Figura 7
Vistas del río Suquía y sus riberas hormigonadas
Fuente: registro propio, años 2021 y 2023

El término «naturaleza» aparece una y otra vez como un significante vacío del discurso neoliberal, capaz de hacernos ver algo en donde existe otra cosa muy distinta. El río Suquía como «entorno natural» de la ciudad merece, al menos, una problematización y necesita, sin duda, de otras visiones y lecturas posibles que no sean las del mercado y sus intereses particulares. Como afirma Swyngedouw: “si hay un desafío conceptual que precisa ser explorado en el plano de la teoría y la práctica de la planificación urbana, la Naturaleza debe ocupar indudablemente un puesto muy elevado en la lista de candidatos” (2011, p. 41, mayúscula en el original).

A las visiones gubernamentales y de las empresas privadas, se suman las proyecciones arquitectónicas y urbanísticas por parte de otrxs actorxs importantes a la hora de hablar de imaginarios geográficos urbanos. Existen numerosos proyectos realizados tanto por estudiantes de la carrera de arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba, como por consultoras y profesionales autónomxs. En las imágenes que se despliegan en tales proyectos, aún con sus diferencias, es posible observar una fuerte tendencia hacia el funcionalismo, la optimización y la maximización de beneficios en torno a potenciales modificaciones estructurales del río9. Estas visiones se encuentran orientadas a incorporar el Suquía a la ciudad de una manera eficaz. Una de las estrategias recurrentes de estos programas está vinculada a convertir el corredor en un espacio de circulación de transporte público y peatones, para agilizar el sistema de movilidad urbana.

En general, las intervenciones potenciales se acoplan a un paradigma que guarda relación con las propuestas urbanísticas presentes en Ciudades para la gente, de Jan Ghel (2014). Sin embargo, lo que no se cuestiona, es la matriz imperante en torno a la lógica de producción del espacio, dado que se dice poco en virtud de la apropiación y creciente privatización del suelo por parte de firmas privadas y por el gobierno provincial y municipal. En este sentido, el río aparece como un recurso natural desaprovechado cuya reconversión conduciría a una ciudad más agradable, eficiente y sostenible para lxs ciudadanxs y turistas que lo visitan. Como bien señala Swyngedouw: “cuántos de los recientes esfuerzos de planificación sostenible legitiman sus actividades invocando cierta visión trascendental de una Naturaleza que se ha desajustado y requiere ser reequilibrada, un procedimiento que reequilibraría, a su vez, el orden social” (2011, p. 43, mayúscula en el original). Es así que, las visiones se proyectan desde la funcionalidad, pero en su mayoría no ahondan en los aspectos ecosistémicos y biológicos del río.

En varios sentidos, las preocupaciones sobre el río se centran más en cómo incorporarlo al aura productivista de la ciudad, que en cómo remediar los problemas sanitarios de su contaminación. En menor medida, existen producciones ensayísticas desde la arquitectura y el urbanismo que intentan sobrepasar este paradigma, el libro Suquía Urbano compilado por Vitas et al. (2020), reúne algunas de estas propuestas.

En el plano fáctico, la voz oficial del gobierno, invoca reiteradamente la imagen de una ciudad ecológicamente amigable, una ciudad inteligente donde prima la economía circular, la diversidad de culturas y la justicia social, todo bajo el incuestionable paraguas de la sostenibilidad, que aún perdura como escolta inseparable del desarrollo. Esta visión, también común a muchas firmas privadas importantes en relación con el desarrollo urbano de Córdoba, defiende, explícita o implícitamente, la idea de que puede existir una correcta combinación de tecnologías y soluciones administrativas que permitan sortear los problemas ecológicos sin trastocar la matriz económica y sin revisar nuestra relación alienante con la naturaleza. Como ironiza Swyngedouw (2011), pareciera que: “si se implementan los aparatos técnico-administrativos correctos […] el orden socio-ecológico que conocemos puede ser salvado, rescatado del Armagedón ecológico” (p. 52). Cuestión que dilata y evade interrogantes profundos en torno a la matriz socioeconómica imperante y sus efectos sobre la naturaleza, a la vez que propicia una creciente imaginación tecno-burocrática en rigor de la solución a diferentes problemáticas ambientales, obturando otras sensibilidades posibles y opacando cualquier intento de imaginar una situación radicalmente distinta.

Acerca de la puesta en valor y la fragmentación urbana

En proximidades del río Suquía es posible encontrar ranchos y casillas en donde residen familias en condiciones de marginalidad, sin ningún tipo de servicio en sus hogares. Debajo de los puentes y entre los recovecos de los terrenos baldíos, suelen hallarse carpas y refugios, improvisados por personas que no poseen vivienda. Estas imágenes contrastan, no solo con la materialidad de las torres y los barrios privados, sino con los discursos que permean las transformaciones del río Suquía.

En los últimos años, algunas de estas viviendas ubicadas en las proximidades del río, entre vías obsoletas y barrios cerrados, han sido relocalizadas, ejemplos de ello fueron el de la villa Los Chapones y la villa Las Tablas, en barrio General Paz. La Figura 8 retrata algunas de las moradas que se encontraban en el sector. Un número reducido de familias fue reubicado en viviendas hechas con containers en el mismo terreno, pero separadas de las vías; otras fueron desplazadas sin notificación previa y ningún tipo de solución habitacional. Algunas personas, en su mayoría solitarias, continúan acudiendo a este espacio y zonas adyacentes en busca de refugio.

Viviendas informales frente al río Suquía
Figura 8
Viviendas informales frente al río Suquía

Referencias: a) barrio Providencia; b) barrio General Paz.

Fuente: registro propio, año 2022

Interesa señalar, en este apartado, que la estetización del paisaje tiene un alto contenido ideológico y político. Desde los estudios de Cosgrove (2002) sobre el carácter burgués de la idea de paisaje en Occidente, hasta los planteos de Carman (2011) sobre el embellecimiento de la naturaleza y los procesos de segregación social en Buenos Aires, podemos advertir que la estética no es un asunto neutral. Para realizar un diagnóstico de los valores y la moral que impregnan los paisajes de la ciudad planificada (Delgado, 1999) desde el mercado, podemos acudir a la industria publicitaria y el marketing que acompaña a los desarrollos inmobiliarios privados. Esto resulta adecuado, dada la proliferación de este estilo de urbanización en las proximidades del Suquía y entendiendo que, los dispositivos de presentación y comunicación de estas espacialidades son parte integral de sus posibilidades de existencia efectiva.

Las publicidades parecen actualizar el sentido de la visión burguesa del paisaje que Cosgrove (1998) criticaba en Social Formation and Symbolic Landscape, recalcando que se trata de un concepto ideológico que representa: “la forma en que ciertas clases de personas han otorgado significación a ellos mismos y a su mundo a través de su relación imaginativa con la naturaleza, de la cual ellos han subrayado y comunicado su propio papel social y el de los demás respecto a la naturaleza externa” (p.15, traducción propia). La cita nos habla de la construcción identitaria de una clase social a través de un vínculo imaginario con el territorio y con el resto de la sociedad. En estos términos, incorporando las ideas del autor al planteo, lo importante, para nuestro caso, es reconocer de qué modos el marketing asociado al desarrollismo inmobiliario, acude a la construcción de un otro abyecto. En la fantasía de estos dispositivos publicitarios, ese sujeto otro, en primera instancia, toma la forma del espacio público y con ello de lo impredecible, de lo azaroso, de aquello que es necesario evitar por contingente. Pero este discurso también se hace carne y se corporiza en las identidades que quedan excluidas de los modos propuestos por el mercado para ser y estar en la ciudad y, en consecuencia, de cómo ser ciudadanx.

Ante la imprevisibilidad y el azar del espacio público, los discursos mediáticos sobre la inseguridad y los múltiples riesgos de la ciudad no planificada, la publicidad nos ofrece un mundo de ensueño que invita a lxs compradorxs a entregarse a una vida de continua satisfacción. Entre otros aspectos, estas operaciones incluyen evitar una visión directa hacia paisajes que evidencien desigualdad o marginalidad social, las promesas recaen en una vista dirigida a la naturaleza. La alusión a la seguridad, aspecto fundamental del programa, remite a un afuera amenazador. En última instancia, lo que se está promoviendo es la construcción de barrios cercados y espacialidades valladas perimetralmente, cuyo ingreso es custodiado por todo tipo de instrumentos de vigilancia, incluidas cercas electrificadas. Esto, no solo se expresa en los barrios cerrados, sino que alcanza la esfera pública.

En efecto, en los últimos años se evidenció un aumento de vigilancia que involucra a la Patrulla del río, una división especial de la policía, encargada de controlar el corredor del Suquía. A su vez, esta ciudad de bordes duros, incluso carcelaria por decirlo en términos de Cesaroni et al. (2020), se extiende a los edificios y plazas que conforman la nueva identidad de Córdoba, los cuales, en muchos casos, incorporan rejas, puertas, vallas, policías y placeros en sus ingresos, como es el caso de la Nueva Legislatura, la Casa de Gobierno, el Centro Cívico y el parque Las Heras.

Podemos afirmar que la reproducción de la publicidad y sus efectos en el territorio, actualiza roles y posiciones sujetos a una diferenciación clasista que amplifica y naturaliza diferencias sociales. Aun así, el marketing esconde las relaciones desiguales que recrea, asumiendo una posición de pretendida universalidad, la cual se evidencia en la promoción de emprendimientos y espacialidades como una opción de consumo disponible para todxs lxs ciudadanxs, descansando en la simple elección de un modo de vida y, por lo tanto, dejando de lado cualquier tipo de referencia económica. En otras palabras, la publicidad enmascara y compensa los rasgos antidemocráticos de una sociedad (Berger, 2016).

Esta lectura de la mediación que se produce entre el paisaje y las imágenes publicitarias, nos ayuda a comprender la naturalización de las lógicas del mercado, pero también a entender las sendas que toma la política pública. Por ejemplo, durante 2022, en el corredor norte del río Suquía se reacondicionó la Isla Zipoli, un espacio verde que no contaba con vías de acceso desde las avenidas que la circundan. La ubicación de la isla se emplaza entre dos brazos del río y está enmarcada por zonas residenciales disímiles. De un lado, se sitúa Villa Siburu, un barrio popular con viviendas pequeñas y de condiciones precarias; del otro, se puede apreciar una serie de torres country y barrios cerrados, mientras se construye el complejo residencial Opera Park de Grupo Proaco. La puesta en valor de este sector involucró un reordenamiento forestal, la instalación de juegos, bancas, e infraestructura para la realización de deportes, la construcción de una bicisenda y una pasarela peatonal. Sin embargo, el puente de acceso solo conecta la isla con lxs ciudadanxs que viven en los barrios cerrados; mientras que, desde el otro margen, no existe un ingreso directo.

En este caso, la separación clasista, la fragmentación urbana y la accesibilidad desigual a espacios comunes alcanzan un estado de hipervisibilidad. De todas maneras, la empresa Proaco desdibuja tal segregación, en su spot publicitario difundido por YouTube y en su página oficial enfatiza que: “vivir en Opera Park es elegir disfrutar de los placeres reales de la vida moderna en un condominio de lujo” (Grupo Proaco, 2023). En la publicidad de Opera Park se condensan varios de los sentidos explorados en esta sección. En principio, el verbo «elegir» remarca la despolitización del consumo.

Por último, y no menor, debemos prestar atención a las representaciones de estos emprendimientos a través de renders (imágenes técnicas) que anticipan su materialidad por medio de paisajes de aura preciosista-funcionalista. Para nuestro caso, Opera Park es tan solo un ejemplo acotado de los numerosos proyectos privados de vivienda en el río Suquía, en los que la naturaleza ocupa un rol central dentro de los elementos y discursividades que configuran la oferta habitacional. Los parques privados, en adición a un exterior pintoresco que se presenta como un horizonte para ser observado, forman parte de la estrategia habitual de promoción en este tipo de espacialidades.

Reflexiones finales

En su inicio, el escrito detalla algunos aspectos físicos con relación al río Suquía, su cauce y los problemas ambientales a los que se ve expuesto. Seguido de ello, presenta un panorama general de la dinámica de Córdoba ante la economía neoliberal y la consolidación de un modelo de urbanismo en el que se imbrican constantemente los ámbitos privados y públicos, con una marcada tendencia a la mercantilización del espacio. Posteriormente, se hace mención a las formas en que la estetización del paisaje de la ciudad se acopla a este paradigma a través de la consolidación de circuitos turísticos, remarcando el rol de la arquitectura y el diseño en este proceso. Con estas ideas se procede a identificar cómo el río se torna en una espacialidad deseable desde el punto de vista del mercado. En este marco, se aborda la política de puesta en valor del Suquía, evidenciando las infraestructuras edilicias que se emplazaron en el sector, en un periodo acotado. En otra instancia, se realiza una crítica a los modos en que la recuperación del río se orienta por una visión tecnificada que olvida su condición de naturaleza y relega aspectos centrales de su biología y ecología en favor de una discursividad festiva acerca de la aglomeración de edificaciones y equipamientos urbanos. Por último, se señala el carácter clasista de estas transformaciones y los modos en que repercute en la vida de ciudadanxs de pocos recursos que habitan el sector.

Las salidas de campo, el registro de las obras e infraestructuras mediante fotografías, el análisis de discursos oficiales, sumado al examen de fuentes secundarias y el estudio de propagandas y publicidades, posibilitan una estrategia expositiva que da cuenta del proceso acelerado de renovación del río y habilitan una visión crítica respecto de la matriz mercantil que atraviesa el proceso de transformación territorial.

Resta avanzar en la investigación con la construcción de instrumentos cuantitativos que permitan reunir y visualizar informaciones de manera simplificada: mapas con valores de rentas antes y después de la renovación, imágenes satelitales multitemporales sobre cobertura del suelo y tablas de análisis de los costos de las obras efectuadas y en construcción. Por otra parte, expuestas las generalidades del caso, la realización de entrevistas a actores clave, puede contribuir a profundizar diferentes aspectos de relevancia con relación a las nuevas formas de habitar el río, a la vez que podría posibilitar la expansión del estudio a otros imaginarios sobre el Suquía que desborden la visión hegemónica del Estado y el mercado. Esto también daría lugar al cuestionamiento sobre la participación ciudadana en estos procesos de transformación territorial a gran escala.

El artículo pone en relación una extensa bibliografía que pivotea entre estudios de la economía neoliberal y los efectos en la ciudad, turistificación y estetización del espacio, segregación urbana y crítica socioambiental. Los aportes de este escrito se concentran en el esfuerzo por entrever cómo una espacialidad marginal de la ciudad se torna deseable desde el punto de vista del mercado, a la vez que se acopla a un contexto en el cual, el consumo estético y el ocio, ocupan un lugar significativo de la experiencia urbana contemporánea; denotando, asimismo, el rol de las estrategias de marketing público-privado. Por último, remarca de qué modo la naturaleza se convierte en un elemento central de la revitalización y cómo la transformación del río motoriza un imaginario de Córdoba asociado al desarrollo y el progreso de la ciudad, que para el discurso oficial y las empresas desarrollistas, navega entre fantasías de una urbanidad inteligente y sostenible con una infraestructura moderna de aura futurista.

Se concluye que, es el mismo río y su naturaleza, los que quedan diezmados en la ecuación. El deseo de un entorno y una economía ambientalmente sustentable y de acceso universal, se licua en un avance significativo del sector inmobiliario y una mayor asociación entre mercado y Estado, que no cuestiona la lógica de producción del espacio ni las formas de consumo y extracción de rentas extraordinarias con relación a la naturaleza.

El Suquía, a veces raquítico, otras incontenible, continúa surcando la urbe, desafiando una recuperación que nunca es total ni permanente y que pone en entredicho, no solo los intentos de una ciudad completamente planificada y controlada, sino también el vínculo imaginario de cordialidad entre la sociedad y su río, que la puesta en valor pregona.

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Notas

1 Se enmarca en una instancia de formación y tesis doctoral en geografía cuya investigación se enfoca en el estudio de las transformaciones materiales y simbólicas llevadas a cabo desde el año 2011 sobre el río Suquía, en el área central de la ciudad de Córdoba.
2 Se invita a lxs lectorxs a revisar el documental El grito del Suquía, del año 2021, en el cual se retrata la contaminación del cauce del río y sus efectos en la ciudad (El Agora Asociación, 2021).
3 Al respecto de la contaminación del lago San Roque, las investigaciones e informes del químico Exequiel Di Tofino condensan algunos de los aspectos más relevantes de la problemática. En 2020 brindó una conferencia a través de la red TED y en asociación con la Universidad Católica de Córdoba (TEDx Talks, 2022).
4 El Convenio RAMSAR es un tratado internacional orientado a la conservación y el uso racional de humedales, al cual Argentina adhiere en el año 1991.
5 Sobre la inauguración de esta obra y los detalles de la capacidad de la planta de tratamiento de líquidos cloacales se puede consultar Bajo Grande: ya funciona la […], (2022).
6 Uno de los efectos de tal dinámica fue la conformación, en 2004, de la Cámara empresarial de desarrollistas urbanos de Córdoba (CEDUC), organismo que nuclea numerosas firmas vinculadas al rubro de la construcción y la industria inmobiliaria y cuyo accionar es decisivo en virtud de las mutaciones de la ciudad.
7 La feria Las Heras es un espacio de comercialización que originalmente se caracterizaba por la autogestión y se realizaba los fines de semana en el parque Las Heras. En ella, se reunían numerosos puesteros que se acercaban a vender todo tipo de mercancías, principalmente ropa usada. Desde mediados de 2021, la feria fue trasladada al boulevard Las Heras y gestionada por el municipio de la ciudad.
8 La recuperación del río estuvo presente en numerosas publicidades del gobierno municipal y provincial durante los años 2019-2023. En particular, una de ellas, resume el espíritu de estos dispositivos de comunicación respecto al Suquía y sus transformaciones (Municipalidad de Córdoba, 2021).
9 Pueden encontrarse diferentes proyectos arquitectónicos urbanísticos de alumnxs y profesionales de arquitectura referidos al río Suquía. Muchos de estos trabajos se promocionan a través del medio La Voz.
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