Presentación
Presentación
Presentation

El estudio del patrimonio cultural de un país es de suma importancia para la academia, sobre todo, porque contribuye al fortalecimiento de nuestra identidad y genera conciencia para su conservación, protección y difusión, tanto a escala nacional como internacional.
Conservar el patrimonio de un país es una labor que nos compete a todos. Conocerlo es una responsabilidad de cada ciudadano. Difundirlo es la tarea de una sociedad en su conjunto. De ahí el importante papel que juegan los museos en un país, al generar una relación entre ciudadano y patrimonio que coadyuva al mejor desarrollo cultural y a la transformación social.
Por ello, al hablar sobre la importancia de los museos y en qué contribuyen al fortalecimiento y desarrollo de una sociedad como la nuestra, podemos dimensionar tres aspectos básicos: la formación educativa a través de la historia, la investigación y el resguardo de los bienes culturales.
Si hablamos de la formación que propician los museos es porque, mediante la exhibición y el resguardo de piezas, muestran a las presentes —y mostrarán a las futuras— generaciones cómo fue el desarrollo de la sociedad en los diferentes ámbitos (político, social, económico y cultural). Estos espacios son los que evidencian de dónde venimos y cómo hemos crecido con el tiempo, y en cierta forma hacia dónde deberíamos de dirigirnos.
En los museos también se evidencia el esfuerzo que hacen los investigadores y museólogos; y sus piezas de resguardo son insumos fundamentales para el estudio. A través del trabajo de investigación es que conocemos de primera mano cómo fue nuestra forma de producir, de gobernar, de convivir y el significado de los vestigios materiales; y es gracias a las investigaciones en las colecciones de los museos que logramos datos que ayudan a crear fundamentos claros y precisos del pasado.
Asimismo, los museos son los principales centros de acopio de la historia de las naciones. En El Salvador, por ejemplo, se resguarda la memoria de las principales etapas del crecimiento de nuestra sociedad: desde piezas e instrumentos que utilizaron nuestros ancestros para llevar el sustento a sus familias hasta las que emplearon —y se siguen utilizando a veces— para diferentes expresiones artesanales y artísticas. En ese sentido, son recintos que funcionan como centros de consulta y resguardo de los tesoros nacionales. Están allí para que los visitemos y accedamos al saber de los pueblos originarios, al desarrollo de nuestras sociedades y a los avances que hemos tenido hasta nuestros días, es decir, de esta era digital a la que muchos le temen porque piensan que los desplazará, cuando, por el contrario, lo digital se vuelve también una plataforma para expandir el conocimiento y la identidad de las sociedades.
Dentro de esta misma línea de reflexión, el contenido de la revista Kóot incursiona en el papel que juegan y el desarrollo que han tenido los museos en nuestro país. Además, se muestra cómo estos han posibilitado la conservación y acceso a obras de arte o a objetos de valor histórico, logrando con ello aumentar el conocimiento en torno al patrimonio cultural del país.
Como es de conocimiento en la comunidad universitaria, esta revista aborda temas referentes a la museología, antropología, arqueología, historia y las artes en general, con el propósito de fomentar el intercambio académico con universidades e instituciones afines y que el público cultive el aprecio por el legado de dichas ciencias.
De ahí que en este número encontraremos una importante investigación realizada por el arquitecto Óscar Batres Posada, quien escribe sobre los 130 años de vida cultural del Museo Nacional “Dr. David J. Guzmán”, espacio que se constituye en uno de los referentes para las investigaciones que permiten enlazar los eslabones de nuestra historia cultural y en testigo de la evolución del pensamiento académico y del interés de Estado por el rescate, conservación y difusión de nuestro patrimonio cultural.
Se destaca además el importante papel que ha jugado el Museo Universitario de Antropología en la conservación y difusión del patrimonio cultural de nuestro país, mediante el ensayo de Melissa Regina Campos, quien presenta con mucho detalle el proceso de incorporación de la Universidad Tecnológica de El Salvador, Utec, a la tarea de conservar y proteger el patrimonio, destacando el paisaje urbano y la nueva forma de mostrar el legado edificado de nuestro país.
También se encontrará importante información en el artículo sobre los 32 años de trabajo comunitario del Museo Matachín de Cuba, en una reseña de Alejandro Hartmann Matos. A partir de esa lectura descubrimos cómo este museo ha brindado un gran aporte a la museografía cubana.
Estos ensayos se complementan con la investigación histórica de los proyectos de gestión del patrimonio construido elaborada por Jorge Rolando García Perdigón. Este estudio presenta una excelente propuesta metodológica para la realización de investigaciones sobre los proyectos y para el manejo del patrimonio edificado.
En la línea de conocer sobre nuestra historia e identidad, el maestro Salvador Marroquín, destacado investigador de la Utec, presenta un estudio que realizó sobre el himno nacional de El Salvador, tomando como referencia los contextos social y político de la época. El autor también hace una magistral presentación e interpretación de los símbolos patrios, con especial énfasis en el desarrollo cultural que ha tenido nuestro himno en los últimos años.
Por otro lado, Ana Cecilia Vilá de Lara nos explica los acontecimientos sociales y de violencia que vivió El Salvador en torno a 1932, reflejados en la obra de Claribel Alegría titulada Cenizas de Izalco. En esta obra, según Vilá, se exponen intrínsecamente las injusticias sociales que vivían las mujeres en ese período de la historia salvadoreña, al tiempo que se muestra el profundo compromiso social de la escritora con la realidad vivida en su infancia y juventud bajo el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez.
Finalmente, se da una mirada hacia el exterior a través de una reflexión hecha por Juanita Santos Moreno sobre la decadencia de los ríos San Francisco y San Agustín, de la ciudad de Bogotá, Colombia. Este tema es muy interesante al hacer un parangón de la condición de dichos afluentes con la de los principales ríos de nuestra tierra, en vista también de los cambios climáticos globales y sus efectos en los sistemas pluviales y acuíferos locales.
En suma, son siete investigaciones muy valiosas que se presentan y comparten ahora con la academia salvadoreña y con el estimado lector interesado en estos temas. Cada una de ellas desde su especificidad y bajo las normas que se requieren para una publicación seria, que busca difundir la investigación museológica y de otras ramas afines de la ciencia desde el punto de vista antropológico.



