

Reseñas
¿La Libertad Avanza? El ascenso de Milei y la derecha radical en Argentina. Gisela Pereyra Doval, Sebastián Castro Rojas, Juan B. Lucca, Esteban. Iglesias y Gastón. Souroujon. Prometeo, Buenos Aires, Argentina, 2024 (167 pp.). ISBN 978-631-6604-75-0
Estudios Sociales. Revista Universitaria Semestral
Universidad Nacional del Litoral, Argentina
ISSN: 0327-4934
ISSN-e: 2250-6950
Periodicidad: Semestral
vol. 69, e0111, 2025
![]() | Pereyra Doval Gisela, Castro Rojas Sebastián, Lucca Juan B., Iglesias Esteban, Souroujon Gastón. ¿La Libertad Avanza? El ascenso de Milei y la derecha radical en Argentina. Gisela Pereyra Doval, Sebastián Castro Rojas, Juan B. Lucca, Esteban. Iglesias y Gastón. Souroujon. Prometeo, Buenos Aires, Argentina, 2024 (167 pp.). ISBN 978-631-6604-75-0. 2024. Buenos Aires, Argentina. Prometeo. 167pp.. 978-631-6604-75-0 |
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El título del libro inicia con un interrogante: ¿La Libertad Avanza? Polémica y asertiva, en esa pregunta asoma el desafío de analizar un fenómeno reciente y en desarrollo, cuya incertidumbre apremia el otorgamiento de un nombre. La travesía asumida por Gisela Pereyra Doval, Sebastián Castro Rojas, Juan Bautista Lucca, Esteban Iglesias y Gastón Souroujon expresa una preocupación analítica que ha unido a los autores, a modo de pintores o arquitectos, en el diseño de una obra que intenta retratar a este «nuevo animal». Si bien existe un ordenamiento lógico de los capítulos, cada uno presenta abordajes propios de sus campos de especialización, ofreciendo cinco áreas problemáticas que, en su lectura conjunta, componen un cuadro tentativo de los procesos que cimentaron el ascenso de la derecha radical y las lógicas de acción política de La Libertad Avanza (LLA).
Cada autor/a plasma en el libro una trayectoria propia en la producción de conocimiento sobre las derechas, aportando preguntas, enfoques y respuestas desde la Ciencia Política, la Historia, las Relaciones Internacionales y la Comunicación Social. La capacidad de captar matices y complejidades se explica, en parte, por ese abordaje multidisciplinario, pero también por los distintos recortes temporales que organizan cada capítulo. Las temáticas y enfoques divergen al igual que las temporalidades, ofreciendo combinaciones que captan las reconfiguraciones al interior del campo de las derechas y su imbricación con el tejido social. En ese marco, el escrito despliega un abanico de posibilidades para leer a LLA y comprender algunos rasgos de nuestro clima de época. No solo habilita reflexiones acerca de las tradiciones de derecha en la historia política argentina, sino que además indaga las estrategias de acción en una lucha política surcada por la tensión entre pragmatismo y dogma, el posicionamiento del gobierno en materia de política exterior y los modos de transitar una esfera pública crecientemente digitalizada y confundida con el fuero privado. En estos análisis se exploran elementos y procesos -de corta, mediana y larga duración- remanentes de la historia política democrática y emparentados con la coyuntura. Con anclaje histórico y teórico, posan su mirada sobre el presente y el porvenir; siguiendo los estilos de lenguaje accesible y prosa despejada que caracterizan las voces encargadas de su presentación y epílogo: Steven Forti y Pablo Stefanoni, dos referentes ampliamente reconocidos por sus aportes al campo teórico que estudia a las derechas contemporáneas. Estas participaciones dan cuenta del esfuerzo epistemológico de este libro por expresar actualidad sin perder rigor científico.
Como explica Forti en el prólogo «Milei: ¿de qué es el nombre?», la preocupación por dar un nombre al fenómeno de derechas que asciende en Argentina no es una simple controversia académica. Se trata más bien de una necesidad política básica de comprender qué ocurre en el mundo hoy. Podemos insertar a Javier Milei en una heterogénea familia global de derechas que comparte referencias ideológicas y estrategias políticas y comunicativas, que se influyen mutuamente y actualizan en función de las culturas políticas preexistentes, las percepciones de los actores políticos, sus intereses u objetivos. Aunque Steven destaca como innovaciones del mileísmo su estilo rebelde y la apuesta paleolibertaria, advierte que estos elementos, más que nuevos, son resabios del pasado traídos al presente con una radicalidad y una agresividad sin precedentes. Se refiere a la importación de las tesis más radicales de Murray Rothbard y la lectura desmesurada de las recetas neoliberales de Thatcher y Reagan; entronizadas con un autoritarismo mesiánico que nunca antes habían tenido lugar en el imaginario argentino. Recordemos que en 40 años de democracia ininterrumpida jamás se atestiguó la irrupción de una derecha radical. En este sentido, encontrar las claves interpretativas de los fenómenos que -a simple vista- parecen interrumpir la realidad, es -paradójicamente- una forma de reinsertarlos en ella.
Para enfrentar este desafío, los autores proponen comenzar por al menos tres procesos que pueden ofrecer pistas para comprender el fenómeno: la polarización política, las transformaciones en las formas de representación y comunicación impulsadas por la revolución digital, y los cambios en los repertorios de movilización social. Estos procesos dieron lugar a una nueva configuración de sensibilidades políticas que, tras abrirse paso de forma paulatina, logró instalarse con fuerza en el escenario pospandémico. Los tres ejes iluminan la pregunta por el surgimiento de LLA y presentan posibles interpretaciones de sus exploraciones como fuerza de gobierno. Acerca de este último punto, destacan una correspondencia entre las promesas radicales durante la campaña electoral y el quehacer político; la convergencia de distintas tradiciones de derecha argentina y revitalización de sectores y discursos subterráneos; y el mantenimiento de una calma ciudadana y continuidad de la cotidianeidad sustentada en el aprendizaje político institucional, la simplificación comunicativa y una oposición política desorganizada junto a la expectativa de implosión sin heridos en caso de fracaso libertario. A partir de estos puntos de apoyo se desarrollan los cinco capítulos que continúan a la introducción, explicitando en ella el riesgo de escribir sobre un presente movedizo y un animal impredecible.
Gastón Souroujon inicia los primeros acercamientos a la clasificación taxonómica del reino animal con «Argentina en la cueva de los leones. Javier Milei y La Libertad Avanza, entre el resentimiento y la esperanza». En él, comienza por resaltar el carácter sorpresivo de Milei, quien ocho años antes de su salto a la política, aparecía en la tv como parte de un grupo de influencers e intelectuales que dieron forma argentina a la estrategia metapolítica difundida por la Nouvelle Droite de Alain de Benoist, que advierte la necesidad de combatir al marxismo en la arena cultural. Su llegada vertiginosa a la presidencia lo convierte en un verdadero outsider en la historia política argentina e iniciador de la cuarta ola de ultraderecha en nuestro país. La radicalidad de la incorrección política y el debilitamiento del compromiso democrático da cuenta de la porosidad de fronteras entre las derechas mainstream, extrema y radical. En este sentido, Souroujon se propuso (a) comprender las tradiciones teóricas de derecha que expresa LLA e indagar categorías útiles para su estudio, y (b) rastrear los orígenes de la gestación de una nueva configuración de sentimientos y el éxito libertario en su interpelación.
En el primer apartado, el autor declara que el problema de la definición no es un capricho intelectual. La novedad semántica de la autodesignación libertaria encierra principios distintivos de la tradición libertaria norteamericana que explican su radicalidad. El componente moral en la justificación sobre la prevalencia del mercado sobre la política, hace de LLA una práctica política fundamentalista, mesiánica, revolucionaria y comprehensiva. De estas características desprende visos de pensamiento utópico, inédito en gobiernos argentinos y con escaso peso político en el universo de las derechas. El laboratorio de paleolibertarismo argentino (derivado de la combinación de aportes de Rothbard y Rockwell) se expresa en la confluencia -por afinidad electiva- de tradiciones nacionalistas autoritarias, conservadoras, cristianas y de otros espacios neoliberales en la coalición de partidos de LLA. Piso de encuentros móvil, las tensiones internas y los desplazamientos de símbolos y significaciones no permiten vislumbrar una nueva figura totalmente independiente. Los rasgos de la fisonomía de este nuevo animal no se moderan con su llegada al poder. Más doctrinario que pragmático, vemos la materialización de sus principios en el Decreto de Necesidad y Urgencia y el proyecto de Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos. Dado que la razón importa más que los votos, las condiciones empíricas y las negociaciones no son consideradas en este pensamiento utópico destructor del universo político. El león de Maquiavelo queda huérfano del zorro en un mundo sin dobleces ni mediaciones, en que el que la bestialidad y la fuerza cruda dominan. La incorrección hace del insulto, una virtud y del permiso y del perdón, una debilidad. Esta concepción del poder como juego de suma cero y el nuevo modo de razón pública atacan las bases del ethos liberal que por décadas acompañó a la democracia, desplazando los límites de lo válido y lo repudiable en el espacio público. Estas visiones implican una tensión permanente con la democracia, plasmada incluso en la narrativa histórica de LLA; en la cual la decadencia argentina y la constitución de la «matriz del mal» se fechan en años sacros para la democracia: 1916 y 1983. Estas provocaciones se acompañan de una reivindicación del mote de derecha, sin vergüenza ni timidez ante la asociación con el autoritarismo inscripta en la memoria política. Milei se sitúa como enemigo acérrimo del marxismo y defensor de Occidente, reintroduciendo en la política argentina el clivaje derecha-izquierda.
Souroujon busca las marcas de interpelación de la prédica libertaria en su agresividad novedosa afín a una generación y a una época. El resentimiento aparece como la emoción central de los últimos años, desde el inicio de la polarización afectiva en 2008 y especialmente durante la presidencia de Mauricio Macri; momento en que la meritocracia funcionó como base de una concepción normativa de justicia de anclaje moral que hacía de la política populista, los empleados públicos y los beneficiarios de ayudas sociales, los responsables de la corrupción de una distribución justa e indignos de compasión. El resentment contra los que atentaban contra la meritocracia se desplaza a un ressentiment, deseo de castigo ante la larga duración y la articulación de los agravios. Esta última expresión fenomenológica del resentimiento se expandió durante el debate sobre el aborto en 2018, para ganar absoluto arraigo con la pandemia de Covid-19. El discurso paleolibertario se encastró con el resentimiento y la espera de una venganza, invirtiendo valores y legitimando prejuicios, prácticas e imaginarios previamente desterrados. En un mundo de pos vergüenza (Wodak), la satisfacción ante el dolor y el deseo de castigo se combinan con la esperanza de un futuro, a riesgo de quebrar el régimen democrático y la reproducción social.
El segundo capítulo se titula «Dime cómo protestas y te diré quién eres. Los repertorios de la acción colectiva ante el aluvión Milei». En él, Esteban Iglesias analiza los derroteros de los repertorios de acción colectiva piquetero, laboral y derechista en sus modulaciones y disputas desde comienzos del siglo XXI. El flujo movilizacional derechista fue fundamental en la constitución del clima de ideas con el que germinó el fenómeno Milei. A partir del «conflicto del campo» del 2008 y hasta 2011, los repertorios laboral y piquetero se resquebrajaron y/o quitaron paulatinamente su apoyo al gobierno kirchnerista; mientras que el repertorio derechista recuperó demandas en torno a la seguridad de inflexión punitivista y la exigencia de «Memoria Completa» (ante la política de juicio y castigo a los militares represores de la última dictadura militar), para articularlas en torno a la defensa de la propiedad privada con el discurso de la Argentina productiva, de fuerte componente moral. Este repertorio se consolidó al aglutinar, en torno al antikirchnerismo, miembros de las dos familias argentinas de derechas: la nacionalista-reaccionaria y la liberal-conservadora. Este principio de fusión (Morresi y Vicente) se nutrió de la consolidación de la polarización entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo, encontrando esta última expresión partidaria en el PRO.
En el marco de una expansión de derechos sobre género y sexualidades, impulsada por los feminismos, el repertorio derechista redobló su apuesta encabezando en las calles un ciclo de protestas entre 2012 y 2013 en los principales centros urbanos del país. A las clases medias urbanas se sumaron desencantados kirchneristas en las manifestaciones, a base de redes y cacerolazos, contra la figura de Cristina Fernández de Kirchner y sus modos de hacer política. Con el triunfo de Cambiemos, el movimiento se ralentizó con la canalización de demandas y el ingreso de activistas al gobierno. La dispersión y fragmentación de las organizaciones del mundo del trabajo, hizo de los feminismos la nueva oposición al gobierno de Mauricio Macri. Cuando en 2018 el gobierno habilita la discusión por la legalización del aborto, las energías conservadoras de la sociedad volvieron a las calles en marchas multitudinarias y con una intensa actividad en redes sociales. Este accionar fue catalizado durante la pandemia con la oposición al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). Las marchas anticuarentena fueron antigubernamentales y antikirchneristas, consolidaron la amalgama de la modalidad de protesta conectiva con la presencia física y presentaron un conjunto heterogéneo de consignas y demandas que denunciaban la concentración de poder y el bloqueo a las libertades ciudadanas. El impacto de la pandemia en la prédica antiestablishment y en el avivamiento de un clima de época surcado por la exigencia violenta de un cambio en el sistema político es evidente en el desplazamiento del antagonismo que los trabajadores de reparto de Rappi y Pedidos ya hicieron de las empresas al Estado, y en el intento de magnicidio sufrido por CFK, que reveló la actividad de grupos de ultraderecha en el país. El discurso político de LLA atacó a la totalidad de la clase política y, como fuerza de gobierno, emprendió la modificación estructural de los mecanismos institucionales que regulan las relaciones sociales. Los repertorios piquetero y laboral, así como los feminismos y los organismos de DDHH, han objetado la gestión gubernamental por la inconstitucionalidad y el carácter represivo de sus iniciativas (el DNU 70/23 y el protocolo antipiquetes, respectivamente).
El paro general organizado por la CGT, el 8M de los feminismos, el piquetazo, la conmemoración del 24 de marzo convocado por el movimiento de DDHH y la protesta del movimiento universitario son cinco hitos en la confrontación política con el gobierno paleolibertario que dan muestras de las modificaciones en las dinámicas y morfología de la acción colectiva. La movilización estudiantil tuvo el apoyo de ciudadanos independientes, representaciones gremiales de los trabajadores formales, el movimiento de derechos humanos, partidos políticos opositores e incluso de universidades privadas. El volumen del flujo movilizacional, su transversalidad e intergeneracionalidad, dificultaron al gobierno la definición de un enemigo político e hicieron de la Marcha Federal el primer impacto verdadero al gobierno de Javier Milei, a pesar de que no haya sido una impugnación reducida a su figura o proyecto.
En el tercer capítulo -«El fenómeno Milei y las caras partidarias de La Libertad Avanza»-, Juan Bautista Lucca se interna en los recovecos del rostro de LLA, buscando entre sombras y trazos, sus facetas partidarias y efectos en el juego partidario habitual de la Argentina. Para ello retomó las clasificaciones propuestas por Vladimir Key Jr. y por Richard Katz y Peter May, distinguiendo entre el partido en el electorado, el partido en cuanto organización y el partido en las instituciones públicas. Respecto al primer punto, es interesante la observación que Lucca realiza a partir de las encuestas realizadas en pospandemia. Las cuales mostraban índices de desconfianza hacia los partidos similares al 2001 pero, a diferencia de dicha coyuntura, coexistiendo con niveles medios de interés en la política. Esto demuestra que la coalición no solo condensó apoyos de distintos partidos (viejos y nuevos), sino que también encontró sustento y legitimidad en la imbricación territorial y de la opinión pública. No fue la tracción territorial de LLA, sino su discurso contra los «encerradores» porteños de la pandemia lo que le ganó el voto de los electores del interior del país. Al voto antipandemia, se suma el voto anticasta o partidos del statu quo, crítico del accionar del Estado y dispuesto al cambio, previslumbrado en las encuestas de opinión que auguraban a LLA contar con el optimismo político y la confianza de buena parte del electorado.
En cuanto a su organización, Milei se erige como líder de estilo comunicacional sin mediaciones (propio de la incorrección política), la dirigencia del partido se constituye de expertos provenientes del ámbito de la economía privada, el periodismo, medios de comunicación o influencers, profesionales liberales o exponentes religiosos, fuerzas partidarias tradicionales con trayectorias políticas deficitarias y dirigentes de partidos distritales inexpresivas electoralmente. Entre los miembros afiliados hay un reconocimiento de tres momentos: la génesis partidaria, el camino a las elecciones de 2023 y el primer año de gobierno.
Finalmente, respecto al partido en las instituciones, Milei embiste contra la cartelización partidaria con un discurso anti-establishment pero no antisistema. LLA se posicionó como una expresión radical en la búsqueda por influir en los resortes decisorios del Estado. Esto se aprecia en las drásticas modificaciones de las carteras ministeriales y la configuración de un contingente legislativo a base de socios coyunturales y aliados estructurales para otorgar mayorías al presidente. Sus tres estrategias para lograr legitimidad legislativa y realizar reformas estructurales fueron la negociación, el estilo decisorio a través del uso de los DNU y la convocatoria a gobernadores para firmar el Pacto de Mayo.
De este recorrido, Lucca extrae cuatro desafíos a los que se enfrenta el Jano político-partidario: hacer perdurable o estructural su apoyo electoral, la supervivencia de su faceta organizativa ante el crecimiento del partido en el gobierno, conservar su fervor sin comprometer su capacidad de negociación y expandir la vida de su fuerza política para no caer en el ostracismo o la inexpresividad electoral cuando cambie el pulso político. El reto final es para el analista, quien con emociones variadas tiene la tarea intelectual de narrar para el futuro un presente oscuro.
En el cuarto capítulo «El ascenso del Fénix libertario. Discursos, trolls y derecha radical en Argentina», Sebastián Castro Rojas aborda la construcción de mensajes en las redes sociales y las acciones digitales de LLA. En la comunicación política contemporánea, el lazo político se traslada también a la esfera digital, donde el intercambio e interacción de contenidos ocurre sin mediaciones. Citando a Castells, la comunicación de masas ha mutado en «autocomunicación de masas».
Además de las redes, proliferan canales digitales que se apropian de las lógicas de los medios tradicionales y dirigen sus contenidos a públicos específicos. Castro Rojas diferencia al menos cinco lugares de disputa por la atención, el consumo y la visualización: la calle, los medios de comunicación, los banners y carteles en el espacio digital, las redes como ejes de encuentro e intercambio de información y producción de sentido, y finalmente el espacio digital de consumo y reapropiación de contenidos por parte de propagadores, reproductores o fans del candidato que reafirman la elección por él. En las nuevas narrativas y producciones de sentido -mediante shorts de YouTube, stickers o memes- ya no importan los contenidos discursivos, sino su forma de circulación para consumo y esparcimiento ciudadano. Las narrativas digitales son la emergencia de lo aparente, lo líquido y lo fugaz de lo que se concibe como política.
A la difusión de contenidos programáticos y legislativos y a la retroalimentación entre el político y su público, se suman en redes el escarnio público y la persecución a modo de jauría. La potencia política de este entorno supera la comunicación gubernamental tradicional, al trasladar lenguajes y discursos de la esfera pública al ambiente digital. Las preferencias de los internautas marcan el quehacer político, que se vive a modo de campaña electoral permanente. Ponderando un lenguaje sencillo y llano, la comunicación política adopta el estilo de la incorrección, que reproduce discursos violentos que muestran la «autenticidad» del político en una conversación con la ciudadanía sin intermediarios. La expresión de emociones morales actúa también como un pronunciamiento o acción política. Esta forma de decir es distintiva del caso Milei, pero tuvo precedentes en Estados Unidos y Brasil, con las campañas de Donald Trump y Jair Bolsonaro.
En este escenario, dos rasgos definen las plataformas digitales: la propagabilidad y la pegajosidad en la interacción de contenidos, y la actividad coordinada de usuarios y seguidores activados por el líder. Respecto al primero, la circulación de mensajes multimediales favorece la apropiación y redistribución casi inmediata de contenidos por parte de los usuarios. A su vez, la activación política digital se encuentra mediada por sistemas algorítmicos que, a modo de «mayordomos digitales», seleccionan y jerarquizan los contenidos más relevantes según las preferencias, creencias y costumbres de cada usuario. De esta forma, los mensajes que captan valores, ideas, humores y emociones colectivas adquieren mayor visibilidad y masividad. Sobre el segundo rasgo, Castro Rojas explica que en el vínculo político digital, cada tuit, retuit, comentario o replay constituye una forma de participación política. En este sentido, Milei ha construido un vínculo con sus seguidores por fuera de las estructuras tradicionales y de la comunicación política habitual, y con el estilo de incorrección política. Existe una ligazón entre el presidente Javier Milei y su cuenta personal de X, @JMilei, con las cuentas de usuarios libertarios, ministros y diputados que distribuyen contenidos en sus propias redes. A ello se suman los trolls, que ejecutan y redistribuyen mensajes políticos de manera coordinada, reforzando ideas y valores libertarios. Estos usuarios actúan como un ejército ideológico, al perseguir enemigos políticos, demonizarlos y escracharlos como respuesta inmediata al mandato de los dirigentes. La activación digital, positiva o negativa, se convierte así en uno de los mecanismos fundamentales para comprender la relación entre Milei, sus seguidores y el ecosistema político-digital contemporáneo.
El capítulo final «El mundo según Milei: dogmatismo y sobre-ideologización en la Rosada», escrito por Gisela Pereyra Doval y María Victoria Alvarez, explica las oscilaciones en la política exterior a partir del rol de las ideologías, factor doméstico que funciona a modo de lentes para ver el mundo y condiciona las decisiones y políticas concretas. En Argentina, la Constitución le otorga al presidente atributos extraordinarios para el diseño y manejo de la política exterior, por lo que las creencias y visiones de los líderes tienen una influencia inevitable.
Hay dos tradiciones de derecha (la hispanista-nacionalista y la liberal-conservadora) que han influido en la política exterior argentina en distintos momentos de la historia y que hoy se han conciliado en un blend con tonalidades libertarias novedosas. Los esfuerzos de Milei por conciliar sus propias convicciones con lo que declara públicamente y con las opiniones de sus aliados políticos, genera una política exterior contradictoria basada en tres ejes: el marxismo cultural, el antiglobalismo y el occidentalismo rígido o dogmático.
El marxismo cultural hunde sus raíces en teorías conspirativas del siglo XX, reconfiguradas en clave contemporánea como conservadurismo cultural. Bajo consignas como «libertad o comunismo», Milei encuentra una narrativa binaria que le otorga pertenencia a la «Internacional Reaccionaria» al compartir enemigos y no considerar propuestas ideológicas compartidas. Esto lo aproxima a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, y lo vincula con partidos como VOX en España, con quienes comparte la idea de «Iberosfera». La consecuencia inmediata es la sobre-ideologización de la política exterior, que se traduce en tensiones con aliados estratégicos de la Argentina, como Brasil o China.
El antiglobalismo, segundo eje identificado por las autoras, opera como aglutinante de distintas derechas a escala internacional. En el caso argentino, se traduce en un rechazo a agendas globales asociadas a la igualdad de género, los derechos de los pueblos originarios, la ecología o el lenguaje inclusivo. Expresión de ello fue la eliminación de la Agenda 2030 del sitio oficial del gobierno y el rechazo en la OEA a los proyectos de Resolución sobre Derechos Humanos, seguridad hemisférica, fortalecimiento de la democracia y la igualdad de género representan una postura inaudita en la historia diplomática argentina. Sin embargo, este rechazo convive con fuertes contradicciones: mientras Milei desestima la posibilidad de ingresar a BRICS por motivos ideológicos, impulsa el ingreso a la OCDE, una organización que produce estándares y regulaciones globales. En este terreno, la política exterior oscila entre la subordinación a un ideario reaccionario y la búsqueda pragmática de beneficios económicos.
El tercer eje, el occidentalismo dogmático, conduce a una identificación casi absoluta con Estados Unidos y, en particular, con Donald Trump. En este marco, Milei interpreta la política internacional como una cruzada civilizatoria en defensa del «alma de Occidente». La práctica discursiva de sermonear a líderes extranjeros y la constante apelación a «las fuerzas del cielo» revelan un estilo mesiánico, donde el mundo se concibe en términos maniqueos de bien y mal. Pero esta identificación no solo desplaza a la Argentina de la agenda regional -rompiendo, por ejemplo, con la tradicional diplomacia presidencial del MERCOSUR-, sino que también diluye la autonomía nacional, confundiendo intereses propios con los del hegemón norteamericano.
A lo largo del capítulo, Pereyra Doval y Álvarez muestran cómo estas lógicas generan inconsistencias prácticas, expresadas en las relaciones con China o con la Unión Europea. Las autoras observan errores diplomáticos e inestabilidades en la política exterior causadas en parte por la combinación de diversas tradiciones de derecha y la primacía del personalismo de Milei, quien se proyecta más como líder de un movimiento internacional libertario que como presidente de la Argentina. En un mundo en que los alineamientos rígidos y las posturas dogmáticas son demodé, el gobierno argentino usa, con aires de superioridad, los lentes ideológicos del presidente. La sobre-ideologización redunda en el socavamiento y credibilidad de Argentina en el escenario global, sin reportar ningún beneficio tangible.
En el epílogo, titulado «Milei, Waldo y las rebeldías de derecha», Stefanoni delinea un presente teñido de distopía. Para ello, recurre a la potente analogía del episodio, estrenado en 2013, «The Waldo Moment» de la serie Black Mirror. En él, un oso digital que acosa e insulta a los políticos se convierte en candidato. Este fenómeno de viralización y deshumanización del enemigo fue un preanuncio de la era de ira y algoritmos en la que se desataron las rebeliones electorales de verdaderos outsiders en todo Occidente.
Stefanoni identifica el fenómeno Milei como un «curioso caso de importación» del anarcocapitalismo en la versión paleolibertaria de Rothbard, combinada con la economía matemática de Mises y Hayek. Para el autor, esta ideología no deja de ser utópica y, por lo tanto, difícil de utilizar como brújula de gestión; especialmente porque no es compartida por la totalidad, ni siquiera por una pequeña parte, del gobierno. Por ello, Milei se siente más cómodo paseando como «líder mundial de la libertad» en foros internacionales, mientras la «casta» se ocupa de las negociaciones necesarias en un Congreso donde LLA tiene una representación minoritaria. Esta dinámica acerca la gestión de LLA más a un neoliberalismo autoritario que al libertarismo.
En la escena internacional, las ideas de Rothbard también implican una rareza. Sin embargo, la captación de la «libertad» por diversos proyectos reaccionarios, como los de Trump, Isabel Díaz Ayuso o Jair Bolsonaro dan cuenta de aproximamientos libertarios. El uso de este significante en el discurso mileísta fue compatible con nuevas sensibilidades surgidas en el contexto de las transformaciones del mundo del trabajo y las relaciones Estado-sociedad, especialmente a partir de la pandemia de COVID-19. El «antiprogresismo» sirvió como «pegamento» para fusionar sus ideas económicas con el discurso más amplio de la extrema derecha, adoptando tópicos como el negacionismo del cambio climático, visiones conspiranoicas del globalismo y discursos racistas sobre la inmigración musulmana, inexistente en Argentina. En el último tiempo, los libertarios argentinos han hecho suyos planteamientos de neorreaccionarios estadounidenses como Peter Thiel, quienes han dejado de creer que «la libertad y la democracia sean compatibles».
El nuevo culto a la personalidad de Milei -a base de inteligencia artificial, redes y un aparato extraoficial de funcionarios y activistas pagados por el Estado- lo presenta como un superhéroe asociado a la figura del león. Esta estética refuerza el perfil posdemocrático del mileísmo, cuyo líder habla de libertad pero nunca de democracia. Entre pragmatismo y utopía, este fenómeno aún no ha sido estabilizado en una identidad política definitiva y de su desarrollo depende que sea un paréntesis político en una historia más larga o el inicio de una refundación de la derecha argentina y, junto con ella, de un nuevo orden. Entre tanta incertidumbre, ¿La Libertad Avanza? El ascenso de Milei y la derecha radical en Argentina entrevera saberes y preguntas en el clima global, afectivo, intelectual y político-partidario de una Argentina virtual, real y un poco imposible de deletrear. De allí que este libro se vuelva esencial para quien pretenda nombrar algo de y en estos tiempos extraños de habitar.

