

Akademos
Haibun de la laguna del Castillo. Una ruinosa convergencia entre natura y polis
Haibun of The Castle Lagoon. A ruinous convergence between Natura & Polis
post(s)
Universidad San Francisco de Quito, Ecuador
ISSN: 1390-9797
ISSN-e: 2631-2670
Periodicidad: Anual
vol. 13, 2026
Recepción: 16 diciembre 2025
Aprobación: 02 junio 2026
Autor de correspondencia: alesanvi@yahoo.com
Resumen: Este escrito ofrece una mirada estética al entorno de una laguna que se encuentra en el territorio ejidal del Castillo, colindante con la ciudad de Xalapa. Allí convergen intereses humanos y no humanos, así como el traslape de realidades expresadas en el encuentro de natura ypolis. Se ofrece una serie de textos poéticos de inspiración japonesa entrelazándolos con la aparición de edificaciones inacabadas o derruidas a lo largo de un camino abierto en el año 2015, y las controversias que ha provocado.
Palabras clave: haibun, laguna, bordes, ecotonos, escritura poética.
Abstract: This work offers an aesthetic view about the surroundings of a lagoon located at El Castillo, an ejido bordering the city of Xalapa, where human and no-human interests converge, and some realities overlap expressed in the encounter between Natura & Polis. A series of Japanese-inspired poems are interwoven with the appearance of ruined buildings along a road opened in 2015, and the controversies it has provoked.
Keywords: haibun, lagoon, borders, ecotone, poetic writing.
En el estío
meandros de libélulas
con zumbiditos.
21-VI-2018
Cuando un haijin o poeta que escribe haikús emprende una caminata y al relato de su viaje le añade sus tercetos a cada tramo, mezclando así prosa con poesía, se dice que está escribiendo un haibun: un diario de viaje con haikús entretejidos. Gracias a este tipo de diarios, son famosas las peregrinaciones de Matsuo Bashō, el más reconocido haijin del siglo XVII, las cuales se extendían por largas jornadas con visitas a templos y santuarios, a paisajes icónicos, así como a sus amistades, discípulos y mecenas que le recibían con notoria bonhomía (Matsuo, 2011). El oficio del haijin tradicional se realiza a la intemperie, sea que se camine en la ciudad o el campo:
Quien dice calle dice polvo y barro, ruido ambiente, estrechez, insectos y animales, suciedades varias. Quien dice calle ciudadana alude a callejeo, a peatón, a errancia y bohemia, y por ende a poesía con los pies en la tierra. Quien dice sendero campestre sugiere, sin duda, intemperie sin techo. (Silva, 2012, p. 325)

Figura 1. La laguna del Castillo. Panorama de la laguna del Castillo donde se aprecia la brecha por todo su perímetro. Fuente: Gerardo Sánchez Vigil.1
El presente texto es un remedo de haibun de un pretendido haijin mexicano que no llega a sitios distantes ni emprende honrosas peregrinaciones, sino que camina insistentemente dando vueltas por la misma brecha día tras día (figura 1).
Sobre una laguna que no es ni natural ni artificial
Su crin, su cola,
en el cerro un caballo
¡y cómo come!
17-XI-2020
Ubicada en la zona del rancho La Palma, es conocida de manera habitual como la laguna del Castillo debido al ejido al que pertenece y que forma parte rural del municipio de Xalapa. Su congregación se encuentra a unos veinte minutos hacia el este de la capital veracruzana.2 El territorio del ejido colinda con el de la propia ciudad de Xalapa, al grado de que la mancha urbana tiene tiempo de haber rebasado estos límites.
La extensión y la profundidad de la laguna eran menores en la primera mitad del siglo XX. Cuentan las personas mayores que un área de lo que ahora está bajo agua se hallaba expuesta y era un «barrial», o mina de arcilla, que las personas aprovechaban para hacer tabique rojo. Al contar con agua y materia prima al alcance de la mano, debió ser muy atractivo tener allí mismo los talleres o «galeras».3
La laguna del Castillo te atrae con sus particularidades paisajísticas desde la primera vez que la visitas: la extensa superficie acuática que se alarga en varias lenguas entre laderas, ofreciendo a la cámara fotográfica atractivos recovecos y variados planos de montes poblados de verdor; la intensa vida pajaril, con sus afanes cotidianos desde antes del amanecer hasta pasado el anochecer; los cafetales, un pinar y el bosque mesófilo como ecosistema dominante en transición a selva baja (figura 2).

Figura 2. Paisaje de la laguna al amanecer. El Sol avanza por el este a la izquierda, y a la derecha se puede apreciar un grupo de garzas blancas en las ramas de un árbol que se inclina sobre el agua. Si llevas tu cámara fotográfica, las vistas te provocan detenerte a cada rato y el tiempo de tu paseo se duplica o triplica.
En esto que ahora escribo me interesa ofrecer una mirada doble, en consonancia con la doble realidad patente en la historia y la vida cotidiana que transcurre en la laguna y su entorno, ante la supuesta dicotomía que solemos ubicar en el lenguaje coloquial como «lo social» y «lo natural», dentro de un proceso paulatino pero sostenido de disgregación de la capital veracruzana hacia sus colindancias (figura 3); y quizás uno de más largo aliento que corresponde a la persistencia que manifiestan las especies no humanas por dar continuidad a su existencia.

Figura 3. Imagen satelital de la laguna del Castillo. Hacia el oeste se aprecia una parte de la ciudad de Xalapa y en el centro la congregación del Castillo. Las líneas azules son veneros y arroyos, la mayoría de los cuales descienden del oeste hacia el este; algunos alimentan la laguna, coloreada también en azul. Imagen tomada del portal digital del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. https://www.inegi.org.mx/app/mapa/espacioydatos/default.aspx?ag=300870018. Recuperado el 28 de octubre de 2025.
Un ejido y su laguna que se con-figura y des-re-con-figura
Gotas y hierbas,
el Sol aún no alcanza
al microclima.
26-I-2021
Amaneciendo.
Dos gotas de rocío
son dos paisajes.
15-IV-2021
¿Y si se manchan?
Las mariposas con sed.
¿Y si se rompen?
15-X-2021
La Ley Agraria fue la primera encarnación escritural de la lucha revolucionaria de nuestro país al ser promulgada en 1915 por Venustiano Carranza.4 En el municipio xalapeño, la primera dotación de parcelas tuvo lugar en Chiltoyac, en 1920, y tres años después en el Castillo, cuando se definieron los límites parcelarios.5 Los principales cultivos promovidos de manera ostensiva fueron la caña y el café (Núñez, 2005). Los cambios a esta ley en 1955 facilitaron la venta de tierras ejidales, si bien la vida campesina mantuvo un ritmo y unos usos constantes a lo largo de las décadas dentro de las complejas relaciones políticas y agropecuarias entre la zafra de la caña y los ingenios, la pizca del café y los beneficios, proceso que se aceleró con las modificaciones constitucionales de 1992: «A partir de ese momento, especialmente durante los últimos 30 años (1992-2022), la propiedad ejidal se ha pulverizado, como consecuencia de dos factores fundamentales: la herencia de los primeros propietarios a los hijos y la ocupación de tierras ejidales por la zona urbana» (Plan municipal de desarrollo 2022-2025, p. 62).
En lo que corresponde al entorno particular de la laguna, las condiciones cambiaron de manera importante durante el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964) bajo la iniciativa desarrollista que promovía el aumento de la producción de insumos a partir de la tecnificación de la infraestructura agropecuaria a nivel nacional. Don José Isidro Caballero, amigo ejidatario perteneciente a una de las familias fundadoras, nos ha contado sus recuerdos y anécdotas, y nos ha mostrado con emoción y nostalgia las fotografías que guarda de aquellos días (figura 4).

Figura 4. Fotografía histórica de la laguna del Castillo. Paisaje de la laguna del Castillo en los años sesenta del siglo pasado. Hacia el fondo se ve una calle recta que se hizo como muro de contención, y en su extremo derecho se vislumbra el muelle o «trampolín». La construcción a la izquierda corresponde a la casa original de la hacienda de La Palma. Fuente: José Isidro Caballero.
En uno de los cerros que dan a la laguna su silueta amiboidea, puede visitarse una asta bandera erigida allí para conmemorar la «inauguración» de la laguna (figura 5).6 Puede sonar extraño que una laguna sea inaugurada o construida: ¿no es un elemento surgido en el devenir de la propia geodinámica? Sabemos por supuesto que es relativamente sencillo hacer represas y lagunas artificiales contando con los conocimientos e implementos técnicos apropiados. La que nos ocupa en esta ocasión tiene un poco de ambos mundos.

Figura 5. Vista actual de la asta bandera de la laguna del Castillo. En el zócalo de esta asta se colocó una placa para conmemorar la «construcción» de la laguna y su inauguración en el mes de agosto del año 1961. Aparece nombrado el gobernador en curso, Antonio M. Quirasco, el director general de comunicación y obras públicas, ing. Rafael Téllez Muñoz, así como los vecinos del lugar.
Lo que se hizo como obra hidráulica en época del gobernador Antonio Modesto Quirasco (1956-1962) fue canalizar el flujo del río La Palma mediante un sistema de esclusas que se mantienen funcionales hasta el día de hoy (figura 6), e igualmente de uno de los manantiales existentes en el área para aprovechar la orografía y aumentar el volumen de agua, en una especie de cuenco de perímetro irregular que se forma en la confluencia de varios cerros donde, como recién adelantábamos, ya existía un espejo de agua de menores dimensiones.

Figura 6. Instalación hidráulica en el río La Palma. Compuertas y esclusas levantadas en el lecho del río La Palma que permiten controlar el abastecimiento de agua de la laguna castillense, así como su decurso hacia el mar.
Para mantener el agua corriendo se abrió una salida hacia el río, y con la implementación de una compuerta manual se procuró el control del gasto volumétrico. Hay desde entonces y hasta nuestros días dos entradas de flujo acuoso, más los escurrimientos propios que bajan por las laderas en época de lluvias.
Don José nos confirmó la historia añadiendo nuevas informaciones: el Castillo ya tenía varios años de haberse constituido en ejido, las parcelas ya estaban distribuidas entre los ejidatarios y un día llegaron unos ingenieros que propusieron el proyecto de agrandar la laguna: habría pesca abundante y abastecimiento de agua para riego.7 Se levantó con tierra un muro de contención e incluyeron en el diseño de este sistema hidrológico un muelle y otra compuerta debajo de él para mayor control del desalojo de agua. Sembraron pinos en una de las colinas e inauguraron las obras con una ceremonia encabezada por el gobernador y el comisariado ejidal, don Maximilano Caballero, según nos cuenta don José al mostrarnos la fotografía (figura 7).

Figura 7. Develación de la placa de la laguna del Castillo, en agosto de 1961. Festejo inaugural en la asta bandera que conmemora la activación de los trabajos de ingeniería hidráulica de la laguna del Castillo, con la presencia de las autoridades, incluido el señor Maximilano Caballero, comisariado ejidal de turno, así como el gobernador Antonio Modesto Quirasco. Fuente: José Isidro Caballero.
Hoy en día quedan pocas personas propietarias originales. El campo se trabaja cada vez menos, las parcelas se fraccionan de padres a hijos, algunas ya se han transformado en colonias habitacionales, en especial las que tienen sus bordes contiguos a Xalapa.8 El oficio tabiquero que caracteriza a la localidad ya escasea. El Castillo es un ejido extenso cuya localización aledaña a la capital veracruzana lo ha prefigurado como escenario evidente de la explosión demográfica: crece la mancha urbana con sus casas de ladrillo de manufactura castillense, como el que hacen en la galera de la familia Caballero (figura 8),9 con sus calles de cemento, y en sentido exactamente proporcional se achican las áreas de cultivo: los cañales, los cafetales, las milpas, así como los acahuales y el campo inculto. Las personas que vivimos en las inmediaciones de la laguna somos testigos del modo subrepticio en que la ciudad se ensancha hacia esta parte, constatando la ineficacia de cualquier plan de crecimiento urbano, sea real o imaginario.

Figura 8. En la galera de tabiques. Burro de trabajo donde se moldean las formas rectangulares de los ladrillos o tabiques rojos, en una galera de la familia Caballero. Detrás, una tanda está puesta a secar antes de meterla al horno.
Durante el proceso que describo, la laguna del Castillo ha estado viviendo un continuo estrangulamiento. Contradictoriamente o por casualidad, con el decreto del 5 de enero del año 2015, por medio del cual el «Archipiélago de Bosques y Selvas de la Región Capital del Estado de Veracruz» fue declarado Área Natural Protegida en la Categoría de Corredor Biológico Multifuncional,10 dicho proceso se ha acelerado notoriamente. Si se compara una imagen aérea de un año anterior, por ejemplo 2009 (figura 9), con otra de 2025 (figura 10), podrá entenderse por qué hablo de «estrangulamiento»: puede verse el avance de los asentamientos humanos y el desmonte rodeando principalmente por el noreste, aunque también es cierto que algunas pocas áreas que dejaron de «rascarse» han recuperado un poco de su verdor original.

Figura 9. Vista aérea de la laguna del Castillo, tomada el 19 de enero de 2009. Se reconocen sembradíos de café y caña. Xalapa se encuentra al fondo (arriba hacia la izquierda). Es notoria la mina de arena que se utilizaba en esos años (en la centro-izquierda de la imagen, muy cerca del borde de la laguna) para la construcción de edificaciones en Xalapa. La congregación del Castillo corresponde a las casas que se ven a la derecha. Fuente: Gerardo Sánchez Vigil.

Figura 10. Vista aérea de la laguna del Castillo, tomada el 12 de diciembre de 2025. Se aprecian algunos de los tramos de la brecha alrededor del espejo de agua, más el aumento de otros caminos, construcciones y desmontes que han quedado con la tierra al descubierto (hacia abajo a la derecha). El crecimiento de la mancha urbana capitalina ha avanzado considerablemente al este (compárese arriba a la derecha de ambas fotografías). En las minas de arena que están en desuso, se reconoce cierta recuperación de la capa de vegetación. Fuente: Gerardo Sánchez Vigil.
La apertura de una brecha perimetral y sentimientos encontrados
Tangara roja,
un trozo de avispero
su desayuno.
5-I-2022
Martín Pescador,
con todo y ese nombre
se asusta y grita.
23-VIII-2022
En agosto de 2015, a siete meses de haberse publicado oficialmente la declaración de área natural protegida, comenzó a abrirse con maquinaria pesada una brecha en todo el perímetro de la laguna que, como puede verse en la imagen (figura 11), denota una fuerte acción humana que hace eco de la expresión baconiana natura vexata.11 ¿Ambas acciones estarían relacionadas? Ahora las personas y sus vehículos automotores ya podrían darle la vuelta con facilidad. Como vecino del lugar, recibí la noticia con mucha frustración, pues no me parecía coherente una cosa con la otra, además de considerar que, intencionalmente o no, se despejaba el camino para el continuo fraccionamiento de la tierra y el inicio de todo tipo de construcciones.12

Figura 11. Trabajos de apertura de una brecha en las faldas de los cerros. Fotografía tomada en 2015 donde se pueden verificar los trabajos de apertura de la brecha alrededor de la laguna, al pie de los cerros que la circundan: rascadura, incisión, corte, incisión. La maquinaria excavó la tierra ocre de las faldas y depositaron el excedente hacia abajo.
De cualquier manera, se procedió con las garras de chango —cuyos arañazos quedaron marcados en la roca— a remover la tierra y a tirar los árboles que crecían en la franja perimetral por donde habría de pasar el camino (figura 12).

Figura 12. Marcas de una garra de chango. Huellas de la maquinaria pesada en un tramo de suelo más duro, en la franja abierta de la brecha perimetral, haciendo eco de la palabra «rascar» la tierra.
Paralelamente se implementaron algunas instalaciones en el área de «rejuego», que es a donde llegan las familias a pasar el rato en domingo. Se instalaron unas palapas con mesas de concreto y techos de hoja de tule (figura 13). Algunos puestos removibles de comida emprendieron su negocio de fin de semana, otros se instalaron de forma permanente.13

Figura 13. El área de convivio o «rejuego». Caballo, perrito, palmera de plátano y algunas de las palapas que se instalaron en la zona de «rejuego» de la laguna del Castillo. Al fondo se encuentra el cerro en donde cuentan que se llegó a oficiar misa.
Al principio me resistí a utilizar la brecha. Pensaba principalmente en la invasión a la vida cotidiana de los animales que tendrían sus reductos y cotos de caza. Pensaba en la pérdida de la capa de humus y toda la actividad minúscula que se desarrolla en ella sin que nosotros tengamos que entrometernos. Sin embargo, un día de tantos nos fuimos a conocer la susodicha brecha con la familia. Desde entonces la recorremos de manera habitual. Allí fue donde han aparecido los haikús que vienes leyendo aquí desde un principio.
Hay que reconocer que es un paseo estimulante. David Le Breton concibe el caminar como un acto de «apertura al mundo que invita a la humildad y al goce ávido del instante. Su ética del merodeo y la curiosidad hacen de él un instrumento ideal para la formación personal, el conocimiento del cuerpo y de todos los sentidos de la existencia» (2023, p. 86). Dependiendo de la hora, puedes andar solo o encontrarte con personas haciendo labores de campo, observadores de aves, parejas devanando los minutos, y los pescadores que con sus atarrayas parecen preferir la mañana. Dice también Le Breton:
El paseo es una forma menor —y sin embargo esencial— del caminar. Rito personal, practicado sin cesar, ya sea de manera regular o al azar de las circunstancias, en soledad o en compañía, el paseo es una invitación tranquila a la relajación y a la palabra, al vagabundeo sin objetivo preciso, a retomar el aliento, a recordar un mundo tal como se percibe a la altura del hombre. (p. 129)
Caminar es una manera de regresar al mundo físico:14 en época de lluvias, la brecha está encharcada y lodosa: los escurrimientos por el plano inclinado de los cerros hacia el cuenco de la laguna se encuentran con este obstáculo a salvar, que se supera solamente cuando el charco está lo suficientemente lleno como para desbordarse y seguir su trayecto hacia abajo marcando pequeños, medianos y grandes surcos a su paso: charcos y suelos resbaladizos que uno tiene que sortear (figura 14).15

Figura 14. Escurrimientos que cruzan el camino. A la derecha se aprecia la ladera que ha sido cortada en vertical para hacer la sección horizontal de la brecha. Los escurrimientos producen encharcamientos, y el agua sigue su camino hacia abajo para finalmente encontrarse con el espejo de agua.
Lo más llamativo a mis ojos y oídos es la variedad de aves e insectos que concurren en la laguna. Es protagónica la elegancia de las parvadas de garzas blancas que llegan a dormir al atardecer y se van cuando amanece, en llamativo contraste con un sonoro grupo de cormoranes zambullidores. Una pareja de garzas grises de gran tamaño, de pie en la orilla del agua, se dispone con discreción a desayunar. El águila pescadora no siempre está presente, para la tranquilidad momentánea de las mojarras. Patos buceadores, martines pescadores, garcetas, jacanas, pájaros carpinteros, papanes; golondrinas que en trayectorias giratorias toman agua al vuelo; chachalacas, chipes, tordos, tordos sargentos y muchas más.16 El espíritu se siente entusiasmado:
La relación con el paisaje es siempre una emoción antes que una mirada. Cada lugar manifiesta un abanico de sentimientos distintos según el ánimo de las personas que se acercan a él. Cada espacio contiene potencialmente múltiples revelaciones, y por eso ninguna exploración agota jamás un paisaje o un pueblo. (Le Breton, 2023, p. 103)
Es por todo este espectáculo sensorial que las palabras de Le Breton con su actitud abierta al asombro hacen eco en mí.17 Se entienden así los sentimientos encontrados del paseante que, a pesar de haber estado en contra de la construcción de la brecha, la recorre continuamente.
Entre haikús y ruinas que han aparecido
I was forced to recognize the uniqueness of each person’s relationship to the environment and to consider Richard Rorty’s thesis that Nature mirrors our own psychology. Yet I was unwilling to admit that Nature was merely a social construct and to give up natural-history study for its own sake. From where I stood, the nonhuman world was not simply a sentimental extension of our inner landscapes, not just there for pleasure and edification and utility, nor merely an escape from the frustrations of human interactions, certainly not just scenery. She was constant, complex, mysterious, unpredictable, destructive, beautiful, magical, and uncontrolled. (Krall, 1994, p. 9)
Cuando salgo a caminar temprano alrededor de la laguna, llevo mi teléfono celular para tomar fotografías y notas escritas por si aparece un haiku. La vuelta completa mide alrededor de cinco kilómetros y a paso sostenido tardo más o menos una hora en regresar. Me acompañan dos perritas: Camila y Venus. Como decía al principio, en Japón se dice que a un buen haijin los haikús lo encuentran en el camino, a la intemperie, en movimiento. Es el haiku el que sorprende a la persona y no al revés; ya luego hay que escribirlo.18
Traza elegante,
águila pescadora,
su cacería.
24-III-2023
Picos, perfiles
de multitud de aves
en la laguna.
7-XI-2023
Al caminar, mi impulso espontáneo es disfrutar el panorama, apreciar la variedad de formas de las hojas, los tamaños y colores de las flores, las espigas, los aromas vegetales que trae algún viento, los vuelos de las aves y la variedad infinita de sus trinos mezclados con zumbidos de insectos. Esta mirada macroscópica se transforma de pronto en contemplación minuciosa: la reacción de las mimosas que esconden sus hojas al tocarlas, una fila de azotadores en un tronco.19 Me puede sorprender un campo sembrado de pequeñas telarañas tipo «sábana» o sheet web, cubiertas de rocío (figura 15). Es durante estas exploraciones cuando algún haiku me toma por sorpresa.

Figura 15. Una telaraña en forma de «sábana» o sheet web. Una telaraña colgante, suspendida a unos quince centímetros del piso, que durante la mañana se ostenta cubierta por gotas minúsculas de rocío. En sus cercanías se encontraban varias decenas de estas mismas telarañas.
Esta actitud receptiva al caminar dilata tus sentidos y en especial tu mirada. Ejercitas tu atención estética. Dice Timothy Morton, desde la postura filosófica de la ontología orientada al objeto (OOO)20, que «nada es aprehensible, o accesible, de inmediato en su totalidad. La OOO argumenta también que el pensamiento ni es el único modo de acceso a las cosas ni es, de ninguna manera, el mejor modo de acceso, pues, de hecho, no hay ningún modo de acceso mejor que otro» (2023, pp. 17-18). Cuando te empeñas en este tipo de apertura observadora, incluso como método de indagación, puedes llegar a darte cuenta de otros elementos del entorno, no solamente aquellos que fascinan a tus románticos ideales estéticos, sino también los que sueles omitir a pesar de estar patentes en tu campo visual de modo tan ostensible como una edificación en obra negra (figura 16). Entrado en estos gastos, fui tomando consciencia de una serie de construcciones en ruinas, no pocos vestigios arquitectónicos que alguna vez quisieron ser algo y sin embargo han quedado allí congelados, como testimonios de algún intento fallido. Se encuentran en distintos puntos de la brecha: castillos de varilla en pilares quebrados, tinacos abandonados, pisos de cemento ya roto, cimientos expuestos y alguna pared de ladrillo o bloque pintarrajeada. En resumen: elementos que en ningún momento se me ocurrió aludir en los haikús.

Figura 16. Paisaje lacustre con edificación abandonada. Vista de una hondonada que incluye una construcción inacabada al pie de la brecha que actualmente rodea a la laguna. Se percibe el corte vertical en el cerro para incrustar allí la edificación.
¿Por qué tantos inacabamientos, tantos inicios detenidos, desde cuándo? ¿La aplicación del decreto de 2015 tuvo algo que ver con el detenimiento de varias de estas construcciones? ¿Alguien ejerció su autoridad como para detener estas obras? ¿Estarían enterados los dueños desde un inicio de que existe un decreto de área natural protegida?21 O simplemente se pudo avanzar hasta donde se acabó el dinero. Estos «descubrimientos arqueológicos» me hicieron recordar que a finales de la primera década de este siglo ya alguien había intentado echar a andar un criadero de mojarras en un terreno adyacente a la laguna (figura 17): construyó una serie de pilas circulares con las instalaciones necesarias para el acopio del agua y su descarga, pero nunca las echó a andar.

Figura 17. Pileta circular abandonada. Piscina abandonada actualmente, entre cardos de mozote amarillo. En el espacio se cuentan otras tres en igual desuso, aunque pareciera que recientemente las paredes internas fueron pintadas de azul. Alguna vez, este fue el intento de un criadero de mojarras para su comercio.
Sirva como antecedente de todas estas inciertas intenciones humanas aparecidas en un complejo borde territorial que puede ser concebido y delimitado en dos niveles: uno es el ecológico, propio del margen lacustre como transición entre los ámbitos acuático y terrestre; otro es el añadido en recientes fechas por acción explícita humana y que se estructura en paralelo al anterior, representado físicamente por la brecha que facilita y hace habitual nuestro tránsito por zonas que antes eran de difícil acceso para nuestras promenades autour du lac.
En sentido histórico, podemos ubicar con precisión los orígenes de ambos bordes: la altura que alcanzó la orilla de la laguna intervenida por los ingenieros en 1961, y la rajadura de la brecha en 2015. Cincuenta y cuatro años de distancia.22 A partir de hoy podríamos imaginar otro tiempo, un futuro predecible que el ritmo del crecimiento urbano proyecta, como decía más arriba, hacia la asimilación de este espejo de agua por parte de la expansión urbana de Xalapa. O un futuro distinto, insospechado, un «inédito viable» en la acepción de Paulo Freire: «En las situaciones límite, más allá de las cuales se encuentra lo “inédito viable”, a veces perceptible, a veces no, se encuentran razones de ser para ambas posiciones: la esperanzada y la desesperanzada» (2024, p. 25). Yo por eso, con las pocas fuerzas de mis remedos de haijin, me dispongo a que los haikús me sorprendan, y así me sumo a la concepción que Timothy Morton tiene de la experiencia del arte en tanto «modelo para el tipo de coexistencia que la ética y la política ecológicas aspiran a establecer entre los seres humanos y los no humanos» (2023, p. 13).
Una mirada estética a los encuentros de mundos que se traslapan en los bordes
Lo que necesitamos es lo contrario, o sea, una especie de seriedad lúdica. Esta técnica llevaría una leve sonrisa en la cara, pues es sabido que todas las soluciones tienen algún defecto. El cuidado expandido, el cuidado que lleva el halo desenfadado, tiene más probabilidades de incluir más formas de vida bajo su paraguas, porque está menos centrado en la mera supervivencia. (Morton, 2023, p. 92)
Haikús y ruinas: referentes escritos/construidos de dos posibles futuros, o bien un futuro complejo, compartido. Podemos reflexionar acerca de estas apariciones, representantes de dos mundos aparentemente distintos, uno sobre el otro, apropiando el uso que hace la naturalista Florence Krall del concepto «ecotonos», acuñado por Frederic E. Clementsa principios del siglo XX en el contexto de los estudios ecológicos. En el glosario del libro Research Methods in Echology, publicado por primera vez en 1905, Clements define un ecotono como «the tension line between two zones, formations, consocies, etc.» (2024, p. 317). La acepción es aprovechada por Krall, tomando en cuenta el característico aumento de actividad entre especies que tiene lugar en estas franjas de encuentro, para extender la noción a otras realidades en donde el «efecto de borde» puede reconocerse:
Change is a fundamental part of all natural communities, even those that seem stable, as the cycles of life and death set into play a succession of regenerating events. But at the ecotone change is most evident and inevitable. To an ecologist, the ‘edge effect’ carries the connotation of the complex interplay of life forces where plant communities, and the creatures they support, intermingle in mosaics or change abruptly. (1994, p. 4)
Así como un ecotono en su acepción original implica que el solapamiento de dos ecosistemas produce las tensiones necesarias para que el cambio sea más evidente, debido al aumento de las concurrencias entre las especies de los ecosistemas involucrados, su aplicación en otros ámbitos nos permite tomar en cuenta la confabulación de distintas fuerzas: «Ecotone, that place of crossing over, provides sanctuary, solitude and peace, growth and transformation, as well as isolation and inner or outer conflict» (1994, p. 4).

Figura 18. Tinaco elevado fuera de uso. Este tinaco de cemento es el único vestigio de una casa después de que la familia que la habitaba abandonase el lugar.
Lo característico de las condiciones en esta laguna es la bipartición del borde en un sentido físico (hay una brecha además de una orilla) y otro que podríamos definir como «sobrepuesto» al mismo, aunque intangible, que se hace evidente gracias a ciertos vestigios patentes: hay la experiencia estética que se revela mediante una serie de haikús; hay una controversia ecológica-económica-política-social, que ha dejado huella mediante una serie de ruinas, las que has empezado a mirar acompañando tu lectura (figura 18). Podemos incluso llevar este paralelismo a un nivel más abarcador, al modo de una matrioska geográfica, al hacer notar la transición mayor de Xalapa, como ciudad en expansión, sobre el límite del ejido el Castillo que comentábamos al inicio de este texto.
Los haikús fueron concebidos desde allí mismo, debido al ecotono y su «efecto de borde»: en mis paseos lacustres no acostumbro a internarme en el monte ni me sumerjo en las aguas de la laguna: camino por el borde-brecha; las mariposas se juntan a tomar agua en los charcos lodosos en medio del camino; las garcetas y los martines pescadores hacen lo mismo desde las ramas bajas que cuelgan sobre el agua; las jacanas caminan sobre las plantas acuáticas, allí donde encuentran los insectos que son su alimento. Lo mismo puede decirse de esas arquitecturas fallidas que son okupadas por inquilinos distintos a los pensados originalmente (figura 19): sea que se hayan proyectado como construcciones para habitar o bien como algún tipo de negocio, a ellas se accede sin problema desde el borde-brecha: están allí porque allí está el camino que facilita el acceso a ellas.
Sin ser de aquí
parvada de pelícanos
ni de laguna.
27-I-2024
El moscardón
en máxima vibración
centro del mundo.
21-IV-2024
Rodean al águila
—temporada de estío—
las cien libélulas.
13-V-2024

Figura 19. Edificación abandonada e invadida por la vegetación. Al pie del camino, entre pasto y enredaderas que han llegado a okuparla, se descubre una construcción en ruinas que no se levantó más allá de sus pilares, quizás como estructura para sostener una techumbre de teja o de lámina. Extrañamente, se asienta sobre una zona pantanosa inundable: ¿alguna falta de previsión o de información por parte de sus constructores?
Epílogo
Enrico Mancuso23 propone que vayamos desdibujando los bordes conceptuales que tenemos introyectados entre la ciudad y el campo, como una de las escasas opciones para imaginar la continuidad del mundo que conocemos y que nos cobija:
En una época de cambios tan drásticos, en la que la resiliencia y la capacidad de adaptación devienen valores fundamentales, imaginar nuestras ciudades como si fueran organismos difusos y en comunidad con el resto de los seres vivos, imaginar, en definitiva, nuestras «fitópolis» como si fueran plantas, podría reportar enormes beneficios a nuestra especie y al planeta. (Mancuso, 2024, p. 12)
A lo largo de este escrito, que es el diario de un viaje dando vueltas y vueltas alrededor de una laguna, he convocado la noción del ecotono explorado con la atención poética del haiku y la actitud seriamente lúdica de la OOO, para que nos ayuden a acercarnos a ciertas comprensiones y sensibilizaciones respecto de las acciones humanas en un entorno específico, cuya belleza tambaleante vale la pena cuidar. La esperanza del «inédito viable» freiriano (en este caso, expandido no solo a la convivencia humana sino al conjunto de los seres: a los pájaros, al agua, a la brecha, a las ruinas) se percibe aún borrosa, lo que no debe ser obstáculo para insistir en el intento y difundir sus vislumbres.
Para quien quiera unirse al esfuerzo de insuflar nuevos y refrescantes aires a la vida académica, este haibun heterodoxo propone, pues, la mirada estética en tanto investigación desde el arte como pivote de esperanzas; el interludio entre prosa y poesía, documento e imagen, como una conversación de percepciones que ponen su atención en las mismas problemáticas; el caminar como parte de una metodología metida en el cuerpo y los sentidos tanto como la descripción y el relato que permiten alcanzar un nivel comprensivo y sensible mayor, pues como dice Bruno Latour: «Ningún estudioso debe considerar humillante la tarea de la descripción. Por el contrario, es el logro más consumado y menos frecuente» (2008, p. 198).
Resulta iluso pensar que todas las personas tengan ojos para ver haikús en todas partes, tanto como creer que los intereses monetarios o las especulaciones inmobiliarias desaparezcan de un día para otro. Y si junto con Krall entendemos que el mundo no humano es mucho más que una simple extensión sentimental de nuestros «inner landscapes» (1994, p. 9), también hemos de aceptar que la propia condición humana es un complejo batiburrillo de agua y tierra que entremezcla intenciones y afanes con el empuje de otras especies como las plantas invasivas, como las enredaderas (figura 20).

Figura 20. Pequeño ex-beneficio de café. Esta edificación inició siendo un pequeño beneficio de café, y ha tenido épocas de altas y bajas. Ha tenido también otros usos efímeros. En cualquier momento, las enredaderas vuelven a cubrir sus muros, o quizás algún día se vuelva a procesar el fruto café cereza en sus instalaciones.
Insisto en la metáfora del ecotono que permite cuestionar la aparente dicotomía natura/polis, medio ambiente/mundo humano, aquello que nos antecede/lo que hemos construido, a partir de una actitud de reconciliación con la complejidad, la contradicción y la asunción del conflicto inherente a la existencia:
I have chosen the concept of ecotone, then, to represent that place of meeting and tension between diverse and sometimes conflicting aspects of our lives. Underlying the familiar culture-Nature dichotomy is instead a webbing of gender, race, politics, economics, and spirituality that preoccupies wayfaring humans on this planet. (Krall, 1994, p. 6)
En su espejo de agua, la laguna del Castillo refleja una compleja red de tensiones e intenciones que nos implican como especie, tal y como sucede en un sinfín de problemáticas que se extienden por toda la superficie del planeta hoy en día, en una serie de «problemas perversos» cuya solución aún se nos escapa.24 La mirada esperanzada radica en el empeño de aquellas otredades no humanas que nos anteceden como habitantes de la Tierra; y en la hendidura que la estética, la poética y el arte son capaces de abrir en nuestra inteligencia, y a través de la que es posible que penetre al menos un poco de luz.
Al amanecer
como ayer y mañana
se van las garzas.
4-II-2025
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Referencias
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Haya, V. (2013). Aware. Iniciación al haiku japonés. Barcelona: Editorial Kairós.
Krall, F. (1994). Ecotones. Warfaring on the margins. State University of New York Press. https://archive.org/details/ecotonewayfaring0000kral/mode/2up
Latour, B. (2008). Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red. Buenos Aires: Ediciones Manantial.
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Matsuo, B. (2011). Senda hacia tierras Hondas (Senda de Oku). Madrid: Ediciones Hiperión.
Morton, T. (2023). Todo el arte es ecológico. Barcelona: Editorial GG.
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Notas
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