Radar
Recepción: 12 agosto 2024
Aprobación: 09 septiembre 2024
Cómo citar: Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales. (2025). Preposiciones y naturalezas. Una conversación entre lxs editorxs de la Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales. En post(s), volumen 11 (pp. 180-201). USFQ PRESS.
Resumen: Este texto es un diálogo entre los editores de la Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales sobre el trabajo del colectivo y sobre cómo las preposiciones nos permiten situarnos ambientalmente desde perspectivas reflexivas, prácticas e íntimas. Este diálogo explora la potencia de las preposiciones como formas de relacionarse con los distintos mundos que conforman el mundo, con sus latencias que pueden ser puntos de encuentro para articular y defender lo común.
Palabras clave: preposiciones, diálogo, humanidades ambientales, mundos.
Abstract: This text is a dialogue between the editors of Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales about the work of the collective and how prepositions help us situate ourselves environmentally from reflective, practical, and intimate perspectives. The dialogue explores the power of prepositions as ways of relating to the different worlds that make up our world, with their latent potential to serve as meeting points for articulating and defending the commons.
Keywords: prepositions, dialogue, environmental humanities, worlds.
La plataforma de Humanidades Ambientales es un espacio virtual que se ocupa de tejer diálogos y visibilizar voces y proyectos que hacen investigación y creación relacionada con el medio ambiente en América Latina. En este texto, el colectivo piensa en voz alta sobre por qué las preposiciones nos ayudan a situarnos en la naturaleza. Y replica la apuesta: cada editorx reflexiona sobre una preposición desde perspectivas ambientales e íntimas. En este juego con la imaginación y el lenguaje redescubren a la Plataforma de Humanidades Ambientales como espacio vivo, como punto de encuentro con investigadorxs y artistas que crean en relación con el ambiente, como colectivo de cartógrafos de mapas incompletos.
Carolina Sánchez (CS): Aunque todo colectivo es un espacio abierto a transformaciones, queremos empezar con la pregunta ¿qué es la Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales?
Alejandro Ponce de León (APL): Siento que somos una totalidad abierta y cambiante, compuesta de varios editores latinoamericanos que habitamos en distintos lugares del mundo. La Plataforma alberga diferentes espacios de práctica y pensamiento: hemos tenido grupos de lectura de filosofía y ciencia ficción, talleres de bordado, talleres de escritura. Los dos espacios que más han logrado enraizarse son Pensar desde las plantas y Café en el patio. Se trata de dos agendas paralelas en términos de dinámicas. Pensar desde las plantas empezó en 2019. Un grupo de personas que queríamos leer textos sobre plantas empezamos a reunirnos para compartir y conversar sobre los textos. En el 2020 nos reunimos por Zoom e invitamos a los autores y empezamos a grabar las conversaciones. Hasta entonces éramos pocas las personas que hablábamos de las humanidades ambientales como un campo en América Latina, y muchas menos fomentando espacios de aprendizaje gratuitos o usando herramientas virtuales como Zoom, que facilitaran la participación de distintos tipos de público. Con el paso del tiempo, de esas conversaciones han resultado otros insumos, como textos editoriales, curatoriales, artículos, alianzas… Café en el patio nació como un espacio para hablar de manera informal los sábados. Empezamos tomándonos un café con Sofía Rosa y las artistas Paloma Mayorga y Laura Palavecino. Nos reunimos a hablar durante la pandemia y luego se empezó a estructurar como un espacio de encuentro alrededor de prácticas artísticas. Estos diálogos han sido muy generativos para pensar con las plantas —y los ríos, montañas, bosques, etc.—, y esto nos ha llevado a querer hacer talleres con artistas y galerías como estrategia para habilitar nuevos espacios de co-pensamiento.
La Plataforma empezó a expandirse en la pandemia debido a la necesidad de material pedagógico en línea. Creamos una página web, y fuimos creciendo. Cuando estábamos montados en ese barco, dijimos: «Mapear. Lo que queremos hacer es crear un mapa de qué son las humanidades y artes ambientales en América Latina». Hoy tenemos una base de 1900 personas suscritas a nuestra lista de correos. También tenemos un blog llamado Signatura en el que hacemos llamados abiertos sobre diferentes temas ambientales. La idea es seguir ampliando los momentos y los espacios de encuentro; tal ha sido el motor de este proyecto, que se sostiene gracias al trabajo voluntario de lxs editorxs, colaboradorxs y participantes.
Santiago Eslava (SE): Yo vengo del campo de los estudios clásicos y quería hacer una transición a los estudios animales y a las humanidades ambientales. Me encontré con la Plataforma en línea hace un par de años y la sigo desde entonces. Creo que la metáfora cartográfica captura muy bien cómo yo empecé a relacionarme con la Plataforma, no solo porque la veía como un mapa, sino porque me orientaba hacia las discusiones y autores que están pensando en los problemas ambientales desde las humanidades. La experiencia de seguir este mapa, que no es absoluto ni completo ni terminado, es muy enriquecedora y permite encuentros inesperados. Tal vez por eso el mapa se siente tan vivo y abre distintas puertas de entrada a discusiones que están sucediendo ahora, en un formato que me ha permitido escuchar conversaciones realmente interesantes mientras cocino, estoy en la calle o hago un montón de otras cosas. Para mí la Plataforma ha sido un motor para darle tracción al pensamiento y buscar. Algunas de las conversaciones que realmente me han marcado han sido las de Mónica Nepote y Tania Ganitsky, en Café en el patio, y de Alejandro Castillejo y Daniel Ruiz Serna, en Pensar desde las plantas.
María Mansilla (MM): Y en ese enunciado de mapa, ¿dónde aparece el territorio, y el saber territorial? Pienso en el gran desafío de: ¿cómo en las narrativas se incluyen los saberes de las comunidades sin hacer algo folclórico?
Arturo Cerda (AC): Voy a responder esta pregunta en relación con la primera. Quería agregar algo en cuanto a qué es la Plataforma, porque aunque ya se hizo una introducción, y siempre es importante mencionar cómo se originó, también me gustaría señalar qué es en la actualidad y qué ha permitido que sea así. Lo que le ha permitido ser es un esfuerzo colectivo. No se trata de un individuo haciendo un esfuerzo, sino que invitamos a personas a contarnos lo que hacen, pero tratamos de que eso se vaya integrando de una manera colectiva. Y a la vez, el mismo esfuerzo que estamos haciendo ahora, de ponernos de acuerdo para hablar desde distintos territorios, nos hace buscar cómo están en diálogo las distintas geografías con lo que estamos pensando y hacia dónde queremos movernos. La manera de buscar prácticas en conjunto ha sido muy valiosa, es decir, hacer un esfuerzo colectivo y llegar a un punto que es importante para cada unx. Nos ha movido la pregunta sobre cómo son estos puntos de encuentro, de lo que nos parece importante, lo que nos interesa, lo que nos inquieta. Y gracias a diálogos e invitaciones anteriores, hemos podido definirnos como un colectivo y preguntarnos qué somos.
Legalmente, quizá no estamos ubicados en algún punto en particular, sobre todo porque ¿a qué marco legal pertenecemos? ¿Al marco legal estadounidense, al mexicano, al colombiano, al chileno? Más bien, nos deslindamos de una estructura que, a su vez, nos cuesta trabajo definir. Pero es común en los proyectos autogestivos ir descubriendo cómo podemos operar, cómo podemos tejer redes, cómo podemos intentar interactuar en conjunto. Hemos intentado descubrir nuestros propios métodos, nuestras propias maneras de ir conociendo y entablando cariño con una colectividad en comunicación. Una comunicación de saberes y, a la vez, de crear, compartir. Creo que es importante mencionar que si la Plataforma es algo, es una especie de colectividad y es un esfuerzo por querer aprender y querer compartir eso que se ha aprendido.
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La preposición a «expresa la idea de movimiento (material o figurado) que tiende a alcanzar un fin o propósito». A mi pesar, me representa esa manera, en gerundio, ese estar siempre yendo a, siempre en movimiento (aunque generalmente sin fin ni propósito), ese habitar las experiencias en estado de cosa, modo viajero, zona gris, zona roja, en construcción, en deconstrucción. Como la crisis climática, nuestros países nos dan el empujoncito y nos enseñan resiliencia.
María Mansilla
Salima Cure (SC): Soy antropóloga, así que para mí, desde el trabajo etnográfico, el territorio no es solamente, digamos, Colombia o Latinoamérica, lo que anunciamos como una dimensión geográfica de países en este caso. Sino que el territorio es cada uno de nosotros. Para mí, el territorio es la red que se conforma en este momento, en esta reunión, y también que se conforma en cada uno de los encuentros que convoca la Plataforma. Se comparte un territorio en común a partir de preguntas e investigaciones, y con esas mismas herramientas, por ejemplo en las entrevistas que hacemos, conocemos territorios concretos de otras personas y cómo estas personas los avivan y construyen con sus afectos. Estas relaciones e investigaciones ocurren entre un aquí y un allá, por eso pienso en la preposición «entre». Me ubico siempre «entre», porque es un espacio no totalmente definido, tanto por las disciplinas como por los autores y hasta por los gustos, de lo que se puede hacer desde los lenguajes. Como migrante, he aprendido a vivir en el «entre»; me muevo también entre mis investigaciones y en lo que hago en mi vida cotidiana.
En mi caso, la Plataforma me acompañó en el periodo de pandemia y en la producción de otro proyecto de curaduría en el que colaboré con comunidades indígenas y sobrevivientes del conflicto en Colombia, donde las plantas inicialmente eran el hilo conductor. Cuando una amiga me compartió Pensar desde las plantas, me resonó mucho y conocí muchos trabajos que no conocía antes. Aunque no de la misma manera, la antropología aborda estas temáticas porque desde las cosmologías y estando con la gente en el territorio surgen diálogos de saberes. Por ejemplo, el tema de los seres no humanos, los seres invisibles, siempre está ahí cuando uno está hablando con la gente sobre distintas cuestiones. Entonces, buscar distintas formas de nombrarlo fue revelador para mí.
CS: Para volver a la pregunta de María, creo que la apuesta virtual responde también a que queríamos preguntarnos por el territorio con distintas herramientas, en un momento en que no podíamos acceder a muchos espacios por la pandemia y esta limitación hizo que la pregunta se fugara por distintos niveles, tanto físicos como reflexivos. En esta línea, la noción de plataforma tiene un significado escenográfico: la Plataforma es un espacio de performatividad para ensayar distintas prácticas y reflexiones sobre el pensamiento y las artes ambientales latinoamericanas. Nos interesa más acercarnos desde la curiosidad, identificar y pensar los problemas, que declararnos expertos. En este sentido interpretamos la premisa de la potencia de lo indeterminado. Y esta potencia la encontramos también en el lenguaje. Por eso quiero pasar a una pregunta que ha sido central para nuestro colectivo este último año: ¿cómo y por qué las preposiciones permiten acercarse o situarse para pensar los problemas ambientales y las naturalezas?
SE: Hay elementos con distintas potencias dentro de cada oración. Una conjunción sirve para unir, por ejemplo, nombres en una lista de sustantivos. En cambio, las preposiciones normalmente unen verbos con sustantivos (o secciones de la oración que funcionan como sustantivos), y eso es relevante para pensar en el territorio y para pensar en el activismo gramatical, porque permite una reflexión sobre cómo nuestras acciones se relacionan con otros, con situaciones, con espacios. Las preposiciones nos permiten pensar en cómo situarnos, en cómo nuestras acciones se relacionan con todo lo que nos rodea. Pensar en las preposiciones contribuye al activismo ambiental a partir del lenguaje porque ellas nos permiten posicionarnos y situarnos atendiendo a la diferencia. De nuevo, las preposiciones permiten atraer y unir lo diferente. La potencia de la preposición está ahí. Uno puede tener una preposición entre un verbo y un adjetivo, entre un verbo y un sustantivo, o entre un verbo y un complemento que incluso puede ser una oración completa. Creo que fijarse en y prestar atención a ese elemento clave de las oraciones también es un reflejo de lo que hace la Plataforma: atraer elementos distintos, articular distintas naturalezas y saberes, establecer relaciones donde tal vez no las había antes en los territorios compuestos de lenguaje.
La preposición «tras» es la última que uno se aprende de memoria. Me llama la atención porque encuentro en ella distintos sentidos que conviven de manera paradójica. Por una parte, es lo que viene después de, pero ese seguir implica también una proyección a futuro. O sea, con el «tras» uno llega tarde, pero a la vez está adelantado en un sentido. Leía en alguna gramática del español que «tras» viene del latín trans, que quiere decir ‘al otro lado’. Esa relación que establece la preposición «tras» es fructífera porque también nos lleva a pensar en «seguir a», como cuando uno dice «va tras los pasos de otro». ¿A quiénes seguimos en este caso? «Tras» invita a seguir los pasos de otros. En contraposición, «ante» —que sería su preposición complementaria— tiene el sentido de pararse frente a, incluso luchar contra.
Tal vez «tras» es la preposición que mejor describe lo que uno hace cuando observa aves. Cuando uno sale a pajarear siempre está tras el animal. Uno siempre llega tras el sonido, siempre va un poco tarde. Esto a veces puede ser frustrante porque al llegar solo ve cómo la rama se mueve en el lugar donde estaba el pájaro que uno escuchó hace tan solo un momento. Pero creo que también es fructífero en la medida en que permite cultivar cierta paciencia y distancia. Un dejar ser al otro en sus tiempos, lo que creo que es fundamental. Esta posición con respecto al otro anticipa la presencia sin exigirla. Asumir la preposición «tras» como articuladora de la relación con los pájaros invita a tomar las cosas con calma, a ponernos en una posición que no confronta y ver qué caminos nos muestran otras formas de vida. Pienso, por ejemplo, en el gesto de Derrida (2008) de seguir al animal. Estoy siguiendo a los animales, voy tras sus rastros, que son otra forma de escribir. Y voy tras ellos no a modo de cazador, sino como avistador de aves. Una relación con la naturaleza se puede establecer también siguiendo a otros animales, dándoles su espacio, así eso implique contentarse con ver una rama que tiembla donde antes estuvo un pájaro.
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Primero. Pensar con preposiciones. Es posible desmenuzar en «verbo + preposición “con” + sustantivo». Estamos ante un baile. Una oración que baila gracias a esas tres letras. Toma sentido. Verbo en infinitivo que se transforma en gerundio. El verbo es impersonal y no conjugado, pero se abre a un mundo de posibilidades. Ese «con» significa medio o modo. También instrumento, significa una relación. «Pensar con» es aceptar que estamos sumergidos en relaciones. «No obtenemos conocimiento al estar fuera del mundo, sabemos porque estamos en el mundo», como susurra Barad.
Segundo. Una arqueología de la preposición «con» descubre su profundidad, abre su uso de ‘en compañía de’ a más que una relación, a una maraña de conexiones. Un enredo entre verbos y sustantivos, donde no son ni los verbos ni los sustantivos lo que importa. Es la maraña. El «con» significa reconocer que el mundo es un vasto compuesto de hebras desiguales, bastas, conectadas y enredadas. Agua, pensar con el agua, por ejemplo, es pensar con sus movimientos, con sus colores, con sus ires y venires... es aceptar que también tienen algo de humano, de animal, de planta. Aceptar el «con», su naturaleza, es aceptar que somos coreografías del devenir.
Santiago Alarcón Tobón
Sofía Rosa (SR): Creo que una de las preposiciones más combativas es «contra». Me gusta ir a los orígenes de las palabras, a la etimología, sus caminos que empiezan a ser bifurcaciones y nos dan otras interpretaciones. Creo que es clarísimo que la preposición «contra», dependiendo de su contexto relacional, significa oposición, contrariedad, y en ese sentido es muy relevante para los ambientalismos y activismos. La vemos muy a menudo en la defensa ambiental, en la defensa de los derechos para señalar contra qué elemento nos oponemos, así como para identificar a quiénes afectan las violencias, como por ejemplo violencia contra las mujeres, crímenes contra el medio ambiente. ¿De qué lado del «contra» nos encontramos?
Me puse a pensar si nuestra Plataforma, si nuestro colectivo, está contra algo y creo que he encontrado que sí. Desde el comienzo, este colectivo me hizo sentir parte en la medida en que compartimos un «contra la academia». Creo que hay un contra la academia no en un sentido de anti-intelectualismo o contra el conocimiento, el saber o el aprender, pero sí contra un paradigma académico jerárquico. La mayoría de los invitados y de nosotros mismos sentimos que formamos una contra-academia basada justamente en la colaboración antes que en la competencia, en el compartir, en la horizontalidad. En expertos que no vienen a ocupar ese lugar de experticia, sino a abrirse a otros diálogos. Varios han sido quienes han dicho que esto era como un espacio que estaban buscando dentro de la academia y no lo encontraban. Eso fue algo que siempre me llamó mucho la atención. Una de las invitadas de Pensar desde las plantas, Micha Rahder, nos habló de lo que significa ser un investigador o una investigadora independiente en estos temas. Compartió con nosotros una reflexión sobre cómo nos vinculamos también con las comunidades, los territorios que investigamos, estando dentro o fuera de la academia.
Entonces, creo que el «contra» podría orientarse en nuestra Plataforma en el sentido oposicional o contrario que tiene la preposición, pero es interesante tener en cuenta que ese sentido predominante de oposición empieza a surgir luego del siglo XVI, cuando se estabiliza la preposición «hacia», que empieza a ocupar el lugar que ocupaba «contra», que es el de direccionalidad, el de indicar el destino o sentido de un movimiento. Entonces, «contra la pared», por ejemplo, también indica dónde está algo, frente a qué, en contacto con. Se abre otro sentido de la preposición: su matiz locativo. El texto de Anfibia que compartió con nosotros María, que se llama «La incomodidad, ese fuego de ciertas preguntas» (2023), de Marie Bardet, me pareció significativo para definir nuestro trabajo como «praxis contra teoría» en el sentido de que en la Plataforma estamos haciendo praxis contra teoría no evocando el sentido oposicional y disyuntivo del «contra», sino su sentido orientativo: la práctica se hace junto a, pegada a, la teoría.
En su direccionalidad, la preposición también indica una dirección contraria: «contra la corriente», una de las formas de uso o abuso de esta preposición. Y aquí va una pequeña nota personal: a mí me decían «la contra» cuando era chica porque, contaban, me gusta llevar la contraria. También, como locución adverbial, «contra» es una expresión que aporta mucho sentido en mi vida y creo que les otorga también sentido a las prácticas ambientales y a las prácticas de saber, de conocer y de relacionarse afectivamente de la Plataforma. Si la corriente hegemónica dominante nos lleva para una dirección, nosotros estamos queriendo ir en otra, tal vez siguiendo otras corrientes: la feminista, la ambientalista, la de las plantas que crecen contra el cemento. También pensar en «contra» en un sentido de locación nos posiciona: ¿de qué lado estamos?; ¿a quiénes estamos observando de un lado y del otro? No siempre estas oposiciones son en términos binarios o irreconciliables. «Contra» es una preposición compleja y rica para crear sustantivos: nos ha dado conceptos nuevos y relevantes para el pensamiento ambiental como contranarrativas y contrahegemónico. En estos casos, ser contrario sí parece ser un acto político y afectivo importante. Generar contranarrativas o contradiscursos nos posiciona en lugares alternativos y en prácticas un poco más abiertas y diferentes de las que vienen con este carácter hegemónico y de dominación. No estamos solas nadando contra la corriente.
APL: Hemos hablado un poco de activismo idiomático y gramatical, y no necesariamente esto implica que todos trabajamos con el lenguaje. Pero lo que nos convoca es una idea de habilitar nuevos lenguajes. Porque yo creo, en línea con Sofía, que hay algo muy poderoso en crear nuevas formas de hablar en tanto contribuye a articular nuevas formas de pensar. Entonces, al «contra el academicismo» yo también lo llamaría «contra el saber», o contra la idea de que hay un saber organizado que ya existe y que tenemos que conectarnos a ese saber para poder pensar sobre la naturaleza. Estamos haciendo una contra-cartografía, un contra-lenguaje que habilite otras formas de pensar en común. Y eso a mí me lleva a resonar y entablar diálogos con teorías del conocimiento propias a la fenomenología, el feminismo, el posthumanismo, en las cuales la revolución en el saber tiene que pasar por el cuerpo, y también pasa por contraponerse a las formas de conocimiento habituales y empezar desde otros lugares. Nuestra propuesta debe a ello: contra los lenguajes expertos, contra los saberes, los conocimientos y más bien activando el «desde», «con», «entre» plantas, seres y territorios.
Y para seguir con las preposiciones, quiero que pensemos en la preposición «desde», a propósito de nuestro espacio Pensar desde las plantas. Como dijo Santiago, las preposiciones articulan los verbos con los sustantivos. No estábamos remarcando solo en el pensar de las plantas o pensar con las plantas, si no que queríamos acercarnos a las múltiples perspectivas desde las que se pueden aprehender los conocimientos relacionados con las plantas. Este «pensar desde» está enraizado en distintos territorios y ofrece diversas perspectivas interdisciplinares que queremos articular y tener en cuenta en las discusiones ambientales. Aquí no estamos solo haciendo humanidades ambientales en español; estamos, como editores, fomentando una conversación que responde a ese pensamiento vivo articulado desde América Latina. Aquí hay un impulso por territorializar el pensamiento. Otro aspecto interesante de esta frase es que el verbo «pensar» no tiene un sujeto que lo acompañe, que le anteceda. Entonces no es solo el humano que piensa sobre las plantas o desde las plantas, sino que «pensar desde las plantas» puede ser una reflexión de una colectividad extendida que incluye animales, otras plantas, preguntas, conceptos, atmósferas... y deja la pregunta abierta de ¿quién piensa? Pensar es algo corporal, es una forma de aprehender el mundo. Una posibilidad para quedarse con la riqueza conceptual de ese problema es, por ejemplo, el trabajo de Eduardo Kohn (2021) que se pregunta ¿cómo piensan los bosques?
SR: Siguiendo con el «desde» que menciona Alejandro, estar reflexionando desde las preposiciones implica también reflexionar desde esas relaciones preposicionales y su campo de dispersión que nos van a posicionar luego para la acción. Creo que eso es algo como una descripción lingüística, pero que al mismo tiempo está también situándonos política y afectivamente, que es otro elemento central que nos une como colectivo a los editores, las editoras y también a toda la constelación de participantes de la Plataforma. Reivindicar la afectividad, como también lo dijo Arturo, lo que sentimos, lo que nos pasa, lo que estamos haciendo, también es una contranarrativa de nuestro proyecto, del proyecto de la Plataforma. Podemos decir «unos cuerpos contra otros» y sin embargo, no sería claro el uso y sentido de la preposición «contra». A mí me gusta mucho cuando se producen esas ambigüedades en el lenguaje y creo que eso es un contra-lenguaje, abrir la polisemia, abrir los sentidos a otros sentidos.
MM: Deconstruyeron mi idea de territorio en una hora y media. Yo primero había pensado hablar de la preposición «para», pero después me dio miedo la respuesta: el «para qué lo hacemos». Pienso que vengo con una noción anticuada y capitalista de la producción, que en el trabajo periodístico es la obsesión de quien escribe y de quien edita. Es un trabajo tan artesanal, chiquito, profundo y movilizante que siempre el «para» pone la pregunta por la finalidad. Y no el impacto desde un lugar competitivo y cuantitativo, sino para anticipar y pre-reproducir algunos caminos de circulación. Recuerdo que en uno de los talleres de periodismo de la Fundación Gabo un colega preguntaba: «¿Para qué hago mis coberturas periodísticas?». Y decía: «Bueno, mis notas no harán la revolución, pero serán parte de un acervo para documentar la época». Entonces, también pienso en la angustia por la respuesta del «para» con estos perfumes y ecos.
Por eso me quedé con la preposición «a»: como porteña acelerada, soy rata en el horóscopo chino y elijo la primera. Elijo la «a» que expresa la idea de movimiento, material o figurado, que tiende a alcanzar un fin o propósito. Hay acá un autor que es argentino y vive en Chile, que se llama Roberto Herrscher, que combatió en Malvinas y tiene unos textos muy famosos sobre Malvinas, y en este libro que se llama Periodismo narrativo, cómo contar la realidad con las armas de la literatura (2016), hace un juego. Es como un manual y retoma las viejas «5 W questions» del periodismo, la fórmula estadouni-dense de empezar por las preguntas dónde, cuándo, quién, etc. Luego inventa las «5 W del periodismo narrativo», y es de alguna manera una propuesta decolonial para pensar cómo narramos en América Latina, a partir de la tradición (de los modernistas, la crónica, entre otros textos) de la región. Y a mí, de todas, la que más me gusta es la pregunta, o cómo él reformula el «a quiénes»: a quiénes queremos sensibilizar, transformar, impactar, incidir con nuestras historias; a quiénes elegimos para que las protagonicen; quiénes somos cuando elegimos una historia u otra.
contra
Con otros sobre-vivo
Ontología relacional
Nadie ninguna soy
Tras la montaña
Resistimos y combatimos, nos contradecimos
A veces estar en contra nos agota
Correspondencias
Objeto sujeto obsoleto
Nado contra la corriente
Tomada de tu mano
Reímos para el río, en el río, hacia el río
A veces llevar la contra nos junta, nos celebra
Conmemoramos el duelo
Otros pasos, otra coreografía
Ni bajo ni sobre ni ante
Trago el trago amargo de la variante
normativa
Ritmo de voces ambulantes como la arena
A veces en contra nos encuentra.
Sofía Rosa
AC: Yo propongo reivindicar el «para» porque se ve mucha tensión ahí, con la pregunta ¿para qué hacemos las cosas? Esta es una forma de cuestionar que me imagino está de muchas formas en la vida de los aquí presentes, y en mi caso ha sido una pregunta que me han hecho respecto a mi práctica artística: «¿Para qué estás haciendo lo que estás haciendo?». Lo que de pronto determina la importancia de eso que se hace. Otras veces me han cuestionado: «¿Para qué tienes tantas plantas creciendo en tu jardín?». Y mi respuesta es: solo para verlas crecer, solo para ver qué pasa, solo para ver cómo son, para conocerlas. Me pasó que, luego de olvidar una cebolla que tenía sembrada, la vi echar flores. Hasta ese momento, no sabía cómo eran sus flores. Uno piensa en la cebolla como un bulbo, una verdura; no pensamos mucho en su posibilidad de florecer, de ser polinizada, etc.
El «para» también puede ponernos en aprietos con preguntas como ¿por qué y para qué está la Plataforma? ¿Para quién? Creo que el «para» también da una cualidad de que se está destinado para algo, para alguien, pero que no necesariamente le pertenece. Entonces, este «para» es un regalo. Por supuesto que uno recibe un regalo y puedes decir: «Es mi regalo, yo lo tengo y me pertenece». Pero estoy hablando del «para» más bien en la cualidad de relación, que permite articular dos ideas, permite relaciones horizontales ya sea con algo objetual, con alguien, con alguna acción, con lo que es material o no, con quien no hay una pertenencia sino una asociación.
Quizá estamos para las plantas, para las montañas, para los ríos, para las piedras, y ellxs están para nosotrxs, nunca de una manera en que nos contenemos o nos pertenecemos, pero sí de una manera en la que inexorablemente uno se une con el otro. Y el «para» entonces problematiza intentar dar sentido y una finalidad a cada cosa. Uno va a la montaña solo para estar, solo para voltear hacia otro lado desde donde no se ha visto antes, y decir: «Ok, así se ve acá. Punto, me regreso».
Y quizá no tiene que ir más allá. Pero esa breve finalidad puede derivar en una cosa posterior e indeterminada. Me gusta mucho la idea de lo latente, lo que está ahí como en reposo. También es una idea que hemos abordado con los ríos, con la pregunta sobre si los ríos tienen memoria. En territorios donde aparentemente hay un hueco en la tierra, un surco y nada más, de repente empieza a llover y se desborda el río. Creo que el «para» puede llegar a estos desbordamientos a partir de una simple finalidad, pero también a partir de actos de cariño sin finalidades preestablecidas.
El «para qué» haces las cosas indica que hay algo que te importa. Si estamos juntándonos a hablar de asuntos que tienen que ver con otrxs seres —con el ambiente, con el territorio, con temas que nos preocupan— es quizá para conocerlos, quizá para hacer algo mejor, quizá para simplemente ampliar la percepción que tenemos de esxs otrxs seres que nos acompañan o con lxs que convivimos. Entonces, me parece que en el «para» también hay una relación de cariño, de cuidado. Si nos quedamos con las cuestiones gramaticales, el «para» se reduce a una finalidad, destino, plazo, término. Me parece útil volver al origen y etimología de las palabras, pero me parece mucho más útil cómo se usan ahorita. Y qué cosas podemos inventar con cada palabra y cómo cada uso de la palabra puede ser una nueva aplicación o una nueva resignificación. Por ejemplo, en el acto de cuidar las plantas en mi jardín me parece que es donde se genera esta gran relación de las afectividades que decía Sofi. Yo no sé si las plantas tienen una agencia más allá de vivir, pero mientras tanto, voy a regarlas para que crezcan, florezcan, solo para conocerlas. Solo para llevar ese proceso, solo para que se sigan moviendo las cosas; me gusta pensar el «para» no como una preposición que está pensada para la efectividad, sino para el cariño, y para que haya un movimiento continuo.
SR: Solo una cosa sobre lo que dijo Arturo y su «para», que fue un aprendizaje para mí. Hace un tiempo vi unas fotos que él subió a su cuenta de Instagram de unos gusanitos en sus plantas y, bueno, le pregunté para qué los dejaba. ¿Por qué están ahí? Y él me dijo que era para ver qué pasaba. Yo tengo esos mismos gusanitos en mis plantas, especialmente en una que prolifera, que se ve fuerte; entonces también los dejé para ver qué pasaba en esa interacción y para no intervenir. Creo que eso es también un sentido contrario al que a veces nos lleva a tratar de cambiar ese «para», que siempre tiene esa carga de actuar, de intervenir, de estar, de procesar, de hacer, de concluir, de producir. Y muchas veces, el «para» es, justamente, «para nada». No hay finalidad; hay sutilezas pequeñas: para qué nos juntamos, para qué nos miramos, para qué conversamos, para qué dejamos que los gusanitos prosperen en esa planta... bueno, para nada. Parte de lo que nos hace también seguir en esta Plataforma son esas interacciones que parecen insignificantes. Muchas veces hay ideas, palabras, conceptos, intereses que parecen no llevar a ningún lado, pero vuelven en otro otoño, en otra primavera a florecer.
SC: Escuchando a Arturo pensaba en cómo el tema de las plantas regresa. En el Amazonas aprendí sobre plantas que se juntan, que se entremezclan y se vuelven una sustancia, como el mambe o como el ambil, que son, además, sustancias que cuando entran en nuestro cuerpo componen otras cosas dentro de nosotros; un revuelto o combinación de cosas. Pensar en esas sustancias que son fermento es fantástico. Pienso en la cantidad de chichas de arroz, de maíz o de yuca, que son fermentos de muchos procesos. Y que nos dicen mucho de la relación con las plantas, con historias, con formas de hacer y de esperar. Estos fermentos van a pulular nuestros intestinos. Me parece muy bonito pensar además en lo que está fermentando ahora con todo lo que ustedes están diciendo. En el lenguaje también hay fermentos.
Santiago Alarcón Tobón (SAT): Yo propongo pensar la preposición «con» y tengo mucho interés en cómo «con» lleva a la expresión «pensar con». Gran parte de esto viene también de mi investigación y lo que proponen muchos antropólogos, que creo que es fundamental para entender cómo el agua nos puede ayudar a pensar nuestro mundo y nuestra relación con mundos más-que-humanos. También me interesan mucho las investigaciones de Karen Barad (2007) sobre el «volvernos con», lo cual destaca la importancia del pensamiento situado y prácticamente indica que no obtenemos conocimiento desde afuera del mundo, sino que sabemos acerca del mundo porque estamos dentro de él. El «con» me conflictúa. Me hace pensar en cómo es un medio. Permite transformar verbos en infinitivo a verbos en gerundio, lo cual cambia y puede ayudar a pensar desde lo relacional. Mi primera reflexión al respecto es cómo el «con» posibilita tender puentes entre diferentes elementos, permitiéndonos relacionar diferentes cosas que componen el mundo. En mi caso, el tema del agua y cómo pensar desde el agua permite comprender, desde un punto de vista no humano, diferentes procesos que, al final de cuentas, nos ayudan a entendernos a nosotros mismos en el mundo en que estamos sumergidos y del cual hacemos parte. Por eso lo conecto mucho con el pensamiento situado.
Lo otro interesante es que el «con» viene de la raíz latina que significa ‘en compañía de’, lo cual encontré muy bonito. Me sumergí en la etimología, lo que me llevó a una especie de arqueología del «con». «En compañía de» nos hace conscientes de lo relacional, implicando una relación con algo que está y que forma parte del mundo que habitamos. En el caso del agua, esto es muy claro. Tanto el aire mismo como nuestra composición es húmeda; es imposible pensar en lo humano sin pensar en el agua. Otro significado de «con» viene del préstamo que hace del latín al griego. «Con» viene de la raíz indoeuropea *k´óm, y podemos relacionarlo con el adjetivo de «común» en griego, que es koinós. Si empezamos a pensar a partir de lo común, creo que esa es una de las potencias que tiene el «con»: busca un lenguaje de lo común. El lenguaje común me permite pensar cómo se puede facilitar el traducir y trasladar elementos que no son necesariamente humanos. Esto nos permite una comprensión de la realidad mucho más potente.
También la etimología de «preposición» es fascinante. Cuando los latinos adoptaron la gramática griega, hicieron una traducción muy precisa: la traducen como praepositio, que en latín significa una palabra que se pone delante de otra y la determina; pero en griego, si uno investiga el origen de «preposición», también puede significar ‘prótesis’. Me pareció súper interesante porque es como agregar algo al conocimiento que no es tan obvio.
CS: Las preposiciones también son como una especie de coreografía en el lenguaje para situarse respecto a esos distintos problemas y formas de abordarlos. Pensando en la colectividad de la que hablaba Arturo, jugar con las preposiciones en las oraciones es una cuestión muy coreográfica y performática de cómo buscar intersticios en el lenguaje y cómo situarnos y cómo acomodar el cuerpo también al pensamiento. La reflexión y el uso del lenguaje a propósito de los problemas y prácticas ambientales no es estática; tiene esta reciprocidad, esa ida y vuelta. No es simplemente dirigirse al objeto, que es como la coreografía más tradicional de ir
a mirarlo, de volcarse hacia. Pienso en la posición del cuerpo del científico sobre el microscopio, la posición del lector, la posición del cuerpo del escritor. Yo creo que la reflexión sobre las preposiciones ofrece otras salidas corporales, porque también los problemas ambientales le devuelven a uno la pregunta, interpelan a quien está preguntando. También veía ese «tras» que además de ir «detrás de» es un «atravesar», es una pregunta que implosiona las categorías tradicionales de pensamiento y así permite otros acercamientos.
Quiero hablar sobre cómo en esas coreografías de las preposiciones son importantes también las palabras, pero en forma de diálogo. Muchas veces hemos hablado aquí de coro, de tejer palabras. Nuestra metodología principal, como Plataforma, es el diálogo. El diálogo pone en contacto distintos saberes, distintas disciplinas, distintas formas de pensar y de abordar las cuestiones ambientales. Creo que en estos años nos hemos ocupado de buscar formas de poner en diálogo distintas voces, y creo que la performatividad, como el coro, como un conjunto de distintas voces, tiene una sonoridad espacial, una situación espacial distinta de la palabra escrita. La palabra hablada viene ligada también a la idea de plataforma en tanto elemento escenográfico, performático.
SC: Yo me sitúo en la preposición «entre» y lo digo desde tres momentos de mi vida; uno ya lo mencionaba al decir que soy un sujeto migrante, entre Colombia e Italia. También cuando estuve en Brasil y cuando de Bogotá me desplacé al Amazonas. He estado siempre «entre» y esto me ha constituido y me ha enriquecido mucho. La segunda forma de estar «entre» es mi formación en antropología, pero no la pongo como disciplina, sino como ese «entre saberes» que venían de la academia, pero también esos saberes poderosos de epistemologías de gente indígena con quienes trabajaba sobre todo en el Amazonas. En un momento escuché un relato del cortacabezas. En la historia hay un rumor, aparecían peligros que yo pensaba que eran solamente ficción, pero eran relatos reales de violencia sucedidos en el Amazonas... Ese «entre» es también estar en la selva, que es un mundo increíble de tanta vitalidad y de tantos seres comunicantes.
Y también el «entre» se hizo más importante para mí cuando me volví madre. Estamos compuestos por bacterias, virus y otros seres. Nuestros cuerpos son una multiplicidad de seres que lo componen y el hecho de tener un hijo lo muestra más claro: fue una de las experiencias más fuertes para mí, tener a alguien ahí adentro. Realmente fue impactante: una cosa es leerlo, y otra vivenciarlo. Vivir en ese «entre» de qué soy yo, verme también desde fuera, como las arañas que tienen su telaraña fuera, pero es parte de su ser. Ese «entre» me ha definido mucho. Pero también el «entre» para mí indica una reciprocidad. Una reciprocidad que se da entre nosotros: tú, yo, lo mío, lo nuestro. Como esta plataforma que es un escenario, un lugar de compartir, y de estar entre distintos mundos, distintos puntos.
entre
En una noche de este invierno que en realidad no fue invierno, mi hijo Martino me preguntó angustiado: «Y ¿si el planeta se va a acabar, para qué sigo yendo a la escuela?». Pregunta que me dejó en blanco, sin saber qué responder. No quería caer en palabras de vago optimismo ni caer en fatalismos que arruinarían nuestra hora de ir a dormir y soñar.
Hoy mientras compartía esta tarde con ustedes, pensando juntos, volvió esa pregunta a mi cabeza.
Les dije que el «entre» se ha vuelto para mí un modo de vivir y de actuar; siendo madre e hija al mismo tiempo. Hija de una madre con Alzheimer cuya memoria se deteriora, pero que sigue cultivando un gran afecto por sus maticas, como las llama ella. Madre de un hijo adolescente que no sabe si es colombiano o italiano y que aún no sabe del poder de ser «entre», sino que quiere ser como los demás; aún va con la corriente, espero luego contracorriente.
Desde este fermento creado a partir de nuestra conversación, saco fuerzas para decirle a mi hijo que es importante que se siga haciendo esas preguntas, aunque sean incómodas porque no hay respuestas que nos aseguren. Que igual seguimos andando, no estamos solos, somos tantos y tantas, también el perro Río y la gallina Leticia nos acompañan.
Salima Cure
CS: Me pareció súper chévere el tema del fermento, y también pienso en el sedimento como lo que queda y permite una relación, pensando en la tierra, en las capas de la tierra. Mi preposición es «de». Se usa para posesión o pertenencia, pero a mí me gusta usarla para pensar no como una posesión o propiedad, sino como pertenencia a algo más grande, y pienso mucho en «de la tierra». Esta preposición denota también origen, de dónde viene o sale algo. Sirve para hablar de las causas, de las materialidades que constituyen los cuerpos y objetos: «Esto está hecho de plástico, de metal». Se usa para hablar tanto de materias orgánicas como inorgánicas, y también para denotar un tema o un asunto. Me parece que esta preposición permite atravesar la distinción entre lenguaje y territorio, y pensar que están más entrelazados de lo que parece, dando a la relación una transversalidad que permite expresar las naturalezas y permite a las naturalezas expresarse. El «de» también se usa para hablar de la condición o cualidad de algo; por ejemplo: «Susana es una persona de confianza». Se usa para indicar procedencia, como: «Viajó de Argentina a Brasil», lo que está muy relacionado con el espacio. Creo que tiene una correspondencia interesante con «para», como en «para qué hablamos de esto». Lo cual tiene mucho que ver, para mí, con una correspondencia, con el ejercicio de hacer cartas, de dirigir algo hacia otra persona y pensar en esa reciprocidad, en las direcciones de la comunicación.
Me parece interesante cómo la preposición «de» se sitúa en las intersecciones entre tiempo y espacio. Reflexionaba sobre cómo «de» se usa para hablar del origen, de genealogías familiares, pero al mismo tiempo sirve para hablar de lugares. Esto es, la preposición «de» permite dar cuenta de cómo se entrelazan la procedencia con los espacios, como «de dónde es»; pero también permite mostrar parentescos, por ejemplo: «hija de», «sobrina de», «compañera de», y al mismo tiempo materialidades, temporalidades, espacialidades: «de la tierra», «del volcán», «del humedal», «de la calle», «de noche», «de día», «de tres a cuatro de la tarde». El «de» permite jugar con el origen, volviendo la pregunta «¿de dónde eres?» una pregunta móvil, que no se puede responder con una sola palabra, sino que está en transformación. Hay un juego de palabras que quisiera proponer con «de», ya que también forma parte de la palabra «devenir» y está presente también en la formulación «venir de». Entonces, «devenir planta» o «ser de la planta», «ser de la piedra», permite identificar cuerpos y pensar en las posibles transformaciones que ocurren allí.
Creo que, en ese sentido, la preposición «de» permite buscar formas de relación y pensar el espacio también como algo que está en construcción, algo móvil. Y también este «de» ayuda a pensar en el lenguaje como materia, como una materia que, a través del trabajo o de la creación, puede traer otra cosa y puede hacernos devenir otra cosa. Sitúo el «de» en relación con genealogías y parentescos. Creo que también habla sobre los parentescos que están por venir, de la materia en común de la planta, de la tierra. Todos los espacios por donde transitamos también nos transforman, y somos un poco de ellos también. Ahí vuelvo a la idea de sedimento y se puede pensar en escalas muy pequeñas, como de la casa, pero también de esta calle, de esta tierra, y mucho más allá: no tanto de la idea de una nación o de un Estado, sino más bien de las relaciones que se han construido, los lugares de las personas y lo que va quedando en las experiencias de la migración.
de
¿De dónde soy?
De una cadena de pasos que no va en línea recta sino merodea
de las huellas de árboles, perros y pájaros
abriendo camino en el barro del humedal donde crecí
de personas que ya no están
de la otra niña que me miraba detrás del charco
de esa mezcla de tierra y agua
donde se empozan renacuajos
de los sonidos de las tinguas y los coquitos
mezclándose con los carros de la ciudad de Bogotá,
de los pasos sincronizados de mis hermanas
de los países lejanos de mis amigas pájaras
de las piedras a la orilla del río Raritan
de las idas y venidas entre Nueva Jersey y Nueva York,
tierras de pantanos, puertos y luces reflejadas en el agua
de los cuerpos cuyas coreografías de vida me acompañan
de las conversaciones que no he tenido pero me cambiarán para siempre.
Carolina Sánchez
El trabajo colectivo de la Plataforma de Humanidades Ambientales nos ha llevado a explorar la potencia de lo indeterminado a partir de una reflexión sobre las preposiciones. Entendemos lo indeterminado como una destrucción, pero también como una posibilidad. Lo indeterminado como destrucción son las distintas versiones de fines de mundos que seguirán sucediendo a causa de la devastación generada por las violencias humanas hacia la naturaleza: contaminación, toxicidad, extractivismos minerales, vegetales, animales y epistémicos; producción y consumo desaforados, genocidios y ecocidios, que producen ruinas a una velocidad sin precedentes. Pero también entendemos lo indeterminado como distintas posibilidades para afrontar algunos aspectos de estas crisis. En este contexto, las preposiciones tienen una potencia que consiste en reflexionar sobre cómo nos situamos en las crisis, qué posiciones y acciones podemos tomar frente a ellas y qué relaciones con las distintas formas de vida humanas y no humanas están en juego y pueden modificarse y crearse, en vez de destruirse, en esta indeterminación.
Las preposiciones son como una especie de coreografía del lenguaje para situarse respecto a distintos problemas y formas de abordarlos. Esta clase de palabras relaciona distintos tipos de palabras como verbos con sustantivos o sustantivos con sustantivos y determina las posiciones y relaciones entre estas palabras dentro y fuera de las oraciones. En tanto identifican posiciones y lugares de distintos agentes, las preposiciones permiten una reflexión sobre cómo nuestras acciones se relacionan con distintas formas de vida, con situaciones, con espacios y territorios. Nos dan la posibilidad de pensar cómo situarnos frente a las diferencias propias de la naturaleza, incluida la diferencia de lenguajes entre especies, y generan espacios para articular y poner en diálogo lo diferente. En el pajareo, la preposición «tras» permite seguir el rastro de animales, los pasos de otros, y preguntarnos ¿tras las pistas de quiénes estamos? ¿A quiénes seguimos? La preposición «con» nos dispone a pensar en la compañía del agua que borra fronteras entre cuerpos. O «contra», que sirve tanto para oponernos como acercarnos, explorar una praxis contra teoría no evocando el sentido oposicional sino su sentido orientativo: la práctica se hace junto a, pegada a la teoría, pero contra sus jerarquías y formas de dominio. La palabra «contra» tiene un gran potencial político al ayudarnos a identificar actos afectivos y acciones frente a problemas comunes.
Las preposiciones son una de las formas de la potencia de lo indeterminado en el sentido de que nos permiten acercarnos a diversas relaciones con los seres de las distintas naturalezas que somos y que nos rodean; permiten rastrear historias que postergan el fin del mundo, situarnos de distintas maneras en la co-presencia de la destrucción y construcción de mundos. Con el uso del lenguaje, las preposiciones ayudan a sospechar de finalidades pre-establecidas y buscan abrir espacios, identificar los fermentos y sedimentos que se mantienen vivos a pesar de la destrucción. En este diálogo, hemos explorado la potencia de las preposiciones como formas de relacionarse con los variados mundos que conforman el mundo, con sus latencias que pueden ser puntos de encuentro para articular y defender lo común. post(s)
Referencias
Barad, K. (2007). Meeting the universe halfway: Quantum physics and the entanglement of matter and meaning. Duke University Press.
Bardet, M. (2023, febrero 19). La incomodidad, ese fuego de ciertas preguntas. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/la-incomodidad-ese-fuego-de-ciertas-pregunta/
Derrida, J. (2008). El animal que luego estoy si(gui)endo. Editorial Trotta.
Kohn, E. (2021). Cómo piensan los bosques: Hacia una antropología más allá de lo humano. Ediciones Abya-Yala, Hekht.
Herrscher, R. (2016). Periodismo narrativo. Cómo contar la realidad con las armas de la literatura. Marea Editorial.
Información adicional
Cómo citar: Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales. (2025). Preposiciones y naturalezas. Una conversación entre lxs editorxs de la Plataforma Latinoamericana de Humanidades Ambientales. En post(s), volumen 11 (pp. 180-201). USFQ PRESS.