COLUMNA

NOTA BREVE SOBRE NOMBRES PROPIOS FICCIONALES EN EL ESPAÑOL RIOPLATENSE

Short Note on Fictional Proper Names in Rioplatense Spanish

Andrea Bohrn[1]
Universidad de Buenos Aires, Argentina

Gramma

Universidad del Salvador, Argentina

ISSN: 1850-0153

ISSN-e: 1850-0161

Periodicidad: Bianual

vol. XXXVI, núm. 75, 2025

revista.gramma@usal.edu.ar



En esta columna, presentaremos un breve recorrido por algunos procesos de formación de palabras que involucran nombres propios, de diversos modos y con diferente alcance, en tanto pueden abarcar desde lo denotativo, como la designación de objetos («perramus», «yilé»; Conde, 2011) hasta lo connotativo asociado a valores lúdico-atenuativos («falluteli», «figureti»). Haremos referencia, en primera instancia, a la lexicalización de nombres de marcas; posteriormente, a los formantes italianísticos, que ya han sido objeto de estudios previos (Meo Zilio, 1989; Di Tullio, en prensa; Conde, 2011; Bohrn, 2017), y, finalmente, a la formación de apellidos ficcionales que devienen en sustantivos o adjetivos. Los ejemplos considerados pertenecen a la variedad rioplatense. No retomaremos, en esta oportunidad, los casos de paronomasia, que ya hemos abordado en una columna previa (Bohrn, 2023).

La lexicalización es un concepto sumamente relevante para comprender ciertos procesos de formación de palabras que implican un cambio de significado, pero que no involucran el agregado de material afijal, es decir, que no implican un proceso derivativo. En Bohrn (2020, p. 149), definimos la lexicalización como el fenómeno que ocurre cuando el significado de una unidad no puede deducirse de ninguna regla gramatical y debe listarse, para incrementar así el vocabulario de la lengua. Esto aplica para unidades como «caído del catre», «de cuarta» o «ir a Cantarle a Gardel», pero también se puede reconocer en palabras como «compadrito» o «arbolito», que no remiten a ‘un x de pequeño tamaño’, sino al ‘tipo característico del arrabal’ o ‘vendedor informal de moneda extranjera’, respectivamente. Existen ciertos casos de lexicalización que implican la aparición de nuevos significados de una palabra ya existente que también deben ser listados en el léxico y que, por ende, contribuyen a la ampliación del vocabulario de los hablantes. En este contexto, ciertos casos de recategorización pueden inscribirse en esta segunda acepción de la noción de lexicalización. Entendemos por «recategorización» el proceso por el cual una subclase de palabras adquiere las propiedades o el funcionamiento de la subclase que se presenta como opositiva. El caso más estudiado es el de la recategorización entre nombres de masa («café», «sal», «harina») a nombres contables («mesa», «libro», «gato»), en el que los nombres de masa y los nombres contables, que se definen por contraste, pueden adquirir los comportamientos de la clase opuesta (Bosque, 1999). Así, en 1.a) observamos que el nombre «café» se comporta como nombre de masa, en un típico caso de cuantificación mediante «mucho». En 1.b), se presenta la recategorización de «café», ya como nombre contable, con la lectura de porción o tipo.

  1. 1)

  2. a. Traje mucho café de Colombia.

  3. b. un café colombiano.

En el caso de los nombres propios, la subclase de sustantivos con la que se establecen relaciones de contraste son los nombres comunes, por lo que la recategorización puede darse de nombres propios a nombres comunes. En este sentido, Conde (2011, p. 267), para el lunfardo, recoge una serie de ejemplos que muestran este recorrido, y considera también que se trata de lexicalizaciones. Puntualmente, menciona aquellas unidades que provienen de nombres de pila 2.a) y de nombres de marcas 2.b).

  1. 2)

  2. a. Froilán, mamerto, pancracio, pascual, carlitos, con el sentido de ‘tonto’.

  3. b. Gomina, primus, victrola, alpargatas, championes, cuáquer, perramus, yilé, kolynos, barbi, táper.

En algunos casos, el pasaje de nombre propio a nombre común puede estar asociado a una simplificación de la ortografía («Gillette» > «yilé»), sobre todo si se originan en nombres no pertenecientes al español.

Nos centraremos ahora en los formantes italianísticos como punto de partida para considerar la formación de algunos apellidos ficcionales, que posteriormente se lexicalizan como sustantivos/ adjetivos[2]. Se denominan formantes italianísticos a una serie de morfemas, propios del español rioplatense, que surgen en el contexto de la inmigración masiva como resultado del contacto entre el español y el italiano. Di Tullio (en prensa) establece que ciertos morfemas o formantes como -eli, -ani u -ola provienen del análisis de apellidos italianos que están sujetos a una reinterpretación como palabras complejas (locate-elli, del aviador italiano Antonio Locatelli). Ese proceso de reinterpretación se denomina reanálisis e implica que los hablantes interpretan palabras simples, como el apellido Locatelli, como unidades de estructura compleja (Loco + formante -elli). En 3), se presentan las segmentaciones que propone la autora:

  1. 3)

  2. a. Locat-elli.

  3. b. Scas-ani.

  4. c. Gratar-ola.

El segmento resultante, entonces, se ve enriquecido con un valor afectivo, atenuativo o ponderativo, junto con su carácter italianizante. En lo concerniente a la productividad, también identifica a -eli como el elemento de mayor frecuencia, en tanto puede adjuntarse a adjetivos y adverbios graduables («careli», «sordeli», «falluteli», «taradeli», «crudeli», «curdeli», «rapideli», «tardeli»), sustantivos («pinteli», «camiseli», «corbateli») y construcciones («de costadeli», «de mañaneli»). Le sigue en frecuencia -eti, que se adjunta a adjetivos y se registra en casos como «apureti», «desespereti», «colgadeti», «figureti», «garroneti», «gordeti», «pascualeti» y «pesadeti».

Di Tullio señala en particular:

  1. Algunas palabras conservan el sufijo diminutivo italiano -ino, como «mamima» o «nonino». Sin embargo, en contextos más restringidos, se analizan como tales algunas terminaciones, que no son verdaderos sufijos, pero que adquieren un valor estilístico, atenuativo o ponderativo, por su connotación italinizante, como -eli, -eti, -ini, -ieri, -ani, -ola, -ioni, -ucci, -uti, -ina, -ichelo, -at, -ún. (En prensa, p. 5)

El funcionamiento de estos formantes no solo se extiende a palabras generales del español, como los ejemplos que hemos mencionado, sino que también se utilizaron para la creación de una serie de apellidos ficcionales que dieron vida a personajes de tiras cómicas y/o historietas creados por José Antonio Guillermo Divito (1914-1969), fundador de la revista Rico Tipo (1944-1972). Nos estamos refiriendo a PochitaMorfoni (1955) y a Fallutelli (1955).

  1. 4) Fallutelli y Pochita Morfoni - Personajes de Divito (ver Figura 1 y Figura 2).

A la inversa de los apellidos italianos reales como «Locatelli», que se corresponden con palabras simples a las que el hablante les asigna estructura interna (Locate-elli), aquí se toma como punto de partida una palabra del lunfardo y se le adjunta alguno de estos sufijos para dotarla de carácter italianizante.

  1. 5) Base + formante italianístico > apellido ficcional.

  2. a. Morfar + -oni > Morfoni.

  3. b. Falluto + -elli > Falluteli.

Se logra, de esta manera, una representación de una característica determinada, mediante la asociación de la imagen y el nombre así creado. En efecto, «Pochita Morfoni» es un personaje asociado al «morfar» (‘comer’), y «Fallutelli» presenta a una ‘persona poco honesta/sincera’ o ‘falluta’. El éxito de estos caracteres se tradujo en la utilización de sus apellidos como nombres comunes y, luego, como adjetivos. Si bien hoy en día no son formas de alta frecuencia, son empleadas por adultos de, al menos, sesenta años. A continuación, presentamos algunos ejemplos, tomados de la red social X, entre marzo y agosto del 2025.

  1. 6) «Falluteli».

  2. FallutoAdjetivo + -eli> Fallutellinombre propio> fallutelli/ fallutelinombre común/ adjetivo.

  3. a. La vocecita de mosquita muerta y su cara de falluteli.

  4. b. No fue nadie de la derecha «tradicional» chilena a la toma de poder del falluteli ese.

  5. c. Que perdida esta la Marcita wachooo, amiga falluteli.

  1. 7) «Pochita Morfoni».

  2. Morfarverbo + -oni > Morfoninombre propio > morfoni/ pochi morfoninombre común/ adjetivo.

  3. a. El paraíso para una pochita morfoni como yo.

  4. b. Por suerte esta noche sale polenta con estofado (siempre pensamientos pochi-morfoni).

  5. c. Mira que yo como sin privarme de nada eh, pero hace 4 días tengo la luna en pochita morfoni. Vivo con hambre.

En 6), se observa la secuencia de formación del apellido Fallutelli y su posterior recategorización, de nombre propio a nombre común. En particular, en 6.a) y b) se evidencia el uso de «fallutelli» como nombre, en posición de complemento de preposición. En 6.c), modifica al nombre «amiga», lo que muestra que no solo puede ser usado como nombre, sino también como adjetivo. Tal como sucedía con los ejemplos de lexicalizaciones de 2), pueden darse simplificaciones ortográficas (Fallutelli > falluteli).

En 7), presentamos los ejemplos equivalentes, pero para Pochita Morfoni: 7) muestra la secuencia de formación desde la base verbal hasta el nombre común; 7.a) evidencia el uso como sustantivo y los 7.b) y c) muestran el uso como adjetivo.

La televisión también permitió la formación de dos palabras de manera muy similar. Se trata de los personajes Naboletti (1980) y Figuretti (1995). El primero de ellos fue interpretado por el actor Juan Acosta, en el programa El mundo de Antonio Gasalla y El palacio de la risa, mientras que el segundo surgió en Videomatch y se debe al actor Freddy Villarreal. Ambos nombres propios funcionan de la misma manera que sus antecesores Fallutelli / Morfoni. En primera instancia, se parte de una palabra del lunfardo o español coloquial, a esta base se le adjunta una terminación italianizante y se obtiene el nombre propio en cuestión. «Naboletti» se forma a partir de «nabo», con el significado de ‘persona con poca inteligencia’ y la terminación -etti. Por su parte, del verbo «figurar», con el sentido de ‘querer ganar protagonismo, darse importancia’, se deriva, también mediante el sufijo -etti, el apellido «Figuretti». Nuevamente, la popularidad de estos personajes determinó que sus apellidos se recategorizaran de nombres propios ficcionales a nombres comunes y adjetivos.

  1. 8) Naboletti.

  2. Nabosustantivo + (l)etti > Nabolettinombre propio > naboletinombre común/ adjetivo.

  3. a. Será un naboletti pero es encantador.

  4. b. Qué naboletti que sos. ¿Lees lo que escribís?

  5. c. No podés ser tan naboleti.

  1. 9) Figuretti.

  2. Figurarverbo > -etti> Figurettinombre propio > figuretinombre propio/ adjetivo.

  3. a. Lo que le gusta la cámara a ese pibe, un figureti total.

  4. b. Ese chabón es un mafioso figureti.

  5. c. Le importa ser más figureti en Insta, y andar de vivo.

  6. d. Re figureti la tana...

Como puede verse, tanto en 8.a) como en 9.a) aparecen los usos como nombres comunes. Asimismo, en 8.b-c) y 9.b-c) se registran los usos adjetivales. Es relevante mencionar que, en todos los casos que hemos recopilado, la utilización de los apellidos como nombres comunes aporta un uso festivo o lúdico. También pueden identificarse valores vinculados con la atenuación o la aminoración dado que el hablante suaviza una afirmación o un juicio de valor sobre otro, que puede, potencialmente, resultar denostativo o despectivo. Estos valores son propios del ámbito evaluativo o apreciativo.

A modo de recapitulación, podemos señalar que hemos establecido un recorrido que se inicia en el contexto de la inmigración masiva de finales del siglo xix y principios del siglo xx con el reanálisis de apellidos italianos. Por medio de esta operación, se generaron una serie de terminaciones o formantes italianísticos como -eli, -oni con funcionamiento apreciativo, que se aplican a nombres o adjetivos («careli», «crudeli», etc.). El afán lúdico y creativo de diversos medios de comunicación y artísticos gestó, sobre la base de estos elementos, una serie de apellidos ficcionales que dotaron de identidad a los personajes que llevaban esa nomenclatura. Este proceso dio origen a los nombres propios «Fallutelli», «Pochita Morfoni», «Naboletti» y «Figuretti», que se mantienen aún en la memoria de muchos argentinos. Pero allí no termina el carácter creativo y lúdico, sino que se extiende un paso más al transformar estos nombres propios en nombres comunes que denotan un tipo de comportamiento especial o alguna característica peculiar. En este sentido, este último proceso que identificamos como un caso de lexicalización y como un caso de recategorización en particular también involucra una dimensión connotativa, en tanto involucra aspectos apreciativos, vinculados con lo lúdico-festivo, lo insultativo y lo atenuativo. En esta breve columna, hemos podido poner en conexión e ilustrar algunas extensiones que llegan hasta nuestros días de fenómenos derivados de la relación entre el español rioplatense y el italiano, como así también hacer un aporte a la descripción general de ciertas formas apreciativas asociadas al cronolecto adulto.

Referencias

Bohrn, A. (2017). Locateli, guisacho, bailongo y otras derivaciones apreciativas en el español coloquial rioplatense. Signo & Seña, (32), 21-43. https://doi.org/10.34096/sys.n32.4108

Bohrn, A. (2020). «Procesos de formación de palabras en lunfardo», en Kornfeld, L. (Ed.). Temas de gramática y variación. Waldhuter, 131-162.

Bohrn, A. (2023). «La paronomasia desde una perspectiva formal». Gramma. Revista de la Universidad del Salvador 33, 69, s. d.

Bosque, I. (1999). El nombre común. En I. Bosque y V. Demonte (Eds.), Gramática descriptiva del español. Espasa.

Conde, O. (2011). Lunfardo. Un estudio sobre el habla popular de los argentinos. Taurus.

Di Tullio, Á. (en prensa). La lengua italiana en la Argentina. En L. Seriani (Ed.), Enciclopedia L’italiano nel mondo. UTET.

Meo Zilio, G. (1989). Estudios Hispanoamericanos. Bulzoni Editore.

Apéndice

Figura 1
Figura 1

Figura 2
Figura 2

Notas

[1] Licenciada y profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente, se desempeña como docente de Gramática en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Correo electrónico: andletras@gmail.com
[2] Por razones de extensión, no profundizaremos en las características de los formantes italianísticos. Pueden verse, al respecto, Bohrn (2017) y Bohrn (2023), y las referencias allí mencionadas.
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