

DOSSIER: DIÁLOGOS DE INVESTIGACIÓN: MUJERES LATINOAMERICANAS Y ARGENTINAS EN LA REVISTA «SUR»
UN ENSAYO SOBRE LYDIA CABRERA EN SUR REALIZADO POR ESPERANZA FIGUEROA
An essay about Lydia Cabrera in Sur by Esperanza Figueroa
Gramma
Universidad del Salvador, Argentina
ISSN: 1850-0153
ISSN-e: 1850-0161
Periodicidad: Bianual
vol. 36, núm. 74, 2025
Recepción: 03 febrero 2025
Aprobación: 12 marzo 2025
Resumen: En 1981, en su número 349, la revista Sur publica un texto a medio camino entre la reseña y el ensayo, titulado «Lydia Cabrera: Cuentos negros de Cuba», firmado por Esperanza Figueroa. En este artículo, rastrearemos la información disponible sobre Figueroa, una académica cubana poco conocida. Luego, presentaremos a la mucho más famosa Lydia Cabrera. Por último, nos enfocaremos en el texto publicado en Sur, que demuestra un sólido conocimiento por parte de Figueroa e introduce con abundantes y merecidos elogios la obra de Cabrera en la Argentina.
Palabras clave: revista Sur, Lydia Cabrera, Esperanza Figueroa/Amaral, Cuentos negros de Cuba, escritoras cubanas, mujeres.
Abstract: In 1981, in its number 349, Sur magazine published a text halfway between the review and the essay titled “Lydia Cabrera: Cuentos negros de Cuba”, signed by Esperanza Figueroa. In this article, we will trace the available information about Figueroa, a little-known Cuban academic. Next, we will introduce the much more famous Lydia Cabrera. Finally, we will focus on the text published in Sur, which demonstrates solid knowledge on the part of Figueroa and introduces Cabrera's work in Argentina with abundant and well-deserved praise.
Keywords: Sur magazine, Lydia Cabrera, Esperanza Figueroa/Amaral, Cuentos negros de Cuba, Cuban writers, women.
Introducción
En 1981, en su número 349, la revista Sur publica un texto a medio camino entre la reseña y el ensayo titulado «Lydia Cabrera: Cuentos negros de Cuba», firmado por Esperanza Figueroa. En este artículo, rastrearemos la información disponible sobre Figueroa, una académica cubana poco conocida. Luego, presentaremos a la mucho más famosa Lydia Cabrera. Por último, nos enfocaremos en el texto publicado en Sur, que demuestra un sólido conocimiento por parte de Figueroa e introduce con abundantes y merecidos elogios la obra de Cabrera en la Argentina.
Esperanza Figueroa y el Trabajo Académico Cubano en el Exilio
Entre las escritoras caribeñas que participan de Sur, destaca la presencia de tres autoras cubanas. Entre ellas, Esperanza Figueroa fue identificada por error como mexicana en trabajos previos, pero actualmente contamos con la información necesaria para afirmar que su origen es cubano, así como su rama de especialidad.
No tenemos datos certeros sobre su nacimiento y su muerte, pero la página web Ancestry (2024), dedicada a reunir información sobre árboles genealógicos, señala que la única Esperanza Figueroa proveniente de Cuba nació en 1913, en La Habana, y falleció en 2006, en Fresno, California, Estados Unidos. Esta información no contradice lo que se desprende de la investigación que hemos realizado, por lo que es posible que sea correcta. La página agrega, además, que su padre fue Benigno Francisco Figueroa (nacido en 1890) y su madre fue Rosa Blanco López (1890-1993). Su esposo habría sido Antonio Catalino Hernández-Travieso (nacido en 1914).
Esperanza Figueroa se doctoró en Filosofía y Letras en 1940, en la Universidad de La Habana, con la tesis titulada Revisión de Julián del Casal, según lo señala Mapes (1943, p. 204). En 1941 aún permanecía en La Habana, pues firma con el nombre de esa ciudad la reseña del libro Indagación y crítica; novelistas cubanos, de Ciro Espinosa, que publica ese año en Revista Iberoamericana. En 1942 también debía de vivir allí todavía, ya que publicó «Bibliografía de Julián del Casal» en el Boletín de bibliografía cubana, que se asienta en La Habana. Según Francisco Morán (s. f.), en los años cuarenta, es decir, poco después de estas publicaciones, Figueroa habría abandonado la isla de forma definitiva para instalarse en los Estados Unidos, probablemente en Miami. Posteriormente, sus textos aparecen firmados en diferentes universidades estadounidenses, como Montclair State College y Elmira College.
Es mencionada por Susana Montero en su recuento de la literatura cubana, titulado «De la conquista de la escritura o evolución de la literatura femenina cubana hasta el presente» (2000). Allí, agrupa a Esperanza Figueroa junto con otras autoras bajo la categoría «ensayistas cubanas radicadas en el extranjero» (2000, p. 15) y señala que la mayoría de ellas «se ha dedicado al estudio de la literatura cubana prerrevolucionaria, incluso colonial» (2000, p. 15).
En efecto, la especialidad de Figueroa parece haber sido la literatura cubana, en particular, el Modernismo cubano representado por Julián del Casal. Su edición crítica Poesías completas y pequeños poemas en prosa en orden cronológico de Julián del Casal, publicada por Ediciones Universal en Miami en 1993 (390 pp.) es ampliamente citada en los artículos sobre Casal. El libro Julián del Casal: estudios críticos sobre su obra, que también publica Ediciones Universal en Miami (en 1974) y en el que Figueroa escribió la introducción y los primeros dos capítulos («Comentario biográfico y rectificaciones», pp. 9-31; y «Luz y sombra en la poesía casaliana», pp. 33-46) es reseñado, entre otros, por Iván Schulman en 1976, en Revista Iberoamericana. Si bien, fiel a su tono habitual, Schulman realiza varios comentarios negativos, en resumen, celebra la existencia del volumen y su esfuerzo por fomentar la investigación en torno a Casal.
El primer capítulo de este último libro es citado por Álvaro Salvador en su artículo «Salomé sensual: de la mirada de Moreau a la palabra de Casal» (2005) como escrito por Esperanza Figueroa Amaral. Si bien puede tratarse de una confusión entre dos académicas distintas, puesto que Figueroa Amaral es autora de numerosos textos críticos, varios elementos llevan a concluir que se trata de la misma persona que, por algún motivo, no siempre firmaba de la misma manera.
Entre las coincidencias que encontramos en sus textos, puede mencionarse que ambas firmaron varias publicaciones en Revista Iberoamericana con la aclaración «Elmira College». Además, comparten temas de interés, tales como el Modernismo y Julián del Casal. Según Dialnet (2024), Figueroa Amaral ha participado con «El cisne modernista» en el libro Estudios críticos sobre el Modernismo (1974), coordinado por Homero Castillo. Una reseña del vol. 92, n.° 2 de la revista Hispanic Issue, realizada por Rosa M. Cabrera (1977), también atribuye el libro ya mencionado, Julián del Casal: Estudios Críticos sobre su obra, a Figueroa Amaral. En caso de que esta atribución fuera cierta y el error estuviera en las reseñas que solo utilizan el apellido «Figueroa», debe recordarse que se trata de una publicación de Ediciones Universal. Esta editorial no solo es la misma que posteriormente publicará a Esperanza Figueroa, sino que, además, es reconocida por enfocarse en la producción de personas de nacionalidad cubana que están viviendo en el exilio, por lo que, si no son la misma persona, seguramente compartan esta característica.
El otro tema que ambas tienen en común es Lydia Cabrera. Como veremos, las dos han realizado publicaciones sobre esta importante figura de la literatura y la antropología cubana.
Figueroa no solo ha publicado la reseña de Cuentos Negros en Sur, la que nos ocupa aquí (1981), sino que, además, fue la encargada de escribir el prólogo a su libro Cuentos para adultos niños y retrasados mentales (1983). Es relevante, asimismo, señalar que tal vez haya sido la primera edición y que, dado que Lydia Cabrera estaba con vida en ese momento, debe de haber dado su consentimiento para que Figueroa participara del libro. Esto indica que seguramente hubo un intercambio personal entre ambas.
Figueroa Amaral, por otro lado, según Dialnet, escribió «Tres vidas divergentes, Lydia, Enríquez y Carpentier». Este ensayo de veintiún páginas fue incluido en el libro En torno a Lydia Cabrera: Cincuentenario de «Cuentos Negros de Cuba» (1936-1986), editado por Isabel Castellanos y Josefina Inclán, publicado en 1987.
Por último, ambas parecen haber tenido cierta conexión con Buenos Aires, pues Esperanza Figueroa no solo publicó en Sur, sino que también ha reseñado un texto de Editorial Sur (Crítica y Estimación, de Luis Emilio Soto, publicado en 1938 y reseñado en Revista Iberoamericana, en 1940) y ha realizado publicaciones sobre literatura argentina (por ejemplo, una «Guía para el lector de Rayuela», publicada en Revista Iberoamericana en 1966), mientras que sabemos que Figueroa Amaral visitaba Buenos Aires a menudo gracias a una carta que le dirige la puertorriqueña Nilita Vientós Gastón, en 1976. La carta mencionada fue digitalizada por el Archivo Digital Nacional de Puerto Rico y está disponible en el folio 19 de la Caja 26 de la Serie Sin Nombre (revista). Allí, Vientós Gastón dice: «Veo que vas mucho a Buenos Aires, no sé por tanto cuándo te llegará esta carta» (Vientós Gastón, 1976). Cabe mencionar, además, que Vientós Gastón también publica en Sur (Guidotti, 2024).
Asentados los datos que hemos podido reunir sobre Esperanza Figueroa o Esperanza Figueroa Amaral, a continuación, presentaremos a la más conocida Lydia Cabrera, objeto del artículo publicado en Sur.
Lydia Cabrera, Intelectual Destacada
Respecto de Lydia Cabrera (1899 o 1900-1991) es sencillo encontrar información. Hay entradas sobre ella en múltiples enciclopedias colaborativas, como Wikipedia y EcuRed, y se ha escrito sobre su figura y su obra todo tipo de artículos, reseñas y tesis. Su producción es muy relevante no solo para la historia de la literatura cubana, sino, sobre todo, para la antropología y otras disciplinas sociales, ya que dedicó su vida al rescate y al análisis de tradiciones de la población negra de Cuba. Además, su primer libro, Cuentos negros de Cuba (1936), el cual Esperanza Figueroa considera en el ensayo que nos ocupa, fue publicado inicialmente en Francia, en idioma francés, donde obtuvo un considerable éxito, por lo que su fama se extendió también en Europa (Rafael, 2006).
En general, los reseñistas (Valera Rolón, 2024; Rafael, 2006), así como la misma Figueroa, señalan la relación entre los textos de Cuentos negros de Cuba y los relatos orales que Cabrera escuchó de niña por parte de sus criadas negras, en particular, de su nana. Un dato que suelen destacar es que los cuentos fueron originalmente escritos para entretener a la autora venezolana Teresa de la Parra, gravemente enferma (Valera Rolón, 2024). En ese sentido, suele hablarse de una gran amistad, pero investigaciones recientes sugieren una relación romántica entre ambas (Zambrano, s. f.), lo cual es relevante para dar cuenta de la presencia lésbica en nuestras letras, a menudo soslayada o directamente negada.
Una figura prominente ligada a Cabrera que no puede dejar de destacarse es el etnólogo Fernando Ortiz, quien fue su cuñado y mentor, y escribió una introducción para la edición en español del libro mencionado. Además, Cabrera fue la primera traductora al español de Cuaderno de un regreso al país natal (1943), del reconocido poeta e ideólogo del concepto de negritud Aimé Cesáire (Arencibia Rodríguez, 2006). De esta manera, puede verse que Cabrera estaba profundamente conectada con las novedades literarias y antropológicas de su época y que formaba parte de una red de intelectuales cuyos aportes son valiosos hasta el día de hoy.
Veamos ahora de qué modo Figueroa introduce a esta importante figura en la revista de Victoria Ocampo.
Figueroa Presenta a Cabrera en Sur
Si bien, por su título «Lydia Cabrera: Cuentos negros de Cuba», este artículo se presenta como una reseña, creemos más justo llamarlo ensayo, por su extensión y profundidad. En él, Figueroa presenta la figura de Cabrera y luego sintetiza el primer cuento de la colección de manera tal de generar en el lector interés por el libro y su autora.
Tras presentar someramente a Cabrera como una mujer de gran cultura, la señala como una adelantada por tratar temas que en ese momento comenzaban a rescatar autores de la talla de Léopold Sédar Senghor, Aimé Césaire (a quien luego Cabrera traduciría, como ya se dijo) y León Gontran-Damas. Aquí Figueroa menciona a un tal Dior, que es quizás un error de tipeo por Du Bois o por Diop. Luego reafirma la primicia del trabajo de Cabrera por el desconocimiento que había en occidente sobre las culturas afro: «Mitos, alegorías y leyendas llevaban siglos de existencia pero los mejores y más consumados estudios no existían cuando Cabrera empezó a evocar la teología de los negros cubanos y a consignar con respeto su benevolente teofanía» (1981, p. 89). Posteriormente, destaca el rol de Teresa de la Parra, pues aclara que la amistad inspiró la habilidad con que fueron escritos los cuentos, ya que, como hemos consignado, Cabrera los hizo originalmente para ella.
Luego realiza una breve cronología de los libros de cuentos de Cabrera: después de la versión francesa de Cuentos negros de Cuba (1936), destaca Por qué (Cuba, 1948) y Ayapá (España, 1971). No ahonda en su obra como antropóloga, pero destaca dentro de ella Anafuorana (1975), a la cual juzga digna de «un Nobel africano» (1981, p. 90).
Entonces, con un pequeño comentario, Figueroa establece su posición política y la que también podría ser la de Cabrera: «la isla que apenas logró pasar de la adolescencia a la tragedia...» (1981, p. 90). De inmediato regresa al tema literario y continúa su descripción de la obra de Cabrera, en la cual ve, a pesar de no seguir un plan deliberado, una trayectoria clara. Para ella, los cuentos «marcan paso a paso la implacable disolución de un mundo colonial que se apaga lentamente, que no tiene tiempo de descubrirse a sí mismo, de integrar los tremendos trozos de cultura que ha heredado» (1981, p. 90).
Los elogios a la labor de Cabrera son también elogios a las culturas africanas, aunque mantiene la fantasía, común en la época, sobre que dichas culturas quedaron congeladas en la antigüedad, como si no hubiera una literatura actual, al momento de escritura de Figueroa, africana y afrolatina que valiera la pena mencionar. Así, pondera la capacidad africana para respetar la exactitud de sus relatos orales a lo largo del tiempo y los compara con los «griegos de la refundición homérica» (1981, p. 90). En particular a los negros cubanos, descendientes en su mayoría de yorubas, los equipara también con los europeos de la época colonial: «...en ciertos aspectos los negros llegados a Cuba estaban casi tan adelantados como los europeos aunque habían evolucionado en otra forma, en un continente aislado, adverso al hombre» (1981, p. 90). Al referirse al sincretismo entre religiones africanas y la religión católica, Figueroa usa las expresiones «efectiva religión» y «de una permanencia inalterable», adjudicándole un valor que no siempre es reconocido.
Ya entrando en el análisis de los cuentos, ve en ellos la cercanía de la comunidad negra a la naturaleza, tal como lo hacían muchos en el movimiento de la negritud para, por oposición al discurso racista, resaltarlo como un aspecto positivo:
[Cabrera] ha visto mejor que nadie la importancia que tienen para los cubanos los detalles mínimos del vivir diario, la trascendencia de las cosas pequeñas [...]. Y la sabiduría y el valor de vivir acorde con la naturaleza, la lluvia, el sol, el mar, la familia hasta los primos de la cuarta generación, el compadre, la muerte y los velorios y la amistad sobre todas las cosas. (1981, p. 91)
Luego, apoyándose en Joseph Campbell, observa que a muchos críticos de la autora se les escapó la esencia de su libro:
Por lo tanto su trabajo ha sido mistificado y mixtificado, aunque la incomprensión esté basada en la ignorancia y no en la malicia. Se le reconoce el valor artístico, el humor [sic] la erudición. Pero no se ha podido apresar que el tema de sus libros, especialmente sus cuentos, es la historia tetravalente (blancos, negros, criollos y peninsulares) de la fundación de un pueblo, la primera conjunción de lo cubano en ser y siendo, la adivinanza sin solución de quién es y cómo es, el tú y el yo de lo cubano como pueblo y como individuo. De hecho los cuentos expresan la memoria colectiva de la isla de Cuba desde la colonia hasta las primeras décadas independientes. (1981, p. 91)
Figueroa despliega su erudición citando a más especialistas, como al filósofo napolitano Giambattista Vico y al periodista e historiador africanista Basil Davidson, en los cuales se sostiene para demostrar las virtudes de los cuentos de Cabrera, los cuales caracteriza por la resignación, la esperanza y la alegría que los impregnan.
Luego, la autora analiza en detalle el primer cuento de la colección, «Bregantino Bregantín». Es interesante que haya escogido este cuento, cuya protagonista es una humilde tejedora de cestos y madre, la cual Figueroa celebra como «héroe mujer». De este modo, nos encontramos con una académica mujer estudiando a una autora mujer y rescatando entre sus cuentos un personaje femenino, con lo cual este ensayo destaca entre muchos otros que, aunque escritos por mujeres, pocas veces les dan importancia a figuras femeninas.
Hacia el final, el texto retoma sus preocupaciones políticas y su elogio de la cultura africana:
Un poco más difícil [es] aceptar que los negros de Cuba conocían el valor de la libertad política y soñaban con obtenerla. Que no recibieron nuevos conceptos sociales de los criollos ya que los traían del otro lado del mar. [...]. Los negros, de acuerdo con las teorías de control social con las que se explica hoy el devenir de la historia de África, no podían recurrir a la revuelta [...]. El cambio tenía que ser lento para poder lograr la integración, dos nacionalidades sobre una tierra única. (1981, p. 96)
Sin embargo, Figueroa considera que no hay necesariamente intención política en Cabrera e insiste en que se adelantó en muchos aspectos a los estudios de su tiempo de forma intuitiva. Así, finaliza celebrando el valor artístico y la entereza cívica de Cabrera tanto como al pueblo cubano entero, al cual «nada humano les puede ser ajeno» (1981, p. 97).
Conclusiones
Como puede verse, el ensayo que Figueroa realiza sobre la obra de Cabrera está a la altura de cualquier trabajo académico sobre la escritora. El análisis es detallado y es realizado no solo a partir de un profundo conocimiento del texto y de la autora, sino también acudiendo a abundante y atinada bibliografía que demuestra la completa formación de Figueroa y su prolongado interés en la cultura afrocubana. Además, tiene el mérito de introducir la obra de Cabrera en Sur, sin contar que lo hace de forma tal que deja manifiesta su importancia literaria, antropológica e histórica. Figueroa logra generar interés en la producción de Lydia Cabrera y, al mismo tiempo, pone en valor las tradiciones afrocubanas y la cultura africana en general, así como su estudio y registro.
Hemos demostrado, también, la importante trayectoria académica de Figueroa y su idoneidad para abordar la literatura cubana. En ese sentido, a pesar de que no hemos encontrado pruebas de que se trate de una figura tan conocida como lo son las otras dos autoras cubanas que participan de Sur, Julia Rodríguez Tomeu y Graciela Palau de Nemes, no hay dudas de que se trata de una personalidad destacada de la crítica literaria, en perfectas condiciones de aportar valor a la revista de Victoria Ocampo y a la discusión literaria en la Argentina.
Por último, aprovechamos los resultados de nuestras investigaciones sobre las voces femeninas en Sur para recordar la figura de Lydia Cabrera, no lo suficientemente estudiada en nuestro país, a pesar de lo significativo de sus aportes académicos y sus narraciones.
Referencias
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Notas

