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Imaginarios geopolíticos sobre la inteligencia artificial en las políticas exterior y doméstica a inicios de la era Milei
Geopolitical imaginaries of artificial intelligence in foreign and domestic Policy at the beginning of the Milei era
Relaciones Internacionales, vol. 34, núm. 68, pp. 131-156, 2025
Universidad Nacional de La Plata

Estudios

Relaciones Internacionales
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN: 1515-3371
ISSN-e: 2314-2766
Periodicidad: Semestral
vol. 34, núm. 68, 2025

Recepción: 23 julio 2024

Aprobación: 08 junio 2025


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Cómo citar este artículo: Blinder, D., López, M. P. y Vera, N. (2025). Imaginarios geopolíticos sobre la inteligencia artificial en las políticas exterior y doméstica a inicios de la era Milei. Relaciones Internacionales, 34(68), 206, https://doi.org/10.24215/23142766e206

Resumen: El artículo se propone analizar los imaginarios geopolíticos sobre el rol de la Inteligencia Artificial (IA) en la política exterior y en el desarrollo doméstico argentino en el primer año del gobierno de J. Milei. La investigación se enmarca en la perspectiva de la geopolítica crítica, examinando fuentes primarias y secundarias, para dilucidar los imaginarios geopolíticos en torno a la IA presentes en la política exterior de J. Milei. Asimismo, se contrastan dichos imaginarios con las políticas efectivamente desarrolladas. Se concluye que éstos -a los que denominamos imaginarios tecnolibertarios- son coincidentes con los de líderes tecnoutópicos de Silicon Valley y siguen reservando a Argentina un lugar subordinado, replicando una inserción internacional basada en la provisión de recursos naturales y humanos de bajo costo en las cadenas globales de valor de la IA.

Palabras clave: inteligencia artificial, imaginarios geopolíticos, política exterior, Argentina, Javier Milei.

Abstract: This article aims to analyze the geopolitical imaginaries surrounding the role of Artificial Intelligence (AI) in Argentina’s foreign policy and domestic development during the first year of Javier Milei’s administration. The research is framed within the perspective of critical geopolitics, drawing on primary and secondary sources to shed light on the geopolitical imaginaries around AI present in Javier Milei's foreign policy. These ideas are also contrasted with the policies that have been effectively implemented. We conclude that these imaginaries—referred to here as technolibertarian imaginaries—align with those of Silicon Valley’s techno-utopian leaders and continue to assign Argentina a subordinate role, replicating a model of international insertion based on the supply of natural resources and low-cost human capital within the global AI value chains.

Keywords: artificial intelligence, geopolitical imaginaries, foreign policy, Argentina, Javier Milei.

1. Introducción

El siglo XXI se encuentra atravesado a nivel global por una nueva revolución industrial sostenida por una combinación de procesos digitales, físicos y biológicos de la mano de la inteligencia artificial (IA), la Big Data, la Internet de las Cosas (Internet of Things), la biotecnología, la robótica y la nanotecnología (Ortega, 2019; Schwab, 2020). De todas estas innovaciones, la IA aparece como central y se prevé que en las próximas décadas sea la tecnología de avanzada con mayor impacto en todos los aspectos de la sociedad, más precisamente, en la economía, la seguridad y la proyección internacional de los países (Allison et al., 2021). En este contexto, se está desarrollando una carrera por su dominio entre las potencias globales, principalmente Estados Unidos y China, a la vez que actores no estatales como las grandes corporaciones tecnológicas -cuyas sedes se encuentran en los países centrales-, cobran cada vez mayor relevancia en el marco del denominado capitalismo cognitivo (Borrastero & Juncos, 2023).

Por su parte, en Argentina la IA se ha vuelto un aspecto fundamental del discurso oficial en torno a ciertos aspectos de la política exterior y doméstica del gobierno de J. Milei. Así, se identifican reuniones e intercambios con representantes de las grandes compañías tecnológicas y la apuesta por convertir a la Argentina en un nuevo “polo de IA en el mundo” (Bosch, 2024). En este marco, el presente artículo se propone generar una primera aproximación a los imaginarios geopolíticos del gobierno de La Libertad Avanza (LLA) en torno al rol que esta tecnología está llamada a jugar en la política exterior del país y en su desarrollo doméstico, contrastándolo con las políticas efectivas y concretas en esta dimensión, en el marco de los constreñimientos propios del contexto más amplio. Para esto, el escrito adopta aportes de la geopolítica crítica -concretamente la noción de imaginarios geopolíticos- y analiza declaraciones, entrevistas y posteos del gobierno para entender cómo sus principales actores (el Presidente, sus asesores, funcionarios y aliados) comprenden el rol de la tecnología de IA en la transformación del aparato productivo y la inserción internacional de Argentina, comparándolo posteriormente con acciones efectivas en este campo.

Para lo anterior, el artículo se guía a partir de la siguiente pregunta: ¿qué imaginarios geopolíticos se identifican a lo largo del primer año de gestión presidencial de J. Milei -junto a sus asesores, funcionarios y aliados-, acerca de la IA en la inserción internacional de Argentina y en su desarrollo doméstico? De manera complementaria, ¿qué políticas concretas se han desarrollado hasta el momento y de qué forma se vinculan con dichos imaginarios?

Para responder a estos interrogantes y cumplimentar los objetivos, el artículo se encuentra organizado de la siguiente manera: luego de esta introducción se exploran los principales conceptos que estructuran el marco teórico-metodológico y contextual, teniendo en cuenta la creciente relevancia de la IA en el sistema internacional, la disputa global por su dominio y su desarrollo en América Latina. Posteriormente, tomando como recorte temporal del estudio el primer año de gestión presidencial de LLA, se analiza brevemente la política exterior del gobierno de J. Milei y se procede al estudio de los imaginarios geopolíticos del gobierno argentino en torno a la IA, examinando cómo permean su política exterior y analizándolos conjuntamente y en contraste con las políticas implementadas y las condiciones materiales en que las mismas se desarrollan. Finalmente, se resumen los principales hallazgos en la sección de conclusiones.

2. Marco analítico, metodológico y contextual:

2.1. Sobre la relevancia de la IA y el estudio de imaginarios geopolíticos en la política exterior

El dominio de las tecnologías más avanzadas juega un papel fundamental en los ciclos hegemónicos del capitalismo, ya que son factores cruciales en el auge de las potencias que dan forma a los órdenes internacionales (Chase-Dunn & Reifer, 2002). El pasaje del capitalismo industrial al informacional o cognitivo de mediados de la década de 1970 estuvo fuertemente ligado al predominio del conocimiento como fuente de la acumulación de capital, el desarrollo de las tecnologías de la información, la automatización, la networkización, la plataformización y la gestión logarítmica (Zukerfeld, 2020; Borrastero & Juncos, 2023). Esto marcó la preeminencia principalmente de Estados Unidos y de sus aliados occidentales, además de Japón y de China en la actualidad; a su vez, ha fortalecido a otros actores como las grandes corporaciones tecnológicas (Bremmer, 2021).

En este contexto, la IA ha cobrado cada vez más relevancia. Esta tecnología implica una serie de sistemas informáticos con capacidad de imitar funciones cognitivas humanas (incluido el aprendizaje) pero a mayor escala, nutriéndose de grandes cantidades de datos (big data) y su procesamiento. Esto permite analizar y generar información, razonar, resolver problemas y perfeccionar los procesos propios. Para ello es necesario que los algoritmos reciban cada vez mayores cantidades de información (datos) a través de diversas aplicaciones donde dejamos voluntariamente nuestra “huella digital”, y que son recabados en grandes data centers. Ello a su vez habilita el perfeccionamiento de motores de búsqueda y ofrecimiento de información, registro y direccionamiento de gustos y preferencias comerciales, culturales y políticas de usuarios, entre otras funciones (Girardi, 2024).

De esta forma, la IA se ha convertido en una tecnología estratégica, definida como aquella que se constituye en vector del desarrollo y de la proyección internacional de los países, presentando efectos multiplicadores hacia otros sectores dinámicos de la economía y posibles usos militares (Hurtado, 2019). Como toda tecnología sensible, ha sido impulsada mayoritariamente por los países centrales y sus empresas transnacionales, conformando mercados imperfectos altamente codiciados, donde destaca la carrera por su dominio entre Estados Unidos y China, en el marco más amplio de la competencia entre ambas potencias, que, siguiendo a Ortega (2019, p. 21), resulta “geotecnológica”, al implicar aspectos no solo comerciales sino también de conocimiento, poder y geografía.

En este sentido, es lógico que tanto países desarrollados como en desarrollo impulsen políticas domésticas y exteriores en el campo de la IA, buscando incorporarse en la carrera por el dominio de esta tecnología y obtener una determinada inserción en algunos de los eslabones de su cadena global de valor. Argentina no es la excepción: tal como se mencionó en la introducción, la IA se ha vuelto un aspecto fundamental del discurso oficial en torno a ciertos aspectos principalmente de la política exterior del gobierno de J. Milei.

En este artículo se entiende a la Política Exterior como una política pública basada en un conjunto de decisiones y acciones ejecutadas por los gobernantes de un Estado para modificar o preservar las condiciones del contexto internacional, con la meta explícita de defender y promover los propios objetivos y valores en el sistema global, teniendo en cuenta para su elaboración e implementación los constreñimientos y oportunidades internacionales, así como los intereses e influencia de actores relevantes tanto dentro como fuera del país (Tomassini, 1987; Cervo, 2004; Colacrai, 2019). Tal como indica Miranda (2022), uno de los principales factores que inciden en la elaboración y despliegue de la política exterior y en la posición internacional de los países es la percepción política sobre el mundo y terceros actores que presentan quienes tienen la responsabilidad de concebir, orientar y conducir dicha política. En otras palabras, las ideas. Como afirma Vitelli (2015), los estudios en torno a la influencia de las ideas en la definición y formulación de la política exterior ha ido en aumento en las últimas décadas. En este sentido, las ideas pueden definirse como guías para la acción y a su vez, argumentos justificativos para tales acciones (Schmidt, 2008) o, de manera más específica, siguiendo a Acuña y Chudnovsky (2007, p.14-15) pueden considerarse como mapas cognitivos. Éstos no necesariamente deben consistir en creencias verdaderas ni correctas, sino que más bien “[dan] cuenta del modelo de pensamiento que, combinando valores, cultura y (des)conocimiento, lleva al actor a suponer que un comportamiento dado resultará en un estado de cosas particular”.

Es decir, existe una percepción construida y subjetiva que traduce y despliega la visión del mundo del gobernante por medio de la política exterior, indicando cómo esa política quiere tratar la relación con otros actores globales. En ella inciden la información y los (des)conocimientos de que dispone el líder (en el caso de Argentina, el Presidente) sobre los condicionamientos objetivos (el medio operativo donde llevará a cabo la política), aunque también abarca sus creencias, expectativas y preocupaciones (el medio psicológico referido al mundo tal como lo ve el decisor).

Desde la geopolítica crítica, podríamos decir que la política exterior de un país está permeada y moldeada por lo que esta corriente denomina imaginarios geopolíticos. La geopolítica crítica surgió en respuesta a los enfoques realistas, neorrealistas y neoliberales de la teoría de las Relaciones Internacionales y propuso una reinterpretación de la geopolítica clásica (Betancur-Díaz, 2020). Esta última se centraba en los Estados como principal unidad de análisis y consideraba la permanente lucha entre los mismos por su desarrollo y supervivencia. Desde la geopolítica crítica se amplió la unidad de análisis hacia distintos actores con capacidad de constituir discursos e imaginarios sobre la espacialización de la economía política mundial: los líderes de Estado y las instituciones políticas internacionales, los think tanks nacionales o transnacionales, los medios de comunicación masiva y las compañías privadas transnacionales (Dalby, 1998; Uc, 2008; Cabrera Toledo, 2019). Su agenda de investigación nos permite así ampliar la perspectiva de los actores políticos involucrados, expandiéndola más allá del Estado-nación, y profundizar el análisis en torno a cómo juegan e intervienen los distintos actores en ese sistema, lo cual resulta fundamental, por ejemplo, de cara a la relevancia creciente de las grandes compañías tecnológicas en el sistema internacional contemporáneo.

¿Cómo pensar los imaginarios geopolíticos? La imaginación geopolítica es aquella que tienen los actores internacionales acerca del funcionamiento del sistema internacional y sobre otros países en particular. Por ello, existe un discurso geopolítico que habilita determinadas lecturas de los acontecimientos políticos y económicos, y una cierta representación del poder en el espacio (Agnew, 1995, p. 46-47; Agnew, 2005, p. 160)[1]. Los países que crean implementan y difunden reglas son hacedores de sentido, constructores de imaginarios y legitimidades, y esta cimentación simbólica, estas percepciones y opiniones, también permean los imaginarios sobre el rol de la tecnología en la política internacional, y, en este caso, afectan el rol que estaría llamada a jugar la IA. Los imaginarios geopolíticos, entonces, consisten en aquellos discursos que conforman una imaginación geopolítica del lugar que ocupa u ocupará un país en el escenario global, en este caso: la Argentina a partir de una nueva política de fomento a la IA.

En otras palabras, todos los Estados tienen una visión del mundo, imaginarios que en base a los intereses y la lectura coyuntural que hace cada gobierno, generan una política exterior orientada en tal sentido. De esta forma, Argentina y el gobierno de Milei tienen una mirada sobre el rol que la IA está llamada a jugar en el futuro del país, que imprime en parte las aspiraciones y los resultados en una política exterior que se enfrenta con unas complejas relaciones internacionales globales[2].

En este contexto, el trabajo se propone analizar los imaginarios geopolíticos en torno a la IA que permean la política exterior de J. Milei, desde su asunción a la presidencia en diciembre de 2023 hasta diciembre de 2024 -abarcando así su primer año de gobierno-. Como cláusula metodológica, señalamos que el marco temporal seleccionado y transcurrido no constituye la evolución total del gobierno de Milei. Sin embargo, al ser tan radical en su planteo, y al percibir la política exterior a través de un prisma cuyas fuerzas productivas se presentan como fuertemente transformadoras de la producción a nivel global, se hace necesario desarrollar un análisis que teorice sobre la mirada de estos imaginarios y sus posibles consecuencias para un país como la Argentina, y que se constituyan en la base de futuros análisis que estudien la evolución de este proceso. En ese sentido, los elementos teóricos de política exterior y mirada geopolítica seleccionados confluyen para iluminar el análisis sobre estas transformaciones.

Para cumplir con los objetivos, se examinan fuentes secundarias como capítulos, artículos y ponencias vinculados a la temática, y fuentes primarias, más precisamente, el discurso oficial que se desprende de publicaciones en la red social X, entrevistas televisivas, comunicados de prensa oficiales y artículos periodísticos, tanto del propio presidente como de funcionarios relevantes del gobierno actual, asesores y empresarios tecnológicos allegados, para luego analizar si estos imaginarios se condicen con las políticas concretas que está llevando a cabo en el campo de la IA. Esta elección se sustenta en lo sostenido por Miranda (2005) quien afirma que, más allá del discurso de política exterior, también es importante analizar la realidad de lo que efectivamente sucede al implementarse una política, contrastando la congruencia entre ambas dimensiones.

2.2. La carrera global por la IA

La IA se está convirtiendo en la tecnología de propósito general más relevante de esta nueva revolución industrial. En noviembre de 2024 el Instituto de IA Centrada en el Humano de la Universidad de Stanford publicó un informe en torno a qué países se encuentran a la cabeza de la carrera por el dominio de esta tecnología. Dicho reporte se realizó utilizando la Herramienta de Vitalidad en IA que reúne 42 indicadores en ocho bloques principales. Algunos de estos bloques y subindicadores relevantes son: Investigación y Desarrollo (incluye publicaciones en revistas especializadas, patentes, diseño de modelos de lenguaje, vínculos entre academia e industria, participación en conferencias especializadas, citaciones, entre otros); Economía (incorpora indicadores acerca de la inversión privada en IA, los estímulos públicos, la existencia de start ups en IA, la concentración de talento, la oferta laboral en IA, etc.); Política y Gobernanza (indaga sobre la existencia de una estrategia nacional en IA, legislación vinculada y procedimientos legislativos relacionados); e Infraestructura (contempla posibilidad de exportar insumos de semiconductores, existencia de supercomputadoras, y velocidad de internet) (Fattorini et al., 2024)[3].

De acuerdo con los datos arrojados por este reporte, de los 36 países analizados Estados Unidos es el principal polo global de IA y lidera la carrera en este dominio tecnológico, aunque es seguido muy de cerca por China. Detrás continúan el Reino Unido, la India, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Corea del Sur, Alemania, Japón, Singapur, España, Luxemburgo, Bélgica, Canadá, Países Bajos, Israel, Dinamarca, Noruega, Portugal, Finlandia, entre otros europeos. En el informe aparecen solo dos naciones latinoamericanas: Brasil y México, en las posiciones 33 y 34 respectivamente, y la lista es cerrada por Sudáfrica.

Además de estos países, las grandes corporaciones tecnológicas resultan actores cada vez más relevantes del capitalismo informacional o cognitivo y, específicamente, del sector de la IA. La preeminencia de compañías transnacionales no se registra solo en Estados Unidos sino también -y de forma creciente- en Asia, donde han surgido empresas como Alibaba, ByteDance o Tencent, significando una fuerte competencia para las compañías occidentales que tradicionalmente han liderado el mercado (Allison et al., 2021). Dichas empresas se centran en la explotación de datos y la obtención de rentas intelectuales extraordinarias generadas a escala planetaria a partir del desarrollo acelerado de conocimientos e infraestructuras, la adquisición millonaria de start-ups y potenciales competidoras e, incluso, el recurso a mecanismos de generación de rentas no tecnológicas[4] (Borrastero & Juncos, 2023).

De acuerdo a Bremmer (2021) algunas de estas compañías están disputando la influencia geopolítica y ciertas funciones económicas, sociales y de seguridad que otrora eran atributo exclusivo de los estados: moldean el entorno mundial en que éstos operan, ejercen influencia sobre las tecnologías y servicios impulsados, determinan la proyección del poder económico y militar de los países, configuran el futuro del trabajo y redefinen los contratos sociales, al punto tal de convertirse muchas veces en puntas de lanza de los estados para llevar a cabo sus objetivos de política exterior.

Si bien este último análisis puede ajustarse mejor al caso de “los campeones nacionales”[5], Bremmer (2021) identifica también la existencia de grandes corporaciones lideradas por tecnoutópicos. Estos tienden a ser líderes y CEOs visionarios carismáticos que “ven a la tecnología no solo como una oportunidad de negocios globales sino también como una fuerza potencialmente revolucionaria en los asuntos humanos” (Bremmer, 2021). Abogan por el abandono del paradigma estatocéntrico tradicional, la completa desaparición del Estado y la reducción del rol gubernamental. Como destaca De la Vega (2024), Musk se ha explayado en numerosas ocasiones acerca del rol que este debe cumplir: “Creo que el papel del gobierno debería ser el de árbitro, pero no el de jugador en el campo. Así que, […] debería tratar de apartarse del camino y no impedir el progreso”.

Es que el logro de la supremacía tecnológica requiere del acceso irrestricto a grandes volúmenes de información personal ciudadana, algo que muchos Estados -sobre todo los occidentales- no están dispuestos a ceder (Slobodian, 2024). En el marco de este artículo es necesario enfatizar que, como sostiene la geopolítica crítica, estos actores también cobran relevancia en la generación de discursos e imaginarios geopolíticos dominantes (Dalby, 1998) como por ejemplo, el mencionado anteriormente respecto del rol del Estado y el gobierno.

Paradójicamente, en numerosas situaciones los tecnoutópicos se ven seducidos por las oportunidades de negocios ofrecidos por el Estado y aceptan cumplir el rol de campeones nacionales de las potencias occidentales, desdibujando así las fronteras entre estas categorías. Los tecnoutópicos han incluso contradicho sus propios discursos a favor de la destrucción del Estado a cambio de aceptar puestos dirigenciales o contratos millonarios con agencias federales de Estados Unidos como son los casos de Balaji Srinivasan, multimillonario inversor en tecnologías y autoproclamado tecnolibertario, o el del propio Elon Musk, dueño de Tesla, Starlink, SpaceX y X (Slobodian, 2024; de la Vega, 2024) plasmando de manera cada vez más explícita los vínculos entre el Pentágono y Silicon Valley (Morozov, 2023).

Ahora bien ¿cómo afecta esto a países en desarrollo como los latinoamericanos? Más precisamente, ¿cómo se conjugan estas declaraciones e imaginarios tecnoutópicos con las políticas locales? Estas preguntas se exploran en la siguiente sección.

2.3. América Latina en la carrera por la IA

En términos generales, la región se ha caracterizado por especializarse en la exportación de recursos naturales o en la producción de bienes con bajo valor agregado y mano de obra relativamente barata. En dicho marco, estas big tech suelen instalar filiales con fines comerciales (venta y entrega de productos o atención al cliente); contratar empleados de calificación operativa para servicios virtuales al cliente; abrir y gestionar almacenes para la venta de bienes tangibles; emplear profesionales calificados para proyectos de desarrollo de software; y, en menor medida, invertir en start-ups y capacitación. Así, su vinculación tecnológica con la región resulta más bien limitada y generadora de dependencia: América Latina no ocupa un rol central en su estrategia tecnológica, lo cual se expresa en que sus actividades se centran en desarrollos comerciales antes que tecnológicos, y en que las start-ups latinoamericanas no tienen un papel preponderante en su política de adquisiciones. A su vez, las “tecno-latinas” funcionan a mucho menor escala y dependen de estas grandes empresas para la provisión de los activos tecnológicos claves en su modelo de negocios (Borrastero & Juncos, 2023).

De acuerdo con Vila Seoane (2021) América Latina, en el marco más amplio del Sur Global, constituye un campo donde las principales compañías multinacionales de IA, correspondientes a las naciones líderes, compiten por exportar sus tecnologías y servicios. A su vez, el territorio es capaz de producir un recurso crítico de la economía basada en la IA, como son los datos. En tanto, los principales adoptantes latinoamericanos de innovación en el campo de la IA resultan los sectores especializados en recursos naturales, a la vez que la inclusión de esta tecnología puede suponer una profundización del desempleo en la región.

Por su parte, también se considera que la dinámica tecnológica actual ha revitalizado la reemergencia de lo que Hirsch (1996) denominó un Estado Nacional de Competencia, especialmente en las periferias. Esto es una situación en la que diferentes esferas de la sociedad se movilizan para una “guerra económica” y se conciben como una “empresa capitalista”, orientándose a lograr una capacidad competitiva global y a proveer rentabilidad al emplazamiento de un capital internacional cada vez más flexible. Este tipo de sociedad está “estructurada jerárquicamente, orientada a una meta económica, subdividida en centros de rentabilidad, funcionando sin asperezas y con eficiencia, conducida autoritariamente, con personal central y periférico, con derechos de cogestión limitados, círculos leales a la innovación, productividad y calidad” (Hirsch, 1996, p. 147-148). Así, la política y estructuras internas de este Estado son determinadas fundamentalmente por las presiones de la competencia internacional y sus ventajas comparativas, dejando de regular la relación entre las diferentes clases sociales y de enfocarse en el desarrollo equilibrado para toda la sociedad. Su finalidad es la movilización selectiva de fuerzas sociales para la competencia internacional y la represión de los intereses que se contraponen a ella, hasta por la fuerza (Hirsch, 2009). En otras palabras, se trata de estados que Hirsh (1996) describe como flexibilizadores de las condiciones laborales, facilitadores de la extracción de recursos naturales, de la inversión de capitales para la “la creación de condiciones óptimas de revalorización para el capital internacional en la competencia interestatal” (p. 67).

Esto resulta fundamental al comprender que si bien suele atribuirse un carácter “virtual” a los datos utilizados por la IA, en realidad, éstos requieren de un alto caudal de recursos materiales para su tráfico, procesamiento, almacenamiento y seguridad: “Un Centro de Datos tiene que establecerse en un lugar físico, debe tener acceso a la energía, debe tener un nivel de redundancia, refrigeración, estricta seguridad y cableado [...]. Los recursos abocados a tal propósito son altísimos” (Blinder, 2022, p. 183) y suelen estar concentrados en países periféricos más accesibles en términos de costos y regulaciones para las grandes empresas transnacionales. Así, las empresas transnacionales buscan economías receptoras con mano de obra barata, recursos naturales explotables, mercados internos amplios, entornos macroeconómicos y políticos estables y condiciones medioambientales, laborales, jurídicas y fiscales favorables (Vázquez, 2024).

En otras palabras, aunque las empresas y sectores vinculados a la transición verde y digital, son generalmente presentadas como parte de un proceso de creciente desmaterialización y de sustentabilidad ecológica, las plataformas y sus desarrollos tecnológicos no se componen sólo de algoritmos, sino que tienen una base material apoyada en la explotación humana, de territorios y de bienes comunes (Zanotti & Guzmán, 2024). Así, estos sectores tienen una naturaleza extractiva, al descansar sobre la minería metálica, la utilización de grandes cantidades de tierra, electricidad, agua y productos químicos, el manufacturado de partes, el vertido de residuos tóxicos, la descarga de trabajo psicológicamente abusivo y la extracción y mercantilización de datos provenientes del espacio y tiempo privado de las personas, que afecta particularmente a los países de menor desarrollo relativo, como es el caso de los de América Latina. En todo caso, estos últimos pueden constituirse en puntos de localización de data centers correspondientes a compañías tecnológicas, los cuales requieren de grandes cantidades de agua, así como de energía barata, en detrimento de los usos locales de dichos recursos estratégicos (Jung, 2023).

Por otra parte, tanto América Latina en general como Argentina en particular, encuentran diferentes limitaciones para el despliegue de la IA, como son la baja inversión en ciencia, tecnología e innovación en general y en el sector en particular, el escaso talento disponible -sobre todo en términos de expertos en computación o matemáticas con doctorado en IA- y una infraestructura informática inadecuada, a lo cual se agrega una inestabilidad política recurrente (Vila Seoane, 2021; Regazzoni, 2024).

No obstante, en Argentina se reconocen algunos avances e iniciativas en el sector a lo largo del siglo XXI: tal es el caso del crecimiento que vivió la disciplina de IA en la primera década, en términos de grupos de investigación, carreras de posgrado y espacios de intercambio; asimismo, se dio un crecimiento en el sector productivo y la incorporación del sector público como productor y demandante de TIC (Taraborrelli & Gala, 2015). Por su parte, también se halla el “Plan Nacional de Inteligencia Artificial” ArgenIA (2019) elaborado durante el gobierno de M. Macri (2015-2019), el cual no llegó a discutirse públicamente ni a implementarse (Aguerre, 2020). Más adelante en el tiempo, se encuentra la creación del Centro Argentino Multidisciplinario de Inteligencia Artificial (CAMIA) -en el marco del Programa de Inteligencia Artificial de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia- y del Chatbot del Estado Nacional “TINA”, ambos correspondientes a la gestión de A. Fernández (2019-2023) (Vercelli, 2023).

Ahora bien, más allá de estas experiencias concretas, no se han sancionado leyes específicas de IA ni avanzado en políticas integrales en este sector tecnológico en el país (Vercelli, 2023). Más precisamente, el diseño de políticas argentinas destinadas a la IA se ha caracterizado por estar atravesadas de incertidumbres políticas, donde los instrumentos existentes son revisados y reorganizados de acuerdo con las posiciones políticas e ideológicas, sin llegar a producir un diseño consistente (Filgueiras, 2021). Al igual que en los últimos gobiernos, la IA reemergió como parte de la agenda pública durante el período presidencial aquí abordado.

La siguiente sección analiza la política exterior del primer año de la presidencia de J. Milei y reconstruye, a partir de fuentes primarias, los imaginarios geopolíticos que se desprenden de los discursos tanto del presidente como de sus funcionarios, asesores y aliados en torno al rol de la IA y de Argentina en el contexto descripto en los apartados anteriores, para luego contrastarlo con las políticas concretas implementadas en dicho periodo por el gobierno.

3. Política Exterior e imaginarios tecnolibertarios en la era Milei

La asunción de Javier Milei a la presidencia argentina en diciembre de 2023 supuso una reorientación de la estrategia internacional del país, significando un cambio respecto a su antecesor A. Fernández, como así también al tradicional paradigma occidentalista propio de las gestiones de C. Menem (1989-1999), F. de la Rúa (1999-2001) y M. Macri. La política exterior de Milei, asentada sobre su cosmovisión ideológica libertaria, se centra en una asociación estratégica con Occidente, principalmente con Estados Unidos, Israel y Europa, considerados por el presidente y sus funcionarios como “el mundo libre”. A su vez, ha optado por un occidentalismo selectivo en función de su internacionalismo conservador que le lleva a distinguir y condenar a los países socialistas (González Levaggi, 2024), y a alejarse políticamente de socios comerciales relevantes para Argentina como Brasil y China (Merke & Pereyra Doval, 2024).

Por su parte, para Tokatlián (2024) la política internacional del presidente no se ha basado en la práctica de la diplomacia presidencial –es decir, en visitas a otros mandatarios, funcionarios estatales u organismos internacionales- sino más bien en una anti-diplomacia, debido a que sus viajes al exterior y sus relaciones prioritarias han estado basados en vínculos trasnacionales personales, informales y no gubernamentales[6]. En otras palabras, la política exterior del gobierno argentino en el año 2024 ha tenido una fuerte impronta privada (Dougherty & Pfaltzgraff, 1993; Kissinger, 2001). Más precisamente, un componente novedoso refiere a sus reuniones con importantes líderes empresariales de grandes compañías tecnológicas[7], a los cuales suele considerar más relevantes que los mandatarios oficiales de algunos países y con quienes se observa cierta convergencia respecto de los imaginarios acerca de la libertad de mercado, el Estado mínimo y la eliminación de trabas burocráticas, todo lo cual ha llevado a Simonoff (2024) a denominar a dicha política exterior como tecnopolar, en alusión al término acuñado por Bremmer (2021).

De esta forma, aunque tuvo reuniones oficiales clásicas, a lo largo de sus primeros seis meses de mandato, Milei realizó unos once viajes al exterior, cinco de los cuales fueron a Estados Unidos e implicaron reuniones con CEOs de corporaciones high tech como Sundar Pichai (Google), Timothy Cook (Apple), Sam Altman (OpenAI), Mark Zuckerberg (Meta) y Elon Musk (Tesla, SpaceX y Starlink). Estos viajes enfocados en visitar líderes corporativos han tenido, según palabras del propio Milei, el objetivo de convencer a los empresarios más importantes del atractivo de Argentina como destino de inversiones tecnológicas, especialmente, de aquellas relativas al sector de la IA. Como mencionó en una entrevista brindada al canal LN+, el presidente considera que: “Hoy [estamos] posicionados como un jugador clave en temas de [IA]” y que

Argentina podría converger a ser una potencia mundial [...] en 45 años [...]. Lo interesante de la IA es que es un disparador de incremento de la productividad [...] que es lo que caracterizó los últimos 250 años de la historia de la humanidad. Esto es mucho más profundo, mucho más acelerado. Entonces todo esto que nosotros estamos haciendo es para que, cuando inicie el proceso de crecimiento, acelerar el proceso de convergencia. (Reidel, 2024)

Es decir, el mandatario no sólo considera la importancia de IA como motor de la productividad y del desarrollo futuro de Argentina, al punto de colocarla como factor de la aceleración de la convergencia con naciones centrales, sino que interpreta que el país presenta un posicionamiento clave en la geopolítica internacional contemporánea de esta tecnología.

Así, el presidente asevera que “nosotros estamos proponiendo que Argentina sea uno de los cuatro polos de IA en el mundo” (La Derecha Diario, 2024), detrás de Estados Unidos, Europa y China. En el mismo sentido, tras una de estas giras por Estados Unidos en la cual Milei se entrevistó con figuras notables del sector tecnológico, D. Reidel, su principal asesor en temas de tecnología describió que el país se encuentra en una posición inmejorable para atraer inversiones: en declaraciones para un medio argentino reflexionó sobre la afirmación de Milei de que Argentina podría “convertirse en el cuarto polo de IA del mundo” (La Nación, 2024).

¿Qué quiere decir un cuarto polo de IA? Hoy te diría que hay tres grandes centros de poder, tres centros de IA importantes: China, Europa y Estados Unidos. Europa […] ha sobrerregulado de manera tal que mató toda la innovación. Entonces ¿Qué está pasando en materia de IA en Europa? Prácticamente nada. Eso te genera que China, que va a hacer lo que se le dé la gana, tiene una ventaja comparativa con respecto al resto del mundo. Eso es un problema. Por otro lado, Estados Unidos no sabe bien qué va a hacer. Están tratando de arreglar entre eficiencia y seguridad […]. Eso le da una posibilidad a la Argentina, se han alineado los planetas. ¿En qué sentido? El presidente Milei ha capturado la atención y lo aman en Silicon Valley […] Ha capturado la atención del sector tecnológico como casi nadie lo ha logrado […]. Dada la predilección del presidente por la baja regulación, empresa libre y un entorno amigable para hacer negocios los empresarios de Silicon Valley están interesados en ver si esto es una posibilidad. (La Nación, 2024)

Es decir, dicha lectura sobre el desarrollo global de la IA se vincula también con su mirada libertaria, por la cual considera que “la existencia del Estado y las regulaciones […] destruyen el crecimiento económico” (La Derecha Diario, 2024). Según Milei, las regulaciones estatales destruyen el incentivo a innovar, y solo el mercado y sus agentes son capaces de promover la innovación. De acuerdo con Reidel, la regulación europea podría incluso generar una migración masiva hacia la Argentina para desarrollar la IA (Maza, 2024).

Como es posible apreciar, el imaginario geopolítico del gobierno de Milei entrelaza de manera unidireccional la ausencia de regulaciones estatales con el progreso tecnológico: el razonamiento implica que si se impide la intervención del gobierno, las fuerzas productivas del estado del arte de la tecnología invertirán en el país, resultando en ventajas comparativas frente a otros estados cuyos gobierno sí intervienen y regulan el sector, haciendo crecer la economía con la instalación de corporaciones tecnológicas en territorio argentino. En otras palabras, se busca generar un Estado Nacional de Competencia por medio de la profundización de la desregulación estatal. Así, de acuerdo con esta lógica, en un contexto de disputa entre Estados Unidos y China en el que se registra un fuerte proteccionismo, desde el gobierno se espera que ciertos gigantes tecnológicos inviertan ingentes cantidades de capital extranjero en el país.

Este imaginario libertario sobre la relación entre el estado y las empresas dedicadas a la IA es el que lleva a una buena recepción de Milei por parte de los grandes empresarios tecnológicos: en las primeras reuniones como presidente con el CEO de Open IA (Oficina del Presidente, 2024) y Google (Oficina del Presidente, 2024), los empresarios mostraron una gran expectativa por conocer a un mandatario cuyo discurso de Estado mínimo es análogo al de este sector tecnológico. Tal como indica Varsavsky, empresario tecnológico argentino cercano al gobierno que también promocionó desde sus redes sociales la política presidencial y la gira por los Estados Unidos a mediados de 2024, Milei fue muy bien recibido por muchos líderes de tecnología de ese país, al contar:

(…) con un discurso absolutamente original, algo que no escucharon nunca en su vida […]. Diferente al de Biden, de Trump […]. Con respecto a los líderes de tecnología las reuniones eran muy shockeantes para todos. El discurso de Milei es básicamente que los impuestos son un robo, las injerencias del gobierno sólo causan daño […] como el socialismo. El resultado ha sido la hiperinflación, la gente que cobra por no hacer nada. Y el trabajo de reducir el Estado a una serie de condiciones básicas que permitan crear unas reglas de juego que permitan después que la empresa privada cubra todas las necesidades de la gente. Y eso, es música para los oídos para empresas que sienten culpa de tener éxito: cuando es el éxito de las empresas que hacen exitosos a sus accionistas, y felices a sus consumidores, y exitosos a sus empleados que ganan unos sueldos que en Argentina no se pueden ni soñar. (La Política Online, 2024)

Es decir, el discurso que lleva Milei a sus encuentros con empresarios coincide con el que estos últimos “quieren escuchar” y que “no suelen oír en otros países”. Respecto de su reunión con el director ejecutivo de Open AI no se conocieron mayores detalles: el presidente posteó una foto con Sam Altman y declaró haber tenido una “maravillosa reunión sobre AI y las enormes posibilidades que brinda una Argentina Libertaria” (Milei, 2024). Ahora bien, en relación con el encuentro con Elon Musk, los contenidos fueron más detallados: visitaron una fábrica de automóviles de su propiedad y “coincidieron en la necesidad de liberar los mercados y defender las ideas de la libertad […] sobre la importancia de eliminar trabas burocráticas que alejan a los inversores” (Presidencia de la Nación, 12/04/2024).

Por su parte, en la reunión con Zuckerberg de Meta junto a su gabinete, se habló del desarrollo de IA en el país, más sin ninguna precisión de inversiones, aunque se acordó la capacitación del grupo empresario a actores locales: “El Presidente Milei y su equipo manifestaron su entusiasmo por las futuras oportunidades de cooperación con Meta, lo que podría traer importantes beneficios económicos y tecnológicos al país. Durante la visita se discutieron futuras iniciativas de capacitación para fortalecer el ecosistema de desarrolladores en IA y realidad aumentada en Argentina” (Presidencia de la Nación, 31/05/2024). En fin, tal como enfatizó Reidel “No tenemos nada para anunciar ahora […]” (La Nación, 2024). Más bien, de sus visitas a distintos empresarios, Milei retornó con una promesa de contratación por parte del gobierno de los servicios provistos por Google y Facebook destinados a los ámbitos de educación y reforma del Estado (La Política Online, 2024).

Ahora bien, respecto de las condiciones presentes en Argentina consideradas desde el gobierno como atractivas para las inversiones de estas grandes compañías tecnológicas, se encuentran las siguientes: Milei asegura, al igual que lo había hecho Varsavsky, que “Argentina tiene amplias extensiones de tierra con bajas temperaturas [ideales para instalar servidores]” (La Derecha Diario, 2024). Más precisamente, Varsavsky definió que:

(…) la economía del conocimiento va increíblemente bien, porque vale la pena invertir ahí, porque se puede conseguir a través de una baja de regulaciones cosas como más energía nuclear, energía renovable, que la energía sea barata […] y que [en] la Patagonia se [instalen] centros de datos […] porque hace frío y los [data centers] generan calor. Hay una serie de condiciones geográficas para las renovables, talento humano […]. (La Política Online, 2024)

En el mismo sentido, Reidel sostuvo que Argentina tiene muchas tierras, clima frío y energía para proveer a la infraestructura que necesitan estas grandes tecnológicas, en igual referencia a los data centers que podrían instalarse en el país. El propio ministro de economía, L. Caputo presentó una mirada optimista en torno a las reuniones de la gira presidencial junto a los magnates del sector tecnológico de Estados Unidos. En un posteo, encabezado con una fotografía del presidente junto a la Secretaria General de la Presidencia, K. Milei, y otros funcionarios y empresarios, Caputo reflexionó que el futuro de la economía global es la IA, y que Argentina tendrá un rol en él. Si bien hizo referencia al sector laboral, lo relacionó con los recursos naturales que puede aportar la Argentina:

No hay duda de que el impacto que va a tener la evolución de la IA va a cambiar mucho la humanidad en los próximos 10 años. Estar a la vanguardia de esta industria puede generar un cambio enorme para nuestra gente, porque Argentina tiene mucho para aportar, como talento, y recursos naturales. La agenda que organizó @dreidel1 es extraordinaria y el interés que capta nuestro presidente @JMilei y sus ideas es enorme, así que ojalá estemos dando un primer gran paso para el objetivo final de hacer de Argentina un polo mundial de inteligencia artificial. (Caputo, 2024)

En tanto, en la Primera Semana de la Inteligencia Artificial realizada del 2 al 6 de diciembre de 2024, con presencia de empresas líderes como Microsoft, Globant, IBM, AWS y Google Cloud, el presidente condensaba sus ideas sobre el rol de Argentina en el mundo de la IA al considerar que:

El (…) [país] tiene la mayor cantidad de unicornios per cápita - en toda Latinoamérica – (…) también abundan las tierras inhóspitas a baja temperatura - en toda nuestra Patagonia -, lo cual es una ventaja comparativa para montar servidores de inteligencia artificial. ¿Y saben qué otra cosa necesita los servidores? Energía, mucha, otra cosa que abunda en nuestra Patagonia (…) otra cosa, que necesitan estos servidores son inversiones, y las inversiones necesitan estabilidad, a largo plazo. Nosotros estamos ordenando la macro, le hemos puesto un candado al equilibrio fiscal y nos hemos tragado la llave. Esto traerá inversiones de todo tipo (…). (Casa Rosada, 2024)

En este marco, cabe tener presente que en diciembre de 2024 el presidente J. Milei -junto a Reidel y el director General del Organismo Internacional de Energía Atómica, R. Grossi- presentó el Plan Nuclear Argentino, para la construcción de un reactor modular pequeño (SMR) y el desarrollo de reservas de uranio, con el objetivo de posicionar al país en la vanguardia energética mundial y atraer inversiones. Allí, Reidel advirtió que esta revolución energética en el país se “hará con tecnología 100% argentina, desarrollada por nuestros ingenieros nucleares, quienes son reconocidos entre los mejores del mundo”, lo cual constituye “un orgullo nacional” (Presidencia de la Nación, 20/12/2024). Adicionalmente, en esta reunión el Presidente volvió a destacar la existencia de recursos humanos adecuados, la presencia de vastas tierras y abundantes recursos naturales en el sur del país para proveer de infraestructura adecuada al desarrollo de la IA (Presidencia de la Nación, 20/12/2024). Es decir, el Plan Nuclear de este gobierno está asociado desde su concepción al abastecimiento de energía para el desarrollo de la IA.

En definitiva, a partir del análisis de las declaraciones de los integrantes del gobierno de LLA y aliados, se desprende la existencia de tres imaginarios principales -que podríamos llamar tecnolibertarios- sobre el rol de la IA en la política doméstica y exterior de Argentina: 1) en principio, la idea de convertir al país en un polo de IA global (de acuerdo a algunas afirmaciones, el cuarto en el mundo, detrás de Estados Unidos, China y Europa); 2) de cara a ello, el gobierno considera que el desarrollo de la IA será alentado de forma más eficiente a través del corrimiento del Estado, coincidiendo con el discurso de los líderes tecnoutópicos; 3) asimismo, se ponderan los abundantes recursos naturales, energéticos y humanos existentes en Argentina, entendidos como las ventajas comparativas del país, para propiciar la llegada de inversiones abocadas a la instalación de servidores y data centers necesarios para el despliegue de la IA. Ahora bien, ¿qué tan congruentes son las políticas concretas adoptadas por el gobierno con estos imaginarios tecnolibertarios?

4. ¿La materialización de las ideas? Entre los imaginarios y las políticas concretas

En este punto cabe analizar los mencionados imaginarios en contraste con las medidas tomadas efectivamente por el gobierno en materia de IA, en el marco de ciertos condicionamientos objetivos. En principio, respecto de la idea de convertir a la Argentina en un polo de IA -el cuarto a nivel mundial-, cabe mencionar que, como se dijo previamente, el país se ha caracterizado por carecer de una política coherente y sostenida de IA a lo largo del tiempo y por contar con distintos intentos frustrados. Su nivel de rezago en el desarrollo de la IA puede observarse, por ejemplo, en el hecho de que no aparece siquiera dentro de los 36 primeros países contemplados por el Índice de Liderazgo de IA de la Universidad de Stanford mencionado en secciones anteriores. Esto da cuenta, además, de la existencia de otros polos de IA más allá de los considerados por el gobierno, que es necesario tener en cuenta para contar con un diagnóstico internacional más certero que permita generar una estrategia adecuada de inserción.

Incluso a nivel regional, de acuerdo con el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2024, los países pioneros en materia de IA son Chile, Brasil y Uruguay, destacándose en infraestructura tecnológica, desarrollo de talento especializado, productividad científica y capacidad de innovación; en tanto, Argentina se ubica en el cuarto lugar, bajo la categoría de adoptante (CEPAL, 24/9/2024). Más precisamente, el país posee una débil infraestructura (principalmente en términos de conectividad, accesibilidad y velocidad), así como un valor bajo en lo concerniente a la dimensión Talento Humano, conformada por la alfabetización, formación profesional y realización de posgrados relacionados a la IA. Además, se observa una situación de escasez en términos de inversión, colaboración entre sectores, gasto en investigación y desarrollo, adopción de medidas de ciberseguridad y fomento de un entorno innovador (Robiolo & Martelo, 2024). Es decir, a nivel regional hay países que resultan mejor posicionados de cara al desarrollo de la IA, a los cuales se debe tener en cuenta al momento de pensar las mencionadas estrategias de inserción, máxime si se pretende ser un polo de IA relevante.

Asimismo, más allá de esta dimensión histórica de rezago en materia de IA, a lo cual hay que sumarle la fluctuante situación del sector científico-tecnológico argentino a lo largo del tiempo, también se encuentran tensiones en el propio gobierno de J. Milei: así, se diluyó el Ministerio de Ciencia y Tecnología, ubicando a los organismos que formaban parte de dicha cartera bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete de Ministros. En este marco, la dimensión administrativa del otrora ministerio se reconfiguró como una subsecretaría, alcanzando el rango más bajo dentro del organigrama gubernamental desde la última dictadura militar (1976-1983). Otros organismos científico-tecnológicos descentralizados o desconcentrados, se mantuvieron sin cambios dispersos en distintos ministerios. A su vez, se ha dado una reducción de recursos destinados a la función ciencia, tecnología e innovación[8], la paralización de fondos destinados al desarrollo de proyectos de investigación, la disminución de plazas disponibles en programas de becas doctorales y posdoctorales, el congelamiento de los ingresos a la carrera de investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), así como el abandono y la paralización de proyectos estratégicos, donde destacan particularmente los del sector nuclear (Carbel et al., 2024).

Este desinterés por el sector científico-tecnológico del país se manifestó asimismo en el hecho de que, a lo largo de la mencionada Primera Semana de la Inteligencia Artificial, no se contó con ningún investigador nacional entre los expositores (Biota, 2/12/2024). Por su parte, si bien se anunció el Plan Nuclear Argentino -que como se vio está fuertemente ligado al impulso de la IA-, se encuentran importantes contradicciones respecto de la política concreta llevada adelante hasta el momento por la gestión de Milei: aunque el gobierno ha comunicado la fabricación de nuevos reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés), por otra parte ha paralizado la construcción del que ya venía en marcha y muy avanzado (el CAREM); a su vez, paralelamente a ponderar los científicos argentinos del sector, ha recortado significativamente su poder adquisitivo (Esteban, 2024).

En este marco, el imaginario de desarrollo de Argentina como “polo de la IA” -el cuarto tras Estados Unidos, Europa y China- se encuentra limitado no sólo por una lectura sesgada del despliegue de la IA a nivel mundial, sino por el rezago argentino en la materia tanto a nivel regional como global, a lo cual se suma una importante desinversión en capacitación y formación de recursos humanos así como de promoción de la investigación, aspectos que resultan clave para la sostenibilidad del sistema, la prestación de servicios de alto nivel y la generación de empleos de gran calidad en el ámbito de la IA (Yankelevich, 2024).

Por su parte, respecto del imaginario de impulso a la IA a partir del corrimiento del Estado, se observa una coincidencia con aquellos de los grandes líderes tecnológicos -quienes, como se dijo, más allá de su discurso antiestatista suelen trabajar juntamente con los gobiernos, en ocasiones en que les representa un negocio importante-. En este sentido, para dar lugar a este corrimiento del Estado y a la generación de condiciones propicias para las inversiones privadas, el gobierno de LLA ha tomado medidas concretas y coherentes con dichas ideas: apoyado por votaciones favorables en el Senado y en Cámara de Diputados, consiguió la aprobación de la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos (Ley 27.742, conocida como “Ley Bases”), con su Título VII referido al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). El RIGI se presenta como una herramienta clave para atraer capitales extranjeros a la Argentina, en sectores como infraestructura, minería, tecnología y energía -sectores vinculados a la IA, sobre todo si se contempla la instalación de infraestructuras y servidores que la misma requiere-, al promover condiciones de certidumbre, seguridad jurídica y protección especial frente a la administración pública y el Estado, así como prever incentivos tributarios, aduaneros y cambiarios para proyectos que superen los US$ 200 millones. A su vez, en su conjunto, la Ley Bases brinda un marco general para la reforma del Estado, la privatización y la modernización laboral, que se presenta como fundacional para el proyecto presidencial libertario.

En los primeros seis meses de gestión, en el marco de la “convergencia ideológica” entre Milei y Musk, se destacó como logro visible el desembarco de Starlink (internet satelital) en el mercado argentino (Simonoff, 2024). Por su parte, con el mencionado nuevo marco normativo vigente, hacia diciembre de 2024 el presidente argentino comunicó la existencia de solicitudes de aprobación de inversiones por más de 11.800 millones de dólares en distintos sectores, entre los que se encuentra el tecnológico. A su vez, altos ejecutivos de empresas tecnológicas líderes como Apple, Google, Meta, y OpenAI expresaron en conversaciones con Milei y Reidel su interés para explorar oportunidades en el país: Meta analiza la aplicación de sus tecnologías de IA en proyectos locales del ámbito educativo y de formación de capital humano, mientras que Google manifestó su intención de implementar herramientas de IA en la reforma del Estado argentino, buscando mejorar la eficiencia gubernamental; por su parte, IBM trabaja en consultorías con empresas locales para implementar soluciones de IA que generen retorno de inversión y mejoren la productividad (Dergarabedian, 2024).

Así, más allá de los discursos coincidentes y el impulso a condiciones macroeconómicas adecuadas para fomentar inversiones, éstas aún no se han concretado sino que se han limitado a anuncios y buenas intenciones. Ciertamente es necesario reconocer que ningún cambio estructural y productivo de envergadura se realiza en un periodo tan corto como un año, y también se debe tener en cuenta que, como mencionó el propio Ministro de Economía, el país se encuentra dando sus primeros pasos en el dominio de la IA. Sin embargo, las políticas dirigidas al sector científico-tecnológico dan evidencia de un gran desinterés por incentivar dicho sector, y las inversiones anunciadas parecieran encontrarse más orientadas a la compra de servicios que a la generación de hubs de innovación que formen y empleen recursos humanos altamente cualificados.

Por otra parte, también es verdad que, de acuerdo con Dergarabedian (2024), la correcta implementación de la IA en el sector productivo podría traer grandes beneficios, como la creación de nuevos puestos laborales vinculados a la IA, la incorporación de nuevas habilidades relacionadas con esta tecnología, con el consecuente impacto en el ámbito educativo, y el crecimiento del sector tecnológico en general. Sin embargo, difícilmente puedan aprovecharse las ventajas de la IA si un Estado no apuesta por impulsar encadenamientos productivos hacia atrás y hacia adelante: desde la participación en la generación de infraestructura adecuada hasta formación efectiva de recursos humanos, pasando por incentivo e inversión a investigaciones en el sector.

Finalmente, si se repara en el imaginario que asocia el desarrollo argentino de la IA con el aprovechamiento de las ventajas comparativas argentinas para la instalación de data centers, sí cobran sentido las medidas previas, puesto que se busca ser receptores de los centros de datos de los principales actores internacionales del sector (de aquí las reiteradas menciones y reuniones con estos agentes), generando condiciones propicias -de estabilidad y desregulación- para la recepción de capitales extranjeros (lo cual se evidencia en el RIGI), sin requerir la presencia de un sector científico-tecnológico nacional robusto (el cual se encuentra justamente en estado de desfinanciamiento creciente).

En resumen, en este marco, el discurso gubernamental sobre el desarrollo de la IA en Argentina se encuentra limitado por su reducción a la instalación de data centers, lo cual si bien puede suponer cierto grado de desarrollo local no contienen las potencialidades del escalado en la cadena de valor de esta tecnología. En línea con lo afirmado por Yankelevich (2024) “Si pensamos en una ‘cadena de valor’ de la IA, los data centers son el último eslabón. Son necesarios, pero el valor agregado que se captura es bajo, el desarrollo es limitado: lo más importante que requieren es el uso de recursos (agua, energía, mano de obra para la construcción y mantenimiento). Si bien generan trabajo calificado, es poco”.

5. Reflexiones Finales

En este artículo se buscó descifrar los imaginarios geopolíticos en torno a la IA que han permeado el discurso de la política exterior del primer año de gobierno de J. Milei. Para ello, a lo largo del escrito se pudo apreciar cómo la IA se ha convertido en uno de los ejes de disputa global en el marco del capitalismo cognitivo en auge, y cómo en este contexto han emergido como actores poderosos las grandes corporaciones tecnológicas también denominadas Big Tech. Al comenzar a ocupar lugares más relevantes estas empresas pueden constituirse muchas veces como campeones nacionales, ayudando a alcanzar las metas de los países donde se ubican sus casas matrices, o por el contrario abogar por grados variables de retracción del Estado: desde su limitación para permitir mayores márgenes de acción a las Big Tech como demandan algunas, hasta su completa destrucción y reemplazo como piden los tecnoutópicos.

A los fines de este artículo fue crucial comprender que estos nuevos actores no estatales que están ganando poder han roto el monopolio de creación y difusión de discursos que anteriormente detentaban los Estados y por lo tanto, que los imaginarios geopolíticos que emergen de sus líderes permean cada vez más sectores de la sociedad, en especial, las de elites políticas y empresariales de países en desarrollo. En el caso de Argentina, ello es evidente en las declaraciones de funcionarios, asesores y allegados del presidente y hasta en afirmaciones del propio Milei.

A través del análisis de varias afirmaciones y posteos en la red social X se identificaron tres imaginarios principales -que denominamos imaginarios tecnolibertarios- consistentes en: i) la idea de convertir a Argentina en un polo de IA, inmediatamente detrás de Estados Unidos, Europa y China; ii) la promoción de un Estado mínimo, no interventor y no regulador, para incentivar las inversiones extranjeras, especialmente en IA; iii) la imagen de Argentina como país ideal para el desarrollo de la IA debido a sus ventajas comparativas en términos de recursos naturales, energéticos y humanos, -adecuados para la instalación de data centers-.

En otros términos, con respecto al rol que la IA debe jugar en el desarrollo doméstico de Argentina según el imaginario del gobierno de la LLA, esta tecnología es considerada como una especie de panacea, de catalizador de la productividad y el empleo que habilitará avances acelerados para convertir a Argentina en potencia en unos años. Y de manera relacionada, con la implementación de políticas para atraer inversiones de grandes tecnológicas a suelo argentino, el país se convertirá en el cuarto polo de IA del mundo. En otras palabras, para este conjunto de imaginarios, los capitales invertirán en aquellos lugares donde haya mayores ventajas comparativas (menos regulaciones, intervención estatal e impuestos), y por lo tanto, eso asignaría una oportunidad geopolítica única a la Argentina en materia de IA. En este marco, el gobierno actual se hace eco de las demandas antiestatistas emitidas por varios magnates tecnoutópicos de Silicon Valley, en especial por Elon Musk (con quien Milei simpatiza particularmente), y abogan por la reducción del Estado argentino a su mínima expresión para permitir la afluencia de ingentes inversiones extranjeras, entre las cuales se cuentan aquellas orientadas a convertir al país en nuevo polo de IA.

Por último, se pretendió analizar si las políticas e iniciativas impulsadas y efectivamente implementadas por el gobierno fueron congruentes con los imaginarios tecnolibertarios reservados para Argentina y reflejados en sus declaraciones. Las posibles respuestas dependen principalmente de lo que creamos que significa para el gobierno insertar globalmente al país como un polo de IA. Si ello implica desarrollar esta tecnología para ubicar a Argentina a la altura de grandes potencias como Estados Unidos, China y la mayoría de las naciones europeas, el país está -objetivamente- muy lejos de esa meta. Ciertamente, las iniciativas en torno a la IA han sido históricamente casi inexistentes y fluctuantes, y tales objetivos no se satisfacen en tan solo un año. Sin embargo, aun teniendo en cuenta este contexto desalentador, las políticas efectivas hacia el ámbito científico-tecnológico (uno de los indicadores principales en el reporte de dominio de IA de la Universidad de Stanford) parecerían apuntar en dirección contraria. En otras palabras, si convertir a Argentina en polo de IA implica -en el imaginario tecnolibertario del gobierno de LLA- tener indicadores similares a los de las actuales potencias en IA, las políticas efectivas en este primer año son a todas luces incongruentes.

Ahora bien, si por el contrario entendemos los imaginarios tecnolibertarios de LLA en torno a la idea de insertar a Argentina como polo de IA como la búsqueda de convertir al país en un territorio propicio por su geografía y clima para constituirse en receptor de data centers, entonces puede decirse que aquí sí se registra mayor congruencia. Así lo demuestra el impulso y sanción de la Ley Bases y el RIGI para atraer grandes inversiones, lo cual se vincula estrechamente además con el imaginario de impulso a un Estado que mantenga una intervención y regulación mínimas y los discursos en torno a la geografía y el clima adecuados del país. Aquí también cobran sentido las políticas de desfinanciamiento al sector científico-tecnológico actual y la conversión del país en un Estado Nacional de Competencia.

Esto reafirma la mirada geopolítica en la que, a pesar del lenguaje optimista vinculado a la idea de polo de IA, Argentina se inserta con un rol subordinado de proveedor de recursos para que el sistema global, con asiento en las grandes potencias, funcione. Por lo tanto, el objetivo de convertir a Argentina en polo de IA no implicaría necesariamente generar innovación, sino que estaría orientado a asegurar la instalación de hardware para explotar recursos naturales y energéticos y “capital humano” (La Derecha Diario, 03/06/2024), que sería una masa laboral calificada en el tema capaz de manejar este ecosistema tecnológico. Esto podría suponer una pérdida de soberanía tecnológica y la renuncia a notables desarrollos científicos nacionales, así como un nuevo extractivismo de recursos naturales estratégicos con dañinas consecuencias socioambientales para el país.

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Notas

1 Recientemente, la transformación del escenario internacional tras la crisis económica de 2008, la disputa económica, tecnológica y comercial entre Estados Unidos y China o la guerra entre Rusia y Ucrania, ha llevado a un reverdecer académico de la geopolítica crítica (Cáceres, 2022). Entonces, en el marco de estos cambios globales, la geopolítica crítica tiene la tarea de deconstruir los nuevos discursos, prácticas e imaginarios geopolíticos hegemónicos, denunciando y cuestionando las relaciones de poder persistentes en ellos (Estenssoro & Orellana, 2021).
2 Estas lecturas del contexto global son aquello que Taylor y Flynt (2002, p. 99) han denominado como “un conjunto de supuestos estratégicos que elabora un gobierno sobre otros Estados para orientar su política exterior. En esa línea, un código geopolítico es una imagen creada por el Estado para hacer una imagen parcializada del territorio, tema de agenda, institución o Estado sobre el cual se va a intervenir políticamente. Hay códigos locales, regionales o globales de acuerdo con la escala. Y ellos se conforman desde la percepción local, la política doméstica, las identidades de los actores desde la historia política, social, económica e institucional. Así, existe una imaginación geopolítica de los actores que tienen una visión del mundo y de su funcionamiento.
3 Los bloques se completan con otros indicadores como IA responsable (implica participación en espacios de discusión sobre los aspectos éticos de la IA); Educación (específicamente la existencia de cursos sobre IA en inglés); Diversidad (refiere a la igualdad de género en el ámbito de la IA) y Opinión pública en torno a la IA.
4 Tal es el caso de los mecanismos de evasión fiscal, registro en guaridas fiscales y la financierización (Borrasteros & Juncos, 2023).
5 Los campeones nacionales son corporaciones tecnológicas alineadas con los objetivos de política exterior de los gobiernos de sus casas matrices y satisfacen sus demandas tecnológicas en segmentos vinculados a la IA, internet, servicios de nube y ciberseguridad. Los ejemplos más acabados de este tipo de empresas (aunque no los únicos) son Huawei en el ámbito de la tecnología de quinta generación o 5G y de chips, y Alibaba, Tencent y Badiu en el sector de IA.
6 Entre ellos se cuentan un viaje a Suiza al Foro Económico Mundial de Davos, a Israel, a Italia, cinco veces a Estados Unidos (a la Conferencia de Acción Política Conservadora, la CAPC; a la organización Jabad Lubavitch, a una fábrica de Tesla donde se encontró con Musk, a una conferencia de inversores del Instituto Milken y otro encuentro con Musk, a la Universidad de Stanford donde se reunió con el CEO de Google y el Director de Apple; y finalmente a la Conferencia de millonarios de Sun Valley) a una reunión con el partido ultraconservador Vox en España, a El Salvador donde se encontró con Nayib Bukele; a la Cumbre del G7 en Italia y a la Cumbre de la Paz nuevamente en Suiza; luego viajó nuevamente a España, a Alemania y a República Checa para recibir premios otorgados por una organización ultraconservadora; Más tarde viajó a Brasil para reunirse con el ex presidente J. Bolsonaro y asistir a otra reunión de la CAPC (Marina, 15/07/2024).
7 Como es el caso del mencionado Elon Musk, Tim Cook (Apple), Sam Altman (OpenAI), Mark Zuckerberg (Meta) y Sundar Pichai (Google).
8 En términos cuantitativos, según un informe realizado por el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, el crédito vigente de la Función Ciencia y Técnica del Presupuesto Nacional caerá, para 2025 y en términos reales, un 21,3%, disminución que se suma al 32,9% de retracción del 2024 y alcanza un acumulado negativo de 47,2% en la inversión estatal destinada al sector. Desagregado por organismos, el CONICET perderá un 42,8% en dos años y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) lo hará en 54,6% (CIICTI, 7/2/2025). En tanto, en catorce meses del gobierno de Javier Milei, los salarios de investigadores y becarios del CONICET perdieron un 31,4% en términos reales y los docentes-investigadores de universidades nacionales lo hicieron en un 25,3% (CIICTI, 14/2/2025).

Notas de autor

* Doctor en Ciencias Sociales y Licenciado en Ciencia Política, Universidad de Buenos Aires. Magíster en Defensa Nacional, Universidad Nacional de la Defensa. Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Profesor de grado en la Universidad Nacional de José Clemente Paz, y de postgrado en la Universidad Nacional de San Martín, y la Universidad Nacional de la Plata.
** Doctora en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata. Magíster en Ciencia, Tecnología y Sociedad, Universidad Nacional de Quilmes. Profesora en Ciencias de la Educación, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Integrante de la planta estable del CEIPIL-UNICEN-CIC. Docente del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas y del Departamento de Filosofía de la Facultad de Derecho de la UNICEN.
*** Doctora en Ciencias Políticas, Universidad Nacional de San Martín; Magíster en Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Becaria Postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Integrante de la planta estable del CEIPIL-UNICEN-CIC. Docente del Departamento de Relaciones Internacionales de la UNICEN y de posgrado en diversas universidades.

Información adicional

Cómo citar este artículo: Blinder, D., López, M. P. y Vera, N. (2025). Imaginarios geopolíticos sobre la inteligencia artificial en las políticas exterior y doméstica a inicios de la era Milei. Relaciones Internacionales, 34(68), 206, https://doi.org/10.24215/23142766e206



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