¿Quiénes ingresan a la universidad? Una reconstrucción de los perfiles sociodemográficos y educativos de los y las ingresantes a la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP (2015-2017)

Who enters university? Reconstruction of sociodemographic and educational profiles of new students in the Faculty of Agricultural and Forest Sciences of UNLP (2015-2017)

Jesica Montenegro
Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) CONICET, Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Julieta Alcoba
Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) CONICET, Universidad Nacional de La Plata, Argentina

Revista de la Facultad de Agronomía

Universidad Nacional de La Plata, Argentina

ISSN: 1669-9513

Periodicidad: Semestral

vol. 121, núm. 1, 2022

redaccion.revista@agro.unlp.edu.ar

Recepción: 10/03/2021

Aprobación: 15/04/2021



DOI: https://doi.org/10.24215/16699513e085

Autor de correspondencia: montenegro_jessica@yahoo.com.ar

Resumen: En el presente artículo describimos los perfiles sociodemográficos y educativos de los y las estudiantes ingresantes a las carreras de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales (FCAyF) de la Universidad Nacional de La Plata, a fin de comprender la composición de la matrícula y sus variaciones entre 2015 y 2017. Este artículo se enmarca en una investigación más amplia cuyo objeto es comprender las trayectorias académicas y las formas de ser estudiantes que construyen los sujetos en relación con la cultura institucional y curricular de las carreras de la unidad académica antes mencionada. El trabajo que aquí realizamos se trata de un estudio estadístico que nos permite reconocer las características socioeducativas de los ingresantes a las carreras de la FCAyF. Para este análisis procesamos información relativa a las siguientes variables: edad, sexo, procedencia social, geográfica y escolar, y condición laboral de los alumnos nóveles, a partir de datos suministrados por los sistemas de información universitaria (SIU) GUARANÍ Y ARAUCANO y procesados por el Observatorio Académico de la FCAyF.

Palabras clave: universidad, ingresantes, perfiles socioeducativos, heterogeneidad estudiantil, carreras de ingeniería.

Abstract: In this article we describe sociodemographic and educational profiles of new students of the engineering careers at the Faculty of Agricultural and Forest Sciences of the National University of La Plata (FCAyF). The objective is to comprehend the enrolment composition and its variations, between 2015 and 2017. This article is framed in a more extensive research aimed at understanding the academic trajectories and the ways to be students that the subjects construct in relation to the institutional and curricular culture at the mentioned academic unit. In this work, we present a statistical study that allow us to recognize the socio educational characteristics of new students of FCAyF. To this analysis we processed information relating to the following variables: age, sex, social, geographic and scholar origin, working condition, based on data provided by university information systems (SIU) GUARANÍ and ARAUCANO and processed by the Academic Observatory of FCAyF.

Keywords: University, new students, socio educational profiles, student heterogeneity, engineering careers.

INTRODUCCIÓN

El presente artículo se enmarca en una investigación en desarrollo1que tiene por objeto comprender las trayectorias académicas y las formas de ser estudiantes que construyen los sujetos en relación con la cultura institucional y curricular de las carreras de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata2.

Nos proponemos describir los perfiles sociodemográficos y educativos de los y las estudiantes ingresantes a las carreras de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales (FCAyF) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), a fin de comprender la composición de la matrícula y sus variaciones en esta casa de estudios, entre 2015 y 2017.

Esta descripción cobra interés en un contexto en el que la universidad se ha masificado. Tal como indican estudios recientes, a mediados del siglo XX, la universidad latinoamericana comenzó a alejarse del modelo de institución de educación superior de élite debido a su crecimiento y expansión (Krotsch, 2002). Si analizamos la problemática de la masificación universitaria desde una perspectiva histórica, reconocemos que las instituciones universitarias se encuentran frente a una doble tendencia: una masificación del nivel en coexistencia con altas tasas de abandono estudiantil. Por tanto, existe una tensión entre la ‘ampliación del acceso’ y los altos índices de deserción, lo cual pone en cuestión la eficacia de las políticas de democratización de la universidad pública (Montenegro, 2016) y nos conduce a preguntarnos sobre cuáles pueden ser los distintos motivos por los cuales se produce esa deserción. La política de ingreso irrestricto a las universidades nacionales en la Argentina, recuperada en la inmediata post-dictadura, consolidó un modelo institucional masivo y diverso en la composición matricular, aunque no exento de dificultades para concretar la democratización efectiva del conocimiento a todas las carreras (Chiroleu, 1998). Este fenómeno afecta particularmente a aquellas especialidades que poseen ciclos curriculares iniciales estructurados en torno a materias básicas como Matemática, Química y Física, entre otras.

En años más recientes, se han agregado nuevas variables, que permiten una mejor comprensión del problema, producto de cambios operados en la enseñanza media, especialmente la extensión de la obligatoriedad a este tramo en la Argentina y también de políticas conexas (de bienestar estudiantil, económicas, etc.) creadoras de un público cada vez más heterogéneo, demandante de ingreso a la universidad (Ezcurra, 2011) y frente al cual, por un lado, las fórmulas clásicas de organización académica, curricular y pedagógica se ven desbordadas y, por otro, los agentes educativos muestran distintas actitudes y posturas ante la complejidad resultante.

Es preciso señalar que frente al creciente proceso de mercantilización de la educación superior en la Argentina y en la región, se configuró en los últimos años la idea de la educación superior como un derecho humano. La Conferencia Regional de la Educación Superior realizada en Colombia, en 2008, logró un consenso estratégico plasmado en la Declaración final de Cartagena de Indias que define a la educación superior, con una expresión que ya se ha vuelto una verdadera consigna, como “un bien público social, un derecho humano y universal, y una responsabilidad de los Estados” (CRES, 2008). Sin duda, esta declaración marca un antes y un después en nuestras formas de pensar la universidad.

En el plano nacional, en el año 2015, la Ley de Implementación efectiva de la responsabilidad del Estado en el nivel de Educación Superior Nº 27.204, más conocida como Reforma Puiggrós (Montenegro, 2020), sancionó los principios de gratuidad e ingreso irrestricto a la universidad, en consonancia con la Declaración final de Cartagena de Indias. Asumir que la educación universitaria es un bien público y social quiere decir que la universidad no es una mercancía, sino una cosa pública. Es también, entonces, un derecho humano, y por lo mismo, una responsabilidad del Estado que debe garantizarlo. Creemos que este horizonte de sentido fue instaurado por la recuperación de la idea de igualdad a través de la expansión y reconocimiento de derechos, esto es, el derecho a la universidad. Reconocemos, también, que el derrotero de esta concepción de la educación es tributario, en gran medida, de los vaivenes de la democratización universitaria en la región, de sus vicisitudes y de sus logros, así como de los desafíos a los que actualmente se enfrenta (Del Valle et al., 2017).

Consideramos que las transformaciones en la normativa nacional y en la composición de los sujetos que transitan la universidad producto de estos fenómenos políticos e históricos le otorgan relevancia a la pregunta que aquí nos hacemos referida a quiénes son los y las estudiantes de las carreras de Ingeniería de la FCAyF. Pero antes de reconstruir los perfiles de estudiantiles, es necesario describir algunos rasgos que caracterizan a la Unidad Académica que estudiamos, y los cambios establecidos en esta Facultad en materia de políticas de acceso, en el período 2015-2017.

La FACyF es pionera en el país en materia de estudios agronómicos, que son previos a la existencia de la UNLP, a la que se incorporaron en 1905 cuando se crea esta institución. En la actualidad la FCAyF gestiona dos carreras de grado, la de Ingeniería Agronómica y la de Ingeniería Forestal. Hasta el 2015 las carreras de Ingeniería Agronómica y Forestal de la UNLP contaban con un sistema de admisión que, si bien consideraba al aspirante como estudiante de la Facultad en el mismo momento de la inscripción, pudiendo cursar automáticamente dos de las asignaturas de primer año, establecía que para cursar las otras asignaturas (Matemática, Química General e Inorgánica y Física Aplicada) era necesario aprobar dos exámenes de nivelación de conocimientos en Química y Fisicomatemática. Sin embargo, tras los cambios establecidos en la normativa nacional en 2015 que reglamentó el ingreso irrestricto a la universidad en nuestro país, el Consejo Directivo de la FCAyF aprobó la modificación de las pautas del ingreso para el año 2016. La propuesta retomó en sus considerandos la modificación de la Ley nacional de 2015, indicando que pretendía afianzar y profundizar los mecanismos que permitieran una mayor inclusión y retención de los ingresantes. La resolución N° 695 aprobó una estrategia que en sus anexos establecía que los cursos de nivelación eran optativos y su evaluación “no podrá tener carácter selectivo excluyente o discriminador”, sino que “solo podrá ser realizada con fines diagnósticos” (Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, 2015). Esta disposición significó que el resultado de las evaluaciones no condicionaría la posibilidad de cursar la totalidad de las asignaturas de primer año. Estos cambios implicaron una modificación sustantiva a la estrategia de ingreso que se venía replicando sin modificaciones mayores en torno al examen desde hacía más de veinte años. El ciclo de la política (Tamayo Sáez, 1997) de ingreso sin exámenes en la FCAyF se implementó en 2016, y finalizó luego de dos años, cuando la Secretaría de Asuntos Académicos de la Facultad elaboró mediante la resolución 563/17 (Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, 2017) un proyecto para el Ingreso 2018 en el que contemplaba nuevamente la inclusión de exámenes de ingreso en las áreas disciplinares básicas3. El periodo analizado en este artículo se corresponde, por un lado, con el recorte temporal de la investigación en la que se inscribe este trabajo y, por el otro, coincide con los cambios establecidos en las políticas de ingreso institucionales sucedidas entre el año 2015 y 2017, período en el que se produjo un pasaje del ingreso con exámenes vinculantes a otro sin exámenes obligatorios. De allí el interés por conocer los perfiles socio- educativos de los y las ingresantes de la FCAyF entre los años 2015-2017, así como reconocer si los cambios en torno al ingreso modificaron esos perfiles durante el período analizado.

Para este análisis procesamos información estadística relativa a las siguientes variables: edad, sexo, procedencia social, geográfica y escolar, y condición laboral de los alumnos nóveles, a partir de datos suministrados por los sistemas de información universitaria GUARANÍ Y ARAUCANO, y procesados por el Observatorio Académico de la FCAyF.

En lo que respecta a la estructura de este trabajo, en un primer momento recuperamos los aportes de un conjunto de investigaciones antecedentes que permiten abordar la problemática de la heterogeneidad de las matrículas estudiantiles en la universidad, en general, y en la UNLP - FCAyF, en particular. En un segundo momento, presentamos las consideraciones teórico-metodológicas de referencia de la investigación. En tercer lugar, analizamos los datos referidos a los perfiles sociodemográficos y educativos de los y las estudiantes ingresantes a las carreras de la FCAyF. Finalmente, presentamos las conclusiones preliminares a las que arrimamos a partir del análisis de los datos construidos.

METODOLOGÍA

El proyecto de investigación en el que se enmarca este artículo es de tipo descriptivo, interpretativo y combina una variedad de estrategias metodológicas con preeminencia de enfoques cualitativos, pero con presencia también de enfoques cuantitativos. El trabajo que aquí realizamos se trata de un estudio estadístico que nos permite reconocer las características socioeducativas de los ingresantes a las carreras de la FCAyF.

El recorte temporal (2015-2017) coincide con el seleccionado en el proyecto macro en el que se inscribe este artículo, en tanto que la preocupación por caracterizar a la población ingresante responde a uno de los objetivos planteados en este proyecto que busca describir y analizar los perfiles sociodemográficos y académicos de los y las estudiantes del tramo inicial de las carreras de la FCAyF. Asimismo, el período que estudiamos coincide con los cambios establecidos en las políticas de ingreso institucionales sucedidas entre el año 2015 y 2017. De allí el interés por reconocer si los cambios en torno al ingreso modificaron esos perfiles durante el período analizado.

La caracterización de los y las ingresantes a las carreras de la FCAyF que se presenta en este artículo fue construida a partir de los registros administrativos de la Facultad, específicamente los correspondientes al Sistema de Preinscripción a carreras de la UNLP (SIPU). En la actualidad, estos son los únicos registros existentes con los que cuenta la FCAyF y desde donde se accedió a los datos de los y las ingresantes. Es importante destacar que estos registros no fueron construidos a los fines de la investigación, sino como respuesta a necesidades reglamentarias y administrativas. Particularmente, el sistema de inscripción permite recoger datos de la población ingresante al momento de solicitar su inscripción a la Facultad. A partir de esos registros, se construyeron algunas de las categorías para realizar una caracterización de la población ingresante.

Los datos propios del SIPU fueron procesados a través de diferentes variables que organizamos en dos grandes grupos: perfil sociodemográfico y perfil educativo. El perfil sociodemográfico refiere a la descripción de características sociales y demográficas, a saber: edad, sexo, procedencia geográfica, condición laboral y maternidad/paternidad. Las variables edad y sexo permiten caracterizar la estructura demográfica de la población ingresante y nos aproxima a la etapa del ciclo vital que ellos y ellas transitan (Cotignola et al., 2017). La procedencia permite ver los desplazamientos que los y las ingresantes han realizado para acceder a la educación universitaria. Conocer el país de origen, el lugar de residencia anterior y/o actual da indicios de los desplazamientos que realizaron para acceder a la educación universitaria y nos habilita a elaborar hipótesis sobre la complejidad de los procesos de adaptación a los nuevos contextos que plantea el inicio de la carrera en la facultad. Por su parte, la condición laboral y de maternidad o paternidad de los y las ingresantes nos permite reconocer su dedicación a los estudios (parcial, full time) con relación a otras responsabilidades asumidas.

La categoría perfil educativo hace referencia a un conjunto de características del pasado educativo de los sujetos, así como rasgos educativos de sus hogares de procedencia, a saber: tipo de gestión de escuela secundaria de origen, experiencia universitaria previa, nivel educativo máximo alcanzado por progenitores y clima educativo del hogar. Esta última categoría es útil en tanto es considerada un indicador que articula las condiciones de vida de los miembros de ese hogar con el capital cultural de los y las estudiantes ingresantes (Cotignola et al., 2017). Al respecto, los autores citados proponen una tipología que retomamos y que caracteriza a los hogares de procedencia de los y las estudiantes, destacando la situación del progenitor con máximo nivel educativo. Denominan “clima educativo alto” a aquellos hogares que cuentan con algún progenitor con nivel Universitario o Superior completo; “clima educativo medio” los que poseen alguno de sus progenitores con estudios secundarios completos, o universitarios o superiores incompletos; y finalmente, “clima educativo bajo” para aquellos que tengan alguno de sus miembros con nivel secundario incompleto o de menor nivel (tanto completo como incompleto).

Si bien a las variables de análisis propuestas es factible adicionar otras, la selección realizada responde a decisiones orientadas, por un lado, por el marco teórico de esta investigación y, por otro, por la posibilidad de acceso y existencia de ciertos datos. Por último, es necesario destacar que la matrícula analizada responde a los y las “ingresantes” a la Facultad en el periodo estudiado, categoría que se diferencia de la de “aspirante”. Institucionalmente, se denomina aspirantes a las personas que se inscriben a las carreras a través del SIPU y que ratifican su inscripción durante el período estipulado para inscribirse; mientras que la condición de ingresante es dada al completar los requisitos administrativos.

DISCUSIÓN

Estudios antecedentes que analizan la cuestión de la heterogeneidad estudiantil

Esta pesquisa se nutre de los aportes de un conjunto de investigaciones propias del campo de la educación superior y la sociología de la cultura que permiten abordar la problemática de la heterogeneidad de las matrículas estudiantiles en la universidad. En principio, es menester destacar las contribuciones de algunos autores (Perrenoud, 1990; Bourdieu & Passeron, 2009; Carli, 2012) que ponen de manifiesto que la diversidad y heterogeneidad de la población estudiantil que aspira a integrarse a las carreras universitarias constituye una variable clave en el éxito y el fracaso académico posterior a su ingreso. Estos trabajos procuran explicar las desigualdades a través de una compleja trama de interacciones entre los condicionantes económicos y culturales y las prácticas del sistema educativo. Debemos distinguir aquí el importante aporte de la investigación “Los herederos. Los estudiantes y la cultura”, de Bourdieu & Passeron (2009), sobre los estudiantes universitarios franceses en la década del ‘60. Esta pesquisa se constituye en un antecedente de relevancia para nuestra investigación. Sus autores se preguntan si existe una condición estudiantil única y unificadora y, partir de análisis estadísticos y entrevistas, concluyen que tal condición no existe, sino que los estudiantes se encuentran diferenciados por origen social y futuro profesional, diferencias que la universidad contribuye a perpetuar, transformándolas en mérito individual. Lo que sí existe, afirman los autores, es una pretensión de unidad, asociada a una supuesta “esencia” del ser estudiante, marcada por las rutinas propias de las actividades académicas y sus exigencias, así como por los momentos y espacios de tiempo libre, que suponen una licencia de las responsabilidades sociales y laborales. Es en estas prácticas, que podrían definirse como “propias” del ser estudiante, donde expresan las desigualdades de origen social.

En el ámbito local, Pedro Krotsch (2002) reconoce que la presencia de nuevos sectores sociales en la universidad y de una nueva cultura juvenil, en el contexto de masificación, demanda el desarrollo de investigaciones que ya no estén centradas únicamente en el papel de los movimientos estudiantiles, dado que resulta limitado para conocer en profundidad a los y las estudiantes. En el mismo sentido, Dubet destaca la relevancia de la condición juvenil para la comprensión de diversas maneras de ser hoy estudiante, en el marco de un proceso de declive institucional (Dubet, 2005; 2010). Sostiene el autor, a partir de una revisión de diversas investigaciones referidas a la condición de los estudiantes universitarios franceses, que en la actualidad elaboran una experiencia que articula su condición juvenil con su condición de estudiante, en un contexto de masificación y diversificación de la oferta académica, lo que implica la aparición de diversas maneras de vivir la condición estudiantil.

Se consideran antecedentes relevantes también un conjunto de estudios que indagan en torno al lugar de las mujeres en la universidad. Estos trabajos reconocen que es a partir de mediados de los sesenta cuando se produce un incremento marcado en la participación femenina en la educación superior universitaria, llegando a igualar la participación masculina (Bonder, 1994). La feminización de la matrícula puede estar relacionada con una multiplicidad de factores ligados a cambios económicos y sociales (Lagrave, 1993). En particular, retomamos el estudio de Palermo (2012) quien indaga acerca de los aspectos relacionados con la elección, por parte de las mujeres, de carreras universitarias no tradicionales para su sexo y las dificultades que ellas encuentran en su paso por la universidad y en las expectativas sobre su futuro desarrollo profesional.

Los aportes reseñados permiten observar que el proceso de masificación universitaria en la Argentina estuvo signado por el ingreso masivo a la universidad de estudiantes que ya no son “los herederos” (Bourdieu & Passeron, 2009), constituyendo una matrícula fuertemente heterogénea. En este sentido, consideramos que conocer y reconocer la diversidad estudiantil implica no solamente dar cuenta de las diferencias entre los y las estudiantes, sino también registrar que poseen multiplicidad de experiencias, saberes, costumbres y realizan actividades del más diverso tipo. Los y las estudiantes viven inmersos en distintos contextos sociales producto de una sociedad diferenciada (Guzmán Gómez, 2004).

Este reconocimiento obliga a valorar la necesidad de preguntarnos quiénes son los y las estudiantes, desde una composición matricular, para poder reconstruir y comprender sus trayectorias y experiencias educativas desde un enfoque interseccional. Este análisis nos permitirá indagar en la universidad actual y sus actores, desde un lugar que atienda al género, la clase, la etnia, la nacionalidad, y un conjunto de posiciones y relaciones que estas dimensiones establecen con los sistemas de opresión, y que permiten dar cuenta de experiencias diferenciadas (Bard Wigdor & Artaza, 2016).

Si bien la idea del estudiante como una categoría social homogénea resulta interpelada en virtud de la multiplicidad de sujetos educativos y de experiencias que atraviesan los escenarios académicos actuales, así como por reflexiones emergentes de la investigación, no es controvertible afirmar que, en la práctica, sigue relativamente extendida la imagen de un alumno standard. En trabajos previos de campo en carreras de Ingeniería hemos podido apreciar que, entre los y las docentes y gestores de programas del tramo de ingreso y primer año, la heterogeneidad de trayectorias vitales, procedencia social, cultural y educativa, socio-geográfica, condición laboral, etaria, etc., en muchos casos, no es observable o está invisibilizada y/o parcialmente velada por creencias arraigadas, que condicionan el conocimiento de los sujetos. La diferencia y la heterogeneidad del perfil estudiantil son tópicos que transitan por ámbitos especializados (áreas pedagógicas, de orientación, etc.), pero aún no parecen haber conmovido el corazón de la experiencia académica, las aulas y el curriculum, que siguen líneas clásicas en relación con la enseñanza (Paso et al., 2017).

Con relación a los modos de nombrar al “estudiante diferente” en políticas y prácticas en la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales en particular, investigaciones recientes reconocen que los modos de pensar la diferencia se construyen en relación con una norma establecida a partir de cierta imagen de un estudiante ideal, más que real, propio de otro momento histórico. Imagen que representa un uso mítico del pasado y, sólo en ocasiones, un uso histórico del mismo (Alcoba et al., 2016).

Lo descripto hasta el momento no deja de ser paradójico, por cuanto las políticas para moldear una universidad más incluyente se expandieron al calor de diagnósticos que subrayaban que los claustros universitarios dejaron de ser privativos de un público clásico y se abrieron a numerosos, diversos y hasta impensados estudiantes. En la política universitaria y también en el área del discurso pedagógico se instituyeron nuevas categorías y formas de nominar que dieron cuenta de estos cambios. Así, se perfiló la noción del “estudiante de primer ingreso”, “de primera generación”, el “estudiante novel”, como partícipes de una arquitectura institucional en mutación y expansión que incluye a viejas y nuevas facultades, a macro y microuniversidades, que albergan carreras tradicionales y alternativas, y que diseñan estrategias para captar matrícula entre públicos muy variados cuyas expectativas, identidades y trayectorias son singulares, específicas y, en buena medida, desconocidas (Paso, 2017).

En el marco de universidades que ampliaron sus públicos, pero sin transformar sus estructuras curriculares ni de enseñanza, se vislumbraron fenómenos como el de la “puerta giratoria” (Ezcurra, 2011), la selección implícita en los tramos iniciales (Sigal, 1993), la débil inserción académica de muchos estudiantes, altos índices de fracaso y retraso en los estudios, que demostraron que el acceso irrestricto y la gratuidad eran condición necesaria, pero no suficiente para la democratización. Estos hechos pusieron en evidencia que las trayectorias formales moldeadas por la duración teórica de las carreras, las correlatividades y otras formas de regulación construidas sobre supuestos de un estudiante full time, joven, sin obligaciones familiares, habituado a la cultura académica, procedente de sistemas educativos poco segmentados están siendo fuertemente interpeladas (Paso et al., 2017).

Estudios antecedentes que caracterizan a los y las estudiantes de la UNLP y de la FCAyF

Un conjunto de investigaciones locales (Varela & Barandiarán, 2012; Varela et al., 2012), caracterizaron a los estudiantes de la UNLP en una serie de dimensiones socioeconómicas con el propósito de analizar cómo la posición “estructural” de los estudiantes en el espacio social se relaciona con sus orientaciones hacia la política.

Los resultados generales del relevamiento realizado a estudiantes de todas las Facultades de la UNLP permitieron confirmar la diversificación de los perfiles estudiantiles:

En suma, Varela et al. (2012) reconocieron tendencias observadas a nivel internacional y nacional, como por ejemplo la creciente tasa de feminización (también destacada por otros trabajos, como el “Anuario de Estadísticas Universitarias”, 2013 y el informe “La Educación Superior en Argentina”, del Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional, 2017), y otras tendencias más particulares de la UNLP, como el proceso de provincialización de la matrícula. Por otro lado, señalaron que el tipo de estudiante más común es aquel de clase media que tiene padres con nivel educativo medio o bajo; mayormente se trata de la “primera generación de universitarios” de sus familias, sobre todo en el caso de aquellos que provienen del interior de la provincia. Asimismo, destacan que los y las alumnos/as de la UNLP (en comparación con los de otras universidades como la Universidad de Buenos Aires) son en gran medida estudiantes full time cuyos esfuerzos están focalizados en avanzar en sus carreras, atrasando por ende la inserción en el mercado laboral. La mayoría no trabaja, tendencia que se refuerza entre los estudiantes del interior de la provincia o del resto del país; se observa además que a medida que se alejan de sus ciudades de origen se eleva la dependencia económica familiar.

Para el caso particular de la FCAyF encontramos un trabajo antecedente (Margaría et al., 2012) que realizó un diagnóstico del perfil de los estudiantes que ingresan a las carreras de Ingeniería Agronómica e Ingeniería Forestal, en el período 2009-2011, tomando como fuente las encuestas iniciales que se administraban en el Taller de Ambientación Universitaria, como parte de los cursos de Ingreso a la Facultad. Con relación al ámbito de procedencia, la mayoría de los estudiantes que se incorporan (88% en promedio) vienen de la Provincia de Buenos Aires y, en particular, de distritos del interior de la provincia (53% en promedio), diferentes a La Plata y cercanías (31%) y del Conurbano (16%). Uno de los aspectos indagados en este trabajo alude a la situación laboral del estudiante. En los años relevados, la mayoría de los ingresantes informaron que no trabajan (76%).

A partir de esta caracterización general de la población estudiantil de la UNLP y de la FCAyF nos preguntamos si estos rasgos se sostienen o no para los y las estudiantes de la misma Facultad en el periodo 2015-2017.

RESULTADOS

Perfiles sociodemográficos

Antes de caracterizar los perfiles sociodemográficos, analizamos el número de ingresantes a las dos carreras de la FCAyF y su evolución, considerando un período más extenso: 2007-2017. Los datos relevados permiten identificar dos momentos: un período de estabilidad de la matrícula entre 2007 y 2010, otro donde decrece en 2011, aunque seguidamente alcanza un pico en 2013 (el número más alto de nuevos estudiantes en los diez años comparados), con una consiguiente disminución que se estabiliza en valores inferiores al de 2013, tal como se observa en la Figura 1.

Matrícula de ingresantes FCAyF, 2007- 2017.
Figura 1
Matrícula de ingresantes FCAyF, 2007- 2017.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

La Figura 2 y la Tabla 1 expresa la distribución de los y las ingresantes por edad a las carreras de Ingeniería Agronómica e Ingeniería Forestal, considerando el comportamiento según total carreras y según cada carrera.

Ingresantes por edad, total de carreras, 2015-2017.
Figura 2
Ingresantes por edad, total de carreras, 2015-2017.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Respecto a la edad de ingreso a las carreras ofertadas por la FCAyF en su conjunto, el Figura 2 permite identificar que la mayoría de los y las estudiantes se ubica dentro de la franja etaria de 17 a 19 años alcanzando un promedio del 47% en el período considerado, seguido por el rango de 20-25 años con un promedio del 38,67% y, por último, aparece representada la franja etaria de 26 años o más años, con un promedio de 14,30%.

Respecto a la edad promedio al ingresar, la tendencia muestra una disminución, tendiendo a incrementarse en términos relativos los y las ingresantes con menor edad.

Tabla 1
Distribución de edad al ingreso según carrera por año.
 Distribución de edad al ingreso
según carrera por año.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Sin embargo, la tendencia mencionada más arriba es más marcada en la carrera de Ingeniería Agronómica donde los y las ingresantes de menor edad tienen mayor proporción relativa, mientras que en la carrera de Ingeniería Forestal tiene mayor representación la franja etaria de 20 a 25 años, tal como observamos en la Figura 3 y Figura 4.

La edad promedio en la carrera de Ingeniería Agronómica se mantiene relativamente estable, y la mediana de edad en esta carrera, es decir la edad alcanzada por el 50% de los y las ingresantes de menor edad, es de 19 años en 2017. También se observa que la dispersión en las edades en Agronomía se mantiene estable, con una desviación típica de 5,66 años en el último año.

En la carrera de Ingeniería Forestal el promedio de edad al ingreso, durante todo el período, es mayor que el de Ingeniería Agronómica, aunque se observa una disminución en 2017. La mediana de edad oscila entre los 20 y los 22 años durante el período considerado, y se observa una menor dispersión en las edades de los y las ingresantes, con una desviación típica de 3,97 años.

Composición por grupos de edad de los ingresantes carrera de Agronomía,
2015-2017.
Figura 3
Composición por grupos de edad de los ingresantes carrera de Agronomía, 2015-2017.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Composición por grupos de edad de los ingresantes carrera de Ingeniería
Forestal, 2015-2017.
Figura 4
Composición por grupos de edad de los ingresantes carrera de Ingeniería Forestal, 2015-2017.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

La composición por sexo de los y las ingresantes a la FCAyF en su conjunto es mayoritariamente masculina en todas las franjas etarias, tal como se observa en la Figura 5. Esta tendencia se mantiene constante, dado que la proporción de los varones en el total de la matrícula representan una media del 62,85%, frente a 37,15% de mujeres. No obstante, si observamos dicha composición por carreras, encontramos que en Ingeniería Forestal esta tendencia varía notablemente, por cuanto el promedio de las mujeres en el período estudiado alcanza el 46,89%. En cambio, en Ingeniería Agronómica la media de las mujeres registra un 34,61%, mientras que los varones se encuentran representados por un promedio que asciende al 65,38%.

Distribución de los ingresantes de las carreras de la FCAyF por edad y sexo,
total carreras.
Figura 5
Distribución de los ingresantes de las carreras de la FCAyF por edad y sexo, total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Respecto del lugar de procedencia geográfica de la población estudiantil ingresante en su conjunto, observamos en la Figura 6 que la mayoría proviene de la Provincia de Buenos Aires, alcanzando un promedio de 85,63% entre 2015-2017. Sin embargo, en el período se registra una leve caída en la cantidad de estudiantes provenientes de esta provincia, representando un 5,11% menos si comparamos 2015 con 2017. El segundo grupo mayor representado son los y las estudiantes provenientes de la Patagonia (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz), y de otros países (Perú, Bolivia, Colombia, Chile, Paraguay, Ecuador, Alemania), contando con un promedio de 5,86% y 4,03% respectivamente, en el período que estudiamos. Finalmente, la minoría está representada por estudiantes del Litoral4 (2,03%), de la Ciudad de Buenos Aires (1,13%), del Noroeste5 (0,84%) y del Centro6 (0,65%).

Procedencia geográfica.
Figura 6
Procedencia geográfica.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Si se toma en consideración la Figura 7 la mayoría de los y las ingresantes procede del ámbito bonaerense, con una proporción muy significativa de estudiantes de La Plata, y partidos aledaños que reúne a un promedio de 54,39%. De ellos/as el 39,74% son residentes de la ciudad de La Plata, mientras que el 14,65% residen en partidos circundantes, principalmente Berisso, Ensenada, Berazategui, Quilmes y Florencio Varela. Por su parte, el 45,58% proviene del interior de la Provincia de Buenos Aires.

Procedencia regiones de la Provincia de Buenos Aires.
Figura 7
Procedencia regiones de la Provincia de Buenos Aires.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Respecto de la condición laboral los datos analizados permiten distinguir que los y las ingresantes en su mayoría no trabajan (81% promedio en el período estudiado). Dentro del universo de estudiantes que trabajan, se distinguen principalmente aquellos/as que declaran estar “ocupado”, con un promedio de 16,73%, y los que manifiestan estar “subocupados”, alcanzando un promedio del 3,99% en el período estudiado, tal como se expresa en la Figura 8.

Situación laboral de los ingresantes total carreras.
Figura 8
Situación laboral de los ingresantes total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Si se analiza la carga horaria laboral, en la Figura 9 se observa que el grupo más representado en promedio trabaja la menor cantidad de horas por semana (8,12%), seguido por el grupo que trabaja la mayor cantidad de horas por semana (7,13%) y, por último, el grupo que trabaja 21 o más horas semanales (6,59%).

Total horas laborables por semana.
Figura 9
Total horas laborables por semana.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Respecto de la condición de madre o padre, de acuerdo con la Figura 10, encontramos un promedio del 7,93% de estudiantes que declaran tener hijos/as. Dentro de este grupo, un promedio del 3,36% tiene 3 hijos/as, un 3% con un hijo/a, un 2,59% promedio con 2 hijos/as a cargo.

Cantidad de hijos/as total carreras.
Figura 10
Cantidad de hijos/as total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Perfiles educativos

La Figura 11 permite notar que la mayoría de los y las ingresantes a las carreras de la FCAyF realizaron sus estudios secundarios en escuelas de gestión estatal. Para el año 2015 este número representa un 55% del total, en el 2016 un 60% y en el 2017 un 56%. Observamos que en el periodo estudiado este dato se mantiene relativamente constante con una pequeña variación en el año 2016, en donde la presencia de estudiantes provenientes de escuelas de gestión estatal representa un 5% y un 4% más que el año anterior y el siguiente, respectivamente. Esta mayoría observada representa un promedio del 57% del total de los ingresantes en el acumulado del período de estudio.

En contrapartida, un promedio de 40% del total de ingresantes realizó el nivel secundario en escuela de gestión privada. Si observamos discriminadamente este dato por año vemos una relativa estabilidad, siendo de 41% en 2015, 37% en 2016 y 42% en 2017.

Tipo de gestión de escuela secundaria de procedencia total
carreras.
Figura 11
Tipo de gestión de escuela secundaria de procedencia total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Por otro lado, la Figura 12 permite observar la experiencia universitaria previa (EUP) de los y las ingresantes a las carreras de la FCAyF en los años estudiados. Observamos que el porcentaje de estudiantes con EUP se mantiene relativamente constante a lo largo del periodo, representando un 27%, 29% y 23% del total de estudiantes en 2015, 2016 y 2017, respectivamente. En esta relativa estabilidad notamos una pequeña variación en el año 2017 donde el porcentaje cae un 6% respecto al año anterior y un 4% respecto al año 2015.

Ingresantes y experiencia universitaria previa, total carreras.
Figura 12
Ingresantes y experiencia universitaria previa, total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Si a esta variable la analizamos de modo desagregado por carrera observamos profundas diferencias. La Figura 13 permite observar que el porcentaje de ingresantes con EUP de la carrera de Ingeniería Agronómica representa el 26% en el año 2015, el 24% en el año 2016 y el 19% en el año 2017. Estos porcentajes permiten notar que a lo largo del periodo estudiado el porcentaje de estudiantes con EUP en esta carrera disminuye levemente. En contrapartida, los y las estudiantes sin EUP representan el grupo fuertemente mayoritario con una participación del 74% en la matrícula 2015, 76% en la de 2016 y 81% en la de 2017. Por su parte, si observamos la situación de la carrera de Ingeniería Forestal advertimos que la situación es otra. En ella, los y las ingresantes sin EUP continúan representando un grupo mayoritario en 2015 y 2017, pero no así en 2016. El porcentaje de estudiantes con estas condiciones representa en 2015 el 65%, en 2016 el 50% y en 2017 el 66%. Es notable allí que la diferencia entre representatividad de estudiantes con y sin EUP en esta carrera es perceptiblemente menor que en la carrera de Ingeniería Agronómica, igualando incluso la situación de ambos grupos (con y sin EUP) en el año 2016.

Ingresantes y experiencia universitaria previa, por carrera.
Figura 13
Ingresantes y experiencia universitaria previa, por carrera.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Otro rasgo que permite caracterizar el perfil educativo de los y las estudiantes ingresantes a las carreras de la FCAyF refiere al nivel educativo de sus progenitores. Para realizar esta tarea nos preguntamos por el máximo nivel educativo alcanzado por padre o madre (considerando al progenitor que alcanzó el nivel educativo más alto). En la Figura 14 la variable que se expresa refiere a los estudios máximos alcanzados en el hogar, discriminando entre quienes poseen uno o más progenitores con estudios superiores completos e incompletos. Esta Figura nos permite, además, ver la conmutación de dicha variable por año de ingreso de los y las estudiantes.

Ingresantes según estudios máximos alcanzados por sus progenitores total
carreras.
Figura 14
Ingresantes según estudios máximos alcanzados por sus progenitores total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Organizados los datos del modo que se muestra en la Figura 14, podemos advertir cierta paridad entre aquellos/as estudiantes que poseen uno o más de sus progenitores con estudios superiores completos y quienes no7. La situación, sin embargo, presenta variaciones según el año de ingreso que observamos. En el año 2015 el grupo que no posee progenitores con estudios superiores completos representa el 50%, en 2016 el 59%, y en 2017 el 55%. Estos datos permiten reconocer que en el 2016 se produce un aumento respecto al año anterior en los y las estudiantes con progenitores sin estudios superiores finalizados, aumento que se sostiene luego en el periodo siguiente. En contraparte, los y las ingresantes con al menos uno de sus progenitores con estudios superiores completos representan el 47% en 2015, y un 38% en 2016 y el 42% en 2017.

Si bien estos primeros datos evidencian cierta paridad entre los y las ingresantes con progenitores que poseen nivel superior completo y quienes no, con predominio de quienes tienen padres sin estudios superiores completos, la Figura 15 permite complejizar la mirada frente a lo que se expresa en cada uno de estos grupos. Al analizarlo, se observa que el grupo denominado “sin estudios superiores completos” se compone de manera diversa. El gráfico posibilita notar algunas cuestiones que consideramos relevantes.

Estudios máximos alcanzados por progenitores, total carreras.
Figura 15
Estudios máximos alcanzados por progenitores, total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

En principio, observamos que existe un porcentaje significativo de estudiantes cuyo máximo nivel educativo alcanzado por sus progenitores es el primario completo o incompleto. Estos representan un 17% en 2015 y un 12% en 2016 y 2017. Seguidamente reconocemos que un porcentaje importante de estudiantes posee progenitores cuya experiencia máxima alcanzada en el sistema educativo es la escuela secundaria (completa o incompleta). Este porcentaje representa el 23% en 2015, 33% en 2016 y 34% en 2017, incrementándose durante el periodo estudiado. La significatividad de este porcentaje da cuenta de que, en promedio, un tercio del estudiantado forma parte de la primera generación con experiencia universitaria en el núcleo familiar.

La dificultad en los sistemas de categorías anteriormente advertida -propia del sistema SIPU-, nos obliga a analizar la situación de todos/as quienes transitaron experiencias en estudios superiores (universitarios y no universitarios) de manera conjunta, a fin de que el análisis sea plausible de ser verosímil. En este sentido, lo presentado en la Figura 15 permite notar que quienes poseen progenitores con estudios superiores incompletos representan el 10%, 14% y 9% en 2015, 2016 y 2017, respectivamente. En contrapartida, quienes poseen estudios superiores finalizados representan el 42% en 2015, el 32% en 2016 y el 37% en 2017. Finalmente, se observa que, entre aquellos con progenitores con titulaciones universitarias, solamente un pequeño porcentaje posee alguno de sus progenitores con estudios de posgrado. Este porcentaje es del 5% en 2015 y 2017 y 6% en 2016. A fin de profundizar en la situación antes descrita, los datos construidos respecto al perfil educativo de los y las estudiantes, a partir del nivel de los estudios alcanzados por sus progenitores, pueden ser analizados también a través de la categoría “clima educativo del hogar”: alto (algún progenitor con nivel Universitario o Superior completo), “medio” (alguno de sus progenitores con estudios secundarios completos, o universitarios o superiores incompletos); y “bajo” (alguno de sus miembros con nivel secundarios incompletos o de menor nivel completos o incompletos).

A la luz de las categorías consideradas registramos en la Figura 16 que, para el caso de los y las ingresantes, el grupo más representativo proviene de hogares con clima educativo alto tanto en el año 2015 como en 2017; sin embargo, en 2016 encontramos paridad entre los y las estudiantes provenientes de un hogar con clima educativo medio y alto. Asimismo, es notable que la representatividad de los y las ingresantes provenientes de hogares con clima educativo alto es significativamente mayor en el año 2015, disminuyendo 9 y 5 puntos en 2016 y 2017, respectivamente. Esto se traslada casi directamente al porcentaje de estudiantes provenientes de hogares con clima educativo medio, representando en 2015 un 28% y 38% y 32% en 2016 y 2017, respectivamente. Finalmente, notamos que el porcentaje de estudiantes provenientes de hogares con clima educativo bajo se mantiene constante (pequeña variación de un punto entre 2015 y 2016) en el periodo estudiado.

Ingresantes según clima educativo del hogar total carreras.
Figura 16
Ingresantes según clima educativo del hogar total carreras.
Elaboración propia en base a datos del SIPU.

Lo hasta aquí desarrollado permite construir una caracterización del perfil sociodemográfico y educativo de los y las ingresantes a las carreras de la FCAyF, a partir del análisis de las diversas variables seleccionadas. A continuación, presentamos un conjunto de conclusiones preliminares a las que el análisis de los datos, a la luz de nuestro marco de referencia, nos permite arribar.

CONCLUSIONES

En este artículo nos propusimos describir los perfiles sociodemográficos y educativos de los y las ingresantes a las carreras de Ingeniería de la FCAyF de la UNLP, a fin de comprender la composición de la matrícula y sus variaciones en el periodo 2015-2017.

La caracterización por edad y sexo nos permitió reconocer la estructura demográfica de los y las ingresantes, así como también acercarnos a la etapa del ciclo vital de esta población. De los datos elaborados pudimos reconocer que la mayoría de los ingresantes que eligen las carreras de la FCAyF tienen entre 17 y 19 años. De esta manera, predomina un número de ingresantes con edades más cercanas a las de terminalidad “teórica” del nivel secundario. Sin embargo, cuando analizamos dicha composición por carrera, encontramos que en Ingeniería Forestal el promedio de edad al ingreso, durante todo el período, es mayor que el de Ingeniería Agronómica. Esta diferencia podría explicarse en la medida en que Ingeniería Forestal tiene mayor representatividad de estudiantes con experiencia universitaria previa, tratándose de una carrera que es elegida por estudiantes que inician otros estudios antes de decidirse por Ingeniería Forestal.

La composición por sexo del total de ingresantes en el período estudiado muestra que predomina la presencia de varones por sobre la de mujeres. No obstante, hacia el interior de las carreras encontramos que en Ingeniería Forestal hay una mayor representación de mujeres que en Ingeniería Agronómica. A diferencia de la tendencia de feminización de la matrícula en el sistema universitario argentino, en general, y en la UNLP, en particular, la FCAyF mantiene en este aspecto cierto rasgo tradicional propio del fenómeno de masculinización de las carreras de Ingeniería en nuestro país.

Los datos vinculados a la procedencia geográfica nos permitieron reconocer los distintos tipos de desplazamiento e intensidades de movilidad que realizan los y las ingresantes (cambio de lugar de residencia, desplazamiento diario interurbano y urbano), y el nivel de complejidad de los procesos de adaptación a los nuevos contextos que plantea el inicio de la carrera en esta Facultad. Pudimos identificar que la mayoría de los y las estudiantes que eligen las carreras de FCAyF proviene del ámbito bonaerense. Este rasgo de la unidad académica es consistente con los estudios antecedentes que muestran una tendencia particular de la UNLP que refiere al proceso de provincialización de la matrícula.

Por su parte, a través del análisis de la condición laboral y de maternidad o paternidad de los y las ingresantes identificamos el tipo de dedicación a los estudios (parcial, full time) con relación a otras responsabilidades asumidas. Los datos elaborados habilitaron el reconocimiento de que la mayoría de los ingresantes del periodo estudiado no tiene hijos/as a cargo, no trabaja y quienes trabajan, mayoritariamente, lo hacen por pocas horas semanales. De acuerdo con los estudios relevados, este rasgo a ser alumno full time es una tendencia que es coincidente con el resto de los y las estudiantes de la UNLP (Varela & Barandiarán, 2012; Margaría et al., 2012; Varela et al., 2012). De esta manera, pudimos identificar que los esfuerzos de los y las ingresantes de la FCAyF estarían focalizados en avanzar en sus carreras, atrasando por ende la inserción en el mercado laboral y la condición de paternidad/maternidad.

Por su parte, la caracterización del perfil educativo de los y las ingresantes nos permitió indagar sobre el bagaje educativo en relación con sus propias trayectorias y con las de sus hogares de proveniencia.

A partir de los datos elaborados pudimos observar que la mayoría de los y las estudiantes ingresantes finalizaron sus estudios secundarios en escuelas de gestión estatal, tendencia relativamente constante en el periodo estudiado. Estos datos son consistentes con las tendencias identificadas para el caso de la UNLP por los estudios previamente citados.

Respecto a la experiencia universitaria previa (EUP) de los y las ingresantes, observamos que el porcentaje de estudiantes con EUP representa aproximadamente un tercio del estudiantado de ambas carreras en el periodo estudiado. Pese a ello, identificamos que, para el caso de la FCAyF es importante observar esta variable en cada una de las carreras, dado que la situación entre ellas es disímil. En el caso de la carrera de Ingeniería Agronómica notamos que el porcentaje de estudiantes sin EUP representan ampliamente el grupo mayoritario en los tres años estudiados. Esta representatividad aumenta levemente a lo largo del periodo que recortamos, disminuyendo en contrapartida, los y las estudiantes con experiencia previa. Por su parte, en la carrera de Ingeniería Forestal, los y las ingresantes sin EUP representan el grupo mayoritario en 2015 y 2017, pero no así en 2016 en donde igualan su representación con el grupo con EUP. Así vimos que, en el caso de esta carrera, la diferencia entre representatividad de estudiantes con y sin EUP es perceptiblemente menor que en la carrera de Ingeniería Agronómica. Estos datos, como indicamos anteriormente, permiten complejizar la interpretación referida a la caracterización de edad de los y las ingresantes. Asimismo, invitan a preguntarnos por las trayectorias previas en la universidad de los y las ingresantes con EUP, y por los motivos de cambio de carrera y su elección. Una hipótesis posible para analizar los motivos de la elección de esta carrera y la amplia representatividad de estudiantes que ingresan con EUP refiere a que esa carrera no forma parte de las Ingenierías más populares o reconocidas socialmente, por lo que es factible pensar que los y las estudiantes conocen aquella oferta educativa de modo tardío, una vez habiendo ingresado a la universidad a cursar otras carreras.

A partir de la inclusión de la variable referida al nivel educativo de los progenitores construimos una caracterización del perfil educativo de los y las estudiantes que contempla las advertencias de los estudios citados anteriormente (Sigal, 1993; Ezcurra, 2011) sobre las desigualdades en los estudios superiores y su expresión particular en las trayectorias de las primeras generaciones universitarias. Para el caso de la FCAyF observamos que la representatividad de quienes poseen progenitores sin estudios superiores completos es alta, siendo de un 42% en 2015, 49% en 2016, y 48% en 2017. A partir de estos datos identificamos un aumento en el año 2016 en la representatividad de quienes poseen progenitores sin estudios superiores completos, aumento que se sostiene en el periodo siguiente. Contrario a esto, observamos que la representatividad de quienes poseen al menos uno de sus progenitores con estudios superiores completos disminuye levemente en 2016 respecto al año anterior. Una hipótesis posible de interpretación de esta variabilidad refiere a la eliminación de los exámenes de ingreso vinculantes en el año 2016. Es factible pensar que esta modificación haya tenido un impacto en una mayor apertura a la posibilidad de ingreso de estudiantes cuyos progenitores no poseen estudios superiores completos.

A fin de profundizar en la situación de los y las estudiantes, en este estudio indagamos sobre las particularidades del grupo de estudiantes cuyos progenitores no poseen estudios superiores completos. A través de este análisis, reconocimos que un porcentaje significativo posee progenitores cuyo máximo nivel educativo es primario completo o incompleto. Consideramos que este dato adquiere relevancia, dado que habilita a preguntarnos por las experiencias de estudiantes en la universidad que ya no son solo estudiantes de primera generación universitaria, sino también de primera generación en el nivel secundario, lo que aleja su horizonte formativo hondamente del de sus familias.

Asimismo, encontramos que un porcentaje importante de estudiantes posee progenitores cuyo máximo nivel educativo alcanzado es la escuela secundaria, tanto completa como incompleta. De este modo, pudimos identificar que, en promedio, un tercio del estudiantado ingresante a la FCAyF forma parte de la primera generación con experiencia universitaria en su núcleo familiar.

No obstante, la mayoría de los y las ingresantes posee progenitores con experiencia previa en estudios superiores. Dentro de este grupo pudimos distinguir entre la representatividad de quienes poseen progenitores con estudios superiores incompletos y completos, notando que los últimos se encuentran mayormente representados en comparación con los primeros. Observamos, además, que un pequeño porcentaje de estudiantes posee progenitores con estudios de posgrado. Al respecto, es interesante destacar que este grupo es mucho menor en representatividad que el grupo de estudiantes cuyos progenitores alcanzaron como máximo nivel educativo la escuela primaria.

Estos datos nos permiten sostener que, si bien entre los y las ingresantes a la FCAyF encontramos una situación profundamente heterogénea en relación con la formación previa de sus progenitores, ya no son “los herederos” únicamente los presentes en las aulas del tramo de ingreso a las carreras. Sin embargo, en las carreras analizadas, aquellos que provienen de familias con experiencia en el nivel superior continúan siendo mayoría.

Conclusiones similares obtuvimos a través de la utilización de la categoría “clima educativo del hogar” para analizar el perfil educativo de los y las ingresantes a las carreras de la FCAyF. Encontramos que el grupo mayormente representado proviene de hogares con clima educativo alto, tanto en 2015 como en 2017. Sin embargo, observamos que en año 2016 se produce una paridad entre los y las estudiantes provenientes de un hogar con clima educativo medio y los/as provenientes de hogares con clima educativo alto. Asimismo, advertimos que la representatividad de quienes provienen de hogares con clima educativo alto disminuye en 2016 y 2017, respecto al 2015. En contrapartida, la representatividad de quienes provienen de hogares con clima educativo medio aumenta en 2016 y 2017, comparado con 2015. Observamos, finalmente, que la representatividad de quienes provienen de hogares con clima educativo bajo se mantiene relativamente constante en el periodo estudiado.

El análisis realizado a partir de la categoría “clima educativo del hogar” habilita la pregunta por las causas de las variabilidades encontradas. Una hipótesis posible para explicar la disminución de la representatividad del grupo proveniente de hogares con clima educativo alto y el aumento de aquellos que provienen de hogares con clima educativo medio, refiere al posible impacto de la modificación de la estrategia de ingreso que tuvo lugar en 2016 en el perfil educativo de los y las ingresantes. Al respecto, es posible conjeturar que los cambios referidos a la estrategia de ingreso y sus requisitos tuvieron un impacto positivo en el acceso de estudiantes provenientes de hogares con clima educativo medio. Sin embargo, si consideramos esta hipótesis, la estabilidad representativa del grupo proveniente de hogares de clima educativo bajo permite preguntarnos por el impacto de las políticas de ampliación del ingreso, esto es, en la posibilidad real de ingreso a la universidad de los grupos sociales más alejados de esta institución.

En suma, si contrastamos los datos relevados con los estudios previamente citados (Varela & Barandiarán, 2012; Varela et al., 2012), es posible visualizar que algunas tendencias observadas en la UNLP se expresan también en el caso de la FCAyF. Puntualmente, nos referimos al proceso de provincialización de la matrícula, la presencia mayoritaria de estudiantes de primera generación universitaria, provenientes de escuelas secundarias públicas y con dedicación full time. Sin embargo, lo observado en relación con las variables de sexo de ingresantes a la FCAyF contraría las tendencias a la feminización de las matrículas.

Consideramos que este trabajo aporta base empírica que se suma a los numerosos estudios que muestran la creciente diversificación de las poblaciones estudiantiles en las universidades y que ponen en cuestión la idea de “el estudiante” como categoría social homogénea. Asimismo, permite construir una caracterización de la población ingresante a la FCAyF que es de suma relevancia para indagar en las experiencias y las trayectorias de los y las estudiantes desde un enfoque cualitativo. En este sentido, lo hallado permite preguntarnos por situaciones particulares de esta población y su expresión en las experiencias universitarias, habilitando la construcción de preguntas que orientarán la siguiente fase de este estudio donde indagamos las experiencias y trayectorias de los y las ingresantes a la carrera desde una perspectiva interpretativa y comprensiva.

Finalmente, el estudio presentado aporta una base empírica para pensar el impacto de las estrategias de ingreso en el perfil de los y las estudiantes que se incorporan a nuestras universidades, así como las limitantes que tienen estas políticas en la modificación de este perfil. Si bien este análisis permite observar algunos elementos iniciales para examinar dicho impacto, consideremos que se trata de un aspecto a seguir profundizando en próximas indagaciones.

Agradecimientos

Agradecemos de manera especial a Rodrigo Altamirano, integrante del Observatorio Académico de la FCAyF, por colaborar con la construcción de los datos que presentamos en este artículo. A nuestros compañeras/os del equipo de investigación “Trayectorias académicas y experiencias de formación e inclusión en el tramo inicial y medio de las carreras de Ingeniería Agronómica e Ingeniería Forestal de la UNLP. La perspectiva de los estudiantes” (FCAyF – UNLP): Mónica Paso, Luciana Garatte, Maximiliano Fava, Cecilia Carrera, Valeria Perilli, por sus lecturas atentas y comprometidas, las cuales han enriquecido este trabajo. Un agradecimiento especial a Cecilia Carrera por colaborar con las traducciones del presente artículo.

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Notas

1 Trayectorias académicas y experiencias de formación e inclusión en el tramo inicial y medio de las carreras de Ingeniería Agronómica e Ingeniería Forestal de la UNLP. La perspectiva de los estudiantes.
2 Esta investigación se nutre de los aportes de una pesquisa finalizada recientemente en donde indagamos las visiones sobre la heterogeneidad y la diferencia estudiantil que construyen actores universitarios que implementan políticas y estrategias de inclusión en el tramo inicial de carreras de Ingeniería, intentando comprender el modo en que sus representaciones median la actuación frente a los alumnos (Paso, 2013). El estudio, nos permitió aproximarnos al modo en que docentes y otros mediadores (funcionarios, asesores pedagógicos) piensan acerca de la identidad, el comportamiento y las trayectorias académicas del alumnado, e identificar las fuentes de producción de sus concepciones. En el curso de dicha indagación advertimos la relevancia de contrastar las perspectivas de los docentes y gestores de programas, con su contracara, los estudiantes.
3 Sobre los cambios y los motivos que impulsaron a establecer las modificaciones en las pautas de ingreso a partir del 2018, ver Montenegro et al. (2019).
4 Corresponden a este grupo las provincias de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos.
5 Corresponden a este grupo las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero.
6 Corresponden a este grupo las provincias de La Pampa y Córdoba.
7 La variable nivel educativo de los padres presenta dificultades debido a que el instrumento de recolección de datos presenta categorías no excluyentes entre sí. Ejemplo de ello son las categorías Estudios universitarios completos y Estudios universitarios o superiores completos.

Notas de autor

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