Artículos

El Modelo para América Latina de Fundación Bariloche. Archivo de un fracaso

Modelo da Fundação Bariloche para a América Latina. Arquivo de um fracasso

The Bariloche Foundation's Model for Latin America. Archive of a failure

Ana Grondona
Doctora en Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires; Instituto de Investigaciones Gino Germani-CONICET; Centro Cultural de la Cooperación, Argentina

Ciencia, Tecnología y Política

Universidad Nacional de La Plata, Argentina

ISSN: 2618-2483

ISSN-e: 2618-3188

Periodicidad: Semestral

vol. 8, núm. 14, 2025

revista.ctyp@presi.unlp.edu.ar

Recepción: 14 marzo 2025

Aprobación: 23 abril 2025



DOI: https://doi.org/10.24215/26183188e133

Resumen: Este artículo explora la historia de la planificación computarizada en América Latina durante la década de 1970, centrándose en dos iniciativas desarrolladas por la Fundación Bariloche: el Modelo Mundial Latinoamericano (1971-1977) y el Modelo para América Latina (1973-1977). A través del análisis de documentos inéditos del archivo personal de Carlos Mallmann, se reconstruyen las tensiones institucionales e intelectuales que marcaron estos proyectos. El Modelo para América Latina enfrentó significativos obstáculos, entre ellos, conflictos entre sus liderazgos académicos, limitaciones de financiamiento, resistencias políticas (particularmente de Brasil) y discontinuidades institucionales que lo condenaron al olvido. Esta experiencia truncada ofrece una ventana privilegiada para examinar los desafíos estructurales que afrontaron las alternativas de desarrollo en la región y subraya la importancia de preservar el patrimonio documental latinoamericano, aspecto fundamental para repensar las agendas contemporáneas de desarrollo.

Palabras clave: estilos de desarrollo, Modelo para América Latina, Fundación Bariloche.

Resumo: Este artigo explora a história da planificação computadorizada na América Latina durante a década de 1970, com foco em duas iniciativas desenvolvidas pela Fundação Bariloche: o Modeleo Mundial Latino-Americano (1971-1977) e o Modelo para América Latina(1973-1977). Por meio da análise de documentos inéditos do arquivo pessoal de Carlos Mallmann, são reconstruídas as tensões institucionais e intelectuais que marcaram esses projetos. O Modelo para a América Latina enfrentou obstáculos significativos, incluindo conflitos entre sua liderança acadêmica, limitações de financiamento, resistência política (especialmente do Brasil) e descontinuidades institucionais que o condenaram ao esquecimento. Essa experiência truncada oferece uma janela privilegiada para examinar os desafios estruturais enfrentados pelas alternativas de desenvolvimento na região e ressalta a importância da preservação do patrimônio documental latino-americano, um aspecto fundamental para repensar as agendas de desenvolvimento contemporâneas.

Palavras-chave: estilos de desenvolvimento, Modelo para a América Latina, Fundação Bariloche.

Abstract: This article explores the history of computerized planning in Latin America during the 1970s, focusing on two initiatives developed by the Bariloche Foundation: the Latin American World Model (1971-1977) and the Model for Latin America (1973-1977). Through the analysis of unpublished documents from Carlos Mallmann's personal archive, the institutional and intellectual tensions that marked these projects are reconstructed. The Model for Latin America faced significant obstacles, including conflicts among its academic leadership, funding limitations, political resistance (particularly from Brazil) and institutional discontinuities that doomed it to oblivion. This truncated experience offers a privileged window to examine the structural challenges faced by development alternatives in the region and underscores the importance of preserving Latin American documentary heritage, a fundamental aspect for rethinking contemporary development agendas.

Keywords: development styles, Model for Latin America, Bariloche Foundation.

Introducción: más allá de Cybersin

Hace algunos años, especialmente a partir de la publicación del libro de Eden Medina (2014), se produjo un redescubrimiento —cíclico y a menudo teñido de fascinación— del proyecto Cybersyn desarrollado en Chile entre 1971 y 1973 bajo el gobierno de Salvador Allende, que buscó aplicar la cibernética a la planificación económica. A través de una red de telecomunicaciones que conectaba fábricas y unidades productivas con un centro de control, y mediante el uso de modelos matemáticos y software, el sistema aspiraba a optimizar en tiempo real la producción y distribución de recursos. Aunque nunca llegó a completarse, constituyó un experimento pionero de planificación computarizada cuya recuperación ha reactivado el interés por los vínculos entre tecnología, política y liberación en el Sur global.

Poco se sabe, sin embargo, sobre otras experiencias que, simultáneamente a Cybersyn, se estaban desarrollando a lo largo del continente (para una reseña histórica, véase Castro y Jacovkis, 2015). Sin ir más lejos, el Plan Trienal para la Reconstrucción Nacional del tercer gobierno peronista contó con la asistencia del matemático y químico argentino Oscar Varsavsky corriendo modelos de experimentación numérica en un centro informático del Instituto ORT en horas en las que las computadoras eran poco requeridas. En términos más generales, como han señalado distintas indagaciones, el debate sobre “estilos de desarrollo” que se desplegaba en América Latina por aquellos años conjugó la planificación con la prospectiva y la simulación, bajo una inspiración marcadamente dependentista.1

La etiqueta “estilos de desarrollo” reúne una serie de discusiones que se dieron entre 1968 y 1980 en las que se criticaba tanto al optimismo desarrollista como al neomalthusianismo del informe Los límites del crecimiento del Club de Roma2. Se cuestionaban los objetivos y las vías propuestas para el desarrollo de la región, al tiempo que se diseñaban alternativas centradas en el rechazo al consumismo y la alienación característicos del modelo estadounidense. Para ello, resultaba fundamental redefinir las necesidades humanas, distinguiendo las verdaderas de las inducidas por la publicidad. Estas discusiones, eminentemente propositivas, incorporaron modelos matemáticos y simulaciones computacionales para demostrar la viabilidad de sus horizontes, destacándose iniciativas como el Modelo Mundial Latinoamericano (MML) de la Fundación Bariloche y los Proyectos Nacionales de Oscar Varsavsky. Este movimiento intelectual, suerte de spin off de las discusiones sobre ciencia y tecnología de aquellas décadas (a las que se suele aludir bajo el acrónimo PLACTED, Planificación en Ciencia, Tecnología y Desarrollo), buscó repensar el desarrollo desde una perspectiva situada en las problemáticas específicas de la región.

En los últimos años se ha reactivado el interés por estas conceptualizaciones, aunque la obstinada lentitud con que su historia se (re)descubre merece una reflexión. No resulta difícil comprender esa demora si se tiene en cuenta, como advertía Gramsci (2000), que la historia de los subalternos tiende a ser fragmentaria y episódica. Arrasadas por el avance del credo neoliberal como racionalidad dominante para gestionar la crisis del modelo fordista-keynesiano, las propuestas alternativas de desarrollo no solo fueron derrotadas: sus archivos también quedaron sumidos en el olvido.

En efecto, la historia que aquí se retoma está atravesada por discontinuidades y ruinas, como lo evidencian los derroteros de dos emplazamientos clave en su gestación. Por un lado, el escasamente estudiado Centro de Planificación Matemática, dirigido por Oscar Varsavsky, del que apenas sabemos que funcionaba en la calle Chile de la Ciudad de Buenos Aires y que contó con la participación de Amanda Toubes, Sara Rietti, Jorge Albertoni y Jorge Karol. De él subsisten solo unos pocos documentos —conservados en una serie de papeles personales de Varsavsky donados por Pablo Jacovkis al Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI)— que esbozan sus objetivos y posicionamientos: restos mínimos, fragmentos arqueológicos que transmiten el eco tenue de una experiencia que, a juzgar por sus frutos, debió de haber sido notable. Por otra parte, la Fundación Bariloche —inaugurada en 1963— arrastra una historia de vicisitudes e interrupciones que han dejado como marca elocuente una ausencia: la de un archivo institucional que resguarde su memoria y, en particular, sus huellas documentales. En su lugar —o, más bien, en otro— sobrevive el archivo personal de uno de sus principales animadores, Carlos Mallmann, verdadero reservorio de materiales a partir de los cuales fue posible tejer este artículo. “Lo personal es político”, como ha señalado con lucidez el feminismo, y esa consigna adquiere sentidos renovados cuando se piensa desde los archivos de las periferias. En efecto, dos fondos personales —o, más precisamente, uno y medio, si se considera que los papeles rescatados por Pablo Jacovkis y depositados en el CeDInCI tal vez no constituyan un fondo en sentido estricto, sino una colección o el fragmento de un fondo ya disgregado— son hoy algunas de las escasas puertas de acceso a un universo de discusiones que, de otro modo, se habría perdido irremediablemente.

Esta digresión, además de la letanía de quejas archiveras, viene a cuento de un asunto fundamental. En conversación con las voces intelectuales que recorren este artículo, y partiendo de la inquietud por analizar las complejas relaciones entre dependencia cultural y desarrollo científico, sería inconsistente omitir en las evaluaciones críticas de los llamados “ciclos progresistas” —que nuestro presente demanda con urgencia— un apartado específico sobre políticas archivísticas y patrimoniales, aspectos fundamentales para cimentar una verdadera autonomía científica y tecnológica.

A partir de los pocos restos con los que se cuenta, en las páginas que siguen se presentan los resultados de una primera exploración sobre el Modelo para América Latina (MAL). Esta iniciativa, impulsada como continuación del exitoso Modelo Mundial Latinoamericano (MML) pero finalmente truncada, permanece ausente en la literatura especializada. Precisamente su carácter inconcluso lo convierte en un caso privilegiado para examinar los desafíos estructurales que enfrentó la planificación latinoamericana en aquella época y que, en muchos sentidos, persisten hasta nuestros días.

El artículo se estructura en tres secciones: en la primera, se contextualiza el Fondo Carlos Mallmann y se presentan aspectos fundamentales de la Fundación Bariloche y del Modelo Mundial Latinoamericano, situando el marco institucional e intelectual que dio origen a estas iniciativas; en la segunda, se examina el proyecto del MAL, explorando su génesis, las tensiones internas y las limitaciones externas que enfrentó; finalmente, se elaboran conclusiones que vinculan esta experiencia con algunos desafíos contemporáneos para las políticas de desarrollo y la preservación del patrimonio documental en América Latina. La investigación de la que este texto resultó se sustenta en la labor archivística realizada sobre el fondo Mallmann, que permitió recuperar materiales inéditos (correspondencia, memorándums, borradores y notas personales), y en una lectura que articula los planos técnico, político e institucional de estos documentos, reconstruyendo así una de las (muchas) páginas olvidadas de la historia de la planificación computarizada regional.

El Fondo Carlos Mallmann, la Fundación Bariloche y el Modelo Mundial

La ignorancia, el entusiasmo y el azar, en parte iguales, condujeron a asumir, en 2018, la tarea de acondicionar y describir el Fondo Carlos Mallmann. Un archivo personal de unos doce metros lineales y cien cajas, compuesto por documentos de trabajo e institucionales de este físico matemático, docente-investigador y uno de los pioneros en el desarrollo de la energía nuclear en la Argentina, que fue además director de Investigaciones de la CNEA (1958-1961), del Centro Atómico Bariloche y del Instituto Balseiro (1962-1966).3 Aunque quizás menos frecuentado, el Mallmann que aquí interesa es el presidente de la Fundación Bariloche, un osado proyecto intelectual.

Las primeras etapas de la Fundación Bariloche (FB) —establecida en 1963, pero consolidada en 1966— reflejan un esfuerzo colectivo liderado por Mallmann para crear un espacio innovador en la educación superior. Inspirado por conversaciones con figuras como Guido Di Tella y Enrique Oteiza, Mallmann propuso un modelo que integraba ciencias naturales y sociales, con un enfoque interdisciplinario. Las fuentes de financiamiento iniciales fueron cruciales, recibiendo apoyo de la Fundación Ford y estableciendo conexiones con el Instituto Torcuato Di Tella. A pesar de su aislamiento geográfico, o precisamente por ello, la FB comenzó a forjar lazos con instituciones internacionales que contribuirían a su crecimiento y consolidación en el ámbito científico (Prykluka, 2020).

El Modelo Mundial Latinoamericano (MML) fue un hito esencial para la realización del proyecto intelectual de la FB. Desarrollado entre 1971 y 1977, surgió como respuesta a las proyecciones del modelo World3 del Club de Roma (Meadows et al., 1972), el cual abordaba temas de crecimiento poblacional y consumo de recursos, proponiendo una reducción del consumo en los países desarrollados y la contención del crecimiento demográfico en los que se encontraban en vías de desarrollo. Integró una variedad de disciplinas, combinando conocimientos de economía, sociología y ecología, bajo el liderazgo de Amílcar Herrera, geólogo y planificador argentino, conocido por su trabajo en modelos de desarrollo y prospectiva, y de Hugo Scolnik, matemático y científico computacional argentino, reconocido por sus aportes en criptografía, inteligencia artificial y procesamiento de datos. Este enfoque holístico buscaba abordar los problemas de desarrollo de manera más sistémica, reconociendo las interconexiones entre distintos factores sociales y ambientales, bajo premisas igualitaristas y anticonsumistas. A diferencia del enfoque del Club de Roma —del que, sin embargo, recibió el financiamiento inicial que impulsó el proyecto—, el MML no proponía que los países en vías de desarrollo contuvieran su crecimiento (económico, ni poblacional), sino que lo redirigieran (con el resto del planeta) al objetivo de incrementar la expectativa de vida al nacer, en un esquema basado en la satisfacción de necesidades humanas.

FB llevó a cabo un proceso de modelización matemática para explorar dinámicas sociales, económicas y ambientales a partir de la información disponible y proyectó la realización de un estilo alternativo en sucesivas etapas, según los distintos bloques regionales. La primera edición del modelo fue publicada en inglés en 1976, seguida por traducciones a varios idiomas, lo que ayudó a posicionar a la fundación en el mapa de la investigación global en desarrollo. El MML corporizó una voz tercermundista que estaba en sintonía con los debates sobre el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), una iniciativa impulsada en la década de 1970 para corregir las desigualdades globales. El NOEI, discutido en foros como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III) en Santiago de Chile en 1972, buscaba establecer reglas más justas para el comercio, la inversión y el financiamiento internacional (Ahumada, 2024).

Carlos Mallmann fue un actor clave en la consagración del MML en ese contexto. Su archivo personal lo muestra como artífice de una intensa campaña de difusión internacional entre 1972 y 1977. Ciertamente, aunque fue objeto de críticas —relativas a la simplificación de algunas variables, a su sesgo utópico-normativo o a la escasa atención prestada a las determinaciones del comercio internacional—, el modelo Bariloche fue recibido con notable entusiasmo, especialmente en el ámbito de las Naciones Unidas. Muestras de ello resulta, por caso, la inclusión de Hugo Scolnik en la realización de los documentos preliminares del encuentro sobre necesidades básicas de la Organización Internacional del Trabajo de 1976 (Grondona, 2014). En lo que sigue, se presenta otro de los frutos de ese interés internacional: la puesta en marcha de un proyecto que replicara al MML, pero a escala regional.

El Modelo para América Latina

Entre las gemas del archivo de Mallmann hay un conjunto de unas catorce carpetas dedicadas a un proyecto de curiosísimo nombre: Modelo para América Latina o MAL. Como puede imaginarse, hay varios chistes respecto de la sigla, en la correspondencia y los memos del fondo documental. Se trató de una iniciativa trunca, pero no por eso menos interesante, pues no sólo abona a la historia de la planificación computarizada en la región (a sus ensayos, al menos), sino que incluso arroja nueva luz (o, más bien, sombras) sobre su exitoso “hermano mayor”: el Modelo Mundial Latinoamericano.

La historia del MAL se inicia a comienzos de 1973 cuando Carlos Vegega, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), propuso a Amílcar Herrera el diseño de un proyecto específico para la región. En principio, siguiendo la dinámica de trabajo aún en curso en el MML, Herrera era el candidato natural para la coordinación. Sin embargo, pronto comenzaron a surgir tensiones y desavenencias que llevaron a que Carlos Mallmann, Benjamín Hopenhayn (economista de CEPAL y del Instituto Nacional de Planificación Económica del tercer gobierno de Juan D. Perón) y Jorge Sábato (físico y tecnólogo argentino conocido por sus contribuciones en ciencia y tecnología en América Latina) tomaran un papel protagónico en el impulso del nuevo modelo.

Las huellas de conflictos y discusiones en los documentos del Fondo Carlos Mallmann permiten entrever varias cuestiones relevantes, que van desde discrepancias teóricas y metodológicas hasta la dinámica de lo que parece ser un campo conflictivo de diseño de modelos en la región, además de un balance crítico de la experiencia del MML. En relación con este último asunto, se discutía el alcance que había tenido el apoyo del Club de Roma. Mientras Herrera se muestra dispuesto a reconocer y valorar el impulso otorgado por la institución al MML, Scolnik se presenta más reacio, observándose en ello un intento de capitalizar los frutos del trabajo en detrimento de otros apoyos, como los del International Development Research Centre (IDRC) de Canadá, organismo que estaba involucrado en la publicación de sus resultados finales. Del mismo modo, se discuten aspectos técnicos, como la decisión de incluir algunas variables referidas a la dimensión educativa, aun cuando no habían podido cuantificarse adecuadamente. Además, los documentos en los que empieza a pensarse el diseño del MAL ponen de relieve el papel fundamental jugado por figuras como Juan Sourrouille (futuro Ministro de Economía de Argentina entre 1985 y 1989), quien, según Herrera, había tenido enteramente a su cargo la dimensión económica, y se habría ocupado también de la sección de demografía, salud, educación y vivienda en el modelo anterior.

Más allá de estas revisiones puntuales de lo ya realizado, en vistas al nuevo proyecto se observa una controversia respecto del liderazgo de Herrera, a quien se cuestionaba haber avanzado en las negociaciones con el PNUD sin tener aún un equipo organizado; de haberlo presentado ante la FB como un hecho consumado y de solicitar un financiamiento tres veces menor al requerido (carta de Carlos Mallmann del 14 de enero de 1974). Con estos argumentos, Mallmann termina por apartarlo de la dirección de la coordinación de la nueva iniciativa. El geólogo aceptó que Jorge Sábato lo sucediera (fue finalmente nombrado hacia fines de 1974), aunque discutió, en duros términos, la referencia a una “historia pasada” como justificación para su alejamiento de la coordinación, subrayando que el MML debía ser juzgado por sus exitosos frutos.

Junto con estas desavenencias de nivel personal-organizativo, que también incluyen un debate sobre si, tal como había sugerido el PNUD, era conveniente que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) o el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) oficiaran como administradores del proyecto, se encuentran discusiones más sustantivas. Por ejemplo, un intercambio respecto de qué necesidades debía contemplar el nuevo modelo, o los criterios para la construcción de regiones y el nivel de desagregación deseado.

En relación con las necesidades que debían tomarse en cuenta, parece haber un correlato entre el corrimiento de Herrera y la adopción de un lenguaje netamente mallmanniano para su conceptualización. En efecto, en un memo del 22 de junio de 1973 Carlos Mallmann observa que en un documento preliminar:

Se dice que las necesidades básicas o invariantes no cubren toda la variada gama de necesidades y aspiraciones de una sociedad, pero constituyen el prerrequisito indispensable para poder realmente acceder a estas. Yo estoy en desacuerdo porque creo que las variables del ser (de participación, de autonomía, de logro y de amor) tienen la misma importancia que las que ustedes llaman necesidades básicas, que, yo considero, son sólo parte (faltan algunas) de las necesidades del acceder… (Mallmann, 1973, p.1)

Este vocabulario para pensar las necesidades, que encontramos en el Anteproyecto del MAL finalmente redactado por Mallman hacia fines de 1975, retomaba el de un documento del mismo autor de 1972. En tal sentido, en uno de sus primeros intercambios, Hopenhayn subraya este deslizamiento y señala que “dado que se excede la satisfacción de necesidades humanas materiales básicas, es de prever que los subsectores de consumo final serán más numerosos que en el MML” (Hopenhayn, 1975, p.2).

En segundo lugar, la heterogeneidad de América Latina es otro punto que se plantea desde el inicio y, junto a ella, la pregunta de cómo organizar las subregiones a partir de las cuales convenía estructurar el modelo. Esto se abordó en un doble sentido: en una dimensión descriptiva, lo que ya planteaba una serie de desafíos, y en una dimensión normativa, en el sentido de propiciar estrategias de integración más que de competencia como vía para el desarrollo de la región. Para la regionalización más descriptiva, que es la que parece haber avanzado un poco más, Hopenhayn retoma un trabajo de Mario Testa (que reenvía a Mallmann y del que no se encuentran datos de publicación) en el que se mencionan tres lógicas posibles: recursista, cultural e institucionalista, que buscaban reflejar las diferencias estructurales y las potencialidades de cada subregión. Sin embargo, con el fin abrupto del proyecto, esta discusión quedó inconclusa.

Respecto del nivel de desagregación deseada para el modelo, en un memo del 28 de enero de 1974, Hugo Scolnik expone su posición tras una reunión con Michael Gucovsky del PNUD. Allí argumenta que la utilidad del modelo era directamente proporcional a su capacidad de analizar variables a nivel más detallado. Sin embargo, también reconoce que ello implicaba un aumento en los costos. Esta postura entraba en tensión con la visión de Herrera, quien prefería un enfoque más agregado, dado que el objetivo del modelo era probar que la región, como bloque, podía alcanzar ciertos objetivos fundamentales con los recursos disponibles y orientar estrategias generales de integración.

En tal sentido, la definición del financiamiento necesario para llevar adelante el proyecto también fue un asunto discutido. En mayo de 1974, Jorge Sábato firmó una solicitud de presupuesto tentativo de 400 mil dólares, pero en versiones de 1975 la cifra solicitada llegó a más del doble. Herrera había considerado excesiva incluso la primera solicitud en comparación con lo que podía ambicionarse y se inclinaba por una cifra mucho más modesta, que rondaba los 100 mil dólares (y que terminaría estando más cerca de lo efectivamente solicitado por FB al PNUD en 1976). Además, se debatió si el proyecto debía ser financiado como una iniciativa nacional (para lo cual era menester contar con el apoyo del gobierno argentino) o como un programa regional, que involucrara al menos a otros tres países. Las respuestas de los numerosos organismos consultados por Mallmann (PNUD, BID, OIT, OEA) fueron oscilantes. Fundamentalmente, parece haber sido el rechazo por parte de la delegación de Brasil4 en 1975 lo que hizo inviable la estrategia de apoyo regional.

A las tensiones con Brasil se sumaron las noticias del desarrollo de un modelo paralelo en Venezuela. En junio de 1975, la Fundación Bariloche supo que aquel gobierno había encargado a Pestel-Mesarovic5 la elaboración de un Modelo de América Latina alternativo, con un presupuesto de 1,5 millones de dólares. Este hecho no solo evidenció la competencia entre diferentes grupos, sino también las limitaciones en la estrategia de posicionamiento de la FB que, sin embargo, en ese marco intentó establecer lazos con la Universidad Simón Bolívar y con el Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (CENDES). Como síntoma de la agria rivalidad entre modelos, Mallmann menciona, en un memo sobre su viaje a Caracas fechado el 17 de junio de 1975, un comentario de Mesarovic, quien, para diferenciarse de la FB, había afirmado: “we get the job done”. Una crítica quizás injusta hacia el MML, pero que resultó certera en el caso del MAL.

A pesar de las promesas de 1973, el apoyo efectivamente brindado por Naciones Unidas fue bastante más modesto del inicialmente imaginado. En septiembre de 1974, el organismo había otorgado 15 mil dólares a Carlos Mallmann como remuneración por una consultoría para desarrollar el anteproyecto, del que también participó activamente Hopenhayn. Para julio de 1975, ya se discutía el documento, enviado a una veintena de intelectuales de renombre.

La iniciativa, sin embargo, no lograba salir del estatuto de “anteproyecto”. Ni las reiteradas cartas dirigidas a las máximas autoridades del Ministerio de Economía ni la presencia de Hopenhayn en el gabinete económico de Perón habían conseguido el imprescindible respaldo explícito del debilitado gobierno peronista. Hacia 1976, incluso antes de la asonada militar, las posibilidades de lograr el financiamiento añorado se alejaban cada vez más. Llegó a barajarse la posibilidad de que fuera la propia FB quien corriera con la mayor parte de los gastos. Como último intento, en un memo del 17 de marzo, Mallmann solicitó 100 mil dólares para el programa regional de Naciones Unidas y 21 mil dólares para el programa nacional, una cifra significativamente menor a la inicialmente prevista. El golpe de Estado, que se concretó pocos días después, y que afectó gravemente a la FB (Pryluka, 2020), terminaría por relegar al olvido al Modelo para América Latina.

Conclusiones

El MAL fue un proyecto ambicioso que buscó ofrecer una visión integral del desarrollo de América Latina, basado en la experiencia previa de la FB. Sin embargo, desde sus inicios en 1973 enfrentó una serie de desafíos que fueron más allá de lo técnico o metodológico. Las tensiones internas, las diferencias de liderazgo y la oposición de actores clave como Brasil y la rivalidad con otros modelos marcaron el desarrollo del proyecto, limitando su alcance y financiamiento. Al final, como una serpiente que muerde su cola hasta sangrar, las debilidades de la integración regional devoraron el proyecto que prometía fortalecerla.

Los materiales vinculados a esta iniciativa fallida ofrecen un punto de observación sugerente para comprender las discusiones latinoamericanas sobre el desarrollo, a la vez que revelan un entramado denso y complejo de relaciones que habilita la reconstrucción de otras historias. Figuras como Benjamín Hopenhayn, Jorge Sábato y Juan Sourouille permiten trazar conexiones con otros momentos, iniciativas e instituciones clave en estos debates en la región. A estos nombres se suman otros igualmente significativos, como Enrique Iglesias —una contraparte consultada en el marco del Banco Interamericano de Desarrollo— y Oscar Altmir, de la CEPAL, quien por aquellos años comenzaba a desarrollar nuevas metodologías para medir la pobreza, con resonancias en los debates de la Fundación Bariloche (Grondona, 2014). También destaca la presencia de Oscar Varsavsky, protagonista central en la discusión sobre estilos de desarrollo, quien había conformado un núcleo de modelización del CENDES en Venezuela y en el que Mallmann buscó apoyarse para su estrategia de apoyos regionales.

En este sentido, el desafío que plantea este archivo no es solo (re)descubrir el MML o el MAL, sino también desovillar la trama institucional, intelectual y de trayectorias de la que surgieron. No se trata de la quimera positivista de reconstituir un contexto siempre ya perdido, sino de resistir la tragedia que nos impone nuestra historia de traumas y discontinuidades: la de tener que empezar, una y otra vez, desde cero. En virtud de ello, parece urgente que, a la hora de hacer un balance de los gobiernos populares y progresistas posteriores a la crisis del 2001 y, sobre todo, de proyectar y planificar estilos de desarrollo capaces de sacarnos del laberinto al que nuevamente conduce la aplicación de recetas neoliberales, se comprenda la importancia cabal de incluir en esa proyección una política de archivos a la altura de la historia intelectual de este continente y de su legado silencioso/silenciado.

Pensar el problema de la dependencia tecnológica incluye, necesariamente, cuestionar la diáspora de nuestro patrimonio intelectual en grandes centros de estudios y bibliotecas del norte Global (sea en Austin, en Berlín o en Ámsterdam). Frente a esto, iniciativas como la publicación de la colección PLACTED por parte de la Biblioteca Nacional hace ya algunos años, o la de la Biblioteca PLACTED,6 desarrollada por la Cátedra Libre de la UNLP Ciencia, Política y Sociedad y la Red PLACTS, sugieren que otra relación es posible: una que no mitifique el pasado, pero tampoco lo relegue al sótano de lo "superado", sino que lo movilice crítica y creativamente. Estos acervos no deberían funcionar como mausoleos del pensamiento fracasado, sino como laboratorios donde los fracasos ejerciten la imaginación política. No se puede planificar un estilo de desarrollo que rompa con las trampas del “seguidismo” (para usar una expresión de Varsavsky) sin una política integral de conservación y puesta en circulación de archivos.

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Notas

1 Las referencias principales de estos estudios, que delimitan el estado del arte en el que se inscribe parte de este texto son: Aguilar, 2016; Aguilar et. al., 2015; Coviello y Pryluka, 2016 y 2018; Díaz, 2016; Fiuza y Viedma, 2016; Grondona, 2014 y 2020; Svampa, 2016; Caria y Domínguez, 2018; Kozel y Patrouilleau, 2016; Viedma 2018 y 2020.
2 El Club de Roma fue fundado en 1968 por el economista italiano Aurelio Peccei y el científico británico Alexander King, con la participación de un grupo de académicos, empresarios y políticos preocupados por el futuro del planeta. Financiaron el estudio dirigido por Dennis y Donella Meadows.
3 Para una descripción más extensa del Fondo y otras informaciones relevantes para consultarlo ver: https://www.centrocultural.coop/noticias/fondo-carlos-mallmann
4 En los apuntes manuscritos de una reunión mantenida con Gabriel Valdes el 19/5/1975 en Nueva York, Mallmann anota que la oficina de PNUD había recibido una carta de Mauro Sérgio Couto (Chefe de Divisão de Cooperação Tecnica do Ministerio das. Relações Exteriores) criticando el Anteproyecto por no ser concreto ni tecnológico y subrayando que la visita del Sr. Mallmann al Brasil por ese asunto no sería bien vista.
5 En 1972 el Club de Roma había solicitado a Mihajlo Mesarovic y Eduard Pestel un modelo alternativo al World3, finalmente publicado como Mankind at the Turning Point (1974).
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