Dossier

Cooperaciones agroecológicas: vínculos interpersonales, instituciones, redes y asociaciones en el campo bonaerense

Agroecological cooperation: interpersonal relationships, institutions, networks, and associations in rural Buenos Aires

Cooperações agroecológicas: vínculos interpessoais, instituições, redes e associações no campo de Buenos Aires

Rosario S. Iturralde
Agroecología del Sur Asociación Civil, Argentina
Tomás Palmisano
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) / Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG), Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural

Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

ISSN: 2250-4001

Periodicidad: Semestral

vol. 15, núm. 32, 2025

estudiosrurales@unq.edu.ar

Recepción: 04 junio 2025

Aprobación: 11 agosto 2025



DOI: https://doi.org/10.48160/22504001er32.673

Resumen: El campo de la agroecología está en expansión desde hace varias décadas. Desde la teoría y la práctica se ha forjado un consenso sobre la necesidad de cooperación entre los sujetos que la llevan adelante. En este artículo nos preguntamos cómo, para qué y en torno a qué nudos problemáticos se asocian y cooperan las familias productoras agroecológicas, y cómo esta colaboración cambia a lo largo del tiempo. A partir de un planteo metodológico cualitativo enfocado en el campo de la agroecología extensiva bonaerense, encontramos que la colaboración se materializa a través de vínculos interpersonales, grupos de productores, redes sociales virtuales, espacios educativos formales y cooperativas, redes y asociaciones. Estas formas de vinculación se expresan de manera superpuesta y abigarrada, reaccionan a los cambios contextuales (como la presencia o ausencia de políticas públicas, o el nivel de visibilidad de prácticas agropecuarias alternativas), y son indispensables para la construcción y consolidación de la agroecología.

Palabras clave: asociativismo, agroecología extensiva, provincia de Buenos Aires.

Abstract: The field of agroecology has been expanding for several decades. From theory and practice, a consensus has been forged on the need for cooperation between the subjects that carry it forward. In this article, we explore how, why, and around what problematic issues agroecological farming families associate and cooperate, and how this collaboration changes over time. Based on a qualitative methodological approach focused on the field of extensive agroecology in the province of Buenos Aires, we find that collaboration materializes through interpersonal links, farmer groups, virtual social networks, formal educational spaces and cooperatives, networks, and associations. These forms of linkages are expressed in an overlapping and variegated manner, react to contextual changes (such as the presence or absence of public policies, or the level of visibility of alternative agricultural practices), and are indispensable for the construction and consolidation of agroecology.

Keywords: associativism, extensive agroecology, province of Buenos Aires.

Resumo: O campo da agroecologia vem se expandindo há várias décadas. A partir da teoria e da prática, foi forjado um consenso sobre a necessidade de cooperação entre os sujeitos que o levam adiante. Neste artigo, perguntamos como, por que e em torno de quais questões problemáticas as famílias de produtores agroecológicos se associam e cooperam, e como essa colaboração muda ao longo do tempo. Com base em uma abordagem metodológica qualitativa focada no campo da agroecologia extensiva na província de Buenos Aires, descobrimos que a colaboração se materializa por meio de vínculos interpessoais, grupos de produtores, redes sociais virtuais, espaços educacionais formais e cooperativas, redes e associações. Essas formas de vínculos são expressas de maneira sobreposta e variada, reagem a mudanças contextuais (como a presença ou ausência de políticas públicas ou o nível de visibilidade de práticas agrícolas alternativas) e são indispensáveis para a construção e a consolidação da agroecologia.

Palavras-chave: asociativismo, agroecologia extensiva, Província de Buenos Aires.

Introducción

En las últimas décadas la expansión del campo teórico-práctico de la agroecología ha ido a la par de una transformación de su definición. A mediados de la década de 1990, Miguel Altieri la concebía como “una disciplina que provee los principios ecológicos básicos para estudiar, diseñar y manejar agroecosistemas que sean productivos y conservadores del recurso natural, y que también sean culturalmente sensibles, socialmente justos y económicamente viables” (1999, p. 10). Los pilares de esta definición han persistido pero se han sumado elementos que la complementan u operacionalizan sus variables. Si bien ha tenido diversas fuentes, el enriquecimiento y complejización de la agroecología ha sido producto de un heterogéneo proceso de participación social y política que llevó a Wezel et al. (2009) a caracterizarla en la interfaz entre ciencia, prácticas y movimiento social.

A riesgo de ser prescriptivos, nuestra hipótesis de trabajo es que es imposible construir y sustentar un proyecto agroecológico sin formas diversas, fluctuantes y sostenidas de cooperación social. Si bien otros sujetos agrarios vinculados a la agricultura convencional también participan de numerosas instancias de vinculación u asociación, realizar agroecología sin cooperar con otros es imposible, principalmente porque constituye una práctica contra-hegemónica. En contraste con la agricultura convencional cuyos insumos y conocimientos son fácilmente accesibles en el mercado, hacer agroecología requiere explorar múltiples caminos y vínculos para sortear los desafíos de la producción cotidiana. Ello implica que su construcción requiere un saber hacer (know how) que se va consolidando con procesos de experimentación y ensayos de las familias productoras y profesionales que socializan experiencias, fracasos, éxitos, ideas, escasamente acompañados por instituciones públicas o privadas de ciencia y tecnología. Asimismo, la oferta y disponibilidad de semillas no transgénicas, insumos[1], granos, maquinarias, formación, alimentos, etc. es marginal. En ese marco, el presente artículo busca responder cómo, para qué y en torno a qué nudos problemáticos se asocian y cooperan las familias productoras agroecológicas. Accesoriamente nos preguntamos cómo estas formas de colaboración, en el sentido de “trabajar a través de la diferencia” (Lowenhaupt Tsing, 2021, p. 56), cambian a lo largo del tiempo respondiendo a diversos factores.

Para ello ahondaremos en distintas formas de vinculación de familias productoras agroecológicas extensivas de la provincia de Buenos Aires. Es decir, familias que desarrollan producciones agrícolas o ganaderas desde las 50 hectáreas (ha) con diferentes grados de capitalización y formas de tenencia de la tierra y que abiertamente expresan su opción por la agroecología como un paradigma diferente o antagónico al del agronegocio. Se trata principalmente de familias productoras, tradicionalmente identificadas como “chacareras”. Balsa y López Castro (2011) caracterizan a estos sujetos por la primacía de la mano de obra familiar en el trabajo manual y de gestión -pudiendo también contratar asalariados-, la existencia de una dotación de capital propio, y el desarrollo de cierta racionalidad específica producto de la coincidencia de la unidad doméstica y la productiva en un marco de fuerte penetración de parámetros capitalistas. En el caso de los testimonios específicos utilizados a lo largo del texto recuperamos algunos datos socio-económicos para mejorar la comprensión de su posición estructural de enunciación.

Por tanto, la investigación aborda la situación de las familias chacareras que consideran a la agroecología tanto una opción productiva como una forma diferente de habitar y reproducir la vida rural. Estos sujetos agrarios enfrentan un desafío adicional a la hora de practicar la agroecología: su relativa novedad. Las primeras referencias de producción extensiva agrícolas o ganaderas sin la utilización de agroquímicos y semillas transgénicas en la Región Pampeana provienen de la producción orgánica de inicios de la década de 1990. Estas propuestas productivas se diferencian actualmente de la agroecología tanto en las prácticas de intervención del ecosistema –mucho más estandarizadas y reguladas–, como de la comercialización, en tanto las exportaciones son el destino predominante de la producción orgánica en contraste con la agroecología enfocada en la escala nacional e incluso local. No obstante, las interacciones entre ambos paradigmas son mucho más estrechas de lo que podría suponerse a primera vista.

El Censo Nacional Agropecuario de 2018 permitió por primera vez cuantificar algunos aspectos de la agroecología (Dirección Nacional de Agroecología [DNAe], s.f.a). A nivel nacional dicho relevamiento contabilizó 2.309 Explotaciones Agropecuarias (EAP) con prácticas agroecológicas en una superficie de 1.166.327 ha que representaban el 0,92% de las EAP y el 0,75% del área agropecuaria nacional. Por su parte, Buenos Aires fue la provincia que más EAP con prácticas agroecológicas registró en el país, las mismas contabilizaron 312 (a los que se suman 180 con prácticas orgánicas y 58 biodinámicas) en una superficie de 238.883,7 ha, un 0,85% de las EAP totales y el 1,01% del área provincial. Si bien los valores relativos son bajos, el rol de la provincia es significativo en términos de EAP y superficie y debe tenerse en cuenta que desde 2018 la agroecología ha seguido expandiéndose. De hecho, para octubre del año 2024 se cuantificaban 41.031 ha en manos de 673 productores bajo el Registro de Productores Agroecológicos del Programa de Promoción a la Agroecología de la Provincia de Buenos Aires.

Para abordar el objetivo de cómo, para qué y en torno a qué nudos problemáticos se asocian y cooperan las familias productoras agroecológicas, esta investigación propone una estrategia metodológica basada en técnicas cualitativas de relevamiento y análisis de datos (Valles, 1997) en donde se priorizan los discursos de los sujetos. Los testimonios provienen de entrevistas en profundidad realizadas entre 2017 y 2025. A ello se suman registros etnográficos e historias de vida de diversas experiencias de transición y producción agroecológica obtenidos por el acompañamiento de Rosario Iturralde a un grupo de entre 8 y 12 familias productoras en transición agroecológica de la provincia de Buenos Aires entre 2019 y 2025. Este lugar habilita un conocimiento in situ del proceso asociativo, no solo interno sino con otros grupos, cooperativas, personas e instituciones. Asimismo, la autora participó de un espacio educativo en agroecología -que se dictó entre los años 2017 y 2024 y que cuenta con más de 200 egresados- acompañando diversos proyectos de transición agroecológica.

Contribuciones y debates desde la agroecología al asociativismo, la cooperación y el apoyo mutuo

A los efectos de este trabajo nos centraremos en aquellos aportes conceptuales que aborden la especificidad de los vínculos sociales en la práctica agroecológica. En el mencionado libro de Altieri (1999) se propone considerar la “extensión y naturaleza de los esfuerzos cooperativos” (p. 78) o la construcción de “redes/organizaciones comunales consolidadas para el automanejo rural” (p. 86) al momento de generar tecnologías sustentables apropiadas. Contribuciones más actuales, como Sarandón y Flores (2014), proponen hablar de enfoque agroecológico. El mismo tiene carácter holístico y sistémico y propende a la sustentabilidad, en tanto equilibrio entre dimensiones sociales, culturales, ecológicas, económicas, políticas y éticas. Al referirse a la naturaleza de los vínculos sociales, Sarandón y Flores (2014) enfatizan en “la construcción de formas de acción colectiva que robustezcan el desarrollo y mantenimiento del capital social” (p. 56), la necesidad de procesos participativos y democráticos para impulsar la agroecología, y de una dimensión ética que reivindique “la ciudadanía y la dignidad humana, la lucha contra el hambre y la eliminación de la pobreza y sus consecuencias sobre el medio ambiente” (p. 58).

Quizás las propuestas más radicales en torno a la agroecología vengan de Eduardo Sevilla Guzmán para quien la

agroecología puede ser definida como el manejo ecológico de los recursos naturales a través de formas de acción social colectiva que presentan alternativas a la actual crisis civilizatoria. Y ello mediante propuestas participativas desde los ámbitos de la producción y la circulación alternativa de sus productos, pretendiendo establecer formas de producción y consumo que contribuyan a encarar el deterioro ecológico y social generado por el neoliberalismo actual. (2011, p. 13)

En esta definición existe una conexión inescindible entre agroecología y acción colectiva que el autor también refuerza a partir de la recuperación de los aportes marxistas -vinculados al rol del campesinado y su organización comunitaria- y libertarios -en torno al apoyo mutuo como elemento central de las relaciones sociales en las comunidades campesinas-. En el caso de los chacareros, algunas tradiciones asociativas -especialmente el cooperativismo agrario- han tenido una gran extensión no exenta de importantes crisis y transformaciones en el marco del agronegocio (Bageneta, 2019; Lattuada, 2013; Tort y Lombardo, 2011).

En el plano de la institucionalidad global, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estableció diez elementos para definir la agroecología (FAO, 2018). Uno de ellos es la “Creación conjunta e intercambio de conocimientos” que sugiere que las innovaciones agrícolas responden mejor a los desafíos locales cuando se crean conjuntamente mediante procesos participativos. Uno de los ejemplos que propone es el enfoque de aprendizaje y transmisión de campesino a campesino, conocido como “educación popular” que se basa en el principio de que la participación y el empoderamiento de los productores de alimentos son componentes intrínsecos del desarrollo agrícola sostenible.

Hace algunos años, la Dirección Nacional de Agroecología de Argentina –actualmente disuelta– presentó un marco conceptual que incluía diferentes principios. En línea con los planteos anteriores, incluye dentro de las sinergias propias de la agroecología el “sincronizar las diversas actividades productivas (en el tiempo y el espacio) e integrar, asociar, complementar y cooperar entre distintos actores” (DNAe, s.f.b, p. 5). También se menciona el principio de Valores sociales y derechos humanos donde se destaca el fomento a la cooperación, el respeto mutuo y a la identidad cultural, la solidaridad y la equidad de género. Finalmente, el documento subraya la importancia de la cooperación para prolongar el uso y valor de bienes y reducir la generación de residuos como parte del principio de Economía circular y solidaria. Adicionalmente, Marasas et al. (2014) detallan los elementos intervinientes en los procesos de transición agroecológica. Al referirse a los factores contextuales, identifican dentro del “área social” “la propensión de las personas a organizarse de manera autónoma para generar cambios. La organización social, representada por cooperativas, asociaciones y otras, indudablemente es fundamental para cualquier proceso de cambio” (p. 425).

Como vimos en estos aportes, las diversas definiciones de agroecología contienen componentes vinculares que se ubican en la escala del territorio inmediato a la explotación agroecológica o del sistema agroalimentario. Sin embargo, no siempre queda clara la naturaleza de estas relaciones, es por ello que en las siguientes secciones nos proponemos caracterizar formas de cooperación y asociación que identificamos en nuestras investigaciones en la provincia de Buenos Aires, entendiendo que las mismas pueden extenderse a otros territorios y, pese a nuestro intento de exhaustividad, podría haber otras. Además, queremos enfatizar que las formas analizadas se presentan de manera abigarrada en los sujetos sociales con quienes trabajamos y han participado de una o varias de ellas a lo largo de sus trayectorias.

Hacia una descripción crítica de las formas de cooperación agroecológica en la provincia de Buenos Aires

Relaciones interpersonales

En esta categoría incluimos aquellos casos de cooperación asentados en el conocimiento cara a cara, los lazos de vecindad o las interacciones personales que permiten a quienes están comenzando o transitando la producción agroecológica abordar objetivos comunes más o menos amplios. Este tipo de vínculos no supone la creación de organizaciones o instancias estables de participación –aunque pueden decantar en ellas- sino la posibilidad de colaborar entre sujetos sociales con inquietudes o problemas similares.

En nuestros registros de campo encontramos casos en que sujetos agrarios han enfrentado una encrucijada económica, social o ambiental en relación a la forma convencional de producir y se han acercado a la agroecología a través de algún vecino, pariente, conocido o referente que ya se encuentra practicándola. En algunos casos, el conocimiento previo entre las familias productoras facilita el intercambio al allanar la posibilidad de indagar en profundidad sobre las técnicas y obtener pruebas de primera mano de que “los números cierran”. Esto se vincula directamente con el “… manejo activo pero de baja propensión a la toma de riesgos importantes y la valoración del mantenimiento del patrimonio” propios de los agricultores familiares modernos (Balsa y López Castro, 2011, p. 59).

Construir desde la vecindad y desde encrucijadas similares abre la posibilidad de atenuar los sobresaltos de la curva de aprendizaje en la transición. Como expresan dos productores lecheros cuyos tambos son colindantes:

A nosotros nos pasó que tenemos dos tambos chicos y nos pusieron una ordenanza que no podemos fumigar, los tenemos cerca del pueblo. A mí particularmente me agarra un pedacito del campo. Y bueno… luego de pasar las amarguras dijimos “nos tenemos que adaptar”... y nos pusimos en contacto, porque justo los dos tenemos tambitos y somos vecinos con campos parecidos, y andamos investigando juntos… cuando sale algún encuentro o jornada vamos. Tampoco hay mucho en tambo, ¿viste?, y nosotros vivimos de esto asique tenemos que pensarlo bien… pero la verdad estamos re entusiasmados porque todo lo que escuchamos nos gusta, somos chiquitos y compartimos problemas similares con varios de lo que están haciendo esto… (Testimonio recogido en notas de campo tomadas en febrero de 2023).

En otros casos las interacciones se producen entre sujetos que no se conocen estrechamente, al contactar un productor a otro que se ha convertido en referente en el campo de la agroecología. Ejemplo de esto último ha sido Juan Kiehr, dueño de “La Aurora” en Benito Juárez, un establecimiento familiar de 650 hectáreas donde desde 1997 se realiza una explotación extensiva bajo el enfoque agroecológico (Cerdá et al., 2014). El éxito económico y la persistencia en el tiempo de esta experiencia, la han convertido en un espacio de aprendizaje para quienes quieren iniciarse en la agroecología, por lo que asiduamente recibe visitantes que buscan información de primera mano. En palabras de una productora:

Productora: … ¿cómo hacíamos ese potrero? Y creo que hablaste con tres agrónomos distintos y todos, “no, acá hay que quemar”. Entonces, ya desde el vamos te dicen algo que vos no querés hacer. Es ir contra la corriente y fue el agrónomo de la cerealera y “no, pero acá imposible. Acá, primero hay que quemar”. Entonces, dijimos, “bueno, a ver, ¿a quién recurrimos?” Y en las charlas de agroecología y demás que hemos acompañado nosotros, fuimos a lo de Juan, hemos ido a la Aurora a escucharlo a él. Bueno entonces un día lo llamamos por teléfono, nos fuimos, nos sentamos con él, así, con un mate por medio y él te tira un montón de tips a partir de su experiencia, y él tenía la moha y nos dijo, bueno, así que, le compramos la moha.

Productor: De hecho, decíamos que, la idea nuestra era sacar, combatir la paja esa y, […] sembrar un sorgo y, bueno, Juan dice, “no, sembrá una moha que la moha, no sé, hace un efecto, tapa más, está tan tupida la moha, tapa más, entonces, como que ayuda a matar malas malezas… (Productora y productor de ganadería agroecológica en 252 ha en propiedad familiar. Benito Juárez, Buenos Aires, diciembre de 2023).

Como vemos en la cita, en la activación de estos vínculos interpersonales de “pequeña escala” intervienen diferentes intencionalidades. En primer término, identificamos una búsqueda por resolver un problema productivo -la gestión sustentable de los pastizales naturales con la implantación de pasturas forrajeras- a partir de herramientas tecnológico-cognitivas. Aquí la experiencia acumulada por un referente se convierte en una opción valiosa frente a las respuestas de la agronomía convencional. El intercambio de saberes requiere de una llamada telefónica, una visita y la ronda de mates. Luego, aparece una segunda intencionalidad en la cooperación, que tiene un carácter económico-comercial. Es innegable la existencia de la transacción mercantil (“…y él tenía la moha y nos dijo, bueno, así que, le compramos la moha”) pero se basa en la venta de un producto que tiene eficacia ensayada para el problema identificado y además se trata de una semilla cosechada en condiciones agroecológicas similares (los campos se encuentran a unos 50 kilómetros de distancia). La escena sintetiza una forma típica de vinculación interpersonal basada en la vecindad, la referencia (en términos de experiencia acumulada) y las necesidades económicas de la explotación agropecuaria que se ponen en juego para fortalecer proyectos agroecológicos individuales.

Grupos de familias productoras

En esta categoría incluimos a aquellas familias productoras de diferentes explotaciones que se agrupan con el fin de producir bajo el enfoque agroecológico. El objetivo principal de esta forma de vinculación es poder enfrentar el proceso de transición o producción agroecológica con otros:

Nuestro grupo es solidario y cooperativo, ese es el espíritu. Hace tiempo que insistía con formar un grupo acá, porque no es lo mismo hacer esto solo que acompañado… ya es algo difícil hacer agroecología, que vas contra la corriente, si somos varios lo enfrentas de otra manera. (...) En el grupo compramos semillas en conjunto, averiguamos precios y conseguimos mejores precios, estamos siempre pensando en formas nuevas de comercializar lo que producimos, carne, leche, granos, buscándole la vuelta aunque no siempre sale. En las reuniones grupales todos nos ponemos a pensar en el campo del que vamos a visitar, no siempre nos hacemos caso con las recomendaciones [risas] pero nadie se ofende (Presidente de un grupo de 12 familias productoras que poseen entre 50 y 800 ha en transición agroecológica, Trenque Lauquen, Buenos Aires, octubre de 2024).

Este tipo de vinculación, a diferencia de la anterior, adquiere una formalización desde sus inicios, ya sea bajo alguna órbita institucional o mediante acuerdos internos que regulan el espacio. Más allá de lo que ocurra en sus inicios estas dos formas pueden alternarse dependiendo el momento en que se encuentra el grupo.

En Argentina los primeros grupos de familias productoras en agriculturas alternativas se nuclearon bajo el programa Cambio Rural, activo desde el año 1993 hasta mediados del 2024, creado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y co-ejecutada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). El fin del programa era asistir a las familias productoras capitalizadas en una transformación hacia el modelo del agronegocio, profesionalizando la gestión y organización empresarial (Taraborrelli, 2017). Para ello, financiaba por 3 años el asesoramiento técnico para un grupo de entre 8 y 12 familias productoras que compartieran un objetivo productivo, comercial, etcétera.

Este formato de vinculación comenzó a ser utilizado por familias productoras que deseaban producir de formas alternativas. El ejemplo más antiguo es el del grupo de productores orgánicos certificados Pampa Orgánica[2] nacido en 2004 y actualmente dividido en Norte y Sur. Posteriormente, se popularizaron los grupos de Cambio Rural de familias productoras agroecológicas que para el año 2023 ascendían a 66 en todo el país (DNAe, 2023). La utilización del mencionado programa en el sector fue tan impactante que la Dirección Nacional de Agroecología creó una capacitación en agroecología destinada a técnicos del programa.

Con un formato similar al Cambio Rural, el Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires creó en el año 2021 el programa Desarrollo Rural Bonaerense enmarcado en el Programa provincial de “Promoción de la Agroecología” -Resolución 78/20- que se mantiene hasta la actualidad. El objetivo del mismo es la creación de grupos de unidades agropecuarias familiares en pos de impulsar el desarrollo tecnológico y organizacional y la innovación a partir del asesoramiento experto y la co-construcción de conocimientos. A diferencia del programa nacional, éste contempla la creación de grupos agroecológicos y se lo piensa como una herramienta de asociativismo destinada a la expansión de la agroecología en la provincia. En mayo de 2025 había 47 grupos agroecológicos bajo el programa de Desarrollo Rural Bonaerense.

Además de estos programas, aunque en menor medida, también hay municipios que decidieron dar impulso a la producción agroecológica financiando un técnico asesor que promueve la creación de un grupo con un funcionamiento similar al Cambio Rural. Este tipo de política local ha sido el resultado de conflictos ocasionados por el uso de agroquímicos en los periurbanos, la sanción de ordenanzas que delimitan zonas donde está prohibido usar agroquímicos, o la adhesión a la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (RENAMA) (Iturralde, 2020; Lapegna et al., 2024).

Si bien los programas estatales han permitido la emergencia de la mayoría de los grupos de familias productoras agroecológicas bonaerenses, existen algunos que no se insertan en ellos. Esto puede darse por una conformación inicial autogestiva o por cambios contextuales, políticos o internos que ha llevado a que un grupo pase de la órbita de algún programa estatal a la autonomía organizativa. Los cambios y fluctuaciones son parte del devenir de estar o trabajar con otros. Uno de los grupos de productores con quien la autora trabajó comenzó con financiamiento del municipio en 2019, luego se conformó como grupo Cambio Rural del INTA, se articuló con la RENAMA y también con el programa Desarrollo Rural Bonaerense, y

(…) después de las elecciones en el 2023 se cayeron todos los financiamientos, todos juntos, y ya todo el 2024 continuamos sin financiamiento. De grupo Cambio Rural podíamos seguir como adherentes pero eso ya era sin financiamiento y había que seguir aplicando la metodología del programa que ya varios no la usábamos desde el principio y otros en el camino dejaron de querer las visitas mensuales, por ejemplo. Ahí se decidió autofinanciar el grupo por un año y usar una metodología propia de solo visitas mensuales grupales (Encargado de una estancia de 4.000 ha que posee 800 en agroecología y productor familiar en 107 ha en agroecológica. Trenque Lauquen, abril de 2025).

Ya sea que la conformación haya sido autogestiva o por incentivo estatal, o haya pasado por distintas formas de sostenimiento en el devenir del grupo, es para destacar que la metodología tradicional de Cambio Rural, bajo la que un ingeniero agrónomo asesora a familias productoras, muchas veces no es aplicada linealmente en las transiciones agroecológicas. En varias ocasiones hemos visto grupos asesorados por sujetos no profesionales o incluso por profesionales que no se considerarían idóneos para el puesto que el programa requiere:

Nuestro grupo está conducido por un grupo interdisciplinario de conducción, un ingeniero agrónomo y una antropóloga, esto permite que podamos abordar la transición a la agroecología desde una mirada compleja e integral (Co-asesor de un grupo de Cambio Rural. Trenque Lauquen, junio del 2019).

Yo le dije [al asesor] que no dé cosas por sentado porque soy veterinario porque son cosas que yo no aprendí en la facultad y no sé, que no dé cosas por sentado viste…. Porque a veces él supone que yo se cosas porque soy veterinario, como el tema de inocular las leguminosas para que fijen nitrógeno en el suelo, yo no sabía eso, no tengo ni idea, yo me dedico a mirar las ovejas qué sé yo de pasto y suelo (Productor miembro de grupo Cambio Rural que posee 50 ha de un total de 200 ha en transición agroecológica en el área de exclusión de uso de agroquímicos, Trenque Lauquen, marzo de 2018).

Ambas situaciones generan un resquebrajamiento de las jerarquías y de la linealidad de la transmisión del saber. En el seno de estos grupos se gestó un intercambio de saberes (Toledo, 1992) tanto entre las familias productoras como con el coordinador, semejante a la metodología campesino a campesino (Holt-Giménez, 2006). Otro ejemplo de esta dinámica la encontramos en un grupo de productores de Trenque Lauquen, en el que luego de seis años de funcionamiento uno de los miembros, ingeniero agrónomo, es actualmente asesorado por otro de los productores del grupo con vasta experiencia en la producción agropecuaria pero sin formación universitaria. Este tipo de interpelaciones a la jerarquía del conocimiento científico otorga autonomía a las familias productoras y las empodera en su capacidad de comprender el sistema e intervenir en él, restándole importancia a la trayectoria por la cual se adquirieron los saberes y conocimientos.

En estos grupos de productores también se observan lazos de asociativismo en proyectos de compras comunitarias, por ejemplo semillas o bioinsumos, y de agregado de valor, como un caso de comercialización de leche fluida que duró tres años o varios proyectos inconclusos por falta de financiamiento como es el caso de una fábrica de quesos, arrendamiento de campo para producir semillas para uso interno del grupo, fábrica de elaboración de alimento balanceado agroecológico para la producción avícola-. Estas prácticas son fomentadas principalmente por las generaciones mayores de los grupos de productores y suelen generar ciertos reparos por parte de los más jóvenes. Si bien existen tensiones y conflictos, este tipo de herramientas otorgan plasticidad a los grupos para cambiar de formas asociativas en el tiempo y ser resilientes a los avatares contextuales o internos que puedan generar desestabilizaciones.

Los espacios virtuales. Entre las redes sociales y los grupos de WhatsApp

Junto a los espacios mencionados anteriormente, existe una robusta red que se desarrolla en simultáneo en la virtualidad. Los grupos de WhatsApp de cada institución, red o cooperativa, o incluso grupos que nuclean gente que no ha confluido previamente sino que se han sumado por intereses compartidos, constituyen actualmente una de las redes de intercambio, información y difusión más importantes en la agroecología bonaerense. Un ejemplo de esto es el grupo de WhatsApp que creó la RENAMA en el que participan cientos de personas de diferentes ámbitos de acción en el que cotidianamente se difunden actividades, programas, financiamiento, se consulta sobre compra y venta de insumos, técnicas productivas agropecuarias agroecológicas, se debate sobre políticas públicas situadas, se solicitan datos y contactos y actúa como red de sostén. Este espacio ha propiciado la creación de otros grupos con intereses más específicos, como es un grupo de “Compra/venta de insumos agropecuarios agroecológicos” (semillas, bioinsumos, ganado) que se creó para hablar específicamente de estas transacciones y en el que únicamente participan personas con este interés. También existen grupos de WhatsApp que unen a productores de carne a pasto o de producción avícola pastoril. Aunque no son exclusivamente agroecológicos, es interesante analizar el devenir de estos espacios ya que en algunos casos trasciende la virtualidad, como es el caso de la Red de Avicultura Pastoril, que comenzó como grupo de WhatsApp, siguió con reuniones virtuales y actualmente están tramitando la personería jurídica para formar una Asociación Civil.

Es de destacar que los espacios virtuales resultaron una herramienta de sostenimiento y generación de vínculos durante la pandemia. Ejemplo de ello es la experiencia comercial que pudo establecerse en el año 2021 entre la RENAMA y la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) para la venta de carne agroecológica. Este acuerdo se organizó en base a un grupo de WhatsApp y dos encuentros presenciales. También estos canales funcionan como espacio de sostenimiento de los vínculos cuando la presencialidad se torna dificultosa. A continuación un productor nos cuenta su experiencia como parte de un grupo de familias productoras agroecológicas:

En el 2025 ya ni el autofinanciamiento… el desgano, y la mala situación económica hicieron que decidiéramos seguir sin el acompañamiento técnico. En lo que va del año organizamos una reunión, no funciona como antes, además de que quedamos pocos… desde que inició el grupo algunos se fueron y otros se sumaron… pero seguimos en contacto por WhatsApp. También más allá del grupo estamos siempre en contacto por venta y compra de cosas, o por consultas por intercambio de herramientas, servicios, o consultas sobre algo puntual de algún campo… que nos vamos contactando con el que creemos que la puede tener más clara por privado (Encargado de una estancia de 4.000 ha que posee 800 en agroecología y productor familiar en 107 ha en agroecológica. Trenque Lauquen, abril de 2025).

Otro canal importante de circulación tecnológico cognitivo, aunque mucho más unidireccional, lo conforman los influencers de redes sociales vinculados a la agroecología. Entendemos por ello a personas que poseen muchos seguidores en redes sociales y, por lo tanto, tienen un gran alcance en la difusión de sus mensajes. Sus páginas y perfiles se convirtieron en sitios clave donde obtener conocimiento, sugerencias, espacios donde formarse o contactos. Un ejemplo es el del ingeniero agrónomo colombiano Jairo Restrepo Rivera, quien posee 118 mil seguidores en YouTube y 61.300 seguidores en Instagram, plataformas que permitieron su amplia difusión de la agricultura orgánica en Latinoamérica y decantaron en cursos presenciales en Argentina.

Otro caso similar es de El Mate Ganadería Regenerativa, un caso pionero en la producción agroecológica y regenerativa de Córdoba, que comenzó a difundir su experiencia recibiendo a grupos de familias productoras en sus campos y difundiendo el Pastoreo Racional Voisin y la avicultura pastoril, y que derivó en que uno de los miembros de la familia asuma el rol de divulgador escribiendo libros, brindando conferencias y capacitaciones en toda Latinoamérica. El Mate ha sido uno de los espacios productivos faros en la divulgación de la agroecología extensiva y sus redes hoy poseen 9.380 seguidores en YouTube y 49.800 en Instagram.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería virtual configuran herramientas clave en la gestión económica cotidiana, y la agroecología no es la excepción. Por un lado, el canal menos simétrico de circulación de información, como puede ser seguir un perfil en Instagram o YouTube, ha activado en el caso de los influencers una articulación entre la visibilidad de las redes virtuales y los espacios de formación presenciales de nutrida concurrencia. Por el otro, en grupos más o menos abiertos confluyen propuestas tecnológico-cognitivas, económicas-comerciales y también político-organizativas, algunas se mantienen en el éter de la virtualidad y otras trascienden a instancias presenciales. Los espacios virtuales son un territorio importante de la vida cotidiana de las familias rurales y pueden ser ocupados para movilizar cooperaciones y asociaciones -tanto esporádicas como sostenidas en el tiempo-, especialmente cuando las grandes distancias o las restricciones económicas dificultan los encuentros cara a cara.

Espacios de formación formal

Los espacios de formación acompañaron el crecimiento de la agroecología en la provincia de Buenos Aires y en la Región Pampeana capacitando técnicos, asesores, familias productoras, referentes de movimientos sociales y funcionarios públicos. Más importante aún, generaron espacios de encuentro, generación de vínculos, tejido de redes, acompañamiento, sostenimiento y consolidación de proyectos en base al intercambio de experiencias, ideas y procesos de experimentación en una región donde la agroecología debía crear una práctica situada. Sin ánimos de ser exhaustivos en la ejemplificación, nombraremos algunos de los espacios de formación en agroecología representativos de la provincia.

Uno de los primeros lugares en que comenzaron a darse cursos de formación en agroecología para familias productoras agropecuarias fue el Centro de Educación Agraria (CEA) N°30 de Guaminí[3]. Este se creó en el año 2016 (Schwerdt, 2025) y desde ese mismo año comenzó con educación no formal en agroecología extensiva inicialmente, e intensiva desde el año 2019. El CEA fue pionero, no sólo en agroecología en el país, sino principalmente en ofrecer capacitaciones y acompañamientos para productores agropecuarios.

Otra propuesta formativa en agroecología muy consolidada en el país y con un fuerte desarrollo en la provincia de Buenos Aires es la de las diplomaturas[4]. En la provincia de Buenos Aires actualmente hay dos diplomaturas, una universitaria y otra no universitaria. La Diplomatura no universitaria en Agroecología para la Región Pampeana tuvo su primera cohorte en el año 2017, en la ciudad de Trenque Lauquen, como parte de la Facultad Regional de Trenque Lauquen - Universidad Tecnológica Nacional y el año 2020 comenzó a ser dictada por la ONG Agroecología del Sur[5]. Desde sus inicios se orientó a la formación de sujetos que están transicionando a la agroecología desde el ámbito productivo, comunicacional, de gestión, de salud o educativo, sin que sea condición haber transitado un trayecto de educación formal:

Desde esta Diplomatura se plantea generar las bases para la construcción y consolidación horizontal de saberes locales y regionales agroecológicos desde distintos ámbitos de acción: técnicos agropecuarios, productores, cientistas, investigadores, ambientalistas, dirigentes y militantes políticos. Es por ello que el público destinatario de la Diplomatura debe ser amplio y heterogéneo, intentando generar espacios de encuentro de diversidad de opiniones, trayectorias, experiencias, conocimientos, métodos, técnicas, epistemologías que permitan cimentar y consolidar la agroecología en la región pampeana (Agroecología del Sur, 2024).

Este espíritu de hibridación ha generado un espacio local y virtual de discusión, intercambio, red y generación de proyectos agroecológicos en toda la provincia que trascienden las transiciones productivas. En el marco de esta diplomatura se han creado ordenanzas, proyectos productivos y de investigación, se han comparado ensayos en distintas provincias, y fortalecido grupos de productores, se capacitaron funcionarios estatales, docentes, médicos, artistas y chefs que hoy trabajan desde el enfoque agroecológico en sus amplios y diversos campos de acción (Iturralde, 2024). Asimismo, esa red sigue existiendo en la actualidad, al sostenerse los grupos de WhatsApp de cada cohorte, siendo un espacio de circulación y generación de información y nuevos espacios de encuentro.

En paralelo a estos espacios de formación in situ, orientados a los sujetos que practican la agroecología en la Región Pampeana, emergieron espacios académicos. En el año 2021 se creó la Diplomatura Universitaria de Posgrado en Agroecología de la Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires (UNNOBA) fortaleciendo la formación en agroecología en la zona núcleo del agronegocio con un perfil académico tradicional.

Dentro de las carreras de grado, se crearon las Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria (CALISAS) como espacios de diálogo, de resistencia, de producción y de propuestas para mejorar la situación alimentaria argentina (Martini, 2024) que, ineludiblemente, abordan la cuestión productiva impulsando a la agroecología como el camino para lograr la soberanía alimentaria. También existen las cátedras de agroecología en las carreras de agronomía. Algunas comenzaron como cátedras libres y derivaron en asignaturas optativas, como en las Facultades de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur de la Provincia de Buenos Aires y la Universidad de Buenos Aires. Otras se insertaron dentro del diseño curricular de la carrera, como es el caso de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad La Plata (Sarandón, 2016). En esta línea, en el año 2022 se creó la Especialización en Agroecología de la Universidad de Buenos Aires marcando un camino de consolidación de la agroecología en las universidades y de expansión, encuentro y diálogo entre docentes, investigadores y familias productoras.

Consideramos que los espacios de formación más incipientes y orientados a productores, como el CEA de Guaminí o la Diplomatura en Agroecología para la Región Pampeana, posibilitaron un lugar en el que las familias productoras agroecológicas se encontraran para debatir, intercambiar, ponerse en contacto y generar redes de sostén, comerciales y de intercambios de insumos, ensayos, ideas y técnicas productivas. Aquellos que están orientados a estudiantes y profesionales, habilitaron espacios de discusión académicos, muchos cooptados por el agronegocio, sobre formas alternativas de producción. También sentaron las bases para la formación de técnicos y profesionales que acompañan experiencias agroecológicas y que desarrollan ensayos, investigaciones e innovaciones para la agroecología. De esta manera, los espacios de transmisión e intercambio de conocimiento abren la posibilidad a formas de cooperación de saberes en un campo donde la experiencia acumulada de las familias productoras es clave tanto para poner a prueba las propuestas provenientes de la ciencia como para visibilizar y hacer inteligibles a otras familias las formas nativas de recrear la agroecología.

Cooperativas, asociaciones y redes

En este apartado nos concentramos en instancias de colaboración que incluyen un número amplio de individuos u organizaciones, y además presentan algún nivel de institucionalización. El primer grupo de análisis lo conforman las cooperativas legalmente constituidas. Según Paulette et al. (2023) el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) contabilizaba en marzo de 2023 5.474 cooperativas en la provincia de Buenos Aires, de las cuales 327 tenían actividades agropecuarias y agroalimentarias. Nuestra búsqueda en el padrón de entidades del INAES nos arroja un total de 16 cooperativas y 2 federaciones que contienen en su información básica alguna referencia a la agroecología[6]. A su vez, de las 16 cooperativas, 14 son “de trabajo”, es decir, que “las forman trabajadores, que ponen en común su fuerza laboral para llevar adelante una empresa de producción tanto de bienes como de servicios” (INAES, s.f., p. 13). Resulta interesante que de este conjunto sólo identificamos dos cooperativas que realizan actividades de producción o procesamiento vinculadas a la agricultura extensiva, mientras el resto se concentran en la actividad hortícola donde tienen importante presencia organizaciones sociales como la UTT, la Rama Rural del Movimiento de Trabajadores Excluidos o la Federación Rural para la producción y el arraigo (Palmisano et al., 2021; Wahren y García Guerreiro, 2020).

Si bien el número de cooperativas vinculadas a nuestros sujetos de estudio es acotado, las mismas conforman casos paradigmáticos porque se entretejen con diversas formas de colaboración. El primer caso es la cooperativa de trabajo “Turba agroecología” de Pergamino que nuclea a 10 trabajadoras y trabajadores que cultivan agroecológicamente trigo, centeno y maíz. La producción comenzó sobre lotes de entre 15 y 30 ha arrendadas dentro de la zona de prohibición de fumigaciones del partido y luego se trasladaron a un campo de 76 hectáreas donde además de agricultura realizan forraje y ganadería tercerizada (Mich, 2024). Luego transforman los granos en harinas integrales de la marca “Otro costal” y los comercializan en locales de Pergamino y partidos aledaños y en canales de venta de la economía social (Guerrero, 2023).

La articulación en una cooperativa claramente refiere a una forma específica de abordar su reproducción económica en cuanto trabajadores, pero en el caso de Turba también participan de la “Red de harineros agroecológicos” que se orienta tanto a mejorar la posición comercial de las harinas agroecológicas como a construir herramientas tecnológico-cognitivas que potencien la actividad (Covacevich et al., 2022; Lag, 2022). Dentro de esta red también encontramos el caso de Fincas El Paraíso de Trenque Lauquen que para abastecerse de granos agroecológicos para su molino refuncionalizó una de las clásicas estrategias del agronegocio pampeano: las siembras asociadas. En la actualidad trabajan sobre tierras propias y alquiladas recurriendo a aportes de capital extra agrario local (Guerrero, 2021) y acuerdos de siembra en donde los productores aportan las tierras y las labores y Fincas el Paraíso ofrece la semilla financiada en canje a cosecha y la disponibilidad de los bioinsumos que ellos mismos producen.

Cooperativa de trabajo y provisión de servicios para productores rurales “La Fraagua”, acrónimo de Familias Rurales Agricultoras y Artesanas Guaminenses Agroecológicas. La misma está integrada por familias productoras agroecológicas de Guaminí dedicadas a la horticultura –su actividad más fuerte actualmente-, la avicultura, la lechería, la agricultura y el procesamiento de grano a partir de un molino propio (La Clarita). La formalización del proceso asociativo de “La Fraagua” se inserta en un largo camino de organización donde se articularon el gobierno municipal, instituciones educativas y familias productoras. En 2012 las discusiones en torno a la sanción de una ordenanza de restricción de fumigaciones alrededor de los centros urbanos del partido activó tanto debates y discusiones que culminaron con la sanción de la norma en 2016 como instancias de cooperación entre productores, estado y organizaciones sociales (Acosta, 2022).

El proceso de tensión/colaboración fue uno de los componentes centrales no sólo en la conformación de la cooperativa sino también de la mencionada RENAMA. Esta red fue creada en el año 2016 en Guaminí para nuclear agricultores, técnicas agropecuarias, municipios, entes gubernamentales, organismos académicos y científicos, y organizaciones de base de todo el país, con el objetivo de intercambiar experiencias y conocimientos para la transición hacia la agroecología del sistema agroalimentario. Hoy cuenta con 40 municipios y 100 mil ha en producción agroecológica en manos de 200 productores. Uno de los eventos más convocantes y generadores de vínculos y colaboraciones organizados por RENAMA (con la adhesión de la Sociedad Argentina de Agroecología) es el “Mes de la agroecología”, en el cual se invita a grupos e instituciones adheridas a la red a generar actividades libres y gratuitas de difusión de la agroecología, como recorridas a campo, cine/debate, ferias, charlas públicas, etcétera.

Resulta notorio que a pesar de la expansión de la agroecología en general, y la extensiva en particular, no abundan casos de cooperativas conformadas legalmente. Como señala uno de los responsables “La Fraagua”:

Uno de los principales desafíos fue quebrar con la lógica individualista y empezar a pensar y actuar solidariamente y asociativamente. Este gran escollo no ha sido superado sustancialmente, sino que nos obliga a un ejercicio cotidiano de observación y autocrítica sobre nuestros actos. (Marcelo Schwerdt como se citó en Paulette et al., 2023, p. 123)

Como plantea Lattuada (2013), las transformaciones neoliberales de la década de 1990 impactaron negativamente en el mundo cooperativo chacarero. La desaparición de EAP que formaban la base social, la debilidad financiera de algunas cooperativas –y la “empresarialización” de otras- en un contexto de concentración del comercio, y la nula intervención del Estado en favor de las mismas, creó un deterioro progresivo del movimiento cooperativo que quedó marcado a fuego en los sujetos sociales. Esta quizá sea una de las razones del escaso número de cooperativas agroecológicas de base chacarera. Sin embargo, como señala Giarracca (1994) y desarrollamos en las secciones anteriores, las formas asociativas basadas en la cooperación y la autogestión pueden adquirir modos diversos y más informales. Allí se juega la paradoja entre el actuar colectivamente y tornarse más interdependiente con los otros, o mantener la relativa “libertad” y seguridad (en el sentido de no tomar riesgos) de las relaciones subalternas que los sujetos chacareros pueden tener en la estructura agraria contemporánea.

Conclusiones

A lo largo del artículo desarrollamos una propuesta de clasificación de las formas de cooperación que encontramos en nuestras investigaciones centradas en familias productoras agroecológicas extensivas de la provincia de Buenos Aires. Primeramente, las relaciones interpersonales mantienen un rol central tanto en el acercamiento como en la consolidación de las prácticas agroecológicas, y se adaptan a las características específicas de los sujetos agrarios medios. En segundo término, observamos cómo los grupos de productores nacidos o inspirados en el programa Cambio Rural son apropiados por esos sujetos y, en algunos casos, redireccionados hacia formas de co-construcción de conocimientos más simétricas. En tercer lugar, destacamos el peso de las redes sociales y los grupos de WhatsApp en el intercambio de estrategias tecnológico-cognitivas, el desarrollo de propuestas económico-comerciales y la organización política del sector. Lejos de acotarse a la virtualidad encontramos un flujo constante entre ésta y las actividades cara a cara, a la vez que las redes y grupos de mensajería se convierten en herramientas para seguir conectados en momentos de restricciones materiales. En cuarto término, describimos la función múltiple de los espacios de formación formal. Además de su rol pedagógico, en tanto momentos de transmisión de conocimientos, se han configurado en espacios de encuentro. Son como islas, o más bien rizomas, en un espacio donde el agronegocio es hegemónico y la necesidad de compartir con otros “que están en la misma” es vital. Finalmente, observamos el particular impacto del cooperativismo en la agroecología extensiva y su combinación con formas más flexibles e intermitentes de colaboración.

Los cambios contextuales impactan sobre las formas de vinculación. Pudimos observar esto en los pasajes entre unos espacios formales o institucionalizados de vinculación a redes, “virtuales o reales”, más intermitentes y flexibles. Ahora bien, estos cambios deben leerse críticamente. Si bien la resiliencia es elemento vital para la reproducción de la agroecología, no es menos importante el impacto negativo que genera el “retiro del Estado” como lo vimos en el ejemplo del programa Cambio Rural.

Como mencionamos al inicio del manuscrito, ninguna de estas formas aparece aislada, por el contrario, se superponen en las trayectorias de casi todos los sujetos con quienes trabajamos. Además, ninguna de ellas corresponde exclusivamente al ámbito de la agroecología sino que pueden encontrarse en otros paradigmas productivos, incluso el agronegocio. La especificidad es, por tanto, cualitativa. Frente a las ideas darwinistas de evolución como competencia, en la que sobreviven únicamente las especies y organismos que mejor se adaptan, Lynn Margulis propone un paradigma que incorpora a la cooperación y asociación como un factor decisivo en la evolución de las especies y los organismos: “La vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a aquellos que se asocian” (como se citó en Martínez Pulido, 2014). La agroecología encuentra en este paradigma su sustento teórico y práctico, en tanto modo contra-hegemónico de habitar lo agrario. Teórico porque reduce el antropocentrismo inherente en la producción moderna de la naturaleza al poner en un mismo nivel a todos los seres vivos del planeta, actuantes y modificadores del entorno, conectados en el sostenimiento de la vida. A la vez este marco conceptual permite un profuso desarrollo de saberes sobre las acciones de cooperación, evolución y actuación de los seres vivos, ocasionando la elaboración de un universo simbólico y conceptual que involucra a la producción agropecuaria, es decir de alimentos, bajo otros estándares.

Financiamiento

La presente investigación fue financiada con el proyecto FONCYT PICT-2020- SERIEA-03564 de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación de Argentina.

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Notas

[1] En los últimos años, se ha expandido el desarrollo y aplicación de bioinsumos, especialmente asociados a una estrategia de mercado de sustitución de insumos químicos por biológicos frente a las críticas socioambientales y las limitaciones técnicas de los primeros.
[2] Denominación nativa.
[3] Los CEA son instituciones abiertas a la comunidad, destinadas a brindar formación profesional inicial y capacitación laboral vinculadas al ámbito agropecuario. Buscan estimular la acción comunitaria y las vinculaciones entre los distintos actores del sector productivo a partir del dictado de cursos vinculados a actividades productivas (http://cea30guamin.com.ar).
[4] Estas son cursos sistematizados mediante un plan de estudios y se orientan a la capacitación, actualización o perfeccionamiento en un área temática determinada. Existen dos tipos de diplomaturas, las universitarias, que se incluyen dentro de los tipos de trayectos universitarios de posgrados actualmente existentes (diplomatura, especialización, maestría y doctorado), para las que es necesario poseer un título de grado para realizarlas; y las no universitarias, que son aquellas que se brindan desde las áreas de extensión de las universidades o desde ONG. En cualquiera de los dos casos no se otorga un título sino un certificado (Acosta et al., 2024).
[6] Para la búsqueda en el padrón (https://www2.inaes.gob.ar/Webinaes/BusquedaEntidades/Index) realizada entre los días 26 y 30 de mayo de 2025 se aplicaron filtros tales como “agroeco”, “orgánico/a” junto con el nombre de organizaciones o asociaciones del campo de la agroecología y que hemos identificado en nuestras investigaciones. Si bien el número relevado no es definitivo nos permite trazar algunas tendencias.
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