

Artículos
Estrategias comunitarias y derecho a la salud en el cordón frutihortícola del partido de General Pueyrredon, provincia de Buenos Aires
Community strategies and the right to health in the fruit and vegetable belt of General Pueyrredon, Buenos Aires province
Estratégias comunitárias e direito à saúde no cinturão hortofrutícola de General Pueyrredon, província de Buenos Aires
Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural
Universidad Nacional de Quilmes, Argentina
ISSN: 2250-4001
Periodicidad: Semestral
vol. 15, núm. 32, 2025
Recepción: 14 abril 2025
Aprobación: 08 julio 2025
Resumen: La profundización del modelo agroindustrial y la marginalización de la agricultura familiar en Argentina conllevan problemáticas de salud emergentes relacionadas con la contaminación del agua y la exposición a agrotóxicos en los territorios rurales. Ellas coexisten con la violencia de género y la vulneración de los derechos de las mujeres e infancias rurales en contextos de discriminación étnica y social. Con este trabajo, espero contribuir con la perspectiva de género y salud en los estudios antropológicos de las nuevas ruralidades. Su objetivo consiste en analizar desde la perspectiva de la interseccionalidad, las estrategias comunitarias para atender el derecho a la salud desplegadas por las redes territoriales del cordón frutihortícola del partido de General Pueyrredon, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Con un enfoque etnográfico colaborativo, realizamos entrevistas, observación participante y cartografías sociales con referentes de las redes territoriales de la Zona Oeste Rural y Batán durante los años 2023 y 2024. Reviso las propuestas comunitarias para atender las problemáticas emergentes como la violencia de género, el acceso a la justicia de las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, el acceso al agua potable, la soberanía alimentaria y la recreación de las infancias y adolescencias. Discuto los resultados desde la perspectiva comunitaria de las posiciones ecofeministas que permiten revisar el derecho a la salud desde significaciones más amplias vinculadas con las relaciones entre los géneros y con el medio ambiente. Concluyo que las nuevas ruralidades retoman valores y formas de organización social tradicionales que fueron arrasadas por la globalización.
Palabras clave: territorialidad, salud rural, género y salud, discriminación social.
Abstract: The deepening of the agro-industrial model and the marginalization of family farming in Argentina lead to emerging health problems related to water pollution and exposure to agrochemicals in rural areas. These coexist with gender-based violence and the violation of the rights of rural women and children in contexts of ethnic and social discrimination. With this work, I hope to contribute to the gender and health perspective in anthropological studies of new ruralities. Its objective is to analyze, from an intersectional perspective, the community-based strategies deployed by the territorial networks of the fruit and vegetable belt of General Pueyrredon, in the southeast of the province of Buenos Aires, Argentina, to address the right to health. Using a collaborative ethnographic approach, we conducted interviews, participant observation, and social mapping with representatives of the territorial networks in the Rural West Zone and Batán during 2023 and 2024. I review community-based proposals to address emerging issues such as gender-based violence, women's access to justice, sexual and reproductive rights, access to clean water, food sovereignty, and recreation for children and adolescents. I discuss the results from a community-based perspective on ecofeminist positions, which allow us to review the right to health from broader perspectives linked to gender relations and the environment. I conclude that new rural communities are reviving traditional values and forms of social organization that were devastated by globalization.
Keywords: territoriality, rural health, gender and health, social discrimination.
Resumo: O aprofundamento do modelo agroindustrial e a marginalização da agricultura familiar na Argentina levam ao surgimento de problemas de saúde relacionados à poluição das águas e à exposição a agrotóxicos em áreas rurais. Estes coexistem com a violência de gênero e a violação dos direitos de mulheres e crianças rurais em contextos de discriminação étnica e social. Com este trabalho, espero contribuir para a perspectiva de gênero e saúde em estudos antropológicos de novas ruralidades. Seu objetivo é analisar, a partir de uma perspectiva interseccional, as estratégias comunitárias implementadas pelas redes territoriais do cinturão hortofrutícola de General Pueyrredon, no sudeste da província de Buenos Aires, Argentina, para abordar o direito à saúde. Utilizando uma abordagem etnográfica colaborativa, conduzimos entrevistas, observação participante e mapeamento social com representantes das redes territoriais da Zona Rural Oeste e de Batán durante 2023 e 2024. Analiso propostas comunitárias para abordar questões emergentes como violência de gênero, acesso das mulheres à justiça, direitos sexuais e reprodutivos, acesso à água potável, soberania alimentar e lazer para crianças e adolescentes. Discuto os resultados a partir de uma perspectiva comunitária sobre posicionamentos ecofeministas, que nos permitem rever o direito à saúde a partir de perspectivas mais amplas, vinculadas às relações de gênero e ao meio ambiente. Concluo que novas comunidades rurais estão revivendo valores e formas tradicionais de organização social que foram devastados pela globalização.
Palavras-chave: territorialidade, saúde da população rural, saúde de gênero, discriminação social.
Introducción
La profundización del modelo de la agricultura intensiva y el agronegocio internacional a partir de la década de 1990 generan un espacio de discusión acerca de las nuevas ruralidades emergentes en América Latina y Argentina. Algunas posiciones visibilizan los efectos sociales y ambientales del extractivismo, mientras que otras prefieren predecir el advenimiento de una sociedad poscapitalista. Estas orientaciones fueron reconocidas por Hugo Ratier (2018:418), a las que definió respectivamente como “los restos del naufragio” y “el agro solidario del futuro". La primera entiende la nueva ruralidad como el espacio que quedó del campo luego de la expansión de las políticas neoliberales, la concentración de la propiedad de la tierra, la marginalización de la agricultura familiar y el éxodo de los pueblos a las ciudades. Para la segunda orientación, la nueva ruralidad deviene de las propuestas alternativas locales a través del agenciamiento de pequeños productores que se reúnen alrededor de la agroecología y la denuncia de las fumigaciones y la contaminación de las aguas.
Con este trabajo, espero contribuir con la perspectiva de género y salud en los estudios de las nuevas ruralidades que desarrolla la antropología (Balazote y Radovich, 2013). Su objetivo consiste en analizar desde la perspectiva de la interseccionalidad, las estrategias comunitarias para atender el derecho a la salud desplegadas por las redes territoriales del cordón frutihortícola del partido de General Pueyrredon, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina, durante los años 2023 y 2024. Reviso las propuestas comunitarias para atender las problemáticas emergentes en las zonas rurales, como la discriminación, la violencia de género, el acceso a la justicia de las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, el acceso al agua potable, la soberanía alimentaria y la recreación de las infancias y adolescencias. Discuto los resultados desde la perspectiva comunitaria de las posiciones ecofeministas que permiten revisar el derecho a la salud desde significaciones más amplias vinculadas con las relaciones entre los géneros y con el medio ambiente. Concluyo que las nuevas ruralidades describen dimensiones de un fenómeno complejo: reúnen los estragos del capitalismo tardío en los alimentos, los suelos, las napas de agua y el aire que respiramos, las condiciones de vida, producción y trabajo y las relaciones de género, con los movimientos y redes sociales que resisten desde los lugares cotidianos de la solidaridad comunitaria, la producción agroecológica y la igualdad de género para promover otras formas de habitar los territorios rurales.
Interseccionalidad y salud
La perspectiva feminista de la interseccionalidad enunciada a finales de la década de 1980 comprende las relaciones sociales desde la intersección de las dimensiones de la opresión (Crenshaw, 1989). Entiende que la etnicidad y la clase social se sobreimprimen en el género y la generación produciendo relaciones de dominación y subordinación entre los grupos sociales. Así las mujeres y niñas pauperizadas, indígenas, negras o mestizas ocupan los lugares sociales de mayor discriminación, por su condición de género, etnicidad y clase. En el campo de la salud, el análisis interseccional considera la complejidad de estas intersecciones en la generación de posiciones sociales, relaciones de poder, sistemas de discriminación y subordinación en los que las mujeres y niñas viven las experiencias de salud y enfermedad (Couto et al., 2019). El género, la generación, la etnicidad y la clase social constituyen dimensiones de la opresión que se sobreimprimen en una dinámica de dominación con efectos en las experiencias subjetivas del proceso de salud, enfermedad, atención-cuidados. Tales formas de opresión y discriminación operan sobre el género y las diversidades, la clase social y la desigualdad, la etnicidad y las migraciones, las infancias, adolescencias y personas mayores.
Desde un enfoque inteseccional, las relaciones de dominación y discriminación conllevan consecuencias en las prácticas de cuidado. Existe una devaluación del trabajo de cuidado en nuestras sociedades puesto que contiene las dimensiones de género y generación, etnicidad y clase social. Así se produce un “círculo vicioso” que extiende la devaluación del trabajo de cuidados a las personas destinatarias y grupos vulnerados (Hirata, 2014:67). En el extremo de las relaciones de opresión se manifiesta la violencia contra las mujeres. Ella fue llamada la otra pandemia por su exacerbación durante el confinamiento de 2020 (ONU Mujeres, 2021). La violencia tiene consecuencias en la salud mental de las mujeres, tales como depresión, estrés, ansiedad generalizada, consumo de alcohol y otras sustancias. Las mujeres violentadas pueden sufrir desestabilización emocional y debilitamiento de la autoestima que derivan en trastornos de ansiedad, fobias, depresión, disfunciones sexuales y alteraciones de personalidad (Ariza-Sosa et al., 2021).
La discriminación, las microviolencias cotidianas y las violencias de género pueden llegar a los femicidios en sus manifestaciones extremas. No pueden explicarse en términos individuales o personales ni agotan su comprensión en las dinámicas familiares. Las formas sociales de discriminación y violencia se inscriben en la violencia estructural que caracteriza a las sociedades occidentales, y dan cuenta de la “feroz alianza entre patriarcado y capitalismo”, señalada por Ana María Fernández (2017:272). La naturaleza patriarcal del sistema de producción capitalista produce relaciones de subalternidad de las mujeres respecto de los varones, los niños y las niñas en relación con los adultos, las etnias y los blancos, trabajadores y propietarios. Según Silvia Hirsch, Ingrid Müller y Laura Pérez (2021), la violencia estructural conlleva manifestaciones de discriminación que producen efectos en el cuerpo, las emociones, la sociabilidad y las prácticas de las personas, que se suman a las dificultades de acceso a derechos y la desposesión territorial: “la violencia estructural deteriora la salud de las personas al ser el resultado de un complejo conjunto de factores que incluyen una historia de desposesión, la negación de la identidad y la marginación social” (Hirsch et al., 2021:6).
Desde los lugares sociales de la subalternidad se construyen las territorialidades que se apartan de las formas oficiales de delimitar los espacios geográficos. Se trata de imaginarios sociales que van a configurar los espacios habitados a partir de las experiencias subjetivas y colectivas del vínculo social. Lejos de la cristalización de la dominación, entiendo estos imaginarios según el potencial transformador de las relaciones sociales (Fernández, 2008). Con este trabajo intento visibilizar desde la perspectiva feminista de la interseccionalidad los vínculos sociales que sostienen la vida en los territorios rurales atravesados por las relaciones de discriminación que impone la formación social hegemónica sobre las mujeres, niñas, niños y adolescentes pauperizados y migrantes. El derecho a la salud se vincula con el territorio entendido como el lugar de expresión, el espacio afectado e intensamente vivido (Despret, 2022). Ello conlleva reconsiderar este derecho de acuerdo con la ampliación de la concepción de salud como el cuidado que desborda la aproximación biomédica, y se ejerce colectivamente con la finalidad de sostener la vida cotidianamente en los territorios, desarmar las condiciones de discriminación étnica y social y construir otras formas de relación entre los géneros y con los demás seres en la naturaleza.
La salud y el género en los estudios rurales
La mayoría de los estudios que abordan las condiciones de vida y salud en los ámbitos rurales de América Latina y Argentina desde una perspectiva de género focalizan su mirada en la vulneración de los derechos de las mujeres. Señalan especialmente la sobrecarga de trabajo cotidiano de las mujeres rurales, la precarización laboral encubierta como ayuda familiar, la invisibilización del trabajo femenino, así como las consecuencias dramáticas del acceso desigual a la atención de la salud sexual y reproductiva. A su vez, los estudios de salud materna disponibles en América Latina no prestan suficiente atención a la dimensión de la ruralidad en sus análisis, a pesar de que las mujeres rurales padecen mayor riesgo de morir por causas relacionadas con el embarazo, parto y puerperio debido a las grandes distancias y los costos del transporte, entre otros factores (Landini et al., 2015). En Argentina, persisten desigualdades en la distribución de las tareas de cuidado entre los géneros, profundizadas con la pandemia de covid-19, debido a la suspensión de los espacios públicos de cuidado de las y los niños, adolescentes, personas mayores o enfermas (Batthyány, 2020; Tajer, 2021; Alonso et al. 2023). Se considera natural que el cuidado es una responsabilidad de las familias, y dentro de ellas las mujeres asumen la mayor parte de esa responsabilidad. Mascheroni, Alberti y Angulo (2022) señalan que en los ámbitos rurales se suman los déficits de los servicios básicos como agua potable, energía eléctrica, sanitarios y transporte y una menor disponibilidad de tecnologías de soporte doméstico. Ello enfrenta a las mujeres rurales a mayores tareas que sobrecargan su vida cotidiana, como acarrear leña y buscar agua potable.
Diversas autoras encuentran que en las chacras familiares se combinan la producción y la residencia en el mismo espacio (Grabino, 2010; Batthyány, 2013; Rojas, 2018). Es decir que se desdibujan los límites entre el trabajo productivo en el campo y el doméstico en el hogar. Las mujeres alternan de una esfera a la otra en un círculo continuo. Según Pessolano y Linardelli (2021) esta permanente superposición entre los trabajos domésticos y productivos se presenta como una extensión de las actividades domésticas que tiende a desvalorizar e invisibilizar el trabajo de las mujeres en los contextos rurales. Mascheroni, Alberti y Angulo (2022) destacan que en la horticultura del periurbano bonaerense, las mujeres, muchas de ellas migrantes andinas, enfrentan una triple jornada laboral, que incluye trabajar a la par de los varones en los invernaderos hortícolas, asumir las tareas de cuidado en el hogar y sumar responsabilidades comunitarias y gremiales. A su vez, la responsabilidad femenina en las actividades de cuidado familiar y doméstico afecta sus relaciones laborales. Las mujeres rurales quedan expuestas a formas de subcontratación de las empresas agrarias, profundizando las condiciones de precarización y pobreza que someten a las familias asalariadas, jornaleras e indígenas. Las autoras también destacan la contribución al cuidado colectivo del medio ambiente que realizan las mujeres en los ámbitos rurales como la promoción de la agroecología, y cómo esto es también invisibilizado y no reconocido. Explican también cómo desde las perspectivas ecofeministas se denuncia la relación estrecha entre la subordinación de las mujeres y la explotación de la naturaleza, como lógica de dominación y sometimiento de la vida al servicio de la acumulación.
Método
Con un enfoque etnográfico colaborativo, realizamos entrevistas en profundidad, observación participante y cartografías sociales con las redes territoriales de Batán y la Zona Oeste Rural del partido de General Pueyrredon, ubicado al sudeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Incorporamos las técnicas participativas de la cartografía social para aproximarnos a las etnografías colaborativas (Rappaport, 2007) del proceso de salud, enfermedad, atención y cuidados. Las cartografías permiten construir una matriz colectiva de conocimiento situado (Barragán-León, 2019) que resulta acorde a la perspectiva feminista de la interseccionalidad porque prioriza el carácter situado de la producción del conocimiento. Trabajamos con objetivos cartografiables y derroteros preparados en entrevistas preliminares con referentes sociales y reuniones con las redes comunitarias. Los mapeos son una producción colectiva de los territorios (Díez Tetamanti, 2017) cuya creatividad trasciende los límites de la cartografía oficial o la informática, parten de la hoja en blanco para arribar a esa construcción colectiva. En este sentido, la cartografía social constituye una alternativa a la investigación en ciencias sociales (Bedin da Costa, 2019).
Entrevistamos a referentes de las organizaciones y movimientos sociales que componen las redes territoriales (13 mujeres y 6 varones) y realizamos observación participante de las actividades comunitarias durante los años 2023 y 2024. Las entrevistas se orientaron a describir las redes y organizaciones sociales y planificar de manera colaborativa los talleres de cartografía social. Compartimos dos talleres de mapeo participativo sobre las redes comunitarias de cuidado de la salud, uno con la Red Juntos Podemos de la Zona Oeste Rural (ZOR) en Sierra de los Padres y otro en El Boquerón con la Red Territorial Batán. Participaron 30 referentes en los mapeos, con una amplia mayoría femenina que incluyó la colaboración de sólo 4 varones. Trabajamos de manera rizomática (Deleuze y Guattari, 1994), conectando horizontalmente la producción en grupos de acuerdo a la búsqueda de consensos para la producción del plano común que luego se puso de manifiesto en los plenarios. Dibujamos sobre papel en blanco con el objetivo de mapear las experiencias de cuidado de la salud de las redes territoriales desde la pandemia hasta el tiempo presente. Las dimensiones de análisis incluyeron el territorio, la población, las actividades económicas, las problemáticas de salud desde la perspectiva de género y derechos, las actividades y proyectos de las redes comunitarias para el cuidado de la salud y su articulación con áreas del estado. Los mapas fueron ensamblados y digitalizados para su devolución en nuevos encuentros ampliados con las redes comunitarias y los Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS).
El cordón frutihortícola del partido de General Pueyrredon es un área que rodea las localidades de Mar del Plata y Batán sobre las rutas provinciales 88 y 2 y la ruta nacional 226. Debido a sus condiciones agrícolas, es el segundo más importante de Argentina, luego del de La Plata. Su producción de frutas y hortalizas abastece los principales centros urbanos del país. Corresponde a la segunda actividad productiva del partido, luego de la pesca extractiva. La actividad frutihortícola es intensiva en fuerza de trabajo, uso de la tierra y capital. Se estima que un tercio de las y los frutihorticultores son trabajadores migrantes de Bolivia (Belderrian, Atucha y Lacaze, 2017). Se destaca el trabajo familiar, con predominio masculino pero una importante presencia de mujeres en las tareas agrícolas que realizan un trabajo invisibilizado como ayuda familiar en las quintas (Alonso y Dalmonico, 2023). El trabajo femenino se evidencia en la actividad frutihortícola intensiva a campo y bajo cubierta y en plantas de procesamiento y empaque (Bocero y Di Bona, 2013).
En las zonas rurales de General Pueyrredon, las organizaciones sociales se articulan en redes territoriales intersectoriales con áreas del estado como salud y educación. Están conformadas por asociaciones vecinales, asambleas ambientalistas, movimientos sociales, iglesias, bibliotecas, escuelas, centros de salud. La mayoría de las actividades son realizadas por mujeres. Se organizaron en años anteriores a la pandemia para tratar colectivamente las problemáticas territoriales más urgentes. Con el tiempo, las crisis económicas y sociales, los modelos productivos intensivos, el crecimiento demográfico y la desigualdad social fueron complejizando las problemáticas sociales. La segmentación social y la discriminación étnica se conjugan con condiciones precarias de trabajo y vivienda, el acceso desigual a la tierra, la exposición a agrotóxicos y contaminación del agua, la violencia de género, la vulneración del derecho a la salud de las mujeres rurales y a la recreación de niños, niñas y adolescentes. En este artículo analizo las estrategias comunitarias con las redes territoriales para atender las problemáticas emergentes de salud en las zonas rurales.
Resultados
La emergencia de la discriminación
La Red Territorial Batán nuclea a referentes de las organizaciones sociales de los barrios rurales sobre la ruta provincial 88, El Boquerón, Estación Chapadmalal, Villa del Parque, San Francisco y de la localidad de Batán, trabajadores de la salud y la educación, funcionarios de la delegación municipal y el Centro de Extensión (CEU) de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). La violencia de género, la emergencia alimentaria y el consumo de alcohol son problemáticas de salud que atiende la Red Batán. Las deficiencias del transporte público conllevan dificultades para el acceso a los servicios de salud, educación y recreación. Las actividades productivas incluyen las canteras, hornos de ladrillo, aserraderos, el parque industrial y el cordón frutihortícola que rodea Batán. La convivencia de estas actividades conforma un espacio denominado rururbano, caracterizado por la expansión y superposición de elementos urbanos y rurales (Cardoso y Fritschy, 2012). Según las referentes sociales entrevistadas, la mayoría del trabajo es informal, de época o temporada, los puestos del parque industrial son ocupados por trabajadores que vienen de otras zonas. Ello hace que los ingresos de las familias sean precarios y abunden los problemas habitacionales. Con la cartografía social (Figura 1), las participantes de la Red Batán, mujeres en su mayoría, manifiestan que existe prejuicio y discriminación que les excluye de los derechos al trabajo, la salud, la educación y la recreación:
El parque industrial es el trabajo formal, registrado y no participa tanto la comunidad de Batán. Y está en Batán. Son los sueldos mejores, otras condiciones laborales. Y esa legalidad no está pensada para los habitantes. .. Por eso digo…, yo siento que sobre la zona hay un prejuicio que tiene que ver con todo esto. Vas a acceder al trabajo informal, vas a acceder a las quintas... y lo formal está pensado para otros. (Referente barrial)
La discriminación que pesa sobre Batán se retroalimemta con la instalación de la cárcel federal sobre la ruta 88. La zona está ubicada a sólo 10 km de Mar del Plata, la ciudad costera cabecera del partido, pero está asociada a la presencia del penal. Según las referentes: “hasta la cárcel es Batán y después para allá Mar del Plata ... ¿Dónde trabajás? En Batán. Ah, en la cárcel. Como si no hubiera nada más que eso en Batán” (Trabajadora social). La discriminación es reproducida también por los funcionarios del municipio, quienes consideran que la gente de los barrios de Batán sólo utliza el transporte público para llegar al Hospital Materno Infantil de Mar del Plata, pero nunca para acceder a descansar a la playa, salir a pasear o ir al cine:
No tenemos el transporte como tiene que ser, en los horarios, con la frecuencia... Es muy desgastante todo eso. Y por eso digo, el vulnerarnos el derecho al transporte abre la puerta a que nos vulneren otras cosas también. El derecho a la salud, el derecho a la educación... Y también el derecho a recrearnos, porque no podemos ir ni siquiera a un show gratuito a la noche, en el verano, porque no tenemos colectivo para volver... Solamente podemos ir al Materno pero no podemos ir a tomar un café. El derecho a la recreación y de poder habitar otros espacios. (Referente barrial)
La discriminación es referida a la residencia de familias migrantes de origen boliviano. La violencia de la discriminación étnica se manifiesta en las escuelas, donde según docentes y auxiliares tienen que reflexionar en forma constante sobre el color marrón de la piel y el trabajo:
Yo lo que creo, que sobre Batán hay un prejuicio que tiene que ver con la población, con que sea población boliviana. Entonces, son bolitas, son de afuera, porque lo vemos en la convivencia de los estudiantes, que tenemos que estar reflexionando todo el tiempo sobre el color negro o marrón de la piel, sobre el trabajo. Por ejemplo, insultos que utilizan..., hay uno que es kispi, que es cosechador de papas (en quechua)... (Docente)
Otra de las problemáticas emergentes en la cartografía con la Red Territorial Batán, es la dificultad de las mujeres para acceder a la justicia puesto que sus denuncias de violencia de género son desestimadas por agentes policiales vecinos o amigos de los agresores. La Red realiza actividades de promoción de la equidad de género y prevención de la violencia junto con el área municipal de políticas de género, los CAPS y el CEU:
Las mujeres dicen que los policías son del barrio y a veces a ellas eso les da desconfianza, porque conocen a sus agresores. Entonces una de las cosas que solicitan es que la policía que esté dentro de la comisaría no sea de Batán... Cuando van a hacer la denuncia, no la quieren tomar, no le ponen el detalle, siempre defienden al agresor. La comisaría de la mujer funciona atrás de la (comisaría) octava. Y la octava, generalmente lo que hace es filtrar. Es la barrera. Llegan las mujeres y no pueden hacer la denuncia: no, eso que venís no se denuncia o vos se lo dejaste llevar al nene, entonces qué vas a reclamar. (Trabajadora social)
Los movimientos sociales y las organizaciones que conforman la Red Batán movilizaron recursos y acompañaron todo el período de la pandemia. Articularon con las áreas del estado como salud, educación, desarrollo social y políticas de género. El Boquerón ganó el concurso del presupuesto participativo de la municipalidad por iniciativa comunitaria para la construcción de un playón deportivo para las niñeces y adolescencias del barrio, en una zona rural donde no existen espacios de reunión y socialización fuera de la escuela. Sin embargo el proyecto se encuentra demorado en su ejecución. La referente barrial, promotora de este proyecto y hacedora de otros, como acompañar todos los sábados a las niñas y niños del barrio rural a la clase de natación en la pileta municipal ubicada en Mar del Plata, afirma al respecto: “conmigo saben que yo no soy ninguna tibia. A mí el playón me lo van a hacer” (Referente barrial).

La salud de las mujeres rurales
Las dinámicas de la discriminación tienen efectos concretos en la salud de las mujeres rurales y sus bebés, en el cordón frutihortícola de General Pueyrredon. Las mujeres trabajan con los hombres en las quintas donde las familias acceden a condiciones informales de trabajo conocidas como “porcentajeros”, en las que el dueño de la tierra provee las herramientas, la semilla y los “remedios” llevando el 70% del rinde y las familias aportan su trabajo agrícola por el 30% de la cosecha. Las mujeres manifiestan con preocupación que “hay veces que en otras quintas apenas tenés el bebé a los dos días tenés que salir si o si a trabajar, si trabajás con patrón o sea a porcentaje” (Delegada rural). Los bebés van con sus mamás a trabajar al campo o quedan en las casas al cuidado de hermanas mayores: “yo tengo bebé y me lo llevo al campo” (Delegada rural). Sin un sueldo y realizando un trabajo invisibilizado como ayuda familiar las mujeres rurales afirman: “trabajás igual, das la teta, pero lo tenés con vos. No es que parás, hay muchos menores que están en casa o sea tenés tu bebé, bueno andate a trabajar” (Delegada rural).
Las relaciones del trabajo rural también son reproductoras de la violencia machista. En la mayoría de las quintas no tratan con familias trabajadoras a cargo de una mujer sin pareja o hermanos varones: “a las mujeres solas los patrones no les dan trabajo..., porque dicen que las mujeres solas no pueden defender la quinta y ellos pierden” (Delegada rural). Ello genera que mujeres que se encuentran viviendo violencia de género en sus hogares, no puedan dejarlos porque se quedan sin trabajo: “por ahí tenés que aguantar porque si no quien te va a dar trabajo, si vos trabajás de campo y aparte tenés chicos para ir a trabajar a la ciudad, ¿como hacés?... Ella se la banca así. Se tiene que aguantar al marido, ¿qué va a hacer?” (Delegada rural).
Organizaciones sociales como el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE Rural) activan iniciativas para acceder a la tierra que contemplan ofrecer contención para las compañeras que estén en situación de violencia de género. La organización cuenta con un espacio de género que está llevando adelante un proyecto de casas refugio que permita a las mujeres salir de la situación de violencia. Se trata de casas temporales donde las mujeres puedan reconstruir su economía y luego incorporarse a una de las ramas productivas. Reconstruir es un programa que nació durante la pandemia e incorpora espacios de cuidado para la niñez.
A la vulneración de derechos se suman las dificultades de acceso a los servicios de salud de las mujeres rurales, no solamente por las distancias, sino por la discriminación étnica y social que atraviesa los efectores de salud:
Es difícil en el campo porque nosotras..., yo cuando quería ir a hacerme un control de embarazo tenía que ir hasta el CAPS, y madrugar para sacar el turno, porque nos daban un turno ahí en ventanilla... Y a la hora de ir a dar a luz, tenés que irte hasta el Materno y dejás… a toda tu familia ahí..., tus otros hijos... (Delegada rural)
Muchas de las mujeres trabajadoras rurales manifiestan sufrir discriminación en los centros de salud, “por ser paisanas”, “por no saber leer”, por ser migrantes y no entender “porque aquí hablan rápido”: “yo cuando vine (de Tarija, Bolivia), iba a cumplir 15 años. No entendía nada de lo que decían..., de vuelta le preguntaba y no le gustaba, viste” (Delegada rural).
El higienismo que predomina en los servicios de salud refuerza la estigmatización de las trabajadoras rurales. La focalización en el lavado de manos contribuye a generar la degradación del trabajo rural, que provee las bases de la alimentación en las ciudades. El trabajo en las quintas está invisibilizado, desvalorizado y racializado, en los discursos y en las prácticas de los efectores de salud, con importantes efectos en la subjetividad de las mujeres rurales, quienes señalan: “por ejemplo hay alguna paisana que trabaja en la verdura, en el tomate, tiene la mano negra, viste. Porque vos agarras y por más que te lavás... Y la ven con la mano así, uf...” (Delegada rural).
Por eso las paisanas optan por usar guantes para trabajar la tierra:
Ahora ya sabemos, usamos guantes. Por ahí si yo tengo las manos limpias es porque uso guantes. Porque si no, antes las tenía partidas y negras. Pero ni por más que te laves con lavandina. Nosotras antes de salir nos lavamos con lavandina y cepilladas. (Delegada rural)
La experiencia colectiva por el ambiente y la salud rural
Las relaciones de trabajo en el cordón frutihortícola y las dificultades de acceso a la tierra que tienen las familias productoras, favorecen un modelo de producción intensivo que afecta la salud de las familias rurales expuestas en forma directa a la manipulación de agrotóxicos. Movimientos sociales, asambleas agroecológicas y la Red Juntos Podemos de la ZOR comparten la preocupación por la contaminación del agua, las fumigaciones y la soberanía alimentaria. La ZOR abarca los barrios Santa Paula, Laguna de los Padres, La Peregrina, Sierra de los Padres, La Gloria de la Peregrina, El Paraíso, San Carlos, Colinas Verdes y El Dorado sobre la ruta nacional 226 (Figura 2). La Red Juntos Podemos está conformada por representantes de las asociaciones vecinales, movimientos rurales, asambleas ambientalistas, bibliotecas, escuelas, el centro de salud, la delegación municipal y el CEU.

La red comunitaria de la ZOR se organiza en comisiones que atienden los distintos temas prioritarios para la comunidad: género, transporte, educación, salud. La comisión de género concretó la iniciativa de visibilizar la violencia de género a través de murales colectivos en los corredores viales de la ruta 226. Artistas locales reprodujeron los dibujos realizados por estudiantes de las escuelas de la zona con mensajes de prevención de la violencia. La comisión de educación, integrada por docentes y orientadoras educativas de las escuelas de la ZOR acompaña las trayectorias de niñas, niños y adolescentes prestando atención a las realidades cotidianas. Intervienen desde la enseñanza, pero atienden las situaciones de alimentación, habitación, transporte, salud y género. En las escuelas también se evidenció la contaminación de las napas de agua, gracias a un trabajo de la Red con la UNMdP. Las referentes comunitarias asocian la exposición a agrotóxicos con problemáticas de salud recurrentes en las escuelas: dificultades en la visión, diagnósticos oncológicos en las familias, especialmente en las mujeres, enfermedades de la piel, respiratorias, convulsiones y epilepsia. Estas problemáticas son trabajadas en conjunto con el Consejo local de niñez y adolescencia y el CAPS de La Peregrina.
La cartografía con la Red ZOR manifiesta que las relaciones con el CAPS son colaborativas en este sentido. El CAPS comenzó a registrar las enfermedades asociadas con agrotóxicos. La red sistematiza los estudios sobre la contaminación que se realizan en la zona, como los que encontraron rastros de glifosato y otros agrotóxicos en el suelo, el agua, el aire, la sangre y la materia fecal humana (Proyecto SPRINT, 2020) y los análisis de los pozos de agua de las escuelas por el Grupo Aguas de la Secretaría de Extensión de la UNMdP (2025). En referencia a los resultados de este proyecto, afirman: “nuestros hijos, en las escuelas, no pueden tomar el agua de la canilla. A las escuelas se lleva agua embotellada” (Referente comunitaria). Integrantes de la Red advierten que en la ZOR ocurre la recarga del acuífero pampeano que alimenta a varios partidos del sudeste bonaerense.
Según las y los participantes, en las quintas, las familias porcentajeras viven en condiciones de pobreza, donde se generan los casos de tuberculosis y embarazos en adolescentes:
Familias que viven en un solo ambiente con muchos hermanitos, que todos duermen en una misma cama, que no tienen agua caliente, que tienen piso de tierra. Entonces no poder ir a la escuela, para ese estudiante, para ese niño, niña, adolescente, y era la única posibilidad de sociabilizar, de que le pasen otras cosas... (Orientadora educativa)
Destaca en las zonas rurales la ausencia de espacios de reunión y actividades recreativas y culturales para las infancias y adolescencias, desde un punto de vista que amplía el concepto de salud más allá de la ocurrencia de la enfermedad:
El no contar con espacios que promuevan, que alojen a los chicos y a las chicas en la posibilidad de la construcción de otras cosas, de relacionarse; esta gran ausencia también tiene un impacto, por supuesto, en los procesos en torno a la salud. (Orientadora educativa)
El trabajo comunitario de la Red ZOR se despliega en un territorio que se encuentra segmentado social y étnicamente. Conviven en la zona barrios de clase media, con atracción turística, habitados por familias criollas provenientes de Mar del Plata en muchos casos, y barrios de trabajadores rurales, conformados por familias migrantes de países limítrofes como Bolivia y Paraguay y de provincias del noroeste y noreste de Argentina. Muchas familias hablan quechua, aymara o guarani:
La comunidad boliviana, paraguaya, todas esas comunidades extranjeras que vienen y se instalan a trabajar acá y que, sin embargo, en las redes…, la Red Juntos Podemos, las sociedades de vecinos y demás, no tienen una participación activa porque su cultura o el ritmo de trabajo no se las permite. (Docente)
Las referentes también observan la baja presencia de las masculinidades en los espacios de trabajo. Como en otras organizaciones y ámbitos de participación comunitaria, las mujeres ocupan el lugar de las mayorías:
Eso no quiere decir que no haya más varones en la zona rural... Y si consensuamos que la mayoría de acá es del colectivo marrón, si queremos decirlo en ese término, o de la comunidad boliviana o del norte del país, por ejemplo… a veces les cuesta participar de esos espacios... (Docente)
En la Reserva Natural de Laguna de los Padres, una comunidad multicultural denominada Kaiu Antu (Sexto Sol) sostiene un espacio ceremonial y promueve la revitalización lingüística y cultural de los antiguos habitantes del territorio pampeano: el pueblo günün a küna, conocido como pampa o tehuelche septentrional. La comunidad comparte algunas actividades puntuales con la red como la defensa de la laguna y recientemente la difusión de la lengua günün a yajüch.
Discusión
Los talleres de cartografía social realizados entre 2023 y 2024 con las redes territoriales de las zonas rurales de General Pueyrredon en la provincia de Buenos Aires, Argentina, estuvieron orientados a visibilizar las estrategias comunitarias para atender el derecho a la salud. Durante los mapeos participativos emergieron relatos de discriminación étnica, social y de género que conllevan efectos concretos en los cuerpos, las relaciones y las prácticas de cuidado y atención de la salud de las niñas, niños y mujeres. La discriminación también se expresa en la vulneración de derechos en salud y las relaciones abusivas de trabajo y acceso a la tierra y la vivienda de las familias que habitan el cordón frtuihortícola. Forman parte del complejo sistemático de violencia estructural ejercida por un grupo social devenido hegemónico en procesos históricos, políticos y económicos (Hirsch, Müller y Pérez, 2021).
Las dificultades de las relaciones interculturales con los servicios de salud han sido objeto de estudio en la antropología de la salud. Eduardo Menéndez (2006) señala que las actividades educativas con perspectiva intercultural en los efectores de salud deben partir del reconocimiento de la existencia de concepciones racistas en la población latinoamericana y el personal de salud en particular. Según el autor, estas concepciones “operan en gran medida inconscientemente en términos culturales; son parte de una ideología de discriminación y estigmatización que la población no registra en sus actividades cotidianas incluido el personal de salud…” (Menéndez, 2006:60). Esta matriz racista forma parte de la matriz colonial que aún persiste en las sociedades latinoamericanas, y se reactiva en las relaciones interétnicas. La afectación generada por la discriminación como expresión de la violencia estructural propia del racismo colonial deviene extrema en los procesos de salud, enfermedad, atención, cuidados puesto que ellos comprometen los cuerpos y los momentos fundantes de la condición humana como el nacimiento, la enfermedad y la muerte.
Sin embargo, en los territorios, las redes comunitarias y los movimientos sociales organizan estrategias colectivas de sostenimiento de la vida cotidiana con modalidades horizontalizadas e inclusivas. Paradójicamente, la pandemia amplifica procesos de participación social de las comunidades rurales a través de las redes que articulan organizaciones sociales, asambleas ambientalistas, sociedades de vecinos, efectores de salud y educación. Las redes territoriales reivindican conceptualizaciones del derecho a la salud que desbordan la exclusividad de la aproximación biomédica. Estas reivindicaciones incluyen las condiciones de no discriminación étnica y social, las relaciones no violentas entre los géneros, el cuidado de las infancias y una convivencia más armoniosa con el medio ambiente.
El proceso de cartografiado puede abrir la reflexión en torno a diferentes dimensiones de la perspectiva de la interseccionalidad: la composición social de los territorios rurales y las problemáticas particulares de salud emergentes. Los territorios del cordón frutihortícola de General Pueyrredon muestran una fuerte segmentación social atravesada por las dimensiones étnicas, de clase y de género y generación, que se expresa en los modos de participación social en las actividades comunitarias. Esta segmentación está territorializada en la distribución geográfica de la zona: los barrios turísticos de la ZOR ocupados por residentes criollos, que contrastan con las quintas, los establecimientos rurales y las canteras de Batán caracterizados por su población migrante. Las posibilidades de reterritorialización, en el sentido emancipador otorgado por Félix Guattari y Suely Rolnik (2005), de estrategias colectivas que trasciendan la discriminación social, requieren de la construcción del plano común propio de lo comunitario. Las redes territoriales colaboran con la integración de la diversidad social en las acciones colectivas, pero persisten diferencias relacionadas con los modelos de producción frutihortícola que están vinculados a las desigualdades de acceso a la tierra y al trabajo rural (Barbetta y Domínguez, 2016). Algunos movimientos sociales han logrado aglutinar familias de la agricultura familiar con diversas procedencias, y promueven proyectos propios, acompañados por la universidad, que incluyen la agroecología y la equidad de género.
En las problemáticas locales emergentes confluyen la discriminación, la violencia de género, la contaminación del agua, la exposición a agrotóxicos, las deficiencias del transporte y la ausencia de espacios recreativos para las niñeces y adolescencias. Estas emergencias resultan coincidentes con las preocupaciones de los feminismos. Según Mies (2019), la profundización de la crisis económica a nivel global, la desaparición del varón proveedor y el proceso de pauperización de las mujeres, generan un desplazamiento de la mirada feminista hacia propósitos más amplios, como revisar el capitalismo y el colonialismo y construir alternativas para las sociedades futuras.
Con las cartografías sociales logramos construir un plano común con las redes territoriales de la ZOR y Batán, que nos acerca al concepto de “lo común”. Desde la perspectiva feminista, lo común se define como la posibilidad de nuevas formas de cooperación, que incluyen el reconocimiento de los riesgos de la dominación mercantil de los vínculos intersubjetivos (Federici, 2018). Las acciones colectivas relevadas en este trabajo, para prevenir la violencia de género, promover la recreación de las infancias y adolescencias rurales, defender el agua para la vida y denunciar las fumigaciones son expresiones del plano común donde se construyen los vínculos sociales solidarios por fuera de la acumulación del mercado. Las mujeres en su mayoría son las encargadas de construir “los nuevos comunes” que nos protejan del “desastre ecológico”, como apunta Federici (2018:297).
De acuerdo con esta perspectiva comunitaria, las denominadas comunidades del compost, distribuidas por las zonas desbastadas y encargadas de generar condiciones de vida favorables luego de la crisis planetaria (Haraway, 2017), pueden devenir en “el agro solidario del futuro” que emerja de “los restos del naufragio”, según las expresiones señaladas de Ratier (2018). Las nuevas ruralidades promueven otros modos de habitar los territorios, donde la solidaridad comunitaria, la producción agroecológica y la igualdad de género enfrentan los modelos productivos intensivos, la discriminación social y la violencia de género. Las redes territoriales y movimientos sociales de las zonas rurales de General Pueyrredon se movilizan para visibilizar la violencia y la discriminación, reconocen sus efectos en el derecho a la salud de las comunidades y organizan actividades en defensa del territorio y de la vida que reconocen la diversidad étnica y cultural de la región pampeana. Estas otras formas de ruralidad recuerdan los modos de vida apoyados en las relaciones de reciprocidad que fueron descritos tradicionalmente por la antropología y que actualmente son fuente de inspiración de las producciones del ecofeminismo. Desde esta perspectiva, las nuevas ruralidades retoman valores y formas de organización social tradicionales en la diversidad de las culturas humanas que fueron arrasadas por la globalización. Pero las comunidades rurales resisten con la participación protagónica de las mujeres e imaginan otras formas de habitar los territorios, más respetuosas de los vínculos comunitarios, la equidad de género y la agroecología.
Agradecimientos
Agradezco a las y los referentes de las redes comunitarias de Batán y la Zona Oeste Rural de General Pueyrredon, provincia de Buenos Aires, por su participación. Una versión resumida de este artículo fue presentada en las IV Jornadas de Antropología y Salud de la Red de Antropología y Salud de Argentina, realizadas en la Universidad Nacional de Salta en octubre de 2024. El trabajo forma parte del proyecto de investigación “Los efectos de la pandemia de covid-19: estrategias comunitarias y derecho a la salud desde una perspectiva interseccional”, financiado por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación de Argentina, a través de la convocatoria PICTO Género 2022-035.
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