Artículos
Recepción: 24 abril 2025
Aprobación: 28 julio 2025
Resumen:
Puerto Pirámides es el único núcleo poblacional dentro de Península Valdés, provincia de Chubut. Este territorio integra el listado de la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad por su importancia en la conservación de ciertos mamíferos marinos, entre ellos, la ballena franca austral. El avistaje embarcado de esta especie es el motor actual de la economía en el pueblo, su rol es preponderante en la vida de la comunidad que celebra una fiesta popular en su honor cada 25 de septiembre, en conmemoración al exitoso rescate de un ejemplar de ballenato acontecido en sus costas en el año 2002.
En los últimos años la cantidad de ballenas muertas que aparecieron en sus costas han preocupado enormemente a los pobladores por el estrecho vínculo que mantienen cotidianamente con las ballenas y su hábitat. A través de un enfoque etnográfico, con observación participante en el campo, entrevistas abiertas y análisis de distintos documentos, buscaremos analizar el impacto de la vida y la muerte que estos ejemplares tienen en la aldea de Puerto Pirámides y en la vida cotidiana de sus habitantes.
En los últimos años la cantidad de ballenas muertas que aparecieron en sus costas han preocupado enormemente a los pobladores por el estrecho vínculo que mantienen cotidianamente con las ballenas y su hábitat. A través de un enfoque etnográfico, con observación participante en el campo, entrevistas abiertas y análisis de distintos documentos, buscaremos analizar el impacto de la vida y la muerte que estos ejemplares tienen en la aldea de Puerto Pirámides y en la vida cotidiana de sus habitantes.
Palabras clave: patrimonio, turismo, ballena.
Abstract:
Puerto Pirámides is the only population center within the Valdés Peninsula, in the province of Chubut. This area is listed by UNESCO as a World Natural Heritage Site for its importance in the conservation of certain marine mammals, including the southern right whale. Boat-based whale watching is currently the driving force of the town's economy, playing a key role in the life of the community, which celebrates a popular festival in its honor every September 25th, commemorating the successful rescue of a calf that occurred on its shores in 2002.
In recent years, the number of dead whales that have appeared on its shores has concerned residents due to the close daily connection they maintain with whales and their habitat. Through an ethnographic approach, with participant observation in the field, open-ended interviews, and analysis of various documents, we will seek to analyze the impact of the life and death of these specimens on the village of Puerto Pirámides and the daily lives of its inhabitants.
Keywords: heritage, tourism, whale.
Resumo:
Puerto Pirámides é o único centro populacional da Península Valdés, na província de Chubut. Esta área foi declarada Patrimônio Mundial Natural pela UNESCO por sua importância na conservação de certos mamíferos marinhos, incluindo a baleia-franca-austral. A observação de baleias por barco é atualmente o motor da economia da cidade, desempenhando um papel fundamental na vida da comunidade, que celebra uma festa popular em sua homenagem todo dia 25 de setembro, comemorando o resgate bem-sucedido de um filhote ocorrido em suas margens em 2002.
Nos últimos anos, o número de baleias mortas que apareceram em suas margens tem preocupado os moradores devido à estreita conexão diária que mantêm com as baleias e seu habitat. Por meio de uma abordagem etnográfica, com observação participante em campo, entrevistas abertas e análise de diversos documentos, buscaremos analisar o impacto da vida e da morte desses espécimes na vila de Puerto Pirámides e no cotidiano de seus habitantes.
Palavras-chave: patrimônio, turismo, baleia.
Puerto Pirámides, Península Valdés, refugio de la Ballena Franca Austral
Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO (1999)[1] en Península Valdés, noreste de la provincia de Chubut, Argentina.
La aldea forma parte de aquellos pueblos que, desde las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, han pasado por procesos de reconversión productiva y comenzaron a reinventarse de la mano de nuevos procesos de turistificación.
El atractivo turístico que se le asigna a un destino, es resultado de un proceso de valorización social que seleccionó un conjunto de atributos y los transformó en atractivos para el turismo con un propósito específico. En este sentido, los procesos de turistificación son mecanismos que permiten legitimar la selección y jerarquización de estos atributos, vinculados a determinados valores que los sectores involucrados desean mantener para asegurar su preservación (Pérez Winter, 2017:197).
En Puerto Pirámides, dos grandes industrias fueron el sustento económico de la población hasta mediados del siglo XX: la caza indiscriminada de lobos marinos y la explotación de las salinas ubicadas en el interior de la península.
La explotación intensiva de las dos grandes salinas supo atraer un gran número de trabajadores a estas tierras. En el pueblo llegó a haber incluso un tren de trocha angosta que recorría 33 km trasladando la sal desde las salinas hasta el pueblo, desde donde partía para Buenos Aires. Puerto Pirámides contó entonces con más de mil habitantes, superando el número poblacional actual (Barba Ruiz 1995:24).
Tras la primera guerra mundial, la industria de la sal cayó con la aparición de los primeros frigoríficos y el descenso poblacional en la zona fue pronunciado. Por otro lado, la caza de lobos marinos diezmó esta especie al borde de la extinción, por lo que fue prohibida en el año 1954, aunque se siguió ejerciendo hasta principios de la década de 1970.
Frente a este escenario, a partir de la década de 1960 una nueva industria comenzó a desarrollarse en el lugar: la del turismo. En 1967, la ley provincial N°697 creó las primeras tres reservas faunísticas del sistema provincial de áreas protegidas: Punta Norte, Isla de los Pájaros y Punta Loma. En el objeto de esta ley se detalla:
(…) conservar y proteger en ellas a la naturaleza en todos los aspectos de su flora, fauna y gea, en sus especies o manifestaciones autóctonas; procurar su vuelta al grado prístino en todos aquellos casos de que factores extraños le hayan modificado y hacerlos accesibles al hombre con fines científicos y/o turísticos bajo las condiciones que establezca la reglamentación.
Como podemos ver en esta ley, la actividad turística queda explícitamente relacionada con la preservación ambiental, siendo un factor clave en la creación misma de estas áreas protegidas. La actividad turística y la preservación ambiental comienzan a aparecer vinculadas como una narrativa fundadora.
En este caso, lo que se patrimonializa es la naturaleza misma; esta deja de ser un lugar de extracción de los recursos naturales, para pasar a ser un área turística a la que hay que pagar para acceder. Este nuevo tipo de explotación de la naturaleza, como desarrollaremos más adelante, estuvo impulsado, entre otros factores, por la ciencia, potenciado por el conocimiento. Visitas como las de Jacques Cousteau[2] y sus documentales fueron convocando el interés, sobre todo internacional, por visitar este territorio, y también por protegerlo. y sus documentales fueron convocando el interés, sobre todo internacional, por visitar este territorio, y también por protegerlo.
En paralelo, desde mediados del siglo XX comenzó a instalarse a nivel nacional la noción de turismo como una necesidad y como un derecho (Bertoncello, 2006:322) y no ya como algo exclusivo de la sociedad elitista. La difusión del automóvil y la red de caminos permitieron además el acceso a lugares a los que no llegaba el ferrocarril. A esto se suma el crecimiento del valor estético que se empezó a dar a la naturaleza y que por lo tanto la posicionó como un fuerte atractivo turístico (Bertoncello, 2006:331).
Dentro de este contexto de turismo incipiente, de procesos de patrimonialización y de políticas proteccionistas del medio ambiente, la Ballena Franca Austral como especie comienza a tomar un gran protagonismo por el interés en recuperar la especie en vías de extinción y el atractivo que generaba para los turistas su avistaje. En 1984 es declarada monumento nacional, y en el año 2004 se celebró por primera vez lo que hoy es conocido en Argentina como el Día Nacional de la Ballena Franca Austral. La fecha, conmemorada cada 25 de septiembre, tiene origen en el rescate de una ballena que ocurrió en la costa del pueblo en el año 2002.
Por otro lado, desde hace ya unos años, la tasa de mortalidad de las ballenas ha ido en aumento después de años de continua recuperación poblacional. Los decesos corresponden mayoritariamente a las crías y la causa estaría relacionada con el mal manejo de los descartes de la industria pesquera y el consecuente aumento de la población de gaviotas que ataca a estos animales.[3]
El objetivo de este trabajo es analizar la figura de la ballena en un marco de patrimonialización de la especie a nivel nacional, las implicancias de su vida y muerte, su rescate y pérdida como especie y como figura de importante peso en la comunidad de Puerto Pirámides.
Para ello, fue necesario un enfoque etnográfico, para lo cual he realizado trabajo de campo, en donde empleé diferentes estrategias metodológicas. Por un lado, la participación/observación en el territorio en distintas ediciones de la celebración del Día de la Ballena. Por el otro, conversaciones en contextos informales y entrevistas abiertas y en profundidad que realicé a diferentes miembros de la comunidad, como trabajadores del turismo, capitanes y guías balleneros, ambientalistas y hasta docentes escolares. Por último, las lecturas de distintas fuentes historiográficas y periodísticas fueron necesarias para armar el rompecabezas histórico que antecede al presente actual de proteccionismo ambiental en el territorio, el proceso de patrimonialización y el presente complejo con las muertes de las ballenas.
Este trabajo se propone entonces aportar al análisis de la figura que ocupa la ballena en la comunidad de Puerto Pirámides, más allá de su rol como sustento económico de un pueblo, haciendo foco en la lucha por su conservación que estos pobladores vienen llevando a cabo desde hace más de medio siglo.
De la explotación a la protección
Descola habla de cuatro modos de identificación entre el hombre y la naturaleza. Entre ellos, el analogismo descansa sobre la idea de que “las propiedades, los movimientos o las modificaciones de estructura de ciertas entidades del mundo ejercen una influencia a distancia sobre el destino de los hombres o son influenciadas por el comportamiento de estos” (Descola, 2001:43).
Hacia 1999, en la decisión del comité del patrimonio mundial de la UNESCO se inscribe Península Valdés en la Lista del Patrimonio Mundial. Entre las razones, mencionan en primer lugar que contiene hábitats naturales muy importantes para la conservación de varias especies amenazadas, entre ellas la Ballena Franca Austral, lobos y elefantes marinos, y orcas, cuya técnica de caza exhiben “un ejemplo excepcional de adaptación a las condiciones costeras locales”.
Entre las muchas páginas del documento que nombra a Península Valdés como patrimonio natural de la humanidad, la UNESCO, si bien pone especial énfasis en la importancia de la Ballena Franca Austral, hace también una breve descripción de todas las especies animales, marinas y terrestres, que se pueden encontrar en dicho territorio.
Entre ellas, la más voluminosamente parecida a la ballena es la orca. “Cosmopolita”, “asesina”, “sus ciclos de reproducción parecen no ser fijos”, “se alimentan de forma oportunista”, “carnívoros marinos de primer nivel”, son algunos adjetivos utilizados para describir a la especie que no fue elegida como emblema del pueblo.
En cambio, la ballena franca austral hace de las aguas del Golfo Nuevo un “área familiar”, pues esta especie se acerca a las costas de la península para completar su ciclo de reproducción, amamantar y acompañar a sus crías hasta que ya estén listas para emprender el viaje hacia zonas de alimentación. Esto supone un sentido de identificación y pertenencia. Si entendemos por área familiar aquella que involucra lazos sociales atravesados por relaciones de parentesco, que incluye vínculos de filiación y tareas de cuidado de los niños, las crías, podemos adivinar fácilmente una metáfora de la vida de pueblo. Las ballenas no vienen a cazar a estas aguas (como sí se identifica por ejemplo a las orcas, que visitan igualmente las aguas de la península), sino que vienen a completar su ciclo de reproducción, amamantar y acompañar a sus crías.
Es Descola también quien advierte dos precauciones metodológicas a tomar en un análisis antropológico de las relaciones entre una sociedad y su medio ambiente (Descola, 1986:21):
En primer lugar, la multiplicidad de las cadenas de determinación ecológica y su extremo enmarañamiento exigen una gran prudencia en la interpretación causal; la elucidación del sistema de constreñimientos de un ecosistema sobre las modalidades de la adaptación humana sólo puede hacerse en forma condicional. Pero hay que subrayar también que las relaciones de una sociedad con su medio ambiente no son unívocas y que ellas no pueden ser concebidas exclusivamente en términos de respuestas adaptativas.
En el inicio del desarrollo del turismo en esta zona, fue fundamental el papel de autoridad que ejercieron los discursos científicos de profesionales especialistas extranjeros (Kuper, 2009:92). Sus saberes y experiencias guiaron la selección de los elementos a ser preservados, y brindaron una justificación para su íntima vinculación con el potencial turístico.
De la mano de importantes especialistas extranjeros que fueron ofreciendo su asesoramiento en el área del turismo de naturaleza, conservación de especies y medioambiente, la península fue convirtiéndose en un foco de atracción para turistas amantes de la naturaleza y los espacios inalterados.
En 1971, el zoológico de Nueva York envía a la península al especialista Roger Payne, financiado para estudiar a la ballena franca austral. Los resultados arrojaron que Península de Valdés constituye uno de los lugares/hábitats más importantes para la reproducción de esta especie (Kuper 2009:92). También de aquí surge el modelo de “avistaje patagónico” de aprovechamiento turístico de la ballena franca.[4]
Es entonces cuando el turismo, como estrategia privilegiada de difusión, acceso y conocimiento del patrimonio natural de la humanidad, cumple el objetivo de poner a disposición de la sociedad a la Ballena Franca Austral, y deviene en una fuente de recursos económicos que a su vez garantiza su propia protección y preservación. Se puede pensar entonces al turismo como “una práctica que resignifica el patrimonio a partir de procesos sociales de construcción de atractividad turística” (Almirón, 2006:108).
Brac (2018:102) menciona la importancia de tener presente que “todo acto de selección es dinámico, y que responde a motivaciones sociales vinculadas a un contexto histórico particular”. En localidades donde el turismo emerge como una posibilidad de activación económica, los pobladores intentan comunicar un mensaje por el cual desean ser identificados. Esto implica siempre la presencia de "emprendedores de memoria” (Jelin, 2002:48), es decir, de sujetos que actúan en un escenario político del presente, que mediante su accionar ligan el presente con el pasado, rindiendo homenaje, y con el futuro, transmitiendo un mensaje a las nuevas generaciones.
No es casual que el Día de la Ballena, una de las mayores festividades locales en la península, conmemore el rescate de una vida de ballena. No fue el único ejemplar que apareció en la costa del pueblo a lo largo de su historia y no es algo excepcional la visita de fauna salvaje en la playa, donde constantemente se generan operativos de rescate a los que los pobladores ya están habituados. Pero Garra (así bautizada la ballena por los pobladores) fue ballenato (cachorro), y encalló en septiembre (pico anual en cantidad de ejemplares que se acercan a las costas de la península).
La figura del Estado es central para las políticas de memorialización: “Es una respuesta que el Estado da a aquellos actores sociales que reclaman reconocimientos simbólicos a través de materialidades y materializaciones de las memorias” (Jelin, 2017:156). El calendario oficial de un país, por ejemplo, es un espacio privilegiado que permite traer el pasado al presente. Participar en los rituales públicos de conmemoración es una manera de expresar sentimientos de pertenencia a la comunidad política y una reafirmación de las identificaciones colectivas:
La trayectoria social y política que va desde el acontecimiento hasta su conmemoración oficial nunca es consensuada o apacible. En la medida en que existen diferentes interpretaciones sociales del pasado, las fechas de conmemoración pública están sujetas a conflictos y debates. Además, el sentido de las fechas cambia a lo largo del tiempo, a medida que alguna de las diferentes visiones cristaliza y se institucionaliza con sus sentidos y rituales y, luego, es desafiada por nuevas generaciones y nuevos actores, que intentarán imponer nuevos sentidos (Jelin, 2017:157).
Ahora bien, hay también un origen social en la determinación de qué es, qué no y por qué “algo” se convierte en patrimonio; no depende de una tipología de bienes establecida, dice Abin Gayoso (2012:18), sino de una atribución de valor y del deseo de invertir en su preservación. Es decir que su selección como patrimonio depende del contexto sociocultural de los actores que lo eligen.
(…) que el patrimonio sea una construcción social quiere decir que no existe en la naturaleza, que no es algo dado, sino que es un artificio, ideado por alguien en algún lugar y en algún momento, para determinados fines y que, por lo tanto, es históricamente cambiante de acuerdo con nuevos criterios o intereses que determinen nuevos fines en nuevas circunstancias. El factor determinante que define lo que actualmente entendemos por patrimonio es su carácter simbólico, su capacidad para representar simbólicamente una identidad.
La noción de atractivo turístico tampoco es algo dado y preexistente en el territorio. Su construcción como tal es también parte de un proceso social, que valoriza como atractivo lo que, en este caso, coincide con las demandas existentes en la sociedad de origen de los turistas (Bertoncello, 2002).
En cuanto al turismo asociado al patrimonio natural, Analía Almirón (2011:189) señala que, en relación con la creciente preocupación ambiental, la necesidad de una “vuelta a la naturaleza” logra instalarse con mucha fuerza, renovando y ampliando las preocupaciones y acciones en torno a la definición de la condición patrimonial de la naturaleza, de aquella que se está perdiendo y que merece rescatarse. En este marco, postula, los procesos de patrimonialización orientados a su protección y conservación se vinculan cada vez más con procesos de valorización turística de la naturaleza. La autora define la naturaleza como una dimensión constitutiva de los procesos de producción y organización social. Así, el acto de producir naturaleza es, antes que nada, un acto de producir sociedad. Por lo tanto la naturaleza, en tanto que construcción social, es producto del valor que la sociedad le asigna a los elementos y procesos naturales.
El Día Nacional de la Ballena Franca Austral
Ese 25 de septiembre del año 2002, se podía sospechar algo raro. En el horizonte, los movimientos en el agua de un ejemplar de ballenato no eran normales y dispararon enseguida la curiosidad de los expertos que miraban por la ventana de su casa. Una ballena se había enredado con la cadena del fondeo del catamarán Moby Dick y luchaba por su vida.
(…) lo de Garra fue en el año 2002, 25 de septiembre, donde una ballena franca, juvenil, amaneció enredada en un fondeo de una embarcación de avistaje de ballenas, que era la única que dormía en el mar, (la embarcación) a diferencia de las otras embarcaciones que duermen en tierra. De hecho, hoy ya no se permite más eso de que la embarcación duerma en el mar. Es un fondeo, como para que vos te imagines, es el barco con un cabo, una cadena hasta el fondo y como si fuera un ancla, pero algo fijo, no es un ancla, sino que se llama muerto. Y en esas cadenas se enredó este animal de un año. (“P”, Septiembre 2022).
Dice el texto que conforma el proyecto de ley S-3680-17 para decretar el 25 de septiembre como Día Nacional de la Ballena Franca Austral:
Las ballenas Francas son curiosas y en muchas ocasiones se las ve "jugando" con boyas u objetos flotantes. En este caso, el juego se transformó en una trampa y las gruesas cadenas del fondeo se enredaron firmemente en el pedúnculo caudal. Mientras más esfuerzos realizaba para zafarse, más se ajustaban las cadenas a su cola formando un enorme nudo.[5]
Tras embarcarse cuatro rescatistas que intentaron ayudar al animal y comprobar lo peligroso de la tarea, tomaron una decisión inédita para este tipo de rescates: hacer un varamiento planificado.

Algunos de los rescatistas, rememorando lo sucedido en el acto aniversario por los veinte años del rescate, contaron:
La verdad que nosotros entendimos que si no hacíamos nada, el animal se iba a morir (“A”, septiembre 2022)
Nosotros queríamos vararla faltando dos horas de bajante, para que en esas dos horas podamos liberarle las cadenas y después la subiente le diera agua suficiente para volver a flotar. Porque si la varábamos en la marea subiendo no la íbamos a poder trabajar, o si la varábamos con marea alta después la ballena no flotaba. Así que la verdad también tuvimos suerte porque fue una marea justa (“P”, septiembre 2022)
Finalmente, se procedió con un tractor a arrastrar el ejemplar a la costa y allí, con mucha coordinación la liberaron de las cadenas. Todo el pueblo se turnó para asistirlo en la playa, se dividieron tareas y asignaron roles específicos, desde el tractorista hasta quienes mantenían húmeda a la ballena mojándola con baldes; quien registraba lo sucedido en fotos, alguien intentaba tomarle el pulso al animal, otras personas acercaban alimentos y bebida para aquellos que estaban trabajando sin descanso en la zona
Fue una jornada de arduo trabajo en equipo sin precedentes, donde la coordinación abarcó prácticamente a toda la comunidad. La organización, el análisis de la situación y el manejo del tiempo de la marea a la hora de proceder fueron clave en esta gesta que reunió a un pueblo entero con el fin único de salvar una vida animal.
Lo que quedaba era esperar a que la marea volviera a subir y que la ballena resistiera hasta entonces y pudiera volver mar adentro. Esto sucedió al cabo de doce horas. La ballena fue bautizada Garra, por una marca que semejaba un zarpazo blanco en su lomo, y por sus ganas de vivir.
Descola (1986:436) propone la idea de que
(…) existe una correspondencia entre los modos de tratamiento de la naturaleza y los modos de tratamiento del prójimo. Esta correspondencia es el hecho de una adecuación general entre los marcos sociales de los usos del medioambiente y las formas de sociabilidad imaginarias en las cuales estos usos se traducen.
Actualmente, placas conmemorativas detallan con nombre y apellido a quienes participaron del rescate. Lo cierto es que ese 25 de septiembre del 2002, surgió una autoconsciencia de la propia expertise (concepto que usan los mismos pobladores) de los guías balleneros que cordinaron y llevaron a cabo ese rescate inédito sin ayuda concreta de superiores por fuera del pueblo. Y este salvataje de la vida de Garra, trajo aparejado lo que yo llamo ciertos “coletazos” de este rescate (Antognini, 2023).
Por un lado, la instauración, desde el año 2004, del Día Nacional de la Ballena Franca Austral. Al principio, eran fiestas multitudinarias en las que organizaban diferentes juegos populares relacionados a la gesta local. En otras ocasiones tuvieron lugar algunos conciertos dirigidos a la ballena, desde arriba de una lancha, con presencias destacadas como Esteban Morgado, David Lebón[6] y Javier Calamaro[7].
Para el aniversario número veinte, en el año 2022, fueron muchas las propuestas realizadas por parte de distintos organismos. Actividades culturales y científicas por parte de tres instituciones del pueblo abarcaron una jornada que duró todo un fin de semana.
En mayor o menor medida, el Día de la Ballena sigue vigente en el calendario anual de esta comunidad. Las fechas y aniversarios “son coyunturas en las que las memorias son producidas y activadas” (Jelin 2002:150). Refuerzan, cambian o amplían los sentidos del pasado. Reflejan la manera en que la gente construye un sentido del pasado y cómo lo relacionan con el presente, ya sea con quienes vivieron personalmente esa aventura que se recuerda, ya sea con quienes son parte del cuerpo colectivo que se identifica con lo ocurrido y construye igualmente lazos de pertenencia y transmisión.
En un segundo “coletazo”, esta gesta se hizo cuento.

GARRA es un libro editado en el año 2022 por la empresa de turismo Puerto Pirámides Camina Free Walking Tour. La historia busca narrar los hechos tal y como sucedieron en el año 2002, y su relato fue producto de una entrevista abierta que los alumnos de la escuela primaria Nro 28 hicieron a los rescatistas de Garra, en el año 2016 con motivo de un nuevo aniversario.
El prólogo del libro nos cuenta que, en el ámbito escolar, se invitó a los participantes del rescate a dar una charla. Allí surge la idea de escribir la historia y, particularmente, hacerlo desde el punto de vista de este “colosal animal”. Con los años, y nuevas generaciones de alumnos, la escritura se concreta, se ilustra y hasta se hace un corto animado llegando, por último, a la edición de este libro que ya ha sido presentado en numerosas ferias del libro de distintas provincias argentinas.
La creación de la Asociación de Guías Balleneros puede ubicarse como un tercer coletazo. Es que el día del rescate de Garra fue mucha la gente que trabajó en conjunto, y entre ellos, quienes tomaron las riendas del operativo fueron muchos capitanes y guías balleneros. Tras el éxito del rescate es cuando se forma la idea de crear una asociación.
Y fue como el impulso para decir dale, salieron las cosas fenomenales, el rescate de Garra, la unión hacia la fuerza. (…) Dándonos cuenta del éxito que habíamos tenido en ese día para salvarle la vida a Garra, fue que nos pusimos a trabajar en la idea (“P”, abril 2023).
Es recién en el año 2010 que la iniciativa se concreta legalmente, y la Asociación de Guías Balleneros logra inscribirse en IGJ (Inspección General de Justicia). La idea de formar la AGB fue desde un primer momento poner en valor el trabajo del guía ballenero y así mejorarla día a día con capacitaciones, entrenamientos y “zafarranchos náuticos”:
Zafarranchos náuticos que son ejercicios de un simulacro, serían en el mar, bueno siempre pensando en la mejora continua del personal (“P”, abril 2023).
Con el tiempo la AGB se dedicó a impartir cursos tanto para la localidad de Puerto Pirámides como de Puerto Madryn, e incluso han llevado sus disertaciones a otros países como Chile y Brasil. Estos cursos, me cuenta mi interlocutor, además de incluir una parte teórica que expone la “Técnica Patagónica de Avistaje”, el código de buenas prácticas, y la ley de avistajes en sí misma con sus decretos reglamentarios, tiene una parte práctica, a bordo de las embarcaciones.
Entre sus logros, además de las capacitaciones mencionadas, la AGB cuenta con un edificio que le propinó el Estado, ubicado en la segunda bajada al mar del pueblo, y con el éxito de haber podido concretar realmente los simulacros en el mar que muchas veces quedaban sólo en los papeles. Estos son, por caídas de gente al agua, incendio de la embarcación o hundimiento de la misma. La modificación, en el año 2008, de la ley de avistajes (5714) es otro logro:
(…) y donde antes se contrataba dos guías balleneros por empresa, logramos que quede escrito que tienen que conseguir contratar a cuatro, el doble de la planta de personal a nivel lancha (“P”, abril 2023).
Por último, varios años después, nace una escuelita náutica de verano, gratuita para los niños del pueblo. Esto no es asociado directamente con el rescate de Garra, pero en palabras de una pobladora que vivió muchos años en el pueblo trabajando en el sector de educación:
(…) a partir de ahí (el rescate de Garra) se generó toda una historia con el mar. Porque siempre nos decíamos, nosotros estamos de espaldas al mar, no estamos de frente. Estamos de espaldas porque los que laburamos en otra cosa, que no trabajamos en el mar, no, ni cinco. Y esto provocó que, por ejemplo, a mi hijo no le pase, tenga su relación con el mar, con la historia de la ballena, con todas las actividades que se hacen, porque esa escuelita náutica lo hacía practicar kayak, manejar lancha, buceo, natación… (“N”, Enero 2023)
Esta escuelita surge en enero del año 2015, promovida por el interés de las familias con niños del pueblo en que sus hijos tengan conocimientos náuticos. La organización fue comunitaria y participativa. Una de las empresas de avistajes de ballenas ofreció realizar dos salidas con el catamarán por semana.
En esas salidas les enseñábamos junto a la tripulación conocimientos de marinería y natación (“S”, abril 2023).
Otra familia del pueblo pudo sumar un tercer día de kayak y la escuela se inauguró con niños de entre 8 y 10 años.
Con los años y las crisis económicas buscamos autogestionarnos pagando a los instructores y especialistas. Compramos también materiales. Extendimos las edades gradualmente hasta llegar a abarcar de 3 a 17 años (“S”, abril 2023).
Asociada o no al rescate de Garra, la escuelita nace después de este acontecimiento con el fin de acercar a los niños al mar, enseñarles su cuidado y darles un amplio espectro de posibilidades con respecto a las actividades marítimas que ofrece el territorio que habitan y, por qué no, formar futuros trabajadores del turismo náutico.
Cuando el rescate no es posible…
Hasta acá, con este breve pantallazo de lo que el rescate de Garra implicó en esta comunidad, podemos ver la importancia de la vida de las ballenas en el pueblo. Esto tiene que ver con que son el sostén económico prioritario en esta aldea: su avistaje embarcado genera el turismo nacional e internacional que colma su capacidad de alojamiento entre los meses de mayo (cuando llegan las ballenas) y diciembre (cuando se van a completar su circuito migratorio anual a otras aguas).
Esto no quiere decir que el resto del año no haya turismo: la temporada de verano además de explotar las playas del pueblo también recibe pingüinos, orcas, y los permanentes lobos y elefantes marinos, entre otras especies autóctonas. Puerto Pirámides vive del turismo que genera su fauna y sus paisajes, de ahí su incalculable valor.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando es la muerte, y no la vida, de una ballena la que toca la costa del pueblo?
En los últimos años han aparecido ballenas muertas en las costas de Península Valdés. Las necropsias que se han podido realizar a algunos ejemplares indican que las ballenas murieron a causa de la ingesta de toxinas que trajo aparejada la llamada “marea roja” (floraciones de algas tóxicas). Esto ha generado gran preocupación entre pobladores y ambientalistas, incluso llegando a las noticias nacionales.
A raíz de este tema, una pobladora nos cuenta:
Generalmente las ballenas que mueren terminan en la playa, y esto genera inquietud en los pobladores porque, primero te preguntás qué está pasando con estos animales, cuál fue la causa. Lo primero es saber cuál fue la causa de muerte, eso es lo que genera más preocupación. Te genera tristeza porque son animales con los que uno está cotidianamente, después la incertidumbre de saber lo que paso, por qué se están muriendo en esas aguas, que encima es el agua que nosotros consumimos a través de la planta de desalinización. Y este año por ejemplo, en octubre que aparecieron ballenas muertas, ver cómo los animales carroñeros estaban en el agua llevándose pedazos del cuerpo, el miedo, el olor de la grasa de ballena que es muy fuerte, el tema de las mascotas que andan sueltas y vuelven a casa con ese olor. Genera angustia. Si te tengo que decir en una palabra lo que genera es angustia (“R”, febrero 2025).
En diálogo con un licenciado en gestión ambiental (“V”), oriundo de la ciudad cabecera de Puerto Madryn (100km de Puerto Pirámides), nos contó que, si bien año a año aumenta el número de ballenas muertas que aparecen en las cosas de Península Valdés, esto tiene que ver en parte con el crecimiento poblacional que viene teniendo la especie. Es decir, a medida que llegan más ejemplares, sube la posibilidad de que aparezcan más muertes. Esto tiene que ver, sobre todo en los últimos años, con una doble coincidencia. Por un lado, el momento en que las ballenas se encuentran en el golfo terminando de amamantar a sus crías, padeciendo hambre pero sin poder ir aun a la zona de alimentación por, justamente, estar con sus crías, razón por la cual deben alimentarse en la zona. Esto coincide con una floración de marea roja (como mencioné anteriormente, esto es una floración algal nociva con biotoxinas paralizantes de moluscos[8]) en donde terminan consumiendo organismos que les producen la muerte.
Cuando los restos de estas ballenas aparecen en zonas de uso público, lo que se hace es sacarlo. Si está en un lugar accesible se le hace necropsia, siempre y cuando no esté en un avanzado estado de descomposición. Sino, solo se toman algunas medidas y algunas muestras. Si aparece en zonas que no son de acceso, esa información se pierde. Si aparece en una playa pública, ahí se lo retira, se pide asistencia a prefectura y se la remolca con embarcación de prefectura. Si es un ballenato, más o menos manejable, se viene con una pala cargadora y se lo traslada en un camión a un lugar donde hay una fosa especial para mamíferos marinos. (“V”, febrero 2025)
Según nos cuenta el especialista, la cantidad de ballenas que mueren es proporcional al crecimiento de la población, salvo en los casos de marea roja, en donde no superan las 27/30 ballenas al año, con lo cual no genera un impacto en el ejercicio del turismo.
En un comunicado que el Instituto de Conservación de Ballenas hizo en sus redes sociales el 12 de noviembre del 2024[9], se informó que, en el lapso de una semana, durante octubre 2024, se registraron 21 ballenas muertas en el Golfo Nuevo de Península Valdés. Estos se suman a 50 ejemplares que ya habían sido encontrados desde el mes de junio de ese año. La hipótesis es la misma: las ballenas alimentándose del plancton primaveral en medio de una floración de mareas rojas. Es decir, estamos hablando de 70 muertes de ballenas en tres meses.
Seguramente en términos poblacionales de la especie esto no tenga un impacto visible todavía, pero sí lo tiene para los habitantes de Puerto Pirámides. Los comentarios en redes de bajo del comunicado expresan sentimientos similares a los de mi interlocutora: tristeza, incertidumbre, impotencia.
En diálogo con un poblador que es guía y capitán ballenero hace décadas, en su relato podemos ver claramente como estas muertes afectan la vida cotidiana de los aldeanos:
Marea roja es un bichito de color verde (se dice marea roja por el hecho de que es peligrosa), pero es un bichito de color verde, donde en ese bichito aparecen muchas toxinas que comerlas a mucha cantidad es toxico y puede llegar a producir la muerte, incluso al ser humano. Por eso hay un momento en que no se pueden comer vieiras, ostras y esas cosas, hasta que ese bichito se muera solo, se muere solo. Después podés volver a consumir los frutos del mar, pero bueno (“E”, febrero 2025).
Más aún:
Los pobladores cuando se descompone una ballena en el pueblo, los aceites, los órganos quedan flotando y todo eso va a la planta desalinizadora que potabiliza el agua de mar para hacerla pasible de consumo humano. Pero cuando suceden estas cosas, el agua con restos en descomposición no se puede purgar o limpiar del todo, o sea que mucha de la gente de pirámides termina tomando o bañándose con agua con partes de ballenas. Es difícil, y ni que hablar de los restos de los animales que quedan en la costa y los perros se revuelcan, o la gente va y los toca y un animal en descomposición puede causar millones de enfermedades (“E”, febrero 2025).
En cuanto a si estas muertes han impactado en el turismo y en su propio trabajo, el interlocutor sostiene que sí, que se ven menos ballenas y que “no es lindo navegar y que se observe una ballena muerta y que el turista vea eso”
Pero más allá de eso, a mí me preocupa más el tema de por qué tantas ballenas muertas, eso es lo que me duele, no porque me saque laburo, me interesa un pito, me duele ver una ballena muerta, que sucedan estas cosas (…) Las ballenas están cambiando su ciclo, cuando la madre come esto no le afecta tanto a la ballena adulta, pero le da la leche a su cachorro y le transmite toda esta toxina, y el cachorro no aguanta y muere. Entonces el ciclo de reproducción de la ballena está cambiando, por ende vamos a tener un retraso en crecimiento en el área de Península Valdés, o sea la madres que perdieron el año pasado (2024) su cachorro, el año que viene se van a quedar en el área de alimentación (zona subantártica) comiendo porque no tienen nada que hacer acá, entonces eso significa que recién en el 2026 van a venir acá a copular, recién en el 2027 van a tener a sus cachorros, entonces su ciclo reproductivo está cambiando. Es preocupante. (“E”, febrero 2025)
Conclusiones
Está claro que la ballena franca austral es el sostén económico principal en la vida de esta comunidad patagónica. El turismo que genera su avistaje embarcado brinda trabajo directa o indirectamente a todo el pueblo. Salvar la vida de Garra fue una proeza popular que se convirtió en gesta y hoy se recuerda cada 25 de septiembre en el pueblo.
Pero cuando vemos los efectos que tienen las muertes de las ballenas que han aparecido en la costa de la península los últimos años, podemos vislumbrar algo más que una cuestión económica, o de sostén de la vida.
Decíamos en el inicio que la naturaleza, en tanto que construcción social, es producto del valor que la sociedad le asigna a los elementos y procesos naturales. En Puerto Pirámides la línea de costa no alcanza para separar los hábitats de estas dos especies que son la ballena y el ser humano. Desde el momento en que una planta desalinizadora permite potabilizar el agua de mar, esta actúa como puente que conecta sus fuentes de alimentación. A través de ella se genera una conexión vital entre estas especies de cetáceos y humanos. Si una ballena muere por causas desconocidas, no es sólo la tristeza por el animal lo que invade, es también la incertidumbre de saber qué pasa con esa agua que además de alojar ballenas hidrata y sostiene la vida de Puerto Pirámides.
Desde sus comienzos, la historia humana en este territorio hace referencia a la relación continente-océano, desde la sal que se exportaba a Buenos Aires, la caza de lobos marinos, la pesca artesanal, etc. La territorialidad de la península ha sido configurada históricamente en esa relación continente-océano, y en el presente ese vínculo se expresa a través de la ballena franca austral. La conservación de esta especie es la bandera que enarbola el pueblo desde hace ya medio siglo, y su vida y su muerte atraviesan de manera personal la vida de sus habitantes.
Agradecimientos
A Luciana Mariani por su atenta lectura en este trabajo, y a todo el equipo (UBACyT) de Memorias, identidades y patrimonios del trabajo: comunidades ocupacionales en escenarios post-industriales del sigo XXI, Argentina, por alojarme y acompañarme.
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Notas

