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Entre la gestión editorial y el mercado cultural: la profesionalización del escritor en la prensa cultural argentina (1920)
Editorial Management and the Cultural Market: The Professionalization of Writers in the Argentine Cultural Press (1920)
Revista Estrategia Organizacional, vol. 15, núm. 1, 2026
Universidad Nacional Abierta y a Distancia

Artículos Producto de Investigación

Revista Estrategia Organizacional
Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia
ISSN: 2339-3866
ISSN-e: 2539-2786
Periodicidad: Semestral
vol. 15, núm. 1, 2026

Recepción: 06 agosto 2025

Corregido: 16 septiembre 2025

Aprobación: 01 octubre 2025

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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: Introducción: Este artículo analiza la profesionalización del escritor en Argentina durante la década de 1920 a partir del caso de Caras y Caretas, una revista ilustrada clave en la configuración del periodismo cultural. Metodología: Se emplea un enfoque cualitativo basado en revisión teórica, análisis documental y estudio de prácticas editoriales, integrando perspectivas de la sociología del libro y del campo literario. Resultados: Los hallazgos muestran que el desarrollo tecnológico de la imprenta, las políticas de alfabetización, la expansión del mercado editorial y la masificación de la prensa ilustrada generaron condiciones favorables para el ejercicio remunerado y autónomo del escritor. Asimismo, la participación activa del lector y la incorporación de imágenes y publicidad consolidaron nuevas formas de producción cultural que reforzaron el rol profesional del autor. Conclusiones: La profesionalización del escritor en Argentina fue un proceso articulado entre modernidad urbana, dinámicas del mercado cultural y transformación institucional del campo literario.

Palabras clave: profesionalización literaria, Caras y Caretas, gestión editorial, sociología de la edición.

Abstract: Introduction: This article examines the professionalization of writers in Argentina during the 1920s through the case of the illustrated magazine Caras y Caretas. Methodology: A qualitative approach was applied, combining theoretical review, documentary analysis, and examination of editorial practices within the sociological framework of the literary field. Results: Findings indicate that technological advances in printing, literacy policies, the growth of the publishing market, and the mass circulation of illustrated press created favorable conditions for writers’ autonomous and paid work. Reader participation, together with the use of images and advertising, contributed to new cultural production dynamics that strengthened the writer’s professional role. Conclusions: The professionalization of writers emerged from the interplay between urban modernity, cultural market dynamics, and institutional transformations within the literary field.

Keywords: iterary professionalization, Caras y Caretas, editorial management, sociology of publishing.

Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo analizar el proceso de profesionalización del oficio de escritor en el campo periodístico, tomando como estudio de caso la revista Caras y Caretas durante la década de 1920. Para ello, se examinan las condiciones que posibilitaron dicha profesionalización, así como el papel desempeñado por el lector en su consolidación como sujeto activo dentro del desarrollo de la prensa. La investigación se sustenta en un abordaje teórico y analítico que considera factores políticos, tecnológicos y socioculturales que incidieron en la transformación del campo literario y periodístico en Argentina.

En primer lugar, el estudio se apoya en los conceptos de profesionalización y autonomía del campo literario, a partir de los aportes de Pierre Bourdieu en Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (1995). Según Bourdieu (1995), “el campo literario y artístico se constituye como tal en y por oposición a un mundo ‘burgués’ que jamás hasta entonces había afirmado de un modo tan brutal sus valores y su pretensión de controlar los instrumentos de legitimación” (p. 95). Este contexto supone que los escritores, en su proceso de profesionalización, enfrentaron una subordinación estructural dentro de un mercado editorial dominado por intereses económicos y políticos. La prensa, al consolidarse como un espacio de expresión cultural de amplia circulación, ofreció a los escritores un medio para profesionalizar su actividad, aunque también los sometió a las dinámicas comerciales propias de la industria periodística. Además de brindar un espacio de publicación, Caras y Caretas exigía a los escritores una gestión eficiente del tiempo y de los recursos. La periodicidad semanal de la revista requería la planificación anticipada de las colaboraciones, lo que fomentó la adopción de estrategias de organización personal y profesional. Esta disciplina permitió no solo el cumplimiento de los plazos editoriales, sino también el incremento de la productividad y la consolidación de la reputación de los autores dentro del campo literario.

En este sentido, el artículo sostiene la tesis de que la profesionalización del escritor en Argentina no habría sido posible sin la concurrencia de determinadas condiciones materiales y simbólicas. Entre ellas, se destaca el desarrollo de la industria editorial y la consolidación de medios impresos de gran circulación, impulsados por políticas nacionales de alfabetización. De acuerdo con Pacheco (2017), “la profesionalización del escritor no es posible sin que le antecedan dos factores: el florecimiento de las condiciones simbólicas y materiales, representadas en el desarrollo tecnológico […] de la industria editorial; junto con la consolidación de un andamiaje de medios impresos de alto tiraje y de corte cultural, impulsados por las políticas nacionales de alfabetización” (p. 3).

Asimismo, el trabajo enfatiza el impacto de la modernidad en Argentina, particularmente en Buenos Aires, donde el crecimiento urbano, la influencia cultural europea y el avance de la imprenta contribuyeron a la expansión de la lectura como práctica de consumo masivo. En este contexto, Caras y Caretas se consolidó como un referente de divulgación cultural al incorporar imágenes y caricaturas como estrategia central para atraer al público (Sarlo, 1988), lo que favoreció la masificación de la prensa ilustrada y la transformación de la lectura en un fenómeno social de amplio alcance.

También se destaca el papel activo del lector en la consolidación del periodismo cultural. A través de secciones como “Correo sin estampilla”, Caras y Caretas habilitó la intervención directa del público en la producción de contenidos, reforzando así el proceso de profesionalización del escritor. En palabras de Rogers (2007), “la existencia de escribientes semiiletrados de odas o epitalamios patentiza la heterogeneidad y el desnivel de los saberes en circulación” (p. 8), lo que pone de manifiesto la interacción entre escritores y lectores en la construcción de un espacio editorial dinámico y participativo.

METODOLOGÍA

El desarrollo del trabajo se estructura en dos partes complementarias que permiten comprender el proceso de profesionalización del escritor en el marco del periodismo cultural argentino. La investigación adopta un enfoque analítico e histórico, orientado a reconstruir las condiciones sociales, culturales y materiales que hicieron posible dicha profesionalización, a partir del examen de fuentes teóricas y del análisis del caso de la revista Caras y Caretas durante la década de 1920.

La primera parte se concentra en el estudio de las condiciones estructurales que posibilitaron la profesionalización del oficio de escritor. Para ello, se abordan conceptos teóricos centrales como la autonomía del campo literario y la institucionalización de la literatura, a partir de los planteamientos de Bourdieu (1995) y Dubois (2014). Este análisis se complementa con la consideración de factores materiales, tales como el desarrollo de la imprenta, la expansión de la industria editorial en Buenos Aires y las transformaciones en los circuitos de producción y circulación de bienes culturales. Asimismo, se examinan las políticas de alfabetización y el crecimiento del público lector como elementos clave en la consolidación de un mercado cultural ampliado. En este apartado también se explora el papel de las agremiaciones artísticas y culturales, cuya labor crítica, organizativa y de difusión contribuyó a la configuración de un ecosistema editorial dinámico y a la progresiva legitimación del escritor como profesional.

La segunda parte del trabajo se enfoca en el análisis del rol del lector dentro del periodismo cultural, destacando su participación activa en publicaciones como Caras y Caretas. A partir del estudio de secciones específicas y de las estrategias editoriales de la revista, se examina cómo la intervención del público no solo fortaleció el éxito comercial de la prensa ilustrada, sino que también propició la configuración de un espacio de diálogo simbólico en el que el lector asumió funciones de coautor y crítico. La incorporación sistemática de imágenes, caricaturas y recursos visuales, junto con la masificación del consumo de contenidos culturales, es analizada como un dispositivo central en la legitimación del escritor y en la redefinición de las relaciones entre producción y recepción.

Desde esta perspectiva metodológica, la investigación sostiene que la profesionalización del oficio de escritor en Argentina fue el resultado de un proceso de doble vía, en el cual la expansión del periodismo y la consolidación de un público lector actuaron como factores interdependientes. La interacción entre la oferta editorial y la demanda de los lectores permitió que el escritor se insertara de manera más estable en el mercado cultural, trascendiendo su rol tradicional y adquiriendo mayores márgenes de autonomía dentro de un sistema de producción literaria en permanente transformación.

RESULTADOS

El semanario Caras y Caretas: un espacio de profesionalización

Caras y Caretas fue fundado en 1898 por el inmigrante español Eustaquio Pellicer y rápidamente se consolidó como una de las publicaciones más influyentes de su época. Gracias a un formato innovador que combinaba texto e imagen, la revista logró captar la atención de un público amplio y diverso, que incluía tanto a la élite intelectual como a los sectores populares. Este posicionamiento se debió, en gran medida, a su capacidad de adaptación a las demandas de un mercado editorial en expansión, mediante la oferta de contenidos variados que abarcaban desde la crítica política y social hasta la literatura, el humor y la publicidad.

Uno de los rasgos más significativos de Caras y Caretas fue su función como espacio de profesionalización para los escritores. A través de sus páginas, los autores no solo pudieron publicar sus textos, sino también recibir comentarios críticos y establecer un diálogo sostenido con los lectores. Este proceso de institucionalización resultó central para la consolidación de un mercado editorial en el que los escritores comenzaron a ejercer su oficio de manera más autónoma y con posibilidades de remuneración regular.

En este contexto, la profesionalización del escritor no dependía únicamente de su destreza literaria, sino también de su capacidad para administrar la creatividad en un entorno caracterizado por una alta demanda de producción. Los autores debían articular inspiración y disciplina, desarrollando estrategias que les permitieran sostener un flujo constante de ideas y contenidos. Estas estrategias incluían la observación crítica de la realidad social, la lectura sistemática de otros autores y la participación activa en los debates culturales de la época.

Relevancia del estudio

Este artículo contribuye a la comprensión del proceso de profesionalización del oficio de escritor en Argentina durante la década de 1920, a partir del análisis del semanario Caras y Caretas como caso de estudio. La relevancia del trabajo radica en su enfoque interdisciplinario sobre un fenómeno complejo y multifacético. Al articular teoría literaria, historia cultural y análisis de medios, la investigación no solo profundiza en las condiciones de profesionalización del escritor, sino que también aporta nuevas perspectivas sobre el papel de los medios de comunicación en la conformación de un campo literario con mayores grados de autonomía.

La profesionalización del escritor: un fenómeno histórico y cultural

Esta sección del artículo examina los procesos que posibilitaron la profesionalización del escritor en Argentina durante la década de 1920, con especial énfasis en el impacto del periodismo en la consolidación de este oficio. Se abordan conceptos teóricos fundamentales, así como las condiciones materiales y simbólicas que facilitaron la inserción del escritor en el mercado editorial. A partir del análisis del semanario Caras y Caretas, la investigación evidencia que el desarrollo de la prensa y la progresiva consolidación de un campo literario relativamente autónomo fueron factores decisivos en la profesionalización del escritor dentro del ámbito periodístico.

Condiciones materiales: el desarrollo de la imprenta en Buenos Aires

El desarrollo de la industria editorial en Argentina constituyó un factor determinante en la profesionalización del escritor, en la medida en que permitió la proliferación de publicaciones periódicas y consolidó el periodismo como una actividad viable. Este proceso estuvo estrechamente vinculado a los avances tecnológicos en el ámbito de la imprenta, los cuales facilitaron la producción masiva de textos y la incorporación sistemática de imágenes, transformando los modos de circulación de los contenidos hacia el público lector.

Durante el siglo XIX, la industria editorial experimentó una serie de innovaciones técnicas que incrementaron tanto la velocidad como la calidad de la impresión. La introducción de la prensa de hierro en 1773 por Didot mejoró la durabilidad de los equipos; posteriormente, en 1811, Koenig implementó el sistema de cilindros rotativos, lo que permitió acelerar de manera significativa el proceso de impresión (Barros-Lémez, 1985). A ello se sumó, en 1814, la incorporación del vapor en la producción de papel, lo que contribuyó a reducir costos y a asegurar una mayor disponibilidad del insumo. Como resultado de estos avances, la producción de papel aumentó de forma considerable, pasando de 17.000 toneladas en 1805 a 104.000 toneladas en 1865.

Si bien la expansión de la imprenta en Argentina fue más tardía en comparación con Europa, durante la segunda mitad del siglo XIX se registró un crecimiento sostenido. Mientras que en 1860 Buenos Aires contaba con apenas 12 imprentas, para 1895 el número había ascendido a 111 (Szir, 2009). Este desarrollo favoreció la aparición de revistas como Caras y Caretas, que incorporó técnicas avanzadas, como el fotograbado, para la reproducción de imágenes en articulación con los textos, reforzando así su atractivo visual y su alcance masivo.

La incorporación de la imagen fue un cambio fundamental en la forma de consumo de los medios impresos. Antes de 1880, las ilustraciones en los periódicos se realizaban mediante grabados en madera o litografías. Sin embargo, con la llegada del fotograbado en la década de 1890, se logró una impresión más rápida y de mayor calidad, facilitando la masificación de publicaciones como Caras y Caretas. Según Sandra M. Szir (2009):

el fotograbado de medio tono se aplicó para la impresión de fotografías a gran escala, y representó una mecanización masiva de la información visual que las artes gráficas habían perseguido largo tiempo. El fotograbado no solo podía reproducir en forma industrial una fotografía de un modo satisfactorio visualmente, sino que tenía la capacidad de multiplicar en forma económica, y en compatibilidad con el texto, cualquier tipo de imagen. (p. 79)

En este sentido, el desarrollo de la imprenta y la reducción de los costos de producción resultaron fundamentales para la consolidación del periodismo como un campo profesional viable en Argentina. Estos avances posibilitaron la expansión del mercado editorial, la diversificación de los contenidos y la masificación del público lector, lo que, a su vez, favoreció la profesionalización del escritor dentro del ámbito periodístico.

Condiciones de circulación: la formación de un público lector

El desarrollo de la industria editorial y la profesionalización del escritor en Argentina no dependieron únicamente de los avances tecnológicos vinculados a la imprenta, sino también de las condiciones de circulación de los textos. La formación de un público lector fue un factor decisivo para garantizar la viabilidad del periodismo y la expansión de las publicaciones seriadas. En este marco, las políticas de alfabetización, el crecimiento urbano y la diversificación de los formatos de lectura desempeñaron un papel central en la consolidación del mercado editorial.

Uno de los factores más relevantes en la ampliación del público lector fue la sanción de la Ley 1420 de educación común, gratuita y obligatoria, promulgada en 1884 durante el gobierno de Julio Argentino Roca. Esta legislación estableció la enseñanza primaria obligatoria para niños de entre seis y catorce años, promoviendo la alfabetización en un país en el que, hasta ese momento, “sabía leer y escribir menos de uno de cada cinco habitantes” (Fraga, 2014). Como consecuencia de estas políticas, para 1914 el porcentaje de analfabetismo en Argentina se había reducido al 35 %, lo que incrementó de manera significativa la demanda de material impreso.

Además de la alfabetización formal, otros dispositivos de circulación de la cultura escrita contribuyeron a familiarizar a la población con la lectura. Como señala Roger Chartier (2010), “la presencia sobre las paredes y las fachadas de los carteles, edictos, anuncios o grafiti, la importancia de la lectura en voz alta que permitía transmitir lo escrito a los iletrados […] o la creación de un nuevo mercado y de un nuevo público para los textos impresos” (p. 1) favorecieron la expansión de la cultura escrita. De este modo, la lectura dejó de ser una práctica restringida a la élite y comenzó a integrarse en la vida cotidiana de distintos sectores sociales.

Otro aspecto clave en la circulación de los textos fue la diversificación de los medios impresos. Junto a los libros, surgieron periódicos y revistas que ofrecían una lectura más accesible y heterogénea. En este contexto, Caras y Caretas se consolidó como un referente del periodismo ilustrado, al combinar de manera eficaz imágenes y textos para atraer a un público amplio. Según Pacheco (2017), “el desarrollo de la edición en Argentina es importante para resaltar su función informativa y formativa” (p. 22).

De acuerdo con lo expuesto, la profesionalización del escritor en Argentina estuvo estrechamente vinculada a la expansión del público lector. Las políticas de alfabetización, la diversificación de los formatos de lectura y la consolidación de medios impresos de gran circulación generaron las condiciones necesarias para que el periodismo se constituyera como un espacio de trabajo viable para los escritores.

Condiciones de autonomía: el surgimiento de las agremiaciones de artistas

La profesionalización del escritor en Argentina también estuvo influenciada por la consolidación de un campo literario y periodístico que buscó afirmarse de manera progresiva frente a las dinámicas económicas y políticas de la época. Este proceso no solo implicó el desarrollo de una industria editorial sólida y la conformación de un público lector amplio, sino también la creación de asociaciones de artistas e intelectuales orientadas a promover un sistema propio de legitimación del trabajo cultural.

Un elemento central en este proceso fue la conformación de agremiaciones artísticas que contribuyeron a la construcción de un discurso crítico y a la generación de espacios de sociabilidad para escritores y artistas. Un caso destacado es la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes (SEBA), fundada en 1876, cuyo propósito consistía en “crear un lugar de sociabilidad y de reunión [en torno al desarrollo de las artes] que evitara el aislamiento y favoreciera el intercambio de información e ideas” (Malosetti, 2007, p. 97). Estas asociaciones buscaron fortalecer la producción artística nacional y consolidar un aparato crítico que respaldara la profesionalización de sus integrantes.

No obstante, este proceso de consolidación del campo cultural estuvo atravesado por tensiones entre la influencia europea y la búsqueda de una identidad artística propia. Numerosos artistas y escritores argentinos viajaron a Europa con el fin de formarse, lo que dio lugar a debates en torno a la necesidad de construir un arte nacional autónomo. En este contexto, Pío Collivadino sostuvo que los artistas debían “inspirarse en las bellezas del terruño para llegar a tener un arte verdaderamente regional” (figura 1), expresión que refleja el interés por superar la dependencia de los modelos europeos y fomentar una producción cultural anclada en la realidad local.


Figura 1
Pío Collivadino. Caras y caretas, diciembre de 1920
recuperado de Hemeroteca Nacional de España.

El desarrollo de una crítica de arte y literatura también resultó fundamental para la consolidación de la autonomía del campo cultural. La aparición de publicaciones orientadas a promover la reflexión sobre la producción artística permitió la conformación de un sistema de legitimación propio. En diarios como La Nación se debatía de manera recurrente sobre la influencia europea y la necesidad de construir una identidad cultural argentina. Un artículo publicado en 1877 señalaba que “los grandes artistas honran a los países en que nacen y de esta gloria la República Argentina está privada” (La Nación, 1 de enero de 1877), expresión que evidencia la preocupación existente en torno a la creación de una tradición artística nacional.

De este modo, la autonomía del campo literario y periodístico en Argentina se fue consolidando a partir de la conformación de asociaciones de artistas, el desarrollo de una crítica especializada y la elaboración de un discurso orientado a definir una identidad cultural propia. Estos elementos resultaron decisivos para la profesionalización del escritor, al permitirle ejercer su oficio dentro de un sistema que, si bien continuó influido por factores externos, comenzó a establecer reglas de legitimación específicas y relativamente autónomas.

El rol del lector en la conformación del campo literario

La formación de un público lector activo y diverso constituyó otro de los factores centrales en el proceso de profesionalización del oficio de escritor. Durante las primeras décadas del siglo XX, Argentina experimentó un incremento sostenido en los índices de alfabetización, impulsado por la promulgación de la Ley 1420 de Educación Común en 1884, como se ha señalado anteriormente. Esta normativa estableció la educación primaria obligatoria, gratuita y laica, lo que posibilitó el acceso de sectores cada vez más amplios de la población a la cultura escrita.

En este contexto, Caras y Caretas desempeñó un papel significativo al fomentar la participación activa del lector en la producción de contenidos. A través de secciones como “Correo sin estampilla”, los lectores podían enviar colaboraciones y recibir comentarios críticos, lo que les permitió incursionar en la escritura y participar directamente en el proceso de producción cultural. Esta interacción entre escritores y lectores no solo contribuyó a la consolidación de un mercado editorial dinámico, sino que también favoreció la formación de un público crítico, capaz de interpelar los contenidos publicados y de demandar mayores niveles de calidad en la producción cultural (figura 2).

Si es usted niño, como nos asegura, reciba nuestros cordiales azotes”; “Elija Vd. entre estas otras la que mejor le convenga: lo suyo es inocente, tonto, insulso, pavo, ingenuo, aburrido, insignificante, soporífero, bobo, ridículo, absurdo, pesado, vulgarísimo, insoportable, fastidioso, incorrecto, vacío, cargante, etc. Y además es impublicable”; “Es el tercer intento desgraciado y debe bastarle para convencerse de que su cabeza no se hizo para estos usos. (Caras y Caretas, 13 de octubre de 1900, año 3, núm. 106).


Figura 2.
Sección “Correo sin estampilla”. Revista Caras y Caretas, 1910.

La imagen y la publicidad como dispositivos de modernidad

El uso de imágenes y de la publicidad en Caras y Caretas constituyó otro de los aspectos que contribuyeron de manera significativa a la profesionalización del oficio de escritor. Las fotografías y caricaturas no solo enriquecieron el contenido de la revista, sino que también permitieron a los lectores acceder a un universo de referencias visuales que hasta entonces les había resultado limitado. Este empleo de la imagen como dispositivo de modernidad fue central en la conformación de un imaginario moderno, en el que el consumo de bienes y servicios se vinculaba estrechamente con las nociones de progreso y modernización social.

Asimismo, la publicidad desempeñó un papel clave en el financiamiento de la revista, lo que posibilitó que escritores y periodistas recibieran una remuneración regular por su trabajo. Este modelo económico resultó fundamental para la consolidación de un mercado editorial en el que los escritores pudieron ejercer su oficio de manera sostenida, autónoma y profesionalizada.

En este sentido, un aspecto decisivo en la expansión de la revista fue su estrecha relación con la publicidad y el consumo. A medida que se consolidaba la clase media argentina y se ampliaba el mercado de bienes de consumo, Caras y Caretas incorporó de forma progresiva anuncios comerciales en sus páginas, lo que garantizó su sostenibilidad económica y la estabilidad laboral de sus colaboradores. Como señala Moraña (2008), la revista “creó necesidades, inventó deseos y convenció al público sobre la necesidad de consumir, a través de la imposición de ciertos productos que parecían indispensables para la vida moderna” (p. 262). Este modelo permitió que la publicación alcanzara altos niveles de tiraje y se afirmara como un medio de comunicación de referencia en la Argentina de la época.

Caras y Caretas contribuyó, además, a la construcción de una identidad nacional al integrar elementos populares dentro de su propuesta editorial. La revista no solo promovió el arte y la literatura, sino que también participó activamente en la difusión de un imaginario colectivo que reflejaba las transformaciones sociales asociadas a la modernidad. En este sentido, la publicación desempeñó un papel relevante en la definición de las dinámicas culturales del período, al tiempo que ofreció un espacio para la crítica social y política mediante la sátira y el humor gráfico.

Gracias al uso sistemático de la imagen, la revista logró ampliar su alcance hacia sectores con distintos niveles de alfabetización, facilitando el acceso a la información y a la cultura. Asimismo, la incorporación de ilustraciones permitió abordar temas políticos y sociales desde un tono humorístico y satírico, lo que contribuyó a reforzar su impacto en la opinión pública. Como resultado, Caras y Caretas alcanzó una tirada que superó los 150.000 ejemplares en 1920, consolidándose como una de las publicaciones más influyentes de su tiempo (Losada, 2013).

En síntesis, la incorporación de la imagen en la prensa ilustrada fue un elemento clave para la masificación de la lectura y la consolidación del periodismo de masas en Argentina. A través del uso estratégico de la fotografía y la caricatura, Caras y Caretas estableció un modelo de comunicación visual que facilitó la difusión de la cultura y el conocimiento entre un público cada vez más amplio.

Masificación y el rol del lector

La masificación de las publicaciones en Argentina durante la década de 1920 estuvo estrechamente vinculada al papel activo del lector en la consolidación del periodismo cultural. La expansión de la alfabetización, el desarrollo de la industria editorial y la diversificación de los formatos de publicación favorecieron la conformación de un mercado lector amplio y heterogéneo. Uno de los factores que impulsó este proceso fue el acceso creciente de la población a la lectura, resultado de las políticas educativas implementadas desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Como señala Rogers (2007), “la distinción entre autor y público comenzaba a perder su carácter sistemático, convirtiéndose en funcional y circunstancial, con lectores dispuestos a ser redactores, dibujantes o fotógrafos” (p. 3). Este fenómeno permitió que la prensa dejara de ser un espacio exclusivo de las élites y se transformara en un ámbito de interacción entre distintos sectores sociales.

La diversificación de las publicaciones desempeñó, asimismo, un papel central en este proceso de masificación. Junto a los diarios tradicionales, surgieron revistas ilustradas como Caras y Caretas, que combinaron textos, imágenes y caricaturas para captar la atención de un público amplio. Esta articulación entre palabra escrita e imagen visual facilitó el acceso a la información y permitió que lectores con diferentes niveles de alfabetización participaran activamente en la cultura escrita.

Un elemento central en la masificación de la prensa fue la publicidad. La incorporación de anuncios en las publicaciones permitió que revistas y periódicos obtuvieran los recursos necesarios para sostener su producción y ampliar su alcance hacia públicos cada vez más numerosos. Caras y Caretas, en particular, articuló sus contenidos culturales con anuncios comerciales, lo que la convirtió en un medio de promoción del consumo. De este modo, la prensa no solo funcionó como un canal de información, sino también como un dispositivo que facilitó la integración del público en las dinámicas económicas y sociales de la época.

Uno de los aspectos más innovadores del periodismo cultural fue la participación activa del lector en la producción de contenidos. A través de secciones como “Correo sin estampilla”, se fortaleció el vínculo entre la publicación y su público, al tiempo que se ofrecía una plataforma para que escritores aficionados pudieran dar a conocer sus producciones. No obstante, el proceso de selección de los textos enviados no siempre resultaba favorable para los colaboradores, ya que la revista mantenía un tono crítico y humorístico frente a los escritos rechazados. Como se señala en el documento, en las respuestas dirigidas a los participantes podían encontrarse comentarios como:

Si es usted niño, como nos asegura, reciba nuestros cordiales azotes

Lo suyo es inocente, tonto, insulso, pavo, ingenuo, aburrido, insignificante, soporífero, bobo, ridículo, absurdo, pesado, vulgarísimo, insoportable, fastidioso, incorrecto, vacío, cargante, etc. Y además es impublicable” (Caras y Caretas, 13 de octubre de 1900, año 3, núm. 106).

A pesar de su tono mordaz, esta sección incentivó la participación del público y consolidó un espacio de interacción en el que el lector no solo consumía información, sino que también aspiraba a formar parte del mundo editorial. La posibilidad de que un lector pudiera convertirse en escritor, aunque de manera ocasional, constituyó una de las características más innovadoras del periodismo cultural de la época.

El papel del lector en la masificación de las publicaciones también se manifestó en su función como consumidor y crítico. Gracias a la creciente alfabetización y al mayor acceso a los medios impresos, los lectores comenzaron a desarrollar una actitud más analítica frente a los contenidos que consumían. Este fenómeno evidencia que, si bien existía una diversidad de niveles de conocimiento dentro del público lector, todos participaban activamente en la configuración del periodismo cultural.

La masificación de las publicaciones en Argentina durante la década de 1920 no estuvo impulsada únicamente por el crecimiento de la industria editorial y la expansión de la alfabetización, sino también por la transformación del lector en un sujeto activo dentro del campo periodístico. La ampliación del mercado lector permitió que revistas como Caras y Caretas alcanzaran altos tirajes y consolidaran un modelo de prensa ilustrada que articulaba información, entretenimiento y publicidad. Asimismo, la participación del público en la producción de contenidos reflejó un cambio significativo en la relación entre escritores y lectores, abriendo nuevas posibilidades para la profesionalización del oficio de escritor y para la democratización del acceso a la cultura impresa.

Conclusión

La profesionalización del oficio de escritor en la Argentina de la década de 1920 estuvo estrechamente vinculada a la consolidación de un campo literario con mayores grados de autonomía, al desarrollo tecnológico de la imprenta, a la implementación de políticas de alfabetización y a la conformación de un público lector amplio y activo. En este entramado de transformaciones, Caras y Caretas desempeñó un papel central al constituirse como un espacio de mediación entre la producción literaria, el mercado editorial y los lectores. La revista ofreció a los escritores no solo un canal de publicación regular, sino también un ámbito en el que fue posible recibir críticas, construir reputación y establecer un diálogo sostenido con el público, condiciones fundamentales para la consolidación del oficio como práctica profesional.

La participación activa del lector en la producción y circulación de contenidos resultó decisiva para la conformación de un mercado editorial dinámico, en el que los escritores pudieron ejercer su labor con mayor autonomía relativa. A través de mecanismos de interacción directa, el lector dejó de ocupar un lugar meramente pasivo y pasó a desempeñar un rol relevante en la legitimación de autores y textos. Asimismo, la incorporación sistemática de imágenes y publicidad contribuyó a la construcción de un imaginario moderno, en el que el consumo de bienes culturales y materiales se asoció con el progreso, la modernidad y la vida urbana. Estos recursos no solo ampliaron el alcance de la publicación, sino que fortalecieron su sostenibilidad económica y su capacidad de intervención en el espacio público.

En este sentido, la profesionalización del escritor en Argentina no puede entenderse como un proceso espontáneo ni exclusivamente individual, sino como el resultado de una convergencia de cambios tecnológicos, sociales y políticos. La expansión de la imprenta, el aumento sostenido de los niveles de alfabetización y la consolidación de un público lector heterogéneo crearon las condiciones necesarias para que el periodismo se constituyera en un espacio de reconocimiento, estabilidad y proyección para los escritores. Al mismo tiempo, la transformación de la prensa en un medio masivo, apoyada en el uso estratégico de la imagen y la publicidad, permitió ampliar el acceso a la información y a la cultura escrita.

En definitiva, la profesionalización del oficio de escritor en la Argentina de los años veinte fue un proceso complejo y relacional, en el que interactuaron factores materiales, políticos y socioculturales. Este proceso no solo redefinió al escritor como un trabajador cultural remunerado, sino que también contribuyó a la formación de un público lector cada vez más crítico, capaz de interpelar los contenidos de la prensa y de exigir mayores estándares de calidad en la producción cultural. De este modo, la experiencia de Caras y Caretas permite comprender cómo la expansión del periodismo ilustrado fue un componente clave en la configuración de un campo literario moderno y en la redefinición de las relaciones entre escritores, lectores y mercado editorial.

Referencias

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Notas de autor

1 Director nacional editorial en Universidad Cooperativa de Colombia. Profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo (Colombia). Correo electrónico: Julian.pachecomartin@ucc.edu.co Orcid: https://orcid.org/0000-0001-5377-3291
2 Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana. Profesora de la Escuela de Educación e Innovación del Polítécnico Grancolombiano. Correo electrónico: gcasuarez@poligran.edu.co; Orcid: https://orcid.org/0000-0002-5347-941X


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