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¿Por qué es importante enseñar la complejidad de las sociedades que vivieron en Mesoamérica y Los Andes Centrales, antes de la irrupción de los españoles?
Why is it important to teach the complexity of the societies that lived in Mesoamerica and the Central Andes before the arrival of the Spanish?
Clio & Asociados. La historia enseñada, núm. 40, e0066, 2025
Universidad Nacional del Litoral

Artículos

Clio & Asociados. La historia enseñada
Universidad Nacional del Litoral, Argentina
ISSN: 2362-3063
Periodicidad: Semestral
núm. 40, e0066, 2025

Recepción: 05 abril 2025

Aprobación: 07 mayo 2025


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivar 4.0 Internacional.

Resumen: En el siguiente artículo se busca promover la reflexión sobre los usos del pasado en relación a las sociedades indígenas que habitaron estas tierras, antes de imponerse el nombre América. Las ideas que transmiten personas con un alto nivel de exposición pública generan polémica y desestabilizan determinados consensos académicos. En esta cuestión, las instituciones educativas de todos los niveles, tienen un rol muy importante, ya que no pueden estar al margen de estas polémicas. Partiendo de una fecha con un fuerte simbolismo, el 12 de octubre, se presenta un análisis bibliográfico sobre este tema, organizado en torno a preguntas-problemas comunes, para pensar posibles respuestas y relaciones. En ese sentido, avanzar hacia la construcción de una nueva ciudadanía con rasgos humanos es avanzar en la construcción de nuevas formas de narrar, en primer lugar, reconociendo, si no las voces de todos (sería imposible), al menos algunas más de las que la historia oficial no nos presentó. Apelar a la incertidumbre como forma de crear y re-crear es trabajar en la deconstrucción de saberes ya instituidos.

Palabras clave: reflexión, complejidad, sociedades indígenas.

Abstract: The following article seeks to promote reflection on the ways in which the indigenous societies that inhabited these lands lived in the past before the name America was adopted. The ideas conveyed by highly publicized individuals generate controversy and destabilize certain academic consensuses. Educational institutions at all levels play a very important role in this matter, as they cannot remain outside of these controversies. Starting with a date with strong symbolism, October 12th, a bibliographic analysis on this topic is presented, organized around common questions and problems, to consider possible answers and relationships. In this sense, moving toward building a new citizenship with human traits means advancing the construction of new forms of storytelling, first and foremost by recognizing, if not everyone's voice (that would be impossible), at least more of those that official history hasn't presented to us. Appealing to uncertainty as a way of creating and re-creating means working to deconstruct established knowledge.

Keywords: reflection, complexity, indigenous societies.

Introducción

El siguiente artículo tiene dos motivaciones, la primera, está vinculada con reflexionar sobre los usos del pasado en relación a las sociedades indígenas que habitaron estas tierras, antes de imponerse el nombre “América”. La otra motivación es vincular dos ámbitos laborales en los que me desempeño, que son los que contribuyen a pensar en los argumentos utilizados para pensar el punto anterior: por un lado, en la cátedra de Prehistoria General y Americana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL, en la que se analiza bibliografía específica sobre las sociedades que habitaron nuestro continente, antes de la irrupción de los españoles a partir de 1492. Por otro lado, el Instituto Superior Nº 4023 “Los Colonizadores”, de Santo Domingo, en la cátedra Ciencias Sociales y su Didáctica, que busca promover cómo enseñar los contenidos específicos de las Ciencias Sociales en el nivel primario.

Muchas veces, -y más aún en estos días, con las diferentes redes sociales- las ideas que transmiten personas con un alto nivel de exposición pública generan polémica y desestabilizan determinados consensos académicos. En esta cuestión, las instituciones educativas de todos los niveles, tienen un rol muy importante, ya que no pueden estar al margen de estas polémicas, sino que deberían ser aprovechadas para abordarse críticamente, promoviendo la formación de opiniones personales, y con argumentos.

En relación a esto, se utilizará como disparador una fecha clave -que también podemos cuestionar si sería correcta-, que generó y genera polémica: el 12 de octubre, en palabras de Miguel Gómez Mendoza (2015), un tema socialmente vivo. El autor agrega, además, que los temas socialmente vivos, están cargados de incertidumbre, de divergencias, conflictos y disputas.

En este artículo, se propone un análisis bibliográfico, es decir, recopilación de información ya existente sobre este tema, y organizarlo en torno a preguntas-problemas comunes, para pensar posibles respuestas y relaciones. Se intentará dar cuenta a interrogantes fundamentales: por un lado, ¿Por qué la selección de las sociedades que se asentaron en Mesoamérica y los Andes centrales? Para ello debemos pensar en sus características y en la forma de organización, ya que son sociedades de alta complejidad al producirse la irrupción española.

Por otro lado, ¿A qué hace referencia la complejidad en dichas sociedades? Un aspecto importante en la investigación de la complejidad social, política y económica es la identificación de las dimensiones de la complejidad. Esto nos lleva a pensar no sólo cuán complejas fueron sino cómo fue su complejidad. Finalmente, ¿Cómo es posible llevar estas discusiones al aula -independientemente del nivel educativo-?

De esta manera, se busca evitar un análisis descriptivo de la totalidad de las sociedades indígenas (que por otra parte sería inabarcable). Los testimonios disponibles para la reconstrucción de este tipo de sociedades “precapitalistas” son aportados por la Etnohistoria, la Arqueología y la Antropología. No obstante, las dificultades que presentan estas fuentes hacen necesario una constante comparación y valoración crítica.

1. Una fecha para (re)pensar

Sobre la fecha elegida, podemos decir que mediante el decreto Nº 1584, emitido en el año 2010, se estableció el 12 de octubre como día del “Respeto a la Diversidad Cultural” en Argentina, y busca reflexionar sobre la importancia de la diversidad cultural y del diálogo intercultural. De este modo, se le otorga un nuevo significado a la fecha, que respete y sea coherente con lo que establece nuestra Constitución Nacional, Tratados Internacionales y distintas declaraciones de Derechos Humanos enfocadas en las diversidades étnicas y culturales. Este no es un simple cambio de nombre ya que se establece un cambio de paradigma y se da espacio al reconocimiento de una identidad múltiple y una valoración de la inmensa cantidad de culturas originarias que conviven hace siglos en estos territorios. Cuestión que fue ocultada durante el proceso de construcción del Estado nacional argentino. Pero la fecha elegida, va más allá de nuestro país, es una fecha que atraviesa la Historia de gran parte de América Latina[1], ya que a lo largo del tiempo tuvo diferentes connotaciones, y lo que nos permite pensar es en la relación entre distintas concepciones sobre el pasado de las sociedades indígenas y sus formas de organización.

Del libro que publicaron Hobsbawm y Ranger (1989), podemos utilizar la expresión que popularizaron de “tradiciones inventadas”, resulta significativo esto, porque han logrado invertir la pregunta que parecía dominante—cómo el pasado se "refleja" en el presente—para pensar sobre cómo el presente organiza, construye, e interpreta el pasado.

En relación a esto, y en palabras de Mariela Coudannes Aguirre (2014), la conciencia histórica define el posicionamiento de los individuos frente al pasado, el presente y el futuro como parte de una temporalidad histórica compleja. Es una estructura inherente al pensamiento y a la acción humana cuya construcción responde a un fenómeno social amplio que no se reduce a la educación formal o a la historiografía.

Los profesores raramente introducen en sus clases una reflexión sobre los usos sociales de la Historia, el lugar de las referencias históricas en las democracias, y cómo los hombres manipulan la Historia en el lenguaje para dar cuenta de sueños personales y/o utopías.

Teniendo en cuenta la última idea del fragmento, me parece oportuno, hacer referencia a un fragmento de lo publicado desde la página web de la Casa Rosada (sede del Poder Ejecutivo en Argentina), sobre el 12 de octubre, en el que se puede leer lo siguiente:

Cada 12 de octubre se recuerda la llegada, en 1492, de la expedición del genovés Cristóbal Colón a las costas de la isla americana Guanahaní. Desde ese entonces, se da inicio al contacto entre Europa y América, hecho que marcó para siempre a ambos continentes. Este día se celebra en la mayoría de los países hispanoamericanos.

Esta fecha evoca el momento histórico en que España consolidaba su identidad como Estado y comenzaba a expandir su cultura a América con el llamado "Descubrimiento". Más allá de un evento geopolítico, este día ha evolucionado para conmemorar un concepto que va más allá de fronteras y razas, uniendo a millones de personas a través de la lengua y la cultura.[2]

¿Qué nos dice este fragmento que aparece en la web de un organismo estatal de acceso abierto para todo público? Claramente se observa que se utiliza otra denominación para el proceso que se inicia el 12 de octubre, ya que retoma el paradigma anterior del “día de la raza”, presentándolo como un contacto pacífico entre culturas y haciendo mención al término descubrimiento. Pero más que contacto, aclara que España comienza a expandir su cultura, insinuando que pasivamente quienes vivían en estas tierras, la aceptaron. Además, afirma que se “celebra” en la mayoría de los países hispanoamericanos. Cuestión que deberíamos revisar. Una posible forma de entrar en ese análisis y abandonar posturas extremistas, podría ser el hecho de pensar estas sociedades como complejas, ni mejores ni peores que las europeas. Pero para ello, es necesario conocer.

¿Cómo reconstruir la historia de las sociedades complejas que vivían en estas tierras antes de la irrupción de los españoles? Este interrogante se presenta recurrentemente en diferentes ámbitos académicos al momento de reflexionar sobre las formas de organización de las sociedades que vivieron en lo que hoy conocemos como América, pero hace miles de años atrás. Podemos afirmar que la Historia como ciencia, debe recurrir a otras disciplinas para entender ese pasado, ya que los materiales disponibles para la reconstrucción de las llamadas "sociedades prehistóricas" son aportados por la Etnohistoria, la Arqueología y la Antropología. No obstante, las dificultades que presentan estas fuentes hacen necesario una constante comparación y valoración crítica, la confrontación de enfoques y/o criterios, a la vez que el empleo crítico de herramientas conceptuales.

En palabras de Bechis (2010), se aplica la palabra étnico a cualquier estudio o manifestación cultural que lleve una impronta aborigen. Podríamos considerar a la Etnohistoria como la disciplina que se ocupa de estudiar la sociedad indígena mediante un maridaje entre paradigmas teóricos y metodológicos de la antropología y la Historia. “Maridaje” en el sentido de que Antropólogos se interesan por indagar cómo vivían y qué hacían los aborígenes, pero también los historiadores.

Para Binford (1991), el registro arqueológico está con nosotros en el presente. Está enterrado, con posibilidades de ser descubierto, y se compone de restos materiales y distribuciones de materia. El único modo de entenderlo es averiguar cómo llegaron a existir esos materiales, cómo se modificaron. Para analizarlo se necesita comprender las acciones humanas (dinámica) con las consecuencias de esas acciones observables en los vestigios materiales (estática).

Aclarado esto, se busca precisar qué entendemos por complejidad, para luego analizar algunos aspectos que han sido investigados en las sociedades que se organizaron en las dos grandes áreas nucleares: Mesoamérica y los Andes Centrales, aclarando una serie de advertencias a tener en cuenta al momento de reflexionar sobre la complejidad en dichas áreas.

Como se mencionó en la introducción, en el sitio oficial de la Casa Rosada, se utiliza el término “raza” en relación a la fecha seleccionada. Pero, ¿Qué es la raza? Considero que es una cuestión compleja y no podemos decir que hay una única definición. Peter Wade (2014) sostiene que el racismo, es un hecho social real. Además, hace hincapié en las relaciones entre naturaleza y sociedad, y nos invita a reflexionar sobre la dimensión biológica del concepto de “raza”, ya que podemos decir que hoy en día, se puede pensar más como una construcción histórico-social. Comparto esta última idea sobre el concepto de raza, como una construcción social del término, que busca diferenciar y mostrar a ‘otro’. Si tenemos en cuenta la larga duración, el concepto ha sido utilizado de diferentes maneras. De la cronología que propone el autor, podríamos decir que el concepto de “raza” estuvo relacionado con valoraciones negativas. Se utilizó y utiliza para justificar acciones de discriminación, dominación y exterminio.

Su trabajo también nos permite habilitar reflexiones sobre las desigualdades sociales y las múltiples subordinaciones que son sometidos aquellos a quienes se los encasilla en una “raza”.

Partiendo de la idea de que es una realidad histórico-social, el concepto “raza” ha ido cambiando y adaptándose a los diferentes contextos. En relación a esto, es válido preguntarnos qué significado tiene en la actualidad el concepto de raza.

En este sentido, y para enriquecer la discusión, es pertinente tener en cuenta el planteo de María Eugenia Chaves (2009), quien sostiene que en los últimos quince años ha renacido el interés de la academia por el estudio del concepto de raza; y esta tendencia se ha dejado sentir también en los estudios sobre América Latina. Además, remarca que la historiografía reciente trata el tema “racial” asociado con el proceso político de construcción de las naciones republicanas y con la implementación de la ciudadanía durante el siglo XIX.

2. Algunas consideraciones sobre la complejidad

Para Ben Nelson (1995), el término complejidad, se refiere -en la práctica arqueológica- a una red de propiedades cuyas interrelaciones son pobremente conocidas. Los sistemas sociales son considerados complejos si son comparativamente grandes demográfica y espacialmente, cuando abarcan asentamientos múltiples en una estructura política integrada, y cuando exhiben diferenciación social horizontal y vertical. Otras propiedades que el autor asocia con la complejidad son el ranking hereditario, la producción de excedentes y su apropiación por una élite, la especialización artesanal, y el intercambio a larga distancia.

Para poder poner en discusión la complejidad sociopolítica de sociedades precapitalistas como las seleccionadas, es necesaria la identificación de estas dimensiones de la complejidad. Al respecto, una pregunta pertinente puede ser no sólo cuán complejas fueron sino cómo fue su complejidad. Las dos propiedades que los arqueólogos asocian con la complejidad, como la escala y la jerarquía, son independientes.

Al momento de analizar la complejidad, es necesario tener en cuenta variables que revelan algunos indicios de escala y jerarquía. Nelson (1995) propone cinco manifestaciones del poder político: tamaño de la población, inversión del trabajo en la construcción de lugares centrales, escala de sistemas de caminos, programas mortuorios y simbolismo asociados con las facilidades de integración.

En relación a la escala, el tamaño demográfico y geográfico de una entidad política, así como también al tamaño de sus construcciones materiales, como monumentos, constituyen indicadores del número de personas que forman la unidad política y que pueden potencialmente actuar en conjunto de manera coordinada bajo una estructura de liderazgo. La cantidad de trabajo invertido en la construcción de edificios, infraestructura urbana y sistemas de caminos es otra manifestación, porque están asociados a una función social.

La Jerarquía, hace referencia al grado en el cual el poder se concentra en pocas personas dentro de una entidad política, una expresión de la habilidad de la jerarquía es el uso de la energía humana para la construcción de los edificios; ya que el trabajo contribuido en relación con el tamaño de la unidad política indica el grado en que el grupo dominante puede controlar a sus sujetos. Es posible tener en cuenta, además, el tratamiento mortuorio, es a veces simbólico del orden social, y marca relaciones con quienes siguen vivos.

Teniendo en cuenta este marco teórico proveniente de la arqueología y propuesto por Nelson, se intentará identificar algunos de estos rasgos en algunas investigaciones realizadas sobre las sociedades en Mesoamérica y el Área Andina.

3. ¿Por qué la selección de estas áreas nucleares?

Mesoamérica es un término utilizado por antropólogos para referirse a los actuales países de México central y sur, Guatemala, parte de Honduras, Belice y El Salvador como centro de un conjunto interrelacionado de altas culturas precolombinas. Los arqueólogos utilizan la expresión Andes Centrales, para designar una parte de Sudamérica occidental que abarca sur de la actual Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, norte de Chile, y noroeste de Argentina. Allí se desarrollaron sociedades densamente pobladas y cuyo nivel de organización es posible de considerar complejo.

¿Cuándo considerar complejas a estas sociedades? En primer lugar, es necesario aclarar que no se puede fechar con exactitud -además no es la intención de este trabajo-, cuándo estas sociedades se volvieron complejas, es importante remarcar que antes de la llegada de los europeos en el siglo XV, en Mesoamérica y los Andes Centrales tuvieron lugar ciclos de creación y destrucción de vastos imperios, horizontes culturales o civilizaciones -los términos varían en función de los investigadores-. Podemos nombrar, en el área mesoamericana, la civilización olmeca, teotihuacana, tolteca y azteca (Conrad y Demarest; 1988), y en el Área Andina Chavín, Mochica, Nazca, Tiahuanaco, Chimú e Inca (Conrad y Demarest; 1988). Estos largos procesos autónomos dieron lugar a sociedades con su propia fuerza, integridad y racionalidad, lo que les permitió sobrevivir, pese a fuertes presiones u hostilidades varias.

El lento y progresivo proceso de domesticación de animales y plantas fue trascendental en la historia de la humanidad no solo porque modificó las técnicas de subsistencia, sino porque fue la base del surgimiento de un nuevo tipo de organización social. En América, comenzó de modo independiente a Europa y Asia hace unos 8000 años antes del presente (AP).

La domesticación de plantas y animales no fue un proceso lineal ni uniforme en todas las sociedades que poblaron las diferentes regiones de América. Por el contrario, fue complejo, y en él se entrelazaron múltiples factores de diversa naturaleza. Pero sin duda, los casos de las tierras altas centrales del México actual, como la costa y la sierra del Perú son las regiones que, por el momento han producido, respectivamente, mayor cantidad de hallazgos.

En Mesoamérica, en el Valle de Tehuacán, en el sureste de Puebla, sus pobladores habrían comenzado con la domesticación de vegetales. Los primeros fueron calabazas, maíz, ajíes, entre otros. En las cuevas del valle de Oaxaca, donde habitaron los cazadores-recolectores en los períodos invernales, se hallaron semillas de calabaza y pequeños frijoles negros que, si bien podrían ser silvestres, marcan el comienzo del cultivo en el sur del Istmo de Tehuantepec hacia los 9000 años AP. En las tierras altas de Chiapas, hay restos de la calabaza vinatera, de 7500 años AP, por nombrar algunos ejemplos.

Por otro lado, en los Andes Centrales, tres regiones paralelas expresaron modelos económicos diferentes vinculados a la domesticación de animales y vegetales: la franja costera del Pacífico, la Sierra —que incluye a valles, quebradas y las altiplanicies de la Puna— y las Selvas húmedas ligadas a la cuenca amazónica, con vegetación boscosa y selvática. En la Sierra hay evidencias de domesticación de plantas desde hace unos 9000 años AP, se hallaron restos de frijoles, porotos y ají que, seguramente, traían de las cálidas laderas orientales de los Andes. En tanto que, en los abrigos y cuevas de la región de Ayacucho, al sur de Perú, en las Sierras Centrales, se encontraron junto a huesos de animales, numerosas cáscaras de calabazas y semillas de quinua. Recién hacia los 6000 años AP, en el norte de Chile, hubo indicios de cultivo de maíz, de papas, calabazas, frijol, y quinua.

Para acordar un criterio, podemos decir que estas sociedades se tornaron complejas, cuando comenzaron a asentarse en un lugar fijo, en un ámbito urbano, con construcciones monumentales, a producir excedentes con técnicas de cultivo intensivas, a desarrollar determinados rituales, a establecer un órgano de poder institucionalizado, marcando diferencias sociales. Debido al desarrollo cíclico de estas sociedades, estos rasgos pueden identificarse en diferentes momentos y en diferentes lugares. Podemos afirmar, que se hacen mucho más reconocibles en los -aproximadamente- cien años previos a la llegada de los españoles.

4. Reconocer propiedades de la complejidad

En este apartado, se expone una selección de rasgos de complejidad de las áreas seleccionadas, que fueron advertidos en la lectura y análisis de diferentes investigaciones. Sería imposible examinar todas las investigaciones realizadas hasta el momento, es por esto que se presenta un recorte, aclarando que podría haber muchos ejemplos que no figuren en el presente trabajo.

4.1. Los primeros rasgos de complejidad

Los investigadores Flannery y Marcus (2000), discuten si es la Olmeca, es la cultura madre de Mesoamérica. Está difundido que los olmecas fueron diferentes de sus contemporáneos en tipo más que en grado, crearon completamente un sistema simbólico de 1150-500 AC. En verdad, los autores adhieren que su contribución ha sido simplemente exagerada por los olmecas céntricos, que acreditan a los olmecas un montón de cosas que sus vecinos hicieron mejor o más tempranamente.

Los olmecas, habrían tenido su apogeo entre 1150 y 900 AC en la costa del Golfo de México. San Lorenzo (1150-900AC) seria quizás el sitio olmeca más temprano, sufrió una pérdida de población y muchos de sus monumentos fueron desfigurados probablemente por una jefatura rival. La Venta, el segundo centro olmeca, a unos 90 km del anterior, poblado entre 900-600 AC. En el ámbito académico existe una discusión en torno a si los olmecas son o no la cultura madre de Mesoamérica, no es el objetivo de este trabajo, entrar en dicha discusión, solo prestar atención a los rasgos que darían indicios de complejidad: comercio, control político y arte monumental.

El minucioso trabajo de la arqueóloga Wheeler Pires-Ferreira (1975) sobre la obsidiana y los minerales de hierro mostró los lugares de origen de tales productos, además de posibles redes de intercambio en formación en Mesoamérica. La importación de productos exóticos, como la obsidiana, fue característica de todas las regiones de Mesoamérica, aun antes de la aparición de la cultura olmeca. No obstante, esta cultura fue precisamente la primera sociedad de la que tengamos pruebas que organizó tantas y tan amplias vías importantes de obtención de materiales no sólo hacia una buena cantidad de regiones, sino también a la zona central. Entre las materias primas exóticas que, según se ha comprobado, se trajeron de tierras lejanas situadas al sur, encontramos obsidiana, ilmanita, magnatita para cubos y espejos, jade, concha marina de perla y concha de tortuga para joyería e instrumentos musicales (Wheeler Pires-Ferreira, 1975), así como posiblemente otros productos, entre ellos, algodón, plumas de pájaros y pieles de jaguares. Tal como puede comprobarse en la matrícula de tributos de los mexicas, casi dos mil años después, la obsidiana era traída de diversas fuentes del sur, centro, norte y oeste de Mesoamérica al área olmeca (Wheeler Pires-Ferreira, 1975). En las nuevas excavaciones realizadas en San Lorenzo ha sido posible descubrir ofrendas con toneladas de cubos de ilmanita y magnatita, procedentes de Jiquipilas, Chiapas y Oaxaca, lo que confirma lo documentado por Wheeler Piers-Ferreira en su estudio referido al tema.

Para demostrar que existió un control político entre los olmecas, pensemos en el testimonio material de dos enormes esfuerzos sociales realizados y que no podrían haberse llevado a cabo de otra forma: el movimiento de toneladas de piedra para sus esculturas y las grandes construcciones que formaban el centro cívico-ceremonial en los centros rectores de San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, para mencionar sólo los tres más grandes e importantes sitios conocidos hasta ahora. A esto hay que agregar no sólo la presencia de una compleja planificación urbana de edificios especializados sino también el enorme volumen alcanzado en la construcción de casi todos los altares mayores. Todo esto da muestra de un importante poder de convocatoria política y social.

Los centros cívico-ceremoniales más importantes, así como una enorme cantidad de sitios secundarios, se caracterizan por la presencia de comunidades planificadas con estructuras muy voluminosas destinadas para los gobernantes, alrededor de plazas y con zonas habitacionales ubicadas fuera de este centro. La arquitectura formal de estos centros posteriores a San Lorenzo, con plataformas enormes, canchas de pelota y pirámides de gran volumen, con perfil de terraza, orientación astronómica y en una concertada planeación urbana, los caracterizará durante los siguientes 600 años, así como a todos los centros cívico-ceremoniales posteriores en Mesoamérica.

En relación al arte monumental, muchos de los investigadores se han ocupado de la cultura olmeca de una forma más que somera, lo han hecho porque lo que les llama la atención es el estilo de su arte. Lo común, por ser repetido, obtenía reconocimiento de mayor número de personas. Algunos investigadores afirman que el estilo artístico, funcionaba como una estrategia de control social. Los olmecas poseían una cosmología semejante a la de culturas vecinas, la cual era informal y heterogénea. Es durante la evolución olmeca que se formaliza y organiza la gran religión mesoamericana, con su panteón de dioses de la naturaleza, fertilidad y agricultura, sus periodos cíclicos rituales, determinados por la lectura de los astros, la inclusión del juego de pelota en la religión, y el sacrificio humano. El estilo de arte olmeca es una alerta sintetizada de un sistema social mucho más complejo y sólido.

En fin, no existe otra cultura tan temprana que exhiba semejantes características cuantitativas y cualitativas de control político -evidenciado por el comercio a larga distancia y el traslado de toneladas de piedra para su arte monumental desde sitios ubicados a cientos de kilómetros de distancia- multitud de construcciones de grandes obras hidráulicas y edificios cívicos, ceremoniales y religiosos, en ciudades concertadas y urbanizadas, y un estilo de arte monumental con una relevancia que va más allá de su área inmediata en lo concerniente a los símbolos de la autoridad civil y la religiosa, así como a los atributos de la cosmología divina, y que no comparte con otra sociedad vecina coexistente.

En palabras de Lee Whiting (2004), los complejos culturales enteros, como las muestras de que comerciaron con casi toda Mesoamérica, y un consumado control político, ejemplificado por las construcciones voluminosas, la planificación urbana y el transporte de miríadas de toneladas de piedra para el arte monumental, así como la amplia variedad de esculturas y otros objetos artísticos monumentales están presentes sólo en el área de influencia olmeca.

Por otro lado, para ilustrar de qué manera la complejidad se fue desarrollando en los Andes Centrales, es importante destacar las investigaciones arqueológicas sobre el sitio de Chavín de Huántar, que se encuentra a 3150 metros de altura, en un valle. Al sur de dicha ciudad, se encuentran los restos del centro monumental que consta de plazas, terrazas y edificios de plataforma con fachada de piedra. El número y la complejidad de las galerías son únicos dentro de los centros monumentales andinos conocidos: una compleja red de pasillos, habitaciones y escaleras, interconectados por un sistema de pozos de ventilación y canales de drenaje, impregna los edificios del templo, las terrazas y las plazas. La arquitectura y las obras de arte distintivas, inspiraron a los primeros investigadores a considerar el sitio como centro de origen de un estilo Chavín y, de hecho, como el origen de la civilización andina, como por ejemplo Julio Tello (1960).

Es importante tener en cuenta que la tendencia a considerar los lugares arqueológicos tal y como aparecieron tras la finalización de las obras pasa por alto los procesos de construcción, que debieron consumir cantidades considerables de tiempo y energía humana. El propio proceso de construcción se convirtió en una muestra e instrumento de la autoridad de los dirigentes, tanto en relación con las poblaciones locales como con los visitantes, y pudo ser utilizado para planificar e implementar estratégicamente este crecimiento de la autoridad, manifestado físicamente como una utilización de materiales y procesos de construcción cada vez más intensivos en mano de obra, un patrón de manipulación creciente de la naturaleza, y un cambio de un entorno ritual. Los líderes podían aumentar su propia autoridad ampliando el templo: los numerosos cambios y adiciones sugieren que los líderes utilizaron activamente el diseño y la construcción de los edificios de Chavín de Huántar como medio para promocionarse.

En este lugar, los investigadores encontraron evidencias que apoyan la idea de que el sitio funcionó como un centro de entrenamiento de múltiples visitas o de largo plazo. Los grupos dirigentes de Chavín construyeron una multitud de espacios externos e internos cada vez más diversificados a lo largo del tiempo, lo que sugiere una necesidad de actividades y rituales distintos para diferentes grupos de personas. La construcción de las tres plazas conocidas y las escaleras que las acompañan, proporcionaron múltiples espacios para reuniones y procesiones.

Es muy probable que los inicios del centro fueron como un espacio comunitario de acción y observación colectiva, relacionado con los ciclos agrícolas, astronómicos y meteorológicos. La transformación del centro en un monumento dominante del valle tuvo un efecto complejo; se convirtió en un lugar regional de importancia, implicando un flujo de materiales e información hacia -y desde- Chavín de Huántar.

Un artículo publicado en una revista de Antropología, nos aporta más indicios para pensar en este sitio y su rol en la construcción de poder. Mesía Montenegro (2014) se detiene a investigar los festines que se realizaron en el sitio, y los reconstruye con la evidencia encontrada en el basural. Al ser realizados a un nivel supracomunal (es decir, que incluía no sólo a las comunidades locales, sino también a otras más alejadas) pueden brindar información sobre las relaciones entre aquellos quienes lo ofrecieron y aquellos quienes eran invitados a los mismos. En este artículo se presenta evidencia de festines supracomunales, la cual fue recuperada de un extenso basural estratificado, excavado en Chavín de Huántar, el cual se ubica cronológicamente en el Formativo Tardío de los Andes Centrales (800-500 a.C.). En primera instancia se analizan las características formales de los depósitos que componen el basural, para luego examinarse la diversidad en la incidencia y variabilidad de formas cerámicas, restos de fauna animal, parafernalia narcótica y objetos calificados como exóticos. Finalmente se discuten las implicancias de festines supracomunales en el contexto ceremonial andino, así como las estrategias en el ejercicio de poder llevadas a cabo durante el Formativo Tardío en los Andes Centrales.

4.2. Organización social y política

Con respecto a la estructura social del Tawantinsuyu, podemos expresar que se trata de una sociedad jerarquizada, dividida en estamentos o grupos estratificados. La estructura social del Tawantinsuyu contiene una sociedad estratificada compuesta por grupos sociales con diferentes status, cada uno tenía derechos, obligaciones y privilegios diferentes condicionados por la cuna o descendencia familiar, - un hijo de inca será del grupo superior, un hijo de hatun runa será hatun runa siempre-, la cuna determinaba la riqueza, la ocupación u oficio, la vestimenta, sus adornos, su vida cotidiana.

Resulta necesario precisar la conformación del poder de los incas específicamente en la cúspide de ese poder: el Sapa inca. La historiografía andina confrontó los aportes de las crónicas españolas y la información etnográfica para establecer la dualidad del poder en los andes: el co-reinado. Había dos autoridades simultáneas en el Cuzco y fuera de él: Anan y Urin. Anan y Urin son dos nociones opuestas y complementarias, la primera suele identificarse como arriba, derecha, fuera, lejos, varón, seco; la segunda se ejemplifica normalmente con abajo, izquierda, dentro, cerca, mujer, húmedo, pero en clara oposición-complementación.

El gobernante inca vestía y llevaba unas impresionantes insignias, viajaba en litera sostenida por criados especiales, mantenía un gran harén y rodeaba su corte de una elaborada etiqueta. (Rowe, 1946). Destacado arqueólogo y antropólogo.

En relación al área Mesoamericana, Pedro Carrasco (1978), sostiene que a la llegada de los españoles había una gran diversidad social y cultural en los territorios que habrían de constituir el México actual. Dicho espacio, se caracterizaba por una gran diversidad lingüística y por la fragmentación de unidades sociopolíticas de reducida extensión geográfica, siendo la complejidad lingüística una de las más grandes del mundo.

La magnitud y extensión de la agricultura chinampera, requería una organización central que coordinara el trabajo, controlara a todas las regiones afectadas por las obras y dispusiera del poder para dirigir trabajadores. Carrasco sostiene que es típico de esta organización que la economía está dirigida por el estado que organiza y controla la producción, y que se apropia el excedente económico determinando políticamente la distribución (Carrasco, 1978: 184).

La base material era suficiente para sostener una sociedad numerosa y compleja, con una marcada división social del trabajo que incluía la especialización y la estratificación social, es decir una distribución desigual del poder económico y político entre los distintos sectores sociales

Después de que la Triple Alianza derrotó a los tepanecas (1428) la sociedad mexica se estratificó mucho más y la élite gobernante centralizó los frutos de la victoria en sus manos. A la par que se extendía el imperio, el huey tlatoani y los pipiltin que participaban directamente en el gobierno y -los tetecuhtin o nobleza guerrera- fueron adquiriendo más poder.

Podemos afirmar que la sociedad jerárquica en estas áreas, se caracteriza por tener menos puestos de status valorado que individuos capaces de desempeñarlos. Además, la mayoría de las sociedades jerárquicas tienen un número determinado de tales puestos, que no aumentan ni disminuyen con las fluctuaciones de poblaciones. Una de las técnicas más usadas para limitar los status, consiste en hacer depender la sucesión al status en función del orden de nacimiento (en el caso de los Incas). Este principio, que se encuentra en sociedades de parentesco organizado, persiste en muchas sociedades más complejamente organizadas. Pero reconocemos otras variantes, en las que el acceso al status elevado puede ser por elección, pero los candidatos solamente pueden proceder de ciertos linajes que representan ya selección por orden de nacimiento (en el caso de los Mexicas).

Una cuestión clave para entender las características de la organización social de estas civilizaciones, podemos encontrarla en una diferenciación que plantea Fried, quien sostiene que

… la sociedad jerárquica opera sobre el principio de status diferencial para miembros con habilidades similares, pero estos status están desprovistos de poder político o económico privilegiado, siendo el punto primero el fundamental para el análisis actual. Mientras tanto, la sociedad estratificada se distingue por las relaciones diferenciales entre los miembros de la sociedad y sus medios de subsistencia: algunos de los miembros de la sociedad no tienen dificultades en el acceso a los recursos estratégicos, mientras que otros tienen diversos impedimentos en su acceso a estos mismos recursos fundamentales. (Fried Morton, 1979: 141)

4.3. Organización económica, trabajo y producción de excedentes

La historiadora peruana María Rostworowski (2005) plantea que la economía inca se basaba en tres fuentes de recursos: la fuerza de trabajo (organizada a través de la mit’a), la tenencia de determinadas tierras (para sostenimiento del estado inca y del culto oficial al dios Sol) y la cría de camélidos (rebaños bajo control estatal). Dichos recursos eran indispensables para que el estado inca lograra sostener el principio de redistribución -o también llamado “reciprocidad estatal”- con diferentes fines, como el auxilio a poblaciones en momentos de sequía, la entrega de “dones” o “dádivas” a señores étnicos, la construcción de obras públicas.

La variedad de microambientes ecológicos posibilitó la realización de numerosas actividades, como la agricultura, la cría de camélidos, la pesca, los tejidos, la recolección de frutos silvestres. La agricultura permitió satisfacer las necesidades de subsistencia de los miembros de los ayllus como producir gran cantidad de excedentes para el estado inca. Diferentes técnicas agrícolas intensivas ampliaron las tierras de cultivo y la productividad. El maíz y la papa fueron los cultivos andinos más importantes. En la región de la sierra se destacó el cultivo de maíz en las terrazas o andenes, no sólo para la alimentación de los pobladores, sino también para elaborar la chicha con fines ceremoniales. La papa, en sus centenares de variedades, fue la principal cosecha de altura.

La cría de camélidos constituyó una actividad importante para el estado inca. Los rebaños de las comunidades como los que estaban bajo control estatal se desarrollaron principalmente en el altiplano. Entre los diferentes fines, los camélidos fueron utilizados para el transporte de cargas a los depósitos estatales.

Respecto a la fuerza de trabajo, el cumplimiento de la mit’a constituyó la forma de tributar bajo la dominación inca. Las prestaciones de trabajo eran una práctica antigua en la región andina; en el ayllu preincaico, sus miembros proporcionaban mutuos servicios por pertenecer a la unidad de parentesco, y lo cual les confería el acceso a los recursos de la comunidad. Así, los ancianos prestaban servicios (por ejemplo, supervisaban los cultivos), a cambio, “la comunidad” labraba sus tupus (lotes de tierra). Tras la expansión, el estado inca asignó cuotas de trabajo a los miembros del ayllu, procurando no interferir en las tareas comunales. El hatunruna o jatunruna era el adulto varón (entre los 25 y los 50 años de edad, según los cronistas españoles), jefe de familia y responsable de cumplir la cuota de trabajo, aunque colaboraban los miembros de su familia. Varios autores señalan la existencia de sectores que se encontraban exentos de efectuar la mit’a, así como los linajes reales, los “incas por privilegios” o “incas simbólicos” (aliados al Cuzco), los señores étnicos o curacas más importantes, los yanas (servidores perpetuos).

En cuanto a las formas de tenencia de la tierra, tras la expansión, el “dominio” de la tierra era considerado del estado inca, que concedía el usufructo a las comunidades étnicas sometidas. Se las suele denominar “tierras del ayllu” o de las “gentes del común”, según los cronistas españoles. Cada ayllu conservó la tenencia colectiva de la tierra, asignando tupus a las familias, según el tamaño de cada unidad doméstica. El estado inca exigió a los ayllus tierras baldías, en “barbecho”, o en algunos casos ya cultivadas, para el sostenimiento del Tawantinsuyu y del culto. Algunos autores las consideran “tierras públicas” debido al control de las mismas y el destino de sus producciones. La dominación inca también favoreció el desarrollo de formas de tenencia vinculadas a los sectores dominantes (dominios de los linajes reales o privilegios otorgados por servicios prestados).

Por otro lado, la economía de los mexicas se sustentó principalmente en la agricultura; otras importantes actividades de subsistencia fueron la pesca, el comercio, la caza y recolección. En la región montañosa se recurrió al sistema de terrazas de cultivo. Y, frente a las dificultades que registraba el extenso sistema lacustre del valle, se desarrollaron chinampas, áreas de cultivo de gran productividad, que se fueron extendiendo progresivamente. En las orillas de lagos y zonas pantanosas, donde el agua era constante y relativamente quieta, se construyeron con la tierra extraída del fondo de las aguas. Gracias a la técnica chinampera, Tenochtitlán fue creciendo y logró organizar un sistema de transporte efectivo mediante la navegación de embarcaciones de carga.

De acuerdo con la investigadora Teresa Rojas Rabiela (2001), en Mesoamérica se desarrolló un sistema de producción agrícola manual que no utilizaba animales. Uno de los efectos de la falta del ganado en el sistema de agricultura de la región fue el trabajo humano en todas las tareas agrícolas: creación de zanjas, canales, chinampas. Quienes trabajaban las tierras en la Mesoamérica prehispánica, utilizaron herramientas como bastones de madera endurecida al fuego y hachuelas para labrar la madera y cortar árboles, las cuales compensaban una parte del pesado trabajo de cultivar sin animales.

Pedro Carrasco (1978) propone brindar elementos que aporten a la comprensión global del funcionamiento económico de “México prehispánico”. El autor parte de la hipótesis de que se trata de una economía dirigida y organizada por el organismo político. Vale decir, a criterio de Carrasco, los factores fundamentales de la producción (tierra y trabajo) eran controlados por el Estado.

Los miembros del calpulli (denominados macehuales o macehualtin) reconocían antepasados comunes y se prestaban ayuda mutua llamada entonces macoa, ejercían la tenencia colectiva de la tierra, funcionaban como unidades administrativas para la recaudación de tributos y participación en la guerra.

En palabras de Carrasco, los calpules eran subdivisiones político-territoriales que funcionaban como unidades corporativas en aspectos económicos administrativos militares y ceremoniales, “el aspecto corporativo se manifiesta en los derechos colectivos a la tierra y en la obligación colectiva de desempeñar ciertas funciones sociales” (Carrasco, 1978:190).

4.4. Desarrollo urbano

En el siguiente apartado, la intención es presentar una serie de rasgos del desarrollo urbano de Tenochtitlan y Cusco, que contribuyan a pensar en la complejidad de estas sociedades, particularmente remarcando algunos rasgos de su arquitectura urbana.

Al interior de las ciudades-estados mesoamericanas se hallaban los calpullis o calpultin, cuyo origen se remonta a la sociedad preimperial, en términos de Conrad y Demarest, “el calpulli era la unidad básica de la pertenencia social en la primitiva sociedad mexica, así como la principal unidad residencial” (Conrad y Demarest, 1988: 42). La ciudad de Tenochtitlán se dividía en barrios principales, separados por calzadas que corrían en dirección de los cuatro puntos cardinales. Cada barrio estaba dividido por calpullis que tenían sus propios templos, tierras y funcionarios.

El historiador Alejandro Alcántara Gallegos (2004), realiza una interesante investigación sobre los barrios de Tenochtitlán, precisamente, el autor se detiene en lo que reconoce como una vacancia, por esto estudia las características topográficas, el patrón de asentamiento, la organización interna, el régimen de propiedad, los tipos de sitios residenciales y las construcciones realizadas. La intención de su trabajo es ofrecer una imagen general de los barrios de Tenochtitlán, y nos permite pensar en la complejidad del área urbana de una de las ciudades más importantes del área mesoamericana.

El autor advierte una gran diversidad en la coexistencia de predios familiares con características distintas dentro de un mismo barrio, lo que les otorgó una composición heterogénea. A pesar de esta conformación heterogénea, la organización del asentamiento siempre estuvo definida por una estructura topográfica común: la plataforma/vecindario. Entre los elementos topográficos que formaban parte de los vecindarios, y que enmarcaban el asentamiento de la población se puede comprobar la existencia de canales, caminos, callejones, puentes, chinampas y altares vecinales.

En términos generales, a partir de su trabajo, se puede decir que “los centros comunales parecen haber sido complejos arquitectónicos que incluían una plaza pública, un pequeño templo, una telpochcalli o casa de jóvenes y una casa de tequitlali, para atender las necesidades del centro comunal” (Alcántara, 2004: 190).

Las investigaciones arqueológicas sobre el desarrollo urbano en el área andina, no son suficientes para tener una imagen visual de la antigua capital. Para ello, es necesario recurrir a los textos de los cronistas coloniales y a las imágenes y grabados antiguos que se han conservado a lo largo de la historia del Cusco. Para la urbanización de este extenso espacio y dada su pendiente, que en algunos sectores era abrupta, el terreno tuvo que ser estabilizado con un extenso sistema de terrazas.

Los datos arqueológicos confirman que la capital del Tawantinsuyu fue el resultado de una actuación planificada, y muestran el carácter unitario y coherente de la canalización de los ríos y la construcción de las terrazas. Un muro en particular, el único documentado y con casi treinta metros de longitud, descubierto bajo la calle del Triunfo, nos permite saber que esta calle ya existía antes del trazado inka de la ciudad. Era parte del camino troncal del Qhapaq Ñan hacia el Antisuyu y permite pensar que la red de caminos regionales data de época preinka y que fue un factor que condicionó el nuevo proyecto urbano. Así, “caminos anteriores a los inkas, junto al trazado de las grandes terrazas y la posición de las wakas, ayudaron a fijar los ejes principales que acabaron organizando el espacio de la nueva ciudad” (Alfaro, 2014: 91).

En este proceso de diseño urbano, la definición de los espacios ceremoniales tuvo que jugar un papel privilegiado. El centro del Cusco era un agregado urbano denso y monumental delimitado por los cauces canalizados de los ríos Saphi y Choquechaca Tullumayo. Ambos descendían flanqueando el cerro de Saqsaywaman dibujando un gran triángulo de forma alargada. Dentro de este gran espacio urbano, se han conservado muros y calles inkas que nos ayudan a definir los principales espacios públicos de la antigua ciudad. Podemos plantear una posibilidad que se relaciona con la división simbólica del Cusco en dos partes y las atribuciones de cada una de estas parcialidades. En este sentido, Hurin Cusco, o la parte baja, es la que se vinculaba directamente con la élite religiosa vinculada al culto al sol y materializada en el Qorikancha. Hanan Cusco, por el contrario, era la vinculada con Pachacútec, la creación del imperio y la facción más guerrera, la cual tendría su imagen en la fortaleza de Saqsaywaman. Si tenemos en cuenta que las fiestas potencian, regeneran y aseguran la relación con las divinidades, resulta lógico el protagonismo de los escenarios de Hurin Cusco. Saqsaywaman, si bien puede ser comprendido como el complejo de casas del sol de arriba, tenía otras atribuciones, de tipo bélico por ejemplo (en su interior se encontraban los depósitos de armas). Esto no significa que Hanan Cusco no fuera escenario en las fiestas.

5. ¿Cómo es posible llevar estas discusiones al aula, independientemente del nivel educativo?

No se puede enseñar lo que no se conoce. Cuando se comienza a configurar el sistema educativo argentino a fines de siglo XIX, y a diferencia de las otras áreas del conocimiento escolar, la enseñanza de las Ciencias Sociales no llegó a las aulas con la intención de construir conocimiento significativo, no se trataba de lograr la formación de estudiantes en conocimientos y habilidades, sino en favorecer un proceso de identificación con los valores y la nacionalidad, intento necesario en una sociedad cuyo caudal inmigratorio era tan importante. Hoy, tenemos que pensar en la utilización de la memoria histórica como aprendizaje, haciendo partícipes a los estudiantes. Halbwachs (2004) sostiene que la memoria social no es un mero reflejo de los hechos del pasado, sino una compleja construcción en la que tanto recuerdos individuales como colectivos, experiencias pasadas y situaciones presentes se intrincan. La memoria -que no se presenta como estática-, se constituye en un campo ideal para reflexionar sobre los diferentes sentidos. En esta perspectiva, el pasado, es concebido como un capital de poder y, por ende, de disputas. Esto, se presenta como una oportunidad que ayuda a construir conocimiento y contribuye a la formación de seres autónomos en la toma de decisiones.

Desde los inicios de la escuela moderna, enseñar Historia ha sido un poderoso mecanismo que favoreció a construir el Estado a partir de un discurso homogéneo. Esta visión sigue presente en muchos libros, revistas y en los “actos patrios”. No nos referimos sólo a la figura de los próceres o de determinados hechos, sino que se trata de la producción de sentidos, del montaje de un dispositivo que define lo visible y enunciable como correcto y verdadero, casi incuestionable.

La Historia es la explicación de los sucesos, y hay un conjunto de testimonios que sostienen la veracidad de los hechos que se relatan: fuentes, monumentos, objetos, relatos, rituales.

Cuando la interpretación que realiza el historiador o funcionarios del Estado, está teñida por su cosmovisión ideológica, que se inclina por valorar lo sucedido como favorable o desfavorable, según su escala de valores, es cuando pensamos que amerita revisar aquello que narramos en las instituciones educativas y con qué objetivo, es decir, el de la mera reproducción o con la intención de encontrar las paradojas que son las que nos van a permitir indagar, pensar y reflexionar. Detrás de todo relato está presente la ideología, la cual atenúa lo que se dice, y otorga mayor o menor importancia a los hechos. El gran engaño no consiste en que, por ejemplo, Bartolomé Mitre interprete la Historia desde su concepción, sino que se intente enseñarla como la única y verdadera Historia, pretendiendo que no obedece a ideología alguna. Revisar la historia que nos enseñaron, implica volver sobre aquellos sucesos desde múltiples y diversas miradas.

Se enseña verdaderamente cuando, al ofrecer determinadas ‘señas’ acerca de por donde circula el conocimiento, se activa la potencia interior de cada persona. En este sentido, la educación es una habilitación para la construcción de la libertad. No basta con entender la realidad en que vivimos, sino que ayudar a formar una conciencia crítica es estimular las transformaciones en esa realidad, y esto es lo que hace a la educación un acto político.

Particularmente, toda aquella propuesta de enseñanza que promueva la reflexión, la argumentación, la justificación será significativa. Por lo expuesto, para el siglo XV, tanto en España como en lo que posteriormente nombran “América”, tenemos sociedades diferentes, complejas. Será importante que nuestra concepción no esté cargada de valoraciones positivas hacia una u otra, sino que seamos capaces de identificar sus diferencias en el marco de la complejidad de su organización. Será más interesante este ejercicio, que entrar en el juego de planteos maniqueos.

Avanzar hacia la construcción de una nueva ciudadanía con rasgos humanos es avanzar en la construcción de nuevas formas de narrar, reconociendo, si no las voces de todos (sería imposible), al menos algunas más de las que la historia oficial no nos presentó. Apelar a la incertidumbre como forma de crear y re-crear es avanzar en la deconstrucción de saberes ya instituidos, y abrir la posibilidad de la pregunta más que de la búsqueda incesante de la respuesta ya conocida, y por lo tanto inmovilizadora, y -aunque parezca repetitivo- uno no puede enseñar lo que no conoce, así que la gran tarea, de aquí en adelante, es buscar nuevas fuentes, nuevas interpretaciones, nuevas miradas que contribuyan a enriquecer nuestras percepciones, partiendo de la base de que las sociedades indígenas que habitaban nuestro actual continente no eran inferiores, tampoco superiores a las europeas, sino diferentes. Esas diferencias son las que debemos potenciar.

Reflexiones

Teniendo en cuenta el objetivo de esta presentación, es decir, recopilar información ya existente, y organizarla en torno a preguntas-problemas que nos permitan reflexionar por qué las sociedades del área mesoamericana y andina eran complejas al momento de la irrupción de los españoles, se proponen una serie de reflexiones.

En primer lugar, es importante pensar en las características y en la forma de organización de estas sociedades, ya que son consideradas de alta complejidad para el siglo XV. Pero es necesario tener en cuenta, que la Triple Alianza y el Tawantinsuyu, son formaciones políticas que incorporaron y sistematizaron, prácticas, rituales y estilos de civilizaciones previas que también mostraban rasgos de complejidad social.

No existe un único criterio que permita clasificar la complejidad de la organización social, pero sí, diferentes rasgos que nos ayudan a pensar en grados de complejidad en diferentes momentos y regiones. A esto obedece la organización de los apartados del trabajo, ya que podemos identificar signos de complejidad en la cultura Olmeca para el caso de Mesoamérica y en la cultura Chavín para los Andes Centrales. El desarrollo de estas sociedades fue cíclico, combinando momentos de auge y crisis, en distintas áreas culturales.

Otra advertencia que podemos pensar, es que no es de utilidad comparar -al menos usando un criterio temporal- a las sociedades que se desarrollaron en Mesoamérica y Los Andes, por esto se hace necesario pensar otros criterios, que podrían ser: la domesticación de plantas y animales, el desarrollo de la cerámica, de sistemas de organización política y estratificación social, de arquitectura monumental y rituales ceremoniales.

Espero que lo presentado, sea una invitación a poder revisar las diferentes visiones sobre el pasado, y profundizar en el conocimiento sobre la forma de organización de estas sociedades, ya que desde allí, es decir, de lo que conocemos, partimos para diseñar cualquier propuesta de enseñanza.

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Notas

[1] A comienzos de este siglo XXI, varios gobiernos de Latinoamérica, optaron por darle otra denominación a la fecha, dejando de lado la idea de “descubrimiento”. En Colombia, Uruguay y Argentina hacen referencia a la “Diversidad Cultural”. En Perú, a sus “pueblos originarios y al diálogo intercultural”, en Bolivia lo denominaron “Día de la Descolonización”, en Chile, la fecha refiere al “Día del Encuentro de Dos Mundos”. Venezuela y Nicaragua, por ejemplo, conmemoran la resistencia indígena, mientras que México lo llama “Día de la Nación Pluricultural”. En algunos países, como Guatemala y Honduras, todavía perduran las denominaciones tradicionales, ya que en dichos países se hace referencia a “descubrimiento” e “hispanidad”.
[2] https://www.casarosada.gob.ar/slider-principal/50708-dia-de-la-raza consultado el 14/03/2025


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