

Debates
Buenas tardes para todas y todos ustedes nuestra audiencia de hoy. Gracias por su presencia aquí con nosotros y por su amable disposición para debatir sobre lo que se ha venido constituyendo como un asunto de interés y preocupación pública en relación con un asunto que está en el corazón de una particular forma de hacer política pública; me refiero a la medición de la ciencia, más exactamente, la medición de la producción científica como forma privilegiada por este New Public Management, por esta Nueva forma de hacer Política Pública en C&T. La medición de la producción se constituye en forma privilegiada por que le permite a aquella política poner en marcha sus procesos de rendición pública de cuentas (Public Accountability) en torno de los cuales gira su credo de excelencia, transparencia, decisionismo informatizado, emprenderismo, en fin, de un conjunto de valores que originados en el sector privado comenzaron a implementarse como una nueva, mejor y más eficiente forma de administración de lo público a comienzos de los años 80 del siglo pasado en Inglaterra y los EEUU, y una década después en América Latina.
Pero antes de continuar permítanme por favor expresar mi agradecimiento a la organización del Congreso y en particular al profesor Eduardo Restrepo quien se tomó todas las molestias e hizo las gestiones para introducir este tema de la política de ciencia y tecnología en la programación del Congreso, y por supuesto cómo no, agradecerle por su invitación a este espacio privilegiado que me brinda la oportunidad de debatir con ustedes sobre este asunto de interés y preocupación pública que en cuanto tal es una preocupación compartida con Eduardo y como se verá al cabo, con muchos de ustedes los asistentes a este evento.
Dicho lo anterior quisiera posicionarme en este “espacio privilegiado” trastocando una fórmula ritual de apertura que he visto en varias sesiones durante este Congreso, y entonces les diré que tomo asiento aquí revestido de autoridad, de la autoridad que proviene de una experticia muy particular que combina la bibliometría, la sociología y los estudios sociales de la ciencia. Experticia adquirida a través de un largo proceso de formación académica que me condujo hasta el nivel doctoral, gracias al cual pude iniciar hace ya casi 12 años una carrera profesional como docente en la Universidad Nacional de Colombia, carrera en la que ocupo hoy el lugar de profesor asociado, lo cual, además de revestirme con autoridad, me reviste con el poder que esta sombrilla institucional me da para acceder a un sistema estratificado de oportunidades, ventajas y reconocimientos. De estos dos pilares de la autoridad cognitiva y el poder institucional con los que tomo asiento aquí hoy derivo no solo las condiciones materiales y existenciales de mi vida y la de mi familia, sino que, además, sobre ellos he llegado a ser partícipe de esa glamurosa forma de vida que es ser docente universitario. Con esto quiero agregar entonces que aparte de sentarme aquí con autoridad y poder, estoy también revestido de intereses que me sitúan y posicionan frente al tema del debate de hoy, porque este debate que nos reúne no es solo un debate sobre la política sino que es un debate político en sí mismo que nos exige posicionarnos, a mi como expositor y a ustedes como audiencia.
Dos preguntas2 orientadoras propuestas por la organización del Congreso articulan este debate, en torno de la medición de la producción científica; nos dice la pregunta, por qué...
A pesar de las críticas planteadas, ¿tales políticas terminan por ser apropiadas e instrumentalizadas?
Pensando en el mediano y corto plazo, ¿cuáles podrían ser las acciones y los mecanismos más adecuados enfrentar tales políticas?
Mi intervención en este debate está orientada a responder esta primera pregunta.
La pregunta, como nos la plantea la organización, tiene varios problemas; elprimero de ellos es que su formulación implica o supone una suerte de alteridad radical entre un nosotros-que-es-un-yo, una comunidad científica y académica nacional; y un otro que formula, implementa y operacionaliza la política a través de los modelos de medición y otros mecanismos de ajuste institucional. Tal alteridad es sin embargo una construcción ideológica que hemos ideado para librarnos de la responsabilidad que nos corresponde como artífices y agentes de la política y sus medidas.
El segundo problema esque la pregunta implicaosupone una ciertaintemporalidad, como si este conflicto entre ese otro imaginado y este yo-que-es-un-nosotros fuese constitutivo de estas dos identidades, como si fuese un conflicto que ha existido desde siempre, y eso tampoco es así. Esto tampoco es así, mi impresión es que esta versión es también parte de la misma construcción ideológica que nos permite representarnos a nosotros mismos como un agente cognitiva y moralmente superior frente a ese otro imaginado al cual se endilgan todo tipo de intencionalidades obscuras y macabras. El conflicto tiene una temporalidad a partir de un conjunto de cambios que tuvieron lugar en el modelo de evaluación (c.2012), modelo que hasta entonces había permanecido con bajo perfil por fuera de la esfera pública, como un asunto de expertos y políticos exclusivamente, pero del que todos finalmente nos beneficiábamos o nos resultaba indiferente.
Y el tercer asunto, que no está enteramente explícito en la pregunta, es que el problema con el modelo de medición solo atañe a las ciencias sociales, las ciencias humanas y las humanidades. Claro que el modelo tiene consecuencias para estas comunidades, pero estas consecuencias traspasan las estrechas fronteras disciplinares que supone la pregunta, pues el modelo tiene también consecuencias del mismo tipo para las ciencias naturales, las ciencias exactas, las artes, el derecho y la economía: el distractor que se ha movilizado de una guerra de la ciencias a la criolla es solo un subterfugio; y así como las consecuencias atraviesan las fronteras disciplinares atraviesan también las fronteras geopolíticas pues también en el norte global este modelo viene produciendo subalternidades epistémicas del mismo tipo del que se están produciendo aquí en el sur global como consecuencia de la implementación del New Public Management para la ciencia y la tecnología. De manera corolaria, entonces, debe entenderse que si bien nuestro debate de hoy parece muy parroquial, muy local, muy colombiano, este mismo debate está teniendo lugar en todo el mundo porque aquello a lo que nos estamos enfrentando es a la transición histórica de una Ciencia Modo 1 a una Ciencia Modo 2 a escala global, así como la transformación y translación concomitante de los lugares de producción de saber: el futuro de nuestras instituciones universitarias, como diría el viejo Nietzsche, es lo que está en juego aquí también. Lo que ha provocado este escalamiento global de la transición es, justamente y entre otras cosas, el proceso de estandarización y homogenización que el modelo de evaluación de la producción ha realizado: la bibliometrización del mundo, parafraseando a Latour.
Pero entonces me dirán ustedes que cómo así que este debate que era sobre el otro, termina siendo un debate sobre nosotros. Y si, al menos en un componente muy central, la responsabilidad por estas políticas es nuestra en la medida que desde antes de 2012, yo diría, desde aquel momento constitucional de finales de los 60 del siglo pasado cuando el proceso de institucionalización de la ciencia nacional formuló los que serían los mecanismos políticos de interlocución con el estado en ese mítico seminario de Fusagasugá de 1968, desde ese momento constitutivo comenzamos un paulatino proceso de transferencia, de delegación de la autonomía cognitiva, es decir del poder, pero también de la responsabilidad y el trabajo, que significa la validación social del conocimiento por parte de las propias comunidades científicas y académicas. Conforme las décadas fueron avanzando fuimos delegando cada vez más autonomía en el que terminó convirtiéndose en ese organismo “rector” de la ciencia y la tecnología, en ese Leviathan llamado Colciencias; fuimos confiando más y más en sus permanentes y masivos procesos de evaluación con miras al “reconocimiento y el escalafonamiento” de individuos, grupos, centros de investigación y revistas. Y esta delegación no fue una enajenación o una expropiación, fue ¡voluntaria! Y es que puesto en perspectiva, nosotros somos finalmente más positivistas de lo que quisiéramos creer y estaríamos dispuestos a aceptar. Esta paulatina delegación fue resultado de nuestra ingenua buena fe positivista, de nuestra oculta pero cómplice creencia en la ciencia, en que nosotros encarnamos esos valores modernos que son los que finalmente nos configuran como una élite social en el país, y nuestra certeza en que esos valores que ocultamente compartimos y nos constituyen como esa cosa indivisa que llaman la “comunidad científica nacional”, eran también los valores sobre los que Colciencias estaba fundado, como quiera que si miramos los cuarenta años de su historia la permanente presencia de representantes-no-elegidos de esta elite que somos tomaron posiciones en los cargos decisorios de esa organización, y tomaron decisiones cuya aceptación en mayor o menor grado estuvo, al menos en parte, en función del capital político que estos representantes pudieron movilizar en sus instituciones universitarias de origen. Silenciosa, casi secreta, nuestra confianza en la posibilidad de una política científica “científica” formaba parte de nuestra creencia, muy moderna, muy positiva en la educación, la ciencia y la tecnología como motores del desarrollo. Este es el origen, en mi opinión, de un proceso de cambio cultural de las comunidades científicas y académicas. Ahora bien, voy a dejarnos tranquilos por un momento mientras rápidamente expongo las consecuencias de esta paulatina transformación cultural que se fue co-produciendo simultáneamente con el desarrollo de la nueva institucionalidad del sistema nacional de ciencia y tecnología. Para hacer breve la historia, y enfocarnos sobre lo sustantivo, a mediados de la década de los 90 se comienzan a aclimatar e introducir un conjunto de reformas estructurales en los sistemas de educación superior y de ciencia y tecnología. Por supuesto, estas reformas no surgen ex nihilo, venían amarradas, las primeras, a los compromisos del país que ya desde entonces tenía sus miras puestas en el ingreso a la OCDE: es por esta vía por donde nos llegaron las pruebas piza así como todo el Bestiario de Bolonia3, y es por esta vía por la que hemos quedados mesmerizados con los rankings universitarios y un modelo de educación superior que concibe este servicio como un mercado, que ahora ya bien entrado el siglo XXI, comenzamos a entender que se trata de un mercado global: ya no se trata de la competencia entre UniAntioquia y UniNacional (el inicio del New Public Managemente), sino entre universidades públicas y privadas, y próximamente entre universidades nacionales y extranjeras. La otra gran agenda de política de ciencia y tecnología que es funcional para la de educación es conocida como la agenda de internacionalización de la ciencia. Si nuestro sistema universitario estaba encaminándose al círculo de la excelencia emulando los acuerdos de Bolonia para poder generar intercambios y flujos entre el norte y el sur, y mostrarle al mundo que al menos en educación superior teníamos los estándares OCDE -lo cual supuestamente nos haría más competitivos en el mercado global-, entonces la investigación científica (que dicho sea de paso aún hoy sigue estando alojada de manera preponderante en las instituciones de educación superior) debería también internacionalizarse4.
De esta manera con los buenos oficios de la Comisión Nacional de Acreditación y sus metodologías de autoevaluación con miras a la acreditación de alta calidad de instituciones universitarias y programas académicos (códigos SNIES), de un lado, y el diseño de una política de incentivos directos a la productividad internacional, el apoyo a redes, la configuración de grupos y el mejoramiento de las revistas nacionales, por otro, todos creímos, o una buena parte de nosotros creímos, que este proyecto de la internacionalización de la educación, la ciencia y la tecnología era posible y bueno.
Ahora bien, estas reformas estructurales de los sistemas indujeron entonces otro conjunto de reformas ahora a nivel de las instituciones ejecutores, una reforma en la cultura de la organización universitaria: oficinas de internacionalización en las universidades, movilidad académica, colaboración internacional, redes internacionales, grupos de investigación con miembros internacionales y publicaciones internacionales.
En esto consiste la doble pinza, El Ministerio-CNA con sus modelos de autoevaluación, y Colciencias y sus modelos de medición atrapan a las universidades que de buen grado hicieron el cambio en su cultura organizacional para convertirse en prisioneras de sí mismas, de los sistemas de evaluación y monitoreo que ellas mismas ayudaron a construir y expandir; y como estas universidades están prisioneras de estos sistemas no tienen otra opción que atarzanar5 a sus asociados, los profesores universitarios, para cumplir con los objetivos y las metas que proponen los sistemas de evaluación y monitoreo. De allí que todo intento de insurrección termine sofocado... desde adentro. Esta cascada de dispositivos, discursos, políticas e incentivos terminaron entonces por producir un nuevo cambio cultural en las comunidades académicas consistente en cambios en los patrones de docencia, de investigación y de publicación que el modelo promueve, generando por esta vía una reconfiguración de la élite científica nacional6. Ahora bien, estas élites quedarán relegadas a cumplir el papel que la nueva división del trabajo científico a escala global les impone en un modelo que ha sido caracterizado como integración subordinada basado en una práctica científica hipernormal7 que compromete las agendas nacionales de investigación.
Quienes no se avengan a estos cambios terminarán “pateando piedras en el baile de los que sobran”8, serán cada vez más invisibles, el sistema de oportunidades irá cerrándose paulatinamente para ellos y terminarán por desaparecer, junto con sus intereses, agendas y problemas de investigación pues sus publicaciones ya no serán transables por reconocimiento, recursos y acceso a bolsas de financiación y beneficios. Lo triste, lo trágico de esta historia es, en palabras del filósofo Byung- Chul Han, que estos profesores subalternizados sentirán que fracasaron en la sociedad neoliberal del rendimiento y la productividad, y se sentirán responsables por ello para terminar avergonzados de sí mismos en lugar de poner en duda el sistema que los excluye de esta forma. En esto consiste el mecanismo de control de la accontability, de ese biopoder que redirecciona contra sí mismo la agresividad del individuo anulando de esta manera al revolucionario, al no conformista, produciendo en lugar de ello un individuo depresivo y temeroso que toma incluso las decisiones y los cursos de acción que claramente discierne como equivocados. Es por esto por lo que, a pesar de lo equívoco de las políticas, estas siguen implementándose y operacionalizándose con la colaboración de todos nosotros.
Notas

