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GASTÓN GORI: LA PROFUSIÓN DE PALABRAS Y EL SILENCIO
Gramma
Universidad del Salvador, Argentina
ISSN: 1850-0153
ISSN-e: 1850-0161
Periodicidad: Bianual
núm. Esp.09, 2020
Recepción: 31 Marzo 2018
Aprobación: 24 Mayo 2018
Resumen: Gastón Gori (1915-2004), escritor santafesino, publicó más de cuarenta libros durante su vida, en los que abarca diferentes géneros: el ensayo, la narrativa, la poesía. Desde la década de 1940 en adelante, fue galardonado con designaciones y con premios, participó activamente en diversas instituciones de Santa Fe y de la zona, se le realizaron homenajes desde 1970 hasta la actualidad. Sus obras ensayísticas de corte histórico y sociológico son ineludibles para quienes estudian las problemáticas de la inmigración, las colonias y la distribución de la tierra, y su trabajo fundó una tradición de estudios sobre el tema para las generaciones sucesivas. Se lo considera un pionero en los estudios sobre la colonización en la Pampa gringa. Sin embargo, su obra literaria permanece casi inexplorada para la crítica. Los reconocimientos a su trabajo y la exaltación que su figura tuvo no se condicen con el silencio sobre su obra. Exploraremos aquí algunas potencialidades de trabajo relacionadas con el autor para dar cuenta de la vigencia y de la actualidad de su voz, que aún tiene mucho para decir.
Palabras clave: Gastón Gori, Literatura, Archivo, Figura de Escritor, Diarios Personales.
Abstract: Gastón Gori (1915-2004), writer from Santa Fe, has published more than forty books in his lifetime across a number of genres including essay, fiction and poetry. From the 1940’s on, he won various grants and awards, he actively participated in several Santa Fe and surroundings’ institutions, and was paid homage since the 1970’ to the date. His historical and sociological style essays cannot be passed over by those studying immigration, colonies and land distribution, since his work began a tradition in this type of research for the generation that succeeded him. He is considered a pioneer in the topic of colonization at the Pampa gringa. However, his literary work remains almost unexplored by the critics. His work’s acknowledgements and the praise that his name have not coincided with the silence around his work. We will here explore some of the potential lines of research around this author to recognize his unexpired voice that has so much to say still.
Keywords: Gastón Gori, Literature, Archive, Writer’s Figure, Personal Journals.
Si bien el objetivo inicial de este trabajo fue determinar las razones por las que los estudios sobre su obra se encuentran ausentes de los intereses de la crítica, notamos que este punto requeriría un análisis de las condiciones de circulación, de la agenda de la academia, de la configuración del campo intelectual santafesino, de los criterios de inclusión o de exclusión de autores, etc. El estudio de estas razones excede los límites de este trabajo, por lo que consideramos proponer líneas posibles de estudio de su obra y de su figura, en este caso relacionadas principalmente con la potencialidad de trabajo con su archivo personal. Describiremos el contenido general del archivo y analizaremos algunos fragmentos del diario personal inédito del autor a los fines de avanzar en la construcción de su imagen de escritor.
La Figura de Gastón Gori
Nació en Esperanza, Santa Fe, en 1915. Fue escritor, ensayista, abogado y maestro. Murió en Santa Fe en 2004. Tuvo una vida larga y fructífera, publicó más de cuarenta libros y recibió numerosos premios y reconocimientos, cultivó amistades que le rinden homenaje aun hasta ahora, y que lo respetan trascendiendo los tiempos: Osvaldo Bayer, Fernando Birri, Miguel Brascó. Desde la década del cuarenta en adelante, fue galardonado con diversas designaciones y premios, participó en distintas instituciones de Santa Fe y de la zona (generalmente en materia de educación, pero también presidió la delegación argentina en la Confederación Hemisférica por la Paz en Vietnam en 1968, fue socio honorario de la ASDE y de la Asociación Argentina de Escritores, etc.). En 2000, fue declarado Hombre Ilustre de la República Argentina, título que ya le habían otorgado las localidades de Esperanza, Santa Fe y Reconquista. Gastón Gori fue, también, Profesor Honorario de la Universidad Nacional del Litoral e integró el Consejo Social, además de colaborar asiduamente con las revistas y las publicaciones de la UNL[1].
En el ámbito académico, su obra literaria casi no se estudia. Sin embargo, sus títulos ensayísticos como La Forestal. La tragedia del quebracho colorado (1965, reeditada once veces), Inmigración y colonización en Argentina (1964), entre otros, son ampliamente citados y abordados en las áreas relacionadas con la sociología, el derecho o a la historia.
Su obra literaria es vasta. Si bien su campo más prolífico fue la narrativa, también escribió poesía. Publicó numerosos cuentos y pocas novelas. Como poeta, participó del grupo Espadalirio en 1945.
Publicó su primer libro en 1940, Anatole France, una serie de ensayos en la que da cuenta de su admiración por el escritor francés, de su interpretación de los textos y de las ideas que le inspiraron. Fue un éxito de ventas. Su segundo libro fue Sobre la tierra ensangrentada, un ensayo sobre la propiedad de la tierra. Luego, un libro de poemas titulado Mientras llega la aurora. Al año siguiente, publicó un volumen de cuentos, Vidas sin rumbo, en 1943. Dos años después, otros cuentos reunidos bajo el título Y además era pecoso… (1945). En 1946, otro libro de poemas, Se rinden los nardos, y uno de ensayos sobre poesía, Intermezzo de las rosas. Así continuó, prolíficamente, hasta su último libro de poemas sobre los picaflores en 2001. Publicó, en promedio, aproximadamente un libro cada dos años durante sesenta años.
Durante toda su vida y su obra, el compromiso de Gastón Gori fue con la verdad y la justicia. Además de escritor de ficciones y poeta, también fue ensayista e historiador, por lo cual sus ideales estéticos se conjugaron con un cierto rigor documental e histórico. Una de sus inquietudes fue escribir una novela sobre la colonización, ya que se trataba de una temática de interés ateniente a la colonia donde había nacido —Esperanza—, esto es, una temática constitutiva de su lugar y de su familia —inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina a fines del siglo xix—. Al no encontrar estudios serios sobre la inmigración, la colonización y el régimen de distribución de la tierra, entendió como necesario investigar y producir al respecto. Su intención fue crear ficciones con personajes creíbles y que, a su vez, dieran cuenta de la relación entre los aspectos históricos y literarios. «Y en el proceso terminó descubriendo las tensiones subyacentes así como el área de vacancia existente en el abordaje histórico y sociológico sobre el fenómeno» (Crolla, 2014c, p. 25).
Desde 1947 en adelante, inició la serie relativa a estas problemáticas con los textos Colonización suiza en la Argentina (1947); El indio, el criollo y el gringo (1947); Colonización. Estudio histórico y social de la Colonia Humboldt (1948); el volumen de cuentos El camino de las nutrias (1948); Ha pasado la nostalgia (1950); Vagos y mal entretenidos (1951); La pampa sin gaucho (1952); Familias colonizadoras de San Carlos (1954); El pan nuestro (1958). Produjo, en esta serie, también dos novelas: La muerte de Antonini (1956) y El desierto tiene dueño (1958). En la década del sesenta, Gori publicó su ensayo Inmigración y colonización en la Argentina (1964) y un estudio sobre la primera colonia, Esperanza, madre de colonias (1969). Esta serie se cerró, en los setenta, con El indio y la Colonia de Esperanza (1972), La tierra ajena, drama de la juventud agraria argentina (1972), Familias fundadoras de la colonia Esperanza (1973) y El arado y el desierto (1979) (Crolla 2014c, p. 24).
Este aspecto de su obra vinculado con la temática migratoria es uno de los que, actualmente, se recuperan en los trabajos críticos producidos en los últimos años. Los posibles abordajes que hasta el momento fueron enunciados o presentados (Castelli, 1991; Castelli, 1998; Romano, 2000; Crolla, 2014) permitirían introducir a Gastón Gori en el marco de los estudios sobre migraciones. Esta línea de trabajo es desarrollada, principalmente, por Adriana Crolla y por Fernanda Bravo Herrera (Crolla, 2013, 2014ª, 2014b, 2014c, 2015; Bravo Herrera 2001, 2002, 2012, 2015, 2017)[2].
Su figura se presenta en el campo intelectual (Bourdieu, 1971) santafesino y nacional como «un pionero en los estudios sobre la colonización gringa y los estudios sobre las tensiones políticas entre lo extranjero y lo local» (Crolla, 2014c, p. 22). Sus obras ensayísticas constituyen citas ineludibles para quienes estudian las problemáticas de la inmigración, las colonias y la distribución de la tierra, y podemos afirmar que su trabajo fundó una tradición de estudios sobre el tema para las generaciones sucesivas. Sin embargo, son escasos los estudios académicos del ámbito de las letras que se centran en su obra literaria. De hecho, la mayor parte de su fondo documental, a cargo de su hija, Mónica Marangoni, permanece inexplorado.
La interrelación entre su obra literaria y sus textos ensayísticos, su obra literaria en particular y el fondo documental que legó encierran potencialidades que permiten profundizar en el estudio de su figura y, a su vez, enmarcarlo dentro de una «zona» (Crolla, 2012, 2015), la de la Pampa gringa, revisando el concepto de lo «local» (Crolla, 2011), a los fines de contribuir a los estudios sobre la configuración identitaria de Santa Fe en relación con matrices culturales (Mandoky, 2006) europeas, especialmente italiana.
El Archivo: los Papeles de Escritor
La particularidad de la obra de este autor está dada porque el conjunto de sus publicaciones permite reconstruir sus procesos de producción. Inclusive sus papeles personales, como los diferentes tomos de Vigilia retenida, sus diarios inéditos, dan cuenta de su voluntad de persistencia y de análisis. También todos los artículos publicados en diarios, como El Litoral, de Santa Fe, y todas las entrevistas que otorgó evidencian que supo cuál era su destino —ser escritor— y que fue consciente de sus procesos de gestación: abordó la creación literaria como un trabajo, paralelo al de investigación. Podemos hablar entonces de las huellas textuales que el autor dejó de sí (Altamirano y Sarlo, 1993, p. 73), tanto en sus diarios, su correspondencia, como en las múltiples referencias de sus contemporáneos, sus artículos, etc.
Consideramos papeles de escritor al ‘conjunto de documentos reunidos o producidos por el escritor en el transcurso de su actividad’ (Pené, 2013, p. 14). Estos documentos son útiles para dar cuenta del proceso de creación de un texto, para reconstruirlo y contextualizarlo. Gori, durante toda su vida, recopiló, casi como una colección, conjuntos de documentos: cartas —enviadas y recibidas—, artículos de diarios, libros. Lo que denominamos Fondo Gastón Gori consta de mil doscientas cartas —recibidas, además de los borradores o transcripciones de las cartas que el escritor envió, que están sin ordenar—, diez tomos de sus diarios personales, titulados Vigilia retenida —período 1944-2001—, una extensa selección de recortes de diario, ordenados en más de siete volúmenes, toda su obra literaria y ensayística manuscrita en versiones originales, a excepción de dos ejemplares mecanografiados. Podríamos conformar diversas series: la epistolar, la de artículos periodísticos referidos al autor, la de manuscritos de obras publicadas o inéditas y la de su diario personal. Asimismo, se conserva su biblioteca, por la cual entendemos sus libros, los que quedaron y no fueron regalados o donados en vida, las ediciones de sus propios libros, las pruebas de galera y las copias de libros que fueron regalados por sus autores a Gori.
El archivo constituye un conjunto de recursos casi inagotable como fuentes de trabajo: manuscritos, artículos, documentos en general. Son muy pocos los escritores argentinos que legaron sus documentos y sus papeles personales en buen estado de conservación[3] y de manera completa. Como una posibilidad de estudio de Gori, presentamos aquí un análisis de su diario personal —solo del primer tomo, que fue parcialmente transcripto a los fines de esta intervención— en el que se orienta el análisis a la construcción de imagen de escritor en el sentido en que lo enuncia Gramuglio (1992): como condensadora de imágenes, proyecciones de sí mismo, autoimágenes, antimágenes, etc., construcciones que permiten leer las autorrepresentaciones de sí mismo y la inscripción en un lugar en la literatura y en la sociedad. Si bien Gramuglio analiza la dimensión subjetiva de las figuras de autor en los textos de ficción, es plausible comenzar a analizar esta construcción en otros tipos de textos como sus diarios personales —operación que podría también realizarse en otras manifestaciones de las llamadas «escrituras del yo», como ensayos, autoficciones, etc. —.
El trabajo con la construcción de la imagen de escritor permite también insertar la figura en el panorama amplio de la literatura argentina del siglo xxi, ya que en él, sus discursos, las representaciones que pone en juego, etc., se conjugan y evidencian las ideas circulantes acerca del arte, la literatura, el escritor y la intelectualidad de Santa Fe y del país en el período coincidente con la emergencia de estos textos.
Vigilia Retenida, Diario Personal
Gastón Gori comenzó a escribir un diario en 1944. Empezó en enero, dando muestras de una prolijidad cronológica que continuaría toda su vida. Escribía en cuadernos, y, cuando reunía varios, los encuadernaba él mismo; su obra quedó reunida en diez tomos —de un promedio de doscientas a trescientas páginas cada uno—. Él tituló a esta serie de cuadernos Vigilia retenida. El primer tomo abarca el período 1944-1947, el último desde 1998 a 2000. Sin embargo, hay cuadernos sueltos posteriores (de los años 2001, 2002, o incluso anteriores, 1996). También hay una libreta escrita en 1968, durante el viaje a Canadá que realizó para presidir la delegación argentina en la Conferencia Hemisférica por la Paz en Vietnam. Y, además, entre los diez tomos encuadernados con los originales manuscritos de sus poemas, novelas, cuentos y ensayos, incluye apuntes personales y borradores de cartas.
Al analizar el primer tomo, vemos que el diario se desarrolla con más o menos regularidad en cuanto a la escritura: todos los días, día por medio, una vez por semana, cada diez días. No se puede encontrar un patrón, pero el primer mes constituye una muestra de cómo se plantea la escritura de los cuadernos de Vigilia retenida: en esta primera etapa, solo refiere a sus primeros libros, Y además era pecoso…, el Intermezzo de las rosas y los libros de poemas posteriores. En los años siguientes, 1945, 1946 y 1947, comenzará a dar cuenta de los libros de ensayos referidos a la inmigración y a la colonización, y registrará todas las investigaciones, viajes, consultas y opiniones referidas a esos desarrollos. También hablará brevemente de encuentros con personas queridas y otras despreciadas, de la situación política del país —en especial del peronismo—, de numerosas lecturas y de él mismo, de él como escritor, de sus ideas como artista. Muy pocas veces hace alusión a hechos o personas de su entorno inmediato —su pareja, luego esposa, su primer hijo, posteriormente su separación, etc.—, sí a los sentimientos que esas personas y situaciones le producen. Como en todos los diarios, el yo es el que mediatiza los hechos, porque asistimos al relato de su vida.
Para comenzar al análisis, la primera pregunta que podemos pensar es por qué escribir un diario. Al inicio de Vigilia retenida, podríamos pensar que Gastón Gori escribe como ejercicio. «El diario íntimo del escritor pronto se convierte, ante todo y por encima de todo, en un depósito de escritura» (Didier, 1996, p. 44), en el que las entradas cotidianas solo sirven para estructurar una forma de por sí fragmentaria, pero, en realidad, no responden a ninguna necesidad interior, sino solo a sujetarse al calendario, como menciona Blanchot. «El diario se convierte… en ejercicio de escritura… solo las palabras ponen en marcha el pensamiento» (Didier, 1996, p. 44), por eso constituye un factor de equilibrio entre los momentos de creación y los momentos de gestación.
El diario funciona como laboratorio (Luque Amos, 2016). El escritor se sabe escritor desde hace varios años. En entrevista, Gori contaba que ya durante su adolescencia había descubierto que su deseo era escribir, pero que su familia lo había instado a trabajar.
Entonces, ¿por qué escribía el diario? Porque necesitaba ordenar sus ideas, porque necesitaba conocerse a sí mismo o, principalmente, porque necesitaba construir su imagen de escritor. Esta imagen roza lo idílico: el intelectual rodeado de libros, aislado en su estudio, pensando sobre el mundo, pero haciendo del mundo una construcción discursiva permanente. Nada se escapa a la reflexión escrita, nada queda fuera de sus cuadernos. A su vez, lo que aparece allí luego será lo que tome forma en sus libros.
Otra pregunta para hacer al diarista escritor es para qué escribir un diario. Aunque este cuestionamiento por los objetivos de la escritura del diario puede ser respondido de tantas maneras como diaristas o críticos se ocupen de cuestionárselo.
Alan Pauls habla de las «coartadas» del diarista:
Se escribe un diario para dar testimonio de una época (coartada histórica), para confesar lo inconfesable (coartada religiosa), para «extirpar la ansiedad» (Kafka), recobrar la salud, conjurar fantasmas (coartada terapéutica), para mantener entrenados el pulso, la imaginación, el poder de observación (coartada profesional) (Pauls, 1996, p. 5).
Maurice Blanchot dice que se escribe un diario para escapar al silencio:
Escribir cada día, bajo la garantía de este día y para recordárselo a sí mismo, es una manera cómoda de escapar al silencio, como a lo que la palabra tiene de extremo. Cada día nos dice algo. Cada día anotado es un día preservado. Doble operación ventajosa. Así se vive dos veces. Así uno se cuida del olvido y de la desesperación de no tener nada que decir (1979, p. 209).
Se escribe un diario porque proporciona un recurso contra la soledad, la ambición de atesorar momentos, porque el diario es «una empresa de salvación: se escribe para salvar la escritura, para rescatar su vida mediante la escritura… para no perderse en la pobreza de los días, o… para no perderse en ese tormento que es la exigencia sin límite del arte» (Blanchot, 1979, p. 210).
Andrés Trapiello afirma que, indudablemente, se escribe un diario porque «no somos personas enteramente felices… La felicidad excluye toda escritura de esta naturaleza. El escritor de diarios parte, pues, de un descontento, una desdicha o una insatisfacción» (1997, p. 26).
Si leemos diarios de escritores, encontramos diversos motivos: Güiraldes lleva un diario como técnica de autoexamen; las libretas de Rodolfo Walsh servían como «archivo de temas, argumentos y registros estilísticos; como cuaderno de ejercicios narrativos; como bitácora de los proyectos en curso y como memorial de algunos episodios significativos» (Giordano, 2011, p. 34); para fijar lo que pasa, en el caso de Ritvo, que, en realidad, «lleva un diario para librarse a la alternancia entre desaparición y aparición… y para que la variación encuentre formas de manifestarse» (p. 57); o para poder quedar a solas, como Roger Pla, para quien el diario puede funcionar como «práctica de autodominio» (p. 69); o como medio para «calmar la irritación mental» en el caso de Virginia Wolf (p. 119), y así sucesivamente.
En el caso de Vigilia retenida, de Gastón Gori, es posible que, durante la vida del escritor y a lo largo de todos sus cuadernos, su diario haya intentado cumplir varias de estas funciones. En el primer tomo, Gori registra todos los momentos —de contemplación y de reflexión— que contribuyen a enriquecer su «vida interior» en el mismo sentido en que Giordano (2006) utiliza para hablar de los cuadernos de Du Bos. En el caso de Gori, agregaríamos a la enumeración anterior también la de producir. El trabajo se le aparece como afán primero, como objetivo de su vida, como misión. Barthes dice que el diario «no responde a ninguna misión» (Barthes, 1986, p. 376), no tiene una finalidad de ningún tipo, en comparación de una obra literaria. El diario de Gori no tiene, posiblemente, una misión para alguien que no sea él mismo, pero su trabajo sí la tiene:
9 de marzo 1944
Hoy me dijo una querida amiga: «Hay circunstancias y acontecimientos de la vida que provocan el desenvolvimiento completo de mi carácter…». Me he sentido un poco sobresaltado. Esta verdad penetró profundamente en mí, porque estoy viviendo bajo la impresión de que siempre faltáranme estas circunstancias favorables que me iluminen de afán por el trabajo, y por desarrollar todas las potencias de mi alma. Por momentos, siento que mi espíritu es gigantesco, que está rebosando generosa savia para la creación y para llevar a los otros hombres el estímulo de su fuerza, de su poder. Pero luego, pareciera agobiarme la soledad; la falta de ocasión para que mi personalidad se desborde y se muestre de acuerdo con su esencial pujanza.
¿Qué medios escoger para que el ambiente de la ciudad recoja cuanto quiero dar? No escojo ninguno, ni sé tampoco si hay manera de lograr esto. Solo sé que, como siempre, aun en los instantes más difíciles de mi vida, tengo bien iluminada mi alma por un ideal guerrero y absolutamente honrado.
Quizá confié demasiado en la trascendencia posterior de esta seguridad de mi espíritu; en su revelación a través del libro y en su influencia general. Porque, ¿es posible que se pierdan tantos afanes claros y honestos; tantos pensamientos ilimitadamente altruistas? Confío en que no tiene fecundidades el pensamiento que no se pierde. Basta que arraiguen en un corazón amigo, para que, como el sorgo, vaya invadiendo y ampliando su vida. Descanso, con la confianza en el futuro.
Esta idea de trascendencia también pudo resultar la motivación de sus diarios. Esperaba, porque deseaba, la «trascendencia posterior a través del libro», por eso publicaba tanto y por eso escribía todos sus procesos. «No hay diarista que no pueda identificarse con el joven Gide cuando reconoce que las páginas de su diario, aunque sin demasiados méritos literarios, “dan por supuesta una gloria, una celebridad futura, que les procurará un interés”» (Giordano, 2006, p. 127).
Finalmente, es válido también preguntarse por el posible lector del diario: ¿para quién escribirlo? Trapiello dice que quien escribe un diario en principio lo hace para sí mismo,
… pero nadie que lleve un diario ha renunciado a que pueda ser leído alguna vez por otro. A veces alguien concreto de quien se habla en sus páginas, a veces alguien abstracto, suma de todos esos lectores, o mejor, suma de todos esos seres a quien se ama de modo secreto mientras se escribe (Trapiello, 1998, p. 28, citado en Luque Amo, 2016, p. 275).
Gori hizo el mismo proceso. Evidentemente llegó un momento en el que le surgió la idea de unir sus cuadernos en tomos, de comenzar a darle la forma de una obra, y al decirlo consideramos que «la justificación de un diario íntimo (como obra) solo podría ser literaria» (Barthes, 1986, p. 367) en función de cuatro motivos: poético, histórico, utópico y enamorado o idólatra. A lo largo de su vida, seguramente, Gori paseó por todos estos motivos para justificar su diario.
En 1992, cuarenta y ocho años después de comenzar la escritura sistemática y continua, se reconfirmó —por motivos que aún no podemos conocer, pero que posiblemente estén en el tomo correspondiente de Vigilia retenida— en la consideración de que esos textos guardados en la biblioteca durante toda su vida podían ser publicados. Entonces, pegó una hoja —también manuscrita— en el reverso de la tapa del primer tomo con el siguiente texto:
Para tener muy en cuenta y respetarlo
21 de febrero de 1992
Si alguien, alguna vez, cualquiera sea la cantidad de años que pasen, cree de interés público editar —siempre parcialmente, no todo— o citar páginas de los tomos que forman Vigilia retenida, debe tener en cuenta que en el transcurso de muchos años he tenido amistad o he conocido muchísimas personas que actuaron escribiendo, tomando posiciones públicas, etc., etc., escritores, poetas. Por razones circunstanciales pude haber escrito, en mis Vigilias no favorablemente para ellos, en el entendimiento de que solo escribía para mí. Nada, absolutamente nada que pudiese afectar a alguna persona cuyo nombre esté en estos apuntes debe ser publicado, ni mencionado oralmente.
El autor solo escribía para él mismo, por eso se permitía opinar de manera no favorable sobre algunas personas. Ya con setenta y siete años, Gori había conocido una vida pública como escritor, había escrito y publicado cuarenta libros y numerosos artículos en diarios, había concedido incontable cantidad de entrevistas y había sido visitado por muchas personas que lo consideraban un referente en temas relacionados al derecho, la historia, la sociología y también la poesía y la literatura. Su destino de escritor estaba relativamente cumplido y, como todo escritor del siglo xx nacido después de la publicación de los diarios de Amiel, sabía que la práctica del diario podía pasar del ámbito privado al ámbito público mediante la edición y, en ocasiones, se trata de un paso deseado.
A partir de sus declaraciones, Gori deja en claro que, durante muchos años, escribió solo para él y luego comenzó a pensar que sus diarios podrían ser publicados. Posiblemente entonces su escritura haya cambiado a partir de esta toma de conciencia, pero aún no lo sabemos[4]. Hacia el final de su vida, sin embargo, el receptor de sus apuntes cambió. Después de encuadernar el último tomo de Vigilia retenida, correspondiente a los años 1998-2001, siguió anotando cosas en cuadernos de tipo escolar, de ochenta páginas con renglones. Estaba casi ciego y con un estado de salud deteriorado («No puedo seguir escribiendo porque no veo como escribo las palabras. Es penoso para mí. Me siento débil, cualquier pequeño esfuerzo me cansa… Estoy asistiendo al lento proceso de mi final», escribió en uno de sus cuadernos correspondientes al año 2002), por lo que sus registros son dispersos —se saltea páginas sin darse cuenta y quedan hojas en blanco, en las que luego vuelve a escribir o a pegar artículos de diarios que, involuntariamente, también pegan varias hojas—. Numeraba sus cuadernos, por ejemplo, uno del año 1996 que dice, en la primera página, «Cuaderno nro. 4 Tomo xi», por lo que presumiblemente había quedado fuera del tomo correspondiente —por descuido o voluntaria omisión—. Entre estos documentos sueltos, hay uno que parece ser el comienzo de una serie dedicada a sus nietos, en las que él manifiesta escribir para ellos, como regalo o como legado[5], fechado en el año 2002. Sin embargo, los apuntes que figuran como «Cuaderno 2» refieren a sus nietos en tercera persona y siguen reflexionando en el tono de Vigilia retenida: «2002. Cuaderno 2. Advierto casi al final de haber escrito toda mi obra que el pensamiento directriz de mis libros se fundamenta en tres principios: naturaleza, humanismo y ficción».
A su vez, en las entradas de su diario correspondiente al último período de su vida —finales de los noventa y principios del 2000— sus registros dejan de lado el tono lírico o eventualmente solemne con el que expresaba sus ideas sobre libros, personas, situaciones políticas y sociales, etc., para dejar paso a largas digresiones y comentarios sobre sus nietos —las actividades de los niños en el jardín de infantes o en la escuela, sus comentarios, sus regalos, pega en su diario los dibujos— y sobre los pájaros. Construye la imagen de un hombre de muchos años que pasa gran parte de su tiempo en su jardín, y así era porque ya no podía leer y porque estaba enfermo (pero, más que una suposición, así lo muestran los últimos documentales que se ocuparon de él).
Es posible que, en alguna revisión (podría ser aquella de 1987, mencionada en los textos), haya puesto título a sus cuadernos reunidos y haya escrito este texto, que aparece en el reverso de una hoja en blanco antes de la primera página:
Estos apuntes, tomados al azar de las circunstancias, quizá contengan contradicciones explicables por la lógica modificación de conceptos a través del tiempo y por los diversos estados de ánimo que pudieron influir. Por lo demás reflejarían en parte la vida literaria del autor, con el grado de sinceridad que logran casi siempre esta clase de apuntes que no se destinan al público y que por lo mismo, no sufren las sujeciones lógicas del medio social donde uno tiene que desenvolverse.
Gori hace referencia a su vida literaria solamente, excluyendo así su vida privada. En el diario, todo lo que se refiere a su privacidad, en el sentido que Pardo (1996) otorga al término, oponiéndolo al de intimidad: lo que una persona hace, desea o piensa en privado y no cuenta o publica para no generar conflictos con otros ciudadanos (pp. 13-14). A su vez, la referencia a la vida literaria también nos remite a la idea de que «el diario es la obra de un escritor en ejercicio más que la de un hombre que vive» (Didier, 1996, p. 43).
Gori intenta dejar en claro su receptor inicial, sus anotaciones no estaban destinadas al público originalmente, pero el mismo gesto de aclararlo supone que luego esa idea cambió, y la idea de que otros lectores accedan a sus cuadernos, el público, se convirtió en una posibilidad real.
Construcción del Escritor en el Diario
Gastón Gori era, en realidad, un seudónimo de Pedro Marangoni. Lo utilizó por primera vez en su adolescencia para participar de un concurso literario, y en el transcurso de su vida, todos lo llamaron Gastón porque ese era el nombre con el que firmaba todo lo que publicaba y todas sus apariciones públicas. En sus apuntes, firma cada vez que finaliza la notación del día. A su vez, Gori tiene un alter ego, Dalmacio Gálvez. Es un personaje que aparece por primera vez en Y además era pecoso… (libro de relatos autobiográficos sobre su niñez) y continúa existiendo hasta el final, ya sea en otros libros de cuentos como en diversos artículos publicados en los diarios. Dalmacio es el nombre que Gastón, Pedro, utiliza para hablar de sí mismo en sus ficciones, pero sin nombrarse.
Según Enric Bou, «… el escritor que escribe un diario intenta establecer quién es él, pero el yo “real” se convierte en una ilusión inalcanzable» (en Luque Amo, 2016, p. 95). El diario del escritor sería un texto en el que el «yo» se construye hacia el interior, «en el diario, el “yo” desarrolla su ámbito íntimo o privado, entendiéndolo aquí como la intrahistoria del diarista, que se centraría así en su mundo personal en contraposición al mundo exterior, público, histórico» (Luque Amo, 2016, p. 295). Las posibilidades de complejizar esta operación haciendo entrar en el juego los nombres del escritor son, al menos, interesantes.
Podemos concluir, como un acercamiento preliminar al estudio de los manuscritos Vigilia retenida —a pesar de no estar publicados—, que Gori trabajó toda su vida para construir una imagen de escritor, tanto para él mismo como para los demás, la imagen de un hombre de letras. Eso es lo que se lee en sus primeros cuadernos. Al final de su vida y de su Vigilia retenida, escribe lo que él consideraba los resultados de su vida, de su obra y del trabajo: su infelicidad y su felicidad, su tristeza, la memoria y la desmemoria, los reconocimientos públicos y los olvidos.
Recuperar la figura de Gastón Gori como escritor —de provincia, santafesino, pero también argentino y latinoamericano—, recuperar su obra literaria, poner en valor su archivo personal, recorrer sus aportes y, en suma, estudiar y reconstruir su imagen de escritor es una forma de habilitar el diálogo entre literatura, sociedad e historia en Santa Fe y en la Argentina y, más que nada, de oír su voz nuevamente, que aún tiene mucho que decir.
Referencias Bibliográficas
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Notas

