

Reseñas
Diego Trelles Paz. Detectives perdidos en la ciudad oscura. Novela policial alternativa en Latinoamérica. De Borges a Bolaño.
Boletín de la Academia Peruana de la Lengua
Academia Peruana de la Lengua, Perú
ISSN: 0567-6002
ISSN-e: 2708-2644
Periodicidad: Semestral
vol. 64, núm. 64, 2018
| Trelles Paz. Diego. Detectives perdidos en la ciudad oscura. Novela policial alternativa en Latinoamérica. De Borges a Bolaño.. 2017. Lima. Ediciones Copé. 432pp. |
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El género policial, desde su advenimiento, ha sido uno de los más favorecidos por la predilección de los lectores; sin embargo, no ha logrado posicionarse como un género canónico dentro de la crítica tradicional, ya que, equívocamente, se le ha considerado menor respecto de otras manifestaciones literarias.
El libro de Diego Trelles, Detectives perdidos en la ciudad oscura, libro ganador de la V Bienal de Ensayo «Premio Copé 2016», es un esfuerzo valioso por reivindicar la posibilidad de una tradición del género policial en Latinoamérica y proponer una manera alternativa de su concepción. Dividido en cuatro capítulos, el autor traza un recorrido por dicha tradición y destaca que los autores latinoamericanos a los que hace mención se distanciaron oportunamente de las propuestas clásicas anglosajonas que desarrollaron el género.
El primer capítulo se enfoca en los autores latinoamericanos considerados como los pioneros del género policial. Trelles revela facetas literarias poco abordadas en algunos escritores consolidados. Por ejemplo, Jorge Luis Borges sería uno de los representantes iniciales que moldeó el género a través del «policial metafísico» (p. 37). El autor de Ficciones, en esa perspectiva, habría trabajado con Adolfo Bioy Casares en la elaboración de narraciones policiales que fueron publicadas bajo un seudónimo. Otro escritor aludido es Marco Denevi cuya obra posee la particularidad de no otorgarle protagonismo a los detectives y de construir los ambientes con una «visión desencajada del mundo» (p. 54). Rodolfo Walsh, escritor desaparecido por la dictadura argentina, es otra pieza clave por haber desarrollado el género de una manera muy particular al acercarlo más a la crónica periodística. Su preocupación estuvo centrada en explorar las memorias colectivas de la experiencia dictatorial y la estructura en la que plasmó sus textos coincide, para Trelles, con el género narrativo policial. Manuel Puig, por su parte, es señalado como uno de los principales gestores del replanteamiento del género policial. Su obra The Buenos Aires Affair (1973), en palabras de Trelles, «destruye casi todos los códigos genéricos de la novela a la que afirma pertenecer (existencia de un crimen; oposición víctimavictimario; presencia del detective…)» (p. 60). Asimismo, se hace referencia a los mexicanos Antonio Helú y a Rodolfo Usigli como representantes pioneros de su país en este género quienes le sumaron características más cercanas a la realidad latinoamericana.
El segundo capítulo discute la posibilidad de existencia del género policial en Latinoamérica. El estudio sostiene que sí, pero haciendo hincapié en que el género se desarrolló de manera alterna, ya que reformula y subvierte algunas de las estructuras convencionales. Por ejemplo, se menciona que en las novelas que abrazan el género en Latinoamérica se aprecia una clara pérdida de la vigencia de la ley y del orden sistémico. En otras palabras, las autoridades no revelan una garantía de justicia en los contextos donde se desenvuelven las tramas, sino que suelen ser parte del lado opresor que hostiga al protagonista. El derrotero de esta visión desencantada de la realidad proviene del hardboiled —novela dura— desarrollado en Estados Unidos en los años 20 y 30, cuyos máximos exponentes fueron Dashiell Hammett y Raymond Chandler. En este apartado, se afirma que, efectivamente, el advenimiento de la llamada novela negra, variante del policial, hace que el género se vuelva más realista y se acerque a la sociedad estadounidense degradada en aquellos años de crisis. En el caso latinoamericano, el diálogo con la realidad se da de manera análoga, con la salvedad de los contextos. En este capítulo, a su vez, se alude a Ricardo Piglia como un precursor teórico que sostenía que en el policial negro, el crimen está «siempre ligado a lo económico» (p. 98) y al escritor Paco Ignacio Taibo II, quien afirma, al igual que Leonardo Padura, que en este género el criminal es el verdadero protagonista y no el detective (p. 132).
En el tercer capítulo, el autor analiza las novelas mexicanas Los albañiles (1963) de Vicente Leñero y Las muertas (1977) de Jorge Ibargüengoitia, y el relato «Homenaje a Roberto Arlt» (1975) de Ricardo Piglia. La elección de estas obras contribuye fundamentalmente al estudio porque estas «abren el camino de una detectivesca hispanoamericana propia, liberada ya de la adopción forzada de los elementos más tradicionales del policial, y abierta a la mezcla, a la hibridación, al intercambio fructuoso con géneros afines» (p. 173). La obra de Piglia vendría a ser la consolidación de la adaptación y reformulación del policial foráneo que ya Los albañiles había sugerido como una manera de repensar el género en el contexto latinoamericano.
En el cuarto y último capítulo, Trelles enfoca su análisis en la obra de Roberto Bolaño, ya que Los detectives salvajes «supone la constatación definitiva de una ruptura que la encumbra por sobre la novela negra hispanoamericana en el radar de los estudios del género» (p. 271). La razón principal de su afirmación radica en que dicha novela experimental involucra la participación del lector de manera activa y lo termina convirtiendo en otro detective, ya que se configura como un aliado para descubrir el paradero de Cesárea Tinajero. En el camino de ese objetivo, el lector poco a poco se ve incluido en otra investigación paralela que es el destino de los poetas desaparecidos.
Queda claro que el ensayo de Trelles no pretende agotar la discusión debido a la vastedad del género. Más bien, abre la posibilidad de mayores estudios y llama la atención sobre la obra de varios autores que han cultivado esta narrativa especialmente en las décadas del 80 y 90. En ese sentido, este estudio permitirá trazar un panorama más amplio sobre la obra de los actuales autores que desarrollan este género desde una visión, como propone Trelles, alternativa y subversiva que lo consolidan como un antigénero. (Eduardo Arenas)

