Reseñas
Recepción: 21 Junio 2023
Aprobación: 03 Agosto 2023

El libro de Mariana Gené y Gabriel Vommaro, El sueño intacto de la centroderecha…, aborda uno de los temas más trascendentes en la actualidad, el creciente posicionamiento de los partidos de centroderecha en la Argentina[3]. Y lo hace partiendo de dos aspectos fundamentales: la forma en que un partido subnacional (de carácter netamente local, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) logró construir una alianza a nivel federal (Cambiemos) y ganar las elecciones presidenciales en 2015; y la manera en que la dinámica interna del PRO (que ejerció la conducción -y las decisiones- dentro de la coalición) y su gestión de gobierno debilitaron su propia expansión federal y la continuidad en el Ejecutivo nacional. Sin embargo, a pesar de esto, Cambiemos (hoy Juntos por el Cambio) logró posicionarse como una de las principales fuerzas políticas del país.
El libro, organizado en seis capítulos, se enfoca en los acuerdos y alianzas que llevó adelante el PRO/Cambiemos y el modo en que estos se constituyeron en fortalezas o debilidades, aumentando o disminuyendo las posibilidades de consolidar una propuesta política-electoral de centroderecha con expectativas de perdurar en el tiempo.
Gené y Vommaro hacen un recorrido no lineal de cómo la construcción política de Cambiemos (y del PRO) se asocia a dos momentos: el de la conformación de la coalición y el de la gestión de gobierno. En ambos casos, hay un esfuerzo por dar cuenta de las posiciones que tomaron los actores que se involucran (indirecta o directamente) a la coalición, mostrando un conjunto de rupturas que se generan en torno a la posición del PRO dentro de la alianza[4].
La obra analiza y describe en su primer capítulo la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019) a partir de una pregunta: ¿Cómo la propuesta de la restauración de un modelo de corte neoliberal y la confrontación directa y constante con los sectores kirchneristas fueron ejes de la gestión, argumentos de unidad con distintos sectores políticos y económicos y, al mismo tiempo, límites prestablecidos en la continuidad del programa político? Los autores se preguntan hasta qué punto esta estrategia político/gubernamental delimitó el alcance de Cambiemos en general y del PRO en particular, cuánto impactó esto en la derrota electoral de 2019 y cómo, a pesar del resultado negativo, la coalición se constituyó en una oferta electoral estable de centroderecha.
Sin lugar a duda, existe un mérito importante por parte de los autores de coordinar muchos de sus trabajos anteriores en torno de la conformación del PRO por parte de Vommaro y el estudio de las trayectorias de los armadores políticos por parte de Gené[5] para dotar a este libro de argumentos sólidos, que son acompañados por entrevistas a los principales referentes de Cambiemos.
Quizás, uno de los puntos destacables sea mostrar cómo se alcanzó la construcción de la alianza Cambiemos, cuáles fueron sus fortalezas orgánicas para ganar los comicios de 2015 y cuáles, los desafíos que dejó la derrota de 2019.
En el análisis de la construcción de Cambiemos, Gené y Vommaro describen el funcionamiento de tres actores clave: 1) la Unión Cívica Radical (UCR), 2) lo que ellos denominan “armadores políticos peronistas”, y 3) las elites empresarias. En este sentido, en el segundo capítulo muestran cómo la UCR brindó a Cambiemos una estructura federal capaz de competir a nivel nacional. Si bien el rol del partido fue marginal en la toma de decisiones dentro del gobierno de Cambiemos, las voces radicales expuestas en el trabajo (incluso la de Ernesto Sanz, principal promotor de la incorporación de la UCR a la coalición) sostienen que esta alianza era necesaria para evitar la muerte del partido, como una estrategia de supervivencia partidaria para posicionarlo nuevamente en una escala nacional. Esta experiencia fue considerada positiva luego de la experiencia traumática de la gestión presidencial de Fernando de la Rúa (1999-2001).
En el tercer capítulo, los autores desarrollan un recorrido sobre las tres oleadas de los “armadores peronistas” que se incorporaron al PRO (mostrando las trayectorias políticas de cada uno de ellos): los que llegaron primero con la conformación del PRO, los que se integraron para la conformación del proyecto electoral de 2015 y finalmente Miguel Ángel Pichetto, que integró la fórmula para el intento de reelección de Mauricio Macri en 2019.
Estos ingresos son analizados en dos sentidos: 1) la manera en que permitieron posicionar al PRO (y a Cambiemos) fuera de una mirada antiperonista, es decir, “no todos los peronistas son malos”; y 2) la manera en que las redes interpersonales y el capital político de estos armadores permitieron ampliar el alcance territorial, llegar a distintos sectores y confluir en acuerdos más amplios.
Finalmente, en el capítulo cinco dan cuenta de la forma en que Cambiemos (y el PRO) construyó sus vínculos con el sector empresarial. Más allá de los puntos coincidentes entre estos sectores y el PRO, hay tres elementos clave que mencionan Gené y Vommaro: 1) el acercamiento de las elites económicas a Cambiemos está asociado a un programa de reformas que ellas fomentan -y que el gobierno de Cambiemos no pudo promover- y al rechazo al kirchnerismo; 2) la heterogeneidad al interior del sector empresarial, que quedó visiblemente expuesta entre los ganadores y perdedores del programa económico; y 3) el PRO promovió principalmente vínculos individuales entre las elites económicas en lugar de corporativos, incluso diferenciando o discriminando a ciertos sectores de empresarios. Esto no sólo profundizó la fragmentación al interior de estas elites, sino que marcó un claro distanciamiento con Cambiemos.
No obstante, poco dicen los autores de la posición de la Coalición Cívica, partido liderado por la ex diputada nacional Elisa Carrió, quien fue quien debilitó la imagen del kirchnerismo durante los años anteriores, por medio de denuncias judiciales y televisivas que fueron socavando las bases electorales de dicha fuerza. Si el enfrentamiento con el kirchnerismo es el eje de unidad, la pregunta que queda pendiente es cuánto del triunfo se le debe a Carrió (y su partido) por poner en agenda pública temas que afectaban directamente a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a sus principales miembros del gabinete. Cuánto de la construcción de una imagen negativa del adversario pesa más que el armado político de alianzas.
Otro acierto es mostrar la necesidad del PRO de lograr un posicionamiento territorial y las dificultades que tuvo para hacerlo. En el cuarto capítulo, Gené y Vommaro ejemplifican esa limitación en la construcción política a partir de casos particulares, entre ellos, el triunfo en 2015 como intendente de la localidad de Quilmes de un outsider, Martiniano Molina, que una vez en el cargo, no supo o no pudo construir una fortaleza territorial, lo que determinó su derrota electoral en 2019.
Otro ejemplo fue la organización Identidad Vecinal en La Matanza, promovida por Eduardo Craus (militante de la Corriente Clasista y Combativa), que tuvo un importante rol en la campaña de Cambiemos en 2015 y que luego también fue beneficiario de gran parte de las políticas sociales del gobierno. Pero después de la derrota de Cambiemos en 2019, su estructura organizativa se esfumó y a pesar de que Craus fue electo concejal, tuvo un fuerte debilitamiento de su posición territorial.
En relación con esto, es clave también la observación que realizan los autores al afirmar que el PRO llevó adelante diversas prácticas para tener el control sobre la coalición, manteniendo una clara estrategia vertical, principalmente porque los líderes del PRO temían que otros integrantes de la coalición la colonizaran. Es decir, el PRO pretendía mantener el control sobre las tomas de decisión, y las acciones para lograr este objetivo fueron desde el reparto de cargos hasta la conformación de otros espacios propios de militancia.
En la misma línea, los autores muestran los mecanismos de reclutamiento de militantes (que en lenguaje del PRO se llaman voluntarios), a partir de una estrategia comunicacional propia capaz de transmitir el mensaje y captar adherentes. Un ejemplo al que recurren es la campaña de Defensores del Cambio en 2019. Sin embargo, en todos los casos el reclutamiento tuvo un resultado temporal y efímero. Partiendo de eso, es central preguntarse cuáles son los factores que llevan a esas personas a involucrarse activamente; el libro, aunque poco dice de esto, vuelve a poner en el centro la pregunta respecto a si el PRO tiene militantes que desarrollen una carrera política o, en todo caso, está formado por un conjunto de referentes que reclutan activistas según las circunstancias.
Finalmente, en el capítulo seis, Gené y Vommaro indagan sobre la relación de Cambiemos con las organizaciones sociales y sindicales, posicionados como grandes opositores de la gestión. En ambos casos, los autores cuentan cómo dentro del gabinete existieron interlocutores capaces de canalizar las demandas, pero con el único objetivo de evitar el conflicto que podía generar la política económica desarrollada por el gobierno, sin promover una agenda para mejorar la condición de vida de estos sectores.
En el caso de las organizaciones sociales fue Carolina Stanley, ministra de Desarrollo Social, quien logró distribuir un conjunto de recursos con el fin de evitar que el conflicto social se trasladara a la calle. Las organizaciones, en tanto, supieron usar su capacidad de veto y el temor del gobierno al conflicto para lograr la sanción de algunas leyes clave para su sector.
El encargado de la interlocución con el movimiento obrero fue Jorge Triaca, ministro de Trabajo. Sin embargo, el diálogo sólo se estableció con la Confederación General del Trabajo (CGT), mientras que la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), principal aglutinador de los trabajadores estatales, fue subestimada.
Sin duda, el análisis del libro se concentró especialmente en grandes actores corporativos o con una importante presencia en la agenda pública, pero deja abierta la pregunta sobre aquellos sectores que poseen menos capacidad de negociación y fueron solapados en la agenda del gobierno, quizás actores con presencia subnacional. En esta línea se puede pensar hasta qué punto la política represiva del Gobierno de Jujuy hacia la organización Tupac Amaru (y el encarcelamiento de Milagro Sala) o el aumento del desempleo funcionaron como un elemento disciplinado para avanzar en un programa neoliberal.
No obstante, El sueño intacto de la centroderecha… permite ver la manera en que se construyó la estrategia de Cambiemos, con el rol del PRO como foco, para consolidar una propuesta electoral y gubernamental de centroderecha; y también cuánto de esa estrategia configuró un límite para lograr una continuidad de la gestión de gobierno después de 2019.
Notas

