Editorial
Recepción: 01 Junio 2023
Aprobación: 20 Junio 2023
Resumen: En la actualidad, observamos el surgimiento de nuevas y diversas potencias globales que ejercen influencia tanto en los mercados mundiales como en la gobernanza global. Aunque el multilateralismo se ha vuelto más complicado, su importancia nunca ha sido mayor. La diplomacia adquiere un nuevo significado en este contexto. Estamos entrando en un mundo emergente multipolar. ¿Pero qué es eso del nuevo orden multipolar? ¿qué puede representar un mundo multipolar emergente para la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina?
Palabras clave: Multipolarismo, Multilateralismo, Unilateralismo, Geopolítica, Nuevo orden, Desarrollo, Sur global.
Abstract: Today, we are witnessing the emergence of new and diversenew and diverse global powers exerting influence on both world markets and global governance.influence on both world markets and global governance.Although multilateralism has become more complicated, its importance has never been greater.its importance has never been greater. Diplomacy takes onnew meaning in this context. We are entering an emerging multipolar world.But what is this new multipolar order? What can a multipolar world represent?What can an emerging multipolar world represent for the European Union, the United States and America?the European Union, the United States and Latin America?America?
Keywords: Multilateralism, Unilateralism, Geopolitics, New Order, Development, Global SouthSouth.
"La Multipolaridad: Definición y Diferenciación entre sus Significados"
Autores como David Kampf (2009), Paul Kennedy (1988), Dale Walton (2007), Dilip Hiro (2009) y Fabio Petito (2016) han abordado la multipolaridad desde diversas perspectivas, así mismo diversas figuras políticas, como Madeleine Albright, que reconocen la aparición de un "orden mundial multipolar", cada vez más lideres han incluido en sus discursos y comunicaciones, este concepto para explicar un contexto que trata de describir una realidad emergente. Aún esto, se destaca la falta aún, de una definición precisa y una teoría coherente sobre el mundo multipolar.
Siguiendo a Duguin, A (2015) para acercarse a un análisis sobre esta categoría que intenta dar cuenta de un momento histórico de cambio global, se hace necesario partir de varios puntos (Dugin, La Teoría del orden multipolar, 2015).
Después de la segunda guerra mundial, el mundo quedó bajo la égida de dos potencias mundiales Estados Unidos y la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) Aunque formalmente ambos reconocían la soberanía de todos los Estados, en la práctica, los centros de toma de decisiones estaban en Washington y Moscú.
Tras el colapso de la Unión Soviética, el sistema bipolar se desmoronó, se marcó el fin de una superpotencia y el debilitamiento de un campo ideológico, dando paso a un orden unipolar liderado por los Estados Unidos.
Los neoconservadores estadounidenses desarrollaron la teoría de la unipolaridad, con los Estados Unidos como el "Nuevo Imperio" o "hegemonía global benevolente" y bajo la ideología capitalista liberal-democrática.
Se extendió así, la ideología capitalista liberal-democrática, con la creencia de que el mundo se volvería homogéneo en términos políticos, económicos, ideológicos y hasta culturales.
Esta unipolaridad incluía una estructura jerárquica, Estados Unidos a la cabeza, con el círculo interior (Europa y Japón), seguido por países prósperos de Asia, y luego el resto del mundo la periferia.
En términos estratégicos, los Estados Unidos, al mando de la OTAN, junto a la superioridad militar de Occidente hace gala de una clara asimétrica bélica en comparación con otras naciones. Se impone y sostiene así, su matriz de valores, normas y democracia, acompañada incluso por una hegemonía intelectual global.
Camino al multipolarismo.
Vale recordar que, el Sistema de Westfalia se refiere a un conjunto de principios y normas que surgieron a partir de los tratados de paz de Westfalia, firmados en 1648 en las ciudades alemanas de Münster y Osnabrück. Estos tratados pusieron fin a la Guerra de los Treinta Años en Europa, que involucró a diversas potencias europeas y conflictos relacionados. Este sistema considera que solo un Estado-nación puede poseer la máxima soberanía, este principio se extendió a las colonias, y desde el siglo XX, también a las antiguas colonias durante el proceso de descolonización.
Sin embargo, a pesar de la igualdad jurídica entre Estados soberanos propuesta por Westfalia, la práctica muestra desigualdad y subordinación. Tanto que durante las guerras mundiales, las decisiones importantes se tomaron en bloques liderados por las potencias más fuertes.
La multipolaridad desafía el modelo tradicional de Westfalia siendo incompatibles al operar con base en una desigualdad de hecho, más que en la igualdad jurídica nominal entre Estados-nación. La soberanía, en este contexto, se presenta como una ficción legal.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el sistema bipolar (Yalta) se desarrolló, reconociendo la soberanía nominal de los Estados, pero donde sólo se podían tomar decisiones clave, estratégicas, reales desde Washington y Moscú.
En este contexto la soberanía es una clara ficción legal, ya que la mayoría de los Estados no podían defenderla efectivamente ante una amenaza externa.
Y como ya se dijo, con la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS) se configura un orden unipolar bajo el mando de los Estados Unidos, esto inicia como tal, en la década de los 90.
Aun las críticas a este orden unipolar, hoy no existe un poder capaz de resistir el poder militar y destructivo estratégico de Estados Unidos y la OTAN. La falta de una ideología unificadora y la ventaja técnico-militar de Estados Unidos quien orienta las decisiones de la OTAN, hacen imposible una competencia simétrica en las esferas estratégicas, económicas, comunicativa, cultural y técnicas.
La unipolaridad persiste, sin embargo, ya se sienten y avizoran importantes avances de un nuevo orden multipolar incluso con instituciones internacionales que reflejaban ese antiguo equilibrio de poder, la ONU, BM, FMI. Algunos analistas, como Charles Krauthammer (2002), han planteado el concepto del "fin del momento unipolar".
Alternativas al unipolarismo
Algunos críticos proponen como alternativa la "no polaridad". Se argumenta que la globalización llevará a un mundo con valores occidentales, pero sin la hegemonía directa de los Estados Unidos. Prevén un "gobierno mundial" donde diferentes países, junto con actores no estatales, cooperen para establecer un orden global. Este es el llamado Proyecto del Mundo No Polar.
Se plantea un modelo donde la economía reemplace a la política, y la democracia global emerja a través de la cooperación entre países democráticos y actores no estatales. La élite de todos los países debería adoptar valores "occidentales", marcando el final de la necesidad de proteger activamente los ideales democráticos y liberales. (Dugin, La Multipolaridad, 2015)
Otra propuesta es el multilateralismo. El Modelo del Mundo Multilateral se presenta como un enfoque alternativo al orden mundial unipolar liderado por los Estados Unidos. Este concepto es respaldado por el Partido Demócrata y estuvo vinculado a la administración del presidente Obama, oponiéndose a la unipolaridad defendida por los neoconservadores.
Ahora bien, el Multilateralismo implica que los Estados Unidos deben abstenerse de actuar unilateralmente en relaciones internacionales, propone considerar las opiniones de los aliados, persuadir mediante el diálogo y buscar compromisos, en lugar de imponer decisiones unilaterales.
Propone que los Estados Unidos sean "primero entre iguales" en lugar de actuar como un dictador entre subordinados. Esto impone obligaciones hacia los aliados y exige la obediencia a la estrategia general de Occidente centrada en la democracia global, el mercado y los derechos humanos. Difiere de la unipolaridad al enfocarse en la coordinación entre países occidentales democráticos. (Dugin, La Multipolaridad, 2015) Converge con la idea de un mundo no polar, pero excluye a actores no estatales como participantes principales.
En la práctica, la política de multilateralismo que impulsó Obama no difiere significativamente de la era imperialista de George W. Bush. Se observan intervenciones militares continuas, como en Libia, y la presencia militar estadounidense en Irak, Siria y hasta no hace mucho, en Afganistán.
La multipolaridad. Surge como la antítesis directa de la unipolaridad que Estados Unidos sostiene y propone varios centros de toma de decisiones, sin derechos exclusivos, en contraste con la unipolaridad que tiene un solo centro de poder.
La multipolaridad no acepta la unipolaridad como preludio de un futuro orden mundial ni acepta la hegemonía intelectual de Occidente.
Contrario a la “no polaridad” que sugiere un mundo homogéneo, basado en valores occidentales, la multipolaridad aboga por centros de toma de decisiones elevados, preservando las particularidades culturales y de formas de gobierno.
A diferencia del multilateralismo, el orden mundial multipolar no acepta el universalismo de los valores occidentales, tampoco reconoce la legitimidad del "Norte rico" para actuar en nombre de toda la humanidad y ser el único centro de toma de decisiones en asuntos importantes, el multipolarismo aboga por múltiples centros de toma de decisiones. La práctica del multilateralismo, según la experiencia de la administración Obama, no ha diferido significativamente de la unipolaridad anterior.
Duguin, A. (2015) resaltar la necesidad de desarrollar una teoría completa del mundo multipolar.
Signos visibles de la emergencia de un orden multipolar.
Poco a poco se consolida una arquitectura global sin el dominio directo y control total de Estados Unidos y Europa. El mundo multipolar emerge como una alternativa a la unipolaridad
La crisis profunda de instituciones que regulan el gobierno internacional pierde valor, vigencia y credibilidad, la ONU hoy no tiene las herramientas para garantizar su objetivo central mantener la paz, los objetivos de desarrollo sostenible son hoy una lista de buenas intenciones, sin el recurso suficiente para lograr las metas, ni el apoyo estatal decidido, haciendo de sus metas un bonito ideal y ya. Son fuertes las veces que piden una reestructuración profunda de este organismo.
El Fondo Monetario y el Banco Mundial han generado todo un sistema de dominación que asfixia a los estados, a los pueblos, somete generaciones enteras a la pobreza y la exclusión vía endeudamiento, las voces en contra pidiendo un nuevo sistema internacional crecen, es esta una bandera que recogen los BRICS+ con la creación de una banca internacional y la proyección de una moneda propia. Esta misma suerte corren organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) todas pierden influencia, evidenciando la transición hacia un orden internacional más complejo.
Alianzas como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) están en expansión y desafían la dominación occidental en asuntos económicos globales, en esta ruta se han establecido instituciones financieras que compiten con el FMI y el Banco Mundial, consolidando su posición en el escenario internacional y superando al G7 en términos de PIB. Los BRICS ya constituyen un importante bloque territorial y demográfico, que abarca casi un tercio de la superficie terrestre del mundo y comprende más del 40% de su población total. Las dos naciones más pobladas del planeta, India y China, suman entre ellas casi 3 mil millones de habitantes. En conjunto, las cinco economías BRICS representan poco más de una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) global, según el Banco Mundial. (France24, 2023)
Esto aún sin contar lo que será la expansión de los Brics+, las nuevas adhesiones que sin duda vendrán.
El ascenso de China e India, el renacer del nacionalismo ruso o el resultado no exitoso de la Primavera Árabe comparten la característica de ser fenómenos contemporáneos que se desarrollan fuera del ámbito europeo. Con frecuencia, la ciencia política y disciplinas relacionadas enfrentan dificultades al intentar explicar de manera adecuada tales fenómenos, ya que sus causas y dinámicas internas no se ajustan al marco teórico occidental convencional.
La cumbre del vigésimo aniversario de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en Dushanbe, Tayikistán, en septiembre de 2021, marcó la consolidación de un nuevo paradigma multipolar. Este hito también representa una derrota estratégica que podría afianzarse en un futuro cercano, indicando el posible fin del unipolarismo transnacional globalista. (Dierckxsens & Formento, 2021).
Así mismo, la pandemia aceleró los cambios, y los profundizó el inicio de la Guerra EEUU – OTAN contra Rusia – China, en Ucrania desde febrero de 2022.
Las interrupciones causadas por cambios en el consumo y la inactividad comercial generaron una crisis económica mundial y elevaron los índices de inflación. Este periodo de incertidumbre reveló vulnerabilidades críticas que amenazaban la autonomía estratégica de las naciones, especialmente en la cadena de suministro de microchips y otros materiales industriales esenciales.
La guerra en Ucrania acompañada de sanciones económicas, manejo y control de los medios de comunicación masiva e información, toda una guerra proxi en desarrollo no trajo el esperado debilitamiento de Rusia, por el contrario, se fortalecieron las relaciones con China, India, Irán y las alianzas comerciales des focalizadas de occidente.
Las ya debilitadas relaciones diplomáticas entre la Unión Europea y Rusia se desmoronaron, desencadenando una larga crisis económica y debilitamiento en Europa.
La respuesta de aumentar el gasto militar y enviar armas a Ucrania señala un cambio significativo en su política exterior hacia un realineamiento con las prioridades del llamado "mundo occidental".
Ahora bien, los planes de diversificación energética y otras iniciativas en curso reflejan un proceso de desglobalización estratégica, anticipando una globalización más fragmentada y restringida a bloques geopolíticos que salvaguarden sus propias cadenas de suministro. (Serra Figarola, 2022)
Esta desglobalización es más que una respuesta a las recientes disrupciones y se fundamenta en la incapacidad de occidente para mantener su hegemonía, tanto interna como externamente, y para imponer su visión del mundo.
El cambio dramático de los últimos años desafía las certezas anteriores y señala hacia una desglobalización estratégica en un sistema multipolar emergente.
Todos estos cambios, también se ven reflejados en el aparato bélico de Estados Unidos y la OTAN, quienes han tenido que variar su enfoque estratégico en respuesta al ascenso de China, desplazando su atención de Oriente Medio y Ucrania hacia la región de Asia-Pacífico.
Este cambio responde a la amenaza percibida por las élites estadounidenses ante el proyecto hegemónico, imperialista y colectivo que ven amenazado por el crecimiento de China, un amplio crecimiento económico, diplomático, tecnológico y militar. Las administraciones de Obama, Trump y Biden han dejado claro su compromiso con esta nueva estrategia con el objetivo de contrarrestar la influencia de Pekín.
El mandato de Barack Obama en 2009 marcó un cambio significativo en la estrategia internacional de Estados Unidos. Aunque en el pasado, el enfoque imperialista se centraba en Oriente Medio, especialmente con la atención privilegiada a Israel, la llegada de Obama señaló un desplazamiento hacia Asia-Pacífico. Aunque eventos recientes, como el conflicto palestino-israelí, han llevado a cierta atención nuevamente a Oriente Medio, la dinámica subyacente muestra una preferencia estratégica hacia Asia-Pacífico.
A pesar de su continuo interés en América Latina y Europa, en el atlántico, Washington ha hecho hincapié en la región de Asia-Pacífico. Esta priorización se articuló explícitamente en la Defense Strategic Guidance de 2011, destacando la importancia crítica de las alianzas con actores regionales como Corea del Sur. La secretaria de Estado Hillary Clinton, en 2010, ya había delineado la necesidad de mover el foco estratégico hacia Asia-Pacífico, indicando que era crucial para mantener el liderazgo, intereses y valores estadounidenses. (Garcia Granado, 2024)
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha liderado un esquema de poder global colectivo. Sin embargo, las prioridades han evolucionado a lo largo del tiempo. La confrontación con la Unión Soviética definió las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, seguida por la "guerra contra el terror" que ubicó a Oriente Medio como el foco principal en los años 2000. Ahora, la creciente influencia económica de China ha llevado a Washington a centrarse en Asia-Pacífico.
La reconstrucción de China bajo el liderazgo de Deng Xiaoping sentó las bases para su actual posición como una potencia mundial y ahora Xi Jinping, 7.º presidente de la República Popular China ha marcado un ritmo importante en este fin, incluyendo su estratégica propuesta de la Franja y la ruta de la Seda. China ha desafiado la supuesta unipolaridad del orden liderado por Estados Unidos, especialmente después de la crisis de 2008. Aunque Estados Unidos no puede frenar su expansión económica, busca mantener su influencia a través de la diplomacia y el poder militar, con una atención particular en lugares como Taiwán y Corea.
La alianza Aukus por ejemplo, la OTAN del pacífico, representa una respuesta conjunta de Estados Unidos, Reino Unido y Australia ante la creciente influencia de China en el Indopacífico. Este pacto estratégico, centrado en submarinos nucleares, ha generado tensiones con China, que lo ve como una amenaza a la paz regional. A través de inversiones significativas en defensa y tecnología avanzada, la alianza busca enviar un mensaje claro de unidad contra las ambiciones militares chinas en la región.
El siglo XXI se perfila como un escenario en el que las relaciones económicas, militares, políticas y diplomáticas entre Estados Unidos y China definirán la dinámica internacional. (Garcia Granado, 2024)
Y ¿América Latina?
China ya no es un país subdesarrollado periférico, sino que comienza a rivalizar con Estados Unidos. India se está poniendo al día rápidamente. Además, se espera que el crecimiento en las economías emergentes siga siendo más fuerte que en los países de altos ingresos" (Stephen 2017, 486, 487). Los parámetros del debate entre el Norte y el Sur han cambiado radicalmente (Therien 1999, 723), así mismo los parámetros entre países ricos y pobres, centro y periferia, una tendencia que se intensificará en las próximas dos décadas.
El núcleo de poder del nuevo orden multipolar genera un nuevo reto para África y América Latina y es el de transformarse en un "Sur absoluto". (Estenssoro, 2023)
Las proyecciones sobre el crecimiento de Asia sugieren que, hacia mediados de siglo, este continente se convertirá, al menos en parte, en uno de los principales polos de desarrollo económico, industrial y tecnológico del mundo, rivalizando o incluso superando a Europa y América del Norte (EE.UU. y Canadá).
Por ende, también aumentará significativamente su poder real en la arena política internacional, donde se anticipa que China e India podrían formar parte del nuevo núcleo de poder de un orden multipolar.
Un hipotético ejercicio prospectivo nos permitiría identificar los posibles Estados que constituirían los principales mega poderes del nuevo orden multipolar, podemos recordar las opiniones de Kissinger (2017) y Brzezinski (2013). Kissinger predice que el declive gradual del poder militar relativo de Estados Unidos dará paso a un multipolarismo similar al equilibrio europeo del siglo XIX, con "al menos seis grandes potencias: los Estados Unidos, Europa, China, Japón, Rusia y probablemente la India". (Kissinger, Henry., 2017).
Jordi Palou (1993) también afirma, tomando las proyecciones de Kissinger y Brzezinski, que cinco grandes candidatos podrían asumir un papel central en el poder multipolar en el futuro cercano: Estados Unidos, China, Unión Europea (incluyendo al Reino Unido), India y Rusia.
Es importante advertir que estas cinco superpotencias que podrían integrar el núcleo principal de poder en un futuro orden multipolar estarían situadas en el hemisferio norte del planeta.
Es este escenario si América Latina y África mantienen su actual situación económica basada en la exportación de recursos naturales y productos de bajo valor agregado, se proyecta que continúen siendo integrantes del Sur, pero ahora sin la influencia de Asia, que se habría incorporado al mundo desarrollado. (Estenssoro, 2023)
La Línea Brandt cambiaria, esta es una conceptualización geográfica y económica propuesta por el economista alemán Willy Brandt. Fue presentada en el informe titulado "Norte-Sur: Un Programa para la Supervivencia" en 1980, encargado por la Comisión Independiente sobre los Problemas de Desarrollo Internacional, que Brandt presidió. Esta línea divide al mundo en dos partes principales: el "Norte" y el "Sur". La distinción se hace con base en las disparidades económicas entre las regiones. El "Norte" representa las naciones económicamente desarrolladas, mientras que el "Sur" incluye a los países en desarrollo o subdesarrollados. La Línea Brandt se creó para resaltar las diferencias económicas y proponer estrategias para abordar los problemas de desarrollo y equidad a nivel global.
Este escenario implicaría un desplazamiento radical de la Línea Brandt en una dirección que va del Noreste al Suroeste, transformando a América Latina y África en una suerte de "Sur absoluto".
En otras palabras, estas regiones se encontrarían en un estado continuo de subdesarrollo o "en vías de desarrollo", además de periféricas y subordinadas a los nuevos mega poderes que constituirán el núcleo del orden multipolar.
Esta tendencia se intensificará en las próximas dos décadas.
En este contexto emergente, surge la pregunta sobre cómo un país de nuestra región podría negociar y defender sus legítimos intereses de manera aislada, considerando las complejidades inherentes a un orden multipolar proyectado.
Cada mega potencia, ya sea nueva o tradicional, parecerá ávida de recursos naturales para sostener sus complejos tecno-industriales y una población con un poder adquisitivo en declive, lo que probablemente la llevará a asegurar sus áreas de influencia mediante diversos medios.
De persistir las tendencias descritas, la opción más sensata para América Latina sería avanzar rápidamente hacia su integración real por bloques, fortalecer instancias como la UNASUR, la CELAC, para negociar en bloque logrando poner condiciones.
De lograr una articulación, un bloque real, potente, no solo aumentaría su capacidad relativa de negociación, sino también mejoraría sus perspectivas de liberarse de la prolongada condición de países "en vías de desarrollo" que corre el riesgo de consolidarse.
Para este objetivo no hay mucho tiempo, si no se avanza en ello, como dice el argot popular, en este escenario estaríamos cambiando de dueño, siguiendo una lógica colonial asegurando una posición subordinada, con el efecto directo sobre los pueblos, pobreza, desigualdad, desplazamiento en tanto se requerirán en menor tiempo los minerales, agua, territorios ocupados por pueblos y por reservas naturales, pero ya no sería una superpotencia, sino 5 super potencias bajo estas lógicas de relacionamiento inequitativas, el reto es grande y no hay mucho tiempo.
Referencias
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