

DOSSIER: «TIERRA Y TERROR. LOS HORRORES DE LA LITERATURA ARGENTINA»
FRONTERAS DEL TERROR Y DEL HORROR EN LA NARRATIVA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA: UNA LECTURA DE «HUÉRFANOS» (2021), DE MARÍA ROSA LOJO
Frontiers of Terror and Horror in Contemporary Argentine Narrative: a Reading of “Huérfanos” (2021), by María Rosa Lojo
Gramma
Universidad del Salvador, Argentina
ISSN: 1850-0153
ISSN-e: 1850-0161
Periodicidad: Bianual
vol. 34, núm. 71, 2023
Recepción: 23 Mayo 2023
Aprobación: 18 Junio 2023
Resumen: Es común la idea de que la violencia define la trayectoria argentina. Como consecuencia, también su literatura se erige sobre dicha base. María Rosa Lojo (1954), argentina hija de exiliados españoles de la Guerra Civil, viene produciendo, en las últimas décadas, una sólida y vasta obra, urdida en los umbrales de historia y de ficción, en la que se propone edificar un mural de la biografía de su país dándole voz especialmente a los marginados, víctimas preferidas en dicha historia construida de horror y de violencia. Su libro Así los trata la muerte. Voces desde el cementerio de la Recoleta (2021) reúne relatos que tratan sobre personajes argentinos sepultados en el cementerio de la Recoleta, desde 1858 hasta 1981. Sus conversaciones de ultratumba abarcan prácticamente todo el recorrido del país, es decir, la larga crónica de horrores que lo constituye. El hecho de que dichas voces vengan del mundo de los muertos permite ubicar la obra en un género insólito, donde se mezclan el terror/horror, lo mágico y lo fantástico. En este texto, sin embargo, tomaremos elementos temáticos que tratan del terror/horror de la opresión del Estado y la estupidez de la guerra. Propondremos una lectura del relato «Huérfanos», que hace encontrar dos jóvenes eliminados por la violencia: Dominguito Sarmiento (1845-1866), en la guerra del Paraguay, y Vicky Walsh (1950-1976), en conflicto con la última dictadura cívico-militar. En su conversación, ellos discuten el poder y los mecanismos de control utilizados.
Palabras clave: Narrativa Argentina Contemporánea, María Rosa Lojo, Así los trata la muerte, Dominguito Sarmiento, Vicky Walsh, Horror en la Literatura, Terror, Dictadura Argentina.
Abstract: The idea that violence defines Argentine History is common. Consequently, its literature also stands on this basis. María Rosa Lojo (1954), Argentine daughter of Spanish exiled after the Civil War, has been producing in recent decades a solid and vast work, mixing history and fiction, in which she proposes to build a mural of history of her country giving a voice especially to the marginalized, preferred victims of that history constructed of horror and violence. The book Así los trata la muerte. Voces desde el cementerio de la Recoleta (2021) brings stories that deal with characters from Argentine history buried in the Recoleta Cemetery, from 1858 to 1981. Their ultra-grave conversations cover practically the entire history of the country, that is, the long chronicle of horrors that constitutes it. The fact that these voices come from the world of the dead allows the work to be placed in an unusual genre, in which terror/horror, the magical and the fantastic are mixed. For this paper, however, we will take the thematic elements dealing with the terror/horror of state oppression and the stupidity of war. We propose a reading of the story “Huérfanos”, which presents two young people eliminated by violence: Dominguito Sarmiento (1845-1866), in the Paraguayan War, and Vicky Walsh (1950-1976), in conflict with the last civic-military dictatorship. In their conversation they discuss the power and the control mechanisms used by that power.
Keywords: Contemporary Argentinian Narrative, María Rosa Lojo, Así los trata la Muerte, Dominguito Sarmiento, Vicky Walsh, Horror in Literature, Terror, Argentine Dictatorship.
Los Muertos de una Insaciable Guerra Civil
Lucio Victorio Mansilla, el personaje histórico ficcionalizado, protagonista de la novela La pasión de los nómades (1994), de María Rosa Lojo, en un determinado momento de la narrativa, afirma que «el sauce llorón es el emblema secreto de esa ínclita república», porque los argentinos lloran «constantemente a los muertos, inclinados sobre sepulturas que no se cierran nunca» (Lojo, 2008, p. 41). Son los muertos de una insaciable guerra civil, que constituye la historia misma del país. El árbol, de figura tan apacible, es una imagen de la hipocresía argentina, que disfraza el rencor y la cólera.
Frik, la protagonista de otra obra de la escritora, Todos éramos hijos (2014), publicada dos décadas más tarde, reitera la idea de la historia argentina como una secuencia de actos de horror. Ella afirma que «[e]n manos de los argentinos, la democracia parecía no poder encontrar terreno fértil, se autocondenaba al fracaso. Era un árbol defectuoso, sin raíces, de cuyas ramas colgaban impúdicamente los muertos de la violencia, como frutas envenenadas» (Lojo, 2014, p. 205). ¡La imagen plástica de dicho árbol es tenebrosa!
Entre La pasión de los nómades (1994), su segunda novela, con la cual la escritora ingresó definitivamente en el panteón literario de su país, y Todos éramos hijos (2014), María Rosa Lojo, argentina hija de exilados españoles de la Guerra Civil, ha producido una consistente obra literaria y crítica, formada por varias novelas, colecciones de relatos, libros de poesía, volúmenes de crítica literaria y una amplia lista de ensayos académicos y periodísticos, publicados en la Argentina y en el exterior, merecedores de diversos premios.
En esa obra, tejida en los umbrales entre historia y ficción, literatura y ensayo, poesía y prosa, María Rosa Lojo se propone construir un mural de la historia de su país, dándole voz especialmente a los marginados, víctimas preferidas en esa historia de horrores y de violencias. En constante diálogo con diversos campos del saber, el centro de dicha obra es la reflexión sobre el proceso de construcción de una identidad posible del argentino y trata de releer críticamente tanto el discurso hegemónico de la historia como el canon literario erigido a partir de dicho discurso. Uno de sus núcleos es la deconstrucción de los discursos hegemónicos, sea en el ámbito histórico, sea en el ámbito literario, asentados en el célebre binomio civilización versus barbarie.
Idea central de la llamada generación romántica de 1837, trataba de explicar la realidad local a partir del pensamiento vigente en la Europa de principios del siglo xix, la oposición entre lo que se llamaba civilización, es decir, el pensamiento europeo, y lo que se consideraba barbarie, es decir, las condiciones locales, con énfasis en la naturaleza, exótica, de acuerdo con aquellos puntos de vista, y el hombre local, generalmente un mestizo. Dicho ideologema se consolidó con la publicación de Facundo o civilización y barbarie (1845), de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888). A partir de esa pretensa oposición, que incluso en la obra de Sarmiento presenta diversas grietas, se erige el discurso fundacional de la nación y, al mismo tiempo, de la literatura argentina.
En términos generales se constata que tales ideas siguen todavía vigentes en distintos ámbitos culturales argentinos. Al proponer una lectura crítica de tal ideario y defender su disolución, Lojo construye su obra. En este sentido, ella comulga con la idea bastante común en diversos sectores de la crítica literaria argentina (David Viñas o Ricardo Piglia [2018], por ejemplo) de que la historia argentina y, en consecuencia, la historia de su literatura, es prácticamente una de la violencia, del terror y del horror, que arranca de la conquista de la región por el colonizador español y viene hasta los días actuales en los que campea la violencia urbana, y de género, sobre todo originada en los conflictos sociales. En ese largo trayecto, merecen destaque los tiempos sombríos de las guerras civiles que la región atravesó durante el siglo xix hasta consolidarse aquello que conocemos como nación argentina y, en especial, los largos periodos autoritarios, desde la dictadura rosista, hasta la última dictadura cívico-militar, de 1976 a 1983, una de las más sangrientas de Latinoamérica.
Al retroceder el foco hasta el siglo xix, en diversas narrativas de extracción histórica (Trouche, 2005), Lojo articula las sombras violentas que están en el origen de la construcción del discurso fundador de la nación con la realidad no menos sombría de momentos contemporáneos. Así, ficcionaliza personajes históricos que, dentro de la antinomia civilización-barbarie, pueden presentarse desde un prisma u otro. Interesa traer para el centro aquellos sectores que el discurso dicho «civilizado» lanzó hacia los márgenes, catalogados como barbarie.
Escritora plenamente insertada en su tiempo, Lojo tiene conciencia de que la literatura se escribe en una relación con el mundo, pero se presenta, además, en una relación estrecha consigo misma, con su historia, con la historia de sus producciones. En suma, en cada obra, la literatura retoma la larga caminata desde sus orígenes (Samoyault, 2008, p. 9). En ese proceso de relecturas y reescrituras se construye una biblioteca que registra lo que la literatura posee de sí misma y que va siendo leída y reescrita de modo casi infinito.
El proceso intertextual es el núcleo de dicha idea, que, para los lectores de Jorge Luis Borges, no presenta novedades: el escritor argentino llega a la paradoja de ver el mundo como una inmensa biblioteca. Un libro siempre acaba contando la historia de otro libro, como ya había apuntado Lojo en los agradecimientos de su novela La princesa federal (Lojo, 1998, p. 229). Es lo que Genette (2010) llama «literatura de segunda mano», una especie de laberinto que trata de buscar sus obscuros orígenes, prácticamente perdidos, de los cuales, muchas veces, solo quedan vestigios borrosos como en los palimpsestos.
La escritura de Lojo es un tejido elaborado con hilos provenientes de varias partes de una vasta biblioteca que maneja con singularidad. Además de las referencias claras que se presentan en las bibliografías que suele presentar y, en diversas ocasiones, comentar al final de varios de sus libros, hay también una «bibliografía oculta», que se puede constatar en una lectura más cuidadosa. Deja de ser, de ese modo, oculta.
Bibliotecas, libros, lecturas, escritos, manuscritos, diarios, cartas, reales o apócrifos, son tópicos que se reiteran en la obra literaria de la escritora. Del mismo modo está presente, en su proceso de escritura, lo que podríamos llamar «vasos comunicantes», expresión tomada de la física para designar la circulación de la materia por diversos recipientes, técnica bastante común en la literatura contemporánea. Así, no solamente transitan temas entre sus obras, sino que los personajes también salen de determinado relato para repoblar otro.
«Huérfanos» (2021)
De esa forma, se teje la narrativa de los nueve relatos que forman Así los trata la muerte. Voces desde el cementerio de la Recoleta (2021), cuyos protagonistas son personajes de la historia argentina sepultados en la célebre necrópolis porteña. En ese contexto, se puede decir que el cementerio se transforma en una especie de biblioteca de la historia de la cultura argentina, una vez que allí se reúne buena parte de los personajes más importantes de dicha historia, que además también pasean por los libros de Lojo.
La acción de los relatos abarca episodios de los siglos xix y xx: inicia en 1848, con «Te perdona y te abraza», y termina en 1981, con «Tu triunfo de ayer». Históricamente viene desde poco antes del fin del período de Rosas (1828-1852) hasta poco antes del final de la última dictadura cívico militar (1976-1983). En lo que se refiere al horror del estado de terror, se suele considerar los dos períodos más violentos de la historia del país.
El segundo relato del libro, «Huérfanos», tiene como núcleo dos hijos de personajes ilustres de la historia argentina: Dominguito (1845-1866), hijo de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), muerto joven todavía en la Guerra de la Triple Alianza, se encuentra con Vicki Walsh (1950-1976), hija de Rodolfo Walsh (1927-1977), muerta, al igual que su padre, durante la represión de la última dictadura cívico-militar argentina. Sarmiento y Walsh, además de escritores, fueron militantes políticos en su momento.
En la obra de Lojo, el reiterado tema de la relación entre padres e hijos adquiere especial protagonismo en Todos éramos hijos (2014), novela que trata de la generación que vivió los años de plomo de la historia del país, la década de los setenta, cuando muchos jóvenes se engancharon en grupos revolucionarios con el intento de construir una nueva sociedad y sufrieron la feroz persecución de las fuerzas del poder. Algunos de los jóvenes protagonistas de esta novela mantienen un conflicto abierto con sus padres conservadores, como es el caso de Esteban Milovich, cuyo padre no supera jamás el hecho de tener el hijo asesinado y desaparecido por las fuerzas de represión de un Estado que él consideraba correcto.
Aunque ni Vicki ni su padre sean personajes de la novela, su acción y su muerte pueden haber inspirado a la escritora en la construcción de aquellos personajes. Dominguito, por su parte, tampoco participa directamente en la obra anterior de Lojo, pero es referido en textos que tratan de Sarmiento, como es el caso de «Amar a un hombre feo», relato de Amores insólitos de nuestra historia (2001a), que tiene al autor de Facundo como protagonista. En dicho relato, Dominguito aparece tres veces: en dos ocasiones, el padre lamenta su muerte temprana en la guerra del Paraguay. También anuncia que «Escribe, a veces con lágrimas, con furia, y hasta con remordimientos, una Vida de Dominguito» (Lojo, 2011a, p. 202).
El ambiente feérico del encuentro entre los dos jóvenes muertos con el intervalo de más de un siglo (Dominguito, en 1866, y Vicki, en 1976) es un apacible día de primavera, estación que coincide con las fechas de la muerte de ambos: Dominguito, el 22 de septiembre, y Vicki, el 29 de septiembre. «Es una de las más bellas primaveras que ha visto nunca» (Lojo, 2021, p. 41). Así empieza el relato.
De ese modo, a pesar de tratar del encuentro de dos muertos y de narrar episodios de violencia y de terror, el ambiente es agradable y tranquilo. La violencia, el horror y el terror son referidos por los relatos de los protagonistas.
El contacto ocurre en una casa rodeada por un huerto, ubicada en una isla en el delta del Tigre, río Paraná. Es la casa que Sarmiento tenía en aquella zona, según informa Dominguito: «—Cuando todavía era chico solíamos pescar acá, con el viejo. En los pocos ratos que él no le dedicaba a la política o a escribir, se obsesionaba por educarme» (Lojo, 2021, p. 43).
En esa casa, actualmente Museo Histórico de la Nación, se juntan las reminiscencias de Vicki, que cuenta que su padre también pescaba con ella y con su hermana, en ese mismo río «cuando no se lo tragaban la prensa o la política. Nos enseñaba los nombres de las constelaciones y de los pájaros. O cómo se puede sobrevivir en una selva. Alquilamos una casita parecida a esta durante unos años» (Lojo, 2021, p. 43). Parece que Rodolfo estaba en la isla cuando recibió la noticia de la muerte de la hija. Allí fue perseguido por las fuerzas policiales de la dictadura y tuvo su casa allanada.
El ambiente sereno del encuentro entre los dos contrasta con el tema de las conversaciones, que retoman las condiciones violentas de sus muertes. De modo significativo ambos prácticamente han dado cabo a la propia existencia.
Dominguito, que había sido educado para ser un héroe, se inscribe sin la concordancia de los padres en las fuerzas argentinas de guerra de la Triple Alianza. Y termina por inmolarse inútilmente en el altar de la patria. En el relato, lo reta la voz de Lucio Victorio Mansilla, comandante de su batallón: «—¿Estás loco? ¿Cómo pudiste hacerte matar de esa manera? ¿Para qué? Un buen soldado se guarda para otra batalla, no se inmola en una que ya se perdió» (Lojo, 2021, p. 58). Pero su justificación es fuerte: un hijo de Sarmiento no puede dar la espalda a las balas. Y así enfrenta la muerte de pecho abierto en la batalla perdida, en Curupaytí.
Narrativamente, la discusión entre ambos es importante. Vicki tiene consciencia de haber vivido después, en un futuro con relación a Dominguito. Su voz se mezcla al foco de la narradora e informa a Dominguito y al lector sobre los hechos históricos. Trata de actualizar el punto de vista del muchacho con relación al concepto de patria y su defensa incondicional de las Fuerzas Armadas. Para él, es un absurdo, después de todo lo que lucharon en su tiempo, que los principios democráticos no sigan vigentes. Ella lo va aclarando: «—Tanto después. Unos cien años. Eran militares. Gobernaban en nombre de las Fuerzas Armadas de la Nación. Formaron un infame triunvirato. Su presidente era el Comandante en Jefe del Ejército» (Lojo, 2021, p. 46).
Dominguito le pide a Vicki que le cuente los motivos la llevaron a la muerte. Ella le explica que era miembro del grupo Montonero (el grupo contemporáneo, no aquel del siglo xix, aclara), que trabajaba en la divulgación de las acciones. «Mandaba comunicaciones al pueblo trabajador sobre lo que estaba pasando. Instrucciones para organizarnos y resistir a la tiranía» (Lojo, 2021, p. 45). Cuenta cómo fueron, ella y algunos compañeros, acorralados en el último refugio, «la casa de la calle Corro. La emboscada había sido de una monstruosa desproporción: ciento cincuenta efectivos contra cinco guerrilleros, ella incluida» (Lojo, 2021, p. 57).
A pesar de disponer de una ametralladora, que Vicki hizo funcionar por primera vez, ellos fueron derrotados. Pero ella no disparaba para matar a los pobres soldados, conscriptos, milicos forzados. Ninguno de los soldados murió. «A ninguno deseaba matar, y tampoco ella hubiera querido morir» (Lojo, 2021, p. 58), aclara. Pero Vicki y sus compañeros bajaron sus armas y se dispararon en la cabeza.
Ella justifica su suicidio para Dominguito (y también para el lector). Como guerrillera entrenada, sabía lo que le habría pasado si hubiera sido capturada. El ultraje en todos los sentidos: la violación, la tortura, el riesgo de delatar a los compañeros. «Para que ni la saña de mis captores, ni las torpezas o debilidades propias pudieran deshonrarme» (Lojo, 2021, p. 46). Cuando el ejército entró en la casa, solo encontró los cinco cadáveres y una niña, casi bebé, la hija que también tiene el nombre de Victoria (Castro, 2020).
Al tener noticia de la muerte de Vicki, joven y frágil según su punto de vista, Dominguito (que, en realidad, murió más joven que ella) manifiesta su desconformidad: «Cómo es posible que nadie haya cantado tu hazaña. El bardo Echeverría. O José Mármol. ¿Cómo no estás en Amalia? ¿Cómo mi padre no me habló de tu leyenda? Tu nombre debería estar en todas las bocas, como el de la infeliz Camila, fusilada por el déspota Rosas» (Lojo, 2021, p. 46).
Aquí el texto hace, como en un arco, la conexión con el horror de otra dictadura, la del tirano Rosas. Y así, el hijo de Sarmiento retoma el canon literario argentino construido por la Generación del 37 y cita, literalmente, tres de esos nombres: el primero es su padre, el creador del binomio civilización/barbarie, cuyo Facundo se publica en 1845.
En seguida, aparece Esteban Echeverría (1805-1851), autor de dos textos canonizados por la literatura argentina, «La cautiva», poema épico de 1837, y «El matadero», cuento escrito entre 1838 y 1840, publicado póstumamente en 1871. En las palabras de Dominguito, él merece el epíteto de bardo, una vez que se le considera el principal nombre de la generación y representa la defensa de los principios de los unitarios, ya que murió en el exilio. «El matadero», que describe la tortura y la inmolación de un joven unitario por los bárbaros federales de Rosas, es el texto paradigmático, canonizado por la literatura argentina, como denuncia del terror rosista.
José Mármol (1817-1871) también es miembro de la generación romántica. Fue periodista y político, autor de la novela Amalia, citada en el relato. Canonizada como novela de denuncia de la barbarie de la dictadura rosista, fue publicada entre 1851 y 1855.
En la visión ingenua de Dominguito, que no conoce las trampas de la temporalidad, por su violenta muerte, Vicki debería ser transformada en leyenda. Y la compara a otra muerte violenta perpetrada por el terror rosista: la de la infeliz Camila, cuya leyenda estaba ya en todas las bocas. Aquí hay una lazada que retoma a Camila O’Gorman (1825-1848), protagonista del primer relato del libro, fusilada en 1848 juntamente con su amado Ladislao Gutiérrez, por órdenes de Rosas.
Por la voz del Dominguito ficcionalizado, la narradora/escritora expone la necesidad de traer la historia de Camila para la literatura, lo que, de alguna forma, viene ocurriendo desde su muerte. Lo más importante, no obstante, es hacer que las hazañas de Vicki Walsh también encuentren un digno cantor. En este caso, una digna cantora, pues la voz de María Rosa Lojo ahora las perpetúa en la literatura, más allá de lo que su padre ya había hecho. Hay que tener en cuenta que Rodolfo Walsh, todavía en vida, fue el primero a denunciar la muerte violenta de la hija, en sus famosas cartas contra la dictadura (Castro, 2020).
La muerte, sin embargo, parece no pesar a esos dos jóvenes, que lucharon, con cierta ingenuidad, por sus ideales. La nostalgia, a veces, los atrapa, como a Vicki, por ejemplo, cuando «cree sentir a su lado, el cuerpo pequeño y tibio de la otra Victoria, su hija que quizá sea ahora una mujer, con sus hijos propios, en algún andarivel de esa cronología terrenal cuyo rastro ha perdido» (Lojo, 2021, p. 52).
A pesar de que el tema central sea la muerte, el horror de la opresión política y la irracional violencia de la guerra, el encuentro insólito de los dos jóvenes después de muertos se hace en un ambiente apacible, primaveral, rodeado por elementos acuáticos, lo que permite leer el relato de modo positivo. Al final del texto, los dos jóvenes, después de cumplir su misión, recogen sus enseres y reman hacia el naciente, en una mañana verde y luminosa. Es decir, simbólicamente, ellos se dirigen hacia luz, hacia la vida.
Así, podríamos decir que María Rosa Lojo parece querer indicar la dirección hacia un futuro luminoso, hacia la superación de los traumas de la violencia que marcan la historia argentina. El encuentro insólito de los dos jóvenes, desconocidos hasta entonces, se produce con la finalidad de llevar a cabo una misión, secreta y, al mismo tiempo, misteriosa, aunque, a veces, ellos mismos dudan de que tendrían una misión por cumplir.
Sin embargo, después de algún tiempo ancorados en la casa, discutiendo sus vidas y las locuras de la historia del país, al final, ellos llegan a la conclusión de que su misión es convertirse en huérfanos, dejar de ser hijos muertos de sus padres (Lojo, 2021, p. 61). Hay que superar los «[e]pitafios conmovedores, columnas truncas, víctimas del sacrificio por cualquier patria» (Lojo, 2021, p. 62).
Ellos reconocen que no habrán sido solo un nombre más, opaco como todos en una lista de bajas. Si alguien los recuerda públicamente, es porque sus padres los recordaron, porque certificaron sus existencias con su dolor firmado, además de la presencia de los apellidos que llevan (Lojo, 2021, p. 62). Y Vicki concluye que, al fin y al cabo, «—Hicimos lo que hicimos, fuimos lo que fuimos, nosotros y nuestros padres, en la cadena de las vidas y de las muertes. El tiempo de allá no es reversible» (Lojo, 2021, p. 62).
En todo caso, «[e]n el Otro Mundo ya no hay tiempo ni, por tanto, se almacenan recuerdos; solo flashes, idas y vueltas en redondo, simultaneidades» (Lojo, 2021, p. 41). Y algunos de dichos flashes y simultaneidades vienen a la luz en el relato de la escritora argentina. De ese modo, parece que María Rosa Lojo quiere indicar la dirección hacia un futuro luminoso, hacia la superación de los traumas de la violencia que marca la historia argentina. Se crea, entonces, una especie de memoria apaciguada, memoria reconciliada (Ricoeur, 2007, p. 504). La misión que los dos tienen a cumplir es su papel de huérfanos de la patria, de hijos muertos por la violencia.
Remar hacia el Naciente
En una colección de textos breves, microficciones y relatos cortos, publicada en 2011, bajo el título de Bosque de ojos, María Rosa Lojo incluye sus Historias del cielo, «impulsada por la pasión de la paradoja» (Lojo, 2011b, p. 7), según ella misma informa en la introducción. De ese modo, el intento de definir el Cielo presupone moverse en el ámbito de la paradoja. Se suele decir, nos informa la escritora, también la voz narrativa, que «el Cielo es el lugar en donde no hay historia. El tiempo cesa allí como cesa de fluir la sangre de una herida» (Lojo, 2011b, p. 13).
Se puede, entonces, asociar esta definición de Cielo, sin necesidad de buscar conocidas mitologías en las religiones más usuales, a ese «otro lado», esa realidad de ultratumba que cruzaron los personajes de los relatos de Así los trata la muerte. El cese del fluir del tiempo es su marca principal. Más que el cese de la temporalidad, «no hay más que el tiempo de lo que ya se vivió, fragmentado como un rompecabezas, que se arma y se desarma una y otra vez, hasta agotar todas las combinaciones posibles del temor y el deseo» (Lojo, 2011b, p. 13).
En dicho rompecabezas, que es la marca de la temporalidad que ordena las relaciones entre los personajes, «[a]lgunos padres serán hijos de sus hijos en el Cielo. Los esperarán absurdamente jóvenes, como lo eran cuando los despidieron a la puerta de casa para ir a una guerra o al viaje que los mataría» (Lojo, 2011b, p. 17).
Se puede comprender, en dicho contexto, que Dominguito y Vicki terminen por ocupar el rol de huérfanos, aunque muertos antes que sus padres. Además, la relación con los padres, distante en el caso de los dos, se presenta como una especie de relación con la patria. En castellano, las dos palabras, padre y patria, de mismo origen etimológico, están bastante imbricadas con el linaje y con la tierra de nacimiento.
Aunque el concepto de patria de los dos personajes sea bastante diferente, de acuerdo con el momento histórico en que les tocó vivir, paradójicamente, los dos mueren en defensa de su ideal de aquella. Sus muertes son causadas por las fuerzas de la patria, bastante diferente de la idea de «patria de ciudadanos libres e iguales» (Lojo, 2021, p. 60) que sus padres defendían.
A lo largo de su conversación, los dos jóvenes discuten diversos conceptos, especialmente el de patria y la relación entre los individuos y la sociedad en que están inseridos. «Las mismas etiquetas: “civilización”, “barbarie”, “cultura”, “libertad”, “tiranía”, “derechos”, “justicia”, “imperio”, “progreso”, se aplican a otros sujetos y otros objetos. Aunque los mataderos de seres humanos, por cierto, siguieran prosperando con éxito invariable» (Lojo, 2021, p. 60).
Y son dichos mataderos, cuyo éxito es invariable, los que el texto de María Rosa Lojo trata de denunciar. Y si entre las funciones de la literatura está denunciar los entuertos del mundo, también está, y quizás esta sea más importante, la idea de construir, a partir de la imitación, un mundo mejor.
Por eso, finalmente aclarada su misión, los dos jóvenes toman sus embarcaciones y sus enseres. En aquella luminosa mañana verde, reman hacia el Naciente.
Referencias Bibliográficas
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Piglia, R. (2018, mar. 30). «Viñas y la violencia oligárquica». Buenos Aires Poetry 7. Recuperado el 20 de sep. de 2018, desde: https://buenosairespoetry.com/2018/03/30/vinas-y-la-violencia-oligarquica-ricardo-piglia/
Ricoeur, P. (2007). A memória, a história, o esquecimento. Campinas: UNICAMP.
Samoyault, T. (2008). A intertextualidade. San Pablo: Aderaldo & Rothschild.
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Notas

