Investigación de la sexualidad en mujeres migrantes latinoamericanas en el periodo 2011-2021

Ricardo García Jaime
Universidad Centro Panamericano de Estudios Superiores, México

Analéctica

Arkho Ediciones, Argentina

ISSN-e: 2591-5894

Periodicidad: Bimestral

vol. 8, núm. 51, 2022

revista@analectica.org

Recepción: 24 Noviembre 2021

Aprobación: 11 Enero 2022



DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.6712851

Resumen: Se analizó el estado que guarda la investigación de la sexualidad en mujeres migrantes latinoamericanas. Dos hechos fueron referentes para la escritura del artículo: una importante producción de estudios en torno a la sexualidad realizados en esta región geográfica entre los cuales la migración recibe escasa mención y la presencia en Europa de un campo de estudio en torno la sexualidad de mujeres migrantes; ambos revelan un área de conocimiento que demanda análisis debido a las condiciones del flujo migratorio y su creciente feminización. Para dar cuenta del estado de investigaciones se elaboró una base con datos de 1220 artículos científicos publicados en el periodo 2011-2021. De su revisión se proyectaron seis líneas analíticas: 1) Redes de comercialización sexual; 2) Trabajo, explotación y acoso sexual; 3) Erotización de la migración; 4) Migración transgénero y homoerótica; 5) Derechos sexuales y reproductivos y 6) Agencia. Las conclusiones destacan el escaso interés en la investigación del tema, la relevancia de su análisis desde perspectivas interseccionales de género y la vulnerabilidad sexual que acompaña a las mujeres migrantes.

Palabras clave: Género, interseccionalidad, migración femenina, sexualidades.

Keywords: Gender, intersectionality, female migration, sexualities

Introducción

La sexualidad como campo de investigación aparece a finales del siglo XIX y puede agruparse en cuatro enfoques: biomédico, sociodemográfico, socioconstruccionista y feminista. El enfoque biomédico apareció en Europa a finales del siglo XIX, cuando las pasiones amorosas o actos venéreos adquirieron interés científico. En esas décadas la neonata ciencia sexual generó un abundante cuerpo de investigaciones en torno a las anormalidades sexuales. Después de las guerras mundiales la sexología tuvo su mayor desarrollo en EUA con las investigaciones sobre conducta sexual llevadas a cabo por Kinsey, Masters y Johnson entre 1940 y 1970, estudios fundamentales para la conformación de la sexología moderna, orientada hacia la investigación del ciclo de la respuesta sexual humana, las inadecuaciones sexuales y su tratamiento mediante la terapia sexual (García-Jaime, 2015). El enfoque sociodemográfico se desarrolló en paralelo a la sexología moderna. El grueso de sus aportaciones son estudios estadísticos de la conducta sexual (clasificación del comportamiento sexual, frecuencia de prácticas sexuales, encuestas de satisfacción sexual, de uso de anticonceptivos, de contagio de infecciones de transmisión sexual, etc.) en segmentos variados de población. El enfoque socioconstruccionista se conformó por las investigaciones derivadas de la nueva historia social (historia de las mentalidades), la antropología social (relativismo cultural), las aportaciones de Foucault, la nueva historia sexual y la sociología de la sexualidad. Estos estudios iniciaron el debate en torno a la sexualidad como dispositivo histórico, estrategia discursiva vigilante del cuerpo y su potencial placentero. Sus planteamientos deconstruyeron la perspectiva de la sexualidad como asunto biológico, privado, íntimo e incorporaron al análisis un conjunto de prácticas de vigilancia, discursos especializados y mitos con efectos determinantes en la posibilidad de acceder al cuerpo y su placer. Así, las prácticas sexuales dejaron de interpretarse como asuntos anclados en una naturaleza sexual intrínseca, para convertirse en parte de una estructura social articulada, institucionalizada, capaz de penetrar los cuerpos, las identidades y los propios deseos, organizándolos al servicio del poder. El enfoque de los feminismos y de los movimientos de liberación gay-lésbico-transexual, críticos hacia los enfoques biomédico-sociodemográfico, señalaron “el sexismo del psicoanálisis, la hegemonía del modelo heterosexual y las limitaciones de la sexología norteamericana en su interpretación del cuerpo” (García-Jaime, 2017, p. 40), la falacia del tratamiento de los trastornos sexuales con terapia psicoanalítica o sexual sin atender los sistemas sociales androcéntricos ocultos tras los discursos científicos (Maines, 2001, p. 191) y la construcción de planteamientos sexuales a partir de representaciones biologizadas y supuestos psicológicos, sostenidos a pesar de evidencias contradictorias (Koedt, 2001).

Desde los cuatro enfoques se construyó un vasto campo de estudios rastreable en las humanidades, ciencias sociales e interdisciplinarias en todo el mundo. En el caso de la investigación sobre la sexualidad en Latinoamérica, se ha asociado a múltiples variables: iniciación sexual, virginidad, prácticas sexuales, matrimonio, trabajo sexual, masculinidades, homoerotismo, experiencia lésbica, trabajo sexual, deseo, infecciones de transmisión sexual, embarazo adolescente, pecado, derechos sexuales, violencia sexual (Parrini y Hernández, 2012; Valdés y Guajardo, 2007), sin embargo, escasa mención recibe la migración como variable en la investigación de la sexualidad, ya sea del proceso, sus flujos, la violencia sexual que viven quienes migran o los efectos de la hibridación cultural en la conducta sexual. Esta perspectiva coincide con las afirmaciones de García (2017), quien ubica los primeros estudios sobre sexualidad y migración en la década de 1990 en un contexto ajeno al continente americano; también con las aportaciones de Rosas y Gayet (2019) quienes refieren hacia finales de 1990 un incremento de investigaciones en lengua inglesa que vinculaban las sexualidades con los estudios migratorios, en tanto que, en Latinoamérica sólo se refiere que aparecieron con los estudios en torno a la propagación del virus de inmunodeficiencia humana (Ruiz, 2018).

Ante la poca referencia de investigaciones sobre la sexualidad de migrantes, en un contexto internacional de 272 millones de personas migrando (OIM, 2020) de las cuales, según el Portal de datos mundiales sobre migración (2021), 135 millones son mujeres y en una región con intensos flujos migratorios ¿qué relevancia presenta actualmente la investigación de la sexualidad en mujeres migrantes? ¿qué características tienen sus estudios? ¿qué temáticas analizan? ¿qué perspectivas teórico-metodológicas utilizan? ¿qué asuntos se encuentran ausentes en las investigaciones de la sexualidad de las mujeres migrantes? Con estas preguntas como preámbulo se planteó esta investigación documental con el objetivo de analizar el estado de investigaciones con respecto a la sexualidad en mujeres migrantes, mediante la revisión de artículos científicos publicados en el periodo 2011-2021.

Materiales y métodos

Se analizó información disponible en repositorios y revistas científicas de acceso abierto. El proceso tuvo cuatro etapas: selección de fuentes documentales-revisión de contenido, elaboración de base de datos, elección de artículos, y procesamiento de información.

Selección de fuentes documentales-revisión de contenido

Se seleccionaron dos revistas especializadas: Migraciones Internacionales, Migraciones y la plataforma Redalyc de origen mexicano. El periodo considerado en las publicaciones fue el comprendido entre enero de 2011 y agosto de 2021. La elección de estas fuentes se relacionó con la relevancia de sus publicaciones, el flujo migratorio de los países que la editan y por ser de acceso abierto. La primera revista seleccionada fue Migraciones Internacionales, editada en México por El Colegio de la Frontera Norte, A. C. En el lapso mencionado publicó siete volúmenes y 20 números. La segunda revista fue Migraciones, editada por la Universidad Pontificia Comillas, la cual se distingue por ser la primera revista española de investigación especializada en el tema. Esta fuente publicó 24 números en el lapso indagado. En tercer lugar, se seleccionó Redalyc, un sistema de indización conformado por revistas de calidad científica que agrupa más de 720,000 artículos de ciencias sociales, ciencias naturales, ciencias exactas y humanidades (https://www.redalyc.org/).

Elaboración de base de datos

De los 20 números publicados en la revista Migraciones Internacionales se seleccionaron 190 artículos (no se tomaron en cuenta las notas críticas y resúmenes de libros). De los 24 números de la revista Migraciones se extrajeron 162 artículos (no se consideraron las publicaciones denominadas experiencias, reseña de libros y actualidad legislativa). En la base de datos se registró año, mes, volumen, número, autor/a, institución, título del artículo, palabras clave, tipo de escritura (individual-colectiva) e idioma. También se elaboraron tablas con la transcripción de los resúmenes de cada uno de los textos seleccionados. En cuanto a Redalyc, se identificaron 868 artículos (el procesamiento de artículos de este sistema fue distinto al de las revistas especializadas y se describe en el siguiente apartado). La base de datos quedó integrada por un total de 1220 registros: 352 de las revistas especializadas y 868 de Redalyc.

Elección de artículos

Los 352 artículos procedentes de las revistas especializadas pasaron por un doble tamizaje. En el primero se buscó en título y palabras clave alguno de los siguientes descriptores temáticos: mujer, mujer migrante, femenino (woman, migrant woman, female). Se encontraron 22 artículos de la revista Migraciones Internacionales y 18 de Migraciones con uno o la combinación de los descriptores mencionados. Estos 40 textos pasaron por un segundo filtro compuesto por tres nuevos descriptores: sexo, sexual, sexualidad (sex, sexual, sexuality). Sólo dos de los 40 artículos incluyeron alguno de los descriptores, pasando a la siguiente etapa de la investigación documental.

Para la selección de artículos procedentes de Redalyc se usó una estrategia distinta por ser un sistema de indización conformado por más de 1424 revistas científicas. Se buscaron publicaciones usando diferentes descriptores. En primer lugar, con la combinación: mujeres-migrantes-sexualidad, el cual no mostró artículos. En segundo lugar: mujeres-migrantes-sexual, con el mismo resultado. En tercer lugar: mujeres- migración, con saldo de 50 documentos y en cuarto lugar con: mujeres-migrantes, que reveló 868 textos. Por el número de artículos se eligió este último. Como se hizo con los artículos de las revistas especializadas los 868 artículos fueron auscultados con un segundo filtro. Se buscó en título/palabras clave los descriptores: sexo, sexual, sexualidad (sex, sexual, sexuality) y se encontraron 24 documentos con uno o la combinación de éstos. Con la información de esos documentos se elaboró la base de datos. Se integraron dos tablas, la primera registró: año, mes, número, autor/a, institución, revista de publicación, título del artículo, palabras clave, tipo de escritura (individual-colectiva) e idioma y la segunda los resúmenes de cada uno de los textos.

Procesamiento de información

Los 26 artículos seleccionados pasaron por un proceso de lectura de texto completo, clasificación de su contenido y formulación de dimensiones de análisis.

Resultados y discusión

En términos porcentuales, la investigación relativa a la sexualidad en mujeres migrantes presentó escaso interés como objeto de estudio: 0.0% en la revista española Migraciones (0 de 162 artículos), 1.0% en la revista mexicana Migraciones Internacionales (2 de 190 artículos) y 2.7% en el sistema Redalyc (24 de 868 artículos).

Los artículos publicados se agrupan en 18 revistas de siete países con presencia en el norte, centro y sur del continente americano. Destacan las revistas de México y Colombia por el número de investigaciones publicadas. En los años 2016, 2019 y 2020 se observó la frecuencia anual máxima de artículos publicados, en tanto que, en 2015 y 2021 no se hallaron publicaciones. La mayor parte de los textos se elaboraron de forma individual y fueron escritos por mujeres. Se identificaron tres tipos de textos: ensayos, investigaciones de corte cualitativo e investigaciones cuantitativas. La aproximación teórica en los artículos fue de corte antropológico, feminista, filosófico, de género y sociológico. En lo metodológico, las técnicas referidas en la construcción de artículos cualitativos fueron: análisis documental, conversación informal, encuesta, entrevista en profundidad, entrevista semiestructurada, grupo focal, historiografía, historia de vida, observación participante y relato de vida. En los estudios cuantitativos se aludió al análisis de base de datos, análisis de encuesta elaborada por instancias gubernamentales, cuestionario, encuesta, entrevista y observación.

Las investigaciones publicadas hacen referencia a experiencias sexuales de mujeres emigrantes de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala Honduras, México, Nicaragua, República Dominicana, El Salvador, Venezuela y Perú, así como a sus vivencias en los países de destino: Argentina, Ecuador, España, Estados Unidos de América (EUA), Costa Rica y México. Refieren procesos de migración internacional, en los que destacan tres flujos: de América central hacia el norte (México-EUA); Centroamérica -Guatemala, Honduras, El Salvador- a México-EUA; los sudamericanos hacia Argentina, Costa Rica o Ecuador y los sudamericanos a España. A partir de la clasificación del contenido de los artículos se identificaron seis líneas analíticas: redes de comercialización sexual, trabajo, explotación y acoso sexual, erotización de la migración, migración transgénero y homoerótica, derechos sexuales y reproductivos, y agencia.

Redes de comercialización sexual

Se presenta la región latinoamericana como un espacio de alta migración (internacional y nacional), con países reconocidos como expulsores y/o receptores de mujeres a través de flujos migratorios geográficamente identificados y con presencia de redes criminales de trata sexual de mujeres estimada en cerca de 50 mil mujeres tan sólo en Centroamérica, México y EUA (Izcara et al., 2019).

Honduras y Nicaragua son países de origen y tránsito para tráfico sexual tanto de mujeres como de menores. El Salvador, Guatemala, Belice, México y EUA son países de origen, tránsito y destino para tráfico sexual. México recibe mujeres de Centroamérica y el Caribe y envía jóvenes a EUA, siendo el principal destino de víctimas de trata sexual (Izcara, 2019; Izcara et al., 2019). En la región de Centroamérica, Costa Rica se identifica como país destino para trabajo sexual de mujeres nicaragüenses en contexto de esclavitud sexual, explotación por coerción o uso de la fuerza (Rivers, 2011). Los estudios muestran que la frontera sur de México es el área con mayor presión migratoria irregular de toda Centroamérica, promovida por la pobreza, economía informal, desigualdad económica, social, inestabilidad política, inseguridad (Ramírez-López et al., 2012), globalización, crimen organizado, corrupción en gobiernos y compañías multinacionales (López, 2019). También porque Guatemala, Honduras y El Salvadores presentan de forma simultánea los índices más altos de pobreza y los más bajos de desarrollo humano de la zona (Zarco y Chacón 2020). Se describe que la comercialización sexual acontece de manera diferenciada según los países de origen, destino, edad de las mujeres migrantes, características físicas y las redes de comercio sexual. En EUA se encuentra prostitución involuntaria y prostitución no forzada. En México predomina la esclavitud sexual y la prostitución no forzada, en tanto que en Centroamérica predominan los casos de prostitución involuntaria de niñas desde los 10 años (Izcara, 2019).

Trabajo, explotación y acoso sexual

Se muestra que, a diferencia de quienes son objeto de trata, otras mujeres cruzan fronteras internacionales de manera voluntaria con el propósito de incorporarse al ámbito laboral. En estos casos la migración de mujeres se vincula con tres nichos ocupacionales: actividades agrícolas, domésticas y sexuales.

La experiencia migratoria de mujeres para ocupación agrícola se ha documentado en la región de México y Centroamérica con estimaciones mayores a 120 mil migrantes. La frontera sur de México se ha convertido en destino laboral de mujeres guatemaltecas, hondureñas y salvadoreñas quienes incursionan en alguno de nichos laborales ya referidos, pero también es zona de tránsito para quienes desean llegar a los EUA. Entre México y Guatemala ocurre uno de los movimientos migratorios de mujeres indocumentadas más numerosos del mundo en el cual según estimaciones del gobierno guatemalteco, las mujeres podrían superar las cifras de varones migrantes (Ramírez-López et al., 2012).

El perfil de las mujeres que participan de las actividades agrícolas es común: madres solteras, separadas, viudas, con necesidades económicas y en situación de vulnerabilidad (Andrade, 2016). Su experiencia migratoria se halla marcada por el miedo, los riesgos y poco dinero. En el trayecto se exponen a violencia, abuso, coacción sexual, violación, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (Ramírez-López et al., 2012). Centroamérica está en el octavo lugar entre las zonas de incidentes en la migración, la frontera México-EUA es la tercera más peligrosa del mundo y México es el territorio donde las personas migrantes sufren más atentados que culminan en muerte desaparición o tráfico (Gargallo, 2020).

Quienes logran llegar a las zonas agrícolas que ofrecen trabajo temporal, se encuentran con competencia de varones, mujeres locales y otras migrantes. Son contratadas en condiciones de explotación laboral (Ramírez-López et al., 2012), acoso y hostigamiento sexual. Sus condiciones de vulnerabilidad contribuyen para que accedan a las exigencias sexuales a fin de mantener su precario empleo pues difícilmente pueden ocuparse en otras labores (empleadas, cocineras), ya que se reservan a mujeres locales o con documentos. Algunas logran contratarse como meseras en condiciones de inestabilidad y baja remuneración, pero ante las limitadas oportunidades y el acoso sexual, encuentran en la prostitución su única vía de inserción laboral (Andrade, 2016).

El panorama de las migrantes que se ocupan en otros empleos tiene semejanzas con lo ya expuesto. Las mujeres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua que llegan a México con el propósito de laborar en el servicio doméstico también atraviesan situaciones de explotación y abuso, que sean sometidas con amenazas de deportación por su condición indocumentada o que sus patrones abusen sexualmente de ellas (López, 2019). Las mujeres ocupadas en actividades domésticas y empresariales en España también refieren acoso sexual, discriminación por su condición migrante, así como estereotipos en torno a ser jóvenes, sin pareja o divorciadas, pues se les considera sexualmente disponibles, por ello se afirma que en España las inmigrantes sufren más acoso y sus manifestaciones más graves (Cuenca, 2014).

El último de los tres nichos ocupacionales pretendido por las migrantes, el de las actividades sexuales, se ha documentado en zonas fronterizas de México, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Perú, localidades comerciales y económicas donde el comercio sexual se nutre de mujeres migrantes provenientes de países con crecimiento poblacional, marginación, precariedad laboral y economía informal feminizada, las cuales cruzan fronteras para incorporarse al trabajo sexual de forma autónoma, en un contexto de irregularidad, ilegalidad, detenciones, chantaje, abuso de autoridades, clandestinidad y precariedad (Ruiz, 2017).

Erotización de la migración

Otro grupo de investigaciones muestra un imaginario sexual con respecto a las mujeres migrantes, desde el cual se les vincula con la comercialización sexual. Ocurre tanto en el caso de mujeres latinoamericanas que emigran a España, como en centroamericanas que migran hacia América del Norte o en quienes se desplazan por Sudamérica. Los estudios refieren prejuicios sexuales, estereotipos o estigmas que las describen como personas bellas, seductoras, sexualmente desbordadas (Hurtado, 2018). En Ecuador, por ejemplo, la sexualidad de migrantes de Perú y Colombia se percibe exótica, atractiva, inmoral, fácil. También las mujeres que migran hacia América del norte y Sudamérica se enfrentan con supuestos relativos a la forma desbocada en que vivirán su sexualidad (Rosas y Gallet, 2019).

Múltiples conexiones entre conducta sexual, moralidad y nacionalidad se aglutinan en torno a la figura de las migrantes. El comportamiento sexual se convierte en diferencia y desigualdad, un estigma que naturaliza las distinciones entre mujeres nacionales-extranjeras y fundamento su discriminación. Las migrantes extranjeras se perciben como prostitutas o víctimas de trata sexual; peligrosas o atormentadas. Dicha percepción estructura las relaciones interpersonales y las del estado para con estas mujeres.

Los prejuicios sexuales y estigmas raciales en torno a ellas las empujan a la condición de objeto sexual en un proceso de construcción social de los mercados sexuales sustentado en relaciones asimétricas de poder, dominación y producción (Ruiz, 2018). Sexualidad y etnicidad se convierten en patrones de consumo, se exportan-importan mujeres, así como estereotipos sexuales y raciales para un mercado sexual segmentado en prostitución de lujo, clase media y para sector empobrecido (Ruiz, 2018).

Migración transgénero y homoerótica

Se revela en un conjunto de investigaciones que enfatizan el cruce entre sexualidades-migraciones, sus actores, contextos y formas de producción. La articulación de estas categorías muestra el modo en que cuerpos, subjetividades, identidades y jerarquías sexuales se vinculan con formas de exclusión e inclusión en cruces fronterizos, rutas migratorias y oportunidades en los países de destino.

Las sexualidades, tradicionalmente acotadas con la vida privada, se advierten asuntos históricos y políticos vinculados con la migración. Su alcance se aprecia de forma particular en las experiencias de las personas transfemeninas, así como en mujeres con existencia lésbica, pues rompen la expectativa de correspondencia entre sexo y género con importantes secuelas de exclusión, marginación familiar, social, económica y política. En consecuencia, la migración o sexilio aparece como oportunidad de escape hacia latitudes donde la historia personal pueda reconstruirse, libre de amenazas de muerte, violencia física-psicológica, violaciones correctivas o persecución (Zarco et al., 2020). Con la migración se busca libertad para vivir una sexualidad disidente donde cuerpo e identidad sexual se acepten, lejos de la estigmatización y discriminación recibida en el lugar de origen (García, 2017).

Así motivado, el sexilio atraviesa un complejo tránsito por las fronteras geográficas y del cuerpo, sus orientaciones e identidades sexuales. El sexilio se realiza con el apoyo de redes migratorias comunitarias o de parentesco sostenidas por la confianza o el intercambio de favores. Estas redes se estructuran en torno a la vivencia de la sexualidad, refuerzan su identidad, facilitan su integración, les permiten superar obstáculos y enfrentar los controles fronterizos. Con base en las vivencias disidentes de la sexualidad se identifican ciudades receptivas de mujeres de existencia lesbiana o trans, se esbozan las trayectorias migrantes y se organizan estrategias para enfrentar las normas sexuales impuestas por la sociedad. Las rutas de migración se establecen de acuerdo con las redes que ofrecen facilidades de trabajo, ahorro y cambios corporales accesibles así durante la migración se moldea el cuerpo y reafirma la identidad sexo-genérica (García, 2017).

Las redes migratorias no garantizan transito seguro, se requiere negociar con la sexualidad hegemónica, buscar resquebrajaduras del sistema sexo/género para llegar a los lugares destino y vivir con mayor libertad la identidad de género u orientación elegida.1 En su traslado las migrantes suelen ser sometidas por comunidades y autoridades; experimentar abusos, discriminación, intolerancia y prejuicios. Las fronteras fungen como un complejo industrial transfronterizo, instituciones que vigilan, controlan y contienen los cuerpos sea de manera informal o mediante los aparatos del Estado (Zarco et al., 2020). Por ello, en las investigaciones revisadas se insiste en la importancia de analizar la experiencia migratoria desde el sistema sexo/género moderno colonial y sus premisas: el binarismo de género; el dimorfismo sexual, el androcentrismo y la heterosexualidad como norma (Esguerra, 2014).

Derechos sexuales y reproductivos

Se analiza la situación de mujeres inmigrantes bolivianas, centroamericanas, mexicanas, paraguayas y peruanas como grupo poblacional expuesto a problemáticas en cuanto a sus prácticas sexuales y reproductivas, tanto las que se producen en relaciones de pareja (noviazgo, matrimonio) (Rangel y Costero, 2016)2 como las que resultan del abuso/violación durante el proceso migratorio. En cualquiera de ellos, las consecuencias pueden conducir a la adquisición de infecciones de transmisión sexual (ITS), embarazos no planeados o aborto.

Cuando se trata de prácticas sexuales en el contexto de relaciones de pareja, en el contagio de las ITS interviene el no uso de métodos anticonceptivos de barrera, el desconocimiento de sus síntomas, así como creencias en torno a la fidelidad de su pareja. El manejo de la ITS se ve marcado por dificultades económicas para optar por atención especializada, así como el miedo al rechazo social derivado de un diagnóstico de ITS (González y Vega, 2013). En el caso de la violencia sexual acontecida durante la migración, particularmente la centroamericana por México hacia EUA, el riesgo de prácticas sexuales forzadas ocasionales y no protegidas, violaciones o infecciones transmisión sexual es asumido como parte del trayecto para niñas y mujeres adultas. En esos casos es el propio traslado, la estigmatización, vergüenza y miedo por la violencia sexual vivida quienes obstaculizan la asistencia a servicios de salud (Fanta, 2020).

En cuanto al embarazo no planeado, la gestación problematiza su condición laboral, agudiza la precariedad, interrumpe proyectos y perpetua inequidades de género. El embarazo no planeado se relaciona con la violencia sexual del trayecto migratorio; ausencia de uso de métodos anticonceptivos o limitaciones para acceder a ellos (González y Vega, 2013; Ramírez-López et al., 2012). Lo mismo ocurre con quienes recurren a la interrupción del embarazo, pues lo hacen en condiciones no propicias, sin atención sanitaria y con secuelas físico-emocionales relevantes (Ramírez-López et al., 2012).

Agencia

Un grupo de investigaciones introduce una discusión en torno a las migrantes insertas en el comercio sexual. A partir de revisar sus experiencias y las condiciones de riesgo-abuso en que se encuentran (Dreizik y Roveres, 2013), se identifica su agencia como posibilidad para tomar decisiones, actuar o asumir responsabilidades dentro de los sistemas de poder. Así, la decisión de emigrar, vender su cuerpo o comerciar su sexualidad, que desde la perspectiva de la victimización las colocaría en condición pasiva o vulnerable, desde la agencia se interpreta como oportunidad de autonomía económica y movilidad social. Víctima-agente no se excluyen, coexisten (Beltrán y Aguirre, 2016).

Las investigaciones también analizan la forma en que la agencia de las migrantes ocupadas en el mercado del sexo puede ser percibida por personas de la comunidad, policía o autoridades migratorias. Desde ópticas morales o conceptualizaciones occidentales dominantes, las mujeres que usan su cuerpo y su sexualidad sin ajustarse a relaciones románticas o de sumisión ante abusos difícilmente pueden ser consideradas víctimas. Esas representaciones estereotipadas limitan la posibilidad de imaginarlas activas y ello las expone a nuevos abusos en respuesta a sus demandas (Rivers, 2011; Ruiz, 2017), una auténtica víctima no puede mostrar agencia, de hacerlo se le puede revictimizar hasta que lo parezca.

Esta línea analítica, centrada en la subjetividad destaca la agencia no para dejar la lucha para erradicar la trata o la comercialización sexual; sólo destaca la posibilidad de resistencia al interior de estructuras de poder y el encapsulamiento que implica la categoría víctima (López, 2019).

Conclusiones

Es notorio el escaso interés en la investigación de la sexualidad en mujeres migrantes, tanto en las revistas especializadas, una de las cuales no publicó artículos alusivos al objeto de estudio en un periodo de diez años, como en el sistema Redalyc. Este dato resulta abrumador cuando se contrasta con los volúmenes migratorios en la región latinoamericana, con la feminización de la pobreza en la región, con las condiciones de violencia sexual que viven las mujeres durante en el proceso migratorio, las redes de trata sexual y el acoso sexual.

Destaca también que sólo en siete de los 46 países de Latinoamérica se publicaron investigaciones, cuando la migración acompaña la experiencia de personas en más localidades del continente. Ambas disonancias muestran, o al menos eso puede interpretarse, la tendencia androcéntrica que permea este campo del conocimiento.

En cuanto a las investigaciones analizadas, tres asuntos destacan. Primero. Se trata, en su mayoría, de estudios elaborados por mujeres en torno a la experiencia de otras mujeres. Si bien pudiera entenderse que la sororidad, consciencia de género o empatía explican el hecho, la baja participación de investigadores contrasta con los testimonios de las informantes, quienes en ningún caso demandaron ser abordadas específicamente por mujeres durante las etapas de trabajo de campo. Se puede decir entonces, que no se trata de campos del conocimiento divididos por género sino del sistema de género que segmenta estos campos, sus relaciones, actores y alcance. Segundo. La construcción del conocimiento se hace en la mayoría de las investigaciones desde enfoques interpretativos y metodología cualitativa. Ello enfatiza que la interacción investigadora-informante es un elemento fundamental en la comprensión de las subjetividades, tal como las interacciones de las migrantes son determinantes en la construcción de sus identidades, sus prácticas sexuales o sus rutas migratorias. Tercero. Los estudios feministas y de género son las perspectivas teóricas más referidas en los textos analizados, ello es congruente con una historia de señalamientos, críticas y posicionamientos que han señalado la pertinencia, veracidad, relevancia y oportunidad de visibilizar a las mujeres con sus cuerpos, necesidades o deseos en el horizonte del conocimiento patriarcal-colonial.

Los seis ejes temáticos identificados muestran con crudeza la desventaja de ser mujer migrante en un mundo globalizado que mantiene imaginarios sociales desde los que se justifica la comercialización de los cuerpos y las prácticas sexuales. Mujeres desechables y sustituibles se compran o venden en un mercado del sexo con ganancias millonarias para unos, en tanto que explotación, precariedad o muerte para las otras. Permanecen fuera del análisis otros asuntos asociados a la sexualidad en mujeres que logran insertarse con mayor fortuna en los países de destino: la transformación de sus prácticas sexuales, la experiencia del placer sexual, la transformación de tabúes sexuales de sus lugares de origen, sus experiencias como personas sexualmente deseantes, la existencia lésbica sin ataduras a la impronta del sistema sexo/género de sus comunidades, la vivencia en un cuerpo transformado en las mujeres trans.

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Notas

1 En el caso de Latinoamérica los países de arribo son México, EUA, Argentina (Buenos Aires) y Chile (Santiago). En Europa: España, Francia, Holanda e Italia, ciudades identificadas como abiertas a la diversidad sexual (Esguerra, 2014; Zarco et al., 2020).
2 Se reconoce que las condiciones al interior de las relaciones de pareja son diversas y que en muchos casos las prácticas sexuales no son deseadas y se aceptan por deber, temor o violencia (Rangel y Costero, 2016).
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