Bibliografía

Hilda Sabato (2021). Repúblicas del Nuevo Mundo. El experimento político latinoamericano del siglo XIX

Wilson González Demuro
Universidad de la República, Uruguay

Claves. Revista de Historia

Universidad de la República, Uruguay

ISSN-e: 2393-6584

Periodicidad: Semestral

vol. 8, núm. 15, 2022

revistaclaves@fhuce.edu.uy

Sabato Hilda. Repúblicas del Nuevo Mundo. El experimento político latinoamericano del siglo XIX. 2021. Buenos Aires. Taurus. 238pp.


El libro Repúblicas del Nuevo Mundo… se integra de manera particular a la profusa producción de Hilda Sabato sobre la sociedad y la política del siglo XIX hispanoamericano. Releer, como hace la autora, la abundante historiografía reciente sobre estos temas supone, entre otras cosas, reconsiderar su propia obra. El resultado es una muy atractiva propuesta de reinterpretación, a escala ampliada, de la historia política de los años 1820 a 1880. Traza algunos balances y también sugiere líneas de indagación e hipótesis de trabajo que podrán contribuir con la tarea de llenar algunos de los vacíos existentes. Sabato tradujo el texto publicado en Estados Unidos en 2018, sin ninguna modificación ni agregado bibliográfico.

El camino «sinuoso y complejo» (p.15) hacia la creación de quince nuevos países en los antiguos dominios continentales españoles condujo a la opción republicana como elemento compartido, con distintas formas de concebir el principio de soberanía popular. Pero, como se señala en la «Introducción», ese fue tal vez el único denominador común a unas experiencias en las que abundaron la diversidad de rumbos, avances y retrocesos, éxitos y fracasos institucionales y reconfiguraciones territoriales, económicas y sociales. Sabato se interesa especialmente por «las relaciones entre los que gobiernan y los gobernados —los ‘de arriba’ y los ‘de abajo’— en el conjunto de Hispanoamérica entre las décadas de 1820 y 1870» (p.23). Intenta superar los abordajes que han fijado la atención en las élites o en las clases populares antes que en la interacción entre ellas; enfatiza los rasgos más visibles, quedando «opacadas o minimizadas» las diferencias internas. Asume, además, el riesgo de que las interpretaciones estén «sesgadas en favor de los países mejor representados en la historiografía reciente» (p.23). Esto puede entrañar el riego de contradicción entre el planteo renovador que restituye a todo el continente su protagonismo en el espacio atlántico decimonónico y el recurso a los tradicionales «ejemplos mayores» (México, Argentina, Chile, también Perú) como respaldo de la propuesta analítica.

El capítulo 1, «Nuevas repúblicas en juego», se detiene en algunas características del proceso desatado al influjo de la crisis monárquica ibérica y la configuración de repúblicas o, en el caso de Brasil, una monarquía constitucional. Es la única sección que se abre con un epígrafe: «Los pasajes de imperio a nación se bifurcaban, exigiendo a los actores tomar opciones sin tener certeza de sus resultados» (p.35), afirmación de Jeremy Adelman (Sovereignty and Revolution in the Iberian Atlantic, 2006) que se relaciona directamente con la idea de «experimento republicano» que concibe Sabato. Discute que «el legado colonial» esté en el origen de los problemas de la posindependencia; del mismo modo, advierte contra las visiones teleológicas sobre naciones preexistentes a 1820 y subraya la apelación a la soberanía popular como principal base de legitimidad de las diversas opciones republicanas.

Una vez presentado el panorama general, se examinan tres aspectos centrales de la construcción de ciudadanía política: los procesos electorales, el recurso a las armas y la formación de opinión pública. Al primero de ellos se dedica el capítulo 2 («Elecciones»). La discusión historiográfica, presente a lo largo de todo el libro, tiene en este tramo una singular utilidad como relectura de relatos largamente consolidados. Se examinan diferentes dimensiones de los actos eleccionarios —tipos de sufragio, legislación y derechos electorales, formación de grupos y partidos, construcción de liderazgos—, en diálogo con una bibliografía que en tiempos recientes viene prestando mucha atención a las prácticas electorales de todo el XIX. A partir de esa revisión y de sus propias investigaciones, Sabato subraya la diferencia de ritmos entre la ampliación de derechos electorales y la posibilidad, mucho más restringida, de acceder a cargos electivos. En el mismo sentido, propone líneas de análisis sobre temáticas conexas: el papel jugado por los clubes políticos, el lugar de las minorías, la cuestionada legitimidad de los comicios, las formas de la corrupción, las lealtades políticas y el perfil de las «clientelas», presentadas como grupos tensionados entre el seguidismo (casi el único rasgo que les reconocía la historiografía tradicional) y su propia capacidad de accionar políticamente.

«La guerra está en el origen del experimento republicano en Hispanoamérica» (p.107) es la afirmación que abre el tercer capítulo, titulado «Ciudadanía en armas». Su tema principal es, como se anuncia al comienzo del libro, las implicancias políticas de «la creación y la transformación de la milicia en sus diferentes formatos —incluido el muy difundido de la Guardia Nacional—, así como sus relaciones con el ejército profesional» (p.26). La actividad de distintos cuerpos armados, frecuente durante todo el XIX y no solo en el mundo hispanoamericano, se erige como una de las múltiples formas de hacer política que asumieron especialmente (pero no en forma exclusiva) las clases populares. Como consecuencia de ello, se impugna la arraigada asociación de aquellos alzamientos con la barbarie, la debilidad estatal y la resistencia al avance civilizatorio. Partiendo de la noción de «sociedad guerrera» acuñada por Alejandro Rabinovich, la autora caracteriza la casi permanente inestabilidad militar no como desviación de algún inexistente modelo ideal, sino como un dato de la realidad republicana, una vía idónea —acaso la única— que buena parte de la sociedad halló para expresar sus aspiraciones. En este plano, registra los problemas que acarreó la convivencia de estructuras militares fragmentarias, propias de milicias cívicas locales (estaduales, provinciales), con proyectos de ejércitos profesionales y también, en momentos y lugares diferentes, con las denominadas «fuerzas irregulares». Igual de complejo se presenta el universo de liderazgos forjados al amparo de estos movimientos y su extenso repertorio de acciones políticas. De nuevo con Rabinovich, se afirma que todo esfuerzo por establecer tipologías alcanza resultados más bien modestos porque dichas fuerzas suelen evadir «las categorías establecidas» para constituir «un continuum de prácticas guerreras», sin delimitaciones precisas (p.123).

El capítulo 4 se ocupa de la opinión pública, una noción que desde el siglo XVIII fue definiendo sus perfiles y en el XIX rápidamente adquirió protagonismo, asociándose, a la vez, con estrategias de promoción y de control de los gobiernos representativos. Pero lo que más interesa a Sabato, antes que el análisis histórico-conceptual, es el papel jugado por esta «invención política» en el «desarrollo y la articulación de un conjunto de instituciones y prácticas» fundamentales para la expansión de la participación popular (p.152). En sintonía con ese enfoque, revisa los dispositivos mediante los cuales las personas participaban de la vida política: medios de prensa (desde los primeros impresos de los años 1810-1820 hasta la «pasión por los diarios» [p.168] desatada en la segunda mitad del siglo), tertulias, cafés, salones, logias, sociedades patrióticas, literarias y científicas fueron algunos de esos instrumentos, mayormente controlados por las élites políticas y culturales urbanas hasta 1850. Da cuenta, asimismo, del fuerte crecimiento que desde ese entonces registró el asociacionismo a muy diversos niveles —agrupaciones de profesionales, clubes sociales y deportivos, centros culturales, círculos literarios, sociedades de ayuda mutua y otros—, de la importancia creciente de las movilizaciones públicas y del muy dispar desarrollo de las historiografías nacionales en esta materia.

El quinto y último capítulo cierra el análisis general. Tras haber presentado el contexto de desintegración colonial y examinado, separadamente, tres componentes cruciales de los regímenes de soberanía popular, se propone una interpretación global del proceso de interacción entre gobernantes y gobernados. Se pregunta por las señas de identidad colectiva de ambos grupos y por «la dinámica de la competencia y el conflicto en torno al poder» (p.192). Incorpora el estudio de organizaciones partidarias y redes electorales; estas, con mayor o menor formalidad, y pese a la inestabilidad, las guerras y las revoluciones, fueron capaces de abrir las puertas de la participación a segmentos cada vez mayores de la ciudadanía, aunque no garantizaron el igualitarismo. Sobre este punto, el libro muestra que las asimetrías no fueron resultado de proyectos deliberadamente excluyentes, sino la derivación natural de un escenario fuertemente jerarquizado. Destaca los aportes de la «historia desde abajo» y los estudios subalternos en la tarea de reponer la capacidad de agencia de los sectores populares, sin que ello suponga olvidar o minimizar que, junto a las identidades sociales y étnicas, podían desarrollarse otras de índole más ideológica. En palabras de la autora, es posible entender que el acercamiento plebeyo a muy diversos movimientos políticos pudiera tener un carácter instrumental (apoyando «a cualquiera que respondiera a sus demandas colectivas»), pero «también podría pensarse como una indicación de compromiso efectivo […] con diferentes partidos y dirigentes» (p.207).

Para finalizar, un breve epílogo traza algunas conclusiones sobre el «experimento» hispanoamericano desde una perspectiva amplia que asimila, como en toda la obra, los casos de otras repúblicas atlánticas, sobre todo la estadounidense, observada con singular interés desde el sur.

En Repúblicas del Nuevo Mundo… se articulan de manera altamente provechosa visiones panorámicas y referencias de casos particulares, información y calidad interpretativa, estado del arte y agenda de investigación. En algo menos de 240 páginas que incluyen índices y extensas bibliografías (una por capítulo, más de 500 títulos en total), este libro fundamental viene a recordarnos, por si hiciera falta, que solo conociendo profundamente un tema y la producción académica respectiva es posible unir armónicamente la síntesis con el análisis penetrante. No es un recordatorio menor en los tiempos que corren. ◊

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