

In memoriam MIGUEL ÁNGEL CANDANEDO ORTEGA: VIVENCIAS, PATRIA, FAMILIA
Cátedra: Revista Especializada en Estudios Culturales y Humanísticos
Universidad de Panamá, Panamá
ISSN: 2415-2358
ISSN-e: 2523-0115
Periodicidad: Anual
núm. 20, 2023
Recepción: 02 Mayo 2023
Aprobación: 12 Mayo 2023
Resumen: Palabras pronunciadas en el Seminario Visión Humanística: Dr. Miguel Ángel Candanedo, el 24 de abril de 2023, en homenaje a su vida, su actividad académica en la Universidad de Panamá, y su activismo político en defensa de la soberanía nacional y de los más necesitados.
Palabras clave: Filosofía, universidad, soberanía, patria, academia.
Abstract: Words pronounced at the Humanistic Vision Seminar: Dr. Miguel Ángel Candanedo, on April 24, 2023, in homage to his life, his academic activity at the University of Panama, and his political activism in defense of national sovereignty and the neediest.
Keywords: Philosophy, university, sovereignty, homeland, academy.
MIGUEL ÁNGEL CANDANEDO ORTEGA: VIVENCIAS, PATRIA, FAMILIA
Corrían los años 80. Tú recién llegado de España. Yo no te conocía. Eras muy cercano a Lupe Córdoba y a Isis Tejeira, en ese tiempo iniciaste tu vida académico-administrativa. Recuerdo cuando planeábamos nuestras actividades culturales en el Círculo Cultural Andrés Bello, era el año 1983, Centenario de Ricardo Miró, Isis te asignó que hablaras sobre este poeta panameño y tú gustoso aceptaste el compromiso; anunciaste que te irías a Boquete a buscar inspiración al lado de tus amados padres José Agustín y Raquelita, en aquella vieja casita de madera de dos pisos, para luego lanzarte en el Paraninfo lleno una maravillosa pieza oratoria que quedaría en el recuerdo de cada uno de los que te escuchamos esa memorable noche.
En 1986 se abrió la campaña a rector. ¡Qué días aquellos en los que los candidatos debatían, exponían sus programas, se sometían al escrutinio público! Tú te presentaste como un candidato a rector joven, lo eras. Otros candidatos fueron Justo Medrano y Abdiel Adames, quien salió electo y tuvo la elegancia y extraordinaria idea de incorporarlos a su equipo de trabajo. Fue una rectoría de lujo en la que ocupaste el cargo de secretario general y Justo Medrano el de Vicerrector Académico, Víctor Ávila fue el secretario privado y el doctor Octavio Souza, Vicerrector de Investigación y Postgrado.
A este equipo le tocó enfrentar los días negros del noriegato y la Cruzada Civilista: todos los días había manifestaciones, todos los días había estudiantes detenidos, todos los días las autoridades se quedaban hasta altas horas procurando la libertad de todos los universitarios; fueron momentos muy críticos para el país, en los que existía hasta esos momentos la amenaza cierta de una invasión. Todos aquellos comunicados y pronunciamientos que surgieron del seno de los distintos órganos de gobierno universitario son seguramente producto de las inteligencias patrióticas y políticas de Miguel Candanedo y Víctor Ávila.
La noche del 19 de diciembre me quedé dormida viendo las noticias en mi pequeño estudio arriba del Minimax. A medianoche me llamaste por teléfono para decirme que nos estaban invadiendo, que me ibas a buscar, que alistara lo que fuera rápidamente. Desde la ventana del apartamento, que después sería nuestro hogar, vimos desfilar tropas invasoras, así como refrigeradoras y lavadoras con pies.
El jefe del ejército invasor del Comando Sur, Marc Cisneros, te llamó a tu despacho privado en la Secretaría General, después de que denunciaras valientemente a nivel nacional e internacional la entrada de las hordas invasoras en los predios universitarios. Cisneros se disculpó contigo y con la Universidad.
No fue sino hasta diciembre de 1990 cuando decidimos unir nuestras vidas después de un largo galanteo de tu parte que incluyó una carrerita entre tú y Rolando Hernández, el día de mi cumpleaños en la presentación de la obra Hamlet de Shakespeare, con nuestro grupo teatral Laberinto, dirigido por Jarl Babot y coordinado por Isis Tejeira, en el Teatro en Círculo: ambos llevaban sendos ramos de rosas rojas, uno era para la actriz que interpretó a la reina Gertrudis y el otro era para mí, tu dulce Ofelia… Por supuesto que tú me entregaste el ramo de rosas. Era tanto el respeto que me inspirabas que en el primer año de vida en común yo te decía profesor y te trataba de usted, muchas veces te sonrojaste y otras te sonreías. Tuvimos una relación que duró hasta hace poco, 32 años, en la que yo te entregué mi juventud y alegría y tú me entregaste tu sapiencia, seguridad y hoy testimonio, amor incondicional.
Por azares de la vida no pudimos ser padres biológicos, sufrimos continuamente varias pérdidas y eso fue muy muy doloroso: te guardaste para mí y me guardé para ti; así son los caprichos de la vida que no tienen respuesta. A cambio, terminando yo la Maestría en Literatura Hispanoamericana, llegó a nuestras vidas la pequeña Diana Carolina a quien amaste con amor desbordado.
Fuiste presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad de Panamá (APUDED), acuerpaste una marcha en contra del alza del pasaje en época de la presidenta Moscoso. Esta protesta generó una situación delicada en el país: ese día casi se cae el gobierno. El entonces legislador de la República Laurentino Cortizo medió. Fue una larga noche de zozobra, de temor, de incomunicación. Ese día llegaste como a las 4:30 de la madrugada en medio de la incertidumbre.
Tus principios te llevaron a militar al lado del movimiento popular: caminaste al lado de los obreros, campesinos, estudiantes, indígenas, mujeres; participaste en MONADESO y de la creación de la revista Convergencia, junto a José Eugenio Stoute y Simeón González.
En 2003 fuiste candidato a decano acompañado por Lupe Córdoba. Iniciaste un decanato de lujo, de puertas abiertas, de trabajo, rodeado de una pléyade de docentes de la facultad que trabajó con entusiasmo, desprendimiento y pasión. En ese tiempo se organizó un homenaje a 100 mujeres por la vida, comisión presidida por Alma Montenegro de Fletcher, si no me falla la memoria, y en la que participaron Carmen Miró y Juana Camargo. Se acercaba el día del reconocimiento y las vasallas de la presidenta Moscoso, al percatarse de que esta señora no estaba en la lista, empezaron a llamar al decanato para amenazar. Fue contundente la respuesta: el homenaje era para cien mujeres panameñas que habían luchado por mejorar la calidad de vida y la dignidad de los panameños.
Poco después, al más alto nivel administrativo de nuestra alta Casa de Estudios Superiores, surgió una crisis por temas relacionados con falsificación de notas y diplomas en la Secretaría General: nuestra universidad se abocaba a un escándalo a nivel nacional e internacional; la administración central sabedora de tu prestigio y transparencia te llamó a ocupar nuevamente el alto cargo de Secretario General; tu credibilidad libró a la casa de Méndez Pereira de una situación vergonzosa.
Tu eficiente trabajo se evidenció al firmar diariamente cientos y cientos de documentos que salían rápidamente de tu despacho; no había quejas por la demora en la entrega de los créditos, puntual estabas siempre a las seis de la mañana y ya había gente esperándote: nadie se iba sin ser atendido, eso era ser un comprometido servidor público que hoy ha pasado a la historia en nuestra universidad.
Cuando nuestro nido aún estaba vacío, te sentabas a la mesa a leer y a leer, a escribir y a escribir, a repasar a los autores, a escribir sobre temas nacionales, ya fueran sobre política, académicos o sociales, me leías tus trabajos al terminarlos y yo los pasaba. Te caracterizaste por ser agudo, sutil, contundente y a veces irónico, pero sobre todas las cosas, caballero respetuoso, evidenciando tu extraordinario dominio de nuestra lengua. ¡Cuántos comunicados, discursos, pronunciamientos, denuncias -tuyos de otros- escribiste al mejor estilo de Carlos A. Mendoza, a quien la tríada del gobierno provisional le reconoció posteriormente su autoría!
Disfrutabas los viernes culturales con el maestro Ferguson y a veces con Fernando Rey del Corral en El Volcán, en donde conversaban de lo divino y lo profano en un espacio de tertulia universitaria entre cervezas de manga larga y patacones con pescado. Disfrutabas frecuentar su casa y su numerosa familia, su fabulosa biblioteca; le llevabas los periódicos que leías a diario y que el maestro Ferguson usaba para sus archivos.
Fuiste soltero empedernido hasta que unimos nuestras vidas y valoraste grandemente a la familia: mi numerosa familia, tu numerosa familia, tus hermanos, tus dominicales conversaciones telefónicas con José y Claudia, las visitas a la casa de Hilda y a sus hijas; disfrutabas compartir las navidades en Boquete y las largas conversaciones con José y Gregorio, Pocho y Pepe, acompañados por un vinito hasta altas horas de la fría noche.
En 2009 tu querida amiga Diamantina Carrera de Calzadilla se mudaba de su antigua casa, la cual lucía en su cerca un mural patriótico en altorrelieve ideado por su esposo, Carlos Calzadilla, y confeccionado por el arquitecto Adolfo Villalaz. La profesora Calzadilla le habló a Miguel sobre su interés de donarlo a la Universidad de Panamá. Hoy, por gestión de Miguel Candanedo, dicho mural, que es parte de nuestro patrimonio universitario, se encuentra en el fondo interior del Paraninfo.
Nuestras caminatas en las marchas de protesta por el 20 de diciembre, Día de Duelo Nacional, ¡qué ironía del destino! Ahora que se declaró Día de Duelo Nacional, el 20 de diciembre de 2022 no pudiste conmemorarlo. El año de pandemia, el encierro obligado para la humanidad y la forma en que vivimos en Panamá con el miedo impuesto por los crueles contagios... salías tú y no nos permitías salir ni a Diana ni a mí: nos decías que si a ti te pasaba algo ya habías vivido. Emily aprendió a recibirte con culecos de alcohol y el reguero de zapatos que teníamos detrás de la puerta y fuimos aprendiendo… Diste tus clases virtuales del curso de Epistemología de las Ciencias, de las que tenemos grabadas un poco más de 30. Y cuando le inventamos el cumpleaños número cuatro en cautiverio a Emily, a quien se le quedó la ropa y zapatos y tu cumpleaños, también en cautiverio en el que brindamos con copas de agua. Nos cuidaste, nos amaste con el amor que entrega alegría y nobleza.
Abogaste por la investigación, la ciencia, la cultura, el buen hablar, el buen escribir, la buena música -clásica y panameña-, tu terruño boqueteño, las idas a la finca con José, el buen comer, sobre todo, en los desayunos tu arroz blanco con porotos y huevos; las ocasionales invitaciones a José Cambra en aquellos pantagruélicos y deliciosos desayunos en casa, de tortillas, queso blanco, bistec encebollado, bastante café con leche, yogur con frutas y las interminables tertulias sobre la vida universitaria y de cómo afrontar temas y problemas de la vida cotidiana y nacional.
Amaste a nuestra Diana hasta el delirio: ella llenó el vacío producido por las ocho dolorosas pérdidas: ella, la niña de tus ojos, tu niña consentida, muy consentida, demasiado consentida, que te dio otro amor de tu vida Emily, “mi nietecita querida” como le decías con frecuencia cuando la veías crecer y desarrollarse y adquirir ese vocabulario que te fascinaba escuchar cuando ella construye sus inteligentes y peculiares respuestas. Tenía que ser así y no de otro modo, teniéndote a ti como maestro del idioma, sobre todo en épocas de cautiverio. Y después, el risueño Miguel Ángel, tu hijito varón… y Arturito, a quien no viste nacer.
Con la satisfacción del deber cumplido y alegría, afirmaste varias veces que el día que te fueras de la Escuela de Filosofía lo harías feliz y satisfecho, porque quedaba en manos de una generación de docentes jóvenes, comprometidos, altamente calificados y formados, con premios Miró varios de ellos, profesores que se activan con conciencia crítica y ética en el devenir nacional a través de escritos, conferencias, como dirigentes, docentes que se mueven y mueven a las futuras generaciones.
Fueron tiempos difíciles los previos a las elecciones de 2014. El innombrable, portador de una tragedia latina, para desacreditarlo cuestionó la legitimidad de los estudios superiores del entonces presidente del Tribunal Electoral y sostenía que este carecía de título universitario. Te correspondió investigar en los anales de la Secretaría General donde encontraste las evidencias de los créditos y diploma de Licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas del cuestionado funcionario. Tú hombre de experiencia y precavido hiciste varias copias autenticadas y las resguardaste con distintas personas. Mucho tiempo después me enteré de que los originales fueron salvaguardados en nuestra casa y ni tú sabías dónde habían sido escondidos.
La inesperada partida de Pedro Pineda te afectó muchísimo, a tal punto que empezaste a escribir artículos semanales sobre su trayectoria, desde su nacimiento y formación en Darién… Alcanzaste a escribir tres…
Ibas a contar cómo se hizo la componenda para despojarlo del concurso a cátedra…
Las tertulias en el Minimax, con don Víctor Ávila años atrás; después los encuentros diarios con don Celestino Araúz, ambos llenos de proyectos de trabajo, de investigaciones, de articulación de actividades académicas, de reuniones con el decano Olmedo García, el trabajo con Denis Chávez, la Cátedra del Bicentenario, el impulso de doctorados honoris causa, los libros de don Celestino y de don Alfredo Figueroa Navarro... Y la valiente defensa de las ciencias sociales.
No bastó con tu separación de la dirección de la Escuela de Filosofía y de tu Universidad de Panamá, cuando aún faltaban casi dos años del término del periodo administrativo del anterior decanato. La Junta de Facultad votó por unanimidad tu nombramiento como profesor emérito, lo cual te fue negado; presentaste un proyecto de investigación sobre la obra de Ricaurte Soler, que nunca tuvo respuesta. Y aún en tu ausencia material, la mezquindad se sigue enseñoreando cuando en otras instancias negaron el salvoconducto para ir a buscar en el bus de la facultad a los compañeros de la comarca Ngäbe-Buglé, en Santiago de Veraguas el sábado pasado.
Siempre preocupado por los estudiantes, por el futuro del país, por la solidaridad con los pueblos hermanos, por nuestros hermanos originarios, por su educación, por la justicia social, luchaste contra la inequidad, defendiste nuestra soberanía, te opusiste a la corrupción.
El 4 de mayo de 2022, la parca se paseó por nuestras vidas: para esa fecha partió un pariente homónimo de él. En esa fecha, con ese equívoco, Miguel Ángel realmente recibió en vida el testimonio de amor, de cariño, de solidaridad, con los cientos y cientos y cientos de llamadas y mensajes a nivel nacional e internacional. La parca nos merodeó y no nos dimos cuenta de esas amargas y dolorosas señales que hoy, mirando hacia atrás, eran signos que se fueron dando para entronizarse triunfal ese 25 de diciembre.
Escribiste innumerables ensayos, conferencias, artículos, dictaste cátedra con piezas oratorias guardadas en nuestras memorias. Decías que hasta en el infierno había que tener amigos, que había que ser tolerantes, que había que saber escuchar. Tu partida me ha dejado con un hondo hueco en el alma. Ha pasado de todo tan rápido y sí, tu partida me ha hecho consciente en esta etapa de mi vida de que nada es estático, todo es movimiento, todo cambia, como decía Heráclito de Éfeso “no podemos bañarnos dos veces en las mismas aguas y que este minuto somos más viejos que cuando empezamos”. Y no fui consciente sino hasta ahora de cómo pasaron volando nuestros 32 años de vida juntos con muchísimas alegrías, risas, tristezas, preocupaciones, desvelos, a veces con discusiones, madurando, creciendo, trabajando, intercambiando, viviendo la cotidianidad del día a día, de la familia, de los actos públicos y privados, de nuestra infinitud de amigos, leyéndote y leyéndome cuando escribíamos, de los paseos, de nuestras vidas paralelas por la naturaleza de nuestras tareas particulares.
Me diste alas, me permitiste crecer y desarrollarme, me conociste en mis inicios teatrales, valorada por Isis, Babot y Lupe, me dejaste crecer con la Maestría en Literatura Hispanoamericana. El trabajo de 14 años del conjunto folclórico de la Facultad de Humanidades se dio a ti y a tu fe en la cultura. Me apoyaste incondicionalmente cuando me erigí en dirigente de los egresados de mi alma mater a través de fundación Pro-Instituto Nacional. En mi ADN está la molécula de la rebelión y tú me insuflaste para atreverme. Te debo mi sustentación de tesis Doctoral.
En esta semana, en vísperas de tu onomástico, tus amigos, tus alumnos, tus condiscípulos, especialistas en filosofía y ciencias sociales, intelectuales, originarios de la comarca Ngäbe-Buglé, diplomáticos, tu familia y público en general, daremos fe de tu humanismo, solidaridad, sencillez, de tu vida que fue teoría y práctica, de tus principios y verticalidad en la lucha por la construcción de un mundo mejor.
Gracias por amarnos y cuidarnos incondicionalmente.
Anais, Diana, Emily, Miguel Ángel y Arturito.
Palabras pronunciadas en el seminario Visión Humanística: Dr. Miguel Ángel Candanedo, Salón de Profesores, Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, el 24 de abril de 2023.

