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La representación de la Guerra del Paraguay en la “historia Argentina” (1965) de José Luis Busaniche. Una aproximación historiográfica
Revista Estudios Paraguayos, vol. 38, núm. 2, pp. 91-118, 2020
Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción"

Revista Estudios Paraguayos
Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción", Paraguay
ISSN: 0251-2483
ISSN-e: 2520-9914
Periodicidad: Semestral
vol. 38, núm. 2, 2020

Resumen: Desde comienzos del siglo XXI la historia de la historiografía sobre la Guerra del Paraguay (1864-1870) constituye una de las aristas de la renovación que mira al conflicto con “nuevos ojos”: en esa línea de investigación se inserta el presente trabajo dedicado a explorar la representación de la contienda bélica en la “Historia Argentina” (1965) de José Luis Busaniche. La obra referida constituye la principal fuente de análisis; en modo complementario, se examinan cartas del autor con otros historiadores del país que contienen información respecto a sus nociones previas sobre la Guerra del Paraguay. Nuestra hipótesis es que el relato que ofreció Busaniche en su “Historia Argentina” mixturó diversos elementos, algunos de los cuales marcaron una ruptura con la interpretación tradicional del conflicto, mientras que otros reflejaron una clara continuidad.

Palabras clave: Guerra del Paraguay, historiografía, José Luis Busaniche, historia argentina.

Abstract: Since the beginning of the 21st century, the history of historiography about Paraguayan War is one of the topics that has been examined with “new eyes”: in this line of research, this work is dedicated to exploring the representation of the warfare in José Luis Busaniche´s “Historia Argentina” (1965). The referred book constitutes the main source of analysis. In addition, the author´s letters with other historians of the country which contain information regarding his previous notions about the Paraguayan War are examined. Our hypothesis is that the chronicle offered by Busaniche in the “Historia Argentina” mixed various elements, some of which represented a breaking point with the traditional interpretation of the conflict, while others reflected a clear continuity.

Keywords: Paraguayan War, historiography, José Luis Busaniche, history of Argentina.

LA REPRESENTACIÓN DE LA GUERRA DEL PARAGUAY EN LA “HISTORIA ARGENTINA” (1965) DE JOSÉ LUIS BUSANICHE. UNA APROXIMACIÓN HISTORIOGRÁFICA

1. Introducción

Desde comienzos del siglo XXI se mira con “nuevos ojos” a la Guerra que enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay (1864 -1870). La celebración de congresos internacionales, el intercambio académico transnacional y el relevo generacional son factores que favorecen novedosas formas de historiar el conflicto (Brezzo & Doratioto, 2019: p.124, 125 y 126). En el presente trabajo exploramos la producción historiográfica sobre la contienda a partir de la relación entre guerra y cultura (Brezzo, 2004: p.11).

Más específicamente, nuestro objeto de estudio es la representación de la Guerra del Paraguay en la “Historia Argentina” (1965) de José Luis Busaniche. Por lo tanto, la fuente principal de análisis es la obra referenciada, la cual fue editada seis años después de la muerte del autor y puede considerarse como un inconcluso punto de llegada -Busaniche murió en pleno proceso de escritura- de su extensa producción intelectual[2]. De forma complementaria, revisamos sus nociones previas y fragmentarias sobre el tema halladas en su correspondencia con diversos historiadores argentinos.

En el comentario a un trabajo de Mónica Alabart (2015) centrado en los desbandes de Basualdo y Toledo, Juan Carlos Garavaglia señaló que “las páginas que José Luis Busaniche, Beatriz Bosch, Fermín Chávez y León Pomer les dedicaron a los años que preceden a la guerra y a la guerra misma, siguen conteniendo mucha información de gran valor”, a pesar de haber sido “relegados desde hace tiempo en el índex del olvido” (Garavaglia, 2015: p. 3). Actualmente no podríamos afirmar lo mismo ya que se ha avanzado en la preocupación por los aportes de autores como Chávez y Pomer[3], aunque la cita tiene vigencia para los casos de Bosch y Busaniche. Sobre este último debemos señalar que su obra es, en general, poco estudiada y que su visión ha pasado desapercibida por quienes se dedican a la historiografía del enfrentamiento americano.

En este sentido, creemos que rescatar la producción de Busaniche enriquece la historia de la historiografía sobre la Guerra del Paraguay. La justificación de lo dicho se encuentra en nuestra hipótesis: el autor santafesino se nutrió de distintas tradiciones para ofrecer en su “Historia Argentina” un relato explicativo que mixtura diversos elementos. Entre ellos se destacan rupturas con la interpretación tradicional, al poner énfasis en la culpabilidad del “expansionismo” brasileño como causa de la Guerra y en el apoyo que le brindó el gobierno “impopular” de Mitre -en tono similar al revisionismo argentino-, pero también ciertas continuidades, como la valoración negativa de Francisco Solano López y la exclusión de Gran Bretaña como instigadora en la “conspiración” contra Paraguay.

En primer lugar, trazamos un breve recorrido de la trayectoria pública de Busaniche, poniendo el foco en la conexión entre liberalismo y federalismo que caracteriza a su producción histórica. En segundo lugar, indagamos sus representaciones previas sobre la Guerra del Paraguay, rastreadas en diversas cartas que intercambió con otros historiadores e intelectuales de la época. En tercer lugar, nos concentramos en el relato sobre el conflicto bélico que enuncia en su “Historia Argentina” y prestamos atención tanto a las características de su discurso histórico como a las referencias historiográficas. Al tratarse del objeto principal de nuestro estudio, este apartado es el más extenso. Por último, cerramos nuestro trabajo señalando las conclusiones alcanzadas.

2. Aspectos sobre la trayectoria intelectual de Busaniche

José Luis Busaniche fue un historiador argentino que entre 1925 y 1959 publicó una considerable cantidad de trabajos dedicados a la historia de su país, además de ejercer funciones como docente, bibliotecario, editor y traductor de libros de autores extranjeros, entre otras. También fue miembro correspondiente por Santa Fe de la Junta de Historia y Numismática Americana (luego Academia Nacional de la Historia) y secretario de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos. Sin embargo, su trayectoria intelectual no ha sido explorada más allá de algunos trabajos dedicados a aspectos parciales de su obra, la biografía que publicó Fermín Chávez en el año 1964 y las palabras preliminares escritas por Fernando Devoto en la última reedición de la “Historia Argentina”, aparecida en el año 2005[4].

El término trayectoria intelectual lo utilizamos como una categoría que engloba “los aspectos biográficos; los espacios y los momentos de formación; el universo familiar y laboral; la esfera privada; los episodios y acontecimientos claves de las historias de vida y experiencias personales; los viajes e intercambios culturales y las tramas de amigos, colaboradores, discípulos y estudiantes, entre otros elementos” (Di Pasquale – Summo, 2015: p.15). En el presente trabajo recuperamos algunos de los aspectos biográficos de Busaniche entendiendo a la biografía como problema: es decir, una herramienta que permite recuperar lo individual y subjetivo no de forma autosuficiente, sino en su cruce con problemas que incluyen lo colectivo (Bruno, 2016: 272).

José Luis Busaniche nació el 9 de diciembre de 1892 en la ciudad de Santa Fe, capital de la provincia homónima. Su familia estaba plenamente arraigada en la sociedad local: su padre Julio M. Busaniche se había destacado como uno de los fundadores del partido liberal santafesino durante la segunda mitad del siglo XIX y su madre Julia Lassaga portaba el apellido de una de las familias de raíz colonial que dominaban los asuntos políticos de la capital. El ámbito familiar le proporcionó a José Luis el vínculo entre historia y liberalismo: no sólo por la referencia de su padre, sino también por la influencia que ejerció sobre su futura producción historiográfica la de su tío Ramón Lassaga, intelectual liberal que en 1881 publicó una historia sobre el caudillo provincial Estanislao López que puede considerarse como el puntapié de la historiografía vindicatoria santafesina (Micheletti, 2013: p. 33).

La intervención de Busaniche en el campo historiográfico se produjo en un contexto de discusión sobre los defectos y virtudes del sistema federal argentino, cuyos antecedentes pueden rastrearse en las obras producidas por los constitucionalistas Rodolfo Rivarola y José Nicolás Matienzo durante el primer decenio del siglo XX[5]. En las dos décadas siguientes, fue Emilio Ravignani quien se destacó entre los historiadores que intervinieron en el debate al “indagar en torno al surgimiento de las instituciones que, en forma tan irregular, regían al estado nacional en su propio tiempo” y encontrar el antecedente republicano y federal en “las provincias, [que] desde los inicios del proceso independentista, habían sostenido los principios de su personalidad, individualidad y autonomía, pero siempre en el marco general de la Nación” (Buchbinder, 1999: p. 95 y p. 97).

En ese clima de ideas debe ubicarse el discurso histórico en defensa del federalismo que Busaniche comenzó a desplegar hacia mediados de la década de 1920. Su posicionamiento aparece definido a partir de su condición de intelectual de provincia: es decir, “un capitalino del interior” que vive la provincianía “en un doble sentido: lo que se tiene como posibilidad y aquello contra lo cual se puede trabajar objetiva y subjetivamente” (Martínez, 2013: 173 y 177). Desde su perspectiva, la historia constitucional argentina podía contarse a partir de Santa Fe y de la acción de su principal caudillo: “el nombre de Estanislao López, a quien se llamaba con justicia en el país, el Patriarca de la Federación, se vincula estrechamente a la constitución de 1853. Él firmó todos los tratados que prepararon la definitiva organización federal. El preámbulo de nuestra constitución, pese a nuestros encopetados teorizadores, no alude para nada a la constitución unitaria de 1819 -la constitución monárquica sin rey- ni tampoco a la constitución de 1826. La constitución federal argentina se dictó en cumplimiento de ´pactos preexistentes´ y esos pactos preexistentes a la constitución, exceptuando el acuerdo de San Nicolás, llevan todos la firma de Estanislao López” (Busaniche, 1926: 135).

Cuando analicemos la visión de Busaniche sobre la Guerra del Paraguay, no deberá perderse de vista que su condición de liberal y federalista se plasmó en su extensa producción historiográfica. Es cierto que su escritura de la historia adquirió un tono más pesimista en sus últimos trabajos y que, durante las décadas que siguieron a su muerte en 1959, algunos autores revisionistas se basaron en ellos para filiarlo en su propia tradición[6]. Sin embargo, creemos que el interés por explorar la producción de Busaniche se justifica más por sus propias definiciones que por las que le atribuyeron a posteriori. Así, ante la pregunta “¿Qué opina usted sobre la llamada tradición liberal argentina?” que le hicieron en un reportaje para la revista “Esto Es”, en el año 1954, contestó: “Soy demócrata liberal en materia de política porque, a pesar de todas las pruebas que ha soportado, sigue siendo para mí el menos malo de los sistemas de gobierno, el que más satisface al sentido moral para explicar el porqué de la autoridad y el que mejor contempla la dignidad de la persona humana. Y sin embargo no siento ninguna simpatía por la llamada tradición liberal argentina” (reproducido en Chávez, 1964: p. 107).

Si algo demuestra la cita que señalamos arriba y, en general, el caso de Busaniche, es que durante la primera mitad del siglo XX la historia de la historiografía argentina fue mucho más rica y variada en sus expresiones que la monolítica división entre “historia liberal” e “historia revisionista”. A continuación, recuperaremos parte de la correspondencia que mantuvo el intelectual santafesino con otros historiadores de la época, ya que en estos escritos se dejan traslucir sus primeras nociones sobre la Guerra del Paraguay.

3. Algunas nociones previas de Busaniche sobre la Guerra del Paraguay

La primera referencia que encontramos de Busaniche respecto a la Guerra del Paraguay se produjo en 1927. Tras la publicación de la segunda edición de “Estanislao López y el federalismo del litoral”, apareció en el diario Santa Fe una elogiosa reseña escrita por el jefe de redacción José Torralvo. A modo de agradecimiento, Busaniche le envió una carta que incluía una reflexión historiográfica y el diario decidió publicarla. En un fragmento de la misma se preguntaba: “¿No contiene más enseñanza la actitud de un caudillo de provincia levantándose contra la invasión injusta del Brasil a Uruguay, en 1823, que la empresa del ´súper – civilizado´ Mitre, aliándose con el mismo Imperio del Brasil en 1865, después de organizada y pacificada la república, para arrasar el Paraguay? Sin embargo, aquello se calla, y esto se glorifica[7]”.

La cita encierra un conjunto de ideas que van a ser retomadas en la “Historia Argentina”: en primer lugar, la representación de Brasil como enemigo de la nación argentina; en segundo lugar y relacionado con lo anterior, cierta ahistoricidad propia de los discursos identitarios que definen a un “nosotros” por oposición a un “otro”, es decir, Brasil en 1823 y en 1865 representa lo mismo para Busaniche; en tercer lugar, la victimización del Uruguay; por último y quizás más importante, la construcción de Mitre como aliado al enemigo histórico y la ironía sobre el término civilización.

Es cierto que Busaniche no escribió en aquel entonces ninguna obra dedicada a la Guerra del Paraguay, pero sin dudas el tema parecía interesarle. Dos años después de su comentario a José Torralvo, dirigió una carta a Martiniano Leguizamón, historiador de la provincia de Entre Ríos, en donde expresaba: “Dentro de pocos días le mandaré copia de las cartas de Telmo López, oponiéndose a concurrir a la Guerra contra el Paraguay, como se lo prometí”[8]. Si en la referencia anterior Estanislao López aparecía como contrapunto a la alianza de Mitre con Brasil, ahora la oposición directa hacia la Guerra la concentraba Telmo López, hijo del caudillo santafesino. Al poner en relación la correspondencia, podemos observar que avanzada la década de 1920 Busaniche se encontraba reflexionando sobre diversos hechos de la historia argentina -incluyendo la gran contienda bélica contra Paraguay- y que le inquietaba determinar el rol de Santa Fe y sus hombres en los acontecimientos.

Una tercera apreciación -aunque indirecta- respecto a la Guerra podemos rastrearla en una carta de Busaniche, secretario de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, al presidente de la institución, Ricardo Levene, en el año 1941: “En el pedido del Instituto de Cultura Histórica (Presidente, Sr. Castro Estevez) sobre calle José Manuel Olascoaga en la Capital Federal se abultan un poco, como de costumbre, los méritos del personaje y se callan naturalmente los hechos negativos. Creo que el servicio más relevante de Olascoaga estuvo en la expedición al desierto y en los escritos que publicó después; tiene en su contra una participación activa en el levantamiento de Cuyo (1867) que terminó con la derrota de Saá en San Ignacio mientras se desarrollaba la Guerra del Paraguay. Olascoaga huyó a Chille”[9]. Estas palabras resultan curiosas porque condenan la sublevación popular contra el gobierno nacional de Mitre. Cuando escriba su “Historia Argentina”, los hechos serán valorados de forma inversa.

La última alusión al conflicto bélico la encontramos en una carta a Enrique Udaondo en 1945, como respuesta ante su pedido de información histórica sobre el explorador británico Thomas J. Hutchinson: “El general Mitre lo trata en forma despectiva en una carta a Vicuña Mackenna o a Barros Arana, mostrándolo algo así como un charlatán. No me explico porqué. Hutchinson escribió también un libro sobre la Guerra del Paraguay, que no he leído, y quizás hizo alguna apreciación impertinente. No me explico el asunto de otra manera porque lo escrito por Hutchinson sobre nuestro país, tiene cosas de gran interés[10]”. Si bien no hay -como en la carta anterior a Levene- una valoración explícita sobre la Guerra, la figura de Mitre aparece en este escrito en una posición, al menos, discutible.

De modo que, antes de la publicación de su “Historia Argentina”, sus nociones previas sobre la Guerra del Paraguay aparecen como piezas de un rompecabezas que no termina de armarse. Aún así, nos arrojan ciertas pistas: si bien la imagen que más encaja con su relato posterior es la que corresponde a la carta publicada en el diario “Santa Fe” en 1927, sus ambigüedades en las otras epístolas son coherentes con la ambivalente actitud historiográfica que mantuvo Busaniche -en tanto liberal- con la figura de Mitre. En 1946, por ejemplo, le tocó recibir -en su calidad de secretario de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos- el Archivo del General Mitre, destinado al Museo de mismo nombre, de manos de sus descendientes. En el reportaje de 1954 al que ya nos referimos, al discutir a la “tradición liberal argentina” diferenciaba a “Mitre [que] no era Roca, es verdad, y yo tengo veneración, lo confieso, por la figura de Mitre” (reproducido en Chávez, 1964: 108).

Algunas de estas referencias dispares e indirectas sobre la Guerra del Paraguay y el gobierno de Mitre son profundizadas y otras invertidas en su “Historia Argentina”. Seguidamente nos abocaremos de lleno al análisis de esta obra que -según hallamos en su correspondencia- fue concebida por lo menos desde inicios del año 1943 y a la que dedicó la etapa final de su vida[11]. Busaniche inscribió los comienzos de la “Historia Argentina” en tiempos de la colonia y estaba interesado por explorar su desarrollo hasta la sanción de la Ley Sáenz Peña de 1912 (Weinberg, 2005: p.31 y p.33), pero el manuscrito llegó hasta la elección de Domingo F. Sarmiento como presidente de la nación. Por lo tanto, los capítulos que se refieren a la Guerra coinciden con el final de la versión que finalmente editó Gregorio Weinberg en 1965.

4. La Guerra del Paraguay en la “Historia Argentina”

4.1. Referencias historiográficas

Un punto de partida interesante para analizar la imagen de la Guerra del Paraguay que construyó Busaniche en la “Historia Argentina” es considerar los autores y las obras que cita, ya que algunas de esas referencias son acompañadas con adjetivaciones y valoraciones historiográficas de los intelectuales que las produjeron. También es necesario situar su obra en relación a la historiografía sobre el conflicto bélico existente en Argentina al momento de su publicación.

Según la periodización propuesta por María Victoria Baratta, hacia mediados del siglo XX existían en Argentina tres tipos de trabajos sobre la Guerra del Paraguay[12]. En primer lugar, los relatos opositores que fueron contemporáneos a la contienda y se extendieron en los años inmediatos que siguieron tras su cierre (Guido y Spano, Alberdi, Andrade y M. Navarro Viola). En segundo lugar, la historiografía tradicional sobre el conflicto que surgió a fines del siglo XIX con las historias nacionales de Mariano Pelliza y Vicente Fidel López. Se trata de una representación diplomático-militar de la Guerra que culpa exclusivamente al presidente paraguayo Francisco Solano López. Esta perspectiva fue la dominante y sólo sufrió algunas “críticas moderadas” en su interior a través de la pluma de Ernesto Quesada. Las obras más destacadas de esta corriente fueron las de Juan Beverina y Ramón J. Cárcano, producidas en la primera mitad del siglo XX. En tercer lugar, la “reacción revisionista” de los años cincuenta que se difundió, sobre todo, en las dos décadas siguientes. La mayoría de los revisionistas acentuaron la idea de una conspiración del imperialismo británico como causa del conflicto y a los gobiernos de Brasil y Argentina como sus agentes.

En 1959 -año en que muere Busaniche- no había una gran variedad discursiva en Argentina respecto a la contienda. Al cotejar la bibliografía utilizada en los capítulos de la “Historia Argentina” podemos advertir que el historiador santafesino se nutrió tanto de la escritura militante de Guido y Spano como de los textos clásicos de Beverina y Cárcano. Sobre este último, sostenía al analizar los acontecimientos políticos de 1864 en Uruguay: “Nos apoyamos en documentos y afirmaciones de este autor porque como diplomático de la Argentina en Brasil pudo compulsar la mejor documentación existente en los archivos de Río de Janeiro y porque se trata de un autor adverso a la tradición federal en el Plata y apologista constante del General Mitre. Por lo tanto, nada sospechoso de blanquismo” (Busaniche, 2005: nota al pie p. 718). La cita refleja dos tipos de estrategias que utiliza Busaniche para otorgarle veracidad a su relato. La primera tiene que ver con su propia formación como historiador, ya que argumenta que a la verdad histórica se llega con el método de crítica de documentos fidedignos[13]. La segunda consiste en calificar a sus referentes y utilizar sus palabras como prueba de objetividad cuando expresan una valoración que no coincide con aquella. En este caso, Busaniche considera a Cárcano como un “apologista” de Mitre y “nada sospechoso de blanquismo”, por lo que sus críticas al mitrismo y al partido colorado uruguayo le resultan dignas de ser recuperadas.

Respecto al revisionismo argentino sobre la Guerra del Paraguay, la mayoría de las obras de esta corriente surgieron luego de la muerte del autor santafesino. Por entonces podía señalarse, por ejemplo, el trabajo pionero de Enrique Rivera, “José Hernández y la Guerra del Paraguay”, pero no aparece referenciado en la “Historia Argentina”. Ahora bien, no puede obviarse la similitud interpretativa en la construcción mítica del autor del “Martín Fierro” como opositor a la contienda[14]. Luego de citar una carta de José Hernández a Miguel Navarro Viola, Busaniche lo señalaba como una de las “distinguidas personalidades argentinas [que] veían en la Triple Alianza una expresión de monarquismo” y que “de otra suerte no podría concebirse que el autor del primer poema argentino escrito con profundo sentido vernáculo y de exaltación de lo popular, del primer poema argentino de serio sentido social, pudiera haber aplaudido, como lo hizo, el desastre de la Triple Alianza en el asalto de Curupaytí” (Busaniche, 2005: p. 744).

La obra de Busaniche se nutrió también del aporte de historiadores de otros países latinoamericanos. En su relato hay referencias al brasileño Joaquim Nabuco, intelectual monárquico que “justificó la acción del Imperio en Uruguay en 1864 y la Guerra de la Triple Alianza como la lucha por la libertad contra el despotismo”, cuyo “modelo explicativo” constituyó en Brasil “la primera corriente historiográfica sobre el tema” (Brezzo & Doratioto, 2019: p. 131). El autor santafesino no acordaba con aquel esquema interpretativo, pero citaba a Nabuco como “historiador brasileño de mucha responsabilidad y saber” (Busaniche, 2005: p. 717) a la hora de historiar acontecimientos ligados a la diplomacia. Otro recurso que utilizó fue criticar a quien fuera el presidente paraguayo durante la Guerra a través de las palabras del mexicano Carlos Pereyra, las cuales no podían discutirse en tanto era “el más fervoroso panegirista de Solano López” (Busaniche, 2005: p. 723). Citó, también, al uruguayo Luis Alberto de Herrera, cuya interpretación sobre la Guerra era -como veremos luego- la más próxima a la que ofreció el propio Busaniche.

Respecto a las fuentes, utilizó principalmente las siguientes: el tomo I de las Colecciones de Tratados celebrados por la República Argentina con las naciones extranjeras (1884), el tomo V del Registro Nacional de la República Argentina (1885) y la correspondencia del Archivo del General Mitre (t. II, III y VI, 1911). De esta manera, reprodujo la clásica tendencia a explicar la Guerra del Paraguay a partir de sucesos diplomático-militares.

4.2. Las causas y el desarrollo del conflicto bélico. La explicación histórica de Busaniche

La Guerra del Paraguay es interpretada por Busaniche como parte de un continuo que se inicia en la Argentina luego del triunfo de las fuerzas comandadas por Urquiza en la batalla de Caseros de 1852. Por lo tanto, para comprender su discurso histórico sobre el conflicto y analizarlo en términos historiográficos es necesario remontarse a la interpretación sobre la etapa rosista que ofrece en la “Historia Argentina”.

Recordemos que al trazar el breve recorrido de la trayectoria intelectual de Busaniche señalamos su identificación con los principios del liberalismo político y su adhesión al federalismo. Desde su mirada, el primero de estos elementos era incompatible con la figura de Rosas: “Y el gobierno de don Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires, en su aspecto político, no era tampoco para seducir. El federalismo constituía enorme mayoría. Pero la democracia, si no es temperada por el liberalismo político y tiene por base la libertad, engendra la injusticia y el despotismo. Se dirá que en climas como aquel era imposible implantar la libertad política. Pero pudo intentarse, y el gobernador de Buenos Aires no podía intentarla porque no creía en la libertad política como autonomía de la persona humana […] Lo cierto es que en Buenos Aires levantóse un escenario donde se exhibía, ufano, el despotismo” (Busaniche. 2005: 522 y 523). Ahora bien, el segundo elemento matizaba su valoración ya que mientras el “unitarismo lejos de ocultar la alianza con el extranjero, hacía ostentación de ella”, “Rosas declaraba que América habría de mantenerse libre de toda dominación extraña” (Busaniche, 2005: p. 559 y p. 575).

Justo José de Urquiza también era federal, pero Busaniche marcaba una salvedad: “en contraste con los viejos caudillos del litoral, era muy afecto a los negocios y con marcada vocación por la riqueza personal […] Esta inclinación suya le había creado ciertas afinidades con los unitarios” (Busaniche, 2005: p. 596 y p. 597). Además, el autor señalaba el trato “cordial” del entrerriano con los bloqueadores anglo-franceses y al respecto afirmaba que “dígase cuanto se quiera, Rosas estaba más cerca de los intereses argentinos” (Busaniche, 2005: p.598). El problema para el historiador santafesino consistía en que Urquiza había decidido poner fin al “despotismo” de Rosas a través de la alianza con Brasil, “gobierno monárquico constitucional, de índole aristocrática, el único gobierno basado, además, económicamente sobre una institución infame, la esclavitud de toda una raza” (Busaniche, 2005: p. 614).

Para Busaniche la alianza de Urquiza con Brasil daba inicio al período de mayor influencia del Imperio sobre el resto de los países de la región y eclosionaría más adelante en la Guerra del Paraguay. El autor lo expresa con claridad: “no sólo pesaba sobre Urquiza el empréstito contraído con el Brasil y la hipoteca sobre rentas y tierras argentinas […] pesaba también sobre el firmante de los tratados la intromisión del imperio vecino en el Uruguay porque él (Urquiza) había influido como nadie sobre ese Estado independiente en los tratados de 1851” y “ el Brasil, más que nunca miraba en estos momentos la antigua provincia del Imperio, llevado por su inmoderado apetito de expansión territorial. También el reconocimiento del Paraguay independiente era obra de Urquiza, y esa nueva república se aprestaba no sólo a mirar de igual a igual a la Confederación, sino a discutirle límites en Misiones y el Chaco” (Busaniche, 2005: p. 625).

De esta forma, Busaniche comenzaba a caracterizar a los actores que se enfrentarían luego en el conflicto. El imperio del Brasil es representado como aquello opuesto -esclavista y monárquico- a lo que el autor -demócrata liberal y republicano- defendía. Uruguay aparece como víctima del “expansionismo” y la injerencia brasileña en sus asuntos internos. Argentina, luego de Caseros, no había ingresado al “régimen de libertad, representativo, republicano, federal” como señalaba “cierta historiografía”, sino a una “transición dura y desgarrante en que no salió muy bien parada la soberanía de la Nación” (Busaniche, 2005: p. 623 y p. 624). Respecto al Paraguay, al definirla como “nueva república” desconocía la lucha iniciada en 1811 por el reconocimiento de su independencia. Para él, la adhesión de la Junta de Asunción al “principio de Confederación” en aquel momento había sido un “pretexto para sustraerse a la acción” (Busaniche, 2005: p. 333). Reproducía, así, la clásica tesis del “aislamiento”[15].

Volviendo la mirada hacia la Argentina, debemos señalar que la “subordinación” de la política de Urquiza hacia el Imperio del Brasil continuó, para el autor, con el gobierno de Bartolomé Mitre. Ya nos hemos referido a la relación ambivalente que mantuvo en términos historiográficos con el líder porteño. En la “Historia Argentina”, sin embargo, Busaniche expresa una valoración contundente: “El general Mitre tenía todas las condiciones para llevar a cabo una presidencia ejemplar: inteligencia lúcida, cultura superior, experiencia de gobierno, condiciones de mando, juventud (contaba cuarenta años), espíritu moderado, dominio de sí mismo y un concepto amplio de patria, superior al mezquino localismo de los hombres que le rodeaban […] ¿Por qué no puso hasta el fin la ejecución de esos principios, hacedores en aquel momento, y que hubieran evitado flagrantes injusticias y escenas de sangre? […] ¿Qué principios podían ser esos sino los inmutables de la justicia y los que inspiraban el credo de la democracia liberal basada en el régimen representativo? Pero la democracia no podía conciliarse con una hostilidad manifiesta hacia la mayoría evidente del pueblo argentino […] Queremos creer que el general Mitre, urgido por sus ideas progresistas y de bien público (ferrocarriles, colegios, etc.) cayó en el error de anteponer el progreso a la justicia y a las normas permanentes de la democracia” (Busaniche, 2005: p. 706 y p. 707).

Desde la visión del autor, Mitre encarnó al liberal que no fue: aunque “tenía todas las condiciones”, no llevó adelante una obra de gobierno democrática porque fue hostil con la mayoría popular. Una muestra de esa impopularidad era para Busaniche la “guerra de policía” contra el Chacho Peñaloza, a quien definía como “caudillo muy querido de la población rural que le seguía fiel en su gran mayoría; era hombre de letras gordas como tantos otros (no está probado ni con mucho que fuera analfabeto); era honrado y cumplidor de sus promesas; había sido unitario en tiempo de Rosas; manso de carácter y muy valiente, no se le conocían acciones que pudieran menoscabar su buena fama general” (Busaniche, 2005: p. 699). Asimismo, le resultaba condenable que, cuando fue finalmente asesinado, Mitre “no tuvo, oficialmente, una sola palabra de condenación para el crimen” (Busaniche, 2005: p. 712). Esta valoración del mitrismo y el rescate de figuras como el Chacho Peñaloza establecían un punto de contacto entre la interpretación de Busaniche y el revisionismo argentino sobre la Guerra del Paraguay que eclosionó hacia la segunda mitad del siglo XX, cuando “las ideas revisionistas se desplazaron a lo largo de un espectro en el que se superponían distintas tradiciones ideológicas” (Goebel, 2013: p. 146).

Luego, el autor santafesino pasa a ocuparse específicamente de los acontecimientos que desembocaron en la Guerra del Paraguay. Respecto a la crisis en Uruguay, sostenía que en aquel país el partido blanco era el mayoritario y que el gobierno de Bernardo Berro -de ese signo- se distinguía “por medidas acertadas y progresistas; administró la renta con idoneidad y honradez, fundó pueblos, respetó a sus adversarios y hasta dio un decreto de amnistía para todos los comprometidos en revoluciones anteriores. Pero quedó condenado inexorablemente después de Pavón. Sus enemigos no han de pararse en ningún medio para derribar su gobierno y procederán a sangre y fuego contra su partido”. Para Busaniche, era clara la alianza entre el líder colorado Venancio Flores y Mitre, que “aseguró su neutralidad consistente apenas en no intervenir él de manera visible y notoria en la invasión. Con todo, su partido y su prensa participaban sin rebozo en la empresa de Flores. Se organizaban manifestaciones populares para aclamar el próximo triunfo de la revolución en Uruguay y la caída del presidente Berro. Funcionaba públicamente en Buenos Aires un comité revolucionario”. De esta manera, para el autor “ya en este año de 1863, importa mucho tenerlo en cuenta, quedó planteado el gran conflicto rioplatense que habría de estallar en 1865 con el nombre de ´Guerra del Paraguay´. Berro advirtió desde un principio que Flores, apoyado desde Buenos Aires, quería provocar la invasión del Uruguay por el Imperio del Brasil, cuyo ejército había llamado ya una vez, en 1854. Y antes de ver sacrificado su país y su partido, recurrió al gobierno del Paraguay, ejercido por Francisco Solano López” (Busaniche, 2005: p. 714, p.715 y p.716).

La interpretación que hizo Busaniche de los hechos históricos ocurridos en Uruguay sugiere una sintonía con la obra del oriental Luis Alberto de Herrera, historiador que puede pensarse como uno de los principales exponentes del “revisionismo histórico rioplatense”. Su padre Juan José de Herrera había sido Ministro de Relaciones Exteriores de Bernardo Berro y fue despuesto por Venancio Flores. La historia familiar influyó en la lectura que Luis Alberto de Herrera hizo sobre el conflicto, al punto de que “valoró siempre negativamente la Guerra de la Triple Alianza, aunque la moderación crítica que demostró en sus primeros escritos se tornó luego en discurso apologético sobre los vencidos, en condena radical de la alianza mitrista-imperial, a cuya política ´conspirativa´ atribuía la responsabilidad del conflicto armado en Paraguay, y de su antecedente en Uruguay” (Reali, 2004: p. 196). La bibliografía de Herrera citada por Busaniche es la más condenatoria de la alianza entre Mitre y el gobierno monárquico de Brasil, expresada en “El drama del 65” (1926).

También compartía con el historiador uruguayo la idea de la Guerra como “un acto de expoliación, que había puesto en riesgo la sobrevivencia del Paraguay como estado independiente” (Reali, 2012: p. 131). De hecho, el autor santafesino citaba al padre de Luis Alberto para expresar sus ideas respecto a los sucesos previos al estallido del conflicto: “decía Herrera, ministro de Berro, a López, que Uruguay y Paraguay ´estaban amenazados por dos vecinos incansables e inescrupulosos´ y que la política del Paraguay ´debía tender al establecimiento de un equilibrio´” (Busaniche, 2005: p. 716 y p. 717).

Ahora bien, cuando Busaniche focaliza su atención en la actuación del entonces presidente paraguayo Francisco Solano López, su interpretación marca una continuidad con la historiografía tradicional sobre el conflicto bélico. Pero no nos adelantemos. Recordemos por el momento que, según el autor, ya en 1863 había quedado planteada la Guerra. Al año siguiente, el planteo se convierte en realidad: “Mientras el Brasil, ayudado por Flores, se arrojaba sobre la plaza de Paysandú, Francisco Solano López, considerando menospreciado a su propio país y amenazado por el Imperio, apresó al buque brasileño marqués de Olinda, de paso a Corumbá en el Paraguay, e hizo invadir con un ejército la región de Matto Grosso. Era la guerra (noviembre de 1864)” (Busaniche, 2005: p. 721).

Hasta aquí, Argentina no interviene y la actitud de Solano López no despierta palabras de rechazo por parte de Busaniche. Sin embargo, luego sostiene: “quien más necesitaba en aquellos momentos de la neutralidad argentina era, a todas luces, el Paraguay, después de haber atacado al Imperio. Sabía que le acompañaban grandes simpatías en la contienda promovida y que Flores y el Brasil eran impopulares en el Plata. Con todo, estaba reservada al dictador del Paraguay la ruptura de esa neutralidad que tanto necesitaba. Él y nadie más habría de empujar al gobierno argentino en brazos del imperio esclavista como este último lo necesitaba” (Busaniche, 2005: p. 723).

La declaración de guerra a la Argentina por parte de Solano López -luego de que se le impidiera que sus ejércitos pasaran por Corrientes con destino a Brasil- era, según Busaniche, “prodigio de torpeza y de necedad” de un “dictador” que “no quería entender razones” y que había cometido una “ofensa [que] no tenía explicación” (Busaniche, 2005: p. 723 y p.724). A partir de este momento, tendría lugar “una de las tragedias más cruentas y largas, y dolorosas, de la historia de América” (Busaniche, 2005: p.724), a la que condenaba porque entendía que había sido producto de las ansias expansionistas del Imperio del Brasil, pero justificaba la participación de Argentina por haber sido “víctima” de una agresión “inexplicable” por parte del “dictador” del Paraguay.

Aun así, no dudaba en señalar que se trataba de una guerra impopular, ya que al “pueblo, a la chusma, como decían ciertos políticos avisados, a la pobre mayoría, le sería exigido por una minoría nuevo tributo de sangre, sin que ese tributo fuera compensado por ningún derecho político de los que fundamentan el gobierno representativo” (Busaniche, 2005: p. 724). Además, la Guerra del Paraguay era impopular por la alianza con Brasil, algo apuntado por historiadores de diversas corrientes y que, incluso, ha generado consenso historiográfico en la actualidad. La desconfianza hundía sus raíces en las guerras de independencia en América, cuando “no tardó en esgrimirse la imagen del Imperio del Brasil como un gigante desconocido y como rival natural de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de la América Republicana” (Baratta, 2019: p. 129).

La interpretación de Busaniche sobre la guerra se nutría de aquellos elementos antibrasileños: “Importa saber, con todo, que la alianza en sí, la alianza de Argentina, Brasil, Uruguay, contra Paraguay, no satisfizo desde un principio a la opinión general, como aparece con toda evidencia en testimonios insospechables. Rompió, por lo pronto, ese tratado [en referencia al Tratado que contrajeron en secreto los países de la Triple Alianza], la tradición de solidaridad mantenida en la América de origen español desde el siglo XVI en defensa de claros derechos territoriales, contra la

ambición portuguesa, primero; contra la ambición imperial brasileña, después […] ¿acaso ignoraba el último argentino que aquella mentida dinastía liberal se asentaba sobre la esclavitud odiosa de toda una raza representada por cuatro millones de seres humanos que trabajaban y gemían bajo el látigo de sus amos? ¿habríamos de atarnos, porque sí, a un imperio esclavista invocando hipócritamente la libertad? Se denunciaba la agresión. Sí, es verdad. Pero, ¿no podíamos defendernos solos?” (Busaniche, 2005: p. 728 y p. 729).

Luego de aquella pregunta, la identidad federal de Busaniche afloraba al señalar que la conexión con el gobierno monárquico de Brasil hundía sus raíces en el historial unitario de Mitre: “el Imperio con su corte de duques, condes, vizcondes y barones, prolongaba, para ciertos círculos del Plata, el prestigio de las viejas dinastías europeas […] Y ese prestigio ejercía influencia evidente sobre un grupo conocido, muy proclive siempre a la jerarquía y al rango social, por tradición política partidista y por preferencias individuales” (Busaniche, 2005: 728). Pero esa “atracción” elitista se distinguía del sentimiento popular, tal cual quedaba reflejado con la “Sublevación de Basualdo”, originada según Busaniche por “un sentimiento anónimo y tradicional de repulsa hacia el imperio [que] imponíase una vez más sobre las leyes dictadas por gobiernos sin base popular y que no podían llamarse gobiernos de régimen representativo” (Busaniche, 2005: 732).

También es cierto que la condena a Brasil por parte de Busaniche se explicaba por su concepción de la nación argentina en términos identitarios, es decir, como herencia de la “América de origen español”. En cierto modo, su argumentación emparentaba con la explicación que había ofrecido Ramón J. Cárcano respecto al conflicto: las “causas originarias” debían buscarse en las disputas territoriales que enfrentaron a España y Portugal durante el período colonial. Este autor había destacado también que “en las provincias, la guerra es impopular y odiosa” y que allí los hombres “resisten a Buenos Aires y al Imperio. El Paraguay es el vecino y amigo histórico, antiguo aliado de los pueblos del litoral” (Cárcano, 2018: p. 48). Sin embargo, se diferenciaban en la valoración de la figura de Mitre, ya que Cárcano lo representaba como un “patriota”, abandonado “sin resistencia a su destino” y a la “exaltación popular” que en Buenos Aires pedía “la alianza con el Brasil y el Uruguay, la guerra al tirano, la venganza, la liberación del Paraguay oprimido” (Cárcano, 2018: p. 48 y p.44).

Un tópico que en Argentina se volvió recurrente desde la década de 1950 es el supuesto papel conspirativo que desempeñó Gran Bretaña en el conflicto, lo que a su vez le resta importancia al rol de los actores regionales que habrían actuado como meros agentes del imperialismo. Ideas de este tipo -con matices- aparecen, por ejemplo, en las obras de Enrique Rivera (1954), José María Rosa (1965) y León Pomer (1968). Sin embargo, fue “la diplomacia británica la que hizo público el tratado de los aliados al publicarla en una serie de escritos llamada libro de oro azul” en 1866, momento a partir del cual “la prensa europea condenó la actitud aliada y creció su impopularidad sin retorno” (Baratta, 2019: 173). Es interesante señalar que esta evidencia que tiene actualmente aceptación en la historiografía académica sobre la Guerra del Paraguay -aunque menos consenso en la opinión pública general- fuera ya señalada en la “Historia Argentina” por el propio Busaniche, quien sostuvo que por “indiscreción del ministro de relaciones exteriores del Uruguay, el texto del tratado secreto fue revelado al ministro inglés en Montevideo, quien lo comunicó a su gobierno y éste a la Cámara de los Comunes que le dio muy amplia difusión”, teniendo como efecto que “la prensa europea comenta el tratado muy en disfavor del Imperio y de la República y en América sonaron vientos contrarios a la alianza” (Busaniche, 2005: p. 739 y p. 740).

La “Historia Argentina” de Busaniche termina, como ya advertimos, con la elección de Sarmiento como presidente. El relato sobre la Guerra del Paraguay queda, por lo tanto, inconcluso: su autor no llegó a expresar sus ideas sobre fin del conflicto bélico y sus consecuencias. Sin embargo, el análisis del material disponible respecto a las causas y gran parte de su desarrollo nos ha permitido comprobar que se trata de un relato que no entra fácilmente en las categorías que se utilizan comúnmente para clasificar a los trabajos producidos sobre la temática durante gran parte del siglo XX. En todo caso, la visión de Busaniche reconoce diversas influencias que le otorgan a su reconstrucción un cariz original: si parece acercarse al revisionismo argentino sobre el conflicto por su condena hacia la alianza entre los gobiernos de Brasil y Mitre y oponerse, en general, al camino seguido por el país después de Caseros, es cierto que se vuelve más tradicional al reproducir la imagen de Francisco Solano López como “dictador” que agredió “injustificadamente” a una Argentina que no pudo evitar su participación en la “tragedia”.

5. Conclusiones

En la introducción del artículo señalamos la renovación que desde inicios del siglo XXI se viene realizando en relación a los estudios sobre la Guerra del Paraguay. En nuestro caso, partimos del análisis del discurso histórico del intelectual argentino José Luis Busaniche sobre la contienda bélica para mirar con “nuevos ojos”-siguiendo la terminología de Liliana Brezzo y Francisco Doratioto- a la relación entre guerra y cultura.

El relato más nítido -por la claridad de sus argumentos y la extensión del mismo- de Busaniche sobre la Guerra del Paraguay se desarrolló en su “Historia Argentina”, obra monumental y a la vez inacabada, ya que su autor murió en pleno proceso de su escritura. También indagamos sus nociones previas sobre la contienda, presentes en su correspondencia con otros intelectuales.

Antes de la “Historia Argentina”, las referencias al conflicto bélico americano fueron indirectas y se percibió una mayor contradicción respecto a algunos hechos y personajes. Bartolomé Mitre apareció en ellas como el personaje histórico que despertaba en Busaniche, liberal y federalista, una mezcla de veneración y repudio. Esa ambigüedad dejó de ser tal en la “Historia Argentina”: allí Busaniche condenó el desarrollo seguido por el país tras el fin del “despotismo” de Juan Manuel de Rosas, que se produjo, según el autor, al precio de subordinar las decisiones soberanas a las conveniencias del Imperio del Brasil. Así, argumentaba que el “expansionismo” llevado adelante por el gobierno monárquico contó con el apoyo de Urquiza -primero- y de Mitre -después-, quien además estableció alianza con el partido colorado en Uruguay. Estos hechos definieron para Busaniche las causas inmediatas de un conflicto en el que Argentina se involucró directamente luego de la “agresión inexplicable” del “dictador” paraguayo Francisco Solano López. Su discurso justificaba la participación del país, pero condenaba que se hiciera en alianza con Brasil, lo que la tornó impopular.

Al cotejar la producción de Busaniche con la historiografía existente en aquel momento sobre la Guerra del Paraguay observamos que su discurso histórico mixturó distintos elementos y que su relato no encaja de forma definitiva en las grandes categorizaciones. Por un lado, rompió con la historiografía tradicional al condenar la política de Mitre y su alianza impopular con Brasil, además de rescatar figuras como el Chacho Peñaloza, en sintonía con valoraciones revisionistas que en Argentina circularon con fuerza entre las décadas de 1960 y 1970. Pero, por otro, siguió el tópico tradicional de condena al presidente paraguayo Francisco Solano López y no manifestó adhesión a la tesis revisionista de la “conspiración británica”, ubicando por el contrario a Gran Bretaña en un rol de oposición a la Triple Alianza.

Para terminar, quisiéramos expresar nuestro deseo para el futuro próximo: dialogar con otros trabajos que rescaten la producción sobre la Guerra del Paraguay desarrollada por intelectuales de provincia que no despertaron mayor interés en un país que conserva una matriz cultural porteño - céntrica. Los esfuerzos por superar esas limitaciones se mantienen constantes desde inicios del siglo XXI por una historia de la historiografía que atiende a la perspectiva regional -en diálogo con las producciones de la capital del país- y, por lo tanto, el camino a transitar lejos está de ser solitario.



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