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Heliconias : un proyecto antropoecológico
Reynaldo Antonio Rivas
Reynaldo Antonio Rivas
Heliconias : un proyecto antropoecológico
Revista de Museología Kóot, núm. 10, 2019
Universidad Tecnológica de El Salvador
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Resumen: Resumen

El presente artículo expone el origen, el ser y el quehacer del proyecto socioecológico Heliconias, que tiene como misión la restauración de la casa común desde una perspectiva antropoecológica. La sede del proyecto está en el municipio de Ilobasco, departamento de Cabañas, El Salvador. Y en la actualidad cuenta ya con más de 15 proyectos ecológicos, ha abierto el primer parque ecológico en Ilobasco, acompaña con formación a docentes y alumnos de al menos 12 centros educativos en los cuales desarrolla la liga de Balonmano. Sus ejes transversales son: Ecología y Humanización.

Palabras clave: Heliconias, Atropoecología, Antropología cultural, Ecología.

Abstract: Abstract

This article describes the origins, the existence and the work of the socioecological project Heliconias, which mission is to restore common houses applying an anthropologic perspective. The headquarters of this project are located in the municipality of Ilobasco, Department of Cabañas, El Salvador. At present, it already has more than 15 ecological projects; it has opened the first ecological park in Ilobasco, and it is training teachers and students from at least 12 schools where it is developing a basketball league. Its cross axes are Ecology and Humanization.

Keywords: Heliconias, Atropoecology, Cultural anthropology, Ecology.

Carátula del artículo

Artículos

Heliconias : un proyecto antropoecológico

Reynaldo Antonio Rivas
Universidad Tecnológica , El Salvador
Revista de Museología Kóot
Universidad Tecnológica de El Salvador, El Salvador
ISSN-e: 2307-3942
Periodicidad: Anual
núm. 10, 2019


Heliconias, un mundo de inspiración

Heliconias refiere el género de plantas y flores tropicales del reino de las Heliconiaceae1, perteneciente al orden Zingiberales, dentro del cual existen 90 géneros y 2000 especies agrupadas en ocho familias, siendo las Heliconias una de estas familias que agrupa entre 200 y 250 especies de plantas y flores en todo el mundo, pero más específicamente propias de ambientes tropicales como en nuestro país, Centro y Sur América.




Fotografía Reynaldo Rivas

El nombre Heliconias deriva del monte Helicón, en Grecia, donde los dioses iban para ser inspirados por las musas. De ahí que su nombre indique inspiración.

Gracias a su gran capacidad de inspirar, gracias a su belleza, gracias a ser las flores más Eco amigables del mundo fue tomado su nombre como agente inspirador, llamando Heliconias al conjunto de sueños, ilusiones esfuerzos y sacrificios de un grupo de amigos y parientes que en el corazón de El Salvador soñaron con un mundo más humano y más ecológico2. Creyeron que la armonía entre la naturaleza y la persona; y su trascendencia, es la clave para la realización y para la construcción de un mundo más humano, donde todos seamos hermanos, corresponsables de la felicidad de todos, especialmente de los más necesitados, de los más pobres, de los más vulnerables, es decir, soñar que el cielo se conquista desde la transformación responsable y armoniosa de este suelo que nos da la vida.

Heliconias pues, es el conjunto de sueños de luchas y proyecciones en pro de la vida, es una filosofía y una espiritualidad de la vida; son los sueños de muchos intrépidos y aguerridos utópicos, y es la esperanza de muchos sufridos, Heliconias es un mundo más humano, más ecológico, Heliconias es un mundo de inspiración.

La misión de Heliconias es ser una instancia de inspiración y trabajar por el desarrollo humano y ecológico; su visión es ser referentes de una cultura humana y ecológica en El Salvador.

El proyecto se sustenta en los siguientes valores: Verdad, Justicia, Solidaridad, Corresponsabilidad e Integralidad.

El proyecto Heliconias busca que los productores (campesinos) eleven su calidad de vida, apunta al desarrollo humano integral y solidario del campesino, para convivir en armonía con la naturaleza “vivir en ella, vivir de ella y convivir con ella”.

Historia de El Habitante

El origen del proyecto Heliconias3

Era la década de los 80, en los primeros años de Universidad, el fundador del proyecto Heliconias (a quien llamaremos El Habitante) tuvo la inquietud de

2 Asociación Socio Ecológica Heliconias, Plan de trabajo. Naturaleza. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias.

3 Barrera Salinas, G.M., Historia del Habitante. Documento inédito. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias. 28.09.2012

conformar un grupo con los más allegados, con el afán de sentar postura en medio de tantas corrientes que pululaban en un ambiente belicoso: corrientes pro guerrilleras, corrientes pro burguesía. Ahí se dio la pregunta existencial del saber estar: Yo, nosotros, ¿con quién nos identificamos?

De esa necesidad de identidad nace el grupo de amigos Neófitos de la verdad, que se reunían en unos condominios cercanos a la Universidad Nacional de El Salvador. En ese contexto nace la pregunta personal: ¿Cómo puedo contribuir yo? Surge la conciencia de la necesidad de identidad personal en contraposición con la corriente dominante de la masificación, perdiendo al individuo.

El afán de identidad, de búsqueda de La Verdad y de ayudar a las masas a construir identidad, el Habitante toma la decisión de emprender un camino de búsqueda de la trascendencia. Su camino intelectual se sumergió en la filosofía ideal platónica y agustiniana, buscando llegar al universal a partir de la instrospección personal.




Fotografía Reynaldo Rivas

Este camino de búsqueda lo lleva a encontrar un espacio, un lugar, donde su espíritu indómito e intrépido encontrara la linfa para su vida. Así, pudo desarrollar su afinidad cercana con la gente, una fuerte empatía con la naturaleza. Las experiencias directas le llevaron a convertir su día laboral en “paseos” entre caminos y montes, riachuelos y vientos. En sus caminos siempre buscaba sumergirse en los riachuelos, que le permitían establecer una fuerte conexión con la trascendencia y a reafirmar la vida.

En esta etapa de experiencia laboral y de empatía con la naturaleza, surge la necesidad de profundizar teóricamente estas experiencias. En eso estaba, cuando, en una mañana en un país de Suramérica hace experiencia de un acontecimiento con la naturaleza que le marcaría la vida, dejando una huella que, más tarde será el impulso de vida.

La experiencia fundante

Era una mañana de verano, cuando salió mochila al hombro, en compañía con otros amigos, cuando de repente una intensa neblina iba oscureciendo su camino. Cada vez era más intensa mientras caminaban, a tal punto que era imposible continuar: la visibilidad era casi nula. Bajaron mochilas y se recostaron, obligadamente, a esperar a que el camino se despejara.

Pasaron entre 20-30 minutos sin poder ver más allá de donde un paso pueda llevarnos cuando, de pronto, en la espera de la luz, comienzan a aparecer en lo alto unos débiles rayos que hacían despuntar las copas de unos frondosos pinos por encima de la densa neblina. De pronto la luz fue aumentando y, con esto, aparecieron más y más verdes y bellos árboles. El espectáculo era increíble: era una lucha intensa entre luz y oscuridad; era la manifestación más preclara de una dialéctica existencial: la luz buscaba penetrar la densa neblina, al inicio débil, luego más intensa. Esta lucha dio como resultado no sólo el descubrimiento de unos bellos árboles, sino que, de pronto aparece, como un milagro de la vida, fruto de esa lucha, una de las flores más bellas jamás vista. Con una presencia imponente y de vívidos colores brillantes que la combinación de luz y neblina hacía más sublime, apareció una hermosa Heliconia. Era la manifestación de vida más clara que la naturaleza le ofrecía. Se trataba de una Heliconia, en una variedad de las caribeas. Su tamaño era de unos cincuenta centímetros, y su belleza apuntaba y conducía hasta el cielo.

Si la intensa neblina no hubiera aparecido, el Habitante jamás hubiera descubierto la belleza profunda que en sí contenía. Del mismo modo, si la luz no hubiera llegado, la belleza no hubiera sido descubierta.

Pero esto no fue todo. Cuando la luz iba ganando terreno, descubrió que, bajo los árboles y la Heliconia, había una verde y suave pradera, en una colina de donde bajaba un cristalino y fresco riachuelo. Pensó: “no soy Adán y no veo por aquí a Eva, pero esto es un paraíso que el Creador me regala”.

Esto dio origen a esta apasionante aventura existencial.




Reynaldo Rivas

Tiempos de crisis y sentido

Tiempo más tarde, tras una intensa jornada en su apasionado mundo en el cual amaba lo que hacía y hacía lo que amaba, en uno de los más peligrosos caminos que transitaba, los frenos del automóvil en que se conducía fallaron, provocándole un sutil pero grave golpe. Debido a su espíritu apasionado y su entrega, no hizo mayor caso del accidente ni de la gravedad del mismo.

La condición médica indicaba dolores que fueron tratados con antiinflamatorios; sin embargo, el problema era mucho más grave: ese accidente le provocó una lesión y trauma craneosefálico que, sumado, a la intensa actividad que mantenía, le llevó a pasar por casi tres años inmóvil y al punto de morir en cada instante. En uno de los momentos más críticos de su condición de salud, entre amigos y parientes que acompañaban su lecho, pensaron que moriría, algo extremadamente misterioso sucedió: no decía palabras, pero de pronto pareció sonreír, mientras delicadamente frotaba sus labios. Todos quedaron impactados en extremo, pues no esperaban otra cosa sino su muerte. Y lo que sucedió fue que dibujó una sonrisa que hacía mucho no dibujaba. Días más tarde el Habitante contaría lo que realmente sucedió.

Por mucho tiempo vivió el asecho y los murmullos de quienes, indiscretamente muchas veces le acompañaban, desencadenando más dolor, el cual llegó al punto de agonía y trance de muerte. Cuando experimentaba ese momento misterioso

y agónico entre el ir y el estar vivió una acción de la Providencia trascendente: aparece en su agónica memoria el espectáculo que años atrás había vivido: la neblina, el sol y la Heliconia. Apareció también en su memoria el refrescante riachuelo y los verdes bosques de los prados y colinas que invitaban e incitaban a la vida. Fue entonces cuando, a manera de arañar existencia, se abrazó a todas esas manifestaciones naturales de vida y los presentes en su lecho, experimentaron su sonrisa. Y es que, para el Habitante, el autofrotar los labios no es otra cosa más que la manifestación de armonía interior y paz y una de las más grandes manifestaciones de autoconquista del ser humano.

No abrió los ojos de inmediato, sino que antes fue imaginando más flores, más árboles y más ríos. Por varias semanas no hacía más que permanecer en este hábitat imaginario, frotando sus labios. A su interpretación no era otra cosa que un regalo de Dios y una invitación a la vida.

Fue un 28 de agosto, día en que se celebra al amigo de sus ideas, Agustín de Hipona, que un bello pájaro llegó a su ventana: era un Torogoz. Extendió sus alas, manifestando su arte en los aires y el esplendor de su belleza, posándose unos metros distantes y retornando a la ventana. El Habitante al ver la acción repetida del Torogoz se preguntó qué querría decirle. La respuesta no tardó en llegar: tenía que volar como el Torogoz. Quiso levitar. El pájaro se movió y el Habitante comprendió que era estúpido tratar de imitarlo. Entonces se dijo “si volar, de mi parte, es estúpido, y volar es superior a caminar, ¿para qué sufro al querer levantarme si ni siquiera quiero volar?”. Fue entonces cuando, por fin, el bello pájaro lo mira, suavemente extiende las alas y alza su vuelo hacia lo alto del cielo. Entonces el Habitante comprendió el verdadero mensaje y el más grande regalo que su vida había recibido: comprendió el sentido… tenía que extender sus alas y volar a la trascendencia, desde la cama debía conquistar lo que no se conquista ni caminando ni volando físicamente. Encontró el verdadero método para compendiar su creer, su pensar y su amar: fue ahí donde encontró su identidad. Gritó de felicidad. Y se dijo: nunca más volveré a llorar, hoy he vuelto a nacer; ha llegado el momento de materializar tantas ideas, de concretar tantos sueños y de vivir tanta vida que queda por derrochar.

La realización del proyecto

La heliconia que en su agonía vio, la hace traer como rizoma, la siembra en una bolsa, y cuando la planta había crecido pidió que la sembraran en tierra, a unos metros de su lecho. El día que la planta floreció, el Habitante se levantó: se arrastró entre el dolor y el llano hasta llegar a abrazarse a ella. Ese día, durmió junto a la planta florecida.

Con los amigos más cercanos, con quienes compartía sueños e ilusiones, comenzaron a sembrar más heliconias en el terreno de la casa, creando un jardín. Familiares y amigos contribuyeron para crear el ambiente que propiciaría el restablecimiento del Habitante. Descubrió que cuantas más Heliconias se sembraban, se producía mayor humedad y el ambiente cambiaba. Así sintió el llamado a restablecer la casa común que el Creador nos ha otorgado.

Este proyecto no fue solo: junto a parientes y amigos cercanos, emprenden la tarea de responder a la llamada de restaurar la naturaleza. Comienzan a multiplicar pequeños oasis en un ambiente árido, convirtiendo las Heliconias en una cultura de vida.

Cuando el Jardín Heliconias se estableció y convertido en el lugar más inspirador, se fueron propiciando las ocasiones de tertulia y diálogo, como en el peripato y el liceo antiguos. El sueño de años atrás de los amigos de Universidad se concretaba después de las luchas en la dialéctica existencial.




Fotografía Reynaldo Rivas

Junto a sus amigos descubre que es imposible restaura la naturaleza si no se restaura el espíritu y conciencia de las personas. Así emprende una intensa labor de incidencia social. Comienzan a conjuntarse sueños de muchos que llegarán hasta donde los sueños de los soñadores terminen y la misericordia del creador nos permitan. Heliconias se vuelve una manera de vivir, una manera de creer, una manera de amar, para todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad.

La filosofía Antropoecológica de Heliconias La crisis ecológica, crisis humana

Pensar al hombre sin naturaleza es un imposible que estamos posibilitando. La globalización del paradigma tecnocrático está ganando espacios no sólo en la vida cotidiana práctica sino también en el pensamiento y las nuevas culturas que van cediendo el paso de los valores que armonizaban la relación del hombre con la naturaleza a prácticas de vida nocivas y destructivas del medioambiente, en detrimento de la persona, a quien terminan deshumanizando.

Si echamos un vistazo a la historia de la cosmología, de Copérnico, Galileo, Kepler a Newton y Laplace, la ciencia revela las figuras, los números y las leyes que instauran el Orden del Universo. La «revolución copernicana», al retirar al hombre su puesto central, redispone el Universo conforme a un Orden cósmico mucho más grandioso que el antiguo. El Universo se convierte en una Máquina perfecta, de impecable armazón matemático, animada por un movimiento perpetuo. Hasta Newton inclusive, Dios permanece a la vez como Creador y Garante de este orden. Después, con Laplace y el Determinismo universal, este Orden se torna autofundador y autosuficiente. Las Leyes del Universo recibieron en herencia la carga de absoluto y de perfección de un Dios en lo sucesivo excluido de la ciencia. Con Einstein el Universo mismo se disuelve en cuanto unidad cósmica para expandirse infinitamente como Espacio/Tiempo, donde van a reinar cuatro leyes soberanas (gravitación, electromagnetismo, interacciones nucleares fuertes, interacciones débiles) que los físicos, conforme a la exhortación de Einstein, se empeñarán en unificar, y esto, en lo que concierne a dos de ellas, con éxito. Así quedaba desencantado el Universo mítico de los Astros-Dioses, luego el del Dios soberano, en beneficio de lo que Goethe, criticando a Newton, llamaba una «ontología gris». Al mismo tiempo, toda la diversidad de las cosas y de las formas de este Universo podía reducirse a la unidad simple del átomo. Pero este mismo desencantamiento encantaba a los científicos, maravillados de revelar, tras las apariencias fenoménicas, la perfección y la simplicidad matemática de un Orden-Rey4. De algún modo, la ciencia terminaba con el encanto de un mundo que tenía las características de ser dado para convertirse en un objeto con valores de intercambio.

El antiguo Cosmos asignaba al hombre su puesto en el Todo y daba un sentido a su vida. El nuevo Cosmos no sólo retira a Dios su gobierno y al hombre su elección, sino que aporta, ante todo, una incertidumbre fundamental sobre el mundo y sobre el hombre.

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4 Morín E., «La relación ántropo-bio-cósmica». Gazeta de Antropología 11 (1995). Recuperado de http://hdl.handle.net/10481/13606




Fotografía Reynaldo Rivas

Cuando el Cosmos se torna extraño, misterioso, gélido en sus espacios, ardiente y explosivo en sus astros, terrorífico en sus agujeros negros que beben su propia luz, asistimos a la resurrección de una Naturaleza orgánica, compleja, matricial, nutricia y placentaria, que envuelve al hombre a la vez que está en su interior. Esta Naturaleza había sido expulsada de la ciencia como fantasía romántica, para dar paso a los terrenos, medios, organismos, genes; sólo permanecía como

«natural» la cruel selección que elimina al débil en beneficio del fuerte.

El paradigma tecnocrático y el paradigma ecológico

El Papa Francisco, en la Carta Encíclica Laudato Si’, afirma que en el origen de muchas dificultades del mundo actual está la tendencia a establecer el paradigma tecnocrático como método de comprensión de la vida5. Tal paradigma sostiene que los problemas ecológicos serán solucionados a partir de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, el poder de la técnica, aprisiona al hombre y lo lleva a usar de ella contra la Naturaleza. Es el poder de la técnica, la tecnocracia como funcionamiento autónomo del plexo de instrumentos, que no reconoce a la persona singular y que lleva a un uso desconsiderado o excesivo de la técnica por parte de la voluntad de poder6.

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5 Cfr. Francisco, Carta Encíclica Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común. Roma 24 de mayo de 2015, nn. 106-110

6 Cfr. Yepes Stork, R., Fundamentos de antropología. Un ideal de la excelencia humana.

EUNSA, España 1997, p. 116

Por su parte, el paradigma ecológico se configura como un modelo de comprensión del ser humano y de su relación con otros seres, de la relación consigo mismo y todo lo que le rodea en armonía7. Reflexiona sobre el dato que – de hecho – los recursos del mundo no son infinitos y que el uso de ellos no debe llevar al abuso8.

La propuesta antropoecológica de Heliconias

El binomio Hombre – Naturaleza hay que entenderlo no desde un dualismo contrapuesto sino desde la armonización9. En efecto, hay una esencia en ellos que les une. Tal esencia que les unifica, que les integra es el ser. El ser que le da sentido a estas realidades es la trascendencia. Y la trascendencia tiene un nombre: es la verdad. La verdad es la esencia de la naturaleza de las cosas. A partir de esto se desprenden los valores de estas dos realidades: el hombre y la naturaleza van logrando su identidad, una identidad gradual. Es tan gradual que van en constante búsqueda de la realización en la verdad, al punto de infinito.

El hombre y la naturaleza se realizan plenificándose en la verdad, en la justicia, en la solidaridad y en la corresponsabilidad individual y colectiva y en la integralidad mutua.

La realización se da en el devenir de las cosas, un devenir orientado al encuentro con la verdad. Cuando se pierde el horizonte de la verdad, el mundo entra en caos. De hecho, el fin del mundo es el rechazo, odio y lucha contra la verdad. Cuando se odia la verdad, entonces se llega a la degradación. El infierno es la contradicción de la verdad, el abrazo de la mentira.

Si hacemos un recorrido histórico, encontramos el conflicto de la corrupción de la verdad. Los valores se invierten y la mentira toma el sitio de la verdad y es entonces cuando la historia comienza a degradarse. Cuando se anteponen los valores de la verdad, entonces se destruye todo.

La persona y la sociedad está fundamentada en los valores de justicia, que nos permite equilibrar tanto los recursos como los comportamientos. Los mismos valores que rigen a la persona y la sociedad, son los mismos que rigen la naturaleza, pues también ella espera de la justicia, solidaridad, corresponsabilidad, integralidad de la persona. Y es precisamente aquí donde la naturaleza, además de ser madre es también maestra: ella es la que vive más armónicamente la verdad, vive naturalmente a perfección la justicia; es la

7 Cfr. Boff, L., Ecologia: Grito da Terra, Grito dos Pobres. Sexante, Rio de Janeiro 2004, 25

8 Cfr. AA.VV., Ecoteología. Un mosaico. San Pablo, Colombia 2016, p. 18

9 Barrera Salinas, G.M., Antropoecología. Documento inédito. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias. 15.06.2017

naturaleza la madre más solidaria y corresponsable. La naturaleza es la primera maestra y madre de la vida. Ella no ha roto con los valores.




Fotografía Reynaldo Rivas

A partir de estos postulados, el proyecto Heliconias busca la restauración de la casa común desde el enfoque de Humanización y Ecología. Conscientes que no es posible una restauración ecológica si antes no se da una restauración humana.

Consideraciones finales

A continuación se ofrecen una serie de consideraciones finales que no pretenden ser exhaustivas sino aproximativas a la proyección de Heliconias:

• El proyecto Heliconias quiere ser un referente ecológico no sólo local sino también nacional. Su apuesta a la antropoecología reviste matices bien propios que buscan la armonización del hombre con la naturaleza. De ahí que los contenidos formativos con los que trabajan son humanizantes y ecologizadores. Metodológicamente, Heliconias se desarrolla en tres momentos formativos: Formación, Vivencia/ Interiorización, Transformación.

• La Escuela de Pensamiento Heliconias busca forjar reflexiones de orden especulativo y práctico en pro de la transformación. Para ello, cultivan la filosofía y espiritualidad propia de una visión de armonía con la naturaleza y trascendencia hacia el infinito.

• La crisis ecológica hunde sus raíces en una crisis humana. Conscientes de ello, Heliconias busca la transformación social teniendo como base las nuevas generaciones. Para tal efecto, el proyecto cuenta un área de deporte y recreación (ecorutas, ciclismo, balonmano, etc.) dirigida a niños, adolescentes y jóvenes. Siempre bajo el paradigma antropoecológico.

• El proyecto se expande en el territorio nacional. Cuenta ya con proyectos de restauración en Cabañas, San Vicente, La Unión. Con Heliconias se están restaurando ecosistemas que se estaban desertificando.

• La reconstrucción de una mejor sociedad pasa por una transformación de la cultura. Por eso, Heliconias también le apuesta a la formación cultural, antropológico e histórico de los miembros y de aquellos que le visitan.

• Para asegurar su autosostenibilidad, el Proyecto Heliconias impulsa el Eco Turismo y, próximamente, abrirá la Ruta Heliconias. Además, busca posicionar las exquisitas y tropicales flores en el mercado, de modo que los productores (campesinos) puedan ser remunerados. Esto lo hace bajo el enfoque de la sexta industria, por lo cual, el productor lleva su producto directamente al consumidor.

«Heliconias es, en definitiva, una manera de vivir, de pensar, de creer y de amar. Es un mundo de inspiración» (El Habitante)

Material suplementario
Referencias
AA.VV., 2016. Ecoteología. Un mosaico. San Pablo, Colombia, p. 18 Asociación Socio Ecológica Heliconias, Plan de trabajo. Naturaleza. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias.
Barrera Salinas, G.M., 28.09.2012. Historia del Habitante. Documento inédito. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias.
Barrera Salinas, G.M., 15.06.2017. Antropoecología. Documento inédito. Archivo de la escuela de pensamiento Heliconias.
Boff, L., 2004. Ecologia: Grito da Terra, Grito dos Pobres. Sexante, Rio de Janeiro Francisco, PP., 24 de mayo de 2015. Carta Encíclica Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común. Roma.
Heliconias. Llamaradas de la selva colombiana. Guía de campo. Cristina Uribe Editores, Colombia.
Heliconias. Llamaradas de la selva colombiana. Guía de campo. Cristina Uribe Editores, Colombia.
Heliconias. Llamaradas de la selva colombiana. Guía de campo. Cristina Uribe Editores, Colombia.
«La relación ántropo-bio-cósmica». Gazeta de Antropología 11. Recuperado de http://hdl.handle.net/10481/13606
1997. Fundamentos de antropología. Un ideal de la excelencia humana. EUNSA, España.
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