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Visiones distintas de la relación humano-animales de granja
Analéctica, vol.. 8, núm. 50, 2022
Arkho Ediciones

Analéctica
Arkho Ediciones, Argentina
ISSN-e: 2591-5894
Periodicidad: Bimestral
vol. 8, núm. 50, 2022

Recepción: 01 Junio 2021

Aprobación: 01 Diciembre 2021

Resumen: La realidad en cuanto a la producción de alimentos de origen animal ha rebasado nuestra concepción de las enfermedades de origen zoonótico. La pandemia actual es muestra de ello. Los millones de fallecimientos humanos por el virus SARS-CoV-2 alertan sobre los peligros que corre la humanidad por las prácticas pecuarias actuales. ¿Qué se está haciendo con los animales que consume el ser humano?, ¿cuáles son las prácticas arraigadas que ponen en riesgo a las distintas especies de animales?, ¿es posible reconfigurar la visión del humano dentro de un ecosistema del que se considera dueño?, ¿cómo trasladar a la realidad una visión que mejore la relación humano-animales de producción? Este texto tiene como objetivo exponer y analizar algunas de las respuestas a estas preguntas.

Abstract: The reality regarding the production of food of animal origin has exceeded our conception of diseases of zoonotic origin. The current pandemic is proof of this. The millions of human deaths from the SARS-CoV-2 virus warn of the dangers that humanity faces due to current livestock practices. What is being done with the animals that humans consume? What are the entrenched practices that put the different animal species at risk? Is it possible to reconfigure the human vision within an ecosystem that is considered owner ?, how to translate into reality a vision that improves the relationship between humans and production animals? This text aims to expose and analyze some of the answers to these questions.

Keywords: Intensive livestock production, farm animals, animal instrumental logic.

Introducción

Uno de los temas más controversiales y preocupantes sobre la relación humano- animales no humanos (animales de ahora en adelante) es el referente a la producción de la industria pecuaria. Actualmente, la mayor parte de la producción de animales para consumo humano se lleva a cabo en el modo intensivo, es decir, aquel donde los animales se encuentran estabulados, en instalaciones industriales donde consumen alimentos enriquecidos, con grandes requerimientos de mano de obra y tecnología, y donde se encuentran aglutinados con la finalidad de aumentar la producción de carne en el menor tiempo posible.

Si bien es cierto que los sistemas pecuarios de producción intensiva son más eficientes en términos económicos que los de producción a libre pastoreo debido a las mejores tasas de productividad y reproducción, también lo es que muchas veces encubren problemas de bienestar animal que implican la falta de expresar su comportamiento natural, la poca disponibilidad de espacio, la nula interacción con otros miembros de su especie, así como actitudes agresivas por parte de los operarios en toda la cadena del proceso productivo: crianza, transporte y matanza.

La producción intensiva ha generado polémica desde distintas áreas del conocimiento, tales como la Ética, el Derecho, la Ciencia del Bienestar Animal, las Ciencias Medio Ambientales y de la Sostenibilidad, la Alimentación Humana, la Veterinaria y la Economía. Las críticas varían y esto se evidencia en los valores que cada una privilegia y en la forma como observan a los animales de producción. En algunas el enfoque es claramente antropocéntrico, mientras que en otras se argumenta a favor del bienestar animal, su protección o el cuidado del medio ambiente.

Las distintas disciplinas y sus visiones

A través de una revisión de la literatura, se puede decir que la forma en como se observa a los animales de producción varía pues el objeto de estudio también lo hace. Las prioridades en cada disciplina son claramente distintas y de ellas dependen la importancia que se le da a la relación humano- animales y los valores y responsabilidades que el ser humano se propone ante ellos.

La literatura sobre producción animal desde la Economía y la Alimentación Humana, por ejemplo, aborda el tema desde una visión instrumental, donde los animales son medios para lograr el beneficio humano de la eficiencia productiva y la salud humana a través de la ingesta de alimentos de origen animal. Por su parte, la Ética, el Derecho y la Ciencia del Bienestar Animal se pueden catalogar como literatura con fines éticos, pues están centradas en los animales como seres con capacidad de sentir y en buscar la manera en que puedan ser sujetos de consideración moral, así como el análisis de las condiciones necesarias para garantizar su bienestar. Estas distintas disciplinas tienen como objetivos generar una condición de justicia suprema, ver el sufrimiento como intolerable para sociedades civilizadas, analizar el camino jurídico para incorporar la protección de los animales en la legislación y especificar las condiciones que les producen estrés para tratar de evitarlas.

Finalmente, también se pueden encontrar disciplinas ambivalentes, es decir, que abarcan algunas veces fines instrumentales y, otras, fines éticos. La Veterinaria y las Ciencias Medio Ambientales y de la Sostenibilidad se encuentran en este rubro. La producción literaria de la Veterinaria tiene como objetivo aportar conocimiento para la salud animal pero también a la humana y contribuir al mejoramiento de las actividades agropecuarias. Las Ciencias Medio Ambientales y de la Sostenibilidad, por su parte, se enfocan en la conservación de las especies silvestres y en el análisis del impacto que tiene la ganadería industrial en el medio ambiente, pero también lo hacen en el desarrollo económico, en la equidad social que genera esta actividad productiva y en no comprometer los recursos de generaciones humanas futuras.

Desde el punto de vista económico, los animales de granja pueden considerarse como una forma de capital, ya sea como capital de trabajo (vacas lecheras, gallinas ponedoras), productos en curso (cerdos y pollos en engorda), o capital de inversión (cría de toros o pie de cría) (McInerney, 2004). El esquema desde la visión económica es rotundamente antropocéntrico: sólo los humanos tienen estatus moral y los animales de producción juegan el papel de instrumentos para satisfacción de necesidades humanas y su protección tiene como límite el punto donde le beneficia de manera económica al ser humano.

Desde la ética, para algunos, la expresión “humanos y animales” es un error en donde el ser humano intenta sobresalir como especie (Wolf, 2014). Para Mèlich (2010), no es la razón lo que debe importar al ser humano para considerar a otros como sujetos morales, tal como opinaba Descartes, sino la capacidad de sufrir: “todo el mundo sufre, ha sufrido y sufrirá, ineludiblemente. Además, la experiencia del sufrimiento nos libera del antropocentrismo. No solamente sufrimos los humanos, también los otros seres vivos” (Mèlich, 2010). Para este autor, “no hay ética porque sepamos qué es el bien, sino porque hemos vivido y hemos sido testigos de la experiencia del mal” (Mèlich, 2010).

El zoocentrismo, el biocentrismo y el ecocentrismo son filosofías que desafían el pensamiento antropocéntrico, donde solamente el ser humano es sujeto de consideración moral, y proponen hacer una extensión hacia los animales, los seres vivos y los ecosistemas, respectivamente (Riechmann, 2000). Así, se observa una evolución en las visiones filosóficas que intentan reconocer el valor, primero entre seres humanos, luego distintos seres vivientes, hasta llegar a los elementos que existen en los ecosistemas.

Una línea filosófica que se ha bifurcado y que llama la atención son los ecofeminismos, los cuales son una propuesta para combatir la dominación contra la mujer y la naturaleza, uniendo las visiones del feminismo y la ecología (Sagols, 2018). Los ecofeminismos argumentan, en general, que hay una dominación patriarcal hacia la mujer y la naturaleza; entre el consumo sexual y el consumo de carne; entre la alimentación y la diversión. Aunque hay autores que proponen el vegetarianismo como medio para terminar con la explotación universal, hay algunas posturas menos radicales que argumentan la necesidad de analizar el contexto cultural, pues existen sociedades que piden perdón a los animales por matarlos y hacer uso de su energía, o que les hacen saber antes de darles muerte que los humanos somos sus hermanos y que también morirán para ser comida de otras especies (Sagols, 2018). Una de las críticas, a partir de este contexto, es la anulación de los animales en la producción industrial actual, donde los habitantes de las sociedades occidentales no ven ningún ser en la comida que consumen: se ha perdido la noción de que ello, algunas horas antes, fue un ser con miedos y expresiones de sufrimiento.

Hay temas que preocupan tanto a los conservacionistas como a los estudiosos del bienestar animal, tal como la degradación del medio ambiente que causa el humano y que está motivando la crisis de extinciones masivas de animales pues también se está causando sufrimiento, miedo, lesiones, traumas y muertes en los animales silvestres (Paquet y Darimont, 2010). Así, se tiene que las actividades pecuarias comprometen el bienestar de los animales de abasto, pero de manera indirecta e importante también lo hacen con especies silvestres debido al cambio de uso de suelo que es necesario para la producción de animales. La conversión de hábitat silvestre a pecuario, entonces, ha propiciado la interacción entre animales domésticos y silvestres y el problema de transmisión de enfermedades entre ellos, así como el envenenamiento de algunas especies debido al uso de agroquímicos para el control de plagas.

En general, la producción pecuaria ha alterado los ecosistemas debido a su alta demanda de distintos recursos, tales como tierra y agua necesarios para la producción, así como por la emisión de gases de efecto invernadero (GEIs) que genera. Solamente el 3% del agua del planeta es potable (Stockholm International Water Institute, 2021) y el 70% de ella se utiliza para la agricultura (Banco Mundial, 2021). Particularmente, la producción de animales requiere del 8% del agua potable mundial (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 2012) y, aunque el consumo de cárnicos únicamente constituye el 15% de la dieta promedio de los seres humanos, el 80% de la tierra agrícola es utilizada para producir forrajes para los animales de la industria pecuaria (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO], 2006a). Además, se estima que para abastecer a la población mundial para el 2050, la producción agrícola tendrá que incrementar un 70% de manera global y en específico, en 100% en los países en vías de desarrollo (Fischer et al., 2012), lo cual involucra un aumento del uso del agua entre un 35% y 60% para 2025 y del 100% para 2050 (Foresight, 2011).

En cuanto a la emisión de GEIs, el sector ganadero contribuye de manera importante respecto del total de emisiones que generan las actividades del ser humano. El sector pecuario es responsable del 9% de la emisión de este tipo de gases a la atmósfera (FAO, 2006b). El ganado vacuno representa el 62% de las emisiones del sector, seguido de los cerdos y posteriormente las aves de corral (FAO, 2021).

La dependencia del ser humano hacia los animales de producción

¿Qué pasa cuando la visión instrumental de los animales enfrenta al ser humano ante una situación como la que se está viviendo actualmente por la pandemia derivada de la propagación del virus SARS-CoV-2? La amenaza de nuevas enfermedades virales de origen zoonótico ha incrementado debido a la globalización del comercio y del transporte humano, al cambio climático, a la explosión de la población, al cambio en los hábitos de los seres humanos, así como a la ganadería intensiva (Bonilla-Aldana et al., 2020). Sin duda, la intensificación de la agricultura y los métodos industriales de producción animal han facilitado un acercamiento entre animales tanto domésticos como silvestres, lo cual también ha incrementado el riesgo de transmisión de enfermedades entre las interfaces animal-humano-ecosistema y se están creando nuevas condiciones donde las enfermedades pueden esparcirse tanto geográficamente como entre especies (Lee y Brumme, 2013). Entonces, en el mundo globalizado actual, el ser humano no sólo se ha vuelto dependiente económicamente, sino también más vulnerable a la transmisión de enfermedades.

Un tema relevante que ha sido objeto de críticas en cuanto a la relación humano- animales de producción es el referente a los antibióticos administrados en ellos. Estos se utilizan para el tratamiento de enfermedades bacterianas y su prevención, pero también se administran como promotores del crecimiento y para evitar las enfermedades que genera el confinamiento dentro de las granjas industriales. Por ejemplo, el 70% de los antibióticos utilizados en Estados Unidos son administrados en los animales de granja (Stathopoulos, 2010). El problema de administrar medicamentos rutinariamente a los animales es que incrementa el nivel de tolerancia de las bacterias, y una vez que éstas se vuelven resistentes, el ser humano se ve obligado a encontrar nuevos tratamientos para atacarlas (Stathopoulos, 2010).

Ante lo anterior, la Organización Mundial de la Salud ha recomendado restringir los fármacos que estimulan el crecimiento y previenen enfermedades sin un diagnóstico previo, de tal manera que se evite la resistencia de las bacterias en los seres humanos (Organización Mundial de la Salud, 2017). De continuar con estas prácticas, se ha advertido que enfermedades que hoy son fácilmente curables, en un futuro podrían ser letales derivado de la resistencia a los medicamentos que son administrados en los animales que se consumen como alimento.

El vínculo entre humanos y animales de producción es evidente. El ser humano genera su energía a través de lo que come, además de que la comida tiene una importancia cultural relevante. Se puede decir que, aunque los animales de granja son un “otro”, al mismo tiempo son un “mismo” con el humano: alteridad-mismidad a la vez. Si se observa la unión, ¿por qué seguir con el esquema actual de producción? La alimentación y la salud humana son la línea dominante en las políticas públicas sobre producción pecuaria a nivel internacional. La argumentación del presupuesto público destinado al sector está basada, principalmente, en temas de seguridad alimentaria y de crecimiento económico. Si por antonomasia, el éxito o fracaso de un gobierno se refleja en el aumento sostenido de su producción total anual, PIB (Producto Interno Bruto), entonces el ser humano está destinado a seguir relegando a un papel secundario cualquier intento por mejorar su relación con los animales criados bajo la producción intensiva.

En resumen, en este texto se propone que es importante entender qué perspectiva de los animales tiene cada disciplina. De manera general, se distinguen tres tipologías en la literatura de acuerdo con la forma en como representan a los animales: la literatura con fines instrumentales (Economía y Alimentación Humana), literatura con fines éticos donde el centro de estudio son los animales (Ética, Derecho y Bienestar Animal) y la literatura con fines ambivalentes, donde se estudia a los animales, los ecosistemas, pero también se analiza el bienestar humano (Veterinaria y las Ciencias Medio Ambientales y de la Sostenibilidad).

Por lo tanto, la importancia de distinguir las diferencias en la concepción de la relación humano-animales resulta indispensable para poder dialogar y generar acuerdos de política pública donde se escuchen los argumentos e intereses de todas las disciplinas en una sociedad democrática. Solamente entendiendo la posición desde la que habla el otro y analizando que se está en planos distintos de discusión es que se pueden confrontar los diversos problemas públicos y llegar a acuerdos sobre la forma de modificar nuestra relación con los animales de producción.

La disyuntiva y una propuesta de conexión

Con lo anterior, surge una pregunta: ¿Qué importa más, el bienestar animal, el del ecosistema o la productividad que impulsa el bienestar humano? La respuesta no es sencilla. Evidencia una tensión entre disciplinas y valores defendidos. Implica intereses y visiones del mundo que difieren, en algunos casos, radicalmente.

Con la intención de reconocer que existe una liga íntima entre la salud animal y la del ser humano, desde comienzos de los años 2000 se introdujo en la literatura el concepto One Health (Una Salud) (Bonilla-Aldana et al., 2020) el cual reconoce la interrelación entre animales, humanos y medio ambiente y promueve la colaboración disciplinaria para incrementar la salud tanto de los humanos como de los animales, incluyendo animales de compañía, pecuarios y silvestres (El Zowalaty y Järhult, 2020). Asimismo, como una extensión de este enfoque, se ha creado el concepto llamado One Welfare (Un Bienestar). Esta iniciativa promueve la conexión entre la ciencia y las políticas públicas relacionadas con el bienestar humano, la seguridad alimentaria, la productividad del sector pecuario y la conservación del medio ambiente, junto con el bienestar de los animales (García-Pinillos et al., 2016). Con lo anterior, se persigue tener un enfoque integral en el tema de la producción pecuaria, donde no sólo la alimentación y la salud humana son importantes, sino también el bienestar de los animales y el cuidado del medio ambiente.

La propuesta de One Welfare representa una oportunidad de conexión entre todas las disciplinas, pues parte del hecho de que, para velar por el bienestar humano, es necesario reconocer la importancia de cuidar el bienestar de los animales con los que se relaciona, así como del medio ambiente en el que vive. Es decir, este enfoque acepta que velar por el bienestar de los animales de producción es indispensable por razones éticas, pero también por consideraciones de aumento de productividad y mejor calidad en la carne que consume el ser humano. De igual manera, considera que un trato digno hacia los animales es importante si se quieren sociedades menos violentas donde el ser humano no abuse de otros humanos que son más indefensos. Además, One Welfare argumenta que para asegurar la continuidad de la producción pecuaria es necesario preocuparse por la conservación de la tierra, el agua, el aire y otros recursos naturales donde se desarrolla la producción. El enfoque es claro: todos los valores y argumentos de las distintas disciplinas son válidos e igual de importantes y, encima de todo, son interdependientes.

Así, entender la conexión de todos los seres y el ambiente, no importando lo que el humano privilegie, es indispensable para dar continuidad a nuestra existencia en este planeta. Sin duda, la incorporación y estudio de este concepto en las distintas disciplinas y en el debate público puede mejorar la colaboración entre valores contrapuestos.

El reto para mejorar la relación humano- animales de granja no es sencillo. Conciliar visiones distintas que han sido defendidas de manera aislada por décadas requiere contrastar los argumentos de expertos de las distintas disciplinas y también de los intereses de los actores políticos en turno encargados de tomar decisiones de afectación pública. Probablemente la tensión entre las distintas visiones nunca se elimine, pero el cuestionamiento sobre el uso de los recursos del Estado para reformar e implementar prácticas relacionadas con este tema llegará a las mesas de diálogo públicas por la velocidad a la que se están deteriorando los ecosistemas y su impacto económico cada vez más grande en los presupuestos gubernamentales asignados tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo y, entonces sí, no habrá más remedio que cuestionarse y actuar en las prácticas de producción y de consumo animal actual.

Referencias

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El Zowalaty, M. y Järhult, J. (2020). From SARS to COVID-19: A previously unknown SARS- related coronavirus (SARS-CoV-2) of pandemic potential infecting humans- Call for a One Health approach. One Health, 9: 1-6.

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