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La izquierda chilena como política de contención
Analéctica, vol.. 6, núm. 39, 2020
Arkho Ediciones

Analéctica
Arkho Ediciones, Argentina
ISSN-e: 2591-5894
Periodicidad: Bimestral
vol. 6, núm. 39, 2020

Recepción: 07 Enero 2020

Aprobación: 18 Febrero 2020

Resumen: Posterior a la Segunda Guerra Mundial, llegaría un periodo denominado “Guerra Fría”. Caracterizado por la polarización dual del mundo, las ideologías determinarían el rumbo de las relaciones internacionales y, por lo tanto, del planeta. Dos bloques hegemónicos se alzaban rápidamente: el bloque capitalista liderado por Estados Unidos y el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética. Conforme a sus ideales e intereses, los demás países debían alinearse a una de las dos potencias. De igual forma, estos dos países líderes iban creando alianzas, motivando a las naciones a que se unieran a la causa y adquiriendo cada vez más partidarios.

Palabras clave: Chile, izquierda, contención.

Abstract: After the Second World War, a period called "Cold War" would arrive. Characterized by the dual polarization of the world, ideologies would determine the course of international relations and, therefore, of the planet. Two hegemonic blocs were rising rapidly: the capitalist bloc led by the United States and the socialist bloc led by the Soviet Union. In accordance with their ideals and interests, the other countries had to align themselves with one of the two powers. In the same way, these two leading countries were creating alliances, motivating the nations to join the cause and acquiring more and more supporters.

Keywords: Chile, left, containment.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, llegaría un periodo denominado “Guerra Fría”. Caracterizado por la polarización dual del mundo, las ideologías determinarían el rumbo de las relaciones internacionales y, por lo tanto, del planeta. Dos bloques hegemónicos se alzaban rápidamente: el bloque capitalista liderado por Estados Unidos y el bloque socialista encabezado por la Unión Soviética. Conforme a sus ideales e intereses, los demás países debían alinearse a una de las dos potencias. De igual forma, estos dos países líderes iban creando alianzas, motivando a las naciones a que se unieran a la causa y adquiriendo cada vez más partidarios.

Los bloques ponían en práctica diferentes estrategias para la consolidación de frentes que fueran poco a poco más poderosos. Debido a la influencia de la geopolítica en las decisiones de cada país, en esta etapa de la historia, la geoestrategia adquiere un rol fundamental para la persistencia de cada bando, pues a pesar de las alianzas de manera geográfica, es decir, con los países que eran vecinos, las potencias tenían que idear tácticas para aliarse con Estados con sus mismos ideales, pero lejos geográficamente.

Tal es el caso de la Unión Soviética con Cuba, el bloque socialista ya había anunciado su apoyo a los Estados que lucharan por la implementación del socialismo, y que, por consecuencia, contribuyeran a la desestabilización del líder opuesto: Estados Unidos. La URSS generó algún tipo de influencia a través de la Dirección General de Inteligencia Cubana (Jara, 2001), ofreciendo asesoría militar a los castristas y protección militar al país Cubano, que gracias a esto se sentía libre de esparcir sus ideales por el continente americano ya que tenía de su lado a la superpotencia soviética. Con ello, la Guerra Fría se instaló de modo tan inesperado como abrupto entre Estados Unidos y una de las repúblicas de América Latina (Segovia, 2014).

Cuba se encontraba en la zona de influencia de Estados Unidos, por lo tanto, se presentaba como una amenaza creciente para el capitalismo. El poderío militar soviético se hizo presente con la implementación de misiles en territorio cubano, el cual causo una crisis entre las dos superpotencias. A punto de que los Estados Unidos atacaran a Cuba, los bloques llegaron a un acuerdo, que consistía en el alejamiento de la Unión Soviética de la región (Segovia, 2014) . Sin embargo, los soviéticos siguieron apoyando a Cuba de manera económica y militar, en vista de que éste resultaba ser un jugador geoestratégico fundamental para ganar terreno en América Latina, en donde la Unión Soviética ya no podía intervenir directamente.

Es así como Cuba, mediante el apoyo e inspiración que le brindaba la URSS, empieza a difundir su propia versión del socialismo hacia las demás naciones latinoamericanas. Los cubanos esparcieron sus ideas revolucionarias con el afán de consolidar un bloque socialista latinoamericano que pudiera hacer frente al capitalismo que invadía la región. Estados Unidos empezaría a preocuparse por el nuevo objetivo cubano. Gracias a la oleada socialista que Cuba había iniciado en América Latina, la vertiente izquierdista latinoamericana (Segovia, 2014), encontraba en el modelo cubano un ejemplo a seguir, un aire de esperanza para iniciar sus propias revoluciones.

La difusión del socialismo cubano, que tenía como premisa la revolución armada, tendría en Chile un impacto de suma importancia. Una nueva alternativa de izquierda que consistía en los métodos armados para la eliminación del “Estado actual”, la implantación de un Estado Socialista y la asunción de un gobierno obrero que permitiera un cambio social (Jara, 2001) motivaba a los jóvenes izquierdistas chilenos a cuestionarse acerca de la “izquierda tradicional” que planeaba ejercer el poder por medios pacíficos. De tal forma, que empezarían a manifestarse movimientos universitarios en pro de la “nueva izquierda” (Jara, 2001).

La nueva izquierda llegaría a oídos del Partido Socialista, la juventud del partido empezó a dudar si la vía tradicional era la indicada, algunos jóvenes decidieron separarse de tal manera que el surgimiento de un nuevo movimiento tendría pie en Chile (Jara, 2001).

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) nace en 1965 conformado por trotskistas, disidentes comunistas y socialistas (Palieraki, 2014). En su fundación, se siente el peso de la coyuntura internacional, la internacionalización de la política, el conflicto chino-soviético y la ya antes nombrada Revolución Cubana (Palieraki, 2014). Estos dieron indicios para finalmente escribir documentos fundacionales en los cuales se expresarían sus deseos e ideales y hacia dónde se conduciría el movimiento.

La ultra izquierda chilena tenía su objetivo claramente definido: una revolución por medio del uso de la fuerza. Mientras que el Partido Comunista chileno tendría como premisa la vía pacífica mediante mecanismos lícitos que los llevaran al poder. El MIR, realizaba una fuerte crítica al otro lado de la izquierda, pues es en ese momento cuando la izquierda chilena se divide en dos, la vía pacífica o la vía armada.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria tuvo un impacto en Chile debido a la nueva forma de querer llegar al tan deseado mandato. La vía armada impactaría en toda Latinoamérica, impulsando y facilitando la aparición de grupos revolucionarios (Jara, 2001), al igual que en la visión estadounidense, que ahora debía de preocuparse por un nuevo actor que estaba dispuesto a derramar la sangre necesaria para derrotar el objetivo de los Estados Unidos.

De tal forma era la influencia del MIR, que se empezarían una serie de críticas y quejas hacia el régimen en turno, el gobierno Demócrata Cristiano de Eduardo Frei Montalva. (Jara, 2001). Desde inicios de los años sesenta, Estados Unidos iniciaría en América Latina, como también en Chile, acciones que pudieran frenar esa ola socialista en la cual Cuba había sido partícipe y fundadora (Jara, 2001).

Estas acciones estaban fundamentadas en la política de contención implementada por George F. Kennan desde inicios de la Guerra Fría, que tenía como principal tarea la eliminación de la influencia soviética en la región latinoamericana. Esta era la mayor geoestrategia que Estados Unidos había desplegado en sus áreas “vitales” definidas así por el hecho de que eran las que estaban en riesgo de afectar los intereses vitales de los Estados Unidos (Otero, 2014).

En Chile, la política de contención estadounidense se vio reflejada en la llamada “Alianza para el Progreso” que consistía en la implementación de programas de apoyo económico, que contaban con una argumentación que tocaba transversalmente importantes problemas, como eran la pobreza, la corrupción, la pésima distribución de la propiedad agrícola, entre otros (Jara, 2001). Para la potencia estadounidense, que hubiera menos pobreza en el país significaba menor índice de inconformidad, que, en consecuencia, evitaría las revoluciones de izquierda.

Es justamente en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, donde se acogería más esta Alianza para el Progreso. El presidente Montalva aceptaría todos los principios y apoyos económicos que vinieran de Estados Unidos (Jara, 2001). Esto se debía a que la campaña electoral de Montalva había sido financiada por los Estados Unidos, quienes creían que en él encontraban la respuesta hacia el freno de la expansión socialista en Chile. La contienda electoral estuvo marcada por una campaña del terror en contra de Salvador Allende, ya que se expresaba que la elección de tal personaje, llevaría a una dictadura de la cual no se podría salir (Segovia, 2014)

Además de la Alianza para el Progreso y el apoyo electoral a Eduardo Frei Montalva, Estados Unidos en 1952 había firmado con Chile un denominado “Pacto Ayuda Militar” (PAM) a partir de este, en 1960, llegaría al ejercito del país un adoctrinamiento e influencias ideológicas estadounidenses que les manifestarían cómo comportarse con el “enemigo”, los movimientos y partidos de izquierda socialista, y cómo y a través de qué controlarlo (Jara, 2001). Tal instrucción dio pauta para el comportamiento del ejército en la era bipolar chilena, quienes ahora, percibían a las personas afines al socialismo como meramente adversarios de la causa.

Gracias a este pacto militar, el ejército chileno toma como suya la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, que tenía como objetivos, conquistar territorios en los que se podría realizar una integración política, desacreditar al enemigo a cualquier precio e infundir el pensamiento político estadounidense a la población vulnerable que tendría condiciones favorables para la acción contraria (Rivera, 2002). En Chile, el problema se redujo a una cuestión interna, la insurgencia estaba caracterizada por ser la forma socialista de llegar al poder y la contrainsurgencia sería el ejército y las tácticas implementadas para disolver esta forma socialista (Jara, 2001).

Todas estas herramientas geopolíticas estadounidenses llevaron a Montalva al poder. De ahí las críticas por parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y de los demás partidos de izquierda hacia al régimen establecido. Según estos, Montalva era únicamente un títere de la superpotencia estadounidense, quien a favor del capitalismo y de sus propios intereses lograba esparcir el odio que Estados Unidos tanto propiciaba.

Con Eduardo Frei Montalva en el poder, los estadounidenses pensaban tener cubierta esa zona, éste les respondía satisfactoriamente a sus demandas y con un gobierno capitalista y de derecha en el mando, se aseguraban de que no existiera una “segunda revolución cubana” en América Latina que pudiera atentar en contra de sus intereses. Teniendo a un país de tanta relevancia como Chile, de su lado, los Estados Unidos se sentían con menos preocupación, sentían que ya no habría “amenaza” socialista.

Sin embargo, al finalizar el periodo de Montalva, en 1970, las elecciones daban un giro que los Estados Unidos no esperaban. El candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, que era de vertiente socialista, se encontraba con mayor índice de aceptación, ante el candidato de los Estados Unidos Jorge Alessandri. Los Estados Unidos intentaron intervenir en la decisión del pueblo, no obstante, fue imposible para ellos ya que el nivel de aprobación hacia el candidato Allende era sumamente alto.

Salvador Allende llegaría así a la presidencia de Chile en 1970 demostrando que se podía vencer la influencia estadounidense y hacer valer la opinión del pueblo. Allende había ideado ya una “vía chilena al socialismo”, al contrario que el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, éste era del lado de la izquierda que buscaba el cambio de manera pacífica. Lo describía como un proceso de transición del capitalismo al socialismo, esta vía tendría conceptos clave para su acción: democracia, pluralismo y libertad (Henríquez, 2008).

La vía chilena al socialismo consistía en:

el relevo en el poder de la oligarquía por el pueblo, el desplazamiento de la hegemonía de la burguesía por la de la clase trabajadora, la construcción de una nueva economía predominantemente socializada y planificada, todo lo cual se haría de modo pacífico y en el marco del Estado de Derecho, garantizando el respeto a las prácticas democráticas, el pluralismo político y las libertades ciudadanas (Segovia, 2014).

Al ser de ideología socialista, Allende aún creía que se necesitaba una revolución, pero no una de manera violenta usando las armas. Su objetivo era una revolución explicada como un cambio drástico en la economía chilena y en la estructura de la sociedad, que a la vez respetara las instituciones democráticas ya establecidas sin necesidad de suprimirlas, sino más bien trabajando en conjunto con ellas. Su vía al socialismo fue significativa para la historia de las revoluciones socialistas, pues las anteriores no habían sido de manera pacífica y ésta, en contra de todo pronóstico logró vencer al sistema capitalista (Segovia, 2014)

La parte del movimiento comunista internacional que velaba por la vía pacífica, encontraba en la revolución de Allende, la comprobación de sus tesis en las que expresaban que se podía transitar del capitalismo al socialismo de manera armoniosa en países democráticos. De igual forma, las vertientes izquierdistas socialistas y comunistas de Europa Occidental, quienes consideraban que no se podía realizar una relación entre el socialismo y la democracia, hallaron en la vía chilena un aire de esperanza e inspiración (Segovia, 2014)

El mandato de Allende tuvo que luchar inclusive desde las elecciones, contra la intervención estadounidense. Los Estados Unidos planearon una confabulación político-militar en contra de la administración, que tendría como finalidad derrumbarla mediante un golpe de Estado. Todo esto por la idea de que la llegada de la izquierda a Chile era una amenaza para sus intereses geoestratégicos globales (Segovia, 2014)

Es así como la vía chilena al socialismo y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) lograron mediante sus acciones aplicar una política de contención, política creada e ideada por Estados Unidos. Sin embargo, estos movimientos de izquierda consiguieron darle su propio giro. En lugar de aplicar medidas para contrarrestar la ideología socialista, lograron contener la influencia capitalista de los Estados Unidos.

A pesar de la indiferencia entre la vía pacífica de Salvador Allende y la vía armada del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, estos tenían como fin común una revolución social que buscara la igualdad para todos y la eliminación del capitalismo. Cada uno contribuyó desde su posición a la creación de una política de contención en contra de Estados Unidos.

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) aportó creando un impacto en las decisiones estadounidenses debido a su entusiasmo y al objetivo del movimiento: una revolución armada dispuesta a luchar sin excepciones. Era una amenaza a la geoestrategia de los Estados Unidos que pensaba tener muy fácilmente a América Latina de su lado. Tras ser un movimiento que aceptaba el uso de las armas, el bloque capitalista no tenía la opción de llegar sencillamente a un acuerdo, ni al diálogo, de haberse usado literalmente las armas, Estados Unidos habría tenido que usar sus recursos armamentísticos en un lugar donde inicialmente no estaba planeado, ni era necesario.

Por su parte, la vía chilena al socialismo de Allende, es el claro ejemplo de la posibilidad de poder vencer al régimen capitalista y de poder implementar un modelo socialista de manera democrática. Que Salvador Allende llegara al poder de manera lícita y por elección del pueblo, demostraba al bloque capitalista, que precisamente el capitalismo no era la única ni la mejor opción. El Chile Allendista es el modelo adecuado para representar una política de contención izquierdista.

Referencias

Henríquez, A. (2008) La vía chilena hacia el socialismo: Análisis de los planteamientos teóricos esbozados por los líderes de la Unidad Popular. Pléyade.

Jara, I. M. (2001) Bipolaridad en Chile 1960-1973. Revista Austral de Ciencias Sociales , 39-50.

Otero, M. B. (2014) La Doctrina de Contención de los Estados Unidos . Letras Internacionales.

Palieraki, E. (2014) ¿Bajo el signo de Fidel? La Revolución Cubana y la Nueva Izquierda Revolucionaria Chile en los años 1960. En A. R. Tanya Harmer, Chile y la Guerra Fría Global (págs. 155-191). Santiago: IRL editores.

Rivera, É. (2002) Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Convergencia, 11-39.

Segovia, A. R. (2014) La Guerra Fría en Chile: los intrincados nexos entre lo nacional y lo global . En A. R. Tanya Harmer, Chile y la Guerra Fría Global (págs. 11-43). Santiago: RIL editores.



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