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El hombre y su sentido trascendental desde el existencialismo de Luis Felipe Alarco
Analéctica, vol.. 6, núm. 39, 2020
Arkho Ediciones

Analéctica
Arkho Ediciones, Argentina
ISSN-e: 2591-5894
Periodicidad: Bimestral
vol. 6, núm. 39, 2020

Recepción: 02 Enero 2020

Aprobación: 25 Febrero 2020

Resumen: El hombre y su sentido trascendental desde el existencialismo de Luis Felipe Alarco desarrolla tres temas importantes para el existencialismo cristiano: Qué es el hombre, la inmortalidad del alma y la existencia divina. Estos temas son planteados desde el existencialismo cristiano de Luis Felipe Alarco. En la historia de la filosofía en el Perú Alarco fue el pensador más importante en ontología, estuvo influenciado por Heidegger y Hartmann. Primero, respecto a la interrogante qué es el hombre, Alarco influenciado por Max Scheler afirmó que el hombre es un ser espiritual y el fundamento de su existencia es Dios. Segundo, sobre la inmortalidad del alma, Alarco afirmó, influenciado por Miguel de Unamuno, que sí existe la inmortalidad, es el anhelo del hombre, le da sentido a la vida del hombre y la razón no niega la existencia de la inmortalidad. Por último, respecto a la existencia divina, Alarco afirmó que Dios sí existe, le da sentido a la vida del hombre y al mundo.

Palabras clave: Hombre, espíritu, inmortalidad, divinidad, trascendente.

Abstract: Man and his transcendental meaning from the existentialism of Luis Felipe Alarco develops three important themes for Christian existentialism: What is man, the immortality of the soul and divine existence. These issues are raised from the Christian existentialism of Luis Felipe Alarco. In the history of philosophy in Peru Alarco was the most important thinker in ontology, he was influenced by Heidegger and Hartmann. First, regarding the question of what is man, Alarco, influenced by Max Scheler, affirmed that man is a spiritual being and the foundation of his existence is God. Second, about the immortality of the soul, Alarco affirmed, influenced by Miguel de Unamuno, that immortality does exist, it is man's desire, it gives meaning to man's life and reason does not deny the existence of immortality. Finally, regarding divine existence, Alarco affirmed that God does exist, gives meaning to the life of man and the world.

Keywords: Man, spirit, immortality, divinity, transcendent.

Apuntes históricos

Luis Felipe Alarco Larrabure nació el 6 de febrero de 1913 en Lima. Fue descendiente de Hipólito Unanue por parte de su madre, Rosa Mercedes Larrabure y Correa. Su bisabuelo Eugenio Larrabure se casó con Rosa Unanue de la Cuba, hija de Hipólito Unanue. Alarco estudió Filosofía en San Marcos en 1931 y durante cuatro años (1936-1940) estudió Filosofía en las universidades de Berlín, Munich, Viena y Friburgo. En Alemania sus maestros fueron Martin Heidegger y Nicolai Hartmann. Al regresar optó los grados de bachiller y doctor en Filosofía con las tesis El diálogo agonal en el problema de la inmortalidad (1941) y Lo metafísico en la filosofía de Nicolai Hartmann (1941), respectivamente.

En las facultades de Letras y Educación dictó las cátedras de Metafísica (1945) y Filosofía de la Educación (1947), respectivamente. En 1981 fue ministro de Educación en el segundo gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry. Fue embajador ante la UNESCO entre 1981 y 1984. Durante su gestión se obtuvo el reconocimiento de Cusco y Machu Picchu como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Además, fue miembro del partido político Acción Popular y miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía. Sus principales obras son Nicolai Hartmann y la idea de Metafísica (1943), Lecciones de Metafísica (1947), Lecciones de Filosofía de la Educación (1949), Ensayos de filosofía prima (1951), Pensadores peruanos (1952) y Sócrates ante la muerte (1977). Finalmente se casó con Ruth Von Perfall y murió el 15 de octubre de 2005 en Lima.

Cuando su amigo y colega Francisco Miró Quesada Cantuarias se enteró de la muerte de Luis Felipe Alarco escribió en el diario El Comercio: “El sábado de la semana antepasada murió Luis Felipe Alarco Larrabure. Su desaparición me ha conmovido, pues hemos sido íntimos amigos durante más de sesenta años. Pero Luis Felipe no solo fue un amigo muy querido sino que fue un filósofo extraordinario”. (Miró Quesada, 2005:4)

El existencialismo de Luis Felipe Alarco

Desde el ámbito filosófico podemos afirmar que Alarco fue un existencialista cristiano y estuvo influenciado por pensadores como Max Scheler (1976), Karl Jaspers, José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, Miguel de Unamuno, Gabriel Marcel, Jean Paul Sartre y sobre todo por Martin Heidegger. Alarco como existencialista cristiano reflexionó sobre el concepto de mundo y estableció las diferencias entre el mundo como naturaleza, contorno, morada, cosmos, taller y pertenencia. Asimismo, reflexionó sobre la relación existencial entre el yo y el otro.

Sin embargo, Luis Felipe Alarco reflexionó principalmente sobre el hombre y su sentido trascendental desde tres aspectos importantes para el existencialismo cristiano: La idea acerca del hombre, la inmortalidad del alma y la existencia divina. Este problema existencialista Alarco lo desarrolló influenciado por las ideas ontológicas de Martin Heidegger.

A continuación desarrollaremos las ideas ontológicas de Martin Heidegger que influenciaron en el pensamiento existencialista de Luis Felipe Alarco:

Primero, la ontología es la disciplina principal o fundamental de la filosofía porque “la ontología es la disciplina filosófica que trata del ser” (Gaos, 1971:19). Para Heidegger, la ontología se puede considerar como una disciplina independiente o como parte de la metafísica, o también se puede considerar que la metafísica se reduce a la ontología o que se identifica con esta.

El término ontología proviene de la palabra griega onto (ὄν), su genitivo es ontos, que significa en castellano “lo ente” (Heidegger, 2003: 85). Por eso, la tarea principal de la filosofía(1) es responder la pregunta ¿qué es lo ente? Sin embargo, “la filosofía busca lo que el ente es en tanto es” (Heidegger, 1958: 35). Esto es, la pregunta ¿qué es lo ente?, o preguntarse ¿qué es el ente en tanto que es?, no se interroga sobre algún ente o sobre qué son los entes, sino se interroga qué tienen en común todos los entes, aquello que tienen en común los entes es el ser.

Segundo, el ser y el ente no son lo mismo. “El ser no es algo así como el ente, sino aquello que determina al ente como ente” (Bochenski, 1981: 181). El ser no es un ente, sino es condición de los entes. Por eso Heidegger afirmó que “la filosofía está en camino hacia el ser del ente” (Heidegger, 1958: 35). Entonces, si queremos saber lo que es en tanto que es ente, tenemos que preguntarnos ¿qué es el ser? Esta es la pregunta principal para la filosofía.

Sin embargo, esta pregunta sobre el ser solo tuvo respuesta en la ontología desarrollada por la filosofía griega, paradójicamente en el transcurso posterior de la historia de la filosofía occidental se abandonó la reflexión acerca de la pregunta sobre el ser, porque “se llegó, en efecto, a pensar que el concepto ser es a la vez indefinible y no necesitado de definición”. (Gaos, 1971: 19)

Tercero, para Heidegger, la pregunta sobre qué es el ser es la pregunta por el sentido del término ser porque “lo que se pregunta, del ser, es qué es ser, esto es, cuál es el sentido de este término. En la pregunta ontológica, aquello por lo que se pregunta es el sentido del término ser”. (Gaos, 1971: 21)

Esta pregunta ontológica sobre el ser es la única que pregunta por el sentido del término ser. Además, no pregunta nada de ningún ente, es la única que pregunta sobre aquello que hace que todos los entes sean entes, esto es, sobre el ser; según Heidegger, “en tanto el ser constituye aquello de que se pregunta y ser quiere decir ser de los entes, resultan ser aquello a que se pregunta en la pregunta que interroga por el ser los entes mismos. A estos se los interroga, cabe decir, acerca de su ser” (Heidegger, 2002: 15). Por lo tanto, el ser no puede ser un ente más, es algo distinto de todo ente.

Cuarto, Heidegger afirmó que para reflexionar sobre el ser o pensarlo es necesario de conceptos y términos distintos de todos los conceptos y términos empleados por la tradición filosófica occidental. Al respecto, José Gaos afirmó de manera precisa: “Para hablar del ser o pensarlo serán menester conceptos y términos distintos de todos los conceptos y términos del pensamiento y del lenguaje humano, será menester todo un lenguaje, todo un repertorio de conceptos peculiares”. (Gaos, 1971: 22)

Quinto, respecto a la pregunta sobre el ser, el único ente señalado para responder la pregunta qué es ser es el hombre mismo. El hombre es el único ente que puede responder la pregunta por el ser porque puede comprender preontológicamente al ser. Al respecto, José Gaos afirmó:

“El hombre, en cuanto ente u ónticamente, tiene que comprender así su ser, por lo que lo comprende preontológicamente en general y por lo que se ha esforzado y debe volver a esforzarse por comprenderlo ontológicamente; porque es entre todos los entes conocidos en forma directa por él el único que ónticamente tiene que comprender y comprende preontológicamente el ser, es también el único que puede y debe esforzarse por comprenderlo ontológicamente, haciéndose a sí mismo la pregunta ¿qué es ser?”. (Gaos, 1971: 23)

De modo que el hombre sobre la pregunta ¿qué es ser? debe preguntarse a su propio ser, esto es, al ser del hombre. Este ser del hombre es denominado por Heidegger Dasein, que es traducido como ser ahí, ya que el término alemán Dasein está compuesto por dos términos: por el adverbio da que significa ahí y por el verbo sein que significa ser. De igual manera Bochenski tradujo este término: “Es, precisamente, su ser ahí, que es en lo que se descompone la palabra alemana Dasein, da, ahí, y sein, ser”. (Bochenski, 1981: 184)

Ahora, para Heidegger, en El Ser y El Tiempo el término ser ahí significa primero existencia y, segundo, con el término ser ahí se designa al ente llamado hombre, esto es, “este ente (el hombre) lo designamos con el término ser ahí” (Heidegger, 2002: 19). Por lo tanto, el término ser ahí es el ente hombre y la existencia es el ser de este ente (el hombre), esto es, su esencia.

Por último, Heidegger estableció una distinción entre lo óntico y lo ontológico. Lo óntico se refiere al ente en sí mismo y lo ontológico se refiere al ser del ente (al ser en general); a lo que hace que un ente sea lo que es. Por lo tanto, “lo propio de los entes y los conceptos y términos relativos a ellos son ónticos; lo propio del ser y los conceptos y términos relativos a él, ontológicos. El ser mismo, concebido en cuanto ser de un ente, es óntico; concebido en cuanto ser, aunque sea de un ente, es ontológico” (Gaos, 1971: 22). De esta manera quedan establecidas y delimitadas las dimensiones óntica y ontológica.

El hombre y su sentido trascendental

Ahora, sobre el hombre y su sentido trascendental, Luis Felipe Alarco lo desarrolló desde tres aspectos: La idea acerca del hombre, la inmortalidad del alma y la existencia divina. A continuación desarrollaremos estos tres temas:

La idea acerca del hombre

Sobre el hombre, Luis Felipe Alarco se preguntó cuál es la característica principal del ser humano, es decir, se interrogó qué es el hombre, qué es lo que lo diferencia de otros seres vivos. Desde su posición existencialista cristiana, Alarco rechazó las definiciones sobre el hombre dadas por el naturalismo, psicologismo y sociologismo. Respecto al naturalismo, Alarco rechazó concebir al hombre como un producto natural derivado de la evolución y que solo se pueda comprender desde sus instintos o impulsos reprimidos y naturales. Asimismo, criticó las posiciones del psicologismo y del sociologismo por determinar y reducir al hombre a sus fenómenos psíquicos y a sus relaciones sociales, respectivamente. Para Alarco, no es lo biológico, lo psíquico ni su ser social lo que caracteriza al hombre sino lo espiritual. A saber, la esencia del hombre es su espíritu.

Por lo tanto, Luis Felipe Alarco definió al hombre como un ser espiritual que tiene una existencia por realizar, como una constante posibilidad. Además, esta existencia posee independencia y libertad sobre los procesos orgánicos, y la característica principal de su existencia es su libertad, porque la libertad es la conexión con lo trascendente.

De esta definición sobre el hombre podemos afirmar lo siguiente:

Primero, para Luis Felipe Alarco la existencia del hombre es una constante posibilidad porque influenciado por Martin Heidegger afirmó que “el hombre es originariamente ser posible (…). El hombre se encuentra sumido (en el mundo) en determinadas posibilidades. El mismo es ser posible, arrojada posibilidad. El hombre es posibilidad de ser libre para el más propio poder ser”. (Alarco, 1970: 129)

Segundo, Alarco en tanto que consideró al hombre como una constante posibilidad y estuvo influenciado por Jean Paul Sartre y José Ortega y Gasset asimiló la idea de que la existencia precede a la esencia. En el caso de Sartre, este pensador existencialista invierte decididamente la tradicional supremacía de la esencia respecto a la existencia. Por otro lado, en el caso de Ortega y Gasset, según Alarco, “el hombre es un programa y como tal, el hombre aún no es pero aspira a serlo. Por lo tanto, el hombre es un ente que su ser consiste no en lo que ya es, sino en lo que aún no es”. (Alarco, 1970: 110)

Tercero, Alarco en tanto que estuvo influenciado por la ontología existencialista de Karl Jaspers y Martin Heidegger, tuvo dos posiciones acerca de la relación del hombre en tanto ente con el ser. Para Jaspers, según Alarco:

“El hombre es el único ente en el mundo que por medio de su existencia se revela el ser. (El hombre) no puede comprenderse como un mero producto del acontecer mundano. Por eso rebasa su existencia y el mundo hacia el fundamento de la existencia y del mundo, ahí donde está cierto de su origen. Él no está en el origen, ni tampoco está en el fin. En el decurso de su vida, entre el origen y el fin, busca el hombre lo eterno”. (Alarco, 1970: 106)

En cambio, para Heidegger, el hombre es el único ente que puede responder la pregunta por el ser, porque puede comprender preontológicamente al ser. En términos de Alarco: “El hombre no se limita a estar entre otros entes. Se distingue ónticamente porque en su ser le concierne su ser. Tiene en su ser una relación consigo mismo. El hombre se comprende en su ser. La comprensión del ser es nota privativa suya. Su distinción óntica reside en que es ontológico. El hombre es ontológicamente lo más cercano”. (Alarco, 1970: 125-126)

Cuarto, respecto al concepto de existencia, Luis Felipe Alarco no asimiló el concepto de existencia como Dasein o ser ahí de Heidegger, sino asimiló el concepto de existencia de Xavier Zubiri. Según Alarco, influenciado por Zubiri, la existencia equivale a existir y este existir significa trascender y vivir. Trascender es porque existir implica que “estamos religados a lo que nos hace existir. (…) El estar religado nos descubre que hay lo que religa, lo que constituye la raíz fundamental de la existencia” (Alarco, 1970: 118-119). Entonces, aquello a lo que estamos religados es a Dios.

Al respecto, Luis Felipe Alarco afirmó que “el hombre está vinculado a Dios. Esta relación es más amplia y profunda que aquella con el mundo y con los otros, porque todo enlace con estos comprende un ámbito peculiar que lo sitúa ante Dios. El hombre puede, en un cierto sentido, acercarse o alejarse de Dios, porque constitucionalmente se halla ligado a él”. (Alarco, 1954: 249-250)

Por último, Alarco, en tanto concibió al hombre como un ser espiritual y que está religado a Dios, afirmó que:

“El hombre no puede reducirse a la evolución natural de la vida. Además, las disciplinas científicas como la anatomía, fisiología, psicología, sociología y antropología que estudian al hombre no tienen una imagen precisa de este, porque los conocimientos obtenidos por estas ciencias sobre el hombre permanecen inconexos. Por lo tanto, es un error concluir que estas ciencias nos dan un conocimiento exacto sobre el hombre”. (Alarco, 1970: 102)

Es más, hay una característica del hombre que es incognoscible para la ciencia, esta es su libertad.

Sobre la libertad, Alarco afirmó que “el existir es el ejercicio constante de la libertad. La persona es esencia libre. Aun donde está constreñida. El hombre encadenado permanece siéndolo. Es libre en su interior, en la manera de comportarse, de reaccionar, de sentir: ahí continúa caracterizándose, haciéndose. No desaparece su libertad frente al bien y frente al mal”. (Alarco, 1954: 246)

La inmortalidad del alma

Respecto al problema de la inmortalidad del alma, Luis Felipe Alarco, influenciado por Miguel de Unamuno, afirmó que sí existe la inmortalidad, es el anhelo del hombre, le da sentido a la vida del hombre y la razón no niega la existencia de la inmortalidad. Alarco llegó a esta afirmación desde las siguientes ideas:

Primero, según Alarco, la inmortalidad del alma implica el dualismo. Este dualismo consiste en que el hombre está compuesto de materia y espíritu, siendo lo principal lo espiritual. La materia es el cuerpo y se caracteriza ontológicamente como lo que es extenso, inerte e informe, y axiológicamente se caracteriza como lo que es inferior y malo. En cambio, el espíritu es el alma y se caracteriza ontológicamente como el vapor que lo mueve todo, y axiológicamente se caracteriza como lo que es superior y bueno.

De modo que, desde un punto de vista teológico, Luis Felipe Alarco afirmó que “el espíritu es el bien, aspira a ver a Dios, a conocerlo desde su prisión de tierra. Por esto ve en la muerte de este cuerpo, en su destrucción, no un mal, sino una liberación del espíritu encadenado que vuelve a ser libre y retorna a su mansión divina. Y por eso niega su yo mortal, de barro deleznable, y ve tan solo su yo eterno, su yo espiritual”. (Alarco, 1950: 62)

Segundo, el hombre en tanto es un ser espiritual y tiene conciencia de la muerte anhela la vida de ultratumba, el anhelo de inmortalidad surge en el hombre porque desea perpetuar su existencia. Es decir, según Alarco, “de la conciencia de la muerte surge el anhelo de perpetuación” (Alarco, 1950: 54), la causa del deseo de inmortalidad en el hombre es la muerte. Sin embargo, este anhelo de inmortalidad en el hombre es importante, porque este deseo de inmortalidad le da sentido a la existencia del hombre.

Al respecto, Luis Felipe Alarco afirmó: “El hombre es ente sediento de sentido. El sentido lo busca en lo que aún es trascendente. No importa que no haya logrado aún su plenitud; más tarde llegará a su seno. Y si la vida humana no alcanza para ello, en otra vida realizará lo que debe ser”. (Alarco, 1951: 44)

Por último, la razón no niega la existencia de la inmortalidad ni puede refutarla, porque, según Alarco, la razón es incapaz de comprender todo lo vital y es limitada porque no alcanza a comprender algunas regiones del ser como lo espiritual. De igual manera García Bacca afirmó refiriéndose a este problema planteado por Unamuno que: “La razón ha resultado incapaz de demostrar que el alma es inmortal, incapaz de justificar el anhelo de inmortalidad que al sentimiento aqueja; pero, por otra parte, el ansia de inmortalidad, el anhelo de perpetuarse, al no hallar tranquilidad y seguridad clara en el pensar, ha caído en desesperación racional”. (García, 1990: 108)

Por lo tanto, no se puede probar la inmortalidad valiéndose de la razón, como tampoco los argumentos en contra de la inmortalidad pueden probar que no existe, estos argumentos carecen de valor probatorio de índole absoluto, ya que al igual que el hombre puede intuir valores éticos y estéticos, también puede captar intuitivamente la inmortalidad, es decir, el hombre a través de la intuición puede llegar a tener una comprensión preontológica de la inmortalidad.

Al respecto, Luis Felipe Alarco afirmó: “De ahí que el anhelo (de inmortalidad) se mantenga firme a pesar de los argumentos de la razón. Es la evidencia de lo inmediato, de lo vivido, frente a las argucias racionales. Esta intuición explica por qué se ha mantenido firme y por qué es anhelada. No lo hubiera sido de no habérsela captado previamente”. (Alarco, 1951: 55)

La existencia divina

Para Alarco, el problema de la existencia divina gira entorno a la interrogante: ¿Dios existe o no existe? La posición de Alarco fue que Dios sí existe, le da sentido a la vida del hombre y las acciones morales están fundadas en Dios. A esta afirmación Alarco llegó desde las siguientes ideas:

Primero, la ciencia no puede explicar lo que es Dios porque, según Alarco, la explicación causal y científica tiene límites infranqueables. La ciencia natural (la ciencia física) no ha podido comprender la estructura del espíritu, ha tenido una comprensión superficial de lo espiritual, en términos de Alarco: “Todo intento de explicar lo superior (lo espiritual) por lo inferior (lo material) se encuentra a priori reducido a detenerse en lo secundario”. (Alarco, 1951: 67)

Para Alarco, los errores de la ciencia natural son: (1) Mantener su investigación en un ámbito reducido que no abarca toda la realidad y, por ende, (2) en considerar que su visión explica toda la realidad. Por lo tanto, la ciencia no puede probar la inexistencia de Dios.

Segundo, según Alarco, la ciencia le ha proporcionado al hombre confianza en sí mismo y en su porvenir sobre la tierra. Sin embargo, la ciencia no le ha dado sentido a la vida del hombre. Quien le ha dado sentido trascendente a la vida del hombre es Dios. Para Alarco, la meditación sobre lo mortal ha conducido al hombre a Dios y el hombre ha encontrado su sentido en él.

Tercero, como Dios le ha dado sentido a la vida del hombre es el fundamento de sus acciones morales. En este aspecto Luis Felipe Alarco planteó una ética teológica sobre la base de los conceptos de la ética racionalista de Kant (2004). Al igual que Walter Blumenfeld, afirmamos que la ética de Kant es una ética racionalista, porque funda las acciones morales en ningún bien como la felicidad, la virtud o el placer, sino en la razón, ya que la razón genera una voluntad buena por sí misma.

De acuerdo con Kant, las acciones morales no se fundan en fines como la felicidad, la virtud o el placer, porque son fines relativos a cualquier punto de vista moral, sino estas se fundan en la razón. Según Walter Blumenfeld, para Kant, “la razón es la fuente trascendental de las normas absolutamente válidas” (Blumenfeld, 1966: 62). Estas normas son los principios que se deben cumplir como por respeto a una ley universal.

Este cumplimiento por deber se expresa en forma de un imperativo. Hay imperativos hipotéticos y categóricos. Los imperativos hipotéticos están condicionados por algún fin particular o recompensa, mientras que los imperativos categóricos están respaldados en estas normas o ideas universales que son buenas por sí mismas. A saber, según David Sobrevilla, “los imperativos pueden ser hipotéticos (que están condicionados, por lo que sostienen; dicen: obra así si quieres conseguir este resultado), o categóricos (que afirman: obra así porque esta conducta es buena). El nivel más alto de moralidad se lo logra mediante el imperativo categórico”. (Sobrevilla, 2006: 26)

Luis Felipe Alarco asimiló la ética kantiana pero desde una posición teológica porque afirmó que las acciones morales no se fundan en recompensas o beneficios personales, sino se fundan en el amor al prójimo y en el amor a Dios. Estas son las máximas o principios universales que el hombre debe cumplir. Por eso para Alarco una acción egoísta frente al prójimo es aquella acción donde el hombre ayuda al prójimo pero con la finalidad de esperar una recompensa o retribución. Este es el imperativo hipotético en el planteamiento de Alarco. En cambio, una acción que expresa amor por el prójimo y por Dios es aquella acción donde el hombre ayuda al prójimo porque simplemente ama a Dios y, por consiguiente, anhela ayudarlo. Este es el imperativo categórico en el planteamiento de Alarco.

Al respecto, Luis Felipe Alarco sintetizó su idea de la siguiente manera:

“El justo realiza el bien sin tener presente futuras recompensas. Esto es exacto. La actitud inversa conduce al fariseísmo. El hombre que ama a su prójimo y lo auxilia es porque anhela ayudarlo. El que lo hace con el espíritu de mercader ansioso de obtener retribución, actúa no movido por el amor al prójimo, sino por el egoísmo. El hombre justo y piadoso actúa guiado por un doble amor: el amor al prójimo y el amor a Dios. (…) Cuando actúa y socorre a su semejante hay un amor que se concreta en este y como un trasfondo de gratitud al creador en el que anhela que descansen sus actos. Sin duda, no lo hace movido por la recompensa. El prójimo no es para él mero instrumento de su propia salvación, sino un fin, un ser que debe ser amado, que necesita serlo. Pero, precisamente, es su desprendimiento ante la vida, su humildad ante sí mismo, su generosidad las que serán premiadas”. (Alarco, 1951: 71-72)

Por último, la existencia de Dios no se demuestra racionalmente a través de silogismos, como si fuera causa de algún efecto, sino se demuestra su existencia vivencialmente a través del espíritu. Según Luis Felipe Alarco, “Dios reside en lo más propio del hombre: en su espíritu. Ahí está su idea y ella es más evidente que el mundo en torno. El hombre encuentra la idea de Dios en sí mismo, sin necesidad de recurrir a medios externos. No se llega a Dios como conclusión de un razonamiento. Él es vivido como presencia”. (Alarco, 1951: 76)

Para Alarco, la conexión entre el hombre y Dios es a través del espíritu del hombre. El hombre en su espíritu presencia y contempla la existencia de Dios. Una vez que el hombre contempla la existencia de Dios en su espíritu es iluminado por Dios y recién puede conocer la estructura y el sentido del mundo y de su existencia. A esta experiencia Alarco la denomina la vivencia de Dios. Esta vivencia de Dios, según Alarco, es más fuerte que todos los argumentos usados por la razón. La razón es insuficiente y limitada para demostrar la existencia de Dios. Solo el espíritu, influenciado por el tomismo de inicios del siglo XX, es capaz de conocer esencias inteligibles inmateriales.

Conclusiones

Primero, Luis Felipe Alarco asimiló las siguientes ideas ontológicas de Heidegger:

  1. 1. La ontología es la disciplina filosófica que estudia el ser, busca lo que el ente es en tanto es. Es decir, se pregunta ¿qué es lo ente? o ¿qué es el ente en tanto que es? Sin embargo, no se interroga sobre algún ente o sobre qué son los entes, sino se interroga qué tienen en común todos los entes, y aquello que tienen en común los entes es el ser.
  2. 2. La pregunta sobre qué es el ser es la pregunta por el sentido del término ser, porque lo que se pregunta, del ser, es qué es ser, esto es, cuál es el sentido de este término. En la pregunta ontológica, aquello por lo que se pregunta es el sentido del término ser.
  3. 3. Sobre la pregunta en torno al ser, el único ente señalado para responder la pregunta qué es ser es el hombre mismo. El hombre es el único ente que puede responder la pregunta por el ser porque puede comprender preontológicamente al ser.
  4. 4. El hombre sobre la pregunta ¿qué es ser? debe preguntarse a su propio ser, esto es, al ser del hombre. Este ser del hombre es denominado Dasein, que es traducido como ser ahí.
  5. 5. El término ser ahí significa existencia y, segundo, con el término ser ahí se designa al ente llamado hombre. A saber, el ente (hombre) lo designamos con el término ser ahí. Por lo tanto, el término ser ahí es el ente hombre y la existencia es el ser de este ente (el hombre), esto es, su esencia.
  6. 6. Por último, hay una distinción entre lo óntico y lo ontológico. Lo óntico se refiere al ente en sí mismo y lo ontológico se refiere al ser del ente (al ser en general); a lo que hace que un ente sea lo que es.

Segundo, Luis Felipe Alarco fue un existencialista cristiano y afirmó que la esencia del hombre es su espíritu. El hombre es un ser espiritual que tiene una existencia por realizar, como una constante posibilidad, y la característica principal de su existencia es su libertad. Por lo que el hombre es un proyecto que aún no es pero aspira a serlo, su ser consiste en lo que aún no es. Por otro lado, para Alarco, la existencia equivale a existir y este existir significa trascender y vivir. Trascender es porque existir implica que estamos religados a lo que nos hace existir, hay lo que religa, y aquello a lo que estamos religados es a Dios. Por lo tanto, el hombre es un ser espiritual que está religado a Dios, está vinculado a Dios.

Tercero, respecto al problema de la inmortalidad del alma, Luis Felipe Alarco afirmó que sí existe la inmortalidad, es el anhelo del hombre, le da sentido a la vida del hombre y la razón no niega la existencia de la inmortalidad. El hombre está compuesto de espíritu y materia, siendo lo principal lo espiritual. Además, el hombre en tanto ser espiritual tiende hacia Dios y tiene conciencia de la muerte, por lo que anhela la vida de ultratumba, el anhelo de inmortalidad surge en el hombre porque desea perpetuar su existencia. A saber, de la conciencia de la muerte surge el anhelo de perpetuación. Y este deseo de inmortalidad le da sentido a la existencia del hombre. Por último, la razón no puede refutar la existencia de la inmortalidad del alma porque es incapaz de comprender lo vital y espiritual en el hombre, es limitada la razón del hombre.

Cuarto, sobre la existencia divina, Luis Felipe Alarco afirmó que Dios sí existe, le da sentido a la vida del hombre y las acciones morales están fundadas en Dios. Para Alarco, la explicación causal y científica no ha podido comprender lo espiritual y no puede probar la inexistencia de Dios. Sin embargo, la meditación sobre lo mortal ha conducido al hombre a Dios, y Dios le ha dado sentido a la vida del hombre y es el fundamento de sus acciones morales. En el esquema kantiana de Alarco, las acciones morales no se fundan en recompensas o beneficios personales, sino se fundan en el amor al prójimo y en el amor a Dios.

Por último, la existencia de Dios no se demuestra racionalmente a través de silogismos, como si fuera causa de algún efecto, sino se demuestra su existencia vivencialmente a través del espíritu; porque, según Alarco, Dios reside en lo más profundo del hombre: en su espíritu. Dios es vivido como presencia porque la conexión entre el hombre y Dios es a través del espíritu del hombre. Y Dios en tanto ilumina el espíritu del hombre, este recién puede conocer la estructura y el sentido del mundo y de su existencia.

Referencias

Alarco, Luis Felipe (1950) “Miguel de Unamuno y el sentido de la existencia”. En: Mar del sur, enero-febrero, año II, Nº9.

Alarco, Luis Felipe (1951) Ensayos de filosofía prima. Lima: Imprenta Santa María.

Alarco, Luis Felipe (1954) Lecciones de filosofía de la educación. Lima: Juan Mejía Baca & P. L. Villanueva Editores.

Alarco, Luis Felipe (1970) Lecciones de metafísica. Lima: UNMSM.

Blumenfeld, Walter (1966) Contribuciones críticas y constructivas a la problemática de la ética. Lima: UNMSM.

Bochenski, I.M. (1981) La filosofía actual. México: FCE.

Gaos, José (1971) Introducción a El Ser y El Tiempo de Martin Heidegger. México: FCE.

García Bacca, Juan David (1990) Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas. Barcelona: Anthropos, Editorial del hombre.

Heidegger, Martin (1958) ¿Qué es esto, la filosofía? Lima: UNMSM. Traducción de Víctor Li Carrillo.

Heidegger, Martin (2002) El Ser y El Tiempo. Barcelona: Biblioteca de los Grandes Pensadores. Traducción de José Gaos.

Heidegger, Martin (2003) ¿Qué es metafísica? Madrid: Alianza Editorial. Versión de Helena Cortés y Arturo Leyte.

Kant, Immanuel (2004) Crítica de la Razón Práctica. Madrid: Alianza Editorial. Versión castellana y estudio preliminar de Roberto R. Aramayo.

Miró Quesada, Francisco (2005) “Sócrates y Jesús ante la muerte”. En: El Comercio, 28 de octubre.

Scheler, Max (1976) El puesto del hombre en el cosmos. Buenos Aires: Editorial Losada.

Sobrevilla, David (2006) Escritos kantianos. Lima: Universidad Ricardo Palma.

Notas

1. De acuerdo con Heidegger, aquí entendemos filosofía como ontología.


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