La estrategia en el discurso de Sergio Almaraz, en el marco de significación del nacionalismo revolucionario boliviano

Roberto Vila De Prado
Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, Bolivia

La estrategia en el discurso de Sergio Almaraz, en el marco de significación del nacionalismo revolucionario boliviano

Analéctica, vol. 2, núm. 14, 2016

Arkho Ediciones

Recepción: 19 Agosto 2015

Aprobación: 23 Diciembre 2015

Resumen: En Bolivia, la revolución nacional modificó radicalmente la estructura socioeconómica del país. La nacionalización de las minas, la reforma agraria, la diversificación de la producción, así como otros esfuerzos orientados a la integración del espacio económico, constituyeron las principales transformaciones del proceso revolucionario. Con relación a este proceso histórico, cabe preguntarse cuál ha sido la gravitación del pensamiento de Sergio Almaraz Paz (SAP) en el movimiento nacionalista revolucionario. Para dar respuesta a esta interrogante (al menos en parte), se examinará la concepción estratégica de dicho autor en el campo de la praxis revolucionaria.

Palabras clave: Sergio Almaraz Paz, Bolivia, movimiento nacionalista revolucionario.

Abstract: In Bolivia, the national revolution radically modified the socioeconomic structure of the country. The nationalization of the mines, the agrarian reform, the diversification of production, as well as other efforts aimed at the integration of the economic space, constituted the main transformations of the revolutionary process. In relation to this historical process, it is worth asking what has been the gravitation of the thought of Sergio Almaraz Paz (SAP) in the revolutionary nationalist movement. To answer this question (at least in part), the strategic conception of this author in the field of revolutionary praxis will be examined.

Keywords: Sergio Almaraz Paz, Bolivia, revolutionary nationalist movement.

Introducción

Este artículo se ocupa de la praxis, porque los planteos teóricos tienen escaso valor cuando son independientes de toda práctica. Almaraz dijo que la forma de entender la realidad es obrando sobre ella. Sobre el mismo tema, Gramsci en sus Cuadernos apuntaba que las ideas no son paridas por ideas.

Después de los posmodernos, se acepta que la razón no dispone de materiales ni criterios definitivos de validez universal, ya no se parte del presupuesto de una razón pura. Desaparece, entonces, la idea de una verdad única formulada desde en un punto de vista privilegiado, por lo que se debe recurrir al análisis comparativo de semejanzas y diferencias. La aceptación de la contingencia “implica asumir la condición limitada, relativa y situada de lo real en el modo y medida en que se da nuestra experiencia cultural y personal” (Samour, 2007: 3).

El dilema de SAP puede resumirse en la siguiente frase: “Es absolutamente necesario encontrar nuevas definiciones nacionales para nuestra existencia colectiva” (1964.a: 30).

Esta problemática gira en torno al término “estrategia”, entendiendo por tal a un método de pensamiento de carácter dialéctico que organiza la reflexión sobre determinadas situaciones, analizando las condiciones del escenario, ponderando la correlación de fuerzas de los actores, y seleccionando los recursos necesarios para alcanzar los resultados esperados, sobre la base del cálculo y el riesgo asociado al comportamiento de los opositores.

Objetivo

El objetivo de este estudio consiste en identificar y analizar los recursos discursivos empleados por SAP para realizar su análisis de la coyuntura y movilizar la conducta de las personas para que hagan frente a las fuerzas oligárquico-imperialistas, luchando por el logro de los objetivos del nacionalismo revolucionario. Es decir, la estrategia.

Metodología

Para seleccionar las técnicas de análisis, se adoptó el modelo tridimensional de Faircloud, tal como lo presenta Santander (2011: 216), el que está compuesto por tres niveles (ver figura 1):

Figura 1. Proceso de análisis
Figura 1. Proceso de análisis
Fuente: Elaboración propia sobre los modelos de Santander (2011).

Partiendo de este enfoque, comenzaremos con el estudio del contexto temporal, político y sociocultural, para pasar luego al estudio de las categorías conceptuales con la finalidad de “iluminar teóricamente el objeto de estudio” (Santander, 2011: 218).

Marco conceptual

Cuando se habla de "revolución", el término se suele asociar con el momento de ruptura. Sin embargo, la revolución es un proceso, una relación histórica (temporal) entre el antes y el después de la ruptura; de una ruptura que une y que a la vez separa a dichos momentos. El problema de la revolución es el problema de la transición, y éste está ligado a la necesidad de la estrategia.

La estrategia debe partir de una visión de conjunto, la que no puede ser una suma de fragmentos de conocimiento. “Para apreciar un paisaje hay que encontrar en él, el punto saliente y el resto del panorama será visualmente accesorio” (Almaraz, 1964.a: 32).

Toda estructura de acción – dice Rene Lourau (1974: 365) – está sometida a la contingencia, la racionalidad y la obsolescencia. Dicho de otra manera, la estrategia se encuentra en los niveles de lo posible, lo contingente y lo no–necesario (Dussel, 2004) Si bien, como afirma Weber y nos recuerda Borón (2004), no se consigue lo posible, sino se intenta lo imposible (ver figura 2).

Figura 2. Oposiciones
conceptuales de una factibilidad político-contingente
Figura 2. Oposiciones conceptuales de una factibilidad político-contingente
Fuente: Dussel (2004).

En la coyuntura que SAP analiza, era necesario mejorar las condiciones de la gente en forma inmediata, tratando de que al mismo tiempo se abrieran oportunidades para victorias futuras: "unir lo inmediato /posible con lo mediato/ posible” (Soto & Crespo, 2005: 27).

Para expresar estas ideas, dice SAP:

"Una revolución es un corto y fluido período de la historia. Los acontecimientos no siempre pueden ser controlados ni los errores evitados. Todo lo que importa es que los aciertos pesen más en el balance último" (Almaraz, 1969: 52).

Un planteamiento que conciba al conocimiento como respuesta a la pregunta ¿qué hacer?, es ya un planteamiento organizativo:

"... La organización es la forma de mediación entre la teoría y la práctica [...] mientas que en la mera teoría pueden convivir pacíficamente las concepciones y tendencias más dispares y sus contrastes toman simplemente la forma de discusiones que pueden desarrollarse en el marco de una misma organización sin que necesariamente rompan con ésta, cuando estas mismas cuestiones se presentan desde el punto de vista organizativo irrumpen como orientaciones contrapuestas e irreconciliables" (Lukács, 1969: 312).

Si el alcance de un error queda circunscripto al plano de la superestructura no podrá cambiar el curso de una revolución.

Sin embargo, la esterilidad teórica del sectario, por ejemplo, lo lleva a confundir los objetivos centrales de la estrategia y a adoptar comportamientos políticos innecesariamente violentos (Almaraz, 1969: 59).

El contexto

En lo que hace al contexto, es necesario estudiar el escenario y el clima intelectual de la época, incluyendo lo económico, lo político y lo socio-cultural.

En el período comprendido entre las dos grandes crisis que conmovieron al mundo capitalista (la Gran Depresión y a la Segunda Guerra Mundial) los gobiernos de los países centrales adoptaron políticas económicas intervencionistas. A partir de ese momento, en las formaciones sociales latinoamericanas, nuevas exigencias impusieron la ruptura de las viejas estructuras y se pusieron en práctica transformaciones sociales; especialmente en lo que respecta a la reforma agraria, los proyectos de industrialización y la regulación de las inversiones extranjeras.

El Estado conducido por gobernantes inspirados por una ideología que podríamos denominar “nacionalismo popular” intervino activamente en la vida económica para fortalecer la formación de un empresariado nacional.

A pesar de la violencia que se desencadenó en algunos países y de la fuerte resistencia de las elites tradicionales, los proyectos nacionalistas se inscribieron dentro de la perspectiva de un “capitalismo de Estado” que en ningún momento intentó abolir la propiedad privada. El Estado considerado como un planificador y un gestor, tenía como misión afrontar los altos costos que demandaban las obras de infraestructura, así como el desarrollo de las industrias básicas. Ninguna de estas tareas podía ser encarada por las débiles burguesías nacionales (Faletto, 1979: 41).

Para poder enfrentar con éxito a la oposición, las nuevas elites dirigentes construyeron un sistema de alianzas con fuerte participación popular. De manera que cada proyecto político concreto podía ser considerado como más a la izquierda o más a la derecha, según se pusiera más énfasis en lo popular o en la formación de un empresariado nacional.

En diversos círculos políticos y académicos se había difundido un discurso que abogaba por la ruptura revolucionaria con el sistema colonial, el fortalecimiento de la identidad nacional y la construcción de una sociedad sin antagonismos de clase en el amplio escenario abierto por la guerra fría y los movimientos de liberación de Asia y África.

Los éxitos relativos que alcanzaron estos movimientos dependieron básicamente de una coyuntura internacional favorable. Cuando la situación cambia, la contradicción entre acumulación y consumo (que correspondía a diferentes intereses en el seno de la coalición dominante) contribuyó al debilitamiento de estas políticas.

Para reducir el grado de dependencia, en la primera fase del desarrollo, se consideraba de gran importancia impulsar la industria pesada sin poner un excesivo énfasis en la eficiencia productiva. Al mismo tiempo, el empleo de la mano de obra desocupada en actividades que requerían poco capital contribuiría al aumento de la producción y la renta nacional. Sin embargo, se pensaba que el instrumento estratégico fundamental consistía en asignar inversiones y aplicar aquellos procesos productivos que condujeran al máximo incremento del producto nacional neto (Lange, 1977: 29-35).

La base de la estrategia era la nacionalización de los recursos naturales de propiedad extranjera para reorientar la actividad económica y utilizar los beneficios que estos produjeran con propósitos de inversión. También se admitía la posibilidad de que el capital extranjero, sobre todo en el período de despegue, pudiera ofrecer una ayuda complementaria dada la falta de maquinaria y materias primas, siempre y cuando las garantías ofrecidas por el país que recibiera las inversiones no afectaran sus derechos de soberanía (Lange, 1977: 45).

En un mundo militarmente bipolar, pero políticamente multipolar, la rivalidad de las superpotencias – según H. Kissinger – ofrecía a terceros países muchas oportunidades para el "chantaje" (Kissinger, 1976: 90), y esto que afirmaba uno de los grandes estrategas del imperio, también era sostenido por un eminente economista marxista:

“Los ‘regímenes intermedios’[1] son los proverbiales terneros que maman a dos vacas: ambos bloques les demandan ayuda financiera y compiten por ello. Así ha sido posible lograr el ‘milagro’ de obtener algunos créditos de los EEUU sin condiciones en cuanto a política económica interna” (Kalecki, 1979: 130).

En Bolivia, la revolución nacional modificó radicalmente la estructura socioeconómica del país; la nacionalización de las minas, la reforma agraria, la diversificación de la producción, así como esfuerzos orientados hacia la integración del espacio económico, constituyeron las principales reformas.

La situación de Bolivia con respecto a los EEUU era diferente a la de otros países que habían realizado una revolución similar. El país del Norte interfirió en mucha menor medida que en la revolución guatemalteca, por ejemplo, y las causas de esta tolerancia puede encontrarse en un conjunto de circunstancias:

“En primer lugar ningún lobby poderoso de EEU, como la United Fruit Co., tenía intereses en Bolivia; los intereses de la minería del estaño no tenían conexiones tan importantes; y la reforma agraria no afectó a ninguna plantación de EEUU ya que éstas no existían. La explotación de las minas de estaño nacionalizadas no constituía una propuesta muy atractiva ya que, al estar agotadas en gran medida, suponen definitivamente unos costos elevados. Además, el mineral se suele vender en el mercado norteamericano y no hay fundiciones en el país” (Kalecki & Kula, 1980: 228).

EEUU no interfirió en la nacionalización del estaño y la reforma agraria, aunque mediante la llamada “asistencia económica” influyó poderosamente en los asuntos del país.

Un tema que demandó la preocupación constante de SAP fue el de las relaciones Bolivia-EEUU. Puede ser, como afirma R. Barrios, que su enfoque no haya escapado al clima anti - yanqui de aquellos años, lo cierto es que enfatizó los aspectos “antagónicos, conflictivos y excluyentes (de estas relaciones) sin opción a introducir eventuales elementos cooperativos”. Sin embargo, este mismo autor admite que el análisis que hace SAP sobre las condicionalidades cruzadas, condiciones que limitaban las conductas de Bolivia a cambio de créditos, está suficientemente fundado.

SAP era partidario de la doctrina de la neutralidad positiva que sostenía el bloque de los países no alineados (al que Bolivia no adhirió) y se mostraba contrario a los efectos de la guerra fría.

La lucha de los dos grandes bloques no beneficiaba los países periféricos. EEUU hubiera podido financiar con el valor de sus “saturnos” un programa más eficaz que la Alianza para el Progreso; y la URSS hubiera hecho más por los chinos sacrificando sus sputniks para entregarles tractores, en lugar de enredarse con ellos en discusiones ideológicas (Almaraz, 1964.a: 29).

La estrategia

La infecundidad del sectarismo

Una de las características más manifiestas del pensamiento sectario es la creencia de que se puede hacer siempre ciertas cosas, aunque la situación político–militar haya cambiado (Gramsci, 1990: 90). "El dogma es menos útil que la bosta de vaca", le dijo Mao a Malraux, en una entrevista (1983: 522). El sectarismo en Bolivia, dice SAP, no ha producido más que piezas de divulgación doctrinaria de escaso valor, se limita a repetir conceptos extraídos de los clásicos (Almaraz, 1969: 58 – 59).

Los sectarios adoptando la visión de la izquierda marxista-leninista, sin tener en cuenta las diferencias con las sociedades europeas (eurocentrismo), especialmente la Rusia zarista, trabajan para la destrucción del Estado burgués. Hoy se sabe que la transformación radical de la sociedad requiere procesos de muy larga duración que algunos teóricos estiman en décadas, llegando otros a hablar de un siglo.

A lo sumo, en Latinoamérica, los gobiernos democrático-populares sólo logran ganar una parte del Estado (el gobierno), mientras que al mismo tiempo se mantienen los otros poderes (económico, militar, comunicacional). Sin embargo, si los partidarios de los cambios sociales radicales ocupan dicha parte del Estado, pueden ir colocando los cimientos de un nuevo sistema político. Esto supone distinguir entre los objetivos y las tareas: lo inmediato de lo mediato, y lo posible de lo imposible. En ese sentido se puede decir que la política, lejos de ser el arte de lo posible, es el arte de convertir en posible a lo imposible.[2]

La ética y la economía de la violencia

El existencialismo de Camus influye en su valoración del individuo y su papel en la historia, desde una perspectiva ética en contra del absurdo, la crueldad y la violencia, y en general contra todo lo que amenaza la existencia del hombre.

En SAP encontramos, como en Maquiavelo, una economía de la violencia[3], es decir un uso estratégico de la violencia, pero indisolublemente ligado a una visión ética del tema. Se opone a “la violencia por la violencia”, pero reconoce la dignidad del hombre que se rebela.

Ya Camus decía que si el individuo acepta morir y muere en el momento de su rebelión está mostrando que se sacrifica en beneficio de un bien del que estima que sobrepasa a su propio destino (Camus, 1996).

La visión estratégica de SAP se pone de manifiesto cuando, desde una perspectiva sociológica, señala el carácter institucional de la violencia en Colombia (que, en lugar de impulsar, detiene; en lugar de afectar, distrae). La violencia institucionalizada es un elemento que pertenece a la estructura de la sociedad colombiana, y la complementa.

SAP no aboga por un pacifismo dogmático de inspiración religiosa. No se trata de sustituir el fusil por el crucifijo, sino de emplear un arma más, el pensamiento: “... En Bolivia y en América Latina respiramos los agrios olores de la revolución, sea ella bienvenida. Pero si una revolución puede triunfar únicamente por la violencia, para mantenerse necesita el diálogo” (Almaraz, 1964.a: 31).

En un ensayo escrito en 1964, advierte sobre los peligros de una violencia ciega e irreflexiva, que puede poner en riesgo los avances de la revolución:

“La violencia en Bolivia está agazapada esperando el momento del salto que será sobre el vacío. Las milicias privadas, al ardor irreflexivo de los dirigentes sindicales, la incitación abierta a la oposición a emplear la violencia, ese estado de permanente ‘tour de force’ de los sectores políticos y el gobierno, son las semillas dispersas que empezaron a germinar” (Almaraz, 1964.b: 83).

“Si la violencia es un pozo profundo del que para salir hay que hacer un relleno de vidas, los bolivianos estamos acercándonos peligrosamente a la negra boca” (Almaraz, 1964.b: 84).

Según Camus, violencia y no-violencia, ambas deben encontrar sus límites. El hombre rebelde no puede dejar de vivir en contradicción: No puede aspirar a no matar ni mentir sin renunciar a su rebelión, pero tampoco puede aceptar el asesinato y la mentira sin destruir sus razones para la insurrección (Camus, 1996: 338 – 339).

Los recursos naturales, una pieza estratégica clave

La estrategia para la construcción de un poder nacional efectivo, según SAP, debía tener como base fundamental el aprovechamiento de los recursos naturales. La vulnerabilidad de Bolivia, en cuanto nación, sólo podría reducirse fortaleciendo el poder nacional mediante el control de su riqueza natural.

Si el Estado dejaba de defender aquellas empresas estatales que eran claves para su soberanía y símbolos de modernidad, no sería viable ni como Estado ni como nación. La gestión nacional de la riqueza minera e hidrocarburífera era un factor que contribuiría a alterar las relaciones de poder a favor de los países productores de materias primas.

Y luego agrega proféticamente: “De los partidos se podrá decir más adelante, dime qué piensas del petróleo y te diré quién eres”. SAP era consciente de que, si Bolivia perdía el gas y el petróleo, estaba perdiendo la oportunidad de constituirse en una nación moderna a través del financiamiento autónomo de su desarrollo

El desarrollo y la alianza de las clases subalternas

En un ensayo escrito en 1963, SAP sostenía que la conducción organizada de las fuerzas nacionales estaba debilitada por la confusión que era, a su vez, el resultado de una crisis ideológica[4]. Pero la construcción de una ideología y su difusión era un proceso lento, y la pragmática revolucionaria exigía encontrar alivio a la miseria que asfixiaba a los bolivianos (Almaraz, 1969: 64).

Sólo el desarrollo puede atacar con éxito a la pobreza. Cualquier tarea que quede pendiente repercutirá en lo ideológico y provocará cambios en el rumbo de la revolución.

"La única respuesta descubierta por el ingenio humano contra la pobreza es el desarrollo. Pero hay una profunda diferencia entre lo que se entiende por desarrollo en una sociedad estancada en los moldes capitalistas y la idea que se tiene de él y de los medios disponibles para promoverlo, en otra que vive transformaciones dinámicas. En el primer caso el desarrollo tiene lugar sobre el estancamiento y no pretende más que transformaciones cuantitativas relativas; en el segundo se buscan modificaciones cuantitativas y cualitativas" (Almaraz, 1969: 63).

En la puesta en marcha de un plan económico para impulsar el desarrollo, es peligroso excluir a la clase media. Tanto en las revoluciones democráticas[5] como en las socialistas, las capas medias son importantes como “ejército de acompañamiento”. Si los obreros pierden a este aliado, pierden un considerable aporte a su fuerza política (Almaraz, 1969: 60).

En lo que respecta al agrupamiento de fuerzas, importa más lo que está afuera que lo que está dentro de nuestro propio frente. Un principio estratégico general consiste en tratar de ganar el mayor número posible de aliados y reducir a la neutralidad a los adversarios (Almaraz, 1969: 57).

La estrategia para el desarrollo debía ampliar la base económica del Estado y para ello era necesario movilizar a los sectores medios:

“Hay que fomentar la acción del capital nacional por pequeño que sea y allí donde se encuentre. Esta línea de la economía no significa debilitar o excluir el desarrollo de la empresa estatal. El Estado no debe perder el control sobre los recursos básicos mineros, sobre la energía, el comercio exterior y sobre determinados sectores del transporte. Los distintos tipos de economía pueden combinarse armónicamente tal el caso de la propiedad agrícola mediana y las cooperativas en el campo” (Almaraz, 1969: 63 – 64).

“Hay que aumentar la producción minera con el esfuerzo fundamental de la minería pequeña sin debilitar la COMIBOL, para lo cual habrá que revisar la política de fomento de créditos; como la producción agropecuaria se encuentra engrilletada por el minifundio, será indispensable, aplicando el sentido común, volver los ojos hacia la propiedad mediana, único soporte de la producción cuando sobrevienen las transiciones de la reforma agraria: hay que salvar la industria elevando los niveles productivos...” (Almaraz, 1969: 62).

De esta manera, se aliviaría al Estado, ampliando su base económica y al mismo tiempo su base social mediante la alianza de los obreros con las capas medias.

Los actantes

Los actantes (o actores) son las unidades de acción en el discurso ideológico.

Tapia (2002; 85) dice que SAP no escribió sobre el movimiento obrero, y que su análisis privilegia el estudio de la estructura de poder. Sin embargo, esto no significa que no tuviera en cuenta el importante papel del proletariado como sujeto revolucionario, tal como se pone de manifiesto en uno de sus artículos más difundidos:

"La juventud del proletariado boliviano no disminuye su vigor político. Su vacilante presencia en el escenario nacional en los años 20, afírmase en la década del 40 y actualmente es decisiva. Sociológicamente, condensa y cataliza. Condensa porque los derechos sociales de los trabajadores constituyen el punto de gravitación de los demás problemas económicos; y cataliza porque a través de su lucha une y divide, compone y recompone la posición de las capas medias tornándolas en partidarias o adversarias […] la clase media ambivalente y poco entusiasta cuando se trata de empresas políticas suyas (con lo que revela su estado de conciencia respecto a su ausencia de porvenir histórico)” (Almaraz, 1969: 49).

Con respecto a las masas campesinas, su posición es otra. De esta manera describe SAP a los sectores medios rurales:

"Nuestra economía - la nuestra y la de Latinoamérica - por su atraso es agraria. Con la gran propiedad en aquellos países a los que no ha llegado la reforma agraria coexisten la mediana y pequeña propiedad. Y en los que se ha parcelado la tierra, hay miles o cientos de miles de nuevos propietarios. Este es el venero inagotable de las nuevas capas medias rurales" (Almaraz, 1969: 48).

Los sectores medios urbanos tienen una composición diferente:

"En las ciudades, fuera de la gran industria, insertos en el mecanismo económico, están los artesanos, los pequeños artesanos semi-asfixiados por la competencia extranjera o por la producción doméstica de la industria grande; están esas masas de pequeños comerciantes, agiotistas de poca monta, especuladores que hacen modestas ganancias intercambiando productos entre la ciudad y el campo; se encuentran en fin los empleados del Estado, los profesionales, técnicos e intelectuales. Fluctúan al influjo del fenómeno económico y en política oscilan. No tienen un partido político porque prefieren apoyarse en intereses de clase que no son los suyos. Es frecuente ver que un hombre de la clase media esté más alejado de otro de su propia clase que lo que está un obrero respecto a su patrón (Almaraz, 1969: 48).

A igual que Lukács (1969: 287), SAP pensaba que la ideología nacionalista estaba viva en las capas medias, así como en el proletariado, especialmente en el de las naciones oprimidas, y que la receptividad del proletariado para con el internacionalismo dependería de la maduración de la clase.

La táctica complementaria

Después del fracaso de la guerrilla, SAP propone seguir una "táctica complementaria de la situación". La misma consistía en desplazar el campo de lucha desde lo político global a temas concretos como la defensa de las materias primas, pensando que sería más difícil para el gobierno combatir a alguien porque atacaba a la Gulf, que por apoyar a la guerrilla:

“... Es admisible la posibilidad de una variante si los militares nacionalistas desplazan a la camarilla comprometida con el Pentágono” [...] la condición previa es que tal desplazamiento sea respaldado por un movimiento popular” (Almaraz, 1969: 88).

A partir de 1965, el Gral. Ovando reunió en secreto a un grupo de jóvenes nacionalistas contrarios a la política de Barrientos; integrantes de dicho grupo eran el escritor Marcelo Quiroga Santa Cruz, Alberto Bailey (editor del matutino Presencia), José Ortiz Mercado y Sergio Almaraz, entre otros. Cuando Ovando accede al gobierno mediante un golpe de estado en 1970, algunas de estas personas son designadas ministros[6].

Los escritos de SAP generaron una ola de nacionalismo que arrastró también al ejército. Él sabía que la oficialidad boliviana provenía de las clases medias de la ciudad y del campo, de condición modesta[7]. De otro modo, no se explican Busch y Villarroel, pero no basta el origen social, pues “Busch y Villarroel serían incomprensibles sin el intenso movimiento social que los acompañó” (Almaraz, 1969: 89). Sin embargo, el ejército estaba demasiado fragmentado para servir de sostén al gobierno del Gral. Ovando y, además, la extracción social de sus miembros fue siempre un factor ambiguo.

Conclusiones

Es evidente que la función performativa, es decir los efectos verdaderos que amplían el campo de maniobra política son más importantes que las prácticas discursivas (Richards, 2002).

El discurso de SAP y su constante batallar despertaron la conciencia del país sobre la defensa de los recursos naturales, dedicando a esta tarea "los mejores años de su vida, entre los 25 y los 40 años, por lo menos, aun en prejuicio de su propio logramiento personal" (Zavaleta Mercado, 1979: 165).

Pese a que los dueños de los diarios silenciaron su muerte, para obreros y estudiantes la nacionalización de la Gulf tenía un dueño: SAP.

"El nombre de Almaraz se hace sonoro y magnífico, mucho más poderoso que la simple mención de los intereses políticos" (Zavaleta Mercado, 1979: 159)

La acción de SAP iba desde las charlas de persuasión política a técnicos y dirigentes gremiales, hasta la redacción de artículos, comunicados y votos resolutivos a nombres ajenos, y la inspiración de foros y congresos estudiantiles.

En la presencia de los generales Torres y Ovando en los funerales de SAP, hecho que causó gran sorpresa entre sus amigos y familiares, tenemos un símbolo de los efectos de su discurso. "Estos hombres querían permanecer asociados a la memoria del muerto" (Zavaleta Mercado, 1979: 159).

Las recomendaciones estratégicas de SAP se basaron el análisis de la relación de las fuerzas sociales estrechamente ligadas a la estructura; así como, en lo que hace especialmente a las fuerzas políticas, el grado de auto-conciencia de las clases subalternas.

No se puede negar que, dadas las características del nuevo contexto mundial y la profundidad de la crisis, es necesario reformular la estrategia de SAP en lo relativo al desarrollo y la modernidad, como los señala S. Amin[8] en su crítica al desarrollismo en general. Lo que aquí se quiere mostrar es la intuición de SAP en el manejo del método y su análisis de las condiciones propias de su lugar y de su época, criticando los esquemas simplistas que ignoran tanto las diferencias culturales como los imponderables propios de los factores políticos.

En el análisis de la situación-problema, SAP distingue entre necesidades inmediatas y mediatas, así como en la acción comunicacional dirigida a los actantes, diferenciando la persuasión en el ciclo largo de la de ciclo corto; siendo esta última la aplicada, por ejemplo, en la táctica complementaria.

Bibliografía

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Notas

[1] Kalecki utiliza el término “regímenes intermedios” para designar a países que llevaron a cabo la reforma agraria e iniciaron un proceso de desarrollo económico con una participación significativa del Estado, pero que no pueden ser considerados capitalistas ni socialistas. (Kalecki, 1980; 225).
[2] Esta definición pertenece a Marta Harnecker “Los movimientos sociales y sus nuevos roles frente a los gobiernos progresistas”. En América Latina y Caribe [setiembre de 2015].
[3] El tema de la economía de la violencia en Maquiavelo ha sido estudiado por Wolin: "La aprobación pública, lejos de limitar su iniciativa, podía ser utilizada para reducir el alto costo en violencia que implicaban las reformas profundas. En una revolución por consenso (commune consenso) no era necesario perjudicar más que a unos pocos" (S. Wolin, Política y perspectivas, Buenos Aires, Amorrortu, 1974, p. 241).
[4] Aunque el ensayo fue escrito en 1963, recién fue publicado en 1969, en la revista Letras Bolivianas No. 4, Cochabamba, UMSS.
[5] Cuando SAP habla de “revolución democrática” se refiere a aquella que es antifeudal y antiimperialista, tal como figura en los textos de Lenin.
[6] Uno de los apoyos importantes que tuvo Ovando en el campo de las ideas fue el de una pequeña tecnocracia ubicada en la corriente originada por la CEPAL, cuyo proyecto se plasmó en la obra Estrategia socio – económica (julio 1970). Recurriendo a la sociología política comparada, Di Tella afirma que "las revoluciones militares desarrollistas en general sólo pueden darse en países notablemente subdesarrollados, y donde exista una tradición cultural - con componentes a menudo raciales y religiosos- que lleve al ejército a actitudes contrarias al conjunto oligarquía-imperialismo" En estos casos, surge un "nasserismo tecnocrático" donde en torno a un jefe militar o un grupo de oficiales se organiza un grupo de asesores intelectuales. (T. Di Tella, Sociología de los procesos políticos, Buenos Aires, GEL, 1966).
[7] La Revolución del 52 clausuró el colegio militar, licenció a los cadetes y separó del ejército a los mandos altos e intermedios. La institución se reorganizó bajo la dirección de los antiguos oficiales villarroelistas (Véase J D. Mesa y otros, 2003, Historia de Bolivia, La Paz Gisbert).
[8] Véase S. Amin (1989) El eurocentrismo. Crítica de una ideología, México, Siglo XXI.
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