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Reseña a Uranga, Washington (2016). Conocer, transformar, comunicar
Review to To know, to transform, to report
Improntas de la historia y la comunicación, núm. 5, 2017
Universidad Nacional de La Plata

Reseñas

Uranga Washington. Conocer, Transformar, Comunicar. 2016. Buenos Aires. Patria Grande. 240 páginaspp.

Recepción: 06 Febrero 2017

Aprobación: 22 Abril 2017

Conocer, transformar, comunicar es un libro publicado en 2016 por la editorial Patria Grande y forma parte de una colección que invita a reflexionar sobre el sujeto, su vida cotidiana y la comunicación en ámbitos organizacionales de interrelación constante. El prólogo, escrito por Sandra Massoni, pinta de cuerpo entero el trasfondo del libro. Menciona cómo es posible aportar a entender la comunicación como un derecho humano desde los medios de comunicación, las prácticas comunicacionales y la gestión comunicacional en organizaciones sociales.

El libro se divide en ocho capítulos con títulos sumamente ilustrativos en relación con su contenido. El primero, «Comunicar para la incidencia», introduce a la trilogía conceptual que conforma el título. En primer lugar, remarca la mirada más integral de la comunicación partiendo de la condición relacional de que el ser humano vive en comunidad. En segundo lugar, la construcción identitaria del sujeto en comunidad y la «transformación» desde la intervención directa en la comunidad. Por último, introduce al «conocer», problematizando las prácticas sociales desde la intervención y dando pie a pensar la incidencia política desde los valores, el conocimiento y la intervención.

El segundo capítulo, denominado «Las prácticas sociales desde la comunicación», define a las prácticas sociales desde la interacción, las estrategias comunicativas y los dispositivos atravesados por dinámicas de poder. Aquí, el autor retoma a la comunicación como proceso de producción, de intercambio y de negociación social en tanto sentido y contenido desde los medios, y la interacción como parte constitutiva de la sociedad. Se destaca la referencia a Jesús Martín-Barbero para pensar a la comunicación desde la cultura y no desde la mirada reduccionista y tecnocrática de los medios; y para poder observar, así, la multiplicidad de sentidos cotidianos y la configuración simbólica de la sociedad. Por último, define a las prácticas sociales desde las percepciones, las concepciones y las evaluaciones en las condiciones de existencia desarrolladas en el ámbito de la vida cotidiana, construyendo y transformando sentidos, valoraciones y percepciones.En el tercer capítulo, «Aportes de la comunicación a la transformación social», el eje se ubica en el sujeto como actor relacional y como protagonista principal de las transformaciones sociales, en donde la comunicación pasa a ser un vehículo en tanto tensión permanente en la producción de sentidos. Teniendo como eje al sujeto, es clave el modo en el que el autor retoma al derecho a la comunicación en tanto columna vertebral del desarrollo social y repudia la dinámica argentina del «amigo-enemigo» en ámbitos estrictamente comunicacionales. Para evitar dicha dinámica, Uranga expone procesos como «la movilización social» y las políticas públicas en tanto espacio en la lucha simbólica por el poder.

Desde la premisa de que no hay una sola manera de realizar una planificación adecuada y un análisis situacional certero, el autor presenta el cuarto capítulo: «Prospectiva estratégica de la comunicación». Tras definir cada concepto, Uranga afirma que son complementarios y que se trata de metodologías al servicio de actores sociales en la construcción colectiva. Luego, separa a la prospectiva de la preferencia donde lo propio adquiere sentido en un marco general. Se valida en perspectiva a largo plazo desde el diálogo y la participación para la construcción colectiva de un futuro adecuado a los deseos de la sociedad. Volviendo al concepto de interacción y del sujeto en sociedad, el autor desarrolla el concepto de actor social, conformado por la triada de conocimientos, recursos y estrategias antes desarrollados. Y desde lo institucional se desarrolla el concepto de «gestión» desde lo social, la voluntad de ser y de incidir, la tensión que se genera entre lo planificado y lo imprevisible, entre lo urgente y lo importante, entre lo individual y lo global, entre otras dicotomías.

Siguiendo con la lógica conceptual del capítulo anterior, Uranga aborda «El proceso metodológico prospectivo estratégico» desde una relación productiva entre teoría, método y datos en donde no existe proceso ideal, aunque a modo de ejemplo expone una serie de cuadros con las variables: fases, momento de fase, componentes, aspectos contemplados, finalidad y posibles herramientas. Menciona, luego, actores indispensables en procesos metodológicos como un colectivo de actores con participación activa, grupo promotor, técnicos políticos. Expone al análisis situacional desde la comunicación, con un acercamiento inicial desde lo conceptual y el terreno práctico y el correspondiente análisis prospectivo con el objetivo de crear una imagen a futuro. Retoma a los sujetos que entran en relación en el proceso metodológico desde la naturaleza de la relación y la significación de las prácticas comunicativas. Por último, explicita la planificación desde la comunicación, mencionando el momento prospectivo, las estrategias y las tácticas de planificación, junto con la calendarización, el diseño y los objetivos de la evaluación.

En línea con los capítulos anteriores, el sexto apartado sirve para «Pensar las estrategias en la planificación desde la comunicación». El autor comienza por definir a las «estrategias» según Carlos Matus y continúa con un breve desarrollo sobre la creación y el diseño de las estrategias desde la creatividad y la coherencia. A continuación, las define según lo que son y lo que no son, describe los tipos que existen y detalla las dimensiones que abarcan.

En el séptimo capítulo, «La comunicación: escenario de acción política», Uranga se permite pensar a la comunicación atravesada por la acción política, con el fin de debatir, de aportar y de influir en el rumbo de acontecimientos y de decisiones. Y volviendo a la premisa de que la comunicación nos atraviesa en todo sentido, reflexiona sobre el escenario de la comunicación como ámbito de incidencia, con sus respectivas estrategias y con una propuesta para evaluar la incidencia.

En el último capítulo, «Sin comunicación no hay políticas públicas democráticas», el autor escribe sobre las tic y sus usos como parte clave para pensar nuevas políticas públicas. El público que figura en las políticas públicas según los diversos contextos políticos y finaliza haciendo una reflexión sobre conceptos claves que atraviesan todo el libro: la comunicación en tanto derecho humano, la participación de la sociedad en la gestión pública y la gestión de políticas públicas desde la comunicación en términos integrales.

En el epílogo, el autor concluye que se debe gestionar desde la comunicación y comunicar desde la gestión, desde una mirada prospectiva que fomente la participación de las comunidades y no librarlos a una pasividad mediática.

El libro expone gran cantidad de conceptos fundamentales para pensar un proceso comunicacional en tanto interrelaciones sociales y logra establecer una conexión y un anclaje que se desarrolla en una línea argumentativa clara y precisa. Es un libro de gran contenido conceptual que nos sirve para pensar el segundo tomo, escrito junto con Héctor Thompson, La incidencia como camino para la construcción de ciudadanía. Una propuesta para trabajar desde la comunicación (2016), texto orientado, mayormente, a la puesta en práctica del modelo de intervención desde la comunicación en procesos sociales trabajado por Uranga.



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