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Articulando saberes: el aporte de las colecciones particulares a los proyectos de investigación
Articulating knowledge: the contribution of private-owned collections to research projects
Articulando saberes: o aporte das coleções particulares aos projetos de pesquisa
Revista del Museo de La Plata, vol.. 5, núm. 1, 2020
Universidad Nacional de La Plata

Dossier

Revista del Museo de La Plata
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN: 2545-6377
Periodicidad: Semestral
vol. 5, núm. 1, 2020

Recepción: 01 Mayo 2019

Aprobación: 01 Marzo 2020

Publicación: 01/06/2020


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: El estudio de materiales depositados en instituciones y en manos de particulares fue sustancial para el avance de distintas líneas de investigación del Proyecto Arqueológico Chaschuil-Abaucán (PACh-A). Estas colecciones son producto tanto de excavaciones asistemáticas y recolecciones superficiales de clérigos, arqueólogos pioneros o pobladores locales, como de investigaciones sistemáticas, rescates o estudios de impacto arqueológico. La falta de registro de campo y la historia de las distintas instituciones muchas veces dificultan la reconstrucción de los contextos de recuperación de los materiales que las conforman. Sin embargo, en el caso de las colecciones en manos de los pobladores locales, podemos apelar a su memoria para identificar los lugares de proveniencia de los materiales, identificar espacios intervenidos por los arqueólogos pioneros en la década del 60 e intentar rearmar los contextos de asociación. En esta oportunidad presentamos los aportes que estas colecciones particulares realizaron a diferentes objetivos del PACh-A y permitieron analizar: (i) reclamación de espacios en el tiempo, (ii) importancia de ajuares vinculados a la producción textil, (iii) alta frecuencia de imágenes específicas en la alfarería -Lechuzas-, (iv) sustancias pigmentarias, (v) bioarqueología y comportamiento mortuorio, (iv) relaciones extrarregionales y (vii) existencia de conflictos entre poblaciones.

Palabras clave: Arqueología, Pobladores Locales, Región de Fiambalá, Catamarca.

Abstract: the contribution of private-owned collections to research projects. The study of materials deposited in institutions and held by private owners was important for the advancement of different research lines of the Chaschuil-Abaucán Archaeological Project (PACh-A). These collections are the result of bothn on-systematic excavations and surface collections by clergymen, pioneering archaeologists or local settlers, as well as of systematic investigations, rescues or archaeological impact studies. The lack of field records and the history of the different institutions often make it difficult to reconstruct the recovery contexts of the constituent materials. However, in the case of collections kept by local residents, it is possible to appeal to their memory to identify the provenance of the materials, identify spaces intervened by pioneering archaeologists in the 1960s and try to reconstruct their contexts of association. Here we present the contributions ofthese private-ownedcollections to different goalsof the PACh-A; they allowed us to analyze: (i) how spaces were claimedin time; (ii) importance of trousseaus linked to textile production; (iii) high frequency of specific images -owls- in pottery; (iv) pigments; (v) bioarchaeology and mortuary behavior; (iv) extra-regional relationships; and (vii) existence of conflicts between populations.

Keywords: Archaeology, Local settlers, Fiambalá region, Catamarca.

Resumo: o aporte das coleções particulares aos projetos de pesquisa. O estudo de materiais depositados em instituições e em mãos de particulares foi substancial para o avanço de diferentes linhas de pesquisa do Projeto Arqueológico Chaschuil-Abaucán (PACh-A). Estas coleções são produto tanto de escavações não-sistemáticas e coletas superficiais de clérigos, arqueólogos pioneiros ou colonizadores locais, quanto de pesquisas sistemáticas, salvamentos ou estudos de impacto arqueológico. A falta de registro de campo e a história das diferentes instituições muitas vezes dificultam a reconstrução dos contextos de recuperação dos materiais que as compõem. No entanto, no caso das coleções em mãos dos colonizadores locais, podemos recorrer à sua memória para identificar os lugares de procedência dos materiais, identificar espaços intervindos pelos arqueólogos pioneiros na década de 1960 e tentar remontar os contextos de associação. Nesta oportunidade, apresentamos os aportes que estas coleções particulares realizaram a diferentes objetivos do PACh-A e permitiram analisar: (i) reivindicação de espaços ao longo do tempo, (ii) importância dos enxovais vinculados à produção têxtil, (iii) alta frequência de imagens específicas na cerâmica -Corujas-, (iv) substâncias pigmentares, (v) bioarqueologia e comportamento mortuário, (iv) relações extra-regionais e (vii) existência de conflitos entre populações.

Palavras-chave: Arqueologia, Colonizadores Locais, Região de Fiambalá, Catamarca.

Introducción

La región de Fiambalá (Catamarca, Argentina) tiene una impronta particular signada, por un lado, por las excavaciones asistemáticas que clérigos de diversas órdenes religiosas efectuaron entre las décadas de 1950 y 1970 y, por el otro, por los actos vandálicos, la venta de piezas arqueológicas y la formación de colecciones privadas sin documentación. En las últimas décadas comienzan los trabajos de la disciplina arqueológica científica-académica y profesional que articulan e interactúan con esta realidad compleja (Ratto 2013, 2015). Esta situación contribuyó a que nuestro proyecto de investigación privilegiara, desde sus inicios, el registro, documentación y revalorización de la información que brindan los materiales arqueológicos depositados tanto en instituciones (museos públicos o privados) como en manos de particulares, pero que en todos los casos provienen de distintos ambientes, pueblos y parajes del oeste tinogasteño (Basile 2011; Ratto & Basile 2013; Basile & Ratto 2016; Ratto et al. 2016b y c; entre otros).

Los orígenes diversos de conformación de las colecciones se correlacionan, de una u otra manera, con la menor o mayor calidad de la información contextual asociada. Esta situación está vinculada con la ausencia de registros de campo y/o de inventarios en los casos de intervenciones asistemáticas y de documentación diversa (notas, fotografías, planos, entre otros). Esta realidad se complejiza aún más cuando tenemos en cuenta y reconstruimos la biografía de la colección, particularmente los caminos transitados por las piezas en las distintas instituciones que muchas veces dificultan el rearmado de los contextos y la asociación de los materiales que las conforman.

Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre las colecciones institucionales y aquellas que se encuentran en manos de los pobladores locales, aspecto que excede las condiciones de guarda de los objetos. El potencial de las colecciones formadas por lugareños es que se complementa con el registro de la historia oral de los pobladores, lo que posibilita tanto el rearmado de contextos como la identificación de los lugares de proveniencia de las piezas que conforman la colección. En esta oportunidad nos centramos en presentar los aportes a los proyectos de investigación por parte de las colecciones arqueológicas en tenencia de pobladores locales, en nuestro caso de la región de Fiambalá. Sus relevamientos y la realización de análisis específicos han permitido abordar distintas problemáticas puntuales que articulan con los objetivos de nuestras pesquisas y, de esa manera, contribuyen al conocimiento de la historia socioambiental regional, además de cumplir con nuestra responsabilidad social como arqueólogos. A saber: (i) la recuperación de ajuares vinculados a la producción textil, (ii) los estudios bioarqueológicos y la diversidad del comportamiento mortuorio, (iii) la inferencia de la existencia de conflictos entre poblaciones tardío-incaicas en función de la cantidad de puntas líticas de arco y flecha presentes en áreas de barreales ubicados en zonas estratégicas, (iv) la alta frecuencia de imágenes de lechuzas representadas sobre soportes cerámicos, y que conforman una impronta regional fiambalense, (v) la particularidad de que los oasis conforman espacios persistentes, ya que fueron reocupados a lo largo de tiempo con diferentes funciones y significaciones, (vi) la presencia de materialidades características que dan idea de relaciones entre sociedades de distintos valles y (vi) la posibilidad de conformar una muestra regional de sustancias pigmentarias utilizadas en la expresión visual de piezas cerámicas.


Figura 1.
Ubicación del lugar de recuperación de las colecciones particulares y de los conjuntos de objetos arqueológicos generados por el accionar de pobladores locales de la región de Fiambalá

Las Colecciones en manos de pobladores de la región de Fiambalá

A lo largo del desarrollo de nuestro proyecto hemos relevado un total de siete colecciones arqueológicas y tres conjuntos de materiales, que tienen en común que fueron originados por el accionar de pobladores de distintos parajes de la región de Fiambalá (Fig. 1), principalmente por la realización de excavaciones y recolecciones superficiales asistemáticas. Las siete colecciones están depositadas en el territorio de origen (tenencia de pobladores o dependencias municipales), pero los otros materiales tienen historias variadas porque en un caso las piezas fueron trasladadas a dependencias de la Dirección de Antropología en la ciudad capital provincial, mientras que en otros dos casos, las piezas fueron vendidas por los pobladores antes de poder proceder a su relevamiento según las disposiciones legales vigentes.

En el caso de las siete colecciones que se encuentran en territorio fiambalense, no contamos con registros escritos, notas o libretas de campo, pero podemos apelar a la memoria de los pobladores para ubicar los lugares intervenidos, que suelen estar intensamente alterados por la acción de agentes naturales o por el crecimiento residencial y/o rural de los pueblos. Estas tareas fueron posibles porque previamente construimos una relación de cooperación con los pobladores, y luego del relevamiento confeccionamos las fichas de registro generales o reglamentadas por el Registro Nacional de Yacimientos, Colecciones y Objetos Arqueológicos en el marco de la Ley Nacional 25743/04 y provincial 4218/84. De esta forma, quedó declarada la totalidad de las piezas arqueológicas bajo tenencia personal de cada poblador o institución. En la Tabla 1 se especifica la ubicación, cota altitudinal, ambiente, fechados absolutos y/o cronología relativa, y clases de materialidades presentes en cada colección; a saber:

1) Colección Bayón: proviene del área de Las Champas cercana a la zona en la que el Fray Bernardino Gómez excavó el cementerio de Huanchín cuyos materiales se encuentran hoy depositados en el museo provincial Inca-Huasi (La Rioja) (Gómez 1953; Ratto et al. 2016b). El poblador intervino tumbas emplazadas en el área de Las Champas, que por sus relatos se trataba de tumbas en cámara circular (cista) construidas dentro del barreal homónimo. Una pudo ser re-excavada y se recuperaron restos esqueletales, macrorrestos vegetales y un posible artefacto de vegetal interpretado como gorro (Ratto et al. 2014). Entre los materiales que conforman esta la colección se destaca el registro de cinco palas de tejedor o espadas de algarrobo, una espátula de hueso, una olla doméstica y trece piezas cerámicas parcialmente reconstruidas, abiertas y cerradas, correspondientes al estilo Belén. Estos materiales cerámicos exhiben el repertorio temático conocido para este estilo, pero se destaca el registro de representaciones de lechuzas y animales felinizados en el campo decorativo que habitualmente ocupan las figuras antropomorfas (Ratto & Basile 2013). Los fechados realizados sobre los restos óseos humanos asociados permiten ubicar a estos materiales a comienzos de siglo XV (Ratto et al. 2014).

2) Colección Castro: proviene del área de Mishma, unos 4 km al oeste de la localidad de Saujil. En esta colección se destacan las piezas líticas grabadas, especialmente morteros, conanas, cutanas y hachas, un topu de metal posiblemente incaico y las piezas cerámicas abiertas y cerradas que, por sus características morfológicas y visuales corresponden tanto al primer como al segundo milenio de la era (estilos Aguada, Belén y Sanagasta).

3) Colección Pereira: está conformada por materiales recuperados dentro del ejido de la localidad de Saujil y sus inmediaciones. Es una de las más variadas por la diversidad de materialidades presentes, y además la memoria de su poseedor nos permitió re-armar cuatro contextos, de los cuales dos remiten a los siglos XIII y XIV por sus fechados radiométricos (Basile & Ratto 2016; Ratto et al. 2016b y c). En esta colección compuesta por 1337 artefactos arqueológicos de distinta clase se destacan las ollas ordinarias que funcionaron como contenedores de párvulos, la existencia de piezas “viajeras”, las piezas abiertas y cerradas que por sus formas y estilos decorativos remiten a distintos momentos del desarrollo cultural de la región desde el primer milenio de la era hasta momentos de la conquista incaica, la gran cantidad de muyunas o torteros de diversos tamaños y materias primas, las agujas de metal, la gran cantidad de puntas líticas especialmente de módulo pequeño, con y sin pedúnculo, adscriptas al sistema técnico de arco y flecha, gran cantidad de cuentas de collar y adornos y artefactos de molienda, entre otras. Actualmente las piezas están exhibidas en un museo privado abierto a los visitantes.

4) Colección Pereyra: tiene el mismo lugar de procedencia que la Colección Pereira y su materialidad es similar, pero menos diversa. También destacan las puntas líticas de módulo pequeño, apedunculadas y pedunculadas, adscriptas al sistema técnico de arco y flecha, los torteros, pesas de hilar, adornos y las piezas cerámicas correspondientes al primer y segundo milenio de la era. Actualmente esta Colección está expuesta en el Museo Municipal de Saujil, de reciente creación.

5) Colección Quintar: proviene de la periferia del pueblo de Palo Blanco, y actualmente está depositada en la Delegación Municipal con la idea de crear un museo comunitario. Las 26 piezas cerámicas recuperadas en la intervención de tres tumbas en cista son fiel reflejo de la diversidad expresiva de la imagen de las lechuzas, tanto en urnas como en pucos de estilo Belén (Ratto & Basile 2013). Junto al material cerámico se recuperó una espátula grabada en hueso, dos adornos de metal y los restos esqueletales de tres individuos que permitieron contextualizar estos entierros en el siglo XIV (Ratto et al. 2007).

6) Colección Nieto: mayormente compuesta por grandes puntas líticas foliáceas que recuperaron los integrantes de la familia en el área de Ojo del Agua, a unos 4 km lineales al noroeste del pueblo de Palo Blanco. Además de estos hallazgos destaca la tenencia de una pala de tejedor o espada de algarrobo que según informaran pertenecía a su abuela, pero tiene todas las características de ser un artefacto conservado que pasó de generación en generación.

7) Colección Neri Tito (Parra): compuesta por una única pieza, pero muy emblemática, ya que se trata de una urna Saujil, restaurada por el equipo de investigación, que fuera hallada en el puesto familiar de altura Loma Grande (Coll 2018) en ambiente de precordillera. Se caracteriza por la combinación de distintas técnicas y recursos plásticos (acanalado, inciso y pulido en líneas).

Tal como antes se comentó, a estas colecciones, que se encuentran en tenencia de los pobladores locales y pudieron ser relevadas y declaradas siguiendo los requerimientos del RENYCOA[1], se suman un conjunto de materiales, también producto de excavaciones asistemáticas realizadas por los pobladores, pero que no se encuentran en territorio fiambalense, debido a que fueron trasladas a la capital provincial o fueron vendidas (Ratto & Palamarczuk 2020). A saber:

1) Piezas del entierro Las Papas-II: se trata de una tumba, posiblemente en cista emplazada en el piedemonte del cerro, dentro del ejido del pueblo de Las Papas. En ella se recuperó un abundante ajuar compuesto por piezas cerámicas, mayormente de estilo Belén, textiles, cuchillos líticos, agujas, separadores de hilos, tensadores, palas de tejedor o espadas de algarrobo; además de los restos esqueletales del individuo denominado LP-II que los fechados radiométricos ubican en el siglo XIII (Ratto et al. 2019). Esta tumba fue excavada por el poblador local Juan Carlos Sinches (Chalina) y actualmente se encuentra en la Dirección de Antropología de Catamarca (D.A.), donde pudimos relevarla.

2) Piezas Carrizo: el relato dado por el poblador indica que halló y excavó tumbas en cista ubicadas en el fondo de su casa, sobre el filo de las lomadas, en la localidad de Saujil. También informó que las piezas las vendió en la década de 1960, pero por las características visuales que describía en su relato se trataba de piezas de estilo Belén. Los restos esqueletales de al menos cuatro individuos fueron amontonados dentro de cajones de manzana, a la intemperie, y depositados junto a otros materiales “inservibles”, y se encuentran actualmente en estudio (Basile & Ratto 2016).

3) Piezas Quiroga: se trata de una urna tipo Abaucán que fue recuperada del desierto por el poblador local. Los huesos se dejaron in situ y las piezas, una vasija pequeña con decoración Sanagasta además de la urna, fueron trasladas al puesto donde pudieron ser documentadas métrica y fotográficamente, pero desgraciadamente fueron vendidas sin mediar acciones oficiales de recuperación de los bienes culturales, a pesar de las alertas realizadas (Ratto & Palamarczuk 2020). Pudieron ser recuperados los restos esqueletales, en proceso de estudio, mediante la realización de excavaciones en el lugar que fuera indicado por el poblador, quien dejó una bolsita de hojas de coca junto con los restos, a modo de ofrenda.

Por lo detallado sucintamente, cada una de estas colecciones tiene sus particularidades no solo por los tipos de materiales que los componen, sino también por la posibilidad de rearmar los contextos -generalmente funerarios- y, en algunos casos, poder datarlos (Tabla 1). La situación de las piezas arqueológicas y su relación con la historia del territorio varía considerablemente, ya que en algunos casos fueron trasladas pero pueden regresar a su lugar de origen, pero en otros fueron vendidas y se desconoce su destino, por lo que la pérdida es total.

Tabla 1.
Colecciones particulares y conjuntos de piezas arqueológicas generados por el accionar de pobladores locales: ubicación de hallazgos, ambientes, cronología y tipo de materiales

Colecciones y problema de investigación

La materialidad de cada una de estas colecciones privadas, analizada en clave regional y en interrelación con los resultados de las investigaciones arqueológicas, los estudios de impacto y el relevamiento de las colecciones institucionales, permiten bosquejar o delinear la importancia de algunas prácticas o procesos acaecidos a lo largo del tiempo en la región de Fiambalá.

Las prácticas textiles

En el Noroeste Argentino los textiles fueron elaborados desde épocas muy tempranas. Sin embargo, la preservación de este material depende directamente de las características climáticas del entorno y del efecto del paso del tiempo. Por lo tanto, salvo algunas excepciones, en general esta tecnología sólo queda atestiguada por pequeños fragmentos muy deteriorados o evidencias indirectas de su producción. Estas evidencias son el resultado de actividades particulares dentro del proceso productivo textil (Basile et al. 2016; López Campeny 2016). Las piezas del Entierro Las Papas-II, que se encuentran depositadas en la Dirección de Antropología de Catamarca, conforman un contexto funerario notable, que incluye evidencias de producción textil, tanto directas (tejidos) como indirectas (un instrumento de hueso de camélido, fragmentos de una pala de tejedor, agujas, cortador de fibras, entre otras). Esta evidencia indirecta también se rastrea en las colecciones Pereira, Pereyra y Bayón donde se relevaron gran cantidad de torteros de cerámica y roca vinculados directamente con las tareas de torsión y estiramiento de las fibras durante el hilado, agujas y accesorios del telar (ajustadores, separadores). Todos estos materiales, en función de las características de cada colección, los fechados realizados o las piezas cerámicas diagnósticas que presentan, indican que la práctica de producción textil en esta región tuvo continuidad a lo largo del tiempo, ya que está documentada al menos desde el siglo XIII y perdura hasta la actualidad, donde queda atestiguada por el registro de la pala de tejedora de la familia Nieto de Palo Blanco (Fig. 2).


Figura 2.
Evidencias indirectas de producción textil documentadas en las colecciones y conjuntos de objetos producto del accionar de pobladores locales: (a) torteros de cerámica, roca y madera –Colección Pereira y Pereyra–; (b) agujas de metal –Colección Pereira–; (c) Separadores de hilos óseos –Colección Pereira y Bayón–; (d) y (f) palas de tejedor – Colección Bayón y Nieto–; (e) palas de tejedor, aguja, separador y cortador de fibras –Conjunto del entierro LP-II–

Aportes a la bioarqueología y al análisis del comportamiento mortuorio

Las excavaciones asistemáticas que los distintos clérigos realizaron en grandes extensiones de entierros y que marcaron la historia de nuestra región ocasionaron la devastación de gran parte de los contextos funerarios (Ratto 2013), de los que sólo quedaron algunas referencias sobre las características de los entierros (tipos y cantidad de inhumaciones, acompañamiento asociado, formas de depositación), sin información del destino de los cuerpos inhumados (Ratto et al. 2016a). Los pobladores de Saujil, Medanitos y Las Papas reportaron la existencia de distintos tipos de entierros y fue posible, incluso, recuperar los restos dejados in situ y proceder a su análisis bioarqueológico de acuerdo con el Plan de Manejo de Colecciones Osteológicas (Aranda et al. 2012). En el caso de Saujil, el relevamiento de la Colección Pereira y la posibilidad de reconstruir los contextos de asociación entre cuerpos y materiales permitió documentar y datar la existencia de entierros de subadultos en urna en momentos tardíos. En simultáneo, a partir de la memoria oral de Don Carrizo, fue posible determinar la existencia de entierros de adultos en cista acompañados de piezas cerámicas cuyas descripciones corresponden al estilo Belén, las que ya no están en poder de la gente porque fueron vendidas en la década de 1960. Este tipo de entierros fue documentado también en la localidad de Palo Blanco a partir del registro de la Colección Quintar, y muy posiblemente en el Entierro de LP-II en función del relato dado por el poblador que intervino la tumba.

En Medanitos, fue posible documentar un entierro en urna tipo Abaucán que fuera intervenido asistemáticamente por un puestero instalado en la periferia norte del pueblo. La comunicación del poblador permitió relevar el contenedor cerámico y el acompañamiento, como así también determinar el lugar en el desierto donde había dejado enterrados los huesos que contenía la urna. De esta manera, se procedió a la re-excavación, identificación del lugar y recuperación del cuerpo de un individuo adulto para efectuar el análisis bioarqueológico. Es de destacar que esta modalidad de entierro, adulto en urna, no había sido documentada hasta el momento para la región, dado que de esta práctica se tiene referencia sólo en los valles del oriente, mayormente en Andalgalá (Berberian 1969) y en menor medida en el valle de Belén (Ratto et al. 2016a).

En el pequeño ejido del pueblo de Las Papas se documentaron distintas modalidades de entierro (directos, en cámaras rectangulares y circulares), con y sin presencia de acompañamiento, que cubren un amplio rango temporal, desde aproximadamente el año 1000 a.C. hasta el 1300 d.C. Los análisis bioarqueológicos indican la existencia de un indicador de estrés sistémico (cribra femoralis) en todos los individuos, a pesar de los 2300 años que los separan (Ratto et al. 2019). El entierro denominado LP-III, datado aproximadamente en el año 1000 a.C., es el más antiguo en términos absolutos y hasta el momento para las regiones de Fiambalá y Chaschuil. En este caso, la articulación de este registro con criterios metodológicos provenientes de la vulcanología permitió generar una cronología relativa del arte rupestre grabado de la zona (Ratto et al. 2018).

Aportes a la discusión de la existencia de conflictos entre poblaciones

En las colecciones particulares de los pobladores de Saujil, Osvaldo Pereira y Alejandro Pereyra, se registraron 663 y 96 puntas de proyectil, respectivamente. En su mayoría, 95 %, son de tamaño pequeño, de obsidiana o rocas volcánicas básicas, con pedúnculo y aletas entrantes y apedunculadas de base escotada (Ratto et al. 2016b y c). Estos diseños permiten vincularlas a las sociedades de momentos tardío-incaicos, provienen de la zona de El Barreal y posiblemente sean evidencia de conflictos pasados. Esta situación no tiene antecedente comparable en ninguna de las colecciones previamente relevadas o en los sitios intervenidos hasta el momento en la región, sin embargo, presentan diseños similares a las recuperadas por Max Uhle en el sitio Río del Inca (valle de Las Lajas, Dto. Tinogasta, Catamarca) (Ratto 2015; Uhle 1912) que se encuentran depositadas en el Museo Etnológico de Berlín (Alemania) (Uhle 1912 y libreta N°30-MEB). Es interesante que, en ambos casos, fueron recuperadas dentro de áreas de barreales, espacios abiertos, asociados con zonas de mayor topografía relativa (lomadas) (Ratto et al. 2016b).

Aportes al registro de una alta frecuencia de imágenes específicas en la alfarería (Lechuzas)

Los relevamientos realizados sobre los materiales cerámicos depositados en las Colecciones privadas de Palo Blanco (Quintar), Huanchín (Bayón) y Saujil (Pereyra y Pereira) revelaron la existencia de determinadas particularidades dentro del repertorio temático de las piezas correspondientes al estilo Belén procedentes de la región de Fiambalá. Dichas particularidades consisten en representaciones de lechuzas y de animales felinizados, que no son comunes en otras zonas en donde se documentan materiales de este estilo. Su documentación derivó en el análisis específico de este tipo de imágenes, la definición de los criterios para identificarlas, y también permitió registrar su dispersión en otros contextos funerarios de la región, tales como el entierro en urna del Bebé de La Troya (Ratto et al. 2007) y las colecciones institucionales de O. Dreidemie y de B. Gómez producto de sus excavaciones asistemáticas en los cementerios de Istataco y Huanchín, respectivamente (Dreidemie 1951, 1953; Gómez 1953). El registro frecuente de estas representaciones, revelado por la documentación de las colecciones privadas, fue fundamental para ponderar la relevancia de imágenes de lechuzas que no tenían antecedentes en la región de Fiambalá sobre ningún soporte de contextos anteriores al año 1250 de la era (ni roca, ni cerámica), y obligan a pensar en relaciones de larga distancia con zonas de foresta en las que estas imágenes son muy recurrentes (Ratto & Basile 2013). También permitió detectar la persistencia de valores y sentidos que desconocemos, pero que son característicos de momentos previos a través de la existencia de ciertos elementos (manchas, fauces, colas enroscadas, garras o huellas) que felinizan algunas de las representaciones desplegadas en estos conjuntos cerámicos de momentos tardíos. De esta manera, revelan la complejidad de los procesos sociales que buscamos interpretar y desafían los modelos de periodización que asumen la sucesión y/o el reemplazo de unos grupos por otros (Basile 2013; Ratto & Basile 2013) (Fig. 3).


Figura 3.
Representaciones de lechuzas en los materiales relevados de las Colecciones: (a) Quintar; (b) Pereyra y (c) Bayón

Oasis como espacios persistentes en el tiempo

El pueblo de Saujil contaba con escasos antecedentes arqueológicos al momento del relevamiento de las colecciones privadas que aquí presentamos. La materialidad documentada y registrada en ellas corresponde a distintos momentos de la historia prehispánica local, hay objetos que por sus características pueden ser adscriptos al primer milenio, al segundo milenio y a momentos posteriores a la conquista española. El registro de los materiales junto con la información provista, especialmente referida a los lugares de proveniencia de las piezas que conforman la colección Pereira, u otras regaladas o vendidas por distintos pobladores locales, nos dan la idea de que el área de Saujil se presenta como un “espacio persistente” (sensu Schlanger 1992). Un espacio que habría sido habitado y reiteradamente modificado a lo largo del tiempo por comunidades diversas, ya que cuenta con registros prehispánicos de tiempos muy tempranos, alrededor del 500 a.C. (González & Sempé 1975), a los que se suman los rescates arqueológicos de contextos funerarios efectuados por la Dirección de Antropología de Catamarca datados en el 1000 d.C. (Luna et al. 2017; Ratto et al. 2016a), los re-construidos y datados de la Colección Pereira que remiten al Período Tardío (ver más adelante), la instalación de encomiendas en el siglo XVII (Ratto & Boixádós 2012) y el emplazamiento del pueblo actual (Basile & Ratto 2016; Ratto et al. 2016b y c).

Tal como sucede en todos los casos que aquí mencionamos, tampoco hubo un registro escrito sobre la manera de recuperación de los materiales que conforman la Colección Pereira. Sin embargo, fue posible re-construir cuatro contextos funerarios a través de la narrativa oral de su poseedor. Dos de ellos pudieron ser, incluso, datados por AMS a partir de la toma de muestras de fragmentos óseos y textiles, que los ubicó a fines del siglo XIV y comienzos del XV (Basile & Ratto 2016). El re-armado de estos contextos y su datación, no sólo nos permitió seguir armando el rompecabezas de la ocupación persistente de los paisajes de Saujil, sino que también brindó la posibilidad de identificar y datar la presencia de “piezas viajeras” (Famabalasto negro grabado) dentro del mismo contexto funerario, junto a piezas locales que indican la existencia de relaciones extrarregionales entre poblaciones que hay que definir (Basile & Ratto 2016; Freire et al. 2018). Este contexto es único para la región de Fiambalá, donde no sólo no se hallaron fragmentos en superficie ni en excavaciones, sino que tampoco se documentaron piezas de este estilo en las colecciones museográficas regionales[2]. Estas “convivencias” entre piezas de estilos diferentes son recurrentes en la región y se dan siempre en contextos funerarios ubicados temporalmente en distintos momentos del siglo XIV y comienzos del XV y, por lo tanto, las relacionamos con la dinámica de poblamiento regional preconquista española, marcada por despoblamientos y repoblamientos asociados a la inestabilidad ambiental (Ratto & Boixadós 2012).

Por último, los hallazgos se realizaron en gran parte dentro del ejido urbano de Saujil y al pie de las lomadas que es donde la gente vive y realiza sus actividades en forma cotidiana hoy en día. Esta situación nos obliga a considerar los cambios en la ubicación del pueblo de Saujil a lo largo del tiempo, principalmente producto de las crecidas de río Abaucán o Fiambalá documentadas en fuentes históricas de fines del siglo XIX (Taborda et al. 1992). Al respecto, es posible que “el pueblo de indios de Abaucán” que mencionan las fuentes históricas del siglo XVII (Ratto & Boixadós 2012) se ubicara a la vera del río, y que recién en el siglo XIX se desplazara hacia las lomadas. Hoy la relación está invertida, el pueblo se ubica en las lomadas, donde se localizaban los espacios funerarios en el pasado, y las fincas agrícolas se encuentran cerca del río donde se ubicaban los espacios residenciales, situación que explica la alta frecuencia de materiales arqueológicos que encuentran los pobladores cuando trabajan sus fincas.

Aportes a la construcción de una base regional de sustancias pigmentarias

En todas las colecciones particulares aquí presentadas, los pobladores brindaron su consentimiento para la toma de muestras pigmentarias mínimas de las piezas cerámicas relevadas. Estas muestras se sumaron al conjunto registrado en los fragmentos cerámicos recuperados durante las excavaciones sistemáticas realizadas por nuestro proyecto, los rescates de la Dirección de Antropología de Catamarca y las colecciones producto de estudios de impacto arqueológico. Su análisis conjunto contribuye a la construcción de una base regional de sustancias colorantes empleadas en piezas cerámicas que dan cuenta de la diversidad existente en diversos contextos, ambientes y tiempos. Esto nos permitirá conocer el repertorio de recetas colorantes y evaluar la variedad de formas de preparación de las pinturas empleadas en la configuración de los discursos visuales desplegados en la alfarería por las sociedades productivas que habitaron la región durante el primer y el segundo milenio, así como determinar sus cambios o continuidades a lo largo del tiempo. Los análisis de pigmentos se están realizando en colaboración con el grupo de Raman y de DRX del Centro Atómico Constituyentes (CNEA) (Freire et al. 2018; Ratto et al. 2016d).

En síntesis

Las colecciones privadas relevadas no sólo brindan información sustancial producto de los objetos particulares allí depositados, sino que resultan excepcionales porque nos posibilitan conversar con los pobladores que las conformaron. Apelando a su memoria es posible reponer en parte la ausencia de registro, localizando los lugares de proveniencia y reconstruyendo los contextos de asociación entre piezas y materiales. Además, los lazos de confianza entablados en este proceso de documentación y las posibilidades de conocimiento que se abren a partir de la investigación suelen facilitar el acceso a la toma de muestras para análisis específicos y a las fotografías, cartas que ayudan a reconstruir la historia de las familias y con ella la de la región. En simultáneo, el relevamiento arqueológico de estas colecciones les permite a los pobladores regularizar la tenencia de los materiales bajo su custodia y a las autoridades provinciales obtener un registro del patrimonio cultural que se encuentra fuera de los ámbitos de los museos registrados y es responsabilidad de su gestión. De esta manera, la integración de la información provista por la materialidad, las libretas de campo y la historia oral de la conformación de las distintas colecciones nos permiten acercarnos a la historia socioambiental de la región y sopesar la mala preservación de los sitios, en gran parte producto del uso persistente de los espacios en el tiempo.

Sólo articulando estos saberes, mediante la revalorización de las colecciones particulares, el rescate de la historia oral de sus tenedores e integrando esta nueva dimensión al ejercicio de la práctica arqueológica (prospecciones, excavaciones, análisis de materiales y de fuentes escritas, bioarqueología y arqueometría) es posible seguir respondiendo interrogantes acerca del pasado en y desde el presente.

Agradecimientos

Osvaldo Pereira, Alejandro Pereyra, Juan Bayón, Lorenzo Castro, Mario Quintar, Iván Nieto, Tito Neri (Parra) y sus familias, nos abrieron las puertas de sus casas y de su memoria para poder relevar los materiales en sus manos y reconstruir sus contextos de hallazgo y asociación. A los pobladores Carrizo, Quiroga y Sinches por la información brindada. A los integrantes del Pach-A que participaron de los relevamientos. A la Dirección de Antropología y Albeana Viltes del Museo del Hombre de Fiambalá y su personal.

Notas

[1] Registro Nacional de Yacimientos y Colecciones Arqueológicas

[2]Con excepción de una única pieza documentada en el Museo Provincial Inca Huasi proveniente de las excavaciones del padre Gómez en Huanchín (Freire et al. 2018; Gómez 1953)

Referencias

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Notas

[1] Registro Nacional de Yacimientos y Colecciones Arqueológicas
[2] Con excepción de una única pieza documentada en el Museo Provincial Inca Huasi proveniente de las excavaciones del padre Gómez en Huanchín (Freire et al. 2018; Gómez 1953)


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