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Los afectos y el yo
Saul Poznansky
Saul Poznansky
Los afectos y el yo
PSOCIAL, vol. 6, núm. 2, 2020
Universidad de Buenos Aires
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Resumen: El autor hace un recorrido por las distintas significaciones de diversos afectos. Refiere no haber encontrado una explicación que nos aclare qué son los afectos. Para el autor no existe una energía psíquica. El psiquismo es un espacio y mundo virtual. Coincide con O. Kernberg en que la sumatoria de experiencias placenteras y displacenteras, unidas cada una de ellas forman dos series paralelas que se organizan y consolidan en forma de pulsiones. De algunas citas de Freud deduce que él mismo cree que los animales tienen afectos pues se angustian. A lo largo de la evolución de los animales, los centros neurológicos crecen y se complejizan y además en el hombre crearon el psiquismo. A medida que aumentó la complejidad del cerebro, entre un estímulo y la respuesta puede haber variaciones en el espacio de tiempo, que es prácticamente nulo en el arco reflejo. O un período de tiempo variablemente largo para que durante ese período de tiempo se realicen varias funciones nuevas como: discriminación, evaluación, integración, síntesis, decisión, coordinación y ejecución de la respuesta; funciones que en el humano se adscriben a la instancia del yo. Para que este yo pueda cumplir sus funciones fue necesario una separación temporal cada vez más grande con el riesgo de perder el sentido de la respuesta. Postula que: El afecto cumple la función de mantener la vigencia temporal, convirtiéndose en la memoria, de la significación y repercusión vivencial del estímulo. Esta memoria continua permite que pueda establecerse un espacio temporal entre el estímulo y la respuesta para la realización de las funciones yoicas de discriminación, evaluación, síntesis, decisión, coordinación, ejecución y control de la respuesta.

Palabras clave: afectos, sentimientos, pulsiones, emociones, estímulo, respuesta, memoria, yo.

Abstract: The author tracks the variable meanings of diverse affects. He refers to not having found an explanation that would clarify what affects are. According to the author psychic energy does not exist. The psyche is a virtual space and world. He agrees with Kernberg O. in that the sum of pleasant and unpleasant experiences, each together form two parallel series that organize and consolidate themselves in the form of drives. From some of his texts, he infers that Freud himself believed that animals have affects given that they can experience anguish. Throughout the evolution of animals, neurological centers grow and become more complex and in man, they also created the psyche. To the extent that the brain's complexity increased, in the interval between a stimulus and its response there may be variations in the space of time, which is practically null in the reflex arc. Or a period of time variably long so that during that period of time various new functions may be carried out such as discrimination, evaluation, integration, synthesis, decision, coordination, and execution of the response; functions that in humans are ascribed to the ego. For it to fulfill its functions, an ever greater temporal separation was necessary, with the risk of losing the purpose of the response. The author posits that: affect fulfills the function of maintaining temporal validity, becoming memory, of the experiential meaning and repercussion of the stimulus. This continuous memory allows for a temporal space to be established between the stimulus and its response for the fulfillment of the functions of discrimination, evaluation, synthesis, decision, coordination, execution, and control of the response, which are functions of the ego component.

Keywords: affections, feelings, drives, emotions, stimulus, response, memory, ego.

Carátula del artículo

Artículos

Los afectos y el yo

Saul Poznansky
Hospital Aeronáutico Central , Argentina
PSOCIAL
Universidad de Buenos Aires, Argentina
ISSN-e: 2422-619X
Periodicidad: Semestral
vol. 6, núm. 2, 2020

Recepción: 02 Enero 2017

Aprobación: 18 Noviembre 2020


Introducción

En referencia a los afectos, dijo Freud (1914/1979) que hay una “total inexistencia de una doctrina de las pulsiones que de algún modo nos oriente” (p.75). Si bien estas palabras fueron escritas antes de que se ocupase extensamente del tema, pueden considerarse válidas aún en los momentos actuales en relación a muchos aspectos vinculados a este importante contenido del psiquismo, los que necesitan seguir siendo investigados. Algún tiempo después en Más allá del principio de placer (1920/1979) se refiere a las pulsiones como “el elemento más importante y oscuro de la investigación psicológica" (p.34).

Sabemos que son los aspectos afectivos del ser humano los que influyen decisivamente en la conducta y los productores de patología. Es por ello que los estudios que se puedan hacer en relación a las emociones, pulsiones, sentimientos, es decir los contenidos afectivos del psiquismo, siguen siendo importantes en la medida que puedan aclarar algunos aspectos de este oscuro elemento del psiquismo.

Existen varios términos interrelacionados entre sí que tienen variadas significaciones. Entre ellos tenemos: pulsión, afecto o afección, emoción, sentimiento, pasión, ánimo, humor, a los que, según el enfoque de la filosofía, fisiología, psiquiatría, psicología, psicoanálisis, etc. se les da significaciones que pueden ser semejantes, parcialmente a veces o totalmente otras, pueden tener significados diferentes y, en ocasiones, están unas subordinadas a otras. Todas estas significaciones pueden ir variando a lo largo del tiempo, de su uso o de las escuelas.

La Enciclopedia Universal Ilustrada (Espasa Calpe, 1982), dice de “Afectos: Fisio y Filos. Se llama así a una sucesión o serie de sentimientos conexos y de gran intensidad, acompañados de determinadas modificaciones de la representación mental y de cambios psicológicos perceptibles. Como todos los sentimientos alternan y van seguidos de fenómenos corporales y espirituales accesorios. Es muy difícil de señalar su límite.” Respecto a “Emoción: f. Agitación repentina del ánimo ... Filos. Importa algo como atracción o repulsión, deseo o aversión, un movimiento o cesación de movimiento. Es la expresión general de los fenómenos de la vida afectiva ... Tiene, pues, el carácter subjetivo por antonomasia que distingue el estado afectivo.” Respecto a “Ánimo: El alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. || fig. valor, esfuerzo, energía. || intención, voluntad. || atención, pensamiento.” También dice en relación a “Sentimiento: Acción y efecto de sentir o sentirse. || Impresión y movimiento que causan en el alma las cosas espirituales. || ... Filos. Se dice de todos los fenómenos afectivos; es decir, de todos los placeres y penas que nacen inmediatamente de un fenómeno intelectual o de actividad.” El significado según este diccionario para: “Alma: Del lat. Animo) f. Substancia espiritual e inmortal en el hombre, que le hace capaz de entender, querer y sentir.” A su vez “Espíritu: ... Del lat. Spiritus) Ser inmaterial y dotado de razón. Alma racional.” Lo siguiente se refiere al término “Humor: El estado de ánimo que se significa con esta palabra obedece a una débil emoción, que, por lo general es de larga duración. El humor, como la emoción misma, es un conjunto de ideas y afectos, pero no determina una situación, como la emoción, es algo vago, sin objeto preciso.”

En el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora (1979) se define como: “Sentimiento: ... Por lo pronto, ‘sentimiento’ puede ser definido como «la acción y el efecto de experimentar sensaciones». Estas sensaciones pueden ser, además, de varias clases: sensaciones de los sentidos corporales, emociones, pasiones, etc. ... Los autores que han seguido las ideas de Brentano se han esforzado por caracterizar los sentimientos o, como se ha denominado también, la vida emocional como algo que, siendo completamente distinto de la inteligencia y de la voluntad, se halla constituido por una serie de actos intencionales.” En cuanto a “Emoción: Se usa a veces ‘emoción’ en un sentido muy similar a ‘sentimiento’... Las emociones, aún si se consideran fundadas en procesos corporales, no necesitan describirse en términos corporales. Así se estima que sentir alegría, temor, amor, etc. son emociones. ... cuando se ha procurado ver en que se fundaban las emociones se ha llegado con frecuencia a las dos conclusiones siguientes. Primero, que las emociones se hallan ligadas a la expresión de las emociones. Segundo, que las emociones se hallan relacionadas estrechamente con procesos fisiológicos.”

Por los significados dados en estos diccionarios a los diferentes términos se los puede relacionar unos con otros, compararlos, diferenciarlos en sus cualidades o dependencias mutuas, a veces se define un término refiriéndolo al mismo u otro de ellos. La explicación o definición puede estar referida a determinadas creencias, concepciones filosóficas, etc. Se los trata como algo experiencial, conocido por todos y que no tiene reducción a algo anterior que lo pueda describir o explicar. Evidentemente es un aspecto del psiquismo muy complejo y, si bien todos los conocemos por haber sentido una múltiple variedad de afectos como experiencia vivencial personal, ya que son perceptibles únicamente en forma introspectiva, no nos es suficiente para conocer intelectualmente qué son, por qué y cómo es que tuvo lugar su origen, cuál es la función biológica y psicológica que cumplen y para la qué fueron creados. En este escrito trataré de hacer un recorrido que, desde otro punto de vista, nos pueda aportar otros enfoques a estos interrogantes.

Los afectos en el campo psicoanalítico

Según el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (1968) el significado de Afecto es: “Palabra tomada por el psicoanálisis de la terminología psicológica alemana y que designa todo estado afectivo, penoso o agradable, vago o preciso, ya se presente en forma de una descarga masiva, ya como una tonalidad general. Según Freud, toda pulsión se manifiesta en los dos registros del afecto y de la representación. El afecto es la expresión cualitativa de la cantidad de energía pulsional y de sus variaciones.” Es decir que según este diccionario afecto es la expresión cualitativa de la pulsión y designa a todos los estados afectivos describiéndolos por sus cualidades.

Valls (1997) en su Diccionario Freudiano, define el término: “Afecto: Sensación que es registrada por la conciencia (PCc- polo percepción-consciencia 1915-17) correspondientes a los aumentos o disminuciones en la unidad de tiempo (el ritmo, 1924) de las cantidades de excitación libidinal provenientes desde dentro de la superficie corporal.” ... “En el Proyecto de psicología (1950 {1895}) Freud habló explícitamente del afecto refiriéndose al recuerdo de la vivencia de dolor ... Es decir: tras la vivencia de dolor, queda como secuela la aparición del afecto (seguramente se refiere al miedo o angustia real)”.

Dice Freud (1915/1979) en Pulsiones y destinos de pulsión “la «pulsión» nos aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante {Repräsentant} psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal” (p.117).

Evidentemente la preocupación persistía porque también en “La Represión” (1915/1979) se ocupa del tema haciendo una mayor discriminación: “no es lícito olvidar que es muy poco lo que enunciamos acerca de una moción pulsional cuando afirmamos que está reprimida. Es que, sin perjuicio de su represión, puede encontrarse en muy diversos estados: puede estar inactiva, es decir, escasamente investida con energía psíquica o investida en grados variables y así habilitada para la actividad ... En el caso de los retoños no reprimidos de lo inconciente, la medida de la activación o investidura suele decidir el destino de cada representación singular. Es un hecho cotidiano que un retoño así permanezca no reprimido mientras es representante de una energía baja, aunque su contenido sea idóneo para provocar un conflicto con lo que impera en el consciente es que el factor cuantitativo resulta decisivo para el conflicto” (p.146). Luego, continúa de la siguiente manera: “En las elucidaciones anteriores consideramos la represión de una agencia representante de pulsión, entendiendo por aquélla a una representación o un grupo de representaciones investidas desde la pulsión con un determinado monto de energía psíquica (libido, interés). Ahora bien, la observación clínica nos constriñe a descomponer lo que hasta aquí concebimos como unitario, pues nos muestra que junto a la representación {Vorstellung} interviene algo diverso, algo que representa {räpresentieren} a la pulsión y puede experimentar un destino de represión totalmente diferente del de la representación. Para este otro elemento de la agencia representante psíquica ha adquirido carta de ciudadanía el nombre de monto de afecto: corresponde a la pulsión en tanto esta se ha desasido de la representación y ha encontrado una expresión proporcionada a su cantidad en procesos que devienen registrables para la sensación como afectos” (p.147).

Voy a hacer un breve resumen. Según lo reproducido anteriormente, para Freud, la pulsión es un concepto límite entre lo somático y lo psíquico. Así en distintos momentos de su obra la pulsión es un concepto intrapsíquico y en otros es prepsíquico siendo, en este caso, representado en el psiquismo por dos elementos. Por lo expresado en “La Represión” entiendo que la pulsión está representada en el psiquismo por una agencia representante compuesta de dos elementos; uno de ellos es la representación (Vorstellung) y el otro ese “algo diverso”, ese “otro elemento” al que Freud define como equivalente a una energía psíquica que “devienen registrables para la sensación como afectos”. Esa energía estaría relacionada con el factor cuantitativo y lo llama “monto de afecto”. Cuando Freud remite al “monto de afecto” hace referencia a dos aspectos: uno de ellos, el aspecto económico, es el monto o cantidad, que es a su vez importante en la medida que puede ser más o menos esforzante para el psiquismo en la búsqueda de la descarga. ¿Podemos actualmente pensar en términos económicos, de una energía psíquica, en cantidades de afecto? Desde la experiencia personal (introspección) y desde la clínica la respuesta sería sí. Del otro aspecto, aquello que es el afecto mismo, lo que podemos decir hasta ahora es que se diferencian por sus cualidades. También se los refiere, en otras partes de su obra, como que pueden ser placenteros o displacenteros. De todas maneras con esto no adelantamos mucho más pues estamos repitiendo que existen diferentes afectos. Sería una explicación descriptiva de los afectos pero no es una explicación de cómo es que se crearon, por qué y para qué tenemos afectos.

Si repetimos la pregunta anterior, ¿existe una energía psíquica? Pensando desde la perspectiva de que el psiquismo no es un mundo material, que es donde sí existe la energía y la materia, sino que el psiquismo tiene una existencia y un espacio virtual, nos puede generar dudas. Este aspecto de los afectos es un tema muy debatido tanto en la filosofía, por lo menos desde la época de los griegos, religiones, medicina, psicología, etc. Un ejemplo lo tenemos en algunas de las definiciones que ya transcribimos de los diccionarios que están incluidos en este escrito. En el siglo XlX el psiquiatra Wilhem Griesinger (1845), plantea el tema en los siguientes términos: “Estamos entonces, científicamente autorizados ... a relacionar las funciones del alma con el cuerpo y en particular con el cerebro, como relacionamos las funciones con un órgano, a considerar la inteligencia y la voluntad como la función, la energía especial del cerebro, al igual que vemos la transmisión en los nervios, los actos reflejos en la médula espinal, etc., como las funciones de estas partes, y a considerar el alma inmediatamente y ante todo como la suma de todos los estados del cerebro” (p. 9).

El cerebro es considerado el sustrato orgánico del psiquismo, como órgano material, físico, y es lo único aceptado por ciertas teorías fisicalistas que niegan el psiquismo. Este sería un producto de la actividad del órgano material cerebro y en este caso podríamos pensar que no existe una energía psíquica. Tengamos en cuenta que para la Enciclopedia Universal Ilustrada el significado del término “Virtual: fuerza, virtud. adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente || Implícito, tácito || Fis. Que tiene existencia aparente y no real” (Espasa Calpe, 1982). Si al psiquismo lo consideramos como que tiene existencia aparente pero no real, que tiene fuerza o virtud para producir efectos pero no los produce por presencia, en ese caso debemos pensar en otra explicación para los efectos psíquicos que nos son ostensibles en nuestro vivenciar. Evidentemente según el enfoque o creencia personal puede o no hablarse de una energía psíquica.

Estímulos y respuestas en la neurología y la psicología.

Trataré de ir recorriendo un camino para poder acercarnos, en lo posible, al tema. El estímulo que puede producir como respuesta un afecto puede ser en su origen, externo, producido por un agente físico exterior que estimula un área sensible del sujeto. También puede ser un estímulo proveniente del propio cuerpo, en este caso sería interior, éstas son las sensaciones corporales que pueden percibirse como un estado de funcionamiento del self corporal. La otra posibilidad de origen es el propio psiquismo, en este caso sería un estímulo intrapsíquico, por medio de recuerdos, fantasías, ideas, alucinaciones, etc.

Cuando un estímulo externo o interno llega a la interfase o frontera, como dice Freud, entre lo somático y lo psíquico, transportado por el sistema nervioso sensitivo, aferente, posee ya varias cualificaciones. Los estudios neurológicos nos informan que estas cualificaciones existen desde el principio. Efectivamente, cuando se produce el contacto de un agente externo con una parte orgánica del self, el receptor que capta el contacto es estimulado. Este estado de excitación es descargado por el receptor por medio de una transmisión a una neurona sensitiva aferente. La estimulación transmitida estaría compuesta por información de cualificaciones, las que tienen varias vertientes que dependen del tipo de receptor, el estímulo que excitó al receptor y cualificaciones que expresan la intensidad del estímulo. De esta manera se transmite la información en dirección al cuerpo neuronal realizando el recorrido por los nervios periféricos. Al pasar por el cuerpo celular y llegar al axón puede cerrarse el círculo, por medio de un arco reflejo, produciéndose la descarga total en la neurona motora. La respuesta es un estímulo motor en dirección centrífuga hacia el músculo, que con su movimiento produce una acción física que procura evitar el estímulo. Un ejemplo es el reflejo rotuliano. En este tipo de estímulo-respuesta no interviene el psiquismo, solamente es informado que se produjo.

De la estación medular el estímulo-información también se puede dirigir a los centros superiores donde contacta con el sistema límbico, hipotálamo, tálamo, corteza cerebral. Cuando el estímulo-información llega a los núcleos afectivos, estos cumplen su función de transcribir la información en lenguaje neurológico al lenguaje afectivo que es transmitido a la corteza cerebral. De manera que cada estímulo puede llegar a varias regiones y núcleos del encéfalo por diferentes vías. En la zona de la corteza cerebral (ver Eccles, 1992), según la neurofisiología, se producen múltiples conexiones sinápticas entre neuronas. Cada neurona recibe múltiples (pueden ser hasta diez mil), conexiones sinápticas en sus dendritas, de las cuales varias pueden ser de una misma neurona y las demás de otras varias neuronas. Aquí es donde se puede suponer la existencia de esa interfase entre lo neurológico y lo psíquico.

Por ello al ingresar el estímulo en forma de información en el psiquismo, las diferentes vertientes que tiene, en forma de cualificaciones, permiten ubicar el punto donde se produjo el contacto (dentro del esquema corporal), el tipo de contacto (roce, pinchazo, calor, presión, dolor, etc.), cualidades que se interpretan como intensidad del contacto que excitó al receptor y se agrega la información que está en otro lenguaje que el psiquismo lo traduce como afectos.

En el psiquismo se agrega inmediatamente una nueva cualificación, en este caso es psíquica, que es la de placentera o displacentera. Esta primera cualificación psíquica lo es no sólo en el tiempo, por ser lo primero desde el momento de ingresar al psiquismo, sino también ontogeneticamente. Efectivamente el recién nacido dispondría únicamente de esta posibilidad. En la medida que se produce la evolución y desarrollo del psiquismo del bebé, y por la repetición de experiencias de contacto con el exterior, placenteras o displacenteras, van emergiendo y desplegándose ciertas estructuras genéticamente condicionadas. Me refiero a las ideas y conceptos que describe Kernberg (1987), “Sugiero que los afectos son el sistema motivacional primario, en el sentido de que están al centro de cada uno del número infinito de sucesos concretos gratificantes y frustrantes que el lactante experimenta con su entorno ... dos series paralelas de experiencias gratificantes y frustrantes [...] El afecto predominante de amor u odio de las dos series de relaciones objetales interiorizadas se enriquece, se modula y se hace crecientemente compleja ... El amor y el odio se vuelven así estructuras intrapsíquicas estables, en continuidad genética a través de varias etapas del desarrollo; por esa misma continuidad, se consolidan en libido y agresión ... En resumen, los afectos son los bloques constructores, o constituyentes, de las pulsiones; éstos con el tiempo adquieren una función señaladora para la activación de las pulsiones” (p. 214).

Las nuevas estructuras generan un funcionamiento psíquico que nos da una impresión subjetiva, como la describió Freud, de que existe algo que fluye. Esto sería lo que Freud llama “monto” en el “monto de afecto” de la pulsión. También, en relación a este aspecto económico del “monto de afecto”, se lo puede asociar a esas variables cantidades de conexiones sinápticas y sus derivaciones. De manera que aquello que fue originalmente un sólo estímulo externo o interno, puede recorrer, para llegar a la corteza, varios caminos al mismo tiempo. La llegada del estímulo que ya contiene, como vimos, cualificaciones relacionadas a intensidad del estímulo puede, por diferentes vías y con variable cantidad de conexiones sumadas, ser interpretada como de variable cantidad o de intensidad en el psiquismo, según la cantidad de asociaciones que se hayan producido

Para Freud y probablemente para la mayoría del mundo científico, el órgano físico que da origen al psiquismo es el cerebro. En el sistema nervioso no se ha detectado una o varias energías más allá de la sumatoria de las cargas eléctricas producto de los movimientos de los iones (aniones y cationes) que producen las despolarizaciones y repolarizaciones de la membrana de las células nerviosas. Este sistema nervioso central es el que ocupa un espacio real. De manera que, como lo entiendo, el psiquismo tiene una existencia y un espacio virtual con una dinámica de funcionamiento expresado por las agrupaciones de las experiencias placenteras o displacenteras, estas a su vez unidas a sus representaciones. Pienso que en un espacio virtual hablar de energías es una forma de expresión de tipo descriptiva referida al funcionamiento de las cualificaciones del estímulo y a la sumatoria de estas experiencias junto al agrupamiento de las mismas. Estas constituyen una estructura, dada por las asociaciones, que dan una sensación que puede describirse como una pulsión en funcionamiento con un empuje, como la describe Freud. Quien nos habría legado una correcta explicación, de tipo descriptiva, de como funcionan las pulsiones. Pensado el psiquismo de esta otra manera se evitan una serie de dudas, problemas y conflictos que plantea el aspecto económico de la pulsión.

La división del psiquismo en instancias parece ser conveniente a los fines descriptivos y lo es en la medida que son expresión de agrupación de diferentes funciones. Sabemos que también en el S.N.C. existen diferentes funciones, hay centros estimuladores o depresores del funcionamiento de algunos otros centros que, a su vez, pueden ser estimuladores o depresores de funciones, y la acción efectora es la resultante de la sumatoria de estas acciones que da como resultado efectivo la mejor respuesta posible y adaptada al estímulo.

Volviendo al tema de la primera cualificación psíquica. ¿Que estructura es la que puede dar, dentro del psiquismo, esa cualificación emocional, quien interpreta como placentero o displacentero a un estímulo? Creo que la instancia yo, por la definición que dio Freud a cada una de las instancias y sus funciones. Pero además existirían otras cualificaciones posibles, atribución o interpretación que puede dar el yo al estímulo. Puede el estímulo estar incluido en un contexto, circunstancial o histórico, que le agrega nuevas significaciones al estímulo. Esta otra significación puede ser p. ej.: la de atribuir el estímulo a una determinada intencionalidad de un objeto, con lo que podrá tener otras variadas significaciones.

Como vimos antes, para Kernberg (1987) estas cualificaciones placenteras y displacenteras siguen un proceso evolutivo, además de su agrupamiento, que lleva a la formación de las pulsiones tal como la describe Freud. Con el tiempo y la evolución se agregan nuevas cualificaciones a las ya señaladas. Estos son los significados y resignificaciones que les otorgan a los estímulos las diferentes etapas evolutivas de la libido: oral, anal, fálico-uretral y genital, más los variados rasgos que provee el complejo de Edipo.

Acabo de decir etapas de la libido por ser la forma en que se los designa. En este sentido me gustaría hacer una interrogación en lo que se refiere a la evolución: ¿será la libido la que evoluciona a través de las etapas anteriormente mencionadas? ¿Puede realmente la libido, que es una pulsión, evolucionar? ¿Puede un empuje (Drang) evolucionar?, posiblemente sí, si se cambia la meta. Pero ¿se puede suponer que el empuje (Drang) cambie, per se, de meta? Pienso que si el estímulo es, al llegar a la interfase somato-psíquico, indeterminado y se define por la cualificación que le da la fuente orgánica y por su cualidad de intensidad, sólo puede tener una meta primaria dada por la cualificación con la que ingresó, como dice Freud: “...la satisfacción que sólo puede alcanzarse cancelando el estado de estimulación en la fuente de la pulsión.”

Pero el cambio de meta, que es lo que está dado por la evolución y maduración, no parece que esté al alcance de la pulsión en sí misma. Creo que para que una pulsión cambie de su meta original a otra es necesario que se interponga una estructura: el yo. Ya lo dijo Freud (1915) en Pulsiones y destino de pulsión: “los destinos de pulsión pueden ser representados también como variedades de la defensa contra las pulsiones” (p.122). Esta estructura yoica hace que la pulsión deba realizar un determinado tránsito. Este tránsito está referido a los retoños, los que son representaciones alternativas usadas por los mecanismos de defensa del yo. Estos retoños están asociados a la representación original, donde comienza la cadena, pero están cada vez más alejados de ci ertas significaciones no aceptables para el nivel de exigencia actual que tiene un yo más maduro y como resultante de su dependencia de las otras instancias. De allí que cuando la pulsión puede emerger para su descarga, es con una determinada meta, diferente de la originaria, y la nueva meta depende del recorrido realizado. El recorrido es la expresión de la acción de los mecanismos de defensa y el punto por el que emerge para su descarga es donde, por no haber oposición del yo, ya no existe la defensa o esta ha sido avasallada.

Así la descarga del aspecto energético, el llamado monto de afecto, en el humano se diferencia por la variabilidad del punto de la estructura en la que la descarga es posible, ya que puede realizar un recorrido diferente en distintos momento por la estructura y además variar según el momento evolutivo alcanzado. Esta estructura yoica es la que se interpone entre el estímulo y la descarga. Esta estructura yoica existe por la existencia de un substrato anatómico que le da sustento. No así en el animal que posee un desarrollo de su estructura anatómica que no le permite constituir un yo funcionante para estas acciones. De manera que la descarga se realiza sin la posibilidad de algunas postergaciones, tampoco puede construir variadas posibilidades de respuesta, de allí que tiene una rigidez en la meta y los mecanismos de descarga del estímulo; a esto es lo que llamamos una respuesta instintual. Serían los llamados “automatismos estructurales preformados” que equiparían a los animales “no sólo con una disposición general a proceder en vista a un cierto objetivo y en una determinada dirección, sino también como una realización del comportamiento, como una así llamada acción instintiva.” según Brun R. que menciona Lichtenstein (1961). De manera que una de las diferencias entre instinto y pulsión estaría dada por la estructura que se pueda interponer entre el estímulo y la respuesta al mismo.

La evolución neurológica

Para una mejor comprensión de la idea que voy a tratar de exponer luego, haré un brevísimo resumen de la historia de la evolución filogenética del aparato neurológico del reino animal a los fines de este escrito y no tiene todos los detalles y las variables que están en los escritos especializados. En los pequeños animales pluricelulares, como efecto de la evolución y complejización de los seres vivos, se produce gradualmente una diferenciación y especialización de algunas células. Las células neuronales, en los seres animales, tienen una alta diferenciación y especialización con el fin de hacer una coordinación entre las percepciones de los estímulos que producen los cambios en el medio que los rodea, y los movimientos de respuesta a esos cambios. Para ello lo más sencillo es conformar un arco reflejo en el que una neurona sensible recibe el estímulo y la otra neurona motora produce la descarga de la excitación produciéndose una respuesta inmediata. Es decir que en este caso no hay, casi, ninguna dilación en la respuesta. Continuando la evolución se conforman una sucesión de arcos reflejos (vermes). Luego, en organismos algo más complejos, surgen centros (ganglios) que coordinan las respuestas a varios estímulos. Posteriormente algunos de estos ganglios se organizan, se amplían, para formar centros superiores que puedan evaluar la información contenida en varios estímulos que llegan al mismo tiempo, procedentes de dos o más sentidos. Una vez realizada la evaluación deben realizar la coordinación de la respuesta en forma de descargas más efectivas y automáticas, las respuestas preformadas que mencionamos antes, a las que llamamos instintos, propios de cada especie. Esas funciones de evaluación y coordinación requieren un espacio de tiempo para realizarse, por lo que es necesario generar una separación temporal entre el estímulo y la respuesta a diferencia del arco reflejo que produce una respuesta inmediata. Es decir que a medida que los animales se vuelven más complejos es necesario una postergación temporal de la respuesta cada vez mayor. Estos instintos o “automatismos estructurales preformados” son los que producen también una evaluación y coordinación de los diversos órganos que colaboran para producir un movimiento corporal, las acciones orgánicas para sostener ese movimiento (apronte), como el apresar el alimento y/o defenderse. Para lograrlo es necesario una escala ascendente de ampliación y complejización de su aparato neuronal; que es la estructura física del instinto. En los mamíferos se produce un incremento proporcionalmente mayor de la masa neuronal que puede realizar unas funciones más complejas con la posibilidad de una postergación temporal levemente mayor aún, para acrecentar la discriminación, evaluación y coordinación, de la acción de descarga de los estímulos con el fin de lograr un mejor resultado final. Es importante el apronte previo a la descarga que lleva al movimiento para lograr el objetivo. Pero es oportuna la espera, postergar la descarga en la acción, para asegurar un mejor logro del objetivo.

En la 25ª de las Conferencias de Introducción al psicoanálisis Freud (1916/1979), tratando el tema de angustia, dice: “El animal atemorizado se angustia y huye, pero lo adecuado en ese caso es la «huida», no el angustiarse” (p.359). Tomando de esta frase, si lo adecuado es la huida, esta sería la respuesta automática, instintiva, es decir que lo funcional es una respuesta correspondiente a los ‘automatismos estructurales preformados’. En cambio la angustia, entiendo yo, genera inseguridad y dudas en la respuesta y por ello una mayor utilización de tiempo. Pero sigamos con otras ideas de Freud respecto a la angustia.

En Inhibición, síntoma y angustia Freud (1926/1979) nos dice: “Tendemos a representarnos al yo como impotente frente al ello, pero cuando se revuelve contra un proceso pulsional del ello, no le hace falta más que emitir una señal de displacer para alcanzar su propósito con la ayuda de la instancia casi omnipotente del principio del placer” (p.88). Aquí el término displacer sería equivalente al de angustia que es el que luego utiliza en el resto del escrito. Posteriormente señala: “La angustia es la reacción frente al peligro” (p.141), y más adelante podemos leer: “La angustia es, pues, algo sentido. La llamamos estado afectivo, si bien no sabemos que es un afecto” (p.125). Finalmente agrega, “La reconducción de la angustia al suceso del nacimiento debe ser protegida contra obvias objeciones. La angustia es una reacción probablemente inherente a todos los organismos; al menos a todos los organismos superiores. Ahora bien, sólo los mamíferos vivencian el nacimiento, y es dudoso que en todos ellos alcance el valor de un trauma. Por tanto existe angustia sin el arquetipo del nacimiento. Pero esta objeción salta la frontera entre biología y psicología. Justamente por que la angustia tiene que llenar una función indispensable desde el punto de vista biológico, como reacción al estado de peligro” (p.127).

También en las "Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis" Freud (1932-1936/1979) se refiere a la señal de angustia como emitida por el yo para invocar el principio de placer con el fin de oponerse al ello. Es decir que hasta casi el final de su obra mantiene esta posición.

Se deduce de las anteriores frases y párrafos, de parte de la obra de Freud, que si a la angustia, como uno de los afectos, la tomamos como una señal emitida por el yo instancia, sería una invocación, producto de una función yoica, en cuyo procesamiento es necesario invertir un cierto período de tiempo. De ellas se pueden extraer, entonces, varias conclusiones. Primero: que el autor le reconoce a ciertos animales, los que se angustian, un cierto procesamiento de tipo yoico como para generar angustia. Segundo: que si un animal puede angustiarse evidentemente tiene que tener una cierta estructura relacionada con ese yo que, de alguna manera, es capaz de tener afectos, según Freud, cosa que no es aceptada por otros autores. Tercero: que para poder tener afectos ese animal tiene que poseer una estructura neurológica que dé sustento al afecto y a ese potencial yo, para que a su vez pueda invocar ese afecto ‘angustia’. Seguramente el pensamiento evolucionista estaría de acuerdo con esta hipótesis, para poder usarlo como antecedente evolutivo para el desarrollo del equipo orgánico y por ende del equipo psíquico que pudo realizar la especie homo.

Los afectos como memoria de la vivencia del yo

Como consecuencia de la evolución en la escala zoológica y en especial en la de los mamíferos, la matriz neurológica que cumple funciones de evaluación, síntesis, coordinación y decisión es la que va surgiendo, crece y se amplía. Al mismo tiempo, esto permite que se vayan complejizando las nuevas funciones, lo que es muy visible en el homo sapiens. Esta es la estructura física que cumple esas funciones que en el humano adscribimos a la instancia yo. Por lo mencionado anteriormente de Freud podemos suponer que varias especies de animales poseen yoes muy primitivos y algunos otros, yoes algo más evolucionados.

En un reflejo como el rotuliano no existe, prácticamente, separación entre estímulo y respuesta. En este caso no hay actividad ni intervención yoica. Solamente le llega al yo la información de lo sucedido. Si es necesario que una respuesta sea postergada para poder realizar las nuevas funciones de discriminación, evaluación, integración, definición, decisión y coordinación muscular, entonces, entre el estímulo y esa respuesta es necesario un espacio de tiempo que es ocupado por esas funciones para realizar su tarea. Cuando la separación temporal entre un estímulo y la posible respuesta se agranda se corre el riesgo que se diluya y pierda la significación y repercusión vivencial que tiene el estímulo para ese primitivo yo o centro neurológico de evaluación y decisión, con lo cual se perdería el objetivo para la respuesta. En este nuevo medio, más complejo, es necesario mantener la vigencia, a lo largo de ese tiempo de elaboración, de la significación y repercusión vivencial que produjo el estímulo hasta que sea posible la respuesta. Fue necesario crear algo nuevo que permanezca en el tiempo y signifique vivencialmente al estímulo. Por lo expresado anteriormente es que postulo que el afecto cumple la función de mantener la vigencia temporal, convirtiéndose en la memoria, de la significación y repercusión vivencial que el estímulo tiene para el yo. Esta forma de memoria continua permite que pueda establecerse un espacio temporal entre el estímulo y la respuesta para la realización de las funciones de discriminación, evaluación, síntesis, decisión, coordinación, ejecución y control de la respuesta, que son funciones del yo instancia.

El afecto sería un registro o memoria, ya sea genética o por experiencia personal anterior, de la repercusión vivenciada ante un estímulo, que permite mantener vigente la información de esa repercusión y por lo tanto del significado del estímulo. De esta manera sería un instrumento del yo para poder postergar la respuesta refleja, automática, o instintiva a un estímulo. Pienso que, en el actual momento de nuestros conocimientos, ésta es la “función indispensable desde el punto de vista biológico” que refiere Freud (1926/1979) en Inhibición, síntoma y angustia.

El afecto es percibido por el yo como una imposición, que le informa continuamente el significado y la repercusión del estímulo, a veces por largo período de tiempo. Esta presencia continua del afecto es una exigencia al yo de lograr el objetivo de la descarga; para ello debe buscar el mejor camino a recorrer para dar una respuesta satisfactoria al estímulo.

Si Freud le atribuye a algunos animales la capacidad de angustiarse, sin duda, que en ese animal el que se angustia es ese yo primitivo o levemente más evolucionado. El espacio temporal que se crea entre el estímulo y la reacción postergada de la descarga es, por un lado, el resultado y a la vez el promotor del crecimiento y la evolución filogenética del órgano anatómico que es la matriz física del yo. Por ello es posible pensar que la instancia yo, para su propia evolución, necesitó del afecto para poder desarrollarse y fue un promotor y estimulador de la ampliación, fortalecimiento y creación de variadas cualidades de afectos.

En los hominidos, antecesores del Homo Sapiens, también se produjo un importante crecimiento relativo en la masa neuronal y en las capacidades funcionales. Con el paso del tiempo, por efecto de esa contención y postergación de la respuesta al estímulo que fue capaz de ir generando la masa neuronal existente en cada momento evolutivo de nuestra especie, se gestó un desarrollo cada vez más amplio de la matriz orgánica. Esta a su vez, a medida que se producía el crecimiento en cantidad y el desarrollo de sus capacidades, fue creando a este otro nuevo producto del funcionamiento neurológico con capacidad de discriminación, evaluación, síntesis, integración, síntesis, coordinación, ejecución y control de diversificadas respuestas, que es el espacio y mundo virtual que conforma el psiquismo.

Según el neurofisiólogo Eccles (1992) los estudios antropológicos nos informan del crecimiento de la capacidad craneana en la medida que se fue produciendo la evolución de los antecesores del hombre hasta nuestros días. Los valores de la capacidad craneana van desde los 450 cc., hace aproximadamente 3 millones de años en nuestros predecesores, a un promedio de 1345 cc. en el hombre actual. Además el aumento de capacidad craneana se da selectivamente, con un incremento proporcionalmente muy alto, en determinadas zonas con funciones de evaluación, coordinación, integración, síntesis, etc. Estas son funciones que existen actualmente y están ubicadas en un espacio temporal entre el estímulo y la respuesta de descarga. A medida que se producía, en ese largo período, el crecimiento morfológico y de capacidades en las funciones, con muchos otros cambios evolutivos, se produjeron grandes modificaciones en el sujeto humano, tanto en lo físico como psíquicamente, tales como la bipedestación, cambios en las manos que posibilitan el uso de herramientas, el reconocimiento de la autoconciencia, simbolización, la capacidad del habla, la posibilidad de disfrutar de la música, la creatividad, etc. Este desarrollo anatómico, con la aparición sucesiva de funciones que en psicoanálisis son adscriptas al yo, indica que la complejización de las áreas neurológicas y sus conexiones anatómicas dieron el substrato estructural orgánico para que esa instancia que llamamos yo pueda tener actualmente las capacidades que se le atribuyen. La postergación de la respuesta de descarga de la excitación producida por el estímulo fue, filogenéticamente, una de las primeras funciones de ese órgano en evolución, que pudo así seguir creciendo y agregando las otras funciones primigenias que se realizan durante el intervalo temporal creado.

Creo que el afecto es un intermediario, filogenéticamente moderno, entre un estímulo y la respuesta refleja al mismo. En el humano el afecto sería una función psíquica, preformada y heredada filogenéticamente. La ausencia de este afecto llevaría a una falta de postergación temporal y el estímulo tendría una respuesta refleja orgánica o instintiva, como fue en un período lejano de la evolución. Según estas consideraciones el afecto sería una neocreación promovida y estimulada por el yo para poder posponer la respuesta manteniendo el significado vivencial del estímulo para dar tiempo a una elaboración intrapsíquica, que es el proceso por el cual se puede obtener une respuesta más eficaz. Si esta idea es aceptada se pueden entender de otra manera varias cualidades del afecto. La pulsión sería la estructuración de las sucesivas experiencias de placer y displacer como lo describe Kernberg. Esta estructuración sería producto de la acumulación de la experiencia filogenética y la experiencia y evolución ontogenética. Por ej. lo descrito por Freud como Drang, esfuerzo, empuje o energía, etc. sería, también, una consecuencia de la postergación de la respuesta y no solamente es lo que induce a la respuesta. La cualidad interpretada como sensación de intensidad estaría dada, entre otras razones, por el esfuerzo de la postergación de la descarga que realiza el yo y no sería solamente el productor de la presión en busca de descarga. De manera que el afecto actuaría como un resorte que puede absorber la tensión generada por la excitación del estímulo cuya respuesta está siendo postergada y posteriormente orienta y conduce la descarga de dicha tensión y la creada por la postergación de la respuesta. Estas ideas tienen semejanza con las ideas de Brentano sobre la vida emocional como algo que, siendo completamente distinto de la inteligencia y de la voluntad, que son otros aspectos del yo, se halla constituido por una serie de actos intencionales, ya que los afectos, como recuerdo del estímulo, definen cual es la meta a conseguir, nos indican el objetivo a lograr para la descarga del estímulo; en tanto que la capacidad de razonar del Yo determina el mejor camino a recorrer para lograrlo.

También observa Freud (1915/1979) en Lo Inconciente, que “Toda la diferencia estriba en que las representaciones son investiduras -en el fondo, de huellas mnémicas-, mientras que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga cuyas exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones” (p.174). Siguiendo estos conceptos, la representación del objeto sería la memoria sensorial del objeto productor del estímulo y por medio del afecto se mantiene presente la significación y la repercusión vivencial del estímulo permitiendo que la respuesta sea postergada pero manteniendo la meta a lograr con la respuesta.

La representación, que es la memoria del objeto que produce el estímulo, más los afectos, que son la memoria de la significación y la repercusión vivencial del estímulo para el yo, nos indican cuál es la dirección y el objetivo a alcanzar. En tanto que las capacidades racionales o el aspecto intelectual del psiquismo nos sirven para evaluar y elegir cual es el mejor recorrido para llegar a ese objetivo.

La postergación de la descarga genera una tensión, en el arco entre el estímulo y la respuesta, que en la respuesta refleja o instintiva no existe. Esta tensión puede ser sostenida, manteniendo la meta, en la medida que el afecto continúe indicando la significación de la experiencia vivencial que produjo el estímulo. Esta tensión es lo que la instancia yo siente como una urgencia en la búsqueda de una definición que lleve a la descarga. Esta postergación de la respuesta refleja, procura alcanzar una mejor elección en el tipo de acciones y sus intensidades para el logro de un resultado más positivo en esa respuesta. Por ello sería que la representación del objeto productor del estímulo y el afecto, que lo significa vivencialmente, están tan íntimamente unidos. Los analistas, siguiendo a Freud, decimos que una de las funciones yoicas es la de postergar la descarga, en este caso pulsional, de la energía para posibilitar un período de tiempo para la evaluación, síntesis y coordinación.

Hay una serie de signos y síntomas orgánicos que acompañan al afecto, lo que llama Freud (1915/1979) en Lo Inconsciente, la alteración interna: “La afectividad se exterioriza esencialmente en una descarga motriz (secretoria, vasomotriz) que provoca una alteración (interna) del cuerpo propio sin relación con el mundo exterior; la motilidad, en acciones destinadas a la alteración del mundo externo” (p.175). Esa alteración interna, que son los acompañantes actuales de los afectos, representa los restos de los aprontes instintivos que existían para acompañar a la acción, y la motilidad son acciones de descarga residuales que han quedado postergadas.

Como dijimos anteriormente todo afecto puede tener variadas cualificaciones resultantes de la interpretación por el psiquismo de un estímulo, que puede ser externo, interno o intrapsíquico. Este estado o cualificación afectiva se acompaña de la percepción de la repercusión orgánica, que se produce por vía neurológica u hormonal, y es el resabio del conjunto de acciones que contiene la respuesta instintiva en un animal superior. Esta repercusión orgánica, apronte, que formaba parte de la respuesta, provoca cambios en el cuerpo según que el tipo de afecto sea placentero o displacentero. Si el afecto es placentero se acompaña de cierta relajación muscular, se le agrega una dilatación arterial con respiración profunda y lenta, aumento de irrigación sanguínea superficial, miosis, un color sonrosado de la piel, un enlentecimiento en el ritmo cardíaco, etc. que a su vez es transmitido al psiquismo que lo interpreta placenteramente en forma de disminución del estado de alerta general y una sensación de bienestar. Es decir que en este caso se conjugan ambas percepciones placenteras que a su vez se transmite al cuerpo; pensemos en la imagen de un bebé que, luego de mamar, está satisfecho y se fue a dormir. Esto quiere decir que la vivencia referida al estímulo, en la que se suman la sensación afectiva psíquica y las percepciones de la repercusión en el cuerpo, son placenteras

En el caso de un estímulo que es interpretado en forma displacentera se incrementa el estado de alerta general psíquico. Este alerta general tiene un complejo conjunto de reacciones corporales como respuesta al peligro, que es lo que significa filogenéticamente un estímulo interpretado displacenteramente. Este complejo conjunto comienza con una descarga de adrenalina por vía neuroendocrina lo que produce hiperpnea, taquicardia, vaso constricción periférica, incremento en la tensión muscular, midriasis, sequedad de mucosas, erección pilosa, sudoración, etc. Estos estados orgánicos son transmitidos al psiquismo donde son interpretados a su vez y forman un conjunto con el estado afectivo displacentero incrementado del alerta general que produjo el estímulo. Toda esta descripción está relacionada a la interpretación de la cualidad de cuan displacentero es el estímulo, que es lo que se manifiesta como otra variable que incide en la intensidad.

Es necesario establecer en este punto una diferenciación para la meta, entre cualificación y significación. La meta, en el sentido de desaparición del estímulo en la zona erógena, está en relación a la cualificación que comenzó en el receptor orgánico. Al ser transmitida esta primera cualificación neurológica por las vías nerviosas, recién al ingresar en el nivel superior del encéfalo y pasar la interfase neurológica-psicológica se agrega una nueva cualificación: placentera o displacentera, que es inmediata. Hasta aquí la sensación es equivalente en todo animal evolucionado. En un animal con respuesta instintiva, el estímulo es el gatillo que inicia el camino de la descarga en forma automática, repetitiva, por medio de la acción muscular preestablecida para cada especie. En el humano a las cualificaciones neurológicas periféricas del estímulo que ingresaron, al traspasar la interfase neurológica-psicológica, y las primeras cualificaciones psicológicas de placentera o displacentera, se le puede agregar al estímulo otras diferentes cualificaciones que son producto de las diferentes significaciones que el estímulo tiene para cada psiquismo y en cada período evolutivo. No tiene la misma significación el abrazo (estímulo) entre dos humanos de diferente sexo; si uno de ellos es un bebé lo significará de una manera diferente que si es un latente, adolescente, o adulto. Estas significaciones que se agregan, relacionadas con la evolución y maduración que el yo a realizado en el tiempo y su contexto, junto a su pertenencia a un mundo simbólico e histórico, son las que influirán decisivamente en la modificación o no de la primitiva significación del estímulo y el posible cambio de la meta. De manera que la excitación que produjo el estímulo, ya en forma de pulsión como la describe Freud, realizará su descarga en esta nueva meta producto de la acción del yo. De esta manera la pulsión libidinal, por ejemplo, tendrá metas diferentes según el estadio evolutivo que el individuo haya alcanzado. Cuando hablamos de evolución y desarrollo en un psiquismo que va transitando por los diferentes estadios, estoy pensando en una estructura que se va desplegando desde la etapa potencial genética en un bebé a su pleno desarrollo en un adulto que ha madurado. Esta estructura, el yo, es la que va modificando la significación y por lo tanto la meta de la pulsión a medida que él se desarrolla, en una dirección que va desde los estadios más arcaicos hacia los más adultos y maduros. Es el yo el que, en su evolución, va pasando por las sucesivas etapas del desarrollo evolutivo, y en cada una de esas etapas establece la meta para cada estímulo según los parámetros de cada período.

Además de la significación de un estímulo actual, en cada etapa hará una resignificación de los estímulos semejantes guardados en los recuerdos. Evidentemente las experiencias contenidas en las representaciones guardadas en los recuerdos, tan importantes para la comprensión de los estímulos actuales, reciben una resignificación correspondiente a los nuevos conocimientos que el yo posee en la medida que hace un recorrido hacia la madurez. Cada vez que el yo da un paso en el sentido que aumenta su madurez, este estado cambia los contenidos de la representación, con lo que se producen cambios en su significación, los cambios en las significaciones, a su vez, producen cambios en los afectos. Esta sería la tarea a realizar en el análisis de un paciente, haciendo conciente lo inconciente para poder cambiar la significación de las representaciones y así producir cambios en los afectos. Si no se producen cambios en los afectos, la actividad racional, como comprensión intelectual de la significación de las representaciones o de la repercusión vivencial, no producen cambios estables en la conducta pues el afecto seguirá intacto indicando el mismo objetivo.

Freud dice que un estímulo orgánico al ingresar en el psiquismo lo hace en forma de una tensión, un empuje, Drang, etc. que se une inmediatamente a una representación. Esta sirve como medio de conocimiento para buscar la descarga en forma de acciones que buscan alcanzar la meta que es la desaparición de la excitación en el órgano estimulado. Decimos que el afecto está íntimamente unido a la representación y que, así mismo, es la expresión del significado que para el yo tiene lo representado. Ambos son medios diferentes, pero complementarios, de recuerdo con el mismo significado.

Conclusiones

Esta forma de entender la significación de la representación del objeto y el afecto en su interrelación con el sujeto nos puede permitir un nuevo enfoque para nuestra tarea en la clínica. Hacer conciente lo inconsciente, es decir el recuerdo del objeto en una determinada escena manteniendo una específica relación con el sujeto y los afectos incluidos en esta relación. Si conseguimos modificar la significación y por lo tanto la repercusión vivencial de la escena habremos iniciado el camino a un cambio en el sentir de nuestro paciente. Es otra manera de expresar el concepto que nos aportó W. Baranger como resignificación.

Agradecimientos

Agradezco al Dr. Hugo Liste, neurólogo, Hospital Aeronáutico Central, su asesoramiento en los temas referidos a neurología.

Material suplementario
Referencias
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